NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA

Desde pequeño tuve una inquietud, provocada por la devoción a Nuestra Señora de Altagracia, y por el cuadro que se venera en Higuey. Ya mayor de edad pude empezar a obtener algunas respuestas. En el año 2010 cumplí con un viejo anhelo de visitar algunos de los lugares ligados a dicha Virgen, y en compañía de Urania hicimos un recorrido de casi tres semanas por Extremadura, España. Ya era de mi conocimiento que esa era la región de la Península donde se veneraba, y existían capillas y ermitas en las que se veneraba a Alta Gracia, como es llamada allí.

Con el propósito de dejar un testimonio de dicho viaje, en el que igualmente me interesaba ponerme en contacto con mi personaje favorito, Frey Nicolás de Ovando, empecé, no hace mucho tiempo, a escribir un recuento, que  tenía el propósito de complacer mi doble inquietud.

Durante el recorrido por Extremadura visitamos Cáceres, Brozas, Alcántara, Garrovillas de Alconetar, perteneciente a la provincia de Cáceres, Badajoz, y Mérida. Lamentablemente, me faltó visitar Plasencia, ciudad de origen de los Hermanos Trejo, y Siruela, que pertenece a la provincia de Badajoz, donde pude enterarme, posteriormente, que se venera la Altagracia con similar devoción a la de Garrovillas.

Investigando todo lo que podía logré reunir una buena cantidad de datos que, según mi parecer, eran suficientes para completar la lucubración que me había dedicado a escribir. Hasta que me enteré de la existencia de un libro “La Historia de la Virgen de Altagracia”, publicada en el año 2013 por los señores Santiago Milano, Cándido Serradilla, y Dionisio Martín, que una amiga me ha prometido encontrar, y enviar desde Alcántara.

En momentos en que ya tengo escrito bastante del artículo, y enterado de la noticia de la existencia de dicho libro, me enteré de la existencia en Santo Domingo de un señor llamado John Fleury, que había estudiado todo lo relacionado a la devoción y al cuadro de Nuestra Señora de Altagracia. Sorprendido con la noticia, nueva para mí, pero de larga data en nuestro país, busqué comunicarme con él para poder enterarme, personalmente, de los estudios que había realizado.

Una vez logrado mi propósito, lo visité el domingo recién pasado, siendo recibido en la Casa de la Anunciación, en esta ciudad, y para mi sorpresa fui obsequiado con un ejemplar del libro de su autoría titulado “Historia de Nuestra Señora la Virgen de Altagracia”, publicado en el año 2006.

Gratamente sorprendido de que una persona de su categoría reside entre nosotros y, por supuesto, del contenido de su libro, decidí posponer mi artículo hasta recibir el libro de Extremadura, que me permitirá hacer la debida comparación entre los dos, y de esa manera quedar completamente edificado y convencido de la inquietud que empecé a tener desde niño.

Recomiendo a los amantes de la historia y, muy particularmente, de la eclesiástica dominicana y, por supuesto, de la correspondiente a la Madre Espiritual del pueblo dominicano, y a sus vínculos con la extremeña, a que traten de adquirirlo, y puedan enterarse de una inquietud que debería ser de todos los dominicanos.

A MODO COMPARATIVO

En mi anterior lucubración expuse varias fotografías de distintos ambientes del Viejo San Juan de Puerto Rico. Tenía cierto interés en que los que continúan leyéndome tuvieran una idea, si es que no la tenían, de las condiciones en que … Continue reading

COLOFÓN DE MI ARTÍCULO ANTERIOR

Enredado entre papeles y recortes de periódicos viejos me topé con uno, de fecha 15 de noviembre de 1971, que di a conocer en mi lucubración anterior. En este se expresan algunos comentarios que hiciera Ricardo Alegría, a propósito de una de sus visitas a nuestro país relacionadas con los trabajos de restauración de la Casa de Ponce de León en San Rafael de Yuma, Higuey, y de la que fungió como asesor histórico y arqueológico de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC ).

En dicho reportaje, Alegría comentaba, con la preocupación que ameritaba, y sigue ameritando, el caso de las condiciones en que permanecían, y continúen permaneciendo, la segunda y tercera fundaciones el Nuevo Mundo. Ambas, al igual que La Isabela, que fue la primera, responsabilidad del Descubridor, Cristóbal Colón a finales del Siglo XV.

Foto tomada por el investigador y arqueólogo dominicano Don Emile Boyrie de Moya en los años cuarenta del pasado Siglo XX de lo que se podía ver de la fortaleza.

Se refería el entonces Director del Instituto de Cultura Puertorriqueña a las desaparecidas ciudades de Concepción de la Vega (la Vega Vieja), y del primer Santiago de América, más conocido como Pueblo Viejo de Jacagua.

Recuerdo algunas de las palabras expresadas por el distinguido investigador puertorriqueño, que más o menos decía, que era una verdadera lástima que estos dos históricos sitios arqueológicos permanecieran en las condiciones deplorables en que se encontraban. Que estaba seguro de que si hubieran estado en Puerto Rico alguna labor de importancia se hubiera realizado. Y que si el gobierno dominicano recabara alguna asistencia del gobierno puertorriqueño, tanto técnica como económica, estaba seguro de que la respuesta hubiera sido positiva.

Cuando Ricardo Alegría se refirió a tan importante asunto ya nosotros habíamos empezado a librar las primeras batallas, visitando en varias ocasiones dichos lugares, acompañados de los miembros de las comisiones provinciales de Patrimonio que fueron creadas desde los mismos inicios del programa, y empezado a negociar con los propietarios de los terrenos. Que en el caso de Concepción de La Vega son varios. Sin que, se llegara a nada.

Cuando sucedió lo de la entrevista en cuestión nadie había puesto las manos en esos lugares, permaneciendo estos casi en estado virgen, cuando no convertidos en potreros, o un montón de casuchas. Lo que era el momento ideal para empezar a hacer lo que fuera necesario. Al referirse a ambos yacimientos históricos, destruidos por un terremoto, no por un volcán, Ricardo Alegría los denominó la Pompeya dominicana, mientras yo, privilegiando a Concepción de La Vega, la llamé la Pompeya de América.

En lo concerniente a Concepción de La Vega, ubicada en uno de los más hermosos parajes de la isla Española, a unos pocos quilómetros de la ciudad de La Vega, solo uno de los torreones de la fortaleza, y una gigantesca esquina de la que se ha supuesto ser la iglesia, daban la seguridad de lo que se pensaba. Sumados a estos vestigios se podía advertir la existencia de una serie de montículos esparcidos por el terreno comprendido alrededor de las dos estructuras visibles. Lo que suponían ser edificaciones cubiertas por el terreno y la maleza.

Parte de los cimientos aparecidos algún tiempo después, cuando la Dirección de Parques nacionales intervino de manera parcial, a partir del año 1977, y sin un programa serio a seguir.

Casi lo mismo ocurría en Jacagua, donde fue fundada el primer Santiago de América, en cuyos terrenos era posible ver varias estructuras, construidas de ladrillo. Las que por sus condiciones ruinosas no había sido posible atribuirles función alguna.

A muy poca distancia de la Ciudad de Santiago, y de fácil acceso, la puesta en valor de ambos yacimientos históricos pudieran haberse convertido en atracción turística de importancia.

Posteriormente sucedió lo mismo que ha sucedido en la Ciudad Colonial. En el año 1976 el Gobierno dominicano creó la “Comisión para la puesta en valor del Sitio Histórico de Concepción de La Vega”, coordinada por la recién creada Dirección de Parques Nacionales, se realizaron excavaciones en algunos sectores de los terrenos ocupados por la misma, al igual que en las ruinas del Monasterio de San Francisco. Y llegándose a descubrir arranques de muros de piedra de lo que fue la ciudad, al igual que tramos de calles empedradas, y el perímetro del Monasterio.

Igualmente se empezó a organizar una exhibición provisional de los objetos encontrados. Hasta aquí todo lo que puedo contar, ya que jamás se me ha ocurrido volver por ninguno de los dos lugares, que Alegría confirmara el nombre con el que yo la bauticé, y que le cabe como anillo al dedo: Pompeya de América.

No puedo dejar de señalar el interés que pusieron los miembros de la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural de Santiago, al igual que el Comité Gestor pro Reconstrucción de la Ruinas de Santiago. De cuya existencia no he vuelto a saber.

A propósito de esta historia, que me permito desempolvar, yo me pregunto: ¿Cómo van estas cosas, y las demás? Por lo que se percibe, tanto las investigaciones histórico-monumentales como las arqueológicas de todo el territorio nacional están paralizadas. Incluyendo las relacionadas con el área prehispánica. En fin, de lo único que uno se entera, en estos momentos, independientemente de Odebretch, la corrupción y la impunidad, es de OISOE, MITUR, y el BID, responsables de lo que se está haciendo en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Y a Dios, que reparta suerte.

ALGUNOS HECHOS HISTÓRICOS

CONCEPCIÓN DE LA VEGA

La ciudad de Concepción de La Vega se inició con la fundación de la fortaleza La Concepción (donde surge parte de su nombre) mandada a construir por el almirante Don Cristóbal Colón en 1494.

Bartolomé de Las Casas expresa que Colón, maravillado por la belleza del lugar le puso por nombre “La Vega Real”. Su desarrollo económico inicial se había de cimentar en la fundición de oro y en el cultivo y procesamiento de la caña de azúcar. Con el tiempo, los recursos auríferos de Concepción de la Vega se agotaron. El crecimiento económico de la ciudad en los tiempos del oro posibilito un nivel adquisitivo en sus habitantes, y esto hizo que se asimilara a una ciudad europea.

Escudo de Concepción de La Vega

En Concepción de la Vega se encuentran los restos arqueológicos de la Factoría Española del Oro, donde los trabajadores indios taínos lo traían el oro de los ríos para lavarlo mejor, fundirlo y convertirlo en lingotes que almacenaban en la fortaleza hasta que llegara el momento de embarcarlos hacia España.

Allí se acuñó la primera moneda y se establecieron los primeros comerciantes. En 1508 se le dio título de ciudad y en 1512 se erigió como sede del primer obispado establecido en el Nuevo Mundo, siendo su único titular Pedro Suarez de Deza, quien murió el 17 de marzo de 1523. Fue un prelado católico que sirvió como Obispo de Concepción de La Vega, uno de los tres primeros obispos de las Américas. Por ella transitaron Fray Bartolomé de Las Casas y Fray Pedro de Córdoba, defensores de los indígenas.

En Concepción de La Vega fue donde se produjo el primer reparto de indios, a cargo de *Rodrigo de Alburquerque, y donde se estableció el monasterio franciscano, y el convento de la Orden de las Mercedes, el cual se asoció legendariamente con la cruz plantada por Colón en el Santo Cerro, dando lugar al nacimiento del culto de dicha advocación mariana en nuestro país. Esta cruz llegaría a alcanzar una notable fama con el nombre de la Vera Cruz.

El 2 de diciembre de 1562 la ciudad fue destruida por un terremoto, siendo trasladada a la orilla meridional del río Camú. Para 1598 sólo existían en esta dieciséis casas de paja y no había plaza ni calles. En los tiempos de Antonio Osorio (1605) se registraron cuarenta vecinos, entre ellos un zapatero, un sastre y un tratante, y se contaron quince estancias de yuca y maíz.

*Antiguo escudero, hacendado y repartidor de indios de La Española en 1514.Nativo de Salamanca, fue el típico ejemplo de los españoles que pasaron a América en los primeros años de su descubrimiento y conquista. Se distinguió por su falta de escrúpulos para medrar. En La Española ocupó la alcaldía de Concepción de La Vega en tiempos del gobernador Nicolás de Ovando, así como el cargo de veedor de la fundición de La Vega.

SANTIAGO DE LOS CABALLEROS

En 1495, Cristóbal Colón funda, durante su segundo viaje, el fuerte de Santiago, en la ribera norte del río Yaque del Norte. En 1506, la villa que se forma alrededor de éste es trasladada a orillas del Río Jacagua.

El Rey Fernando el Católico otorga, en 1508, el Real Privilegio de Concesión de Armas a la villa de Santiago. La Real Cédula, firmada por el rey Fernando como administrador de los reinos de su hija Juana I de Castilla. El escudo colorado con cinco veneras blancas, con una orla blanca y en ella siete veneras coloradas. Las veneras estaban asociadas con las playas de Galicia donde se encontraba Santiago de Compostela, era pues el símbolo del peregrino que había visitado Tierras Santas. Para 1514, según datos del primer censo en Santiago había 60 personas y tenía iglesia, casa del cabildo, y hasta un total de 40 viviendas y edificios públicos.

Escudo de Santiago de los Caballeros

En 1562, Santiago es destruido por un terremoto. Los sobrevivientes se instalan en los terrenos colindantes con el río Yaque del Norte, ubicación actual de la ciudad. Su sede de Jacagua es repoblada por los Caballeros que aun quedaban de la agonizante Isabela (Ciudad Primada de América); la tradición asevera que, desde esa fecha comienza a llamarse Santiago de los Caballeros.

RICARDO ALEGRÍA

Ricardo E. Alegría (San Juan, 14 de abril de 1921- ibíd, 7 de julio de 2011) fue un prestigioso arqueólogo e historiador puertorriqueño, y el primero en ocupar la Dirección del Instituto de Cultura Puertorriqueña. También se desempeñó como Director del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Fue, además, antropólogo, promotor, educador y defensor de la cultura puertorriqueña.

Más que un historiador y un arqueólogo, Ricardo Alegría fue el principal  responsables del rescate y puesta en valor del patrimonio cultural que los puertorriqueños tanto atesoran. Muy particularmente del patrimonio construido que se conserva en el Viejo San Juan.

Cuando en 1955, durante el gobierno de Luis Muñoz Marín, se creó el Instituto de Cultura Puertorriqueña, tal acción fue muy criticada por algunos, que negaban la existencia de una cultura puertorriqueña. La junta de directores del recién creado instituto nombró a Ricardo Alegría como su director, quien mereció el más sólido respaldo de los intelectuales y amante de la historia de la Isla.

Con su actuación en favor del rescate del patrimonio construido del Viejo San Juan, y con la restauración de una casa colonial para convertirla en su residencia, Alegría dio muestras más que suficientes de su acendrado amor por la antigua villa española, y de poner en práctica lo que empezaba a predicar. Ganándose la admiración y el respeto del pueblo puertorriqueño. Y convirtiéndose en uno de los indiscutibles pioneros de tan excelsa labor.

Supe de Ricardo Alegría antes de que fuera a vivir a Puerto Rico. Me había enterado de sus vivencias en el Viejo San Juan, donde se había convertido en una leyenda muchos años antes de sobresalir como responsable del rescate del patrimonio cultural puertorriqueño. Y más que nada, de la puesta en valor de su amado Viejo San Juan.

Como todo protagonista de actividades como la que él llevó a cabo, adquirió una casa en pésimo estado y la restauró siguiendo las pautas que él había contribuido trazar. Respetando su arquitectura decimonona, y los detalles que la caracterizaban como tal. La ambientó a su gusto, impartiéndole un estilo ecléctico propio de su época. Y junto a doña Fela, su esposa, la disfrutaron hasta el último día de sus vidas.

Para mi Ricardo y su obra se convirtieron en un ejemplo a emular. Cuando estaba de visita en su casa me pasaban por la mente los sueños que un poco más tarde Dios me permitiera realizar. Tanto con la creación de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) como con la restauración de mi primera casa colonial, tuve la satisfacción de entrar por las puertas de la gloria, sin poder llegar a ella, como sí tuvo la suerte de lograr Alegría.

Don Ricardo, como le llamaba todo el mundo, participó como arqueólogo y asesor histórico en la restauración de la Casa de Juan Ponce de León en San Rafael de Yuma, Higuey, viniendo varias veces a visitar la obra, además de aportar sus conocimientos en arqueología dentro y fuera de la casa, donde aparecieron objetos que debieron pertenecer a la casa, y a la familia del conquistador, algunos de los cuales son mostrados en una sala de la casa.

 

Para dar a conocer los ambientes de su casa en el Viejo San Juan me he permitido mostrar algunas fotos.

  

Ricardo Alegría tuvo un pariente que le siguió sus pasos. Restauró otra casa en el centro histórico sanjuanero, que por sus dimensiones y su ubicación, frente a la Catedral y al Hotel Convento y su placita, sobrepasó la de su primo. José “Popi” Alegría tuvo la más importante galería de arte de Puerto Rico, que fue instalada en la planta baja de la casa.

  

No puedo terminar esta lucubración sin antes decir que de la misma manera que los dos Alegría se convirtieron en ejemplo a seguir de lo que entendían había que hacer para salvar el Viejo San Juan, infinidad de puertorriqueños y extranjeros de cierto nivel social o económico le siguieron sus pasos. Convirtiendo ese modesto centro histórico caribeño en uno de los más hermosos de América

Cuando se hable de los procesos de rescate de centros históricos del Nuevo Mundo, sin duda alguna el del Viejo San Juan de Puerto Rico habrá de ocupar un lugar preponderante, tanto por el éxito alcanzado, como por haber sido pionero. Igual condición habrá que concederle a Don Ricardo, quien dedicara los mejores años de su vida para que tan magna obra se pudiera haber hecho realidad. Igualmente, al pueblo puertorriqueño habrá que rendirle un homenaje, tanto por su entusiasta aceptación, y colaboración, como por el respeto que siempre demostró tenerle a quien hizo lo posible por que se lograra lo que en otros lugares no se ha podido.

A estas consideraciones no puedo dejar de agregar la forma institucional en que se mantuvo el programa, sin que a ningún gobernante se le ocurriera politizarlo, ni intentar salirse de los lineamientos creados originalmente. Ni, por supuesto, permitir que se crearan organismos paralelos, tan perjudiciales, como lo ocurrido en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Lo que ha permitido que el Viejo San Juan, sin la riqueza monumental de nuestra Ciudad Colonial, haya permanecido como está.

A continuación muestro algunas vistas de diferentes sectores del Viejo San Juan. La selección de estas me resultó sumamente difícil dada la belleza y el encanto de cuantas pude seleccionar. Noten el orden y limpieza de las calles, y la pulcritud de las fachadas de sus casas. Los colores, con algunos de los cuales no comparto, son parecidos a los que se usaban en los siglos XVIII y XIX, época a la que pertenece la mayoría de las edificaciones.

He querido traer estas vistas del Viejo San Juan para que se pueda comprobar lo que se dice de esta, y lo qué verdaderamente es. Una joya de organización, orden, pulcritud, y encanto.

 

Me he visto precisado a escribir esta semblanza sin haber vuelto a ver al personaje envuelto en ella, ni al lugar al que perteneciera, y en el que tuve la dicha de residir durante varios años, porque no hay nada que imposibilite a uno expresar sentimientos y recuerdos inolvidables.

De la misma manera nunca pude dejar de reprochar el tratamiento que le fuera dado a Don Ricardo por parte del círculo de “expertos” hispanoamericanos en restauración de monumentos y sitios, negándose a darle participación en los seminarios de carácter internacional, que frecuentemente convocaban con el patrocinio de la UNESCO y la OEA. Ello así, ya que no todos los asistentes a dichos cónclaves habían hecho realidad lo que predicaban en sus respectivos países.

Recuerdo que en una ocasión hube de referirme a su inasistencia. Que no entendía el por qué no era invitado. A lo que uno de los “expertos” me dijo, que lo que se estaba haciendo en el Viejo San Juan no se correspondía con lo que ellos entendían era un proceso serio de rescate de un centro histórico. Aclaración que dejé ahí mismo, para evitar problemas.

Lo narrado en el párrafo anterior me recuerda aquella comunicación que nuestros “expertos” le dirigieron al Presidente Balaguer insinuándole que yo no podía continuar dirigiendo la OPC, por el hecho de no tener el título de arquitecto que era necesario para hacer lo que hice. Y resulta, que ni Alegría, ni Eusebio Leal (Cuba), lo fueron. Y hay que ver lo que el puertorriqueño hizo, y el cubano continua haciendo.

REGRESO A SANTO DOMINGO

De no haber sucedido lo que lamentablemente sucedió, y de lo que no pienso volver a hablar mientras vida tenga, no nos hubiéramos ido de Miami. Con pena, dejando atrás gratísimos recuerdos y un grupo de amigos y compañeros de la Cámara de Comercio, a quienes no he vuelto a ver jamás. Ya de regreso a Santo Domingo, a finales del año 1986, volvimos a instalarnos en nuestro apartamento del condominio Anacaona I, de la Ave. Anacaona, que habíamos dejado rentado.

Transcurrido algún tiempo, y calmadas las angustias que me empujaron a tomar tal decisión fui a saludar, entre otros, a Rafael Bello Andino, de nuevo instalado en su anterior despacho como Secretario de Estado de la Presidencia. Durante nuestra entrevista pasamos revista al pasado, a los encontronazos que se sucedieron, y a mi deseo de saludar al presidente, a quien no había vuelto a ver desde aquellos memorables tiempos, en que le sirviera desde la dirección de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), durante su período completo (1966-1978). Bello Andino me prometió encargarse y avisarme. Pero nunca más supe de él.

Más adelante, unas amigas de Miami, que habían colaborado con mis inquietudes, vinieron a Santo Domingo y me pidieron que les hiciera diligencias para ir a saludar al presidente Balaguer. Me costó apelar a otros contactos para que me fuera posible complacerlas. Una mañana fuimos a Palacio, y cuál no sería mi sorpresa al escuchar al presidente preguntarme que como me iba en Miami, que si no pensaba regresar, sin que supiera que desde hacía un buen tiempo ya yo me encontraba en el país, y había realizado algunos intentos para ir a saludarlo.

Después de este fortuito encuentro, en el que se mostró complacido de verme,  jamás volví a verlo. Con razón o sin ella estoy seguro de me habrían indispuesto con él, mencionándole, entre otras canalladas, mis contactos con el PRD, y sabrá Dios cuantos chismes más. Mientras tanto, ya los de la pandilla, con sus trompos enrollados desde hacía tiempo, estaban dispuestos a cosechar lo que con tiempo más que suficiente habían comenzado a sembrar, y cansado de poner los trompos a rodar.

004 (4)

Separado, definitivamente, del hombre a quien serví, y me trató de manera excelente, y alejado del quehacer gubernamental, desde mi modesto estudio leía las publicaciones que hacía el gobierno todos los meses sobre los gastos que incurría en las obras que ejecutaba su gobierno, en las que aparecían las que estaban a cargo de la todavía OPC y la Comisión de Monumentos. Al llegar al final de esta segunda Era, conocida como de la de los “diez años”, me permití hacer un sumatorio de lo que el gobierno había dispuesto para dichas obras, que no podía tener una idea precisa de si habían sido correctamente invertidos, ya que jamás se me ocurrió ir a ver lo que hacían para poder estar en condiciones de sopesarlas.

Consciente de que los montos invertidos lucían exagerados, se me ocurrió ir a ver al director de la revista RUMBO, de cuya entrevista salió a la luz una serie de reportajes, escritos por Fausto Rosario Adames, que explotaron como bombas. Sin que, como de costumbre, nada ocurriera.

Para que lo relatado expresara lo que en realidad había sucedido, y de lo que algunas de las obras aparecerían publicadas sus fotos, me dispuse acompañar al periodista adonde fuera necesario. ¿Y qué pasó después? Nada. Tal y como nos tienen acostumbrados los sucesivos gobiernos, desde siempre. Y algo similar a lo que está ocurriendo ahora con los diferentes casos de corrupción e impunidad que han salido a flotar en la fétida atmósfera de la República, y más allá.

002 (3)  003

Para dar una idea de las denuncias de la revista RUMBO, a continuación aparece, escaneado, uno de los artículos tratado en una página de una de las tres revistas.

001 (Medium)

De esa Era heredamos las obras de restauración de varias casas coloniales, cuál de ellas peor una de otras. Entre las que vale la pena destacar las del Hotel Francés, en las que fue necesario deshacer casi todo lo qué se había hecho. Incluyendo la fachada, la distribución interior, la climatización, y la impermeabilización. Imposible de ver hoy debido al desplome de hace casi dos años. En cuanto a la ampliación del Hostal Nicolás de Ovando, de la que no se llegara hacer casi nada, fui testigo, conjuntamente con el Arq. Luis Lajara Solá, encargado del proyecto final por cuanta de la empresa Accor, de lo que se había hecho hasta la llegada al gobierno, en 1996, del Dr. Leonel Fernández, y mi regreso a la OPC.

A quien le interese ver un ejemplo de aquel desastre los invito a visitar la casa No. 161-B de la calle Isabel La Católica, ocupada por Monumento a la Resistencia, que actualmente es comparable a la casa del Conde Drácula.

ISABEL LA CATOLICA 161B (1) NO.1

ISABEL LA CATOLICA 161B (4) NO.2  ISABEL LA CATOLICA 161B (5) N0.3

Mientras unas cosas y otras se sucedían dediqué un buen tiempo a publicar una página semanal en uno de los principales diarios de la ciudad, en las que traté algunos temas relacionados con el patrimonio cultural de América, y por tratase de la cercanía del V Centenario del Descubrimiento, titulé “A PROPÓSITO DEL V CENTENARIO”, de las que llegaron a ser 136 páginas.

005 (5)

Pero no todo fue escribir, y joder. De cuando en cuando daba mis vueltas por el Mundo, muy particularmente New York, donde teníamos entonces nuestra familia, y España. Uno de esos viajes lo dediqué, exclusivamente, a la región de Extremadura, la que según Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, fue “La tierra en la que nacían los Dioses”. Mi intención fue conocer lo más que pudiera la figura del Gobernador Frey Nicolás de Ovando. Para lo que fue necesario tomarme más dos semanas recorriendo los lugares que la historia del primer gobernador de Indias menciona como las más importantes.

006

HPIM1468

En compañía de la Directora del monumental Conventual de San Benito, en Alcántara, frente a la tumba de Nicolás de Ovando.

En el Conventual de San Benito, en Alcántara, donde descasan los restos mortales de Ovando, tuve la dicha de conocer algunos de sus más fervientes admiradores, de los que pude adquirir algunas de sus obras. Obras que reflejan las diferencias entre lo que se ha escrito, a partir de Charlevoix (Siglo XVII), y han repetido nuestros  historiadores, y aparecen en los textos escolares dominicanos, y lo investigado desapasionadamente, con criterios actualizados, por esos autores.

Otra visita memorable fue a Garrovillas de Alconétar, ubicada en medio de una dehesa extremeña, donde se practica el culto a la Virgen de  La Alta Gracia, patrona de esos lugares, y desde donde, supuestamente, fuera traído a nuestro país.

GARROVILLAS

HPIM1500 (2)

Ermita de la Virgen de Alta Gracia en Garrovillas de Alconetar

DSC03954 (Medium)  HPIM1506

Retablo barroco en el que se encuentra la Virgen de Alta Gracia

Completado el periplo extremeño, y conocidos casi todos los lugares vinculados a Frey Nicolás de Ovando, nos despedimos, después de haber hecho sendas paradas en Mérida y Badajoz. En la primera fuimos gratamente impresionados con su riqueza romana, y en la segunda de la que heredaron de los moros, y se venera, igualmente, la Virgen de Altagaracia. Finalmente, de Badajoz nos dirigimos hacia Portugal. Pero ya esa continuación del viaje corresponde a otra cosa.

HPIM1527

Frente al teatro romano de la Augusta Mérida

HPIM1547

Estructura mozárabe actualizada con aplicaciones de cristales y elementos contemporáneos para uso moderno. 

UN LOGRO INCONMENSURABLE

Nota: En mi entrega anterior (MI RETIRADA – 1978) inserté, erróneamente, una foto de un monasterio que no es el que se encuentra reconstruido en North Miami. Este está compuesto,  únicamente, de un claustro, una capilla, y  sus anexos, de un monasterio español de Segovia, del Siglo XII. En cambio, inserté, igualmente, un link que contiene un video del correcto.

Al nosotros llegar a Miami, ciudad que ha llegado a ser llamada Puerta de las Américas, la presencia dominicana empezaba a hacerse sentir. No obstante, no existía un núcleo representativo de la misma. Fue entonces cuando decidimos crear la Cámara Dominico Americana de Comercio, Inc.

A su inauguración asistió un juez de la Corte del Estado de La Florida, quien leyó el acta fundacional, y tomó juramento a los miembros de la junta directiva. Igualmente, asistió el Alcalde de Miami, Mauricio Ferré, y otros. De Santo Domingo asistieron algunos funcionarios gubernamentales, entre los que se encontraba el Lic. Hatuey De Camps, Secretario de la Presidencia, y Carlos Despradel, nuestro Embajador en Washington. Igualmente, asistió el presidente de la Cámara de Comercio de Santo Domingo, y una nutrida delegación de empresarios y amigos dominicanos. Dos excelentes intérpretes de la música culta dominicana, el violinista Jacinto Gimbernard y el pianista Vicente Grisolía interpretaron los himnos dominicano y norteamericano, así como una selección musical durante el transcurso del acto.

  

Con el propósito de que la comunidad empresarial de La Florida tuviera la oportunidad de conocer y escuchar a diferentes representativos de la nuestra, actividad que debía haber estado desempeñando nuestro Consulado, decidimos poner en ejecución un programa consistente en almuerzos bimensuales, en  los que se presentarían personalidades del mundo empresarial dominicano. Y así fue como se llegaron a realizar varios de estos encuentros, para los cuales contratamos el gran salón ubicado en el penthouse del Hotel Everglades, de la concurrida Biscayne Boulevard de la ciudad de Miami.

Atendiendo a preocupantes comentarios que se producían en Miami de las universidades dominicanas, a las que acudían estudiantes de origen hispano residentes en La Florida, iniciamos los encuentros con el Doctor George Hazouri, Rector de la Universidad Iberoamericana de Santo Domingo (UNIBE) al que asistió una nutrida representación compuesta por rectores, profesores y estudiantes universitarios, especialistas en diabetes, integrantes de las diversas alcaldías del Condado de Miami-Dade, invitados especiales, y otros.

Continuando con los encuentros bimensuales presentamos al Ing. Hugo Bueno Pascal, Director de la posteriormente desaparecida Compañía Dominicana de Aviación (CDA), al legendario periodista, director del Listín Diario, Don Rafael Herrera, al Presidente del Banco Popular Dominicano, Alejandro Grullón, al Administrador de CORDE, al Presidente de la Asociación de Industrias, y al Embajador de EEUU en República Dominicana, Robert Anderson, y otros.

 

 

Una actividad que constituyó un resonante éxito fue la celebración de su primer aniversario, que se llevó a cabo en el trascurso de una cena bailable, en el recién inaugurado Hotel Pavillion. Contó con la presentación de la colección más reciente de nuestro Oscar de La Renta, que vino, expresamente, desde New York, la vocalista Rhina Ramírez, así como la Super Orquesta San José, bajo la dirección de Papa Molina. El Vicecanciller dominicano, Rudy Leyva Polanco, impuso a De La Renta una condecoración a nombre del gobierno dominicano.

  

  

Y continuando con las diversas presentaciones, vinieron de Santo Domingo el pianista Vicente Grisolía, el tenor Henry Ely, y la soprano Marianela Sánchez, quienes actuaron en una sala de conciertos de la Universidad de Miami.

Igualmente nos responsabilizamos con la presentación de una exposición de varios artistas dominicanos, organizada por el Banco Central de la República Dominicana, que tuvo efecto en el majestuoso Biltmore Hotel de Coral Gables.

 

  

Una actividad considerada fuera de serie fue el vernissage de la pintora y amiga dominicana María Aybar. La misma se llevó a cabo en nuestra residencia de Coral Gables, para la que fue necesaria el desmontaje de los cuadros de nuestra colección y el montaje de los de la artista. El acontecimiento social y cultural fue reseñado por el Miami Herald, dedicándole una página completa en su sección Galería.

No podía concluir esta lucubración sin referirme a la satisfacción que hube de sentir cuando el Miami Herald me dedico un artículo en sus páginas del 15 de junio de 1986, a propósito del décimo aniversario de El Herald en español.

PASAGES DE UNA VIDA PLENA DE SATISFACCIONES (IV)

Decidido a continuar por el camino que el destino me había deparado, y escogido por mí mismo, sin mirar pa´ tra´, ni pa´ coger impulso, la vida empezó a tratarme mejor. Por un lado la salud de mi hijo Manuel Emilio Jr. mejoraba, Palmas del Mar iba viento en popa, y la cruz que Dios había puesto sobre mis hombros se convirtió en la oportunidad que Él mismo me dio para que pudiera demostrar quién soy. Sobre todo, viviendo en un país en el que no se le permite a nadie empujar por sí solo. Y si te atreves, refuérzate con una coraza, y mandar pa´l carajo a tus adversarios. Sin importarte quienes  son, y cuantos tenga la pandilla.

A seguidas continuaré exponiendo, muy sucintamente, lo relacionado con una de las primeras obras que desarrollamos. Fuera del programa que nos habíamos trazado, y propuesto cumplir, fue necesario hacer un paréntesis, y ocuparnos de un proyecto emanado del propio Presidente Balaguer. Sucedió, que para complacer viejos amigos el gobierno adquirió la llamada Casa de Tostado. Y se le ocurrió restaurarla. Sin tener una idea del uso que se le daría se iniciaron los trabajos de restauración. Al poco tiempo de iniciados surgió la idea de instalar un museo dedicado a la familia dominicana del Siglo XIX. Y así fue como al poco tiempo el Presidente Balaguer dejó inaugurada la casa puesta en valor, y el museo.

Con la idea de un museo de objetos originales del Siglo XIX se rescataron infinidad de estos procedentes de la única época que quedaba algo en bastante buen estado de nuestro azaroso pasado más reciente. Evitándose la instalación de otro museo de copias intrascendentes, de períodos de los que no heredamos nada, que no fuera lo que se conservaba en las iglesias. Para complementar la colección que se adquirió, la señora Graciela Vda. Chotin donó una extraordinaria pieza de porcelana consistente en un ánfora antigua, proveniente de las casas famosas de Francia.

  

Transcurrían aquellos agitados días, cuando realizando un recorrido por la Ciudad Colonial, en compañía de Ricardo Alegría, Director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, al pasar por la calle Pellerano Alfau nos sorprendió ver que se estaba trabajando en una casa sin que los mismos hubieran sido registrados en la OPC. De inmediato nos dirigimos al periódico El Caribe, a corta distancia de allí, donde denuncié lo que fue calificado por el periódico de Restauraciones Clandestina. Resultando que la obra, dirigida por el Arq. Eugenio Pérez Montas, se la había conferido el Presidente Balaguer. No quise revolver el avispero, a sabiendas de que aquello se convertiría en una costumbre muy dominicana.

Al pasar el tiempo recibí una llamada del Encargado de Protocolo del gobierno, diciéndome que el Presidente me había ordenado organizar la inauguración de la que llamarían Casa de Diego Caballero. A lo que yo le contesté diciéndole, que me parecía que se estaba cometiendo un error. Que esa no había sido una obra de la OPC, y que por tanto se lo comunicara al presidente. Pero no valió de nada el pataleo. El acto de inauguración fue organizado como procedía, y en mi condición de Director tuve que pronunciar las palabras centrales.

A continuación proseguiré con lo que dejé pendiente la semana pasada, que se trata de una obra que teníamos en carpeta. El hostal del que le había mencionado hacía algún tiempo al Presidente, y a él le parecía muy atractivo. Una mañana me volvió a llamar el Ing. Martínez Brea para sugerirme que fuera a ver al Presidente. Tan pronto se presentó la oportunidad me dirigí a Palacio, y fui a verlo. Una vez con él me dijo que el señor Enrique Apolinar Henríquez le había hecho llegar un telegrama, que me entregó y conservo, en el que le decía que se oponía a que la casa del primer gobernador de Santo Domingo fuera convertida en un lugar de turistas trashumantes, y otros disparates más. El Presidente, quien había valorado al señor Henríquez en un millón de votos, me sugirió que lo invitara a la obra, en compañía de otras personas. Y así fue como le hice la invitación, conjuntamente con al Arq. José A. Caro y el Embajador de España y Sra. Resultando el encuentro tan exitoso, que despejó el camino para que fuera aprovado.

Carmen de Vals, Del Monte, Arq. José Antonio Cara, Don Quiquí, Aurelio Vals Embajador de España.

Pero antes de esa “simpática” experiencia con don Quiquí, como llamaban cariñosamente al personaje, se había presentado otra no menos inoportuna. En otra ocasión recibí otra llamada del Ing. Martínez Brea para comunicarme que al día siguiente traería al Presidente a mi oficina, y que estuviera preparado con lo del proyecto del hostal. Y así fue como a la mañana siguiente se apareció el Dr. Balaguer acompañado del Ing. Martínez, y otras personas de su escolta. Una vez en la oficina nos dirigimos hacia el segundo piso para pasar a la Plaza España, junto al Alcázar de Colón.

Ubicándonos frente al palacio virreinal le mostramos un “rendering” a colores de lo que sería el Hostal Nicolás de Ovando. Al concluir mi exposición el Presidente me dijo que empezara la obra. A lo que yo le contesté, que no lo podía hacer en esos precisos momentos debido a que los arquitectos de las obras de restauración de las Casas Reales tenían ocupadas las casas de Ovando como depósito de materiales de sus obras.

A seguidas el Presidente preguntó por el Arq. Pérez Montas, a quien había visto por ahí. De inmediato el arquitecto se puso frente a este, poniéndose a su disposición. El Dr. Balaguer, sin adelantar palabra alguna, le ordenó que desalojaran las edificaciones, que el arquitecto Del Monte iba a comenzar a trabajar en su proyecto lo antes posible. Al despedirnos el ingeniero Martínez Brea me pidió que fuera a verlo cuanto antes.

Culminada la primera etapa de aquella aventura sin haber sucumbido, y disponiendo de un decidido respaldo presidencial, que estaba dispuesto a que lo que estaba viendo, constantemente, continuara viento en popa, me dio confianza para continuar. Igualmente sucedía con una cantidad de ciudadanos dominicanos y extranjeros, que sorprendidos con lo que veían nos dieron su apoyo incondicionalmente. De ahí que decidiéramos trazarnos una nueva ruta, integrando a la OPC una pléyade de jóvenes arquitectos entre los que se encontraban, Roberto Prieto, Virgilio Dalmau, Chichí Ricart, José Ramón Prat (Pusiso), Pichi Vega, y otros. De la misma manera, reclutamos los obreros especializados que todavía quedaban disponibles de los que trabajaron con el arquitecto Javier Barroso en la restauración del Alcázar de Colón, y continuamos recibiendo la colaboración de historiadores, arqueólogos, y periodistas.

Así las cosas, continuamos con la ejecución de interesantes proyectos de restauración, como los de las casas de Ovando, y su conversión en hostal, la Casa del Cordón, la segunda etapa del Sector de la Atarazana, para convertirla en zona franca turística, las monumentales Atarazanas Reales y otras.

Al mismo tiempo surgía toda una serie de actividades, que ponían de relieve la obra que se estaba desarrollando. Tales como los aniversarios de la OPC, celebrados en los diferentes monumentos restaurados,  exposiciones de arte, conciertos y recitales, conferencias, recepciones y despedidas de personalidades, visitas importantes, etc., que colmaron el ambiente recién creado en la Ciudad Colonial de lo que parecía un nuevo resurgir.

  

Almuerzo de la Cámara Amercana de Comercio.

  

Conjuntamente con todo ello fuimos invitados a participar en conferencias internacionales llevadas a cabo de diferentes partes del Mundo. La primera de estas tuvo lugar en la ciudad de Quito, Ecuador, organizada por la Organización de los Estados Americanos (OEA) en la que se proclamaron La Normas de Quito. Al poco tiempo volvimos a Sur América para participar en la reunión interamericana relacionada con el Arte Sagrado Colonial, que se llevó a cabo en Bogotá, Colombia. Seguida de otro encuentro de especialistas en restauración celebrada en El Cuzco, Perú, y más adelante otro encuentro del Centro de Roma, celebrado en Venecia, Italia, en 1972, en el que fue ratificada la Carta de Venecia.

Los delegados a la Reunión de Quito reunidos con el presidente ecuatoriano.

 

En compañía de los arquitectos José Manuel González Valcárcel (Centro), de España, y Carlos Flores Marini, de México, en Bogotá, Colombia.

Una de las últimas reuniones a la que asistimos tuvo lugar en la ciudad de San Agustín, Florida, EEUU, en la que se produjo un choque de trenes, como consecuencia de las presentaciones de dos arquitectos dominicanos, Roberto Berges Febles y yo, en la que fueron leídas dos ponencias antagónicas sobre los trabajos que se realzaban en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Y en la que participaron otros especialistas que habían estado en Santo Domingo,  comprobando quien tenía razón de lo que allí se estaba diciendo.

Ni que decir de mis numerosos viajes a España. Siendo uno de estos una invitación especial del Gobierno español, en el que tuve la oportunidad de conocer varios lugares de la Madre Patria que fueron escogidos por mí. En Santiago de Compostela tuve la satisfacción de conocer bien la Catedral de Santiago Apóstol, y el Hostal de los Reyes Católicos, donde fui alojado. Y del que recibí la inspiración para llevar a cabo mi proyecto favorito: el Hostal de Nicolás de Ovando.

En Madrid conocí al Ministro de Información y Turismo, y al Director del Banco Hipotecario de España. Siendo el Señor Alfredo Sánchez Bella, incumbente de ambas posiciones, uno de mis mejores aliados en la Madre Patria. Y quien, en una ocasión pasó por Santo Domingo, vino a saludarme y recomendarme la empresa española Luz Internacional, Inc., propietaria del Hotel Luz Palacio en Madrid y otros más en España, para que dirigiera el Hostal Nicolás de Ovando, como de hecho sucedió.

Otro de mis viajes a España lo hice en compañía del señor Alejandro Grullón, presidente del Banco Popular Dominicano, con el propósito de comprar algunos objetos para ser utilizados en la restaurada Casa del Cordón. Viaje, que además, aprovechamos para ver algunos palacios antiguos rescatados y utilizados para instalar Cajas de Ahorro españolas. Aprovechando la ocasión para llevarle al presidente Balaguer unos folletos de estas, con el propósito de que pudiera comprobar lo que le había dicho para convencerlo de que autorizara ceder el palacio colonial al Banco Popular para hacer algo similar.

Hasta este punto he trazado una ruta mediante la cual me permití empezar con mi salida al exilio, mis ocupaciones en New York, y San Juan de Puerto Rico, mi regreso a la Patria, y mis avatares relacionados con el patrimonio cultural. Con la lucubración de la próxima semana concluiré la segunda etapa de publicaciones en mi Página Web: https://manueldelmonte.wordpress.com