TORRE DEL HOMENAJE VS FORTIFICACIONES

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Cuando analizamos el tema de las fortificaciones que los españoles construyeron en el Nuevo Mundo, tenemos que convenir en que las principales, en términos de su magnitud, son las de La Habana, Cartagena de Indias, y San Juan de Puerto Rico. Indudablemente, las tres ciudades caribeñas despertaron mayor atención en la corona española e interés por defender esas tres ciudades del asedio de los piratas y filibusteros, oriundos de los países que no supieron hacer otra cosa que robarle a los que hacían, colonizaban y, por  qué no decirlo, expoliaban mejor que nadie, por lo que estaban obligados a defender sus respectivos botines.

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Dadas las circunstancias que la primitiva preocupación de la corona española era proteger la carga y descarga de galeones en la bahía de las Ánimas (zona de la bahía interior más próxima a la ciudad, en las puertas de ella), en 1566 se inició la construcción de un pequeño y modesto fuerte en la isla de Manga, en principio nombrado San Felipe, pero conocido como El Boquerón (no confundir con la posterior fortaleza de San Felipe de Barajas, que se construiría en una colina). Este fuerte, de planta circular, parecía un torreón medieval, pero para ser el primero estaba muy bien situado para ejercer su función, que no era otra que proteger la bahía de las Ánimas.

Posteriormente El Boquerón sería ampliado. Fue construido por el ingeniero y gobernador Antón Dávalos de Luna. La fortificación protegía un paso estrecho con una cadena unida a troncos la cual se levantaba cada noche, impidiendo así el paso hacia la Bahía de las Ánimas.

No fue hasta 1585 cuando se toma muy en serio la fortificación de la ciudad, para la que hubo varios proyectos. Desde su fundación en 1533 hasta finales del siglo XVI, debido a su importancia geoestratégica y a su importante puerto natural, base de la Flota de Galeones, Cartagena de Indias se convirtió en preciado objeto de deseo de los enemigos de España y de los piratas. Sufrió los ataques del francés Roberto Baal en 1544,  de los franceses Martin Cote y Jean de Beautemps en 1559, y del inglés John Hawkins en 1568. Muy pronto, coincidiendo con los primeros estudios para la fortificación de la ciudad, se produciría un nuevo ataque, el del inglés Francis Drake en 1586.

El rey Felipe II envió como comisionados al general Juan de Tejada y al ingeniero Bautista Antonelli, con el encargo de estudiar la defensa de la ciudad y proyectar un sistema de fortificaciones que incluiría murallas, fosos y baluartes. Antonelli era un italiano al servicio del rey español. El apellido Antonelli es toda una saga de ingenieros, pues también sirvieron como tales, además de Bautista, su hermano y su hijo Juan.

Invito a quienes les interese conocer con detalles la historia de las fortificación de Cartagena acceder al siguiente link:

http://singladuras.jimdo.com/la-guerra-del-asiento/15-fortificaciones-de-cartagena-de-indias/

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Si como hemos visto Cartagena de Indias se constituyó en un baluarte de primera línea, La ciudad de La Habana no se quedó atrás.

Debido a la amenaza y el peligro constante de saqueos a la Habana por piratas y corsarios que abundaban en las aguas del Caribe, fue necesario iniciar la construcción de obras defensivas en la ciudad.

En 1540 fue construida La Fuerza (La Fuerza Vieja) la primera fortaleza cubana, que fue destruida quince años después por el pirata Jacques de Sores.
Sobre sus ruinas se inició la obra de la Real Fuerza que concluyo en 1577.
En 1589 arribaron al país los ingenieros militares Juan Bautista Antonelli y Cristóbal de Rodas enviados por la corona con el objetivo de comenzar un sistema de fortificaciones más efectivo para proteger los tesoros ultramarinos.

Así comenzó la construcción de la fortaleza de los Tres Reyes del Morro en la entrada del canal del puerto y frente a ella del otro lado, la fortaleza de San Salvador de la Punta. Las labores terminaron en 1630.
Estas dos fortificaciones junto al Castillo de la Fuerza formaron el primer triangulo defensivo  de la ciudad. Las tres aparecen representadas en el escudo de la ciudad.

En 1647 se creó una pequeña fortaleza en la Chorrera y en 1665 el Torreón de San Lázaro, ambos en las afueras de la ciudad.

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Una trilogía de grandes fortificaciones la completa la ciudad de San Juan, capital de Puerto Rico. Al igual que muchos otros puertos españoles en las Antillas, San Juan fue fortificada por razón de seguridad militar. Fue un punto de escala para las legendarias flotas españolas en sus viajes a las Américas. Las fortificaciones fueron construidas para proteger a Puerto Rico y la bahía de San Juan contra cualquier invasión que la convirtiera en una base del enemigo para invadir y atacar otros pueblos y naves españolas.

En 1595, el corsario inglés Francis Drake se abrió camino a la fuerza por la bahía de San Juan para apoderarse de un cargamento de oro y plata que se encontraba en La Fortaleza. Los artilleros de El Morro, bajo el mando del gobernador Pedro Suárez Coronel, hicieron blanco en la nave insignia de Drake, haciéndolo retroceder con grandes bajas. Tres años más tarde, George Clifford, conde de Cumberland, desembarcó para asediar El Morro y capturar al gobernador Antonio de Mosquera. Luego de una breve ocupación y una epidemia de disentería que segó la vida de 400 soldados ingleses, Cumberland abandonó sus planes de hacer de San Juan una base inglesa permanente en las Antillas. El nuevo gobernador, Alonso de Mercado, arribó a la isla con refuerzos para reparar las defensas.

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Entrando de lleno al motivo principal de mi elucubración, en que trato de introducirme al meollo de los sucesos que provocaron las fortificaciones caribeñas, en tres de las cuales los españoles invirtieran enormes recursos, y manteniéndose indiferentes con la que diera origen a todo lo que hicieran  posteriormente, y llegara a ser hija predilecta, y madre de todo lo que vino después  h asta llegar, finalmente, a convertirla en su cenicienta.

Fundada en 1502, convertida en esa misma ciudad descrita con elogios por personalidades civiles, militares y religiosas, como fuera el caso de las del obispo, el humanista italiano Alejandro Geraldini, que con elocuencia renacentista exclama: “De Santo Domingo, más particularmente hablando, digo que en cuanto a los edificios, ningún pueblo de España, tanto por tanto, aunque sea Barcelona, la cual yo he muy bien visto numerosas veces, le hace ventaja generalmente…”

Aclamada por todos llega a convertirse en la base desde donde los primeros y más grandes  conquistadores salieron en busca de nuevos territorios, fortuna, y grandeza, una sola fortaleza fue erigida para proteger la villa que Nicolás de Ovando trasladara a la orilla occidental del Ozama. Fortaleza a la que no se le constituyó más que su torre del homenaje. La que el férreo Comendador pensó al recordar las de Extremadura, su tierra natal.

Casi al mismo tiempo en el que se construía la torre y el polvorín, se empezó la construcción del primer tramo de muralla, bordeando el río Ozama, que recorría desde el Fuerte Invencible hasta el del Ángulo.    

La torre fue la estructura más resguardada de una fortificación o castillo, en la que el gobernador juraba defenderla y guardar fidelidad, y que también se usaba en los asedios como lugar de protección. Y la más alta y destacada del recinto. Solía estar situada en un lugar alejado de los ataques exteriores. Media entre 12 y 15 metros de altura, que podía variar según las características de la fortaleza o castillo, y tenía diversas funciones.

Tenía en su mente el Comendador, además de las torres del homenaje que vio por toda Extremadura, en el palacio construido por el capitán Diego Fernández de Cáceres y Ovando en 1478, padre de Nicolás de Ovando, con permiso expreso de los Reyes Católicos para levantar la altísima torre, conocida en la actualidad como torre de las Cigüeñas, realizada en estilo gótico, en mampostería, con algunos paramentos de sillería.

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Todas las torres de Cáceres fueron desmochadas por orden de los Reyes Católicos. Orden que fue dada en 1476 para evitar que ningún señor feudal se atreviera a desafiar a la Corona, amparándose en sus seguras murallas y sus altas torres. Sólo se perdonó, la del capitán Diego Fernández de Cáceres y Ovando, por su amistad y vasallaje a los Reyes.

Nicolás de Ovando nacido en Brozas, (Cáceres) en 1460 fue el hijo menor del capitán Diego Fernández de Cáceres y Ovando y de Isabel Flores, camarera mayor de la Reina Isabel la Católica.

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Lo que no debió haberle pasado par su mente al flamnte Gobernador fue el hecho de que no se encontraba en la España medieval, sino en una isla de la Mar Océana, donde los enfrentamientos no se llevarían a cabo en igualdad de condiciones, sino frente a aborígenes primitivos, desprovistos de armas similares a las de ellos, o invasores procedentes de otras naciones europeas, de las qué no existían antecedentes. De ahí, que con la primera de estas se comprobó su poca efectividad, y que no se repitiera otra torre del homenaje como esta. Siendo la santodominqueña la primera, y única, en erigirse en el Nuevo Mundo.

La experiencia invasora del corsario Drake, que penetra, toma, y destruye la Ciudad Primada, no le sirvió gran cosa a la corona española, que por siglo y medio se olvidó de su penosa existencia. Quedando la Torre del Homenaje de la Fortaleza Ozama como su única defensa, además de la muralla perimetral, que vino a completarse a finales del Siglo XVIII.

Estudiando algunas de las torres del homenaje, tanto de España, Portugal, Italia, y Francia, entre otras, es cuando termino entendiendo el verdadero propósito de estas edificaciones de origen medieval conocidas como torres del homenaje.

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No podía existir una de estas sin que existiera una fortificación o un castillo que la sustentara. De ahí es que yo he pensado en la que construyera Ovando entre 1502 y 1509, año en que partió de regreso a España, que ha permanecido como único ejemplar hasta el día de hoy. ¿Será que la partida del Comendador dejó inconclusa su obra? ¿Y que ningún otro gobernador quiso, o no pudo hacerlo?

¿Habrá  dejado Ovando ordenada su continuación? Y si esa hubiera sido su intención, ¿por qué no decidió cercar el área de lo que sería, finalmente, la gran fortaleza, o castillo? Lo que ya no se haya sabido, después de que historiadores extremeños se han dedicado a estudiar un personaje extremeño relevante entre los que salieron de Extremadura. Según Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, “La Tierra en la que nacían los Dioses” (1961).

Pero no solo este detalle denuncia el error cometido por Ovando al concebir la fortificación que defendería su ciudad, no de los aborígenes, sino de los que vendrían por mar. La ubicación del polvorín, alejado de la torre, ¿vendría a ser otro error en sentido defensivo?

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En esta fotografía de principios del Siglo XX es posible percatarse de la distancia entre el Polvorín y la Torre. Además deñ acantilado y su histórico contenido, antes de la construcción del puerto. Imaginemos como se veería el más importante recurso histórico militar sin la odiosa pared que lo oculta.

Otros elementos importantes, como la puerta de entrada al recinto, la plataforma baja de tiros, y otras pequeñas anexidades, fueron construidas tiempo después.

Concluyo esta modesta disquisición implorando a quienes conocen más que yo, o están en mejores condiciones de averiguarlas, si es que ya no lo han hecho, que procedan a dejar concluidas estas inquietudes. Y dejar todo claro, como corresponde a este singular monumento, único en América. Cuya conservación y protección, al igual que su utilización es digna de mejor suerte.

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EL MURO GRIS

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Vuelvo a tratar sobre algo de lo que considero más valioso del patrimonio histórico y monumental de nuestro país. Así como de los esfuerzos que he venido desplegando a favor de su rescate y puesta en valor. En esta oportunidad habré de referirme a un proyecto que hube de remitir al gobierno del Dr. Leonel  Fernández  en mi condición de Director de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental (1996-1998), sin que fuera tomado en consideración.

Traté en el mismo la eliminación de la odioso muro gris de concreto que, cual Muro de Berlín, separa una de nuestras principales riquezas monumentales de la avenida que la bordea por su costado oriental, conjuntamente con el rio Ozama. Ocultando el conjunto monumental compuesto por la Torre del Homenaje, única edificación de ese tipo, que se construyera en el Nuevo Mundo (1502), y el acantilado sobre el que se encuentra ubicada, además de un matorral, convertido a veces en basurero, y otras en conuco.

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Recuerdo haber visto los dos pilotes que remataban la Puerta de Carlos III a cada lado de la misma. Que aparecen en dos fotografías. Una de ellas bastante antigua, mientras la otra fue tomada durante la Revolución de 1965. 

Quien jamás tuvo la oportunidad de ingresar a ese recinto militar antes de que fuera abierto al público en el año 1961, no le era posible tener una idea de su contenido, además de la Torre que se podía ver desde fuera. Debo enfatizar, que además del acantilado, que originalmente estuvo acariciado por las aguas de la ría del Ozama, el histórico conjunto está limitado, además, por la calle Las Damas, la Casa de Bastidas, y el comienzo de la Avenida del Puerto. Y lo completan el portal de acceso, construido en 1787, durante el reinado de Carlos III, acompañado de la muralla que tiene a ambos lados, el Polvorín, el Fuerte de San Cristóbal, y las plataformas de tiro, con sus muros almenados y garitas, a los cuales se accede a través de una rampa que baja desde la base de la Torre.

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Todo ese extraordinario legado monumental permanece oculto, por el lado Oriental, desde 1934, por un muro gigantesco de concreto, levantado en época de la dictadura de Trujillo, conjuntamente con la construcción del Puerto de Santo Domingo, al que no todo mundo podía acceder. De ahí, que la mayoría del pueblo dominicano no llegara a conocer su existencia y, por ende, su enorme valía.

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Al ser reabierto el área portuaria y, posteriormente, construida la avenida cuyo ancho discurre entre este y el muro gris, se hizo más notoria su odiosa presencia, y el daño que ocasiona impidiendo que se pueda observar la riqueza que oculta, tan arbitrariamente.

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Arriba vemos la construcción del puerto de Santo Domingo. Y a la izquierda el acantilado, ya separado de las aguas del río. La foto es del Ing. Feliz Benítez Rexach, autor de las obras.

Tomando en consideración los argumentos antes expresados, la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, bajo mi dirección (2005-2006), con la eficiente colaboración del Arquitecto Luís Guzmán y el Ingeniero José Manuel Ramos, de la firma CRONOS, formuló un proyecto. Antes de enfrascarnos en su elaboración, y a sabiendas de la controversia que podría generar, hicimos un detallado inventario de todo lo que habría de ser intervenido. Con el mayor respeto a los disidentes, y para que los que se consideran neutrales puedan darse una más definida idea de lo que se trata,  expondré por separado los dos criterios.

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Así lucía la Fortaleza Ozama antes de los cambios ejecutados durante los primeros años del gobierno de Trujillo. De izquierda a derecha se encuentran (todavía) el Fuerte de San Cristóbal, la batería baja y sus garitas, la rampa que comunica los dos niveles, y la Torre del Homenaje. Todo ello sobre el acantilado que se ha mantenido intacto

 ¿POR QUE DEBE CONSERVARSE?

   1.- Algunos dicen que ya se ha convertido en parte de la memoria histórica de la ciudad de Santo Domingo. Y yo me pregunto: durante el período (1936-1961) ¿cuantas personas transitaban por  el puerto de Ciudad Trujillo, o el recinto de la fortaleza, que permanecían casi siempre cerrados al público. Siendo así ¿como es posible que se pueda convertir en memoria histórica algo que a penas algunas personas pudieron ver? Además, solo a partir de finales de la dictadura de Trujillo (1961) fue cuando se pudo entrar, libremente, tanto al recinto histórico, como al puerto, lográndose ver la pared desde sus dos lados. Lo que también fe posible a partir de la puesta en servicio de la Avenida del Puerto (1990).

2.- Con 75 años de existencia es considerado un valor agregado al patrimonio edificado de la ciudad capital. Y yo me pregunto: si el anexo al ábside de la Catedral Primada, el de las iglesias Las Mercedes, ex Convento Dominico, y Santa Bárbara, el de una buena parte del recinto frontal de la Fortaleza, para convertirlo en simple muralla, al igual que de un par de casas del siglo XVI, que se encontraban al lado del Panteón Nacional, y la singular glorieta, que engalanaba el área exterior a las Casas Reales, así como otras edificaciones más, que habían sido construidas con anterioridad al “muro gris”, ¿no pertenecían a la memoria histórica de la Ciudad Colonial con más razón que la pared?

3.- Con el costo de su demolición se podrían hacer muchas cosas, y más prioritarias. Y yo me pregunto: si con aquel derroche en la innecesaria “Plaza del Solazo” , agigantando la Plaza España,  demolición del edificio de correos, la pavimentación de calles con bloques de cemento, mal llamados adoquines, la liberación del Fuerte de La Concepción, y parte de la antigua muralla, la destrucción de la glorieta del Parque Independencia, y su encerramiento, y otros desaciertos más, ¿no se hubieran podido hacer muchas cosas?

4.- Evitar que se arrabalice el área, y que se convierta en un basurero, o que se pierda el bosque existente. Y yo me pregunto: ¿Y es que el muro, y el matorral (bosque), son tan valiosos como para sustituir lo que ambos ocultan? En cuanto a la conversión del área en basurero, o en nido de ratas y delincuentes, como el que existe ahora, esto se evitaría mediante la implementación de un proyecto integral, bien concebido, que incluya la creación de un espacio público, similar a los existentes en otras partes de mundo.

De lo que se trata es de eliminar la grotesca mampara, eliminar el matorral  y fomentar un paisaje, añadiendo áreas de esparcimiento, que complementen el conjunto monumental. Todo adecuadamente iluminado, y custodiado. Estoy convencido que lo que se podría hacer transformaría un lúgubre lugar abandonado, donde sí abundan la basura, las ratas, y otras alimañas humanas, en una de las atracciones más visitadas y admiradas de la Capital.

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¿POR QUE NO DEBE CONSERVARSE?

    1.- Según lo que han opinado algunos, la Fortaleza de Santo Domingo (1502) y el muro perimetral (1936) que la oculta están bailando “pegados”. Es decir, que una es indivisible del otro, no obstante los 434 años que los separan.

2.- Hay algunos que no entienden que la Fortaleza de Santo Domingo, y el recinto que la complementa, desde 1502, constituyen uno de los más valiosos conjuntos monumentales y, tal vez, uno de los recursos históricos más importantes de América. Siendo su Torre del Homenaje la única estructura medieval, de característica militar, que los colonizadores españoles erigieron en el Nuevo Mundo, y que como tal no puede haber ningún otro elemento que obstaculice su disfrute y contemplación desde cualquier punto de vista.

Por otra parte, y cambiando el tema, debo decir que a mí jamás me ha pasado por la mente querer devolverle a nuestra Ciudad Colonial el aspecto que tuvo en el Siglo XVI, brutalmente borrado, como lo han venido repitiendo, desde hace años, los que sustentan la idea de dejar las cosas como están. Y como continúan con sus tesis, los “doctores” en arquitectura que nos gastamos, que se la pasan trepando las “paredes” del Poder, a ver qué logran. De lo que se trata, según la visión que he venido proponiendo con obras, no con palabras, desde 1967 es, propagar la idea de que no sirve de nada tratar de rescatar y poner en valor el conjunto histórico compuesto por las primeras edificaciones que se construyeron en el Nuevo Mundo, a partir de 1502, si lo que se pretende proponer como nuestra principal atracción turística no pasa de ser más que un conjunto de nuestras monumentales iglesias y singulares estructuras, como la misma Fortaleza Ozama y el Alcázar de Colón, mal acompañadas por unas cuantas edificaciones del Siglo XX, sin valor arquitectónico, y de una cantidad de diferentes épocas, conformándonos con camuflarlas.

Para concluir con un tema que hubiera preferido no volver a tratar, me permito decirle a todos los que han opinado sobre el asunto y, por que no, a los que no se han atrevido a hacerlo, que continúen apoyando comisiones,  seminarios, y patronatos, que el anzuelo con el que nos hemos propuesto pescar turistas, no lo habremos de lograr de la manera que se ha estado enfocando. Sino haciendo las cosas bien hechas, sin tratar de crear parques temáticos, que no es lo que una mayoría de turistas andan buscando.

O decidimos hacer las cosas como Dios manda, o no sigamos perdiendo el tiempo, ni los exiguos recursos de que disponemos,  Incluyendo los más de treinta millones de dólares que nos han prestado.

No en balde los puertorriqueños, los cubanos y los colombianos, entre otros de nuestros vebinos caribeños, se han distinguido de nosotros los dominicanos en estos menesteres. Mientras ellos han hecho lo que han entendido deben hacer, sin necesidad de darle tantas vueltas al trompo, nosotros invertimos nuestro tiempo polemizando, pontificando, y “serruchando palos”, sin que hasta la fecha podamos ver los resultados positivos que tanto anhelamos.

A continuación he traído un artículo publicado por la revista HABITAT, de fecha Septiembre de 2005, sobre el proyecto que mencioné, y que desde esa fecha se ha quedado celosamente guardado, hasta que algún día un gobierno responsable, que piense tanto en turismo como en cultura, decida discutirlo, y de ser factible ponerlo en marcha.

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LA AVENIDA ESPAÑA

La Avenida España recibió ese nombre en el año 1921, cuando le fue cambiado el que tenía desde hacía tiempo: Avenida del Puente. Más adelante la vía empezó a cambiar con la llegada de una inmigración de españoles que huían de su patria por las condiciones en que había quedado después de la guerra civil (1936-1939). Esta nueva ola migratoria consistió en una buena cantidad de hombres de negocios acompañados de sus familiares. Igualmente, llegó otra compuesta por intelectuales, algunos de los cuales lograron ser colocados en posiciones gubernamentales, y de la Universidad de Santo Domingo, al igual que de artistas que se dedicaron a desarrollar sus respectivas  habilidades.

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El singular tramo de vía pública se encuentra en el recodo nororiental de la Ciudad Colonial, entre la Iglesia de Santa Bárbara y la cabecera occidental del desaparecido Puente Ulises Heureaux, de la barriada que lleva por nombre el de la Santa. Para su prolomgación fue necesario abrir un espacio a la antigua muralla comprendido entre el Fuerte de Santa Bárbara y el Fuerte del Ángulo.

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A partir de la década de los años cuarenta la nueva avenida acogió una diversidad de familias españolas, que residieron y/o trabajaron en la misma. Allí surgieron negocios de diversas índoles, que llegaron a convertir el sector en una especie de centro comercial. Para lo cual fueron construidas importantes edificaciones de hormigón armado, de una y dos plantas, algunas preparadas para continuar hacia arriba.

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El hecho de que se construyeran balcones sobre la segunda planta denota arrepentimiento de seguir para arriba. Y que no llegara a continuarse debido a situaciones negativas, algunas de ellas relacionadas con la actividad política.

Pero, tanta belleza no duró lo que se esperaba. La caída del régimen de Trujillo, los desórdenes que le siguieron, y la guerra del 65, provocaron  que se Produjera el traslado de familias y negocios a otras zonas de Santo Domingo, lo que conllevara, consecuentemente, al derrumbe económico del sector y, por supuesto, su arrabalización. De la otrora próspera Avenida España, que casi todo el mundo conoció, por el hecho de haber sido necesario atravesarla para cruzar al otro lado del río, mediante el puente con el que empalmaba. Lamentable situación que ha perdurado hasta nuestros días.

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Promesas tras promesas de cambiar tal situación, entre las cuales hubo proyectos del gobierno dominicano con la Agencia Española de Cooperación, quedaron sin efecto, al igual que otros que ni siquiera llegaron a entra dentro de los planes de ninguno de los gobiernos que se han sucedido, tanto nacional como municipal.

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En medio del sector, entre las calles Vicente Celestino Duarte y General Cabral, se encuentra el llamado Solar de la Piedra, que todvía luce más o menos así.

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Callejón que se encuentra entre la iglesia y edificaciones pertenecientes  al conjunto de la Avenida España

De todo esto algo que me ha llamado la atención ha sido la ausencia de algún ito que recuerde la actividad con la que la comunidad española rinda homenaje a la ciudad que les dio generoso alberge. Un porcentaje  de cuyas familias inició sus primeros pasos en la Avenida España, y algunas de las cuales han logrado escalar envidiables posiciones económicas y sociales.

Debo exonerar al otro grupo de exiliados españoles, compuesto por intelectuales y artistas, cuyo aporte a nuestro desarrollo cultural llegó a ser extraordinario. Pero, que lamentablemente decidiera en su mayoría recoger sus bártulos, y dirigirse a otros paises para continuar subsistiendo, y haciendo lo mismo que hicieron en el nuestro.

Para citar un solo ejemplo existe el caso del monumento a la “Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas”, popularmente conocido como Monumento de los españoles, donado por dicha colectividad  en 1910 con motivo del centenario de la Revolución de Mayo.

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Ya, casi a punto de publicar este artículo vino a mi memoria la existencia de un monumento dedicado al inmigrante, erigido or la Fundación Corripio en la intersección de las avenidas 27 de Febrero y Ortega y Gasset de la ciudad de Santo Domingo.

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Navegando por Internet me topé con una fotografía de un monumento similar al dominicano que fuera erigido en San Juan, Puerto Rico.

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LA POLÍTICA Y LA CULTURA

A un gobernante se le permite conducir la política cultural como cualquiera otra de las políticas. Pero, siempre y cuando la ejerza con mesura y disciplina.  Desprovista de politiquería. Aunque no todo está dicho, existen parámetros que un gobernante debe cumplir y hacer cumplir. Cuando, por el contrario este se aleja de dichas condiciones, y empieza a improvisar, es posible que sus caprichos no le salgan bien, y reciba un rechazo, o una lección apropiada. Lo que no ocurre en R.D.

Es el caso de la determinación que tomara el presidente Leonel Fernández de disponer de un espacio físico para instalar una embajada. Una misión diplomática de un organismo multinacional dedicado a la cultura, no de una nación. En este caso la UNESCO.

Pero resulta y viene a ser, que un organismo de carácter multinacional como este no cuenta en sus reglamentos con disposición alguna que contemple la creación de embajadas que lo representen en las naciones que lo integran. En cambio, esa representación ha estado a cargo de Comisiones Nacionales, como la que siempre ha existido en la República Dominicana, adscrita al Ministerio de Educación.

Al llegar a poder el Dr. Leonel Fernández dispuso que la edificación colonial que la OPC estaba restaurando para trasladar sus oficinas, fuera acondicionada para alojar a la UNESCO. No a la Comisión Nacional, sino a la embajada que estaba en la cabeza del presidente Fernández, no en los estatutos de la agencia internacional. Y eso lo sabía su Embajadora en el organismo.

A nuestro regreso, en septiembre de 1996, a la ahora Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, decidimos, en lo que poníamos en orden la casa y las cosas que encontramos, asumir la continuación de los trabajos de rescate y puesta en valor de la edificación marcada con el No.105 de la calle Luperón, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, proyecto que encontramos en pésima vía de ejecución.

No habíamos dado inicio a dichos trabajos cuando recibimos una comunicación del Dr. Leonel Fernández, de fecha 20 de diciembre del 1996, mediante la cual nos informaba su determinación de “instalar una dotación en la República Dominicana, que más que una Oficina Nacional quiere que sea un gran espacio de encuentro cultural para los dominicanos y caribeños”. Y para tan nobles propósitos de índole cultural y social se comprometía a proporcionar un alojamiento adecuado para desempeño de sus funciones.

Así fue como el director de la OPC tuvo que cumplir una orden mediante la cual se nos instruía a cambiar de rumbo, y preparar los espaciosos ambientes de la casona colonial para los fines requeridos por el jefe de estado. Teniendo que modificarse el proyecto original, no solo arquitectónicamente, sino presupuestariamente. Ya que sería necesario incluir equipos, y mobiliario, que no estaban previstos.

Para tales fines se invirtió una cuantiosa suma de pesos, que después de un par de años fue a parar a un depósito. Y la casona, después de haber dado vueltas como un trompo ha terminado en poder de sus antiguos propietarios, sin que se sepa cómo se llevó a cabo la negociación.

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Una de las propietarias en compañía de una hija, en espera de los molongos que invirtiera el Estado en la que ha resultado ser su propiedad.

Pero, no todo consistió en penas y lágrimas. Antes de la debacle el presidente Fernández y su comitiva, entre la que lamentablemente me encontraba yo, se produjo una regia inauguración a la que asistió nada menos que el Director General de la UNESCO, señor Federico Mayor Zaragoza, quien con su presencia avaló lo indisponible, dejando, formalmente, instalado un grave error político Y cultural, nunca antes aceptado por el organismo.

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Sé, que no dejará de haber quienes critiquen mi posición frente a este disparate de los políticos. Que a qué vienen estas disquisiciones a estas alturas de los tiempos, dirán los mediocres. Lo que es lo mismo que decir, veinte años después. A los que se metan en lo que nadie los ha llamado, que solo cumplen con intenciones politiqueras, propias de trepadores y vividores de los privilegios, cumplo con decirles, que no todos integramos la pandilla de mediocres sepultureros. Y que ya ha llegado la hora de desembuchar, sin temor ni favor, todo lo que sea necesario para acabar con la política de improvisación y corrupción , desarrolladas por cualquiera que llegue a Palacio, y empiece a dar órdenes descabelladas como la que, responsablemente, denuncio aquí.

Después del palo dao´, ni Leonel Fernández, ni quien lo metió en ese mal bound desde París, ni el señor Mayor Zaragoza, ni ninguno de los directores que lo han sucedido, ha dicho esta boca es mía. Los que sí la han debido abrir son mis compatriotas, sobre cuyas costillas ha recaído el despilfarre de cantidad de recursos económicos tirados por la borda.

Ah, y ahí está la casona, con un letrero en su pétrea fachada, a la espera de un comprador, que suelte no se sabe cuántos millones de pesos, de los invertidos por el gobierno en un alarde de irresponsabilidad.

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RELOJ DE SOL

En el año 1753, durante el gobierno de Francisco Rubio y Peñaranda, fue erigido el Reloj de Sol, frente a las Casas Reales en la ciudad de Santo Domingo.

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Durante el Ciclón de San Zenón perdió su esfera ecuatorial, pieza en bronce encargada de marcar las horas. Después de más de sesenta años el relojero Ernesto Levy tuvo a su cargo la restauración, y la confección de la semi esfera extraviada.

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El trabajo fue encomendado al señor Levy por quien escribe, entonces (1997) Director de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental (DNPM).

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Casi cincuenta años más tarde (1795) de haber sido construido el de Santo Domingo fue erigido otro reloj de sol en la villa de San Francisco de Bánica (Bánica), convertida en 1942  en Municipio de la Provincia San Rafael, hoy Provincia Elías Piña. Aunque este no tiene el mismo valor artístico, no ha tenido la misma suerte que el de Santo Domingo, ya que la pieza perdida no ha sido repuesta. Siendo reemplazada por una varilla de hierro.

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Un reloj similar, aunque de diferente diseño, fue erigido en la ciudad de Caracas, Venezuela, en el año 1802.