UN LOGRO INCONMENSURABLE

Nota: En mi entrega anterior (MI RETIRADA – 1978) inserté, erróneamente, una foto de un monasterio que no es el que se encuentra reconstruido en North Miami. Este está compuesto,  únicamente, de un claustro, una capilla, y  sus anexos, de un monasterio español de Segovia, del Siglo XII. En cambio, inserté, igualmente, un link que contiene un video del correcto.

Al nosotros llegar a Miami, ciudad que ha llegado a ser llamada Puerta de las Américas, la presencia dominicana empezaba a hacerse sentir. No obstante, no existía un núcleo representativo de la misma. Fue entonces cuando decidimos crear la Cámara Dominico Americana de Comercio, Inc.

A su inauguración asistió un juez de la Corte del Estado de La Florida, quien leyó el acta fundacional, y tomó juramento a los miembros de la junta directiva. Igualmente, asistió el Alcalde de Miami, Mauricio Ferré, y otros. De Santo Domingo asistieron algunos funcionarios gubernamentales, entre los que se encontraba el Lic. Hatuey De Camps, Secretario de la Presidencia, y Carlos Despradel, nuestro Embajador en Washington. Igualmente, asistió el presidente de la Cámara de Comercio de Santo Domingo, y una nutrida delegación de empresarios y amigos dominicanos. Dos excelentes intérpretes de la música culta dominicana, el violinista Jacinto Gimbernard y el pianista Vicente Grisolía interpretaron los himnos dominicano y norteamericano, así como una selección musical durante el transcurso del acto.

  

Con el propósito de que la comunidad empresarial de La Florida tuviera la oportunidad de conocer y escuchar a diferentes representativos de la nuestra, actividad que debía haber estado desempeñando nuestro Consulado, decidimos poner en ejecución un programa consistente en almuerzos bimensuales, en  los que se presentarían personalidades del mundo empresarial dominicano. Y así fue como se llegaron a realizar varios de estos encuentros, para los cuales contratamos el gran salón ubicado en el penthouse del Hotel Everglades, de la concurrida Biscayne Boulevard de la ciudad de Miami.

Atendiendo a preocupantes comentarios que se producían en Miami de las universidades dominicanas, a las que acudían estudiantes de origen hispano residentes en La Florida, iniciamos los encuentros con el Doctor George Hazouri, Rector de la Universidad Iberoamericana de Santo Domingo (UNIBE) al que asistió una nutrida representación compuesta por rectores, profesores y estudiantes universitarios, especialistas en diabetes, integrantes de las diversas alcaldías del Condado de Miami-Dade, invitados especiales, y otros.

Continuando con los encuentros bimensuales presentamos al Ing. Hugo Bueno Pascal, Director de la posteriormente desaparecida Compañía Dominicana de Aviación (CDA), al legendario periodista, director del Listín Diario, Don Rafael Herrera, al Presidente del Banco Popular Dominicano, Alejandro Grullón, al Administrador de CORDE, al Presidente de la Asociación de Industrias, y al Embajador de EEUU en República Dominicana, Robert Anderson, y otros.

 

 

Una actividad que constituyó un resonante éxito fue la celebración de su primer aniversario, que se llevó a cabo en el trascurso de una cena bailable, en el recién inaugurado Hotel Pavillion. Contó con la presentación de la colección más reciente de nuestro Oscar de La Renta, que vino, expresamente, desde New York, la vocalista Rhina Ramírez, así como la Super Orquesta San José, bajo la dirección de Papa Molina. El Vicecanciller dominicano, Rudy Leyva Polanco, impuso a De La Renta una condecoración a nombre del gobierno dominicano.

  

  

Y continuando con las diversas presentaciones, vinieron de Santo Domingo el pianista Vicente Grisolía, el tenor Henry Ely, y la soprano Marianela Sánchez, quienes actuaron en una sala de conciertos de la Universidad de Miami.

Igualmente nos responsabilizamos con la presentación de una exposición de varios artistas dominicanos, organizada por el Banco Central de la República Dominicana, que tuvo efecto en el majestuoso Biltmore Hotel de Coral Gables.

 

  

Una actividad considerada fuera de serie fue el vernissage de la pintora y amiga dominicana María Aybar. La misma se llevó a cabo en nuestra residencia de Coral Gables, para la que fue necesaria el desmontaje de los cuadros de nuestra colección y el montaje de los de la artista. El acontecimiento social y cultural fue reseñado por el Miami Herald, dedicándole una página completa en su sección Galería.

No podía concluir esta lucubración sin referirme a la satisfacción que hube de sentir cuando el Miami Herald me dedico un artículo en sus páginas del 15 de junio de 1986, a propósito del décimo aniversario de El Herald en español.

PASAGES DE UNA VIDA PLENA DE SATISFACCIONES (IV)

Decidido a continuar por el camino que el destino me había deparado, y escogido por mí mismo, sin mirar pa´ tra´, ni pa´ coger impulso, la vida empezó a tratarme mejor. Por un lado la salud de mi hijo Manuel Emilio Jr. mejoraba, Palmas del Mar iba viento en popa, y la cruz que Dios había puesto sobre mis hombros se convirtió en la oportunidad que Él mismo me dio para que pudiera demostrar quién soy. Sobre todo, viviendo en un país en el que no se le permite a nadie empujar por sí solo. Y si te atreves, refuérzate con una coraza, y mandar pa´l carajo a tus adversarios. Sin importarte quienes  son, y cuantos tenga la pandilla.

A seguidas continuaré exponiendo, muy sucintamente, lo relacionado con una de las primeras obras que desarrollamos. Fuera del programa que nos habíamos trazado, y propuesto cumplir, fue necesario hacer un paréntesis, y ocuparnos de un proyecto emanado del propio Presidente Balaguer. Sucedió, que para complacer viejos amigos el gobierno adquirió la llamada Casa de Tostado. Y se le ocurrió restaurarla. Sin tener una idea del uso que se le daría se iniciaron los trabajos de restauración. Al poco tiempo de iniciados surgió la idea de instalar un museo dedicado a la familia dominicana del Siglo XIX. Y así fue como al poco tiempo el Presidente Balaguer dejó inaugurada la casa puesta en valor, y el museo.

Con la idea de un museo de objetos originales del Siglo XIX se rescataron infinidad de estos procedentes de la única época que quedaba algo en bastante buen estado de nuestro azaroso pasado más reciente. Evitándose la instalación de otro museo de copias intrascendentes, de períodos de los que no heredamos nada, que no fuera lo que se conservaba en las iglesias. Para complementar la colección que se adquirió, la señora Graciela Vda. Chotin donó una extraordinaria pieza de porcelana consistente en un ánfora antigua, proveniente de las casas famosas de Francia.

  

Transcurrían aquellos agitados días, cuando realizando un recorrido por la Ciudad Colonial, en compañía de Ricardo Alegría, Director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, al pasar por la calle Pellerano Alfau nos sorprendió ver que se estaba trabajando en una casa sin que los mismos hubieran sido registrados en la OPC. De inmediato nos dirigimos al periódico El Caribe, a corta distancia de allí, donde denuncié lo que fue calificado por el periódico de Restauraciones Clandestina. Resultando que la obra, dirigida por el Arq. Eugenio Pérez Montas, se la había conferido el Presidente Balaguer. No quise revolver el avispero, a sabiendas de que aquello se convertiría en una costumbre muy dominicana.

Al pasar el tiempo recibí una llamada del Encargado de Protocolo del gobierno, diciéndome que el Presidente me había ordenado organizar la inauguración de la que llamarían Casa de Diego Caballero. A lo que yo le contesté diciéndole, que me parecía que se estaba cometiendo un error. Que esa no había sido una obra de la OPC, y que por tanto se lo comunicara al presidente. Pero no valió de nada el pataleo. El acto de inauguración fue organizado como procedía, y en mi condición de Director tuve que pronunciar las palabras centrales.

A continuación proseguiré con lo que dejé pendiente la semana pasada, que se trata de una obra que teníamos en carpeta. El hostal del que le había mencionado hacía algún tiempo al Presidente, y a él le parecía muy atractivo. Una mañana me volvió a llamar el Ing. Martínez Brea para sugerirme que fuera a ver al Presidente. Tan pronto se presentó la oportunidad me dirigí a Palacio, y fui a verlo. Una vez con él me dijo que el señor Enrique Apolinar Henríquez le había hecho llegar un telegrama, que me entregó y conservo, en el que le decía que se oponía a que la casa del primer gobernador de Santo Domingo fuera convertida en un lugar de turistas trashumantes, y otros disparates más. El Presidente, quien había valorado al señor Henríquez en un millón de votos, me sugirió que lo invitara a la obra, en compañía de otras personas. Y así fue como le hice la invitación, conjuntamente con al Arq. José A. Caro y el Embajador de España y Sra. Resultando el encuentro tan exitoso, que despejó el camino para que fuera aprovado.

Carmen de Vals, Del Monte, Arq. José Antonio Cara, Don Quiquí, Aurelio Vals Embajador de España.

Pero antes de esa “simpática” experiencia con don Quiquí, como llamaban cariñosamente al personaje, se había presentado otra no menos inoportuna. En otra ocasión recibí otra llamada del Ing. Martínez Brea para comunicarme que al día siguiente traería al Presidente a mi oficina, y que estuviera preparado con lo del proyecto del hostal. Y así fue como a la mañana siguiente se apareció el Dr. Balaguer acompañado del Ing. Martínez, y otras personas de su escolta. Una vez en la oficina nos dirigimos hacia el segundo piso para pasar a la Plaza España, junto al Alcázar de Colón.

Ubicándonos frente al palacio virreinal le mostramos un “rendering” a colores de lo que sería el Hostal Nicolás de Ovando. Al concluir mi exposición el Presidente me dijo que empezara la obra. A lo que yo le contesté, que no lo podía hacer en esos precisos momentos debido a que los arquitectos de las obras de restauración de las Casas Reales tenían ocupadas las casas de Ovando como depósito de materiales de sus obras.

A seguidas el Presidente preguntó por el Arq. Pérez Montas, a quien había visto por ahí. De inmediato el arquitecto se puso frente a este, poniéndose a su disposición. El Dr. Balaguer, sin adelantar palabra alguna, le ordenó que desalojaran las edificaciones, que el arquitecto Del Monte iba a comenzar a trabajar en su proyecto lo antes posible. Al despedirnos el ingeniero Martínez Brea me pidió que fuera a verlo cuanto antes.

Culminada la primera etapa de aquella aventura sin haber sucumbido, y disponiendo de un decidido respaldo presidencial, que estaba dispuesto a que lo que estaba viendo, constantemente, continuara viento en popa, me dio confianza para continuar. Igualmente sucedía con una cantidad de ciudadanos dominicanos y extranjeros, que sorprendidos con lo que veían nos dieron su apoyo incondicionalmente. De ahí que decidiéramos trazarnos una nueva ruta, integrando a la OPC una pléyade de jóvenes arquitectos entre los que se encontraban, Roberto Prieto, Virgilio Dalmau, Chichí Ricart, José Ramón Prat (Pusiso), Pichi Vega, y otros. De la misma manera, reclutamos los obreros especializados que todavía quedaban disponibles de los que trabajaron con el arquitecto Javier Barroso en la restauración del Alcázar de Colón, y continuamos recibiendo la colaboración de historiadores, arqueólogos, y periodistas.

Así las cosas, continuamos con la ejecución de interesantes proyectos de restauración, como los de las casas de Ovando, y su conversión en hostal, la Casa del Cordón, la segunda etapa del Sector de la Atarazana, para convertirla en zona franca turística, las monumentales Atarazanas Reales y otras.

Al mismo tiempo surgía toda una serie de actividades, que ponían de relieve la obra que se estaba desarrollando. Tales como los aniversarios de la OPC, celebrados en los diferentes monumentos restaurados,  exposiciones de arte, conciertos y recitales, conferencias, recepciones y despedidas de personalidades, visitas importantes, etc., que colmaron el ambiente recién creado en la Ciudad Colonial de lo que parecía un nuevo resurgir.

  

Almuerzo de la Cámara Amercana de Comercio.

  

Conjuntamente con todo ello fuimos invitados a participar en conferencias internacionales llevadas a cabo de diferentes partes del Mundo. La primera de estas tuvo lugar en la ciudad de Quito, Ecuador, organizada por la Organización de los Estados Americanos (OEA) en la que se proclamaron La Normas de Quito. Al poco tiempo volvimos a Sur América para participar en la reunión interamericana relacionada con el Arte Sagrado Colonial, que se llevó a cabo en Bogotá, Colombia. Seguida de otro encuentro de especialistas en restauración celebrada en El Cuzco, Perú, y más adelante otro encuentro del Centro de Roma, celebrado en Venecia, Italia, en 1972, en el que fue ratificada la Carta de Venecia.

Los delegados a la Reunión de Quito reunidos con el presidente ecuatoriano.

 

En compañía de los arquitectos José Manuel González Valcárcel (Centro), de España, y Carlos Flores Marini, de México, en Bogotá, Colombia.

Una de las últimas reuniones a la que asistimos tuvo lugar en la ciudad de San Agustín, Florida, EEUU, en la que se produjo un choque de trenes, como consecuencia de las presentaciones de dos arquitectos dominicanos, Roberto Berges Febles y yo, en la que fueron leídas dos ponencias antagónicas sobre los trabajos que se realzaban en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Y en la que participaron otros especialistas que habían estado en Santo Domingo,  comprobando quien tenía razón de lo que allí se estaba diciendo.

Ni que decir de mis numerosos viajes a España. Siendo uno de estos una invitación especial del Gobierno español, en el que tuve la oportunidad de conocer varios lugares de la Madre Patria que fueron escogidos por mí. En Santiago de Compostela tuve la satisfacción de conocer bien la Catedral de Santiago Apóstol, y el Hostal de los Reyes Católicos, donde fui alojado. Y del que recibí la inspiración para llevar a cabo mi proyecto favorito: el Hostal de Nicolás de Ovando.

En Madrid conocí al Ministro de Información y Turismo, y al Director del Banco Hipotecario de España. Siendo el Señor Alfredo Sánchez Bella, incumbente de ambas posiciones, uno de mis mejores aliados en la Madre Patria. Y quien, en una ocasión pasó por Santo Domingo, vino a saludarme y recomendarme la empresa española Luz Internacional, Inc., propietaria del Hotel Luz Palacio en Madrid y otros más en España, para que dirigiera el Hostal Nicolás de Ovando, como de hecho sucedió.

Otro de mis viajes a España lo hice en compañía del señor Alejandro Grullón, presidente del Banco Popular Dominicano, con el propósito de comprar algunos objetos para ser utilizados en la restaurada Casa del Cordón. Viaje, que además, aprovechamos para ver algunos palacios antiguos rescatados y utilizados para instalar Cajas de Ahorro españolas. Aprovechando la ocasión para llevarle al presidente Balaguer unos folletos de estas, con el propósito de que pudiera comprobar lo que le había dicho para convencerlo de que autorizara ceder el palacio colonial al Banco Popular para hacer algo similar.

Hasta este punto he trazado una ruta mediante la cual me permití empezar con mi salida al exilio, mis ocupaciones en New York, y San Juan de Puerto Rico, mi regreso a la Patria, y mis avatares relacionados con el patrimonio cultural. Con la lucubración de la próxima semana concluiré la segunda etapa de publicaciones en mi Página Web: https://manueldelmonte.wordpress.com

PASAGES DE UNA VIDA PLENA DE SATISFACCIONES (III)

Me es imposible continuar con esta nueva serie sin hacer una parada, tan importante como la expresada al final del PASAGE anterior. Hasta entonces todo lo expuesto se circunscribió a lo institucional. Mis avatares en el desempeño de mi vida profesional, a partir de mí salida del país en octubre de 1960. Y algunas de las obras que se llevaron a cabo bajo mi dirección.

A continuación expondré, en lo posible, algunos asuntos relacionados con mi vida privada, y la de mi familia. Concretándome a cuanto se relacionaba con nuestra subsistencia en la nueva vida. La de Santo Domingo a partir del mes de junio de 1967.

Asumí mi muevo  rol como Director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), como funcionario del gobierno dominicano, con un sueldo de RD$300.00 mensuales, que me fueron abonados, de junio de 1967 a junio de 1968, por la OEA. Tal como habían acordado el gobierno dominicano y la Embajada de la OEA.

Con estos recursos económicos más unos ahorros que traje de Puerto Rico, además de mi carro, y nuestros enseres del hogar, debía darle frente a todo lo relacionado con el desenvolvimiento de una familia compuesta por cuatro miembros, más los gastos extras propios, algunos, de un funcionario de la categoría de la que ostentaba.

Así las cosas, decidí buscar una alternativa, que consistió en darle forma, en compañía de un amigo, a una pequeña empresa que se dedicaría a reproducir muebles de estilo, algunos de los cuales fueron copias de piezas del Alcázar de Colón. Instalamos el taller en la calle Isabel La Católica, cercano a la Iglesia de Santa Bárbara, y un local de exhibición frente al Alcázar, en una casa propiedad del señor Ángelo Porcella, que se encontraba en condiciones ruinosas, y fuera restaurada por mí con recursos aportados por su propietario.

  

Inauguración de la exposición de Artes de Santo Domingo en San Juan Puerto Rico. De izquierda a derecha aparecen dos funcionarios de la Corporación de Fomento de la Isla,       Arq. Manu E. Del Monte U., Juan Fidelio Guzmán, y Arq. Quique Reyes Rissi.

Como la situación económica de la mayoría de los dominicanos no estaba en condiciones de invertir en muebles de ese tipo, la empresa logró cubrir sus gastos con la venta de obras de arte de artistas dominicanos, para lo que fue instalada una galería de arte, alfombras persas que nos habían dejado en consignación, y las ventas a funcionarios de Embajadas, y de bancos extranjeros. Así las cosas, nos atrevimos a llevar a San Juan de Puerto Rico una exposición de las algunas de las mejores piezas, de las que se vendieron unas cuantas. La aventura de los novele empresarios no duró mucho tiempo, por lo que tuvimos que desistir antes de que las finanzas se tornaran más desfavorables.

Momento en que hacíamos entrega de un sillón frailero al Gobernador de Puerto Rico Don Luis Ferré, en su despacho de La Fortaleza.

Al poco tiempo de ocurrido el cierre de ARTES DE SANRO DOMINGO, INC., nos llegó algo inesperado. La enfermedad de nuestro único hijo varón, Manuel Emilio Jr., por lo que nos vimos obligados a modificar nuestro estilo de vida. Entonces, tuve que solicitar un permiso al gobierno, para ir a radicarnos en Puerto Rico, hasta que su salud estuviera en condiciones para regresar.

Al recibir el alta del Hospital Auxilio Mutuo de San Juan, Puerto Rico, donde estuvo recluido por un mes, el Dr. Mirabal, quien se hizo cargo del caso, nos recomendó baños de mar o de piscina como terapia para Manuel Emilio Jr. Algo que se convirtió en una incesante tarea, hasta que logramos resolverla.

Fue a propósito de esta misión que salimos en busca de un pedazo de tierra frente a una playa cuyo costo estuviera a nuestro alcance, que apareció en Juan Dolio. Aunque el precio era aceptable nosotros, no obstante no podíamos darle frente a la adquisición del terreno, y construir algo aceptable donde alojarnos. Por lo que tuve que disponerme a diseñar un pequeño proyecto con fines turísticos. No tardó mucho tiempo en que apareciera la solución. La idea consistió en crear un conjunto de cabañas que nos permitiera compartir.

Y así fue como logré diseñar un total de seis cabañas, además de áreas de servicio y estacionamiento. Una de las cuales sería para nuestro uso, y las otras cinco para alquilar. Enseguida me puse en contacto con el Ing. Hugo Bueno Pascal para que me preparara un proyecto de factibilidad, con el que fui, en el año 1969, al Banco Central, que había creado INFRATUR. Allí fui a ver al Gobernador, Lic. Diógenes Fernández, quien había sido muy amigo de mi familia. Y quien me dijo que ese nuevo programa financiero se había creado para financiar proyectos turísticos en Puerto Plata, exclusivamente. Y de inmediato se comunicó con el Presidente del Banco Hipotecario, Ing. Samuel Conde, recomendándome.

Sin pérdida de tiempo fui a ver al Ing. Conde al n nuevo banco hipotecario, de donde salí con la aprobación del préstamo número dos del banco.

PALMAS DEL MAR CABAÑAS CLUB fue el nombre del proyecto, que se constituyó en el lugar de playa escogido para devolverle su movilidad a nuestro hijo, al igual que para el disfrute de familias dominicanas, y de turistas. Con los beneficios obtenidos me fue posible darle frente a la vida, de manera más apropiada, complementado con la satisfacción que me proporcionaba  el desempeño del cargo como Director de la OPC.

Fue tal el éxito alcanzado, que decidí adquirir otro solar al lado del primero. Y con financiamiento del mismo banco construí siete cabañas y un mini mercado. Además instalamos un servicio telefónico y de lavandería.

A poco tiempo, en compañía de un amigo puertorriqueño construimos en el solar de enfrente treinta villas de dos niveles, piscina y restaurante, que fue totalmente vendido bajo el régimen de condominio.

Mientras estos nuevos cambios ocurrían, y el costo de la vida se incrementaba, tomé una decisión extraordinaria. Por más amor que le tuviera a la nueva misión a la que me había lanzado, y después de sopesarlo más de una vez, y de consultarlo con mi esposa, familiares y amigos de suma confianza, decidí presentar renuncia al cargo que tantas veces había soñado lograr. Y me dirigí a Palacio. Allí fui recibido por el señor Rafael Bello Andino, Subsecretario Administrativo de la Presidencia, y hombre cercano al presidente Balaguer.

Una vez reunido con el subsecretario le comenté el motivo de mi visita, y le hice entrega de la carta de renuncia. Este, al oír lo que le acababa de decir, reaccionó como alguien que no esperaba una noticia como esa. Pero, para mi sorpresa, me condujo hasta el cuarto de baño del despacho, lugar muy acostumbrado recurrir entonces en los diferentes despachos del Palacio, para tratar asuntos fuera de lo común, que no procedía que nadie se enterara. Y me dijo, con la parsimonia que lo ha caracterizado, que esa no era la solución, que él comprendía lo que yo alegaba, pero que no obstante el pensaba que debían haber otras salidas, una de las cuales era tratar de obtener contratas con el gobierno, mientras continuaba realizando mi tarea en la OPC, y en el nuevo proyecto playero. Y casi de inmediato me fue aumentado el sueldo a RD$600.00.

Y así mismo fue. Acogido a los consejos de Bello Andino aproveché el momento propicio para llevarle al Presidente tres proyectos que se encontraban listos en la OPC, y en poder de la Comisión  Consultiva desde hacía tiempo. De esa forma mataríamos dos pájaros de un solo tiro. Uno consistiendo en complacer al Presidente, quien me había llamado la atención por haber pasado un tiempo sin ver resultados como los prometidos, y el otro, que sin yo esperarlo me fue otorgado una contrata como las que se refería el Subsecretario Bello Andino.

Para ello sucedió lo inesperado al término de la reunión con el Presidente. Después de ver los planos de los tres proyectos me dijo que fuera a ver a Bebesito, a la oficina Supervisora de Obras del Estado. Lo que hice de inmediato. Al encontrarme con el Ing. Marco Subero, asistente del Ing. Martínez Brea, le argumenté cual era el propósito de mi visita, y le pregunté, qué era lo que significaba “ir donde Bebesito”. Siendo su respuesta, que me había otorgado una contrata. Y que volviera al otro día para formalizarlo.

Sorprendido, con lo que me acababa de suceder, le di mete esa noche, y a la mañana siguiente me dirigí a la oficina antes de lo acostumbrado, y lo primero que hice fue llamar a los arquitectos Virgilio Dalmau y Rafael (Chichí) Ricart Nouel, quienes habían trabajado en la elaboración de dos de los proyectos: la Fortaleza de Puerto Plata, y la Casa de Ponce de León en San Rafael de Yuma, Higuey. Para sorpresa de estos les dije lo que había pasado la noche anterior, y que yo prefería compartir la contrata con ellos. Y así fue. A seguidas nos dirigimos los tres a Palacio para resolver lo de los contratos. Y aunque todavía queda mucha tela por donde cortar, prefiero dejarlo aquí.

Para mí fue muy cómodo el hacerme cargo del proyecto del Sector de la Atarazana, ya que lo tenía enfrente de mi oficina. Lo que me permitía continuar  dándole el frente al Departamento oficial, atender el proyecto, y las obligaciones correspondientes a Palmas del Mar Cabañas.

Terminados los tres proyectos, se llevaron a cabo sendas inauguraciones en el Sector de la Atarazana e Higuey. Que no fueron las primeras, pero sí algunas de las más llamativas.

Pasado un tiempo prudente volví donde el Presidente para comunicarle como iban las cosas, y hablarle del proyecto que tenía en agenda, que era el del hostal de la calle Las Damas. Al Dr. Balaguer le parecía muy bien, pero habían algunos inconvenientes, que era prudente dilucidar antes de tomar una decisión.

Para comentar este y otros casos relacionaos con mi participación como Director de la OPC, me referiré a estos la próxima semana. Si Dios me lo permite.

PASAGES DE UNA VIDA PLENA DE SATISFACCIONES (II)

                                 “Hay genios sin estudio e idiotas con doctorados.

                                   La verdadera sabiduría no te la otorga un título

                      sino lo que haces con lo que has aprendido a lo largo de tu vida,

                                        y la manera en cómo tratas a los demás”

                                                             -Joseph Kapone-

 Para que lo narrado en mi lucubración anterior quede lo menos inconcluso posible, y pueda comprenderse mejor la simbiosis a la que me he referido, esta vez me referiré a situaciones  relacionadas con el mismo asunto.

Cuando salí de casa, y de Santo Domingo, hacia un exilio que jamás pensé cuanto tiempo duraría, no tenía la menor idea de lo que este me traería. El hecho de tener que salir del terruño, y del calor familiar, no me dejaba ni pensar lo que sería de mí.

Todo transcurrió tan acelerado, que cuando vine a darme cuenta me encontraba sentado en el asiento que me asignaron en el avión que me trasladó a New York. Lo primero que hice esa mañana del 4 de octubre de 1960 fue dirigirme a la Gobernación del Distrito a llevar mi solicitud del permio de salida, y con este gestionar el pasaporte. En aquella época nadie lo tenía consigo, había que solicitarlo cada vez que ibas a salir del país, y entregarlo al regreso. En mi caso, con el antecedente que tenía nada promisorio me aguardaba. Pero no fue así. Para mi sorpresa el Gobernador, Don Cucho Álvarez Pina, que sabía quién era yo, aprobó mi solicitud sin ningún tipo de contratiempo. De ahí me dirigí a la Dirección de Pasaportes, adonde fui atendido con bastante prontitud, gracias a que allí no había casi nadie.

Sin estar muy seguro del lío en que me estaba metiendo, agarré mi pasaporte y me dirigí hacia el Consulado norteamericano, donde fui llamado a la mayor brevedad. No hice más que sentarme frente al Cónsul, este me preguntó qué tipo de visa me interesaba, si de turismo o residencia. Así era como se manejaban las cosas en aquellos tiempos. Aturdido con la pregunta le respondí que de turismo. Que iba yo a pensar que el “turista” tendría que quedarse mucho tiempo sin regresar al país. Solo un año fue el lapso transcurrido entre mí llagada a los Estados Unidos y la desaparición de la dictadura. Al salir del Consulado me dirigí a casa para informar a mi familia lo sucedido, y buscar dinero. De inmediato me dirigí a la línea aérea que me trasladaría, saliendo de la misma con mi pasaje.

¿Podría alguien creer lo que acabo de narrar? Pues bien, aunque usted no lo crea, así mismo fue. De lo que no recuerdo nada es de mi despedida. Entre los nervios, la emoción, y la intranquilidad, nublaron mi mente. Y lo que me pedía mi espíritu era que pasara rápido el tiempo para largarme. En cambio, mi llegada al aeropuerto IDLEWILD de New York si la recuerdo, perfectamente. Por lo que merece un párrafo aparte.

Al salir de Migración con mi equipaje, siendo la media noche, alcancé a ver de lejos a dos señoras, a quienes apenas podía reconocer. Se trataban de mis primas Viola Selig Del Monte y Diamela Herrera Del Monte. A la primera la había dejado de ver no hacía mucho tiempo, y a la segunda no la había vuelto a ver desde que saliera del país hacía muchos años. La emoción que me embargó  al verlas fue indescriptible. Después de darnos un fuerte abrazo, lo primero que dijo una de ellas fue que le parecía un milagro que pudiera haber salido de ese infierno. Y a seguidas, después de preguntar por la familia, nos dirigirnos hacia el carro de Diamela, que nos llevaría a la 611West, 108th Street, en Manhattan.

Al llegar al edificio en el vivía mi tía Josefa, madre de Diamela, que fue donde me hospedé, nos vimos obligados a detenernos por un instante en uno de los apartamentos del primer piso, donde vivía la familia Guerrero De Castro, uno de cuyos integrantes, Bosco, era conocido por mí. Aquella fue una noche tan emocionante, que no paramos de hablar hasta algo avanzada la madrugada.

Al segundo día de estar en New York mi prima Diamela me acompañó a sacar el Social Security, que no se requería ser ciudadano ni residente para obtenerlo. Y a seguidas, guiándonos por un anuncio del New York Times nos dirigimos hacia Brooklyn, donde se encontraba la firma de arquitectos que buscaba un drafman. Después de una interesante entrevista con uno de los directivos de la empresa fui contratado para el cargo solicitado. A los pocos días de aquella entrevista empecé a trabajar bajo la supervisión del arquitecto Benedit Ferrara, quien para mí fue más que un profesor, al igual que el también arquitecto Robert H. Podzemny, quien se unió al arquitecto Beatty, para dirigirle otra cata al decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Columbia.

    

Allí permanecí hasta lograr entender que estos entrenamientos habían sido para mí más que suficientes. Satisfecho con el trato, pero no con la remuneración, me fui a otra empresa ubicada en el bajo Manhattan, conocida como Francis X. Giná & Associates, Architects, ubicada a unas cuadras de donde se habían iniciado los trabajos de las Torres Gemelas, en la que no estuve mucho tiempo, debido a mi decisión de dar un nuevo salto.

Sin esperanza de volver a continuar los estudios, ni regresar a la patria, cargada de problemas de todo tipo, decidí correr suerte en otro lugar, que resultó ser San Juan de Puerto Rico, cercano a mi patria. Donde obtuve un excelente trabajo en la empresa Toro y Ferrer, Arquitectos, en la que permanecí durante un tiempo.

Al pasar un tiempo en darme a conocer de los demás arquitectos con los que compartía el taller, un día el arquitecto Osvaldo Toro me pidió que lo acompañara a Santo Domingo. Su empresa trabajaba para la Hilton, Hotels & Resorts, y había recibido el encargo para remodelar el Hotel Jaragua. Una vez allí el arquitecto Toro quedó convencido de que las posibilidades de modernizar el legendario establecimiento hotelero no procedían. Que lo recomendable era construir uno  nuevo. Como de hecho sucedió.

Pero resulta, que todavía el gobierno dominicano no había autorizado al Departamento de Migración para que se me otorgara una visa. Por lo que el arquitecto Beatty le dirigió una carta a su amigo el Congresista Carey, solicitándole ayuda con el Consulado dominicano.

  

De nuevo, ocupando mi mesa en el taller de Toro y Ferrer, y con mi mente puesta en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, decidí cambiar de trabajo, y me fui a la firma Passalacua & Cia, donde permanecí hasta que fui llamado por el Gobierno dominicano a ocupar la Dirección de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC).

  

A mi regreso de Santo Domingo, en compañía del arquitecto Toro, volví a ponerme en contacto con Ricardo Alegría, quien había sido fundador, y director hasta esos momentos, del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y artífice del rescate del Viejo San Juan. En mis conversaciones con él siempre salía a relucir la Ciudad Colonial, que en aquellos tiempos se encontraba en peores condiciones que como permanecía el Viejo San Juan hasta que fuera creado y puesto en marcha el programa del Instituto de Cultura.

Procede mencionar que el trabajo realizado en aquel centro histórico se parecía a lo que había que hacer en Santo Domingo, siempre teniendo en cuenta las diferencias entre una y otra. Desde ir desplazando a otros lugares algunos de los ocupantes de casas coloniales, que se encontraban en pésimo estado de conservación, adquisición por parte del gobierno, o de particulares de esas edificaciones, para ser restauradas y vueltas a ocupar, crear incentivos por parte del gobierno, y cuantos requerimientos fueran necesarios para poder lograr lo que han logrado los puertorriqueños. No los norteamericanos, como piensan algunos, por el hecho de ser Puerto Rico un Estado Libre Asociado de los EEUU.

En una oportunidad unos arquitectos, de los que siempre andan apandillados, visitaron a Ricardo Alegría en procura de asesoramiento. Estos realizaban un proyecto denominado “Estudio para la Revalorización de la Zona Histórica y Monumental de la ciudad de Santo Domingo”, que estaba siendo patrocinado por la ESSO SATANDARD OIL. Aunque ya yo estaba enterado, en una ocasión Don Ricardo me llamó para comentarme lo que andaban buscando los dominicanos. Y se preguntaba cómo era posible que fuera una empresa multinacional, la que estuviera detrás de un objetivo tan nacionalista como era el rescate de un centro histórico tan importante como el de Santo Domingo. Que aquello tenía que ser responsabilidad del gobierno. Concluía  Ricardo Alegría.

Afortunadamente, todo aquel esfuerzo privado fracasó, como era de esperarse. Cuando el grupo, encabezado por el Arq. Eugenio Pérez Montas iniciaba su Estudio, ya yo estaba a punto de lograr mi objetivo. En medio de aquellos avatares, el destino metió su mano, una vez más, para que lo que había necesidad de hacer se hiciera. Y como Dios manda.

ADENDUM

Me sentiría muy mal si dejara sin exponer el complemento de lo que expuse en mi envío anterior, relacionado con las obras de restauración del palacio de Nicolás de Ovando, muy particularmente de su fachada.Expuse lo que hicimos en su extremo norte. ¿Recuerdan? Y si no, búsquenlo.

hostal-n-de-ovando-13  hostal-n-de-ovando

La parte del palacio al que me estoy refiriendo es la del balcón y toldos.

Pues bien, en el otro extremo sucedió, algo similar al extremo norte, que le habían segregado unos diez metros al palacio, y fungía como dependencia del periódico El Caribe. Y como fue una costumbre santodominguense (mala, por cierto), cambiaron la hermosa fachada de piedra dotada de un portón y una ventana confeccionada en sillares labrados, por otra republicanada, compuesta por un balcón de concreto, dos puertas en cada piso, y un antepecho. Y la pintaron de verde.

Después de haber sido despojado del pañete, del balcón y el antepecho, ocurrió lo que puede verse en la siguiente foto:

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hostal-n-de-ovando-29Y más integralmente a la derecha del dibujo confeccionado para los efectos.

Iniciados los trabajos de reconstrucción nos dispusimos a darle forma al portón, apoyándonos en los cimientos ocultos de los arranques de las mochetas, y dos sillares de los que componían el dintel, tanto exterior como interiormente. Y a seguidas, completar el muro y la ventana superior, de la que fueron enconthrados algunos sillares.

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Quedando la misma de la manera siguiente:

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Como han podido ver, los trabajos efectuados por personas con criterio de lo que tienen entre manos, no es tan sencillo como  construir una obra nueva. La sensibilidad y la experiencia, acompañadas de las de otras personas con mayores conocimientos que los nuestros, son elementos esenciales para darle frente a una obra de la importancia del palacio de Ovando, como del Hotel Francés. Todo es posible, siempre que se respeten las normas internacionales, y no se cambien los papeles caprichosamente adoptados.

Por otro lado, cualquiera se pregunta ¿Cómo un gobierno que se respete, aunque ignore de lo que se trate, puede apoyar un desastre, y un irrespeto a la historia, sin que se le pase factura?

Y por otro lado, ¿Cómo se atreve una agencia de crédito internacional, como en este  caso es el BID, financiar un proyecto sin antes documentarse como corresponde? Existiendo una institución mundial, que vela por estas cosas, como es el caso de la UNESCO. Y otra nacional (DNPM) que sabemos se encuntra muy disminuida, y no opina. Que tampoco ham dado la cara a los desmanes que se han venido cometiendo en la Ciudad Colonial, sin que estas digan esta boca es mía.

Aunque el tiempo, que todo lo archiva en su extensa memoria, habrá de hacerse cargo de juzgar estos y otros desmanes, el daño que se cometa quedará ahí, aunque cuando emitia su juicio, y dicte sentencia, para las  actuales y futuras generaciones podría ser muy tarde.

 

 

UN CLAMOR

PROYECTO SERÁ FINANCIADO POR EL BID
Rehabilitación del Hotel Francés respetará historicidad de la edificación
24 noviembre, 2016

El Ministerio de Turismo (Mitur) presentó la propuesta para la rehabilitación de la fachada norte del antiguo Hotel Francés en la Zona Colonial, destacando que se respetará la historicidad de la edificación para mostrar su evolución y los cambios que se fueron incorporando en el curso del tiempo.
La reestructuración se llevará a cabo a través del Programa de Fomento al Turismo de la Ciudad Colonial (PFTCC) y seguirá los lineamientos y criterios planteados por la Comisión de Alto Nivel (CANRHF).
El proyecto será financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y tiene como objetivo rehabilitar la fachada norte del inmueble, tomando en consideración los aspectos estructurales, los criterios de restauración y conservación a nivel nacional e internacional.
La decisión de los expertos ha sido centrar la restauración arquitectónica y el diseño de la fachada en la recuperación de la arquitectura que tenía la edificación a finales de la década de los 80, incluyendo el balcón corrido y el portal en piedra.
Se tomó en consideración las investigaciones realizadas para la restauración del 1992, así como elementos aportados en ese proceso. La presentación de la recuperación del hotel estuvo a cargo de especialistas de la firma Carlos Jorge & Asociados, además participaron representantes del Ministerio de Obras Públicas, el Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA), la Sociedad Dominicana de Sismología e Ingeniería Sísmica y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo.

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Proyecto para el Hotel Francés

La edificación levantada durante los primeros años del Siglo XVI, posiblemente en tiempos en que Nicolás de Ovando construía en la misma manzana el primer hospital del Nuevo Mundo (1502-1509), fue objeto de sabrá Dios cuantas modificaciones. Y llegó al Siglo XX en condiciones muy diferentes a las originales. Fue, precisamente, a finales del Siglo XIX cuando se empezaron las modificaciones de importancia en las edificaciones antiguas.

Con el paso de los años a alguien se le ocurrió instalar en la antigua edificación ubicada en la esquina suroccidental de las calles Real de las Canteras (Arz. Meriño), y Del Truco (Mercedes) de la todavía bastante bien conservada Ciudad Colonial de Santo Domingo, un hotel, que llamarían HOTEL FRANCES. Y siguiendo la desacertada costumbre de la época, de modificar, drásticamente, esas estructuras, tanto exterior como interiormente, buscando un look repúblicanense, recubrieron con una mezcla de tierra, cal y arena las originales paredes de piedra. Igualmente fueron modificadas la disposición de los vanos de puertas y ventanas, y se agregaron unos nuevos elementos en la fachada, como fuera el caso del balcón corrido, a lo largo de toda la fachada, que para colmos techaron de principio a fin. Lo que contribuyó a crear la imagen “republicana”, que tanto fascina a los expertos en restauración que nos gastamos. Destruyendo todo en lo que han puesto sus manos.

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Vistas de la casona, abandonada, durante las décadas de los cincuenta y los sesenta del pasado Siglo XX. Nótense algunas modificaciones en el balcón.

Transcurrido el tiempo en el que se mantuvo la imagen balconiana, engalanando la mencionada esquina, y sirviéndole a la pobreza de la humilde población capitalina, la vieja estructura fue objeto de algunas modificaciones interiores. Como fuera el rescate de una doble arcada “del Siglo XVI”, que permaneciera oculta durante el “esplendoroso” período republicano. Y permitiéndole continuar luciendo su “vistoso” balcón corrido y, por supuesto, su nuevo pañete, cargado de cemento, después de haberla encuerado, permitiendo que se viera por un tiempo la original estructura de piedra.

Pero esto no fue todo. Sin que jamás hubiera explicación alguna, procedieron a desmontar casi la totalidad de las vigas antiguas de caoba que sostenían techos y entrepisos, cambiándolas por vigas de concreto pretensado. ¿Para qué?, y ¿Por qué? Sabrán el entonces director de la OPC, Arq. Esteban Prieto, y los arquitectos Iván Jiménez y Ligia Calero, encargados de la obra. Siendo dichas modificaciones parte de las culpables del desplome de la crujía frontal. (Ver mi artículo de fecha 11 de julio de 2015).

En fotos de mi archivo encontré dos en las que se ven las vigas de madera en una, y las de concreto en la otra. En este caso el salón es el mismo, antes y después del cambio de las vigas. Y que aflorara la arcada superior, cuya aparición se convirtió en una sorpresa para los encargados del proyecto.

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Y así permaneció cerrada sin que nada ocurriera. Hasta que se presentó otra opción, tanto a favor de su configuración arquitectónica como de las funciones para las que había sido intervenida. Una empresa francesa, ACOOR, que opera la cadena de hoteles Sofitel, subscribió un acuerdo con el gobierno mediante el cual se hacía cargo de los tres hoteles ubicados en la Ciudad Colonial: Nicolás de Ovando, Comercial, y Francés. Constituyéndose dicho acuerdo en una especie de salva vida para tres enfermos de gravedad.

En cuanto al Francés, que es al que me referiré en estos momentos, la empresa arrendataria encomendó al Arquitecto Luis Lajara Sola los trabajos de acondicionamiento. Pero, oh sorpresa, lo recibido del Gobierno no estaba en las más mínimas condiciones de nada. Si el exterior era un adefesio, lo que encontraron en sus interiores no fue más que un cuerpo cuyas tripas estaban podridas. Lo que habían hecho los y las guruses que intervinieron no servía para nada. Pero, como ese no es el tema que me interesa aclarar en estos momentos, dedicaré las líneas siguientes a la fachada.

No se hizo más que empezar a corregir los entuertos heredados cuando el Arq. Lajara se dispuso a darle frente a la fachada. Por un lado, esta no se compadecía con algunas de las restauraciones interiores, de las que sobresalía la arcada original que había sido devuelta a la luz, engalanando un feo edificio que había sido objeto de bárbaras modificaciones. Pero que se compadecían con las intenciones de devolverle su antigua imagen del Siglo XVI. Que era lo que procedía.

Después de pasado un tiempo, el Arq. Lajara se reunió con el Director de la OPC, Arq. Del Monte Urraca, y algunos de los arquitectos que la integraban para discutir y ponerse de acuerdo con lo que habría de hacerse con la fachada. Después de analizarse lo que había y lo que procedía, se determinó rescatar la antigua fachada gótica y, por supuesto, eliminar el pañete y el balcón. Siendo posible, además, sacar a la luz los vanos de puertas y ventanas originales que habían sido tapiados.

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Durante los trabajos de restauración a cargo de la empresa francesa ACCOR. Además de eliminado el pañete, y a punto de desaparecer el balcón, salieron a la luz los antiguos vanos de puertas y ventanas.

De esa manera, ambas fachadas, exterior e interior se compadecerían con la verdad histórica, y la ciudad ganaba una rica fachada exterior, tal cual existió hasta que nuevos tiempos, retardatarios, por cierto, convirtieran una monumental estructura en algo que solamente los dominicanos han sido capaces de aceptar como bueno y válido.

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La histórica fachada como lucía antes del desastre de MITUR, OISOE y DNPM.

Pasados algunos años de estar prestando un excelente servicio al turismo cultural, y a la sociedad dominicana, en sentido general, una noche del mes de mayo de 2015 se vino abajo la crujía frontal de la edificación.

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El trágico desplome, que se llevó de encuentro 500 años de historia, y que ahora los responsables de su desaparición intentan reproducirlo a su manera. Como si el gobierno dominicano, carente de un personal calificado en lo referente al patrimonio cultural, y responsable de todo lo que ocurre en el país, se quitara de encima, con unos cuantos millones, un peso gigante, que solo es posible que suceda en la República Dominicana.

Lo demás viene a continuación. La reconstrucción no de una fachada, como dicen los irresponsables encargados, sin referirse a la reconstrucción de toda la crujía de dos plantas, y de su contenido, por culpa de ellos mismos. Si, los de MITUR, OISOE, etc. Y de la irresponsable DNPM que, todas a una terminarán de joder lo que queda en la Ciudad Primada de América, sin que nadie diga nada.

Oh, país. Quien te vio, y quien te ve ahora.

Como conclusión daré a conocer algunos vistas de los trabajos de restauración del palacio de Nicolás de Ovando, en las que queda demostrada la reconstrucción de su extremo Norte, poniéndose de manifiesto el talento y la capacidad de los que intervenimos, llenándonos de orgullo y satisfacción.

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El área pintada de gris, que fuera maquillada de blanco unos años después, tal como llegara a nosotros para ser intervenida como parte del proyecto.

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El área pintada de blanco corresponde al área gris, que le fuera substraída a la edificación de la derecha, unos de esos desastres cometidos durante uno de nuestros gobiernos. Fue demolido durante los trabajos de restauración del palacio del Gobernador, y su adaptación para el Hostal Nicolás de Ovando.

 

Parte de la fachada liberada del desastroso muro de concreto, en el que aparecieron los vestigios arqueológicos necesarios, no solo para la reconstrucción de la parte faltante del muro de piedra, sino de todo el interior.

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Restauración del portal parcialmente destruido conjuntamente con parte del muro

 

Portal restaurado, conjuntamente con el muro de piedra a su izquierda.

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Dibujo de la fachada de la casa de Ovando, mostrando: antes, durante, y después de ser restaurada. En el extremo izquierdo aparecen las tres etapas de la obra.

IGLESIA Y CONVENTO MERCEDARIOS

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Proyección isométrica del monumental conjunto de la Iglesia y Convento Mercedarios

La construcción de este templo dedicado a Nuestra Señora de Las Mercedes comenzó en el año 1527, y requirió casi 30 años de trabajos para ser terminado. Su constructor fue Rodrigo Gil de Liendo, quien en el año 1525 se trasladó a Santo Domingo, donde se inició como cantero para construir el templo y convento de la orden mercedaria. Participó, además, en la construcción de la Catedral de Santo Domingo, conjuntamente con el arquitecto Luis de Moya, con intervención del Obispo Alejandro Geraldini. El valor de sus conocimientos fue apreciado por los vecinos de la Ciudad Primada, que lograron que no se fuera en 1534, y le otorgaron el cargo de Maestro Mayor.

En 1543 realizó el diseño y la construcción de la Puerta de la Misericordia, primera puerta de la ciudad de Santo Domingo que fue en un principio llamada de Santiago o Puerta Grande. Su nombre de debe a las peticiones realizadas en el lugar para poner fin a los múltiples temblores de un terremoto que destruyó la isla.

De 1547 a 1556 realizó la construcción de la iglesia de San Francisco que estaba compuesta por iglesia, convento y capilla de la Tercera Orden. Junto a los ingenieros militares Juan Bautista Antonelli, Juan de Rabee, Juan Bautista Ruggiero y Marcos de Cáceres construyó las murallas de la ciudad.

La sólida estructura conventual de Las Mercedes fue seriamente dañada durante la invasión del corsario inglés Francis Drake en el año 1586. Durante los siglos siguientes el conjunto monumental sufrió daños considerables causados por terremotos, huracanes y enfrentamientos bélicos, habiendo sido sometida a varias restauraciones.

La Iglesia tiene una amplia nave abovedada con capillas laterales ubicadas entre sus contrafuertes. Tiene un coro alto, un ábside octagonal y un altar mayor de estilo barroco enchapado con láminas de plata. Se destaca su púlpito de madera que está sostenido por una escultura en forma de serpiente.

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El Convento, que es al que dedico estas líneas, situado del lado Sur del templo, fue una de las construcciones coloniales más imponente y, dentro de lo que cabe, uno de los mejor conservados, no obstante haber adolecido de parciales destrucciones, y  una reciente reconstrucción del claustro pésimamente conducida.

En la actualidad alberga una parte de lo que fuera la sede principal de la congregación, celdas monacales, capilla de la Tercera Orden Mercedaria, conocida como Capilla de la Soledad, y dos claustros, el principal de estos caprichosamente intervenido. Se conservan, todavía, porciones del segundo claustro muy en ruinas, ubicado al costado occidental de claustro principal y a un costado de la Capilla de la Soledad. Además, cuenta con amplios terrenos del lado sur y suroeste, que en su día debieron haber servido de huertas. Y posteriormente segregados, y convertidos en solares particulares.

Desde que entré en contacto con esta joya, y me familiaricé durante mi incursión como Director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y miembro de las Asociación para el Rescate de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, S.A y, muy particularmente, de su rescate y puesta en valor, llegué a compenetrarme con el conjunto, y pensar en la posibilidad de una futura propuesta integral para su posible rescate, puesta en valor, y utilización, de manera similar a lo que se ha hecho en Cartagena de India con lo que fuera el convento de Santa  Clara.

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El Convento mercedario se encuentra del lado sur del templo. Con excepción de las celdas y el claustro, es un conjunto de estructuras bastante bien conservadas, compuesto por una entrada principal, y áreas donde se encontraba la jerarquía  monacal, que da a la calle José Reyes. Y que actualmente ocupan negocios de variadas actividades. La planta alta de esta área está ocupada, desde hace tiempo, por la Respetable Logia Cuna de América No.2. y unas extensas áreas ocupadas por talleres de la ONPM.

En primera planta le siguen las celdas monacales, una de las cuales estuvo ocupada por Fray Gabriel Tellez, o Tirso de Molina, entre 1616 y 1618, quien, además, fue profesor de teología en la Universidad, e intervino en asuntos de su Orden, lo que le permitió conocer numerosas historias de la vida colonial que usaría más tarde en sus obras. Se le ha atribuido, tradicionalmente, la creación del mito de Don Juan Tenorio en El burlador de Sevilla, cuya primera versión podría ser de 1617. Año en que estuvo en Santo Domingo.

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Selda en estado de ruinas                           Selda conservada como cuando fue usada                                                                                                       por Tirso de Molina 

“ENTRE TODOS LOS CLÁSICOS DEL SIGLO DE ORO, TIRSO SOBRESALE POR SU EMPATÍA CON AMÉRICA Y ESPECIALMENTE CON EL PERÚ Y SANTO DOMINGO.”

Si América está presente en multitud de autores, dice Luis Vázquez de la Oren Mercedaria, Madrid, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Tirso supo asimilar lo positivo del Nuevo Mundo como nadie, y que en su obra creadora tendrá un relieve único, como quien quedó «transformado interiormente» por su experiencia dominicana.

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Monumento a Fray Gabriel Tellez en Madrid

Algo así, aunque no tan presuntuoso, podría ser erigido en algún lugar del monasterio, o cercano a este.

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Con la fachada de la iglesia enseñoreando el complejo monacal, y la Capilla de la Soledad, de espaldas, a su lado, lo completa el lado original del claustro junto al templo, y a su lado otro de los cuatro lados, muy modificado. Como es posible advertir, los soportes de la arcada en primera planta son una especie de muros de unos cuantos centímetros de ancho, dentro de los cuales se encuentran embebidas las columnas originales.

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Y en la segunda, réplicas de columnas cilíndricas con sus basas y capiteles. De lo que se conservan sus arranques.

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Continuando el claustro nos encontramos con una arcada compuesta por columnas y arcos de ladrillo. Y para completar el cuadrado perfecto le sigue otro lado que fuera copiado del que le queda enfrente. Lo que es lo mismo que tener un claustro compuesto por cuatro lados diferentes. Cuando todo indica cómo debía ser. Solo, que para ello se necesita talento y capacidad como restaurador.

Recuerdo, que hace unos cuantos años, habían esparcidos una buena cantidad de sillares en forma de fustes, capiteles, y basas, de columnas, que pudieron muy bien ser utilizadas para la reconstrucción de lo faltante. En cambio se empleó un sistema innecesario en este caso, consistente en repetir lo que había, utilizado otro material. Algo que respeto, pero que en este caso entiendo no era necesario si lo que se quería era recomponer el claustro.

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Selección presentada de los restos de sillares.

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Espacio claustral tel como aparecría en una película.

Las dos vistas que me he permitido dar a conocer, muestran un claustro que muy bien podría estar “in the meddle of no where”. Me explico. Cuando se va a restaurar una edificación, en este caso parte de ella. Si lo que se encontró fue uno  de los cuatro lados casi intacto, otro cuyos componentes: columnas y arcos, fueron embebidos dentro de reconstrucciones muy posteriores, pero perfectamente  rescatables, y los otros dos lados completamente desaparecidos, lo aceptable sería dejarlos como estaban, o reconstruirlos como eran. Como se puede ver, uno de estos fue reconstruido a base de columnas cilíndricas y arcos en ladrillo, y el otro, similar al que se encuentra intacto, o sea como si se hubiera querido embeber lo inexistente. Para un buen entendedor podríamos calificar este trabajo como una reconstrucción caprichosa, y no una restauración en el sentido de la palabra.

En la primera se pueden ver el lado original que llegó hasta nosotros, y que restauramos en la década de los años sesenta. Y a su lado el construido recientemente, imitando el de enfrente. La segunda muestra el lado original, acompañado de dos lados reconstruidos “a mi manera”. 

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He querido presentar un claustro típico de un convento europeo. En este caso el convento de Santa Florentina que se tiene por el más antiguo de Écija, y uno de los primeros que existieron en Andalucía dentro de su Orden (dominica).

El claustro o patio principal consta de dos plantas con arcos de medio punto sobre columnas, y se fecha en el siglo XVII.

Hasta que sepamos desconozco si el claustro mercedario dominicano llegó a tener segunda planta sobre todos su lados. No obstante, al inicio de la segunda planta del que se conserva existe una pilastra con el arranque de un arco de lo que podría ser el inicio del lado del claustro justamente al lado de la iglesia. (Ver la primera ilustración)

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A continuación diversas vistas del monumental templo mercedario.

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Para concluir, no puedo dejar de mencionar el sector compuesto por los claustros. Algunos de los cuales se conservan casi intactos, y otros de factible reconstrucción.

Con esta disquisición del claustro mercedario no intento más que manifestar otro de mis acostumbrados lamentos por la suerte que ha corrido nuestro patrimonio monumental, que cada día, en vez de corregirse los entuertos, y procurar verdaderos restauradores donde aparezcan, y empezar un nuevo procedimiento, que le permita a nuestro país darse el lujo de poder mostrarle al Mundo lo que fue Santo Domingo en su época esplendorosa, sin necesidad de inventar, y engañarnos a nosotros mismos. Algo que por lo que veo, y lo que me queda, no será posible.

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