Segunda etapa del turismo dominicano

Manuel E. Del Monte Urraca – 15 de diciembre de 2011

Culminada en la década de los años ochenta la primera etapa del desarrollo turístico dominicano, en la que quedaron resueltos los principales escollos que se interponían a su implementación, real y efectivamente, fueron creadas las primeras disposiciones legales y organizativas, y se iniciaron varios proyectos con características verdaderamente turísticas. Potenciales inversores, ya crédulos de lo que veían que se hacía con pasos firmes, se dispusieron a competir con sus similares de la región a la que pertenecemos, en igualdad de condiciones.

No obstante reconocer estos aciertos, los cambios de gobiernos y direcciones generales continuaban sin que fueran consensuadas las reglas establecidas. Lo que creó cierta inquietud y dudas entre los pocos actores que comenzaban a salir  del escondite, e invertir los cuantiosos recursos que hacían falta para dar el salto.

Uno de estos cambios consistió en la inobservancia de lo dispuesto originalmente, mediante el cual se crearon los denominados polos turísticos, violentándose la secuencia que se le había dado, en detrimento, por ejemplo, del Distrito Nacional (Polo No.1). Que además de la ciudad capital contaba con un municipio con playa, como es el de Boca Chica. Que además se ser la playa más cercana a la ciudad capital, se encuentra a pocos kilómetros del único aeropuerto internacional que se disponía, además de acceso vial fácil y de aceptables condiciones de suministro de energía eléctrica, y otros servicios, no menos importantes.

Entre los inconvenientes que tenía esta playa, de arenas blancas y aguas azul turquesa, sobresalían además de su contaminación, y su poca profundidad,de la conservación de un muro de contención a los largo de todo el litoral playero, y   de un creciente grado de descomposición social de una gran parte de su población y visitantes, que la incapacitaba para implementar y sostener las reglas de urbanidad (desarrabalización), como lo exige el turismo internacional.

Como hemos visto, los ingredientes que se interponían para que Boca Chica fuera convertida, sino en una de las primeras atracciones turísticas del país, en una de las receptoras de mayor número de visitantes de aquellos tiempos. Que no eran nada fácil, pero no imposible de lograr.

Sabemos de sobra que existían, y todavía existen, numerosas formas de poder transformar lo que entonces parecía imposible. Un solo ingrediente, el social, se presentaba como el más difícil de resolver. Y tenemos que convenir, en que una suficiente voluntad política, además de importantes recursos económicos por parte del sector privado, era lo que se necesitaba para que todo mundo quedara complacido, y la playa más cercana a la capital (Polo No.1) se convirtiera en lo que, en cambio, se decidió hacer en Puerto Plata. Quedando Boca Chica a merced de la indecisión.

Pasado el tiempo, hemos visto como Playa Dorada, escogida por las autoridades en sustitución de Boca Chica, y otras aledañas en la costa norte, empezaron a sucumbir producto de lo que muchos previeron, y no se le puso la necesaria atención. Me refiero a la climatología durante la temporada alta, a la calidad de sus arenas, a las deficiencias energéticas, al igual que a las dificultades de comunicación, tanto nacional como internacional.

De todo lo acontecido en los casi cincuenta años transcurridos desde entonces, se ha podido comprobar, que el desarrollo de nuestro turismo de playa ha sido privilegiado el del litoral oriental de la república, donde se ha instalado una diversidad de complejos turísticos, que venciendo los múltiples inconvenientes, iguales o peores que los de Puerto Plata, ha llegado a convertirse en lo que podríamos llamar la zona petrolera dominicana.

Algo lamentable de ese éxito ha sido, entre otros, la política de enclaustramiento, que ha sido aplicada en los resorts ubicados en ese y otros polos, del “todo incluido”. Lo que es lo mismo que decir, retener en cada resort, en su mayoría, a los turistas que llegan directamente desde sus respectivos lugares de origen.

Ha habido quienes denominaran a esos resorts de playa hermosos campos de concentración, en los que una buena parte de sus huéspedes ignoran el país en el que se encuentran, al igual que su capital, con la Ciudad Primada y sus ancestrales monumentos coloniales. Cosa, que sí lo han estado logrando otros destinos de nuestra misma área geográfica, que han decidido incluir el patrimonio histórico, después de rescatarlo y ponerlo en valor. Entre estos tenemos, principalmente, el Viajo San Juan de Puerto Rico, y Cartagena de Indias, Colombia. Y más recientemente la Habana Vieja, Cuba.

Entendiendo que la ciudad capital, con sus importantísimos recursos históricos y monumentales, resultaba muy alejada de los resorts. No obstante, hasta hace relativamente poco tiempo, se empezaron a construir magníficas carreteras que intercomunican esas zonas con la capital y otros lugares atractivos del país.

No acabamos de entender por qué impedir que los turistas puedan visitar lugares interesantes y cercanos, como la Casa de Ponce de León (1505), en San Rafael de Yuma, Higuey, y la hermosa ensenada desde donde partió el conquistador a cumplir su histórica misión. Además de la Ermita del Siglo XVI, la Basílica y el Museo de Nuestra Señora de La Altagracia, al igual que las ruinas de uno de los primeros ingenios azucareros instalados en la Isla, Sanate, construido por Juan de Villoria, copero del rey Fernando el Católico, durante la primera mitad del siglo XVI, entre 1522 y 1536, y otros lugares que hablan muy bien de la que fuera sede de estas primeras industrias, instaladas en diferentes regiones de la Isla. Y las primeras villas, desde donde salieron los conquistadores a descubrir y colonizar una parte del Nuevo Mundo. Como es el caso de Compostela de Azua (1504), desde donde salieron Diego Velázquez y Hernán Cortes a la conquista de Cuba y México, respectivamente. Y donde todavía se conserva una gran parte de las ruinas.

Por supuesto, no nos anima culpar a los desarrolladores del litoral higueyano y romanense por las fallas que en ese sentido han tenido, y siguen teniendo, esos resorts. Sabemos que la casa que construyó Ponce de León, y donde vivió con su familia, y el lugar desde donde salió a la conquista de Puerto Rico y La Florida requiere de más y mejores atracciones para hacer más interesante su visita. Pero no olvidemos que en este país estamos acostumbrados a tirarle los problemas al gobierno, que aunque lo cierto es que en gran medida le competen, no menos cierto es, que entre todos esos complejos han podido haberle dedicado alguna atención, de manera que todos a una pudieran ofrecer lugares históricos atractivos, para solaz e instrucción de dominicanos y extranjeros, que desean compartir su tiempo de ocio en playas hermosas, acompañadas de atracciones culturales que los complementen y enriquezcan.

Pasados siete años de haber escrito y publicado este y los demás artículos de esta serie, con alguna edición, confieso que no son más que intentos de lo que pudo haber sido y no fue. Hasta que finalmente, contamos con la zona de Punta Cana en la provincia de Higuey, y Casa de Campo, en La Romana, ambos convertidos en los resorts de mayor aceptación de nuestro país, y de la región donde se encuentran.

 

 

 

 

 

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Domingo del Monte y Aponte, (Maracaibo, 4 de agosto de 1804-Madrid, 4 de noviem. de 1853) ¿“El más real y útil de los cubanos de su tiempo”?

(Francisco MORÁN – Southern Methodist University, Estados Unidos)

La frase de Martí: “Domingo Del Monte el más real y útil de los cubanos de su tiempo”, es de sobra conocida; y ha ganado la fuerza de una verdad indiscutible, que consecuentemente legitima y encumbra la vida, la obra, y el pensamiento de Del Monte entre los cubanos de mediados del siglo XIX.

La frase de Martí. Conclusiones

¿Conoció Martí a fondo las ideas, leyó los textos de Del Monte, dejando a un lado claro su correspondencia con Alexander Hill Everett?. (Diplomático estadounidense, político y hombre de letras de Boston. Ocupó cargos diplomáticos en los Países Bajos, España, Cuba y China.) Si no, ¿cómo explicar esa frase, tan repetida desde entonces, que terminó por fijar la figura delmontina en una especie de encantamiento, y la rodeó con la interdicción de su propio juicio, como para volver impenetrable a la crítica, el bosque que rodearía el tálamo donde dormiría seguro uno de los cubanos más racistas y, posiblemente, el más anexionista de su tiempo? Tal vez esto pueda ser explicado.

Recordemos que, como dice García Marruz, Nicolás Azcárate “fue uno de los hombres que más intimó con él en sus últimos años”, hasta el punto de que “lo dejó por albacea y legatario”. Y Azcárate, como se sabe, fue amigo de Martí. No es improbable que Azcárate, que llegó a sentir una gran admiración por Del Monte, le hablara de él a Martí con entusiasmo. Esto, por supuesto, queda en el terreno de la especulación.

http://dirasathispanicas.org/index.php/dirasathispanicas/article/view/66/html#inicio

https://www.ecured.cu/Cent%C3%B3n_Epistolario_de_Domingo_del_Monte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOSTAL NICOLÁS DE OVANDO (NO PUEDE SER)

Me ha sido imposible no dejar constancia de mi rechazo del color que le ha sido aplicado a los dos salones de entrada al Hostal Nicolás de Ovando. (Lobbys).

Cuando una persona o empresa intervienen en calidad de arrendatario de una edificación de la envergadura de la que fuera construida por el fundador de la ciudad de Santo Domingo, Frey Nicolás de Ovando, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, es su obligación mantener la estructura en similares condiciones a como la recibieron, o la que dejaron sus restauradores. Que en este caso fue la Dirección de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), después de ingentes estudios arqueológicos e históricos.

Lobby en proceso de decoración, con sus paredes blancas, muebles de estilo clásico, y repostero con las armas de Nicolás de Ovando.

Comedor del Hostal el día de su inauguración. Adviértase el estilo decorativo, que fue empleado, conjuntamente, con todo el confort moderno.

Igualmente, deben ser respetados los colores que se apliquen a las paredes. Que deben estar en consonancia con los que tuvo originalmente. Que en este caso deberá ser blanco cal, o algún otro que no desentone.

Lobby durante el arrendamiemto de la empresa francesa ACCOR. Algo similar sucedió con el color que le aplicaron a las paredes. La diferencia consistió en que el Arq. Del Monte Urraca no estaba al frente de la OPC.

Lobby luciendo un tratamiento  completamente diferente. Paredes azules, y mobiliario moderno.

Salón adjunto al Lobby de entrada, tratado de la misma forma que el otro.

Guardando las proporciones, y la importancia de cada uno de los monumentos envueltos en este comentario, sería como si los que operan el Hostal de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela, España, y tantos otros palacios y castillos que componen la red de paradores españoles, se hiciera algo similar a lo del Nicolás de Ovando.

Uno de los comedores del Hostal de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela, España.

Parador de Cáceres, Extremadura, España.

Lamento disentir de los señores arrendatarios del color azul que emplearan para pintar las paredes de los dos salones de la edificación ocupada por el Hostal. Habiendo llegado a pensar que ha sido obra de algún decorador contratado por ellos.

Créanme, que no ha sido facil para mí haber tenido que hacer esta aclaración. Pero de lo contrario sentiría un reproche con migo mismo. Y como estoy tan acostumbrado a ser honesto,  y a expresar lo que siento cuando creo que me asiste la razón, no he podido hacerme de la vista gorda dejando este asunto sin una explicación de mi parte. Tanto a los señores arrendatarios, como a todos aquellos que han manifestado su rechazo.

 

 

 

56 ANIVERSARIO DE BODA

Hoy, 30 de junio de 2018, Ana Urania y yo cumplimos 56 años de casados. Años en los que hemos compartido maravillosos momentos, al igual que otros no tanto. Como ha sido lo ocurrido a nuestro querido hijo Manuel Emilio (QEPD).

He querido rendirle este homenaje a dos seres humanos que pueden sentirse orgullosos y satisfechos de la vida que han compartido juntos. Y con la dicha de continuar disfrutando de sus dos hijas, yernos, y cuatro niet@s. Al igual que de una cantidad de amigos, de los cuales, unos más que otros, han sabido comprender que la verdadera amistad es algo tan sagrado como la familiaridad.

Noche en la que nos comprometimos, en el Latin Quarter de New York. Nos acompañaron mi hermano Leonardo y mi cuñada Macusa.


A la salida de la Iglesia de la Ascención en New York, acompañados de los padrinos, las pajes, y amigos.

 

30 de junio de 1962                                     30 de junio de 2012  (50 Aniversario)

A la salida de la misma Iglesia de La Ascención, en New York, y el mismo día 30 de junio, acompañados de nuestas hijas , yernos, y niet@s, conmemorando el 50 Aniversario de nuestas Bodas. 

Presentación de la colección de Oscar de la Renta en Miami, Fl. a cargo de la Cámara Dominico Americana de Comercio. Nos acompañan amistades dominicanas y cubanas.La familia Del Monte Álvarez completa, una Noche Buena, hace unos años, en New York.

Si de algo positivo me he preocudo conservar es la afectuosa relación entre amigos. Aquí con un grupo de estos durante un tour que organizáramos Urania y yo al Cono Sur americano. La foto fue tomada en Bariloche delante del famosísimo Hotel Llao Llao.

No podía faltar la paella manuelina. Siempre ofrecidas a familiares y amigos.

La familia completa, solo faltando una de las nietas, Alysa, y Kianu, el nieto, en un restaurante en New York.

Lucita Porcella, Jose de Jesus Berges, Raysa Jiminian de Berges, Manuel, Margarita de Reid, y Graciela Richardi, argentina que fuera esposa del Embajador de su país en Santo Domingo, durante una cena dedicada a ella en nuestro apartamento.

Y como colofón, los celebrantes posan para los que los quieren. De veras……

 

 

 

 

UNOS CUANTOS AÑOS DESPUÉS (II)

Por considerar encomiable y oportuno lo que ha estado aconteciendo en nuestro entorno caribeño, con respecto a los planes que se han venido desarrollando en lo que se ha denominado turismo cultural, entre los que se destacan los programas de rescate y puesta en valor de sus respectivas riquezas patrimoniales, hemos creído oportuno, traer, nuevamente, a la consideración de la opinión pública nacional e internacional, mi segunda entrega que trae algunos párrafos del capítulo “Los Monumentos en Función de Turismo”, correspondiente a las Normas de Quito (1967).

A continuación el segundo de los artículos publicados en la revista RUMBO

Patrimonio y Turismo binomio de desarrollo (y II)

Manuel E. Del Monte Urraca – 2 de dICIEMBRE DE 1988

  1. “Los valores propiamente culturales no se desnaturalizan ni comprometen al vincularse con los intereses turísticos y, lejos de ello, la mayor atracción que conquistan los monumentos y la afluencia creciente de admiradores foráneos contribuyen a afirmar la conciencia de su importancia y significación nacionales. Europa debe al turismo, directa o indirectamente, la salvaguarda de una gran parte de su patrimonio cultural, condenado a su completa e irremediable destrucción”….
  2. “Si los bienes del patrimonio cultural juegan tan importante papel en la promoción del turismo, es lógico que las inversiones que se requieren para su debida restauración y habilitación dentro de su marco técnico especializado, deben hacerse simultáneamente a las que reclama el equipamiento turístico y, más propiamente, integrar ambas a un solo plan económico de desarrollo regional”.
  3. “La Conferencia de Viajes y Turismo Internacional  (Roma,1963), no solamente recomendó que se diera una alta prioridad a las inversiones en turismo dentro de los planes nacionales, sino que hizo resaltar que desde el punto de vista turístico, el patrimonio cultural, histórico y natural de las naciones, constituyen un valor sustancialmente importante….A la vez, la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (1964), recomendó a las agencias y organizaciones de financiamiento, tanto gubernamentales como privadas, ofrecer asistencia, en la forma más apropiada, para obras de conservación, restauración y utilización ventajosa de sitios arqueológicos, históricos y de belleza natural (Resolución Anexo A, IV.24)”…..
  4. “…La afluencia turística que determina la apropiada revalorización de un monumento, o conjunto de estos, asegura la rápida recuperación del capital invertido a esos fines. La actividad turística que se origina como consecuencia de su adecuada presentación, y que de abandonarse determinaría su extinción, conllevaría una profunda transformación económica de la región en la que se hayan enclavados”……………

Y así continúa el capítulo Los Monumentos en Función de Turismo de las NORMAS DE QUITO, que fuera redactado meses después de la cumbre de Punta del Este, y de la creación de la Oficina de Patrimonio Cultural en nuestro país (Junio/1967).

De casi nada le han servido estas disposiciones a los dominicanos, que divididos, como siempre, han preferido no ponerlas en práctica, y dejar mal parado su rico patrimonio, entre el que se destaca la Ciudad Colonial, en vez de ponerse de acuerdo y entrarle a dos manos, como lo han hecho los puertorriqueños, colombianos, cubanos y otros, de la histórica región a la que pertenecemos.

Como se verá, las fechas de todos estos tratados, convenios o reuniones internacionales, corresponden a épocas que datan de los años sesenta el pasado Sglo XX. Pero no por ello están obsoletas, ni pasadas de moda, ni de tiempo. Lo que preocupa es que haya transcurrido tanto tiempo, y muchos de los valores que atesoramos hayan seguido deteriorándose, o estén en franco proceso de desaparición. Del mismo modo que nos hemos concentrado en desarrollar, exitosamente, el turismo de sol y playa, como corresponde, no hemos querido entender que existen otras complementaciones, con otros valores, del mismo modo que lo han sabido hacer los de nuestra competencia, algo más tarde, los cubanos, que invierten recursos provenientes de su desarrollo turístico en continuar rescatando su rico patrimonio cultural. Con prioridad en la Habana Vieja.

  Continuará

 

 

UNOS CUANTOS AÑOS DESPUÉS

A partir de esta fecha suspenderé, temporalmente, la publicación de los artículos que he venido escribiendo en este espcio para dar paso a otros que fueron publicados hace siete años.  Antes de que empezara a escribir y publicar mis lucubraciones en mi página web  (manueldelmonte.wordpress.com), el 30 de marzo de 2014, lo hacía en diferentes periódicos y revistas. Tenía necesidad de dar a conocer mis pareceres del tema que me apasiona, y aprovechaba las facilidades que se me ofrecían.

En algunos de los medios en los que los publicaba desarrollé una serie de 136 artículos semanales y consecutivos que titulé A PROPÓSITO DEL V CENTENARIO. En los que me referí a los monumentos y conjuntos históricos, al igual que a los yacimientos arqueológicos de mi país, y otros de América.

Concluido este trabajo salió a la luz pública con el nombre de Acento un diario digital de publicación generalizada de la República Dominicana, fundado el 16 de febrero de 2011 por los periodistas Fausto Rosario Adames y Gustavo Olivo Peña.

Y fue a partir del 30 de noviembre de ese mismo año (nueve meses después), cuando publiqué el primero de una serie dedicada a temas vinculados con el patrimonio cultural y turismo. Por entender que el tema se ha convertido en uno de los más importantes de nuestro país, y por el hecho de que en aquellos tiempos Acento no era muy conocido, ni concitaba la atención que ha llegado a tener, por lo que mis lucubraciones no llegaron muy lejos, decidí volver a publicarlos, esta vez en mi propio blog, que hago extensivo a mis contactos virtuales.

A continuación el primero:

Patrimonio y Turismo binomio de desarrollo

Manuel E. Del Monte Urraca – 30 de noviembre de 2011

Durante el transcurso de los últimos tiempos hemos venido leyendo diversos comentarios sobre el recién lanzamiento de Cuba como destino caribeño del turismo internacional. El “Dragón del Caribe”, como han empezado a llamar a la mayor de las Antillas, degradado su patrimonio histórico en el transcurso del último medio siglo, se vislumbra como la más peligrosa competencia que en materia turística puedan tener los demás destinos caribeños, al que, igualmente, pertenece nuestro país.

En diversos reportajes, que han aparecido últimamente tanto en medios nacionales como internacionales, los responsables de recuperar y poner en valor la Habana Vieja la han convertido en una empresa rentable, que financia la propia restauración y puesta en valor de sus recursos monumentales. Los autores de dicha empresa proclaman, que “el pago de los servicios prestados va dirigido sobre todo al turismo, y cuantos más beneficios obtengamos, más podremos invertir en las obras”. ¡Qué visión!

Pero esta condición no solo se está cumpliendo en la histórica capital cubana. Lo mismo sucede, desde hace mucho más tiempo, en el Viejo San Juan de Puerto Rico; Cartagena de Indias, Colombia; Antigua, Guatemala; Willemstad, Curazao; y otros centros históricos, convertidos en destinos turísticos de la región del Caribe.

En todos los casos, las autoridades responsables de intervenirlos se han dado cuenta de su importancia en el crecimiento económico y social de sus respectivos países, entendiendo que los problemas derivados de la conservación y puesta en valor del patrimonio histórico-arquitectónico, no solo competen a los programas puramente culturales, como normalmente se piensa. Como lo determina el “Informe de la Reunión sobre conservación y Utilización de Monumentos y Lugares de Interés Histórico y Artístico”, mejor conocido como “Las Normas de Quito” (1967), “La inclusión del problema que representa la necesaria conservación y utilización del patrimonio monumental en la relación de esfuerzos multinacionales que se comprometen a realizar los Gobiernos de América, resulta alentador en un doble sentido. En primer término, porque con ello los jefes de Estado dejan reconocida, de manera expresa, la existencia de una situación de urgencia que reclama la cooperación interamericana, y en segundo lugar, porque siendo la razón fundamental de la Reunión de Punta del Este el común propósito de dar un nuevo impulso al desarrollo del Continente, se está aceptando implícitamente que esos bienes del patrimonio cultural representan un valor económico y son susceptibles de erigirse en instrumentos de progreso”.

Al referirse a la “Valoración Económica de los Monumentos”, el citado informe dice: “Partimos del supuesto de que los monumentos de interés arqueológico, histórico y artístico constituyen también recursos económicos al igual que las riquezas naturales del país. Consecuentemente, las medidas conducentes a su preservación y adecuada utilización, no ya tan solo guardan relación con los planes de desarrollo sino que forman o deben formar parte de los mismos”.

A partir de la formulación de la “Carta de Atenas” en 1932, muchos han sido los congresos internacionales en los que se ha debatido el tema patrimonio cultural y, muy particularmente, de los centros históricos, arqueológicos y naturales esparcidos por el Mundo. Pero, ninguno como el que se celebrara en la ciudad de Quito, Ecuador, en diciembre de 1967, y al que tuvimos la oportunidad de asistir en nuestra condición de fundador y director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), ha puesto tan de cerca  las manos sobre la llaga, en términos del aprovechamiento de ese recurso patrimonial, en cuanto a Ibero América se refiere.

Si Puerto Rico, Colombia, Guatemala, y Curazao, entre otros, y últimamente Cuba, al igual que los demás países de la región centro americana y caribeña decidieron, en su momento, abocarse de lleno a valorar en términos económicos sus recursos patrimoniales, se debió, primordialmente, a que entendieron el mensaje de las Normas de Quito, que no son más que el resultado de la voluntad de los Jefes de Estado de América que, convocados por la OEA, se reunieron en las australes playas de Punta del Este, Uruguay, del 12 al 14 de abril de 1967, con el propósito de unificar criterios tendentes a procurar el desarrollo de sus respectivos pueblos.

No fue una coincidencia, ni la ocurrencia de un milagro, que dos meses después (15 de junio de 1967) de aquel encuentro en Punta del Este fuera creada la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) y el programa en torno al cual se desarrollaría, exitosamente, lo que por disposición del Presidente Balaguer, quien participó en el encuentro, y la OEA, que hizo lo imposible para que con su atinada colaboración se pudiera llevar a cabo el esfuerzo.

Por consiguiente, nadie, ahora, puede darse el lujo de decir que ha descubierto el helado en palito. La cacareada promoción de treinta millones de dólares, mediante un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID),  que serían invertidos en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, nos produce estupor. Y no por la millonaria deuda en cuestión, sino por lo que habrán de hacer los responsables de desarrollar los planes propuestos. “Mucho cuidado con darnos por viejo lo nuevo”, como dijera, lapidariamente, P. R. Thomson, hace algún tiempo.

Continuará

 

 

 

EL TURISMO DOMINICANO

Manuel E. Del Monte Urraca – 12 de diciembre de 2011

Liberados de la dictadura de Trujillo; período durante el cual la entonces Dirección General de Turismo de la República Dominicana no era más que una especie de agencia de relaciones públicas del régimen, que tenía entre sus escasas atribuciones recibir y entretener los invitados del “Jefe”, y de sus colaboradores más cercanos, además de los escasos visitantes que llegaban a nuestro país; se continuó con la misma práctica, sin que nada ni nadie se preocupara por cambiarla, no obstante los beneficios que tanto el Estado como el pueblo dejaban de percibir.

En esa época no se tenía al petróleo como la panacea en que se convertiría más adelante, para transformar las economías de medio mundo. Había mucho petróleo, sí, pero no se lo tenía, todavía, como el oro negro, tal como fuera bautizado algún tiempo después. Algo similar, guardando las proporciones, acontecería, mas tarde, con el turismo.

Iniciado en 1966 el proceso democratizador de nuestro país, y sin que aquí todavía se concibiera al turismo como lo que llegaría a ser, el presidente Joaquín Balaguer nombró, ese mismo año, al señor Ángel Miolán director de la que todavía seguía siendo la misma agencia de relaciones públicas gubernamental.

Con este nombramiento se inició un nuevo proceso en el que participaron otras agencias gubernamentales, entre las que se encontraba la recién creada Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), en  el 1967. No obstante los pasos que daba la Dirección General de Turismo bajo la entusiástica dirección del destacado dirigente político opositor, lo que le desfavorecía frente a dirigentes del partido oficialista, no lograban conquistar importantes resultados, que no fuera lel tenaz empeño organizativo, de lo que más adelante llegaría a ser lo que es: la industria más importante del país. Todavía, entonces, ni el Presidente Balaguer ni la mayoría de los funcionarios de su gobierno, ni los componentes del sector privado, alcanzaban a comprender lo que se venía gestando. Ni hacían esfuerzo alguno por comprenderlo. Todo se mantenía más o menos igual que antes, o con muy pocas variantes.

En medio de las asiduas convocatorias que organizaba el activo Miolán, llegó al país, en 1968, el Director General de Promoción del Turismo de España, y en 1967 presidente de la Empresa Nacional de Turismo, Juan de Arespacochaga y Felipe, uno de los artífices del despegue turístico de su país, contratado por la UNESCO, a solicitud de la Dirección General de Turismo. Con su valioso aporte fue creado el Plan de Ordenamiento Territorial, primer intento serio por organizar e institucionalizar nuestro incipiente desarrollo turístico.

1968:UNESCO & Dominicana (Preparando el gran golpe turístico) JOAN BUADES ALBA SUD.

En 1968 el consultor español Juan de Arespacochaga y Felipe publicó un informe que sería clave para el desarrollo turístico en República Dominicana y del modelo que ha acabado imponiéndose. El artículo, que aparece e continuación, analiza la importancia de este episodio.

http://www.albasud.org/noticia/es/201/1968-unesco-dominicana-preparando-el-gran-golpe-tur-stico

A continuación un interesante párrafo de los que se encuentran en el artículo, para quienes no les interesa entrar en detalles.

 “El trabajo ejemplar y lleno de coraje cívico de estos investigadores merece ser puesto en relación con un documento muy poco conocido sobre los orígenes del boom turístico en la República Dominicana. Corría abril de 1968 y los señores Miolán y Balaguer se las ingeniaron para que un simpático y solícito consultor español, Juan de Arespacochaga, les trazara un diagnóstico de las potencialidades turísticas del país, que era el que menos turistas tenía de toda la región. La jugada era perfecta para ser pagaba por la UNESCO, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la cultura. El recurso al Banco Mundial o a la propia UNESCO, instituciones globales de gestión de los intereses imperiales estadounidenses en plena Guerra Fría, era frecuente y la única duda es si, en realidad, fue un encargo dominicano o, mucho más plausiblemente

Fue entonces cuando se crearon las Zonas Prioritarias, mejor conocidas como Polos, en que fue clasificado geográficamente el país. Y fue, igualmente, cuando el gobierno y el sector privado empezaron a comprender, ciertamente, lo que se estaba tratando de fraguar.”

En el año 1971 fue promulgada la Ley No.153, de Promoción e Incentivos Turísticos, sustituida por la Ley No.158-01, de Fomento al Desarrollo Turístico, que mas adelante fuera reafirmada con la promulgación de sus Reglamentos de Aplicación, contenidos en los Decretos No.1125-01 y 74-02, de los años 2001 y 2002 respectivamente.

Paralelamente, con esta actividad, se empezaron a organizar acciones tendentes a crear  conciencia del valor del patrimonio cultural, y su importancia en el desarrollo del turismo. La OEA, entonces muy activa, gracias al empeño de su Departamento de Asuntos Culturales, y de su inquieto director, Guillermo De Zéndegui, convocó, en diciembre de 1967, delegaciones de los países miembros a una reunión en la ciudad de Quito, Ecuador, en la que fueron creadas las NORMAS DE QUITO. Y fue este encuentro, y el entusiasmo existente en aquel momento, el responsable de que en nuestro país empezaran a surgir algunos proyectos de restauración y adecuación de sus valiosos recursos monumentales en función de turismo. El Sector de La Atarazana I y II, convertido en imán de la entonces abandonada Zona Colonial, el Hostal Nicolás de Ovando, convirtiendo un deprimente tugurio de casas en hotel V estrellas, la Fortaleza de San Felipe, en Puerto Plata, la Casa de Ponce de León, en San Rafael de Yuma, Higuey, ambos en estado de ruina, convertidos en verdaderas atracciones. Entre tantos otros aciertos, fueron los primeros hijos del enlace entre patrimonio y turismo, que he denominado “Binomio de Desarrollo”.

De otra parte, el entusiasmo imperante provocó que se iniciaran proyectos en algunos de los polos turísticos recién creados, de los cuales Puerto Plata contó con el  mayor respaldo oficial, destacándose las actividades del Banco Central de la República, y de su recién creado departamento de INFRATUR, en 1972. A partir de entonces fue cuando se dio el primer paso, mediante el cual los dominicanos empezaron a entender lo que era  turismo de verdad. De esa iniciativa surgió el proyecto PLAYA DORADA, en Puerto Plata, en cuyo concurso fuera incluido como miembro del jurado, al que le siguieron muchos otros. Tres años antes (1969) había surgido PALMAS DEL MAR Cabañas, en la playa de Juan Dolio, San Pedro de Macorís, modesta iniciativa privada, propiedad nuestra, compuesta de 13 cabañas y 30 villas, dotadas de un confort playero inexistente hasta entonces en nuestro país. Que llegara a constituirse en pionera, en términos de turismo de arena, sol y playa.

En el año 1969 un grupo de inversionistas norteamericanos compraron en el extremo oriental del país una apreciable cantidad​ de terreno salvaje, jungla impenetrable a la que sólo se podía acceder por mar o aire. Algún tiempo después, asociados con Frank Rainieri, surgió Punta Cana con una variedad de ofertas, que se ha constituido en el principal polo turístico de la República.

En La Romana surge un exclusivo hotel compuesto de una relativamente discreta estructura, y un conjunto de villas de lujo. Al que se dotó de un campo de golf, una playa, llamada Las Minitas, y aeropuerto.

Y así fue como los dominicanos se dieron su propio petróleo que, aunque de mucha menor riqueza, había dejado de ser un sueño. Por su importancia en el desarrollo económico del país fue denominado INDUSTRIA SIN CHIMENEAS. Industria, que empezando de cero, fue dando pasos firmes, hasta abrirse campo, no obstante la persistencia de situaciones políticas no muy auspiciosas.

Como la conducción del programa, hasta entonces en manos de políticos, fue cambiando de rumbo, hasta llegar a manos de técnicos, que de manera profesional, independiente,  siguieron las pautas trazadas por los asesores internacionales, hasta llegar a lo que disponemos en estos momentos.

LA HABANA, CUBA, Y LOS DEL MONTE

En mi segunda visita a La Habana, Cuba, en el mes de mayo de 2015, tuve la satisfacción de conocer, personalmente, a un miembro de la tribu de los Del Monte perteneciente a una rama del tronco dominicano que emigró a Cuba en el Siglo XIX. Destacándose, fundamentalmente, en las áreas  del derecho, la política, la milicia, y la cultura en diversas manifestaciones.

Raúl Delmonte se conectó con migo mediante un correo electrónico que recibí sin saber de donde procedía, felicitándome por los artículos de mi blog (manueldelmonte.wordpress.com), con el que había logrado conectarse mediente su correo electrónico.

Creyendo que se trataba de Raúl Del Monte Puello, un primo hermano que reside en los Estados Unidos, le contesté con agrado, y deseos de saber donde se encontraba, ya que no supe más de él desde que éramos pequeños. Casi seguido recibí una respuesta de un Raúl que no resultó ser quien yo creía, sino uno de los tantos Delmonte, o Del Monte, cubanos, descendiente de los dominicanos que emigraron a Cuba en diferentes épocas. Con este correo se inició una relación interesante y afectuosa.

Sin pérdida de tiempo le contesté, con lo que se estableció una estrecha relación consanguínea. A seguidas me preparé para viajar a La Habana, después de habérselo comunicado a Raúl. A mi llegada al aeropuerto José Martí fui recibido por él, quien portaba un cartel con mi nombre, pero que no fue necesario por habernos identificado, mutuamente, desde que nos vimos.

Llegué a La Habana sin tener una idea del programa que desarrollaría. Pero, ya Raúl lo había concebido, y decidido que me hospedaría en su casa. Así fue como me condujo en su Toyota a la misma, ubicada en el Nuevo Vedado. Al llegar nos esperaba su esposa, Isis, una rubia simpatiquísima que hizo lo indecible por que pasara unos días encantadores. Convirtiéndose, con sumo agrado, en mi edecán.

Raúl, Isis su  esposa, y yo, en un restaurante de La Habana. y en compañía de Isis en el frente de su residencia.

  

En estas imágenes me encuentro con Raúl frente a la Catedral de La Habana, en la playa de Varadero, y con su familia, la noche de mi despedida, en la que no podía faltar una paella manuelina.

Una de las primeras gestiones que hice, después recorrer la Habana Vieja, fue contactar por teléfono a Eusebio Leal Spengler, el Historiador de La Habana, a quien ya yo había tratado en mi primer viaje a la isla en 1991. Y, anteriormente, haberlo conocido en el año 1975, durante una visita que realizó a Santo Domingo. Resultando un nuevo y agradable encuentro con el responsable de iniciar el programa de rescate y puesta en valor del centro histórico habanero, y de haber podido continuar al frente del mismo, hasta estos precisos momentos, para beneficio de la misma.

Jamás se me olvidará que conversando con mi visitante en mi despacho de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) le pregunté si había estado en el Viejo San Juan de Puerto Rico, donde otro historiador, y arqueólogo, no arquitecto,  desarrollaba una magnífica labor de rescate del Viejo San Juan. Al responderme negativamente, me confió que no disponía de visa para entrar a territorio norteamericano. Siendo como siempre he sido, llamé a Ricardo Alegría, Director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, gran amigo y gestor de una extraordinaria labor, para comentarle lo que le ocurría al Historiador de La Habana. Siendo su respuesta, que se ocuparía del caso para que fuera resuelto en el más breve tiempo posible. Lo que le permitiría a Eusebio Leal viajar a la Isla del Encanto. De lo que nunca supe lo sucedido.

No volví a saber de él hasta el año 1991 cuando visité Cuba por primera vez. Desde aquel entonces pude percatarme del rumbo que llevaba el proyecto de la Habana Vieja. Reconociendo los aciertos y desaciertos, que mi experiencia como arquitecto restaurador me concedía el derecho de juzgar.

Durante este nuevo encuentro conversamos sobre la experiencia que habíamos alcanzado a lograr en nuestros trabajos. Y, por supuesto, de la ventaja que le había acompañado por haber sido mantenido en el cargo, para beneficio del centro histórico habanero. Antes de despedirme me obsequió un libro “Treinta maravillas del PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO CUBANO”. Una  edición de lujo que mantendré en un lugar donde los que me visiten puedan degustarlo.

Para que pudiera conocer sin ningún obstáculo algo de lo que se estaba haciendo puso a mi disposición una arquitecta, quien me acompañó hasta el almuerzo, que tuvo que llevarse a cabo en el Hotel Inglaterra, donde me hospedé, ya que al restaurante que fuimos primero no nos fue posible. A la arquitecta no se le permitió entrar, al parecer por el hecho de ser ciudadana cubana. Disposición del gobierno que solo estaba permitido a los turistas.

Recuerdo de mi primera visita a La Habana, en compañía de Abelardo Piñeyro y una arquitecta de las oficinas del Historiador de La Habana.

Un asunto que igualmente traía debajo de la manga para tratar con Eusebio Leal fue el correspondiente a mi compatriota y pariente lejano, Antonio Del Monte y Tejada, que se lo había manifestado en una comunicación que le dirigí antes del viaje. Habiendo sido una de nuestras excelsas glorias del pensamiento, del derecho, gran literato, historiador y patriota, y por demás autor de la primera Historia de Santo Domingo, era justo que sus restos mortales descansaran en su patria chica.

Como hube de decirle a Eusebio en aquella comunicación, mi interés consistía en que fueran exhumados sus restos mortales y trasladarlos al Panteón Nacional de Santo Domingo, donde el Presidente Joaquín Balaguer había ordenado que fuera exaltado con un cenotafio.

  

Junto a mi hermano Pedro Guillermo Del Monte Urraca durante el acto de exaltación con cenotafio del historiador y pariente, Antonio Del Monte y Tejada, en el Panteón Nacional de Santo Domingo.

A mi inquietante posición Leal tuvo a bien ordenarle a una asistente ocuparse del caso. Que no era nada fácil, ya que en el departamento que él dirige no existía nada que lo pudiera comprobar. Por lo que había que buscarlo en diferentes lugares. Como el cementerio o la iglesia de Guines, donde se retiró Del Monte y Tejada a escribir su historia. O en la documentación del desaparecido Cementerio de Espada de La Habana (1896-1978), contentivo de los nombres de los que fueron sepultados allí, o en otros lugares.

Inexplicablemente, nada ha ocurrido desde entonces. Algo raro en un país en el que las instituciones oficiales son muy organizadas, y más aún, tratándose de un personaje importantísimo para la historia de ambos países. Por lo que yo entiendo que el Gobierno dominicano debería asumir la responsabilidad de manejar el caso con las autoridades cubanas. Aprovechando la colaboración del amigo Eusebio Leal, quien todavía ocupa el influyente cargo de Historiador de La Habana.

Eusebio Leal y su asistente en mi compañía, durante el transcurso de mi visita a sus oficinas en la Habana Vieja.

No obstante mis frustrados esfuerzos continué haciendo lo que podía, con el agravante de no ostentar posición gubernamental alguna, que le diera fuerza a mis propósitos. No obstante me puse en contacto con un alto funcionario del presente gobierno, quien me prometió encargarse de que el Presidente Medina crease una comisión Ad-hoc para enviarla a La Habana. Lo que nunca se ha hecho.  

    

Antonio Del Monte y Tejada escribió en prosa magistral una Historia de Santo Domingo: esfuerzo grande para su tiempo, pobre en fuentes. Cuando deje de leerse como historia, se podrá disfrutar como literatura. Si por su edad pertenece a la generación de José Francisco Heredia (Santo Domingo, 1 de diciembre de

1766-Ciudad de México-31 de octubre de 1820) por la actividad literaria pertenece al grupo posterior. Hijo de familia muy rica, primo de Domingo del Monte, nació en Santiago de los Caballeros en 1783; estudió en la Universidad de Santo Tomás, en Santo Domingo, donde se recibió en el grado de bachiller en leyes en 1800. En 1805 se trasladó a Camagüey, en compañía de su familia, para ejercer como abogado. Y en 1811 se trasladó a La Habana, donde su tío Leonardo Del Monte era ya teniente de gobernación; ejerció con éxito (salvo interrupciones) y fue en 1828 decano del cuerpo de abogados. Pensaba visitar su país natal cuando murió, en La Habana, el 19 de noviembre de 1861.

Su Historia de Santo Domingo comenzó a publicarse en La Habana en 1853: pero sólo apareció el primer tomo. Se imprimió completa en cuatro volúmenes en Santo Domingo, costeada por la Sociedad (dominicana) de Amigos del País (1890-1892). Hizo también un Mapa de Santo Domingo.

Antonio Del Monte y Tejada fue miembro de la Fuerza de Voluntarios que se opuso en Naga a las tropas de Toussaint L’ Ouverture. En el año 1804, al producirse la invasión de Jaques Dessalines, abandonó Santo Domingo y se radicó con su familia en Cuba.

En Camagüey, Cuba, se graduó de abogado y ejerció su profesión en Santiago de Cuba. En 1811 viajó a la ciudad de la Habana donde descolló como profesional del derecho.

En el año 1816, se retiró a su estancia de Guines, donde escribió la que sería su obra cumbre: “La Historia de Santo Domingo”. En el año 1826 al retornar a La Habana, fue designado alcalde ordinario y decano del cuerpo de abogados.

Como podremos ver, los restos mortales de una figura de la talla de Antonio Del Monte y Tejada no están supuestos a que se desconozca su ubicación. ¿Qué pasa, entonces? Todos los amigos a quienes les he tratado el asunto me han dicho que lo que estamos tratando de hacer cae dentro del ámbito gubernamental. Que solo una solicitud formal del gobierno dominicano al cubano, para lo cual se debe crear una comisión, que se traslade a La Habana. Y eso no se ha hecho, ni cuando el Presidente Balaguer, ni en ningún otro gobierno. Yo me pregunto ¿Por qué?

Para concluir esta lucubración lo he querido hacer recordando el apellido Del Monte, con dos párrafos relativos al apellido Del Monte de Cuba, extraído de Emigrantes Dominicanos y Francisco MORÁN -Southern Methodist University, Estados Unidos.

 www.jmarcano.com/mipais/cultura/emigra/emigran2.html

 “ Manuel del Monte y Cuevas (1810-1857), hijo de Antonio Del Monte y Tejada, nacido en Santiago de Cuba, que escribió sobre temas jurídicos; Jesús Del Monte y Mena (1824-1877), nacido en Santiago de Cuba, matemático, poeta y comediógrafo, auxiliar de José de la Luz y Caballero en su colegio “El Salvador”; Domingo del Monte y Portillo, que nació en Matanzas (o en Santo Domingo, según el bibliógrafo cubano Domingo Figarola Canela, miembro fundador de la Academia de la Historia de Cuba ) y murió allí en 1883, novelista, comediógrafo, poeta y economista; su hermano Casimiro del Monte, nacido en 1838, poeta, dramaturgo y novelista: los dos estuvieron en Santo Domingo durante la Guerra de los Diez Años de Cuba (1868-1878), y se les recuerda, más que por los versos que Domingo escribió allí (muy celebrados, según el Diccionario enciclopédico hispano-americano), por El Laborante, periódico dedicado a la independencia cubana, que dirigió Domingo en 1870, y por la participación que tuvo Casimiro en las actividades de la ilustre Sociedad dominicana de Amigos del País; Ricardo del Monte (1830-1909), poeta de forma pulcra, crítico literario y periodista político, una de las figuras sobresalientes de su época en Cuba”.

Por haber sido quien fue, me he permitido copiar una mínima parte del artículo, que podrían leer íntegro siguiendo el link.

http://dirasathispanicas.org/index.php/dirasathispanicas/article/view/66/html#inicio

Domingo Del Monte, “El más real y útil de los cubanos de su tiempo”

La frase de José Martí es de sobra conocida; y ha ganado la fuerza de una verdad indiscutible, que consecuentemente legitima y encumbra la vida, la obra, el pensamiento de Del Monte entre los cubanos de mediados del siglo XIX. De modo que es casi imposible encontrar a un estudioso que no la repita. En la relativamente reciente edición del Centón Epistolario, inmediatamente después del “Ensayo introductorio” de Sophie Andioc Torres sigue una página con el retrato de Del Monte, y a esta otra con la exclusividad de la cita martiana: “Domingo Del Monte, el cubano más real y útil de su tiempo” (Del Monte, 2002: 46). Dado el sitio que se le reservó, da la impresión de tratarse de un epitafio. Y en eso, en verdad, se ha convertido lo dicho por Martí: en frase lapidaria que ha fijado en la memoria histórica cubana –y agreguemos que racista, adelantándonos a nuestra exposición– la figura delmontina.

PATRIMONIO Y POLÍTICA UN BINOMIO DESASTROSO

Quienes me han estado siguiendo por esta misma vía se habrán dado cuenta cuales son los temas que acostumbro tratar. Que mayoritariamente han estado relacionados con la arquitectura, restauración de monumentos y sitios, países y ciudades, turismo, personalidades diversas, y otros de contenidos similares. Los temas políticos, que he descartado, se debe al hecho de que me he conducido por senderos afines a otros intereses, aún cuando entienda la importancia de la política y lo que influye en nuestras vidas.

Entre los principales factores que han motivado dicho desprecio han sido, en primer lugar, el haber seguido las orientaciones de mi padre; que nunca habló de  ese tema delante de sus hijos. mi carácter franco y sincero, de una sola cara, incapaz de servirle a demagogo alguno con el fin de obtener prebendas, algo tan común en mundillos como el nuestro.

De lo antes dicho se desprende el que nunca me inscribiera en partido político alguno. Y lo más cerca que estuve de uno de estos fue durante los doce años de gobierno del Dr. Joaquín Balaguer, durante los cuales hube de desempeñarme en un solo cargo, sin necesidad de verme forzado a enrolarme en la parcela que él presidía, lo que no dejaba de sorprender a muchos. No obstante haberme convertido en un funcionario de una aceptación generalizada, y preferido por el presidente. Que muchos de los enganchados a reformistas observaban con cierto recelo.

En una ocasión en la que visitaba al Presidente Balaguer en su residencia, su hermana doña Emma se me acercó y elogió la corbata que llevaba puesta. Tan pronto ella se alejó del grupo con el que me encontraba esperando al presidente, algunos de estos insistieron en que me quitara la corbata y se la regalara. Por supuesto que jamás se me hubiera ocurrido hacerlo.

Situaciones como esa, o parecidas, se multiplicaban. Tales eran las que se producían durante las salutaciones de año nuevo, en las que el Presidente Balaguer me detenía para preguntarme, o decirme algo relacionado con el tema que dirigía. Lo que producía recelos entre los que lo rodeaban, o venían en la fila. De estos encuentros conservo las fotografías de cada principio de año.

 Por el semblante de ambos rostros, se infiere que esta foto debe haber sido tomada durante las primeras salutaciones  en las que participé.

Por otro lado, intrigas en mi contra se producían con cierta frecuencia, tratando de crear en el ánimo del mandatario animadversión hacia mí. A las que, por el contrario, en algunos casos él mismo ordenaba llamarme para comentar.

Fue el caso, por ejemplo, del pasquín que le hicieron llegar en el que le decían que yo no tenía título de arquitecto, por lo que no debía permanecen al frente de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC). A lo que el presidente reaccionó, diciéndome, que ni Leonardo Da Vinci ni Miguel Ángel lo tuvieron y ni siquiera Le Corbusier, y pasaron a la historia como los más grandes arquitectos de sus respectivas épocas. Que no le hiciera caso a los que actuaban de esa manera, que siguiera pa´lante. Que mientras él gobernara yo no tendría problemas. Y así mismo fue.

Algo parecido sucedió con el Profesor Juan Bosch, Presidente y candidato presidencial del PLD en 1996, con quien sostuve una interesante amistad, fundamentada en el área cultural, iniciada en las tertulias de Natacha Sánchez. En una ocasión me llamó por teléfono para decirme que le interesaba verme. Sin pérdida de tiempo me dirigí a donde me dijo, y cual no fue mi sorpresa con lo que me trató. “Manuel, he notado que eres como don Nandito, tu padre, alérgico a la política. Él ni siquiera se inscribió en el Partido Dominicano de Trujillo, algo muy raro en aquella época.” A continuación me dijo que el PLD estaba organizando un movimiento que se llamaría CAMBIO ´94 de respaldo a su candidatura presidencial, y que estaría integrado por personas apartidistas como yo. “A mí me agradaría, continuó diciéndome, que consideraras integrarte.” Cuente con migo en lo que le pueda ser útil, le dije. La Nación está necesitando un cambio, y usted representaría el “verdadero cambio”.

Mi participación en el movimiento la dediqué a organizar el área cultural, creando un apéndice al que se enrolaron algunos de los miembros afines a la cultura. Que culminó, exitosamente, en un evento celebrado en el Hotel V Centenario. Ya al despedirme me dijo que tenía algo más que solicitarme. Que resultó ser que lo ayudara a dar a conocer la “mina de oro”. Al yo preguntarle a qué se refería, me contestó: “Manuel, no te hagas el pendejo, tú debes saber que yo he llegado a comparar a Leonel Fernández con una mina de oro.” Sorprendido con lo que acababa de oír le dije, que contara con migo, que haré lo que esté a mi alcance, aunque nunca había tratado al personaje personalmente.

  

El Dr. Leonel Fernández acompañado de un puñado de seguidores y de quien escribe, durante su comparecencia en la sección del periódico HOY, La Esquina Joven de Hoy, que fuera posible gracias a mi insistencia al joven periodista y abogado, hoy juez de la Suprema Corte, Dr. Francisco Ortega. Quien alegaba que la sección acababa de aparecer, y necesitaba figuras conocidas que la importantizaran. Y que este no era el caso.

Algo que me llamó poderosamente la atención fue el no ver en la tertulia a ninguno de sus compañeros del Comité Político del partido.

Pasadas las elecciones no volví a participar en ninguna otra actividad del PLD. La impresión que obtuve de aquella aventura no resultó ser nada agradable para mí. Ya que pude percatarme que le había servido a una secta de “come solos”, que se habían servido del prestigio de Don Juan, aunque en aquel entonces algo disminuido.

Por el contrario a mí, particularmente, lo que me interesaba era, además de que se produjeran cambios significativos en la composición de los futuros gobiernos, contribuir a enderezar la  conducción de la agencia oficial que se había creado para tratar de rescatar el patrimonio cultural de la Nación. Ruta que el mismo Presidente Balaguer contribuyó a socavar las bases institucionales de la estructura que él mismo había dado inicio, creando una serie de comisiones, patronatos, y otras entelequias similares, que a la postre han demostrado sus nefastos resultados, comparando las ejecuciones de obras en los 10 años de aquel gobierno (1986-1996) con las de los 12 años (1966-1978).

A continuación el gobierno de Antonio Guzmán Fernández, quien jamás entendió de lo que se trataba permitiendo que continuara el caos, cancelándome y nombrando una persona nada competente para sustituirme, además de que se paralizar la continuación de las obras. En conversaciones que sostuvo el presidente Guzmán con el Nuncio Apostólico, con quien me unía una relación de amistad personal, convirtiéndose en testigo de mi accionar como funcionario público, él mismo se las comentó al presidente, por lo que este decidiera rectificar su error, nombrándome Agregado Honorífico al Consulado de Miami, Florida. Que fue lo que le solicité, con el fin de alejarme de lo que estaba aconteciendo en las entrañas del programa de Patrimonio Cultural.

Si los cuatro años de Guzmán Fernández fueron casi totalmente perdidos, en términos de su actuación en el programa al que me refiero, peor fue la del Dr. Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien habiendo sido un profesional del derecho, y persona dotada de cierto grado de cultura, terminara ponchándose.

El regreso del Dr. Balaguer en 1986, ya perdida completamente la visión, tanto de sus ojos como de lo que representaba lo que el mismo entendió perfectamente en 1967, fue catastrófico. Permitiendo que personajes como Rafael Bello Andino, su eterno lazarillo, se hiciera cargo del programa, amparado en el nombramiento de dos testaferros (Esteban Prieto Vicioso y Amaury  Cestary) como director y subdirector de la OPC, que le resultaron manejables. Lo que permitió que se cometieran barbaridades, respaldadas por millones de pesos.

Un ejemplo de estas barbaridades fue lo que hicieron unas contratistas de la OPC. Que afortunadamente no llegaron a concluir, conocido como La Casa de la UNESCO.

La casa como quedó después de despojarle el viejo pañete y volverla a recubrir con otro peor que el que tenía, ya que este estaba compuesto de una mezcla que contenía cemento, y que resultó más difícil de eliminar.

 

La casa después de terminada nuestra  intervención. Espero entienden.   

A propósito de ese y tantos otros desastres surgieron unos explosivos reportajes publicados en la desaparecida revista RUMBO de fecha 3, 10 y 17 de julio de 1995, redactados con mi asesoramiento por el periodista Fausto Rosario Adames, que no tienen desperdicio. Y, como es costumbre en nuestro país, no sirvieran de nada.

 

Al llegar al poder en 1996 el Dr. Leonel Fernández Reyna me sorprende nombrándome  en el cargo de Director de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, nombre que le pusieron los de siempre, a la que fuera creada en 1967 como OFICINA DE PATRIMONIO CULTURAL (OPC). Durante su campaña presidencial tuve la oportunidad de sugerirle al candidato que de triunfar no se le ocurriera designarme es esa posición. Habían sucedido muchas cosas lamentables que presagiaban malos  ratos para mí. Como de hecho sucedió.

Lo que surgió con tan buenos augurios en Junio de 1967, como un equipo, en términos personales se había convertido en “Uno contra todos”, nada menos que con la bendición cardenalicia. Y así mismo fue. A los dos años al frente de la oficina que había creado, mi permanencia en esta se hizo muy desagradable, hasta que me vi forzado a presentar renuncia. Que no llegara a ser efectiva, y mediante una decisión complaciente, me sustituyera por la de Embajador en Colombia. De cuya corta gestión, de tan solo dos años logré que se produjera una invitación del Presidente Andrés Pastrana al Presidente Leonel Fernández. Además de hacer lo posible su participación en la cumbre del GRUPO DE RIO, celebrada en Cartagena De Indias, a la que la República Dominicana asistía por primera vez.

   Juramentación al cargo de Embajador en Colombia.

Presentación de credenciales al Presidente Andrés Pastrana.

Visita del Presidente Fernández a Colombia. Acompañan a los presidentes los Embajadores Manuel E. Del Monte Urraca de República Dominicana, y Eduardo Abuchaibe de Colombia.

   El presidente Fernández a su llegada a Cartagena de Indias para participar en la cumbre del Grupo de Río (15/6/2000). Acompaña el Vicepresidente Gustavo Bell, quien fue a recibirlo.

http://www.diariohispaniola.com/noticia/14267/opinion/leonel-fernandez-antes-y-despues.html

Con el cambio de gobierno en el año 2000, el Ing. Hipólito Mejía me canceló del cargo de Embajador. E iniciándose otro cuatrienio perdido en términos de patrimonio cultural, con el agravante de haberse cometido el dislate de autorizar la modificación de la Casa de Bastidas, convirtiéndola en el Museo Trampolín, para lo que, entre otros desaciertos, arrasaron con su frondoso y antiguo jardín.

Culminado el período de Mejía en el 2004 volvió al poder Leonel Fernández por ocho años, quien al igual que la vez anterior fue casi nada lo que se hizo.

En el año 2012 se instaló en el Palacio Nacional otro peledeísta, quien llevándose de malos consejos, o a sabiendas de lo que tenían entre manos, entregó las riendas de patrimonio al Ministerio de Turismo, acompañado de la Oficina Supervisora de Obras del Estado, (OISOE), de pésimo recuerdo para la Ciudad Colonial. Las que administrando 31 millones de dólares haciendo, a su antojo, lo que todavía no han terminado.

Para concluir lo inacabable lamento decir que lo que empezó hace cincuenta años con buen pié, está por continuar de mala manera.

Transcurridos algunos años los he venido aprovechando para escribir artículos en algunos  medios y, finalmente, crear mi propia página web (manueldelmonte.wordpress.com), sin escribir de política, y otros temas relacionados con la misma. Aunque sin dejar de comentar lo que me entero, aunque  tenga tintes politiqueros relacionados con el tema que me apasiona, hasta llegar a lo imposible. Por lo que he decidido desentenderme del mismo. Y dejar que las “cosas” continúen “enriqueciendo” nuestro patrimonio cultural. Perdón, “monumental”.

Lamentablemente, la política, en su máxima expresión, ha seguido dominando el panorama patrimonial. Otro gobernante tan político como los anteriores a seguido apoyando un binomio desastroso, que se ha apoyado en el Ministerio de Turismo y de la OISOE, descartando la DNPM, para continuar haciendo obras reprochables, como es el caso del Hotel Francés, y otras “maldades” similares. Con el aval de millones de dólares.

La edificación transformada donde a principi.os del Siglo XX estuvo instalado el Hotel Francés, y se mantuvo abandonada por mucho tiempo. Hoy devuelta su antigua apariencia, después de haber lucido como se puede ver más abajo. 

Recuerdo del Hoel Francés Siglo XVI, destruido por un desplome de una gran parte. Facilmente restaurable para que luciera sempre como fue, y como eran las edificaciones importantes de su gloriosa época.

 

El “nuevo” Hotel Francés. A la izquierda, una pequeña parte conservada del Siglo XVI, y otra gran parte reconstruida, Siglo XXI, copia de la de principios del Siglo XX.

 

      

 

 

OCUPANTES QUE CONVIRTIERON UN PALACIO EN LEYENDA

“Penoso catálogo de edificios irrepetibles demolidos, o brutalmente intervenidos, que demuestran que Buenos Aires nunca tuvo una política de protección de la arquitectura patrimordial de la ciudad. Su eclecticismo arquitectónico, producto de las inmigraciones, no encontró en el Estado lo necesario para proteger y usufructuar un recurso turístico. Fallaron las colectividades que no pudieron salvar los edificios emblemáticos de su propia comunidad. Fallaron los urbanistas y legisladores en no establecer polígonos intocables, y como compensar a los privados que defienden el lucro de su propiedad. Fallaron los gobernantes tomando decisiones desastrosas, como demoler el pabellón argentino de la exposición internacional de Paris (1889) que fue trasladado al país. El Pabellón fue una de las edificaciones más hermosas que alguna vez existieron en Buenos Aires, y ciertamente la más bella en ser demolida y luego de ser convertida en chatarra.”

“ESTE BLOG FORMA PARTE DE UNA RED EN DEFENSA Y DIFUSIÓN DEL PATRIMONIO PORTEÑO.”
AUTORES: Alejandro Machado, Agustín Ilutovich y Diego Fernández de Azcárate

Pabellón argentino Feria Mundial de París (1889).

Palacio Unsué
 Plano de la primera planta del palacio.

No hizo falta que me me tuviera que enfrascar, nuevamente, en el mítico pasado de la ciudad de Buenos Aires, relatando uno de los cuentos de hadas que se forjaran en el transcurso de los siglos XIX y XX, para que decidiera continuar con otro, si no igual, bastante parecido, en términos de las palaciegas edificaciones y los personajes que las hicieron posible. Mis frecuentes viajes a una de mis ciudades favoritas me dieron la oportunidad de conocer bastante lo que me atrae de ella. De ahí que lo que estoy narrando, si es cierto que me he servido en gran medida del Internet, no es menos cierto que lo más importante ha sido el haber conocido los lugares donde se encontraban, las edificaciones que las sustituyeron, y lo que se hizo para sustituirlas. En este caso, hasta haber asistido a la inauguración de la Biblioteca Nacional, que sustituyó al Palacio Unzué.

En esta nueva recreación de la construcción, efímera existencia, y desaparición, de otro de los palacios, al igual que de la gente que hizo posible se forjaran sus leyendas, me referiré a otro palacio, el llamado Unzué, sino tan grandioso como el Devoto, al menos por haber dado cobijo a personajes de leyenda, cuyos finales fueron similares en términos de los aportes que hicieron durante la última parte sus vidas.

La historia del Palacio Unzué está documentada a partir de finales del gobierno de Juan Manuel de Rosas (1835-1852), cuando tres ingleses compraron los terrenos para construir allí una casa de veraneo. En 1855 el predio pasó a manos de Mariano Saavedra (hijo de Cornelio Saavedra, Presidente de la Primera Junta de gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y de la Junta Grande en la que aquella se transformó.en 1810), quien construyó su propia residencia allí,  donde se celebraron numerosas reuniones mientras fue Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Por aquellos años, esta zona del actual barrio de Recoleta era un área marginal y semi rural en una Buenos Aires todavía reducida que llegaba hasta la zona de la actual Avenida Callao, y era difícil acceder a la casa de Saavedra.

Entre 1883 y 1887 (según diversas fuentes),​ la quinta fue adquirida por Mariano Unzué junto a su esposa Mercedes Baudrix, en tiempos de gran crecimiento de Buenos Aires e inéditas ganancias para los productores agropecuarios de familias tradicionales como los Unzué, Don Mariano pudo construir allí una gran residencia, en la cual su familia vivió durante las siguientes décadas, alternando con su vivienda céntrica en la calle Florida (entre Sarmiento y Corrientes).

En 1910, durante la Exposición del Centenario, el Palacio Unzué fue sede principal de la Exposición de Salud e Higiene, que mostró algunos adelantos técnicos de la época como el inodoro, nuevos sistemas cloacales e instrumental médico de vanguardia. Finalmente, luego de la Gran Depresión de 1930, el modelo agro exportador argentino se agotó, y las familias antes millonarias producto de ese sistema perdieron sus fortunas y su poder, de tal forma que muchas debieron rematar sus grandes residencias. En el caso del Palacio Unzué, fue el Estado Nacional que lo expropió para saldar deudas en 1937, y destinarlo como propiedad del Poder Ejecutivo.

El palacete no fue utilizado por ninguno de los presidentes argentinos, hasta que Edelmiro Farrell (1944-1946), decidió ocuparlo, esporádicamente, como residencia, en épocas en que el domicilio presidencial estaba en la calle Suipacha 1034.[]​ El primer presidente en utilizarlo de forma regular fue Juan Domingo Perón, electo en 1946, quien se instaló, alejándose del centro porteño hacia este barrio arbolado y residencial, considerando que además que la Avenida Alvear (actual Ave. del Libertador) le ofrecía un rápido acceso a la Casa Rosada.

Eva Perón, por su parte, trabajó en la Residencia Presidencial una vez el cáncer que la afectaba le impidió trasladarse a sus oficinas en el Palacio de la Legislatura, donde funcionaba la Fundación con su nombre. Finalmente, agotados todos los recursos posibles para curarla, Evita falleció en el Palacio Unzué el 26 de julio de 1952. Durante su convalecencia, numerosos seguidores habían estado en vela en los portones de la residencia, dejando imágenes, velas y cartas; y luego de la muerte el lugar alcanzó proporciones místicas.

Arriba, Perón y Evita en uno sus mejores momentos. Abajo, Evita en su lecho de muerte.

Allí permaneció viviendo Perón hasta su derrocamiento, en 1955, por la Revolución Libertadora, cuando la casa sufrió un sospechoso conato de incendio. Desde finales de 1953 allí vivió, junto con Perón, la niña Nélida Haydee Rivas (“Nelly”), de 14 años, cuya relación sentimental fue muy criticada por sus opositores, y por la iglesia.

  “Quedé muda. Sentí que un escalofrío me corría por todo el cuerpo. Empecé atemblar como una hoja (…) Yo había quedado estupefacta ante su sencillez y cordialidad. Tampoco había esperado que fuera tan buen mozo”. Así describió  “Nelly”, su primer cara a cara con Juan Domingo Perón. Ella tenía 14 años, él 58. Poco después de ese primer encuentro, ocurrido en agosto de 1953, la joven pasaría a vivir en el Palacio Unzué, que todavía era usado por Perón como residencia presidencial.

Juan Ovidio Zavala publicó ‘Amor y violencia, la verdadera historia de Perón y Nelly Rivas’, un libro en el que revela de forma documentada y con testimonios inéditos de la joven, el calvario que sufrió Nelly tras el derrocamiento de Perón en 1955. El tren de la historia al que ella se refirió en cierta ocasión no sólo pasó de largo sino que la arrolló sin piedad, como refleja este testimonio que incluye Zavala en su libro, referido al día del golpe contra Perón“Cuando él me besó a la salida de la residencia y me dijo: ‘Llévate los perritos, nos vemos pronto, buena suerte’, yo sólo era una mujer muy triste, con mucho miedo. Nadie, nadie, podrá comprender todo el sufrimiento por el que he pasado”.

https://www.infobae.com/sociedad/2017/08/20/la-historia-de-nelly-rivas-la-nina-amante-de-juan-domingo-peron/

Link con una narración extensa del affair Perón-Nelly.

El 16 de septiembre de 1955, durante los bombardeos aéreos que buscaban derrocar a Perón, uno de los artefactos explosivos fue arrojado sobre el palacio presidencial, pero cayó sobre los jardines sin destruirlo. Durante los días posteriores al golpe de Estado de 1955 la casa sufrió un incendio y saqueos de parte de militares cercanos al bando golpista ​ En 1956, el poder quedó en manos del General Pedro Eugenio Aramburu, dictador que gobernó entre 1955 y 1958, y acérrimo enemigo del presidente depuesto, el cual determinó que el Palacio Unzué debería ser demolido completamente en 1958. ​ Aramburu fue el primer gobernante argentino que utilizó la Quinta de Olivos  como domicilio presidencial.

https://www.youtube.com/watch?v=Xq9LQ9LJfSY

Link con la demolición del palacio

Ya recuperada la “democracia” (según diversos puntos de vista, se puede afirmar constituían gobiernos ilegales debido a que seguía proscripto el partido Justicialista), el Presidente Arturo Frondisi (1958-1962) impulsó en 1960 la construcción en el predio de la nueva Biblioteca Nacional. El proyecto fue concursado en 1962, y el ganador fue el del arquitecto Clorindo Testa. Sin embargo las obras se desarrollaron con inusitada lentitud, y disgusto del proyectista, que no volvió a visitar la obra, ni asistió a su inauguración. Que fue abierto al al público por el Presidente Carlos Menen en 1992.

En el vestíbulo de la Biblioteca, numerosas placas de bronce recuerdan tanto a Eva Perón como a la demolición del Palacio Unzué con que se pretendió borrar una parte de la historia argentina. Una estatua con la imagen de Evita remata los jardines del edificio, sobre la esquina de Avenida del Libertador y Austria.

Arquitectura y decoración

En Buenos Aires convergían todos los movimientos arquitectónicos y tendencias estéticas del mundo. Con el deseo de edificar una imagen magnífica de la ciudad, florecían las construcciones y se “importaban” arquitectos y decoradores extranjeros. El mármol era importado de las canteras italianas de Carrara, de los Pirineos y del Macizo Central francés. Además, los argentinos compraban en París colecciones de arte, especialmente de los siglos XVII y XVIII.

El Palacio Unzué tenía una característica residencial de familia aristocrática porteña de fines del siglo XIX. Construido en la década de 1880, ostentaba el estilo academicista francés que era favorito de esa clase social por aquellos años. En un amplio terreno con jardines y una barranca que caía hacia el norte, el palacio miraba a la actual Avenida del Libertador, y estaba recostado sobre el lado de la calle Agüero, donde se encontraban las construcciones de servicio.

La fachada lucía una mansarda de pizarra (un elemento característico de la arquitectura francesa) y una galería con columnas que protegía el acceso principal y la planta baja, a la cual se accedía por una escalinata de mármol. La residencia se encontraba sobre la barranca, y para acceder a ella había que atravesar los jardines diseñados y realizados por Rubén Darío. De estilo poético, con toques románticos y exóticos. Con senderos curvos, fuentes, palmeras y faroles de hierro.

No le faltaban admiradores. Entre ellos se encontraban Rubén Darío y Pablo Picasso. El poeta nicaragüense fue llamado “jardinero de ideas” y el autor de Guernica comenzaba su carrera imitándolo. Las obras de Santiago Rusiñol, incluyendo dos cuadros que llegan ahora al Museo del Modernismo de Barcelona, en un homenaje que muestra una visión diferente de “sus espacios de imaginación”: Los jardines.(Beatriz Díaz)

 

Picasso y Rusiñol

Ruben Darío, sentado a la derecha, y Santiago Rusiñol en el centro, al lado de Darío.

Uno de los jardines de Rusiñol.

“EL MODELO A SEGUIR Cuando se produce el primer encuentro entre Rusiñol y Picasso, alrededor de 1900, el primero es un creador de renombre y consagrado y el segundo un joven de 19 años que está saliendo de la tutela académica y se está formando. «Rusiñol era el que mejor reunía la idea de artista que buscaba Picasso y lo escogió como modelo», explica Eduard Vallès, comisario de la muestra y conservador del museo. Quizá había artistas técnicamente más buenos, como Nonell y Casas, pero «no tenían un discurso creado y Rusiñol, sí», puntualiza. Es por eso que el joven Picasso «empezó a ejercer un proceso de fagocitosis, que luego reprodujo con otros artistas a lo largo de su vida», apunta Vallès. El método de Picasso consistía en escoger un modelo, retratarlo, analizarlo, copiarlo y superarlo.”El Periódico (NATÀLIA FARRÉ BARCELONA)

En la actualidad, los únicos restos del edificio emblemático que quedan en pie son el Instituto Juan Domingo Perón, antiguamente la casa de los mayordomos, y la Sede de Coro Polifónico Nacional de Ciegos, anteriormente el Hogar Transitorio No. 3 de la Fundación Evita Perón, ambos ubicados sobre la calle Austria.

Fotografía aérea del barrio de la Recoleta tomada en el año 1928 con el parque del Palacio Unzué señalado en rojo y en amarillo el edificio que funcionó como residencia presidencial:

Fue en este mismo palacio donde Eva Perón falleciera víctima de un cáncer de útero el 26 de Julio de 1952, y donde escribieran en sus paredes “viva el cáncer”, como si su muerte significara el fin de un mito que recién estaba comenzando a nacer.

 

Al morir Eva, la residencia se transformó en un punto de peregrinación para los miles de peronistas que llegaban hasta la misma dejando ofrendas florales, velas o algún mensaje para su Santa Evita, y es debido a esto que luego del derrocamiento del General Perón en 1956 los militares deciden tirar abajo la residencia y borrar todos los símbolos peronistas del resto del país, llegando hasta prohibir la participación de los peronistas en las elecciones, y destruyendo cualquier tipo de obra que se haya efectuado durante su gobierno.

De igual manera se manifestaban sus enemigos, escribiendo consignas como esta, que no era merecida por nadie. Nucho menos por Eva Perón.

Peron y Evita entrando al palacio Unzué….

Como se ha podido advertir el tema de la sociedad porteña, incluyendo sus extravagantes palacios, y estilos de vida, la inestabilidad política, y la significativa diferencia de clases, fueron, y siguen siendo la tragedia que ha marcado esa gran nación. Como es posible que a estas alturas de la civilización un pueblo no se haya podido entender. Teniendo la educada y pensante, que es muy vasta, que convivir con la otra parte, “los descamisados”, que continua batallando por su reivindicación, de la misma manera que lo ha estado haciendo desde los orígenes de la República Argentina.

 Imágenes de lo que todavía sucede en la ciudad de Buenos Aires. Y que motiva las extremas diferencias de clase, que mantienen en vilo la ciudadanía. 

https://www.youtube.com/watch?v=TrwHYan7LZY