20.- OTRAS DE LAS CASAS DE OVANDO

Aunque lo que comentaré a continuación debió haber sido publicado conjuntamente con el del Hostal Nicolás de Ovando (No.17), las tantas cosas en las que me he visto envuelto desde que inicié esta serie me han turbado, impidiéndome hacerlo entonces. No obstante, como “nunca es tarde…”, aquí va.

Se trata de dos casas ubicadas en la acera occidental de la calle Las Damas, opuesta a la del Hostal Nicolás de Ovando. Lo primero es que ambas casas fueron expropiadas por el gobierno y entregadas a la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) para ser restauradas, y anexarlas al hostal. Ambas se encontraban desocupadas, y en pésimo estado de conservación. Habían sido transformadas tanto interior como exteriormente. A la de un solo piso, le habían camuflado la fachada al estilo Art Nouveau, que al desprendérsele provocó que mis opositores dijeran que habíamos hecho desaparecer un magnífico ejemplar de ese estilo. A la otra la habían recubierto con pañete, colgado un balcón corrido de concreto y transformada, totalmente, al igual que a la mayoría de las casas antiguas de la Ciudad Colonial.

Lamento no haber encontrado una imagen más nítida, pero al menos da una idea de cómo estaban.

Al despojar ambas fachadas del camuflaje que las hacía parecer del Siglo XX, salió a la luz lo que verdaderamente eran. Dos ejemplares del Siglo XVI, de la misma época que todas las de esa primera arteria de la Ciudad Primada, desde la calle Padre Billini hacia el norte. La de dos pisos arrojó una fachada de piedra, en bastante buenas condiciones, similar a las vecinas de su lado izquierdo, y la otra de mampostería, similar a las dos que le quedaban del lado derecho, que fueron demolidas, irresponsablemente, por disposición de una comisión temporal. Las dos casas a las que me estoy refiriendo fueron restauradas y convertidas en anexidades del hostal. Siendo la primera aprovechada para vivienda de su Director (Administrador), en la segunda planta, y en un local comercial, en la primera. La otra fue igualmente restaurada y preparada para actividades diversas del establecimiento hotelero. El área que abarca ambos patios fue unificada y convertida en estacionamiento.

De derecha a izquierda, la casa que los perínclitos arquitectos opositores habían catalogado como de estilo Art Nouveau, haciendo galas de su portal compuesto por sillares. El amplio portón que le sigue corresponde al sacrificio que hubo que someter la misma casa para colocar la entrada del estacionamiento, que se construyó en lo que eran los dos patios de ambas casas. Le sigue la que sí nos dio una agradable sorpresa, completamente similar a las casas de la acera de enfrente, y a las vecinas del lado sur, que fueron restauradas por contratistas particulares, y facilitadas al gobierno de Francia. Todas ellas construidas de mampostería, con todas las jambas y dinteles de puertas y ventanas de sillares labrados.

En la acera de enfrente una prción de tres de las casas que ocupaba El Caribe, que originalmente eran de un solo piso, y totalmente de piedra. Hasta que se le agregaran un segundo piso, y empañetadas en su totalidad.

A la casa a la quenos estamos refiriendo, en primer plano, le siguen las dos que ocupan la Embajada de Francia, a las que sus restauradores decidieron mantenerle la porción superior (empañetada), que fuera agregada durante las graves modificaciones de que fueron objeto la casi totalidad de las edificaciones antiguas, con el propósito de darles más altura, e importantizarlas. Algo similar a lo ocurrido en las Casas Reales. Que en este caso se encuentra, aproximadamente, donde comienza la cornisa de ladrillo. Que es, precisamente, donde debió haber descansado la de piedra.

 

Fotografía antigua en la que se ven, a mano izquierda, pasando la esquina (Hoy calle El Conde) las dos casas que fueron unificadas, ocupadas por la Casa de Francia, en la que se puede apreciar la altura de la cornisa original, muy diferente a como llegó hasta nosotros, ocasionado por una modificación estructural en épocas pasadas. Para acometer esa barbaridad fueron eliminados los techos romanos, y vueltas a techar de concreto armado, después de haberle subido la altura.

He querido enfatizar este importante detalle para hacerle ver a los expertos en arquitectura española del período colonial, lo ocurrido en nuestra Ciudad Colonial, única de las ciudades del Nuevo Mundo que ofrece las mismas características arquitectónicas que las de la Península. Y que por razones especialísimas solo se dieron en la única ciudad original de los primeros cincuenta años del Siglo XVI en todo el continente Americano. Y que no se continuó debido a los cambios de estilo arquitectónico que se produjo en ciudades como La Habana considerada barroca. Y muy particularmente, por el hecho de no haberse producido los cambios sociales y económicos que tanto perjudicaron a la Primada. 

Continuando con la foto antigua, aprovecho la oportunidad para señalar las casas de la acera de enfrente (Hostal Nicolás de Ovando), en su condición original, de un solo piso, y de piedra.

La otra foto muestra una vista similar a la anterior, la que permite al observador entendido comprender lo que he estado diciendo desde hace tiempo, sin que me haya enterado de algún comentario.

 

Acera occidental de Las Damas en la que vemos, en primer plano, detrás del muro de piedra, perteneciente al Panteón Nacional, una triple arcada de proporciones gigantescas creada por los de la comisión de ornato cívico, después de demoler dos casas del Siglo XVI, para inventarse una plaza, que no es más que un paso, llamado María de Toledo. En la que los arquitectos se vieron forzados a conservar una doble arcada perteneciente a una de las dos casas, y ponerlas en medio de una alberca (depósito artificial de agua), algo que el arquitecto venezolano, Graciano Gasparini bautizara como “Monumento a la Irresponsabilidad”.

Aquí está la muestra.

A propósito de estas disquisiciones se me ocurre consultarle a quien conoció nuestra ciudad en los años previos a los cambios a que fue sometida. En la fotografía antigua que encontré mientas escribía esta, aparece lo que yo deduzco corresponde a la esquina de las calles Las Damas y Conde, muy posiblemente en la que ocupa actualmente la Casa de Francia, una estructura de altura considerable, que sobresale del perfil general, excluyendo, por supuesto, la Torre del Homenaje, la cúpula de la Compañía de Jesús, actualmente Panteón Nacional, y el mirador de la casa de Bastidas. 

¿Podría alguien saber, y explicar en qué consistía esa estructura? Y, en que lugar se encontraba.

 

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ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OFICINA DE PATRIMONIO CULTURAL (OPC) 1967-1978

  1. SECTOR DE LA ATARAZANA – SEGUNDA ETAPA

 Esta maqueta, que abarca los sectores de la Atarazana, la Negreta, y Santa Bárbara, fue presentada en una de las cesiones de la Comisión de Desarrollo en el Palacio Nacional antes de comenzar el proyecto. Nunca supe que hicieron con ella los que me sucedieron al frente de la OP.C. En el extremo derecho se alcanza a ver la Iglesia de Santa Bárbara. 

Este área corresponde a la intersección de las calles Atarazana, Colón, y Vicente C. Duarte, en momentos en que trabajábamos en la restauración de las monumentales Atarazanas Reales, y la reconstrucción de la Puerta de la Atarazana.

Terminábamos los trabajos mencionados más arriba, cuando dimos inicio a otro proyecto similar al de la calle Atarazana, esta vez de las calles Vicente Celestino Duarte, desde la Isabel La Católica a la Colón, y parte de la Colón.

Constituyó este nuevo, y penúltimo proyecto del sector (El último no se llegó a comenzar por el cambio de gobierno), en la restauración de 12 casas del Siglo XVII y XVIII, y una del XX, demolición de cinco edificaciones modernas, sin ningún valor, adaptación del Solar de la Piedra para un estacionamiento, entrada a uno nuevo, entre las casas Nos. 9 y 11, que quedó en los planos, y terminación de la reconstrucción del tramo de muralla hasta llegar al Fuerte del Ángulo.

 

 

Foto extraida de la obra Los Monumentos Arquitectónicos de la Españaola.

Fototomada antes de iniciar los trabajos.

Estas tres edificaciones, la última de las cales estaba pegada de las Atarazanas fueron demolidas, y en su lugar, además del solar de Santa Ana, ocupado por un barrio, fue construido un estacionamiento.

Estacionamiento en construcción a cargo de la OISOE, en lugar del existente, adosado a las Atarazanas. “Chúpense ese cajuil”

A mano izquierda la última csas restaurada, corresponde a la calle Colón. A partir de ahí el lúgrube panorama tal cual lo dejamos en el 1978.

El propósito que nos animó a rescatar este conjunto de casas, totalmente diferentes una de otras, fue transformarlo en un centro comercial de tiendas de zona franca. Para ello se unieron por dentro y por los patios todas las casas, que quedaron interconectadas.

Mientras trabajábamos en la restauración de las casas, se demolían las otras edificaciones, que estaban en la acera sur, y se iniciaba la construcción del estacionamiento. Íbamos haciendo diligencias con la Asociación correspondiente, y seleccionado las tiendas que ocuparían el sector, algunas de las cuales se encontraban en la llamada Feria de La Paz, que aceptaron gustosas la idea de estar en la Ciudad Colonial, que soñábamos con convertirlo en el principal centro turístico del país, conjuntamente con los resorts playeros.

Como un detalle interesante estoy insertando fascimil de una carta que recibiera de la empresa Euro American Enterprises Corporation, a nombre del prestigioso modisto Pierre Cardin, a propósito del proyecto de Zona Franca del Sector de La Atarazana.

Finalizando los trabajos, y cerrando los acuerdos con los propietarios de las tiendas, se celebraron las elecciones generales, de las que resultó victorioso el Partido Revolucionario Dominicano. Ya casi terminado el proyecto, y estando las

Empresas seleccionadas en proceso de instalación de sus tiendas, me enteré por la prensa de mi destitución. Lo que, por supuesto, se interpuso para que permaneciera al frente de mis obligaciones, impidiéndome, incluso, participar en la inauguración. Que por cierto me agarró fuera del país.

Acabando de leer la noticia en el periódico dominical decidí suspender el viaje que tenía programado a Lima Perú, donde fui invitado a asistir a un seminario organizado por la OEA. De inmediato llamé al Dr. José Lacret a Miami, quien ocupaba la posición de director del departamento encargado del Patrimonio Cultural de la organización, cargo que se le había concedido por recomendación nuestra, para comentarle lo ocurrido. A lo que mi querido amigo Lacret me dijo, que yo no podía dejar de asistir como habíamos quedado. Que yo había sido invitado en mi condición de experto, y no de director de ninguna institución que dependía de las veleidades de los gobiernos latinoamericanos. Con esa apreciación de parte del responsable de organizar el encuentro me dispuse a pasar por la oficina que ocupaba desde hacías doce años con el propósito de recoger mis pertenencias, y despedirme del local, ya que como domingo que era no había nadie. Al salir, en compañía de mi hermana Teresa, quien había decidido ir con migo en sustitución de Urania, mi esposa, fueron tantas las cosas que me pasaron por la mente, que la única que recuerdo es lo dije a mis adentros: “esto se jodió”. Y así, lamentablemente, pienso que ha sido.

Poco tiempo duraron abiertas las tiendas después de inauguradas. Los robos diarios, la preocupación que embargaba a los propietarios, y el temor de los empleados en permanecer en un lugar en esas condiciones se produjo el cierre de los negocios, quedando el hermoso lugar totalmente abandonado.

A quien se le ocurra decir, que lo sucedido debió haber sido tomado en consideración antes de enfrascarnos en el proyecto, le diré, con la responsabilidad que me caracteriza, que lo que ocurrió fue debido a la irreponsabilidad del nuevo gobierno, al desentenderse, no solo de la continuación del proyecto que había sido aprobado, sino del programa de patrimonio cultural en sentido general. Lamentando que de su continuación dependía la construcción de otro estacionamiento en el Solar de la Piedra, que queda detrás de las tiendas, arrabal de peores condiciones que el desalojado del Solar de Santa Ana, en el que se construyó el estacionamiento, actualmente siendo modificado por otra de las monstruosidades a que nos tiene acostumbrado el presente gobierno, que lleva varios años en ejecución.

Y ahí tenemos el sector en sentido general. Fue como si aquel “esto se jodió” hubiera sido cumplido. Y no es para menos.

Cuando narré los trabajos del Sector de la Atarazana, primera etapa, No. 12 de esta serie, correspondiente a la calle Atarazana, no me fue posible incluir alguna fotografía de la inauguración. Al concluir con la segunda etapa pensé que sería conveniente incluir una ahora.

El Arq. Del Monte Urraca pronuncia unas palabras para dejar inaugurado el proyecto. El acto, fue precidido por el Presidente Balaguer. Aoarecen, además, el Vicepresidente, Goico Morales, el Dr. Victor Gómen Verges, Monseñor Polanco Brito. Aliro Paulino, y el Arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Octavio Antonio Beras, quien impartió la bendición.

 

 

 

ARTICULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC EN FECHAS 1967-1978

18.-  PUERTA DE LA ATARAZANA

 

Casi finalizando los trabajos de restauración de las Atarazanas Reales, ubicadas en el sector que lleva el mismo nombre, nos dispusimos a emprender una obra que, por el trabajo que conllevó hacerse, debe calificarse como reconstrucción. La puerta, una de las primeras en ser erigidas en la ciudad de Santo Domingo, sirvió de acceso a las mercaderías que llegaban de la Península para ser almacenadas en las Atarazanas Reales, o las que salían de las mismas para ser enviadas a Sevilla, o a  otros nuevos puertos del Nuevo Mundo. Por lo que esta debió haber sido una de las más transitadas en aquellos primeros tiempos de la Ciudad Primada.

Durante la intervención norteamericana de 1916 a 1922 la puerta fue demolida, al igual que todo el tramo de muralla que corría desde esta hasta el Fuerte del Ángulo, en el extremo norte de la ciudad en aquel entonces. Quedando, solo, los arranques de las mismas totalmente cubiertos. En el año 1955 el restaurador del Alcázar de Colón reconstruyó una pequeña porción de la muralla desde el palacio virreinal hasta una falsa puerta, igualmente construida en esos momentos, que fue demolida durante nuestra intervención de todo el sector.

Al tomar la decisión de reconstruir la puerta, al igual que el tramo de muralla que llegaba hasta el Fuerte del Angulo, y de ahí hasta el Fuerte de Santa Bárbara, se procedió a excavar todo ese tramo, de la que hubo que sacar centenares de camiones de relleno. Quedando al descubierto el arranque de las jambas de la puerta, parte del piso, y lo que quedó de la muralla.

Todo el trabajo de cantería fue posible gracias a los canteros que pudimos rescatar de los que quedaban procedentes de los tiempos de restauración del Alcázar. Quienes por falta de trabajo, después de 1978, tuvieron que dedicarse a otros oficios, o irse a vivir a otro país. Para que quedara, permanentemente, presente que la puerta no era la original, dejamos colocada una tarja de bronce, como se suele hacer cuando no se quiere engañar a nadie, como las figuras labradas en piedra española, colocadas en la fachada de la Catedral, en la Puerta de San Diego, y otros lugares.

Pero, resultó inutil, ya que la tarja que dejamos fue despegada años después por los irresponsables de dirigir el programa, y colocaron otra. Cometiendo dos herrores y atrevimientos a la vez. Violar la desición de quien fue el responsable de reconstruirla, y dejar aclarado el hecho; y de modicar la fecha de su construcción, que fue en el Siglo XVI, y no en el XVII, como dice la falsa tarja. Así jamás podremos entendernos. Ni los que estamos envueltos en esta vaina, ni en ninguna otra. Ya, anteriormente, habían hecho lo mismo con la tarja de la Casa de Ponce de León, en Higuey, y con el disparate que llamaran la Casa de la Unesco.

Lamentablemente, no guardamos ninguna imagen de la tarja que pusimos nostoros. 

En su reconstrucción tuvimos el cuidado de limpiar bien lo que quedaba, y comenzar a levantar ambas jambas siguiendo los vestigios de lo que quedó. Parte del suelo que fue encontrado estaba casi intacto, lo que nos permitió completarlo. En cuanto a la altura tomamos como referencia una fotografía bastante clara, siendo la misma muy similar a la Puerta de la Misericordia. Con centímetros más o menos quedó concluido el trabajo.

Del lado norte de la puerta apareció la base de una especie de aspillera, similar a la que encontramos junto a la de San Diego, que fue reconstruida. Y donde empezaba la escalera se encontraron los primeros escalones de ladrillo, lo que nos permitieron reconstruirla.

La Puerta de La Atarazana vista desde el exterior del recinto amurallado.

En esta gráfica se pueden observar la puerta y la aspillera, ambas reconstruidas, no restauradas, por la OPC, sobre cimientos origiales

En la descripción correspondiente a las Atarazana Reales, publicada el 25 de octubre de 2017, quedé corto al mostrar una sola fotografía de la construcción de la bóveda. Para dicha publicación no me fue posible encontrar las fotos que tenía guardadas. En momentos en que me estoy refiriendo a la Puerta de la Atarazana las encontré. Por su interés en conocer ese importante trabajo me he permitido agregarlo en este momento.

No puedo dejar de decir, que tanto el investigador alemán, Erwin Walter Palm como el arquitecto español, José Manuel González Valcárcel dieron su visto bueno a que se reconstruyera la bóveda. Era preferible que la tercera nave estuviera techada como fue el propósito original, y no cubierta con un techo romano, que desmeritaba y deslucía tan importante monumento, tanto exterior como interiormente.

 

 

 

 

 

 

ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC EN FECHAS 1967-1978

  1. HOSTAL NICOLÁS DE OVANDO

 

Cuando me preguntan cuál ha sido mi obra de restauración favorita, entre todas las que se realizaron durante mi conducción de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), en el transcurso del 1966 al 1978, y dos años más 1996 al 1998, además de una ñapa de algunos meses en el 2005, sin tener que pensarlo dos veces, mi respuesta siempre ha sido la de las casas de Nicolás de Ovando, y Francisco Dávila, y su adaptación para el Hostal Nicolás de Ovando.

Para estar convencido de esta aseveración he tenido en cuenta tratarse de la que fuera la residencia del primer gobernador de Indias, fundador de la ciudad de Santo Domingo (1502), propulsor de su trazado, y su residencia ejemplar por excelencia de las edificaciones de piedra con influencia extremeña, con detalles gótico isabelino, como el del portal de entrada y, finalmente, lo que logré componer para ser utilizado como un establecimiento hotelero, sin menoscabo de su condición de monumento histórico y arquitectónico.

60 pinturas como esta adornaban las habitaciones del Hostal, 50 de ellas desaparecidas durante la administración de la señora Verónica Sención, sin que hasta la fecha hayan aparecido. Aunque sabemos donde se encuentran algunas, que fueron adquiridas a quienes se las robaron. 

Durante me estadía de tres años en San Juan de Puerto Rico, donde residí de 1965 a 1967, solía visitar el Viejo San Juan, y dar vueltas por el Hotel El Convento, establecido en lo que fuera un convento de monjas, considerado un proyecto ejemplar de conservación, restauración, y adaptación, que me provocó hacer algo similar en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Teniendo la suerte de poder cumplir con ese sueño, y llevarlo a cabo tal cual lo tenía pensado. Después de haber estado en el Hostal de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela, y el de San Marcos en León.

Para que este sueño pudiera hacerse realidad tuve la satisfacción de llegar a fundar la que originalmente fue llamada Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y disponer del respaldo del presidente Balaguer, quien tuvo que ingeniarse un encuentro con migo para darme el visto bueno, y autorizarme su ejecución.

Como habrán de suponerse quienes me conocen bien, debo confesarles, que mi idea fue objeto de oposición de diversas índoles. Siendo una de las más importantes la proveniente de un señor al que el Dr. Balaguer guardaba cierto respeto, y quien le dirigió un telegrama al Presidente en el que le decía, entre otros argumentos, que “la conversión de las casas de la corte de María de Toledo para dedicarlas a un lugar de turistas trashumantes, desdecía de su historial de hispanista…”. Para resolver el dilema el Presidente le propuso al Ing. Bievenido  Martínez Brea (Bebecito), a la sazón director de la Oficina Supervisora de Obras del Estado, y uno de sus principales colaboradores, que organizara otra visita a Patrimonio, y le pidiera a su director que se preparara para ver qué se podía hacer con un asunto tan preocupante.

Así fue como una mañana llegaron el Presidente y el Ing. Martínez Brea a las puertas de la OPC, y después de saludar al personal, que los esperaba, subimos a la Plaza España y, justo delante del Alcázar de Colón nos dispusimos a dar las explicaciones correspondientes, y mostrarle un rendering a colores de los que sería el hostal. Convencido en apoyar mi propuesta me dijo, escuetamente, empiece. A lo que después de agradecerle su confianza le dije que no podía empezar por el hecho de que las casas que habrían de ser intervenidas para el hostal estaban ocupadas como depósito por los arquitectos que trabajaban en las Casas Reales. Y a seguidas el Dr. Balaguer expresó en forma de pregunta, que había visto al arquitecto Pérez Montas, que si todavía se encontraba por ahí. De inmediato el arquitecto se presentó frente al Presidente, poniéndose a sus órdenes. A lo que este le ordenó que desalojara las casas para que la OPC pudiera empezar los trabajos.

Y para salir del asunto con don Quiquí Henríquez me pidió que lo invitara a pasar por el lugar, y tratar de convencerlo. Y así fue como organicé un encuentro al que también invité al Embajador de España y Señora, al Arq. José Antonio Caro, y otras personas, obteniendo la aceptación del opositor y todos los demás.

Despejado el camino de problemas políticos y personales, iniciamos los trabajos en 1974, los que en un año estuvieron terminados. Convirtiéndose el Hostal Nicolás de Ovando en una atracción de primer orden para nacionales y extranjeros, y en un proyecto más de los que el Presidente Joaquín Balaguer dejó inaugurados, sintiéndose orgulloso de haberlos ordenado. Y motivos de su respaldo hacia mí persona, teniendo que salirle al frente a los argumentos de los que se me oponían.

Para tener una idea de lo que representó este reto, a demás de mostrar algunas fotos incluiré al final tres links conteniendo las explicaciones, que fueran publicadas en esta misma vía en el mes de junio del año 2016.

No obstante, me es imposible culminar esta lucubración sin dejar bien claro que el hostal que nosotros dejamos inaugurado en 1995 solo llegaba al extremo sur de la Casa de Nicolás de Ovando. Y fue, solamente, de 60 habitaciones. Con la esperanza de continuar según los planes, y los planos que  fueron concebidos en la OPC. Pero, por intransigencias del propietario del periódico El Caribe no fue posible, negándose, rotundamente, a tener que trasladar su empresa a otro lugar, por lo que hubo que esperar hasta que más adelante el señor Ornes se pusiera de acuerdo con el Presidente Balaguer para  poder continuar. Dándole seguimiento al proyecto original que se encontraba archivado en la OPC. Lo que sucedió tiempo después de haberme alejado de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y del programa, en sentido general.

 

En estas dos fotos se puede apreciar el final del hostal. En la primera, donde termina la casa pequeña de dos pisos, pintada de verde oscuro, y en la otra, donde termina la casa de Ovando, que es de piedra.

Lamentablemente la situación y los acontecimientos fueron muy diferentes a las anteriores. Durante la dirección del arquitecto Esteban Prieto, se emprendieron las obras, a cargo de su cuñado, el Ing. Ruedán, como si ni les interesara. Ejecutando detalles como los que muestro en las fotos siguientes.

  

En esta galería, que forma parte de la agregada segunda planta de la casa No. 11, que era de una sola planta, los “restauradores” construyeron dos columnas y dos pilastras en concreto de sección cuadrada.Tal “adefesio” debería ser modificado, aunque fuera labrándolas. 

Fachada de la casa No.11 a la que pertenece el “adefesio”, de la galería, antes de que levantaran una segunda planta, y empañetaran la fachada, que la habían dejado como fue originalmente, de piedra.

 

 

Finalmente, a mí regreso en 1996 a la institución que fundé veinte años antes me correspondió hacer que las cosas se hicieran como debían hacerse, y una mañana recibí una llamada del Secretario de Turismo en la que me comunicaba que la empresa francesa Accor manifestaba su intensión de hacerse cargo de los tres hoteles propiedad del Gobierno que se encuentran en la Ciudad Colonial.

HALELUYA, pensé yo al darle el visto bueno a la propuesta. Que resultó un acierto, tanto para las obras del conjunto monumental como para las del Hotel Francés, y el Comercial. Después de un período funesto, durante el cual el Hostal llegó a convertirse en un hotel de mala muerte, primero bajo la administración de CORPHOTELES, y más delante de la empresa DIMARGO, durante la cual se desapareció la casi totalidad de las obras de arte que se exhibían, al igual que un repostero con las armas de Santo Domingo.

Los trabajos que dirigió el Arq. Luis Lajara Solá fueron consensuados, en todos sus aspectos, con nosotros, hasta tal extremo que se puede decir que el Hostal Nicolás de Ovando es, con pequeñas excepciones, el producto de un sueño, que librando batallas, triunfalmente, a las que estamos acostumbrados, podemos decir que contamos con un conjunto monumental de primer orden, y un establecimiento hotelero exquisito instalado, precisamente, en uno de nuestros principales monumentos arquitectónicos e históricos, que nos hacen sentir orgulloso del deber cumplido. Actualmente se encuentra regenteado por la empresa HODELPA Hoteles, después de haberlo hecho la empresa francesa ACCOR.

A continuación los tres artículos publicados en el año 2016.

https://manueldelmonte.wordpress.com/2016/06/11/%E2%80%A2proceso-derestauracion-detalle-i/

https://manueldelmonte.wordpress.com/2016/06/18/proceso-de-restauracion-ii/

https://manueldelmonte.wordpress.com/2016/06/30/proceso-de-restauracion-iii/

Además de los dos regios actos de inauguración del hostal, un acontecimiento sin igual fue el almuerzo que el Presidente Balaguer ofreció a los Reyes de España, cuyo gran salón debería ser dedicado a los monarcas.

A sugerencia nuestra, el retrato de Frey Nicolás de Ovando, que fuera traído de España conjuntamente con otras obras de arte, de utilería y adornos, además de tres reposteros con las armas de Santo Domingo (perdido), de Carlos V, y de Nicolás de Ovando (ambos en posesión de la OPC), fue colocado en el vestíbulo del Hostal, con la presencia de los Embajadores de España y Francia. Además del gerente del Hstal, y del Arq. Del Monte Urraca.

Salón en el segundo piso de la casa, que hace las veces de corredor desde el cual se accede a muchas de las habitaciones.

Patio de la casa de los Dávila, que fuera objeto de una restauración casi imposible de acometer. Solo desiciones como estas son las que hacen al hombre crecer.

Reconocí desde el principio, que una piscina en el patio de la casa del Comendador Ovando era cometer un sacrilegio. Pero, después de haberla visto en extraordinarios palacios y castillos españoles engalanados con una, y lo necesario que era para poder atraer turistas al trópico caribeño, decidí cometerlo.

Vista desde el aire del conjunto monumental por la parte tracera. En primer plano el Fuerte Invencible y parte de la muralla. Seguido de la piscina, y de la Casa de Dávila con su torreón recostruido sobre bases, y otros elementos originales, fotografias antiguas, que hablan pr sí solas.

Vistas de la rivera occidental del rio Ozama en las que se puede observar el torreón sobre el extremo suroriental de la casa de Dávila, tal como fue interpretado al restaurarlo.

ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC EN FECHAS 1967-1978

  1. FORTALEZA DE SAN FELIPE DE PUERTO PLATA

    “Los edificios de la ciudad son todos modernos. Solo quedan de épocas pasadas unos pocos cimientos de paredes cerca de la costa oceánica y un viejo fuerte…Es una gran estructura redonda blanqueada que tiene la apariencia de una enorme quesera; sus murallas son enormemente gruesas, y ahora se usa como cárcel.” (Otto Schoebnrich.) Santo Domingo, un país con futuro. 1918

Desde su origen, Puerto Plata reunía las condiciones necesarias para convertirse enuna de las principales ciudades de la Isla. La existencia de un buen puerto, la abundancia de agua, y la exuberancia de sus magníficas tierras, crearon las falsas expectativas que la convertirían en una ciudad capaz de competir con la entonces próspera Santo Domingo, capital de La Española, y de las Indias Occidentales.

Con el propósito de contribuir a detener las encarnizadas acciones de los enemigos de España, y facilitarle a los cada vez más exiguos vecinos una vida donde pudieran dedicarse a trabajos productivos, Carlos V autorizo, en 1541, la construcción de una fortaleza.

No cumplidas a tiempo estas y otras peticiones, la situación permitió que los piratas saquearan, y destruyeran, nuevamente, a Puerto Plata. Hasta que finalmente, la orden del Emperador comienza a ejecutarse veinte años más tarde, cuando un proyecto presentado en 1562 fue iniciado, finalmente, en 1563. No obstante, la Fortaleza quedó inconclusa hasta su terminación en 1585. Un año antes de la invasión del pirata inglés Francis Drake, que asedió la ciudad  de Santo Domingo.

El interior del cubo está dividido en tres naves cubiertas con bóvedas de cañón, y comunicadas entre sí por sendas aberturas de solo 1.20 metros de altura. Un puente de madera fue construido para comunicar la perta que da acceso al recinto con la entrada al torreón.

  

La nave central, al igual que las dos laterales están abovedadas. Concluidos los trabajos sirvieron  para instalar una exhibición de objetos relacionados con la fortaleza.

No nos era posible continuar con nuestra misión sin dedicarle una especial atención a este gran monumento, que la historia quiso dejarnos como muestra de lo que fuimos. De ahí que, como lo he comentado previamente lo incluimos en el paquete que le sometimos al Presidente Balaguer, en el que se encontraban la primera etapa del sector de la Atarazana y la Casa de Ponce de León. Terminado de concebir el proyecto de restauración, después de haber realizado varias visitas a la costa norte, encomendé para que se encargara del mismo al Arq. Virgilio Dalamau, y al Dr. José Augusto Puig Ortiz, representante de la OPC en la región norte, para que contribuyera con sus orientaciones históricas, a la vez que servirle de anfitrión al arquitecto. Una vez concluidos los trabajos arqueológicos del monumento y su entorno, se disidió hacer lo que correspondía, e iniciar los trabajos de recomposición correspondientes.

Al poco tiempo de iniciados los trabajos el arquitecto Dalmau decidió dejarlos para cumplir un compromiso de estudio en Alemania. Por lo que me vi compelido a designar un sustituto. Recayendo la responsabilidad en el Arq. Teódulo Blanchard Paulino, uno de los fundadores de la OPC. Posteriormente el Arq. Dalmau se reincorpora a la terminación de los trabajos de restauración de la fortaleza. Justo es mencionar la participación del Dr. Manuel Mañon Arredondo en la asesoría histórica y arqueológica.

Dicha obra, que tuvo la mala suerte de tener que sortear algunas discrepancias entre los que nos habíamos hecho responsables de tan importante compromiso, no obstante se termino como se había planeado, dejándole a los que nos sucedieran una obra singular para deleite del pueblo dominicano, y de los visitantes extranjeros que decidan llegar hasta la Novia del Atlántico.

En esta fotografía sin fecha se pueden observar las condiciones en que se encontraba la fortaleza. En centro, el cubo principal que se encontraba casi intacto. A la derecha e izquierda los dos cuerpos con sus torretas muy desfigurados franqueando el cubo, todo encalado, como se estilaba en aquellos tiempos. Las dos murallas que cubrían el frene y el respaldo no existían, y fueron reconstruidas. Al igual que las dos garitas y el puente de madera. El foso delantero hubo que rescatarlo, siguiendo las huellas que se encontraron. Lo que convirtió el movimiento de tierra en uno de los trabaos más pesados de la obra.  

De esa manera nos despedimos de Puerto Plata sin poder hacer lo que correspondía en otro monumento histórico de primerísima categoría. Como es el de desentrañar de abajo de unas casas de poca importancia las ruinas del Convento San Pedro Mártir, de la Orden de Santo Domingo, fundado en 1526 por el Padre Bartolomé de las Casas. Cuyo primer sillar fue traído de las ruinas de La Isabela, primera fundación del Nuevo Mundo.

Croquis obtenido de la obra PUERTO PLATA Ensayo Histórico-Arquitectónico de Robert S. Gamble y José Augusto Puig Ortíz. En líneas entrecortadas muestra el perímetro del desaparecido convento.

A propósito de este lamentablemente desconocido monumento histórico no puedo dejar de comentar lo que el Dr. Puig y el joven especialista en Arquitectura Victoriana, Robert S. Gamble, quien nos fuera cedido por el Cuerpo de Paz de los Estados Unidos de América a solicitud nuestra. Quienes realizaron un interesante ENSAYO HISTÓRICO ARQUITECTÓNICO de la ciudad de Puerto Plata, en el que incluyeron un capítulo denominado AMBITO HISTRÓRICO Y MARCO GENERAL, dedicando un breve relato del Convento San Pedro Mártir.

https://www.youtube.com/watch?v=SL9q2fMstl

 

  

ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC EN FECHAS 1967-1978

14.- CASA DEL CORDÓN

Siempre se ha dicho, sin fundamento preciso, que la Casa del Cordón se comenzó a edificar en 1503, y se encontraba en las inmediaciones del desembarcadero. Fue ordenada por Francisco de Garay, un destacado personaje colonizador de principios del siglo XVI. Participó en la conquista de México, fue gobernador de Jamaica, adelantado y servidor de Cristóbal Colón.

​En 1509 el Virrey Diego Colón y su esposa María de Toledo, sobrina de Fernando II,​ dejaron la Torre del Homenaje, donde se aposentaron al llegar a Santo Domingo, dejando a Francisco de Tapia, y vivieron brevemente en la Casa del Cordón mientras se constria su residencia oficial, conocida como Alcázar de Colón.​ A su vez, allí se instaló la Real Audiencia, y también habitó en ella Miguel Díaz de Aux, quien acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje.

Durante la invasión de Francis Drake, se instaló en esta casa la balanza con la que se pesaban las pertenencias que debían entregar los pobladores de la ciudad al corsario inglés, hasta que abandonaron la ciudad, dejándola en condiciones sumamente deplorable.

La obra que realizamos en la Casa del Cordón me llenó de orgullo y satisfacción, por lo que la misma representa para el patrimonio histórico de nuestro país y de América, como uno de los monumentos más valiosos del repertorio monumental con que cuenta el patrimonio histórico de República Dominicana. No obstante haber sido transformada exterior e interiormente, y convertida en hábitat de familias de escasos recursos económicos y negocios de bajo nivel, pudimos devolverle su antiguo esplendor.

Fotos de la casa a principios del Siglo XX, cuando todavía mantenía cierto esplendor. En la de abajo había sufrido serias modificaciones en su fachada, tales como un balcón corrido y techado, y puertas abiertas, sustituyendo venanas.

Para que este sueño fuera posible el gobierno del Dr. Joaquín Balaguer dispuso la adquisición y desalojo del inmueble. Y por su parte el Banco Popular Dominicano se comprometió a financiar el proyecto de restauración, y acordó su usufructo con el Estado dominicano, y amortizar el financiamiento durante un determinado número de años. Sin que sepamos en qué consiste el actual usufructo, ya que el plazo convenido venció hace ya unos cuantos años.

Esta fórmula, algo sui géneris en nuestro país, contaba con innumerables precedentes en Europa, habiendo dado excelentes resultados en España, donde se aprovecharon importantes palacios para alojar instituciones bancarias de índole privada. De esa manera el Estado ponía en manos de particulares algunos monumentos que serían puestos en valor por la iniciativa primada, y mantendría su responsabilidad en otros para dedicarlos a proyectos relacionados con la cultura y el turismo.

Una anécdota que viene al caso comentar fue la siguiente. Enamorado de la idea de ocupar la famosa casa para las oficinas ejecutivas de su banco, Alejandro Grullón se la solicitó al presidente Balaguer, quien por razones poco atendibles se la negó. Después de una visita que girara a mi despacho de la OPC el amigo Alejandro me refirió algo apenado lo sucedido. Yo, consciente de la razón que lo asistía aproveché una visita al Dr. Balaguer para tratarle el asunto. Del que, después de las explicaciones, correspondientes a experiencias obtenidas en España, lograra convencerlo.

Para dar inicio a tan importante proyecto la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) gestionó asesoramiento técnico con la OEA, para el cual fue contratado el arquitecto conservador de Toledo, José Manuel González Valcárcel, a quien conocimos en reuniones de especialistas en restauración celebradas en diferentes países. Y fue asignado para la continuación de los trabajos al joven arquitecto Teódulo Blanchar Paulino, miembro del staff de la OPC desde sus inicios.

Para la ejecución de los trabajos se utilizaron algunos de los canteros que fueron entrenados por el arquitecto español que dirigió la restauración del Alcázar de Colón, al igual que los albañiles especializados en colocación de sillares y ladrillos. Toda la carpintería fue realizada en el taller de Artes de Santo Domingo.

Terminados los trabajos de restauración de la monumental estructura el presidente del banco nos propuso viajar a España a gestionar algunos objetos antiguos que le dieran realce al banco. La inauguración fue un acontecimiento social como los que ya teníamos acostumbrados al Presidente. Las obras fueron bendecidas por el Arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Octavio Antonio Beras.  Además, la Rondalla de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, alegró el momento con sus interpretaciones folklóricas.

Entrega de la medalla con la efigie de la Casa del Cordón, correspondiente a la colección de monumentos de Santo Domingo, valiosa iniciativa de la Fundación Dominicana para el Desarrollo. Figuran, entre otros, los señores Alejandro Grullón, Presidente del Banco Popular Dominicano, el Arq. Del Monte Uraca , Director de la OPC, y Bolivar Baez Ortiz, en representación de la Fundación.

El presidente Balaguer escucha, atentamente, explicaciones del Arq. Rafel Calventi sobre el proyecto de la torre del BANCO POPULAR, durante la inauguraciópn de la Casa del Cordón. Acompañan al Dr. Balaguer el Presidente del banco, el Director de la OPC, el Arq. Blanchard Paulino, y jefes de las distintas ramas militares del gobierno.

https://www.youtube.com/watch?v=OursFiFMkgg

 

ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC (Continuación)

12.- SECTOR DE LA ATARAZABA (PRIMERA ETAPA)

Vista aérea en la que vemos el Alcázar, y a su derecha la calle Atarazana restaurada, las Atarazanas Reales, y la calle Vicente C. Duarte. En primer plano la Puerta de la Atarazana, y tramo de muralla reconstruido. Todas la obras realizadas por la OPC.

Otro proyecto que la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) inició en el año 1971, constituyéndose en uno de los más decisivos forjadores de la campaña iniciada en 1967, y clarinada de lo que se veía venir, fue el rescate y revalorización de ocho casas del Siglo XVI, de la entonces calle conocida como Presidente González, y rebautizada con su nombre original: Atarazana. Paso a paso las cosas se iban cumpliendo, y desarrollándose, según lo planificado.

Dos años antes de iniciado el proyecto fueron inaugurados, oficialmente, la sede de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), situada en la acera de enfrente de las ocho casas de la misma calle, y los trabajos de reparación de los daños sufridos durante la Revolución de Abril en el 1965 por el Alcázar de Colón.  Motivo por el cual el Presidente Balaguer asistió a dichos actos, saliendo de su automóvil frente a la oficina, recorriéndola primero, y subiendo por la escalera del patio para pasar al Museo Virreinal, y luego al Alcázar. Cuando atravesábamos el patio para subir al segundo piso, donde se encontraba el museo, el presidente,  alarmado al ver las condiciones en que se encontraban las casas de la acera de enfrente, y la gente que las habitaba, me ordenó ejecutar un proyecto que resolviera el estado en que se encontraba el sector, que contribuiría a incrementar la atracción turística que sería una vez concluido.

En esta oportunidad explicaré, sucintamente, en lo que constituyó el proyecto. Algunas situaciones que se sucedieron antes de iniciarlo nos alertaron para que estuviéramos preparados en caso de que mis opositores se expresaran en términos negativos. Lo que, por supuesto, no sucedió.

La aparición de la verdadera imagen del histórico conjunto de la calle Atarazana fue descubierta a partir de los inicios de los trabajos de investigación arqueológica y arquitectónica. Dicha imagen totalmente camuflada con intrascendentes superposiciones llevadas a cabo a partir de finales del Siglo XIX, a las que correspondían los balcones corridos, los vanos de puertas y ventanas, los antepechos, y otros detalles menos relevantes, fue totalmente modificada, según fueron apareciendo los vestigios originales, tanto exterior como interiormente.

El principal ejemplo de nuestra responsable actuación fue el de la casa N.9, en la que el camuflaje ocultaba una fachada de piedra, posiblemente la primera de ese tipo construida en el Nuevo Mundo. Según suposiciones del Reverendo Fray Vicente Rubio su ubicación cercana al desembarcadero, la rusticidad del trabajo de piedra, y otros elementos, hacían pensar que fue esta, y no la Casa del Cordón, la que fuera construida primero.

Las demás casas construidas de mampostería de mala calidad, fueron vueltas a empañetar y encalar, según las muestras que fueron apareciendo, y que salieron a la luz durante las investigaciones correspondientes. Solo manteniendo vistos los trabajos de piedra de las arcadas en los patios, y los ladrillos de algunos arcos.

De tal manera llegó a concitar el proyecto el entusiasmo general de la población, que algunos comunicadores sociales respetables de aquellos tiempo lo expresaban en sus reportajes. En fecha 22 de enero de 1973, el destacado columnista José Ernesto García Aybar, en uno de sus TEMAS NACIONALES comentó lo siguiente: “La obra arquitectónica y artística realizada por la Oficina de Patrimonio Cultural para restituirle su primitivo aspecto al sector capitaleño conocido como La Atarazana, bien puede calificarse, sin lisonja de ninguna especie, para todos quienes intervinieron en ella, como notable y valiosa. El cambio que se ha operado en ese de los más antiguos rincones de la Ciudad Primada resulta, por su casi perfección, hasta cierto punto increíble, así como demostrativo tanto del previo y adecuado estudio acerca del estilo de arquitectura que caracterizaba  a los edificios restaurados cuando fueron construidos, como el cuidado y delicadeza con que fue realizada la labor reparadora para la obtención de tan prodigioso resultado”.

Tales expresiones de reconocimiento constituyeron para nosotros un bálsamo de satisfacción, dado lo sensato de quien lo expresara. Muy especialmente, tratándose de un hombre sumamente culto, que no tenía pelos en la lengua para decir lo que pensaba, sin tener miramientos en lo decía.

Decididos a continuar de inmediato con el proceso de rescate del todavía arrabalizado, y semi destruído sector se procedió a dar inicio, antes de haberse terminado la primera etapa, al impostergable rescate del uno de los más valiosos monumentos de cuantos han perdurado en nuestra Ciudad Colonial. Se trató de las Reales Atarazanas de Santo Domingo ubicadas, precisamente, en el corazón del sector que lleva su nombre.

Ese era el ambiente que existía en el sector, y el que el Presidente Balaguer observó cuando dió la orden de hacerlo desaparecer.

Este rancherío se encontraba en el antiguamente llamado Solar de Santa Ana, detrás de las casas de la calle Atarazana, y frente a la calle Vicente C. Duarte. Ahí se desarrolló un estacionamiento de unos cien vehículos en un solo nivel, que no ofendía la visual del sector.

Para desarrollar el estacionamiento, y liberar las Atarazanas Reales hubo necesidad de demoler las tres edificaciones de concreto. La última de las cuales fue construida justo al lado de la parte posterior del monumento.

Actualmente la Oficina Supervisora de Obras del Estado (OISOE), de triste recordación para la Ciudad Colonial, está levantando un estacionamiento de varios niveles, cuyo extremo este esta siendo pegado de las Atarzanas Reales.

Una de las entradas al monumento al desastre monumental del lado opuesto, junto a la casa No.13 de la calle Atarazana.

Sean los atentos lectores el jurado.

 

 

ARTICULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC (CONTINUACION)

Los artículos siguientes fueron compuestos, únicamente, para mi Página Web. Después de los números 10 y 11 los siguientes seran publicados a partir del 23 de octubre. Espérelos.

10.- CASA DE TOSTADO

Uno de los principales proyectos con los que la OPC dio inicio a sus actividades relacionadas con la restauración de monumentos fue el de la Casa de Tostado. Distorsionada su arquitectura casi completamente, pero conservando su principal elemento, como es la única ventana geminada que se conservara en América, perteneciente al gótico-isabelino de los Reyes Católicos, fue objeto de una minuciosa investigación arquitectónica. Era necesario hacerlo para poder saber lo que hubo y fue camuflado o destruido para proceder a determinar lo que había que hacer.

Como la idea que se concibió en principio fue devolverle, dentro de lo posible, sus características originales del Siglo XVI, perdidas en el transcurso de su larga existencia, se decidió eliminar todo lo nuevo, como era el balcón de concreto, y las cubierta del techo con planchas de zinc, de estilo curazoleño, al igual que unas anexidades de concreto en el patio. Y se clausuraron puerta y ventanas abiertas en épocas posteriores.

Despejada la estructura original de los agregados posteriores, y tratando de devolverle su aspecto original, fue reconstruido el mirador esquinero, del que no se pudo encontrar documentación alguna. No obstante, apoyados por el grosor de los muros que conforman la esquina del mirador en ambas plantas, muy diferente al de los demás, tuvimos la impresión de estos haber sido construidos de tal manera con el propósito sospechado. Igualmente fue reconstruida en concreto la doble arcada que da al patio, de la  que si se encontraron vestigios suficientes. De esa manera obtuvimos un ejemplar similar a como pudo haber sido, lo que era muchísimo mejor que lo que encontramos. Y para que quedara claro, que no era un pastiche engañoso, lo hemos dejado documentado todo para los que vengan después.

Los terrenos que ocupan la casa fueron objeto de una minuciosa investigación arqueológica, de las que fueron extraídos interesantes elementos propios de los quinientos años de la interesante estructura.

A diferencia de los planes concebidos originalmente para ocupar lo que fue una vivienda de principios del Siglo XVI se impuso la idea de que albergara objetos del Siglo XIX, para lo que fue emprendida una búsqueda de objetos pertenecientes a la única época de la que era posible encontrar piezas de alguna importancia en el país.

A propósito de tales esfuerzos, la señora Graciela García Godoy de Choten donó a la OPC una urna de porcelana francesa de gran valor artístico para que fuera exhibida en el Museo de la Familia del Siglo XIX.

Como ninguno de los trabajos anteriores a este no requerían ser inaugurados, el primero fue el de la Casa de Tostado.

 

Primer acto de inaugiración de las obras realizadas, a partir de entonces, por la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) fue, precisamente, el de la Casa de Tostado. Además del Presidente Joaquín Balaguer y el Director de la OPC, Arq. Manuel E. Del Monte Urraca, aparecen mi esposa Urania, Altagracia Bautista de Suárez, Secretaria de Educación, María Cristina de Carías, y los Generales Ramón Emilio Jimenez, Secretario de las Fuerzas Armadas, Francisco Rivera Caminero, Jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra y, semi oculto, Neit Nivar Seijas, Jefe de la Polocía Nacional.

 

11.- CASA DE LOS CINCO MEDALLONES

Más conocida como la Casa de la Moneda, debido a la decoración plateresca de cinco medallones que presenta su portada, fue restaurada en el año 1971 después de haber sido adquirida por el Banco Central de la República Dominicana a sugerencia que le hiciera la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC). Es la única edificación del Siglo XVI que conserva ese privilegio de cuantas la tuvieran. Este importante monumento histórico fue mutilado en su extremo norte, y convertido dicho espacio en un callejón de acceso a una edificación de traspatio, que debió haberse demolido durante los trabajos de restauración de la casa. Pero, que por razones económicas, el proyecto no se completó como fue concebido. Y debido a ello tampoco fue inaugurada como se merecía. Quedándose entre los planes, el Museo Numismático, como se había quedado con las autoridades del banco.

Fue así como dicha institución gubernamental, que hubiera pasado a los anales de la historia del patrimonio cultural dominicano por tan poca cosa, dejó pasar tan importante oportunidad, después de haberse comprometido. Y continuando de esa manera los aportes de instituciones oficiales y privadas, que con tanto entusiasmo se inició con la restauración de la Capilla del Santísimo de la Catedral. Es así como, de ahí en adelante, el monumento ha estado “ahí”, siendo utilizado por un grupo de filatelistas que no han hecho lo que han debido hacer. Ni se lo ha exigido la autoridad gubernamental correspondiente.

Con el propósito de devolverle a la portada las proporciones pérdidas por causa de las modificaciones de la rasante a que habían sido sometida la calle de ese sector de la Ciudad Colonial, fue construida una plataforma de acceso, cuyo nivel superior coincidiera con la rasante perdida. Y la hermosa portada descansara sobre el nivel que tuviera antes de dichos trabajos. A la plataforma se accede mediante dos escalinatas colocadas en sentido contrario.

Por otro lado, el callejón sigue ahí, y la edificación de atrás, por igual. ¡Qué pena¡

Callejón de acceso a un tugurio, ocupando un valioso espacio de la Casa de la Moneda. Nuetro proyecto contemplaba la demolición de lo que hay detrás, y la extensión del monumento a sus estado original. Pero, ni eso, ni el museo, ni nada, se pudieron completar. Esperando un “mañana” que nunca vendrá.

Inconscientemente demolida en la década de los años cuarenta. De lo que se selvara la Casa de la Moneda.

Para construir ese adefecio, que sería ocupado por el Colegio Serafín de Asis, fue demolida una casa del Siglo XVI que ostentaba el regio portal.