DE ARQUITECTURA Y DE ARQUITECTOS Y (IV)

Después de haber recorrido un largo trecho en el que me he referido a los diversos estilos arquitectónicos surgidos a partir de la Era Greco-Romana, hasta el Neoclasicismo, culmino con los que se inician en las postrimerías del siglo XIX, y perviven hasta nuestros días.

La arquitectura que surge en la Edad Contemporánea irá, en mayor o menor grado, a reflejar los avances tecnológicos y las paradojas socioculturales generadas por el advenimiento de la Revolución Industrial. Las ciudades pasan a crecer de modo desconocido, y nuevas demandas sociales relativas al control del espacio urbano deben ser respondidas por el Estado, lo que acabará llevando al surgimiento del urbanismo como disciplina académica, manipulada por los gobiernos. El papel de la arquitectura (y del arquitecto) será constantemente cuestionado, y nuevos paradigmas surgen: algunos críticos alegan que una crisis en la producción arquitectónica permea todo el siglo XIX, y solamente será resuelta con la llegada de la arquitectura moderna.

Todo el siglo XIX asistirá a una serie de crisis estéticas que se traducen en los movimientos llamados historicistas: bien por el hecho de que las innovaciones tecnológicas no encuentren en aquella contemporaneidad una manifestación formal adecuada, o por diversas razones culturales y contextos específicos, los arquitectos del periodo veían en la copia de la arquitectura del pasado y en el estudio de sus cánones y tratados un lenguaje estético legítimo.

El primero de estos movimientos fue el ya citado Neoclásico, pero también va a manifestarse en la arquitectura gótica inglesa, profundamente asociada a los ideales románticos nacionalistas. Los esfuerzos historicistas que tuvieron lugar principalmente en Alemania, Francia, e Inglaterra, por razones ideológicas, vendrían más tarde a transformarse en un mero conjunto de repertorios formales y tipológicos diversos, que evolucionarían hacia el Eclecticismo, considerado por muchos como el más decadente y formalista de entre todos los estilos academicista e historicista.

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Palacio de las Aguas Corrientes, Bs. As.          Basílica de Covadonga

El eclecticismo arquitectónico es una tendencia artística en arquitectura que mezcla elementos de diferentes estilos y épocas de la historia del arte y la arquitectura. Se manifiesta en Occidente entre mediados del Siglo XIX, y principios del XX.

El término ecléctico viene del adjetivo griego (εκλεκτός) que significa “escogido” que a su vez deriva del verbo griego escoger (εκλέγω), puesto que lo que harán los arquitectos y artistas en general, de esta época, será escoger de toda la Historia del Arte lo que más les interesa. También se utiliza para definir este período el término Historicismo, que se refiere a una nueva visión de la Historia, en la que se indaga filosóficamente. Sus referencias serán el arte gótico (Neogótico), románico (Neorrománico) y oriental (Orientalismo, Exotismo).

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Palacio Garnier (París)                            Palacio Del Valle (Santiago de Cuba)

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Palacio del Reichstang (Berlin)

La época en que se empezó a reconstruir la ciudad de Buenos Aires (Finales del siglo XIX), por ejemplo, fue un período de transición arquitectónica, en el que declina el neoclasicismo y el post colonialismo, para insinuar los comienzos de un eclecticismo con la aplicación de los más variados estilos, aunque predomine el renacimiento italiano, y el estilo francés. Fueron incorporados, en este período, el uso del hierro y el vidrio, que sirvieron para cubrir grandes espacios con poco peso y buena luz natural.

Asombrosa la cantidad de edificios de apartamentos que hay en Buenos Aires. Nosotros hemos visitados algunas ciudades y en todas ellas hay edificios de apartamentos, pero lo que vimos en Buenos Aires de verdad que nos impresionó.

No solamente es la cantidad de edificios que vimos, es el buen gusto que muchos de ellos demuestran en su arquitectura. No recordamos, excepto el Cabildo en la Plaza de Mayo, haber visto ninguno del estilo colonial. Es el estilo francés el que predomina en aquellos que ya tienen unos años. Sobre todo, muy elegantes.

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Avenida de Mayo, Bs. As.           Congreso de la Nación Argentina

Pero mucho de lo mismo, por muy bonito y elegante que sea, después de un rato aburre. Por eso nos gusta tanto la arquitectura moderna donde cada edificio tiene su forma propia y diferente a todos los demás. De estos vimos varios que nos llamaron la atención, entre otros, la Biblioteca Nacional. Que por cierto, fue objeto de agrias discusiones.

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Biblioteca Nacional, Bs. As.                         Puerto Madero, Bs. As.

La primera tentativa de respuesta a la cuestión tradición x industrialización (o entre las artes y los oficios) se dio con el pensamiento de los románticos John Ruskin (Las Siete Lámparas de la Arquitectura Moderna), cuya idea de belleza posee una doble naturaleza: la belleza abstracta de las cosas, sin ninguna consideración más que la forma, y la que se puede reconocer tras un proceso de elaboración y trabajo paciente del artista en la obra y William Morris, proponentes de un movimiento estético que fue conocido justamente con el nombre de Arts & Crafts (cuya traducción literal es “artes y oficios”). La Casita Roja (Red House) fue la primera obra arquitectónica del grupo Art & Crafts. Interiormente fue decorada con pinturas murales y vitrales. Morris quería una casa y también un “Palacio de las Artes” en el que él y sus amigos pudiesen disfrutar produciendo obras de arte. La obra refleja la admiración por la autenticidad y humanidad de los métodos constructivos medievales.

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Red House, Bexleyheath, Kent

El movimiento propuso la investigación formal aplicada a las nuevas posibilidades industriales, viendo en el artesano una figura a destacar: para ellos, el artesano no debería extinguirse a causa de la industria, sino hacerse su agente transformador, su principal elemento de producción.
Con la disolución de sus ideales y la dispersión de sus defensores, las ideas del movimiento evolucionaron, en el contexto francés, hacia la estética del Art nouveau, considerado el último estilo del siglo XIX y el primero del siglo XX.

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Amberes, Bélgica

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Castel Béranguer, París                                Palacio Guemes, Bs. As.

Modernismo es el término con el que se designa a una corriente de renovación artística desarrollada a finales del siglo XIX y principios del XX, durante el periodo denominado fin de siécle y belle époque. En distintos países recibió diversas denominaciones: Art Nouveau –en Bélgica y Francia –, Modernismo en España, Jugendstil –en Alemania y países nórdicos–, Sezession –en Austria –, Modern Style –en los países anglosajones –, Nieuwe Kunst –en Países Bajos – y Liberty o Floreale –en Italia–.
Todas estas denominaciones hacen referencia a la intención de crear un arte nuevo, joven, libre, y moderno, que representara una ruptura con los estilos dominantes en la época, tanto los de tradición academicista (el historicismo o el eclecticismo) como los rupturistas (realismo o impresionismo). En la estética nueva que se trató de crear predominaba la inspiración en la naturaleza a la vez que se incorporaban novedades derivadas de la revolución industrial, como el hierro y el cristal, superando la pobre estética de la arquitectura del hierro de mediados del siglo XIX.

En España, país que más conozco de Europa, surgió un genial arquitecto catalán, que dio forma a la arquitectura moderna a su particular manera. Antonio Gaudí inicia una de sus obras más emblemática, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, conocido simplemente como la Sagrada Familia. Es una basílica católica, todavía en construcción, considerada su obra maestra, y el máximo exponente de la arquitectura modernista española.

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En gran medida las aspiraciones del Modernismo se basaron en las ideas estéticas que proponían democratizar la belleza o socializar el arte, en el sentido de que hasta los objetos más cotidianos tuvieran valor estético y fueran accesibles a toda la población, aunque sin utilizar las nuevas técnicas de producción masiva que impedían el desarrollo del buen hacer artesanal.

Tras las primeras décadas del siglo XX se hizo muy clara una distinción entre los arquitectos que estaban más próximos de las vanguardias artísticas en curso en Europa y aquellos que practicaban una arquitectura conectada a la tradición (en general de características historicistas, típica del eclecticismo). Aunque estas dos corrientes estuvieran, en un primer momento, llenas de matices y medios términos, con la actividad “revolucionaria” propuesta por determinados artistas, y principalmente con la actuación de los arquitectos conectados a la fundación de la Bauhaus en Alemania, con la Vanguardia rusa en la Unión Soviética y con el nuevo pensamiento arquitectónico propuesto por Frank Lloyd Wright en los EEUU, la diferencia entre ellas queda nítida y el debate arquitectónico se transforma, de hecho, en un escenario poblado de partidos y movimientos caracterizados.
La denominada arquitectura moderna o movimiento moderno será, por lo tanto, caracterizada por un fuerte discurso social y estético de renovación del ambiente de vida del hombre contemporáneo. Este ideario está formalizado con la fundación y evolución de la escuela alemana Bauhaus: de ella salen los principales nombres de esta arquitectura.
El art déco (también art decó o incluso art deco) fue un movimiento de diseño popular a partir de 1920 hasta 1939 (cuya influencia se extiende hasta la década de 1950 en algunos países) que influyó las artes decorativas tales como arquitectura, diseño interior, y diseño gráfico e industrial, también a las artes visuales tales como la moda, pintura, grabado, escultura y cinematografía.

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Rockefeller Center, N.Y.

Después de la Exposición Universal de 1900 de París, varios artistas franceses formaron un colectivo formal dedicado a las artes decorativas de vanguardia. En 1925 organizaron la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes (Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas) en París, y se llamaron a sí mismos los modernos; en realidad, el término art déco se acuñó en la retrospectiva titulada “Les Annés 25”, llevada a cabo en París en el Musée des Arts Décoratifs (Museo de Artes Decorativas) del 3 de marzo al 16 de mayo de 1966; el término es por lo tanto un apócope de la palabra francesa décoratif. En inglés suele suprimirse la tilde y se escribe “deco”. En español, la RAE lo ha normalizado como art déco, con la tilde en la «e».

El Movimiento Moderno en la historia de la arquitectura comprende un período situado entre las dos guerras mundiales, y su objetivo es la renovación del carácter, diseño y principios de la arquitectura, el urbanismo y el diseño. Los protagonistas fueron arquitectos que reflejaron en sus proyectos los nuevos criterios de funcionalidad y conceptos estéticos. El movimiento se identifica en el momento de su máxima expresión en los años veinte y treinta del siglo XX.

Un impulso decisivo para el movimiento estuvo a cargo del CIAM, (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna, fundado en 1928 y disuelto en 1959), promovido por Le Corbusier, y las conferencias internacionales, donde se desarrollaron muchas de las teorías y principios que luego se aplicaron en varias disciplinas. A estas pertenecen el movimiento De Stijl, la Bauhaus, el constructivismo y el racionalismo italiano. En 1936 se acuñó el término Estilo internacional en los EE.UU. y a menudo se llama así a todo el movimiento.

CIAM

Aunque los orígenes de este movimiento pueden buscarse a finales del siglo XIX, con figuras como Peter Behrens. Sus mejores ejemplos se construyen a partir de la década de 1920, diseñados por arquitectos como Walter Gropius, Mies van der Rohe, y Le Corbusier.
No sería posible identificar al funcionalismo racionalista con la arquitectura moderna, en el sentido de única alternativa de innovación; porque, además de no monopolizar la creación arquitectónica, tampoco sus partidarios se limitaron creativamente. Las alternativas desarrolladas incidieron, destacadamente, en la arquitectura orgánica de autores como Frank Lloyd Wright (uno de los líderes del movimiento moderno que se movía dentro de los parámetros del funcionalismo.

Con los resúmenes de lo que he llamado “De Arquitectura y de Arquitectos”, desde la Era Greco-Romana a la más reciente, en los que me permití incluir párrafos extraídos del Internet, cumplo con un deber, de que un cada vez mayor núcleo de amigos y relacionados, que me han seguido leyendo, tanto al través de mi página web (manueldelmonte.wordpress.com), como en mis emails, o en Facebook, hayan podido recrearse, cuando no ampliar sus conocimientos, lo que me ha producido una gran satisfacción.
http://arq.clarin.com/arquitectura/puntos-Corbusier_0_1330067367.html

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CONVENTO SAN PEDRO MÁRTIR, PUERTO PLATA

Olvidado por las mayorías nacionales, y solamente recordado por ciudadanos puertoplateños de cierta cultura, todavía se conservan algunos vestigios arqueológicos del segundo convento de los frailes dominicos erigido en La Española, en el Siglo XVI. Se trata del Convento San Pedro Mártir en la ciudad de Puerto Plata, iniciado en el año 1526.

MARZO 1972

Ayudado con artículos publicados por el Dr. José Augusto Puig (EPD), recordado amigo, y doliente de los remanentes de los recursos monumentales heredados de la colonización española, además de mis propias investigaciones, y recuerdos de las asiduas visitas que hiciera a la Novia del Atlántico, durante la década de los años setenta, me referiré a uno de los tantos monumentos coloniales que fueran erigidos en La Española, en los albores del descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo. Más que por la importancia que pudo haber tenido en su momento, como estructura similar a las existentes en España, y por lo significativo de los restos que todavía se conservan, su mayor valor consiste en haber sido el Padre Las Casas, en 1526, quien lo empezó a edificar, colocando como piedra angular un sillar traído de los cimientos de La Isabela, y el convento donde se consagró como fraile el defensor de la raza aborigen, y donde empezó a escribir su Historia de Indias.

“De más valor, al parecer, era el convento de San Pedro Mártir, que tenían los dominicos en Puerto Plata. En más de 50,000 pesos estimó que valían las edificaciones su vicario, fray Tomás de Ayala, ante el comisionado del presidente Osorio don Juan Alonso de la Riva Martín. Las características del convento son:
a) La iglesia, de obra reciente, y aún no terminada, cuya extensión era de 97 palmos de largo por 45 de ancho (20.37 por 9.45 metros aproximadamente). Labrados con piedras y ladrillos, su capilla mayor la dividía un arco toral de sillería.
b) El convento lo presidía un claustro cuadrangular cuyos corredores, de unos 66 metros cuadrados cada uno de ellos, eran sostenidos por ocho columnas de mármol, los techos estaban adornados con azulejos. Uno de los corredores de la planta baja lo ocupaban el refectorio, despensa, y oficio, la segunda planta por celdas o dormitorios. Sobre otro corredor había un mirador cubierto y sala de estudio. En el patio dos aljibes para el agua labrados de sillares.” (La Española: Anotaciones Históricas 1600-1650. Sevilla, 1983).

scan0365 scan0366 Plano de ubicación, y planta del Convento, extraídos de la obra: “Puerto Plata: Ensayo histórico-arquitectónico, y La Conservación de una Ciudad Inventario” de los señores Dr. José Augusto Puig Ortiz y Robert S. Gamble (1978).

Han sido muchos los desvelos de unos cuantos amantes del patrimonio histórico por rescatar lo que queda del Convento San Pedro Mártir, sin que hasta este momento ningún gobierno se haya empeñado en hacer algo.

Soy consciente de las dificultades que se derivan de la idea de llevar a cabo el proyecto, que algún día tendrá que desarrollarse. Sé lo difícil que ha de ser disponerse a desalojar las viviendas construidas sobre las ruinas del convento. Lo que requiere una firme voluntad política. Y la disposición de aportar los recursos necesarios para hacer lo que hay que hacer bien hecho. Pero, de la misma manera que el actual gobierno se empeñó en endeudarse para realizar un nuevo proyecto de rehabilitación de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, podría hacer lo mismo, con mucha menor inversión, para rescatar y poner en valor, no solo las ruinas del convento, y la instalación de un museo in situ, sino, igualmente, el embellecimiento de su entorno, lo que crearía una atracción turística de un valor insospechado.

Según afirmó el Dr. Puig, en uno de sus interesantes artículos sobre el Convento San Pedro Mártir (El Caribe, 11 de marzo de 1972-Pág. 12-A) la desgracia que lo persiguió se inició con los daños causados por el pillaje e incendio de la villa de Puerto Plata, cometidos por corsarios franceses en 1550 y 1555, y continuando con el terremoto del 2 de diciembre de 1562, el mismo que arruinó las villas del primer Santiago de América, y Concepción de La Vega. Continuando con la despoblación de la banda norte y occidental de la Isla en 1605, por la que fue trasladada la mayoría de sus pobladores al Sur de la colonia. Para su suerte, ninguno de esos desastres logró destruir la imponente estructura conventual, hasta la ocupación haitiana (1822-1844).

Con una correcta intervención del lugar donde se conservan los cimientos del Convento, la ciudad de Puerto Plata ganaría un inapreciable valor cultural, que complementaría la restaurada Fortaleza de San Felipe, y el conjunto victoriano de finales del siglo XIX, y principios del XX. Creándose un ambiente propicio para la explotación del Turismo Cultural, del que tanto se habla, y muy poco se hace.

Y CONTINUANDO CON DEL MONTE Y TEJADA

Habrán de recordar quienes leyeron mi anterior escrito sobre el Padre de la Historiografía dominicana, nacido y criado en el primer Santiago de América (1783), donde vivió, casó, y procreó su familia, hasta marcharse, junto a su familia, a Santiago de Cuba. Desde donde se trasladó a La Habana, y en sus años postreros se radicó en una estancia de su propiedad, en el poblado de Guines, donde murió (1861) de manera sorpresiva, sin poder lograr se sueño de volver a su amada patria.

En mi condición de dominicano no puedo ocultar mi interés en poder determinar el lugar donde se encuentran sus restos mortales. Interés, al que se suma el hecho de pertenecer a la rama de los Del Monte, a la que perteneció nuestro historiador. Habiendo sido su padre, Antonio Del Monte y Medrano, hermano de Leonardo Del Monte y Medrano, mi trastarabuelo. Es decir, el padre de mi tatarabuelo, Antonio Del Monte y Aponte. En términos de la época en que se desarrollaron estos acontecimientos, estamos hablando de las postrimerías del Siglo XVIII, y casi todo el Siglo XIX.

Hasta estos momentos, la figura de quien fuera uno de los intelectuales más importantes de Cuba, donde escribió su obra cumbre, la Historia de Santo Domingo (1853), primera de cuantas se han escrito, no ha sido reconocido en nuestro país, como se merece.

En su patria chica (Santiago de los Caballeros) no aparece nada que reverencie su notable figura. Y en Santo Domingo, donde estudió leyes en la Universidad de Santo Tomas de Aquino, hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo, habiendo siendo considerado uno de los principales prosistas de la lengua castellana en América, y su obra: “Historia de Santo Domingo”, calificada como la mejor historia colonial escrita en su época, solo cuenta con una calle secundaria con su nombre, y un cenotafio en el Panteón Nacional de la República Dominicana.

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Cenotafio, que le fuera asignado en el año 1991 por el gobierno del Dr. Joaquín Balaguer, en la misma fecha en que fueron inhumados los restos del poeta Fabio Fiallo, que habían sido exhumados en la ciudad de La Habana, Cuba en1977, y trasladados a Santo Domingo, e inhumados en el Cementerio Cristo Redentor.

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1618292f-fb08-4bb2-94fd-f36e6b106b65-jpg__680__460__cropz0x680y460[1] (Medium) El Senotafio de Del Monte y Tejada se encuentra ubicado en el lado de la épistola del antiguo templo jesuítico, construido en el Siglo XVII.

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Si como dominicano he sentido gran pesar por la situación a la que me he referido, como descendiente de la misma rama familiar del eminente historiador, me he permitido emprender la gestión que mi consciencia me ha exigido. Esperando no terminar defraudado con lo que empecé hace poco tiempo, realizando las diligencias pertinentes, tanto en Cuba, su amada segunda patria, como en la Red.

Sin pretender adelantarme a los acontecimientos, tengo la firme sensación de que la persona que ha asumido la responsabilidad de investigar el paradero de los restos, y lograr su exhumación, al igual que la autorización del Gobierno cubano para su traslado a Santo Domingo, el amigo Doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana, habrá de cumplir con esta patriótica misión, y venir acompañando los restos del historiador a permanecer en su última morada.

UNA EDIFICAIÓN QUE MERECE SER RESPETADA

Esta edificación, de propiedad privada, permaneció largos años como luce en las primeras fotografías. Fue objeto, de mi parte, de un interés personal y, de esa manera asegurar su conservación tal como fue construida. No como un tugurio, de los que tanto abundan en nuestra Ciudad Colonial, sino como lo que se merece, y nos lo merecemos los amantes del patrimonio histórico nacional, que no somos muchos.

Negados a traspasármela, por razones no atendibles por mí, pero aceptadas, por tratarse de amigos de infancia, a quienes guardo un cariño incondicional, decidí adquirir otra, que restaurarla y vivirla me proporcionó una satisfacción increíble. De todas maneras no la perdí de vista. Siendo la última vez que pasara frente a ella, y la retratara, en fecha que muestran las fotos.

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A mi regreso de una visita a La Habana, Cuba, donde hube de refrescar mi espíritu viendo los trabajos que se llevan a cabo en esa hermosa ciudad dieciochesca, recibí una llamada en la que me comentaban lo que se está haciendo actualmente en el inmueble en cuestión. Donde me dirigí de inmediato para comprobar la denuncia, y tomarle las fotos correspondientes.

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Como se podrá notar, no obstante la dificultad de los andamios colocados por los responsables de los trabajos que se llevan a cabo, no se por quien, la antigua edificación fue construida, en su totalidad, a base de sillares de piedra caliza, así como portadora de elementos arquitectónicos propios del Siglo XVI, algunos de los cuales han aflorado después de los trabajos de investigación llevados a cabo recientemente.

Espero, aunque no confío, que en esta oportunidad los responsables de intervenirla actuarán de manera responsable, y diferente a como lo han estado haciendo en una cantidad de casas coloniales, algunas de las cuales son tan antiguas como la que nos ocupa.

Si de algo deberíamos sentirnos orgullosos los dominicanos es, precisamente, de haber heredado una Ciudad Colonial única entre todas las que se conservan hasta ahora en el Nuevo Mundo. Admirando, y protegiendo, celosamente, la Ciudad de Piedra, única original del Siglo XVI, capaz de mostrar sus orígenes, que no son otros de la primera que los colonizadores españoles erigieron de este lado de la mar océana.

LAS AUTORIDADES RESPONSABLES TIENEN LA ÚLTIMA PALABRA

DE ARQUITECTURA Y DE ARQUITECTOS (III)

El Barroco fue un período de la historia en la cultura occidental originado por una nueva forma de concebir las artes visuales (el «estilo barroco») y partiendo desde diferentes contextos histórico-culturales, produjo obras en numerosos campos artísticos: arquitectura, escultura, pintura, literatura, música, ópera, danza, teatro, etc. Se manifestó principalmente en la Europa occidental, y debido al colonialismo también se produjo en numerosas colonias de las potencias europeas, principalmente en Latinoamérica. Cronológicamente, abarcó todo el siglo XVII y la primera mitad del XVIII, con mayor o menor prolongación en el tiempo dependiendo de cada país.

El término «barroco» proviene de un vocablo de origen portugués (barrôco), cuyo femenino denominaba a las perlas que tenían alguna deformidad (como en castellano el vocablo «barruecas»). Fue en origen una palabra despectiva que designaba un tipo de arte caprichoso, grandilocuente, excesivamente recargado.

La arquitectura barroca asumió unas formas más dinámicas, con una exuberante decoración y un sentido escenográfico. Cobró relevancia la modulación del espacio, con preferencia por las curvas cóncavas y convexas, poniendo especial atención en los juegos ópticos (trompe-l’œil) y el punto de vista del espectador.

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La llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo supuso una gran revolución sobre todo en el terreno de la arquitectura, con la traslación de las diversas tipologías de edificios propios de la cultura europea: principalmente iglesias y catedrales, dado el rápido desarrollo de la labor de evangelización de los pueblos nativos americanos, pero también edificios civiles como ayuntamientos, hospitales, universidades y palacios y villas particulares. En el terreno religioso, se dio a la circunstancia de que muchas iglesias fueron construidas sobre antiguos templos indígenas. Aun así, frecuentemente se produjo una simbiosis que dio un aspecto muy particular y característico a las originales tipologías europeas. Originándose el Barroco americano, en muchos casos diferentes del europeo, dada la impronta indígena, cuya mano de obra diferenció la española.

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Las primeras construcciones que se originaron en América, fueron las que recogían formas renacentistas, (Ej. Santo Domingo), pero se mezclaron con los gustos indígenas y dieron origen a una arquitectura característica de cada lugar. Que no fue el caso de la Primada de América, donde la raza aborigen no aportó nada. Así mismo fueron entrando al continente americano diversos estilos artísticos viéndose cada uno de ellos influenciado, ya que se desarrollaron de una manera muy distinta que en Europa. Es en el estilo Barroco donde se da el mayor apogeo de la arquitectura hispanoamericana.

La Arquitectura Neoclásica nace después de transcurrida la primera mitad del siglo XVIII en pleno estilo barroco, cuando la arquitectura comienza a cansarse de las formas cortesanas y recargadas de las edificaciones y siente la necesidad de establecer formas constructivas mas serenas y reposadas, más cercanas al pueblo y la sencillez, lo que da lugar a un movimiento nuevo conocido como neoclasicismo, donde se propone un acercamiento a las normas constructivas de los antiguos modelos clásicos.

Contribuyen a la aparición de esta corriente los descubrimientos de Herculano y Pompeya, dos ciudades que se mantuvieron en notable grado de conservación por siglos bajo las cenizas del volcán Vesubio. El descubrimiento hizo que se reconsideraran las normas constructivas de la antiguedad greco-romana y con ello la aceptación por parte de los conocedores del tema que estas normas eran las mejores y que debían preferirse sobre cualquier otra.
El nuevo estilo constructivo en lugar de inspirarse en los monumentos romanos lo hace en los griegos, y después de un período de transición donde aun se utilizaban elementos típicos barrocos se produce, primero en Francia y luego se extiende a toda Europa muy rápida y uniformemente.

La arquitectura neoclásica no alcanza la misma fuerza en todas partes, como hemos dicho la cuna de este movimiento es Francia y es además donde llega muy probablemente a su máximo esplendor. Le sigue Alemania donde el neoclasicismo adquirió mucha relevancia, mientras que en Italia apenas se produjeron obras neoclásicas importantes. Como las diferencias entre países son significativas veremos a continuación algunos elementos básicos del neoclasicismo en ellos.

Francia es la abanderada del movimiento neoclásico, y las formas menos “agresivas” del exterior de las edificaciones en este país durante el barroco hace que esté preparado para el paso del barroco al neoclásico con facilidad, sirviendo además como inspiración para que la tendencia se extendiera desde allí a todo el continente.
El desarrollo del estilo neoclásico en Francia tiene dos períodos que se pueden diferenciar: el Luis XVI y luego el Imperio.

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El estilo neoclásico entra en Alemania diez años después de haber nacido en Francia, debido a la fuerza de la que gozaallí el estilo barroco, y al principio lo asume de manera muy tímida dando lugar a una mezcla de los elementos neoclásicos y los barrocos en las construcciones de iglesias y palacios. Cuando se produce la Revolución Francesa sus ideas llegan a Alemania y con ello se despierta el interés por el arte clásico. Las tendencias en Alemania primero pasan por una etapa romana y luego se dirigen a la asimilación de las formas griegas.
Se destacan entre las obras neoclásicas alemanas la Puerta de Brandeburgo en Berlín, y el Teatro de Berlín.

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En Italia se mantiene por mucho tiempo la influencia barroca, y en cuanto a la nueva corriente neoclásica casi no deja huellas claras en la arquitectura italiana. Sin embargo se realizan algunas obras con influencia neoclásica como el Teatro de La Scala en Milán o el teatro de San Carlos en Nápoles.

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En Inglaterra nunca se llega a un neoclasicismo de altura de forma consistente, su tendencia es griega y su introductor es William Chamber como autor de la Somerset House. Se pueden citar además otras obras inglesas neoclásicas como el Banco de Inglaterra o la Bolsa de Londres.

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El apego español al estilo barroco produce una resistencia notable a los nuevos modelos neoclásicos los que nunca estarán libres de influencias barrocas. De esta forma se realizan obras con una manifiesta timidez neoclásica como la Puerta de Alcalá.

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Al contrario que en Europa, en la cual hacia principios del siglo XIX se empezaría a dar el Romanticismo, en Estados Unidos tarda más en llegar y se extiende más en el tiempo el Neoclasicimo. Ejemplo de esto lo tenemos en edificios neoclásicos construidos a finales del siglo XIX.
Las obras Neoclásicas en los Estados Unidos se localizan sobre todo en la costa este del país, debido a haber sido la zona inicial de la colonización británica con las Trece Colonias originales, las cuales son el inicio de esa nación. Especialmente serán de interés Washington D.C y Virginia.

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Como otros estilos artísticos iniciados en Europa, el neoclasicismo tardó en llegar a Hispanoamérica. A lo largo del siglo XIX, se vio un incremento en la incorporación de símbolos y motivos de las culturas clásicas griegas y romanas a la arquitectura del Nuevo Mundo. Así, las fachadas con frontones griegos (con sus tradicionales columnas dóricas y jónicas), las cúpulas y bóvedas romanas acabaron sustituyendo a los elementos decorativos del barroco.
En Hispanoamérica como en Europa, la arquitectura neoclásica fue favorecida por las clases más altas a la hora de construir sus casas y palacios. Sin embargo, el estilo llegó a su apogeo una vez ganada su independencia, los nuevos países recurrieron a la construcción de edificios públicos (museos, teatros, escuelas, etcétera) para afirmar su unión y fuerza nacional.
CONTINUARÁ

EL DIA QUE NACIÓ ANTONIO DEL MONTE Y TEJADA

DEL MONTE Y TEJADA
En el año 1800 obtuvo el título de bachiller y estudió leyes en la Universidad Santo Tomás de Aquino. Es considerado como uno de los principales prosistas de lengua castellana. En el año 1952, su obra: “Historia de Santo Domingo”, fue calificada como la mejor historia colonial escrita en esa época.
Por Héctor Tineo N
Diariodominicano.com
SANTIAGO DE LOS CABALLEROS, el 29 de septiembre de 1783, nació en la ciudad de Santiago de los Caballeros, Antonio Del Monte y Tejada, quien se distinguió como historiador.
En el año 1800 obtuvo el título de bachiller y estudió leyes en la Universidad Santo Tomás de Aquino. Es considerado como uno de los principales prosistas de lengua castellana.
En el año 1952, su obra: “Historia de Santo Domingo”, fue calificada como la mejor historia colonial escrita en esa época.
Antonio Del Monte y Tejada fue miembro de la Fuerza de Voluntarios que se opuso en Nagá a las tropas de Toussaint L’ Ouverture. En el año 1804, al producirse la invasión de Jaques Dessalines, abandonó el Santo Domingo español y se radicó con su familia en Cuba.
En Camagüey, Cuba se graduó de abogado y ejerció su profesión en Santiago de Cuba. En 1811 viajó a la ciudad de la Habana donde descolló como profesional del derecho.
En el año 1816, se retiró a su estancia de Guines, donde escribió la que sería su obra cumbre: “La Historia de Santo Domingo”. En el año 1826 al retornar a la Habana, fue designado alcalde ordinario y decano del cuerpo de abogados.
Publicó la primera edición de la “Historia de Santo Domingo” en el año 1852, en el Establecimiento Tipográfico de Soler, en la Habana.
En el prólogo Antonio Del Monte y Tejada expresa el criterio de que la historia no dejará nunca de ser una tediosa novela, “sino cuando se ocupe antes que todo del bienestar y progreso de los hombres…”.
La primera edición completa de la “Historia de Santo Domingo”, fue publicada de 1890 a 1892, por la sociedad literaria “Amigos del País”. La tercera edición en tres tomos, fue publicada en el año 1952, por disposición del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina.
La edición no incluye el cuarto tomo en el que Del Monte y Tejada, incluye un conjunto de documentos ajenos a la historia.
En opinión del doctor Joaquín Balaguer: “Del Monte y Tejada es uno de los grandes escritores dominicanos. Como historiador le cupo la gloria de escribir la primera historia de la parte española de la isla de Santo Domingo, empresa extraordinaria en aquella época por la falta de fuentes de fácil acceso para las investigaciones y por las dificultades de todo género para proveerse de información apropiada.
“Los pequeños errores y las lagunas que contiene su libro, sobre todo en la parte correspondiente al siglo XVII y comienzos del XVIII, no disminuyen en lo más mínimo el valor de esa obra que por su magnitud y por las condiciones en que fue escrita, se puede graduar, sin exageración, de portentosa. Aparte del mérito poco común que supone la realización de ese esfuerzo para construir, con materiales recogidos en fuentes casi inaccesibles, la historia dominicana, la obra de Del Monte y Tejada tiene la ventaja de ser un monumento de dicción y de estilo, no superado en ese aspecto por ningún libro de autor hispanoamericano”.
Antonio Del Monte y Tejada murió en la Habana, Cuba, el 19 de noviembre de 1861.
Héctor Tineo

A todo lo dicho falto añadir, que sus restos mortales todavía se encuentran en Cuba, país que amó igualmente que el suyo, donde vivió y produjo su Historia, a la espera de ser repatriados e inhumados en el Panteón Nacional de su Patria,

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donde los espera un cenotafio.
Manuel E. Del Monte Urraca

DE ARQUITECTURA Y DE ARQUITECTOS (II)

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El Románico fue un estilo artístico predominante en Europa durante los siglos XI, XII y parte del XIII. El arte románico fue el primer gran estilo claramente cristiano y europeo que agrupó a las diferentes opciones que se habían utilizado en la temprana Edad Media, y consiguió formular un lenguaje específico y coherente aplicado a todas las manifestaciones artísticas. No fue producto de una sola nacionalidad o región, sino que surgió de manera paulatina y casi simultánea en España, Francia, Italia, Alemania y en cada uno de esos países surgió con características propias, aunque con suficiente unidad como para ser considerado el primer estilo internacional, con un ámbito europeo.

Debido a las relaciones entre religiosos y nobles, los reyes, nobles, obispos y abades de los monasterios, impulsaron la construcción de las grandes iglesias, y a veces eran aldeanos quienes las costeaban y construían. La época dorada del estilo por su calidad y belleza (Románico pleno), se extiende en la última mitad del siglo XI y la primera del XII, procedente de Francia y transmitido fundamentalmente a través del Camino de Santiago. Floreció en el reino de Castilla, sobre todo.

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El Románico español es uno de los más ricos y variados de Europa. Son particulares los influjos islámicos, catalanes, franceses, lombardos y visigodos que se amalgamaron para crear un estilo propio. Sin duda, la obra fundamental del Románico hispano es la Catedral de Santiago de Compostela, modelo de iglesia de peregrinación, con conjuntos escultóricos (Pórtico de la Gloria) de entre los más singulares de Occidente.

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El Románico francés alcanzó gran vigor y difusión gracias al Monasterio de Cluny (desaparecido en su mayor parte), centro irradiador del nuevo arte.

CLUNY

El Románico alemán siguió la estela del arte otoniano, creando conjuntos arquitectónicos de gran monumentalidad, muchos de los cuales aportan soluciones completamente novedosas, como la solución de «doble cabecera» o Westwerk.

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La herencia clásica y paleocristiana se dejó sentir profundamente en Italia. Como aportación original, surgió allí el «estilo lombardo», un arte prerrománico que se extendería después por otras regiones como Cataluña o Provenza. Los edificios románicos italianos se distinguen por su suntuosidad y decoración, a la vez que por su claridad estructural.

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La arquitectura gótica es la forma artística sobre la que se formó la definición del arte Gótico, el estilo artístico comprendido entre el Románico y el Renacimiento, que se desarrolló en Europa Occidental —cristiandad latina— en la Baja Edad Media, desde finales del siglo XII hasta el siglo XV, aunque más allá de Italia las pervivencias góticas continuaron hasta los comienzos del siglo XVI.
El vocablo «gótico» es el adjetivo correspondiente a godo y fue utilizado en este contexto por primera vez por el tratadista italiano Giorgio Vasari (1511-1574), quien en su famosa obra de biografías de pintores toscanos incluye varios capítulos sobre el arte en la Edad Media. En sentido peyorativo usó este término para denominar la arquitectura anterior al Renacimiento, propia de los bárbaros o godos, cuyos componentes le parecían confusos, desordenados y poco dignos, por contraste a la perfección y racionalidad del arte clásico

Francia es la cuna del estilo Gótico, y desde aquí se difunde por toda Europa. El surgimiento y desarrollo coincide con cambios notables en Europa: inicio de la decadencia del Sacro Imperio Romano Germánico y del sistema feudal puro a favor de las monarquías, y a causa del auge del comercio tras las Cruzadas, lo que favorece el desarrollo de las ciudades y la aparición de una nueva clase social burguesa; la renovación del saber en las universidades y el surgimiento de una nueva espiritualidad más humanizada y próxima a la naturaleza, que se expresa en las nuevas órdenes religiosas mendicantes (franciscanos y dominicos). La Orden del Cister, reformada por San Bernardo de Claraval, será la promotora del desarrollo del estilo Gótico, favorecido por los nuevos avances científico-técnicos.

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El edificio más característico del gótico es la catedral, templo de la sede episcopal, que se convierte en el símbolo del poderío económico de la ciudad y del prestigio de sus habitantes. El mundo urbano defiende su independencia respecto al decadente mundo feudo-rural, lo que se plasma en la aparición de otras edificaciones civiles emblemáticas, como las casas del gobierno municipal, las lonjas de comercio, los hospitales, mercados, casas de gremios, etc.

El Gótico ha tenido una larga historia en casi toda Europa, donde se encuentran ejemplares extraordinarios del Gótico Tardío, y Neo-Gótico. Magnífico ejemplar de este último es el Palacio de Westminster en Londres.

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El Renacimiento es el nombre dado a un amplio movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental durante los siglos XV y XVI. Fue un período de transición entre la Edad Media y el mundo moderno. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes, aunque también se produjo una renovación en las ciencias, tanto naturales como humanas. La ciudad de Florencia, en Italia, fue el lugar de nacimiento y desarrollo de este movimiento. Es una era de descubrimientos, de buscar la verdad a través del arte. Ghiberti, Brunelleschi, Alberti, Leonardo da Vinci, Donatello, Piero de la Francesca, Masaccio, todos fueron investigadores. Distinguimos dos etapas dentro del Renacimiento italiano, la primera, en el siglo XV, denominada Quattrocento, y el Cinquecento.

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Marco Vitruvio Polión (en latín Marcus Vitruvius Pollio; c. 80–70 a. C. – c. 15 a. C.) fue un arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano del siglo I a.C. Es frecuente, aunque inadecuado, encontrar su nombre escrito como Vitrubio.
Fue arquitecto de Julio César durante su juventud, y al retirarse del servicio entró en la arquitectura civil, siendo de este periodo su única obra conocida, la basílica de Fanum (en Italia). Es el autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva y el único de la Antigüedad clásica, De Architectura, en 10 libros (probablemente escrito entre los años 27 y 23 a. C.). Inspirada en teóricos helenísticos -se refiere expresamente a inventos del gran Ctesibio-, la obra trata sobre órdenes, materiales, técnicas decorativas, construcción, tipos de edificios, hidráulica, colores, mecánica y gnomónica (Libro IX).

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BASILICA DE FANUM
Por Europa se difunde en el siglo XVI, y aunque seguirá los modelos del Renacimiento italiano, al salir fuera de Italia, sufre las influencias de las distintas regiones, por lo que en cada país tendrá personalidades distintas.

En España se desarrolla en tres fases. El Plateresco, caracterizado por una abundante ornamentación muy minuciosa de influencia florentina y lombarda. El periodo greco – romano, durante el reinado de Carlos I, que da mayor relevancia a lo arquitectónico, a las estructuras y elementos constructivos empleados en Grecia y Roma. Y el periodo Herreriano, que se centra en la estructura y deja de lado todo tipo ornamentación.

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El Renacimiento en España tarda en penetrar desde Italia, especialmente por la fuerza que el gótico final isabelino tiene en nuestras tierras. De hecho, la primera manifestación de la arquitectura renacentista en España, como es el Palacio de los Duques de Medinaceli de Cogolludo (Guadalajara) muestra una simbiosis de estilos. Por un lado, imita con su estructura arquitectónica los palacios del Quattrocento italiano, incluyendo puerta y aparejo de sillería almohadillada. Sin embargo, la crestería y sus ventanales son todavía claramente tardogóticos.

La arquitectura plateresca corresponde a la primera mitad del siglo XVI en el contexto de una arte oficial dominado por la poderosa monarquía de los Reyes Católicos, primero y de Carlos V, después. En él se combinan estructuras arquitectónicas del gótico final flamígero o isabelino con elementos decorativos venidos de Italia, que además incorpora elementos mudéjares

Una de las construcciones que mejor refleja el momento de fusión de ambos estilos es el Palacio del Infantado en la ciudad de Guadalajara. Aunque el plateresco castellano es especialmente abundante en ciudades como Toledo, Valladolid o Salamanca, etc., es en esta última donde encontramos algunas de las obras más interesantes, debido a su gran calidad plástica y finura, hecho al que no es ajena la buena calidad de la piedra caliza salmantina.

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El Plateresco viaja rápidamente al Nuevo Mundo, y deja plasmado el estilo en la ciudad de Santo Domingo, Primada de América, donde se conserva majestuosa la Basílica Menor de Santa María, consagrada en 1541 como Catedral Metropolitana y Primada de las Indias. Y otros monumentos del florido estilo, tales como la Capilla del Rosario en la iglesia dominica, el portal de la Casa de la Moneda, y uno desaparecido hace algún tiempo.

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El estilo Herreriano es consecuencia de la situación social, religiosa y política de España durante la segunda mitad del siglo XVI. Y es que, a partir del reinado de Felipe II, la corriente de austeridad católica impregna la sociedad española de la Contrarreforma alcanza también al arte y a la arquitectura. El ejemplo más destacado de este periodo es el Monasterio del Escorial (1563-1584), donde se reúne monasterio, iglesia, palacio y panteón real.

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En Francia, por ejemplo, se difunde rápidamente gracias a la actitud del monarca Francisco I. Pueden distinguirse dos periodos: uno en el que perduran las estructuras góticas con ornamentación renacentista y otro, en el que se dejan las estructuras medievales y se pasa a las romanas del renacimiento.

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A estas tres naciones hay que añadirle Portugal. Donde se desarrollo el estilo renacentista en modalida propia, como fue el Manuelino.

MANUELINO PORTUGUES

CONTINUARÁ

DE ARQUITECTURA Y DE ARQUITECTOS (I)

Desde que el ser humano necesitó un abrigo para guarecerse, en el que pudiera vivir, sostener sus encuentros, y adorar a sus dioses, se convenció de la necesidad de congregarse en lugares que no fueran las cavernas, y adquirió conceptos inexistentes en el mundo del homo sapiens, demostrando capacidades mentales que les permitieron inventar, aprender, y poner en práctica otros atributos. Se propuso construir espacios cerrados y cubiertos, iniciándose con ello la Arquitectura prehistórica. Que se entiende como un medio de expresión y construcción primitivo, que empezara a generar pensamientos de creencias sobre las culturas existentes.

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Sin que pretenda pontificar sobre el homo sapiens, ya evolucionado, ni en su obra constructiva, correspondiente a un capítulo de la rica historia de la arquitectura, daré un salto gigantesco a épocas mucho menos remotas, como la antiguedad clásica, cuando ya se conocían las grandiosas estructuras de épocas anteriores a las de la civilización greco romana, de la que sí se conocen, tanto sus planificadores, como sus ejecutores. Es a la era que se localiza en el momento de plenitud de las civilizaciones griega y romana (siglo V a. C. al siglo II d. C.) o en sentido amplio, en toda su duración (siglo VIII a. C. al siglo V d. C.), que se inicia en Grecia a la que me referiré a continuación.

Trataré, muy sucintamente, cuanto esté relacionado con el arte de construir en el mundo occidental, particularmente del europeo, que es del que más o menos tengo algunos conocimientos, que deseo compartir. Y al que me interesa referirme, debido a inquietudes personales nunca antes manifestadas públicamente.

Es así como de la Arquitectura prehistórica pasamos a la Arquitectura clásica, que tiene un significado arqueológico, en relación con la arquitectura de Grecia. Que es utilizada por historiadores de arquitectura para referirse a toda una serie de estilos derivados, directa o indirectamente de esta fuente.

La Arquitectura de la Antigua Grecia es la producida por los pueblos helénicos, cuya cultura floreció en la península griega, el Peloponeso, las islas del Egeo, y en las colonias de Asia Menor, así como en Italia, por un período de alrededor del siglo XIII a. C., hasta el siglo I d. C., con las primeras obras arquitectónicas.
Hace referencia solo a la arquitectura griega de la época anterior a Alejandro Magno (que murió en 323 a. C.) y que contiene una auténtica vertiente étnica.

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De Grecia tenemos al arquitecto y escultor Reco, nacido en la isla de Samos, en el siglo VII a.C., quien construyó junto con su hijo Teodoro el segundo templo de Hera del santuario conocido como Hereo de Samo. Reco y Teodoro diseñaron también el primer templo de Artemisa en Éfeso, y el Laberinto de Lemnos, en la isla del mismo nombre, en el mar Egeo, con 150 columnas. Como escultor se atribuye a Reco la invención de la fundición de estatuas de bronce.

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Mnesicles fue un arquitecto de la época clásica griega, aÉFESOctivo en la Atenas Siglo V a.C. Fue el encargado de la construcción de los Propileos (Propylea) de la Acrópolis de Atenas en el curso de la reconstrucción promovida inicialmente por Pericles y dirigida por Fidias. Las obras tuvieron lugar durante el arcontazgo de Eutimenes en el 437 a. C., y según Heliodoro duraron cinco años. Al final de la Guerra del Peloponeso, en el 432 a. C. las obras se interrumpieron, y más tarde fueron reemprendidas. Por la gran habilidad con la que Mnesicles consiguió integrar el estilo dórico y el jónico en un único y armonioso conjunto, algunos estudiosos le atribuyen una participación en la obra del Erecteón.

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Ictino, su nombre está vinculado a tres obras fundamentales: el Partenón (447 – 432 adC.) en Atenas, el Telesterion de Eleusis y el templo de Apolo en Figalia, Grecia.
Ictino creó el orden corintio. Su estilo se caracteriza por sus columnas y sus entablamentos, presentes a lo largo de toda la evolución del arte griego.

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Calícrates, quien bajo la dirección de Fidias, participó en el proyecto de los edificios de la Acrópolis. El arquitecto diseñaba el edificio, contrataba a los obreros y artesanos que lo construían, y era responsable tanto de su presupuesto como de su acabado a tiempo. No disfrutaba del estatus noble que tienen los modernos arquitectos de edificios públicos. Incluso los nombres de los arquitectos son desconocidos antes del siglo V a. C. Un arquitecto como Ictino, que diseñó el Partenón, que hoy en día sería considerado un genio, era tratado en vida tan sólo como un comerciante experto y muy valioso.

La arquitectura de la Antigua Roma es probablemente uno de los testimonios más significativos de la civilización romana. Se caracteriza por lo grandioso de las edificaciones y su solidez que ha permitido que muchas de ellas perduren hasta nuestros días.
Los romanos pueden considerarse como el último imperio helenístico. En la arquitectura pre imperial, concretamente los etruscos con algunos elementos griegos. En el momento en que los romanos conquistaron la Grecia continental, en el siglo II a. C. importaron artesanos griegos para construir los principales edificios públicos. El término Arte romano y Arquitectura romana no tiene sentido étnico en relación con Italoromanos.

La arquitectura de la Antigua Roma tiene su origen en la etrusca, sumada a influjos de la griega, sobre todo después de las guerras púnicas, y por lo tanto, presenta rasgos de ambas. Hoy se hace datar la arquitectura romana de la fecha en que se construyeron la primera vía y el primer acueducto. Por esta época y durante las conquistas de Roma en Sicilia y en la misma Grecia, los generales romanos solían llevarse como trofeo de sus victorias gran cantidad de objetos artísticos. Por otro lado, los artistas griegos y etruscos, atraídos por el poder económico de la señora del Mediterráneo, llevaron a Roma el gusto e incluso la pasión por las Bellas Artes y en estas escuelas se formaron sus propios arquitectos.

La arquitectura romana adaptó los tres órdenes griegos y el llamado etrusco, modificándolos y añadiéndoles otra forma de capitel que se definió por los arquitectos renacentistas con el nombre de orden compuesto. De esta suerte, se cuentan cinco órdenes, a saber:
El orden toscano o etrusco que permanece básicamente igual.
El orden dórico romano que eleva su columna a dieciséis módulos, adorna su collarino o garganta, añade un talón al ábaco, tiene el astrágalo en forma de junquillo que rodea al fuste y debajo de la corona de la cornisa lleva dentículos o mútulos.
El orden jónico romano, que adorna más su capitel que el griego, reduce la magnitud de sus volutas, suprime en ocasiones el astrágalo y eleva la proporción del fuste.
El orden corintio romano, se ostenta más florido aún que el griego y en él abunda, sobre todo, la hoja de acanto.
El orden compuesto, que llegó a ser el predilecto de los romanos no difiere del corintio sino en engarzarse más los adornos y en alguna modificación accidental del capitel.
De Roma tenemos a Apolodoro de Damasco (Damasco ca. 60 – 130) fue un arquitecto sirio de la antigua Roma, conocido con el nombre del “el damasceno”. Según el historiador romano Dion Casio, Apolodoro fue condenado a muerte por orden del entonces emperador Adriano, que lo hizo ejecutar por haberle increpado su afán por la arquitectura. Sin embargo hay historiadores modernos que dudan de la veracidad de esa afirmación.
Fue uno de los más grandes arquitectos de Roma, con clara influencia helénica. Sirvió al emperador Trajano diseñando y realizando monumentales obras, como el Puente de Trajano sobre el río Danubio (año 104), los Mercados del Quirinal en Roma (siglo II), las Termas de Trajano, y el magnífico Foro de Trajano que incluye la Basílica Ulpia, el Mercado Trajano, entre las más relevantes, además de puertos, arcos triunfales y otras obras públicas.
Una de sus obras más conocidas es la imponente Columna de Trajano, estructura de 40 metros de altura y 4 metros de diámetro, completamente tallada, que narra la historia de la genial victoria de Trajano en la guerra contra los dacios. La columna se inauguró en el año 113. Construida en mármol, en la cúspide se encontraba una estatua en hierro de Trajano. Algunos señalan que se trataba de un águila, símbolo de Roma, pero actualmente muestra una estatua de San Pedro.

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Se le atribuye también el Panteón de Agripa (125-128), una de las pocas muestras de arquitectura de la Antigua Roma cuya estructura aún se conserva en buen estado.

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Cayo Julio Lacer fue un arquitecto romano que vivió en tiempos del emperador Trajano. Su obra maestra es el puente de Alcántara sobre el río Tajo, cercano a la localidad de Alcántara, en la provincia de Cáceres, Extremadura, España. Este destacado monumento se erigió entre los años 104 y 106 d. C. y consta de seis arcos de desigual altura, los cuales descansan en cinco pilares a su vez a distintas alturas sobre el terreno de roca allanada de pizarra. Existe un templete conmemorativo con un arco de triunfo superior en el centro del puente con una altura de 10 m, denominado de Trajano.

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Construido dos siglos después del de Extremadura, uno de los monumentos más famosos de Toledo es el Puente de Alcántara. A pesar de su aspecto actual, los orígenes de este puente son romanos, aproximadamente del siglo III d. de C. Tras sufrir numerosos daños, fue reconstruido en el siglo X, momento en que desaparece el tercer aro, que queda reducido a un portillo formado por un arco de herradura. Durante el reinado de Alfonso X (1252-1284), volvió a ser nuevamente reconstruido, levantando el torreón occidental que fue modificado más adelante por los Reyes Católicos, tal y como vemos en las armas que decoran sus muros. Por su parte, el torreón oriental fue sustituido debido a su estado de ruina en el año 1721 por un arco triunfal de estilo barroco. El conjunto fue declarado Monumento Nacional en 1921.

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Marco Vitruvio Polión (en latín Marcus Vitruvius Pollio; c. 80–70 a. C. – c. 15 a. C.) fue un arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano del siglo I a. C. Es frecuente, aunque inadecuado, encontrar su nombre escrito como Vitrubio.
Fue arquitecto de Julio César durante su juventud, y al retirarse del servicio entró en la arquitectura civil, siendo de este periodo su única obra conocida, la basílica de Fanum (en Italia). Es el autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva y el único de laAntigüedad clásica, De Architectura, en 10 libros (probablemente escrito entre los años 27 y 23 a. C.). Inspirada en teóricos helenísticos -se refiere expresamente a inventos del gran Ctesibio-, la obra trata sobre órdenes, materiales, técnicas decorativas, construcción, tipos de edificios, hidráulica, colores, mecánica y gnomónica (Libro IX).
Vitruvio es el autor de De Architectura, conocido hoy como Los Diez Libros de Arquitectura, un tratado escrito en latín y griego antiguo acerca de arquitectura, dedicado al emperador Augusto. En el prefacio del libro I, Vitruvio dedica sus escritos para dar conocimiento personal de la calidad de los edificios al emperador. Probablemente Vitruvio se refiere a la campaña de reparaciones y mejoras públicas de Marco Agripa. Este trabajo es un gran libro y único superviviente de la arquitectura de la antigüedad clásica. Según Petri Liukkonen, este texto “influyó profundamente a los artistas desde el primer Renacimiento en adelante, como a pensadores y arquitectos, entre ellos Leon Battista Alberti (1404-1472), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564). ” El siguiente libro importante en la arquitectura, fue la reformulación de los diez libros de Alberti, no fue escrito hasta 1452.

ROMA
Con posterioridad a la gloriosa época del Imperio Romano, continuación de la genial Era Elenística, surgió la arquitectura Medieval, período histórico de la civilización occidental, comprendido entre el siglo V y el XV.
En la Edad Media se desarrollan principalmente tres estilos: El bizantino, a que influye durante todo el período, el románico, entre los siglos XI y XII hasta el siglo XV.

CASTILLO DE MANZANARES eSPAÑA MONTE SAINT MICHEL FRANCIA

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