21. CASA DEL ABOGADO

A medio terminar el proyecto de la calle Vicente Celestino Duarte, mejor conocido como SEGUNDA ETAPA DEL SECTOR DE LA ATARAZANA, iniciamos el de la calle El Conde a esquina Isabel La Católica. Una casona colonial de dos plantas justo al lado del Palacio de Borgella, y frente al Parque Colón, que había atravesado por los mismos avatares que todas las demás edificaciones antiguas de la Ciudad Colonial. La idea original había sido continuar con el plan de los hostales, para lo que el gobierno había manifestado su apoyo, y disposición de expropiar las edificaciones envueltas, para lo que fue dictado un decreto. Para completar este proyecto era imprescindible anexarle las casas colindantes hasta llegar a la calle Las Damas, inclusive. Cuadra que daba grima verla como estaba, al igual que la de enfrente.

Creo llegado el momento para explicar el por qué de los hostales, precisamente cuando se comenzaba el programa de Patrimonio Cultural. Que se buscaba con ellos, y cuales fueron las edificaciones escogidas. Al comenzar dicho programa estaba todo por hacer, la Ciudad Colonial estaba convertida en un arrabal. Poca gente la visitaba, a no ser por tener que ir a uno de los bancos, o a una de las pocas tiendas que quedaban en condiciones, o solo por ver aquel desastre, que pocos dominicanos exigieron a los gobiernos post trujillistas frenar la destrucción, o hacer algo para rescatarla.

En tales condiciones no era mucho lo que se podía hacer. A nadie le apetecía volver a vivir en el centro histórico, y mucho menos si tenía que ponerse a rescatar una casa colonial, o un edificio de apartamentos medio abandonados. Ni ninguna empresa a instalarse, teniendo que correr el albur de todo lo inimaginable. Empezando con los servicios públicos, y el temor de una ciudadanía cansada de tener que vigilar por su cuenta su patrimonio, por menor que fuera.

Los hostales eran una de las pocas soluciones para empezar a hacer algo, sin necesidad de arriesgar demasiado. Particularmente, siendo el Estado el que daba los primeros pasos, invirtiendo, no gastando, en algo tan necesario como lo que se proponía al crear un programa, y una agencia rectora, que se dedicaría a salvar lo que permanecía abandonado. Se le devolvería al centro parte de su vida perdida, y se creaban puestos de trabajo en un área como el turismo, que empezaba a verse como un aporte al desarrollo, como una industria sin chimeneas, como fue bautizada. De ahí, que al Presidente Balaguer no le fue difícil comprenderlo.

Pero, el nuevo proyecto para un segundo hostal, al igual que los que le seguirían, se quedó en las intensiones, así como en los planos que se habían comenzado a elaborar. Conociendo al Dr. Balaguer como llegué a conocerlo, no me sorprendió su cambio de actitud. Las finanzas del gobierno no estaban en condiciones para invertir en proyectos que podían esperan. Era comprensible que para desarrollarlos había que expropiar las edificaciones, desalojarlas, y disponerse a hacer algo similar al Nicolás de Ovando. Aunque no tan ostentoso. Y al gobernante lo asediaban desde todo el país, requiriéndole obras apremiantes.

Conversando en una ocasión con el presidente, quedé complacido con sus explicaciones y, particularmente, con su idea de que la casa que habíamos empezado a intervenir le fuera entregada al Colegio de Abogados de la República Dominicana, con lo que a partir de entonces sería llamada la Casa del Abogado. En aquellos momentos presidida por el  Doctor Antinoe Fiallo.

La edificación en cuestión, que no daba la impresión de ser arquitectónicamente valiosa, no obstante su ubicación, resultó ser un valioso inmueble del Siglo XVI, lo que justificaba su restauración, dentro de los planes existentes de conservar el patrimonio histórico de la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Iniciados los trabajos salieron a relucir, después de ser despojada del camuflaje del Siglo XX, varios detalles interesantes propios de su época. Tales como el portal principal, confeccionado con sillares labrados, y una arcada doble en el interior, igualmente de columnas de piedra, y arcos de ladrillos, que da hacia el patio. Y que en nuestra última visita nos chocó las condiciones en que la mantienen.

Portal principal de la casa de piedra, y dos secundarios en ladrillo.

La arcada en planta baja en momentos en que comenzábamos los trabajos.

La arcada en primer piso tapiada y recubierta de madera. “Excelente”. Aunque arriba la han mantenido abiertas, el “simpático” bosque de bambú a penas las dejan ver. Es como si estos detalles los tuviéramos por montón, y uno más que otro se camuflara como en este caso.

Vista de la arcada desde dentro. Como se puede ver fue clausurada y mantenidas a la vista las columnas y los arcos. Lo que es lo mismo que se hizo en épocas oscuras de nuestro pasado, y devueltas a ejercer sus funciones cuando la restauramos. 

Algún tiempo después la situación económica del gobierno daba signos de mejoría, y aunque quedó sepultada la idea de los hostales, se decidió transformar el ambiente de esa cuadra completa de la calle El Conde, rescatándose, mal que bien, los dos lados de la misma. Del lado de la Casa del Abogado fueron intervenidas varias pequeñas edificaciones, además de la Casa de las Academias, y del otro lado, por igual. Siendo la participación del gobierno esta última, y la construcción de un adefesio de dos pisos, con reminiscencias exteriores de casas coloniales, en la esquina del Conde con Isabel La Católica, que fue designada a la Escuela Nacional de Bellas Artes.

En esta vista, tomada de este a oeste, se pueden notar los árboles de Gri-Gri recién plantados.

En cambio, en esta, tomada harán cuatro años, de oeste a este, ya los árboles han crecido. No quiero pensar como sera el bosquecillo cuando sean adultos.

Lamentablemente, el transcurrir de los años no ha sido positivo para la Casa del Abogado. Al parecer los miembros del colegio no se entendían, y su situación económica se fue deteriorando, hasta el punto de verse compelidos a dedicar una gran parte de la misma para instalar un restaurante. Perdiéndose de esta manera las condiciones que se esperan edificación de su categoría. No obstante, hace varios años los colegiados decidieron dar un paso adelante, y trasladaron su sede a nuevas instalaciones. Quedando una parte de la que fuera su privilegiada sede utilizada por la Fiscalía y Tribunal Disciplinario.

Con este proyecto, cuyo orden cronológico del proceso de desarrollo de las obras llevadas a cabo por la OPC, no le corresponde, doy por concluido este capítulo de difusión, esperando me hayan entendido y, más aún, leído con la agudeza necesaria casos como los que me vi envuelto durante casi doce años, tratando de servirle a mi patria de la mejor manera posible.

Finalmente, presento una imagen de la calle El Conde a esquina Las Damas, opuesta esta a la que ocupa la casa a la que me he referido, cuyo ambiente disiente del que pienso deberíamos tratar de conservar. La arboleda nunca existió, y aunque le da cierto encanto, entiendo que lo que nos hemos propuesto fomentar no es, precisamente, ese tipo, sino una vuelta al glorioso pasado en el que la Ciudad Primada llegó a convertirse en una continuación de las ciudades españolas de aquellos tiempos, específicamente, las extremeñas y andaluzas, sin intentar de crear un parque temático, ni nada por el estilo.

El tramo de la calle El Conde comprendido entre Las Damas e Isabel La Católica ha sido convertido en una especie de Gazcue. De continuar así tanto las monumentales, como las sencillas edificaciones de la Ciudad Colonial no se podrán apreciar como estas o demandan. Estoy seguro que muchos no estarán de acuerdo con migo. A lo que ya estoy cansado de decir, como se acostumbra en nuestro país, a mí que me importa. En primer plano a la derecha parte de las casas de Nicolás de Ovando, ocupadas por la Embajada de Francia y la Casa de Francia. 

 

 

 

 

20.- OTRAS DE LAS CASAS DE OVANDO

Aunque lo que comentaré a continuación debió haber sido publicado conjuntamente con el del Hostal Nicolás de Ovando (No.17), las tantas cosas en las que me he visto envuelto desde que inicié esta serie me han turbado, impidiéndome hacerlo entonces. No obstante, como “nunca es tarde…”, aquí va.

Se trata de dos casas ubicadas en la acera occidental de la calle Las Damas, opuesta a la del Hostal Nicolás de Ovando. Lo primero es que ambas casas fueron expropiadas por el gobierno y entregadas a la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) para ser restauradas, y anexarlas al hostal. Ambas se encontraban desocupadas, y en pésimo estado de conservación. Habían sido transformadas tanto interior como exteriormente. A la de un solo piso, le habían camuflado la fachada al estilo Art Nouveau, que al desprendérsele provocó que mis opositores dijeran que habíamos hecho desaparecer un magnífico ejemplar de ese estilo. A la otra la habían recubierto con pañete, colgado un balcón corrido de concreto y transformada, totalmente, al igual que a la mayoría de las casas antiguas de la Ciudad Colonial.

Lamento no haber encontrado una imagen más nítida, pero al menos da una idea de cómo estaban.

Al despojar ambas fachadas del camuflaje que las hacía parecer del Siglo XX, salió a la luz lo que verdaderamente eran. Dos ejemplares del Siglo XVI, de la misma época que todas las de esa primera arteria de la Ciudad Primada, desde la calle Padre Billini hacia el norte. La de dos pisos arrojó una fachada de piedra, en bastante buenas condiciones, similar a las vecinas de su lado izquierdo, y la otra de mampostería, similar a las dos que le quedaban del lado derecho, que fueron demolidas, irresponsablemente, por disposición de una comisión temporal. Las dos casas a las que me estoy refiriendo fueron restauradas y convertidas en anexidades del hostal. Siendo la primera aprovechada para vivienda de su Director (Administrador), en la segunda planta, y en un local comercial, en la primera. La otra fue igualmente restaurada y preparada para actividades diversas del establecimiento hotelero. El área que abarca ambos patios fue unificada y convertida en estacionamiento.

De derecha a izquierda, la casa que los perínclitos arquitectos opositores habían catalogado como de estilo Art Nouveau, haciendo galas de su portal compuesto por sillares. El amplio portón que le sigue corresponde al sacrificio que hubo que someter la misma casa para colocar la entrada del estacionamiento, que se construyó en lo que eran los dos patios de ambas casas. Le sigue la que sí nos dio una agradable sorpresa, completamente similar a las casas de la acera de enfrente, y a las vecinas del lado sur, que fueron restauradas por contratistas particulares, y facilitadas al gobierno de Francia. Todas ellas construidas de mampostería, con todas las jambas y dinteles de puertas y ventanas de sillares labrados.

En la acera de enfrente una prción de tres de las casas que ocupaba El Caribe, que originalmente eran de un solo piso, y totalmente de piedra. Hasta que se le agregaran un segundo piso, y empañetadas en su totalidad.

A la casa a la quenos estamos refiriendo, en primer plano, le siguen las dos que ocupan la Embajada de Francia, a las que sus restauradores decidieron mantenerle la porción superior (empañetada), que fuera agregada durante las graves modificaciones de que fueron objeto la casi totalidad de las edificaciones antiguas, con el propósito de darles más altura, e importantizarlas. Algo similar a lo ocurrido en las Casas Reales. Que en este caso se encuentra, aproximadamente, donde comienza la cornisa de ladrillo. Que es, precisamente, donde debió haber descansado la de piedra.

 

Fotografía antigua en la que se ven, a mano izquierda, pasando la esquina (Hoy calle El Conde) las dos casas que fueron unificadas, ocupadas por la Casa de Francia, en la que se puede apreciar la altura de la cornisa original, muy diferente a como llegó hasta nosotros, ocasionado por una modificación estructural en épocas pasadas. Para acometer esa barbaridad fueron eliminados los techos romanos, y vueltas a techar de concreto armado, después de haberle subido la altura.

He querido enfatizar este importante detalle para hacerle ver a los expertos en arquitectura española del período colonial, lo ocurrido en nuestra Ciudad Colonial, única de las ciudades del Nuevo Mundo que ofrece las mismas características arquitectónicas que las de la Península. Y que por razones especialísimas solo se dieron en la única ciudad original de los primeros cincuenta años del Siglo XVI en todo el continente Americano. Y que no se continuó debido a los cambios de estilo arquitectónico que se produjo en ciudades como La Habana considerada barroca. Y muy particularmente, por el hecho de no haberse producido los cambios sociales y económicos que tanto perjudicaron a la Primada. 

Continuando con la foto antigua, aprovecho la oportunidad para señalar las casas de la acera de enfrente (Hostal Nicolás de Ovando), en su condición original, de un solo piso, y de piedra.

La otra foto muestra una vista similar a la anterior, la que permite al observador entendido comprender lo que he estado diciendo desde hace tiempo, sin que me haya enterado de algún comentario.

 

Acera occidental de Las Damas en la que vemos, en primer plano, detrás del muro de piedra, perteneciente al Panteón Nacional, una triple arcada de proporciones gigantescas creada por los de la comisión de ornato cívico, después de demoler dos casas del Siglo XVI, para inventarse una plaza, que no es más que un paso, llamado María de Toledo. En la que los arquitectos se vieron forzados a conservar una doble arcada perteneciente a una de las dos casas, y ponerlas en medio de una alberca (depósito artificial de agua), algo que el arquitecto venezolano, Graciano Gasparini bautizara como “Monumento a la Irresponsabilidad”.

Aquí está la muestra.

A propósito de estas disquisiciones se me ocurre consultarle a quien conoció nuestra ciudad en los años previos a los cambios a que fue sometida. En la fotografía antigua que encontré mientas escribía esta, aparece lo que yo deduzco corresponde a la esquina de las calles Las Damas y Conde, muy posiblemente en la que ocupa actualmente la Casa de Francia, una estructura de altura considerable, que sobresale del perfil general, excluyendo, por supuesto, la Torre del Homenaje, la cúpula de la Compañía de Jesús, actualmente Panteón Nacional, y el mirador de la casa de Bastidas. 

¿Podría alguien saber, y explicar en qué consistía esa estructura? Y, en que lugar se encontraba.

 

ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OFICINA DE PATRIMONIO CULTURAL (OPC) 1967-1978

  1. SECTOR DE LA ATARAZANA – SEGUNDA ETAPA

 Esta maqueta, que abarca los sectores de la Atarazana, la Negreta, y Santa Bárbara, fue presentada en una de las cesiones de la Comisión de Desarrollo en el Palacio Nacional antes de comenzar el proyecto. Nunca supe que hicieron con ella los que me sucedieron al frente de la OP.C. En el extremo derecho se alcanza a ver la Iglesia de Santa Bárbara. 

Este área corresponde a la intersección de las calles Atarazana, Colón, y Vicente C. Duarte, en momentos en que trabajábamos en la restauración de las monumentales Atarazanas Reales, y la reconstrucción de la Puerta de la Atarazana.

Terminábamos los trabajos mencionados más arriba, cuando dimos inicio a otro proyecto similar al de la calle Atarazana, esta vez de las calles Vicente Celestino Duarte, desde la Isabel La Católica a la Colón, y parte de la Colón.

Constituyó este nuevo, y penúltimo proyecto del sector (El último no se llegó a comenzar por el cambio de gobierno), en la restauración de 12 casas del Siglo XVII y XVIII, y una del XX, demolición de cinco edificaciones modernas, sin ningún valor, adaptación del Solar de la Piedra para un estacionamiento, entrada a uno nuevo, entre las casas Nos. 9 y 11, que quedó en los planos, y terminación de la reconstrucción del tramo de muralla hasta llegar al Fuerte del Ángulo.

 

 

Foto extraida de la obra Los Monumentos Arquitectónicos de la Españaola.

Fototomada antes de iniciar los trabajos.

Estas tres edificaciones, la última de las cales estaba pegada de las Atarazanas fueron demolidas, y en su lugar, además del solar de Santa Ana, ocupado por un barrio, fue construido un estacionamiento.

Estacionamiento en construcción a cargo de la OISOE, en lugar del existente, adosado a las Atarazanas. “Chúpense ese cajuil”

A mano izquierda la última csas restaurada, corresponde a la calle Colón. A partir de ahí el lúgrube panorama tal cual lo dejamos en el 1978.

El propósito que nos animó a rescatar este conjunto de casas, totalmente diferentes una de otras, fue transformarlo en un centro comercial de tiendas de zona franca. Para ello se unieron por dentro y por los patios todas las casas, que quedaron interconectadas.

Mientras trabajábamos en la restauración de las casas, se demolían las otras edificaciones, que estaban en la acera sur, y se iniciaba la construcción del estacionamiento. Íbamos haciendo diligencias con la Asociación correspondiente, y seleccionado las tiendas que ocuparían el sector, algunas de las cuales se encontraban en la llamada Feria de La Paz, que aceptaron gustosas la idea de estar en la Ciudad Colonial, que soñábamos con convertirlo en el principal centro turístico del país, conjuntamente con los resorts playeros.

Como un detalle interesante estoy insertando fascimil de una carta que recibiera de la empresa Euro American Enterprises Corporation, a nombre del prestigioso modisto Pierre Cardin, a propósito del proyecto de Zona Franca del Sector de La Atarazana.

Finalizando los trabajos, y cerrando los acuerdos con los propietarios de las tiendas, se celebraron las elecciones generales, de las que resultó victorioso el Partido Revolucionario Dominicano. Ya casi terminado el proyecto, y estando las

Empresas seleccionadas en proceso de instalación de sus tiendas, me enteré por la prensa de mi destitución. Lo que, por supuesto, se interpuso para que permaneciera al frente de mis obligaciones, impidiéndome, incluso, participar en la inauguración. Que por cierto me agarró fuera del país.

Acabando de leer la noticia en el periódico dominical decidí suspender el viaje que tenía programado a Lima Perú, donde fui invitado a asistir a un seminario organizado por la OEA. De inmediato llamé al Dr. José Lacret a Miami, quien ocupaba la posición de director del departamento encargado del Patrimonio Cultural de la organización, cargo que se le había concedido por recomendación nuestra, para comentarle lo ocurrido. A lo que mi querido amigo Lacret me dijo, que yo no podía dejar de asistir como habíamos quedado. Que yo había sido invitado en mi condición de experto, y no de director de ninguna institución que dependía de las veleidades de los gobiernos latinoamericanos. Con esa apreciación de parte del responsable de organizar el encuentro me dispuse a pasar por la oficina que ocupaba desde hacías doce años con el propósito de recoger mis pertenencias, y despedirme del local, ya que como domingo que era no había nadie. Al salir, en compañía de mi hermana Teresa, quien había decidido ir con migo en sustitución de Urania, mi esposa, fueron tantas las cosas que me pasaron por la mente, que la única que recuerdo es lo dije a mis adentros: “esto se jodió”. Y así, lamentablemente, pienso que ha sido.

Poco tiempo duraron abiertas las tiendas después de inauguradas. Los robos diarios, la preocupación que embargaba a los propietarios, y el temor de los empleados en permanecer en un lugar en esas condiciones se produjo el cierre de los negocios, quedando el hermoso lugar totalmente abandonado.

A quien se le ocurra decir, que lo sucedido debió haber sido tomado en consideración antes de enfrascarnos en el proyecto, le diré, con la responsabilidad que me caracteriza, que lo que ocurrió fue debido a la irreponsabilidad del nuevo gobierno, al desentenderse, no solo de la continuación del proyecto que había sido aprobado, sino del programa de patrimonio cultural en sentido general. Lamentando que de su continuación dependía la construcción de otro estacionamiento en el Solar de la Piedra, que queda detrás de las tiendas, arrabal de peores condiciones que el desalojado del Solar de Santa Ana, en el que se construyó el estacionamiento, actualmente siendo modificado por otra de las monstruosidades a que nos tiene acostumbrado el presente gobierno, que lleva varios años en ejecución.

Y ahí tenemos el sector en sentido general. Fue como si aquel “esto se jodió” hubiera sido cumplido. Y no es para menos.

Cuando narré los trabajos del Sector de la Atarazana, primera etapa, No. 12 de esta serie, correspondiente a la calle Atarazana, no me fue posible incluir alguna fotografía de la inauguración. Al concluir con la segunda etapa pensé que sería conveniente incluir una ahora.

El Arq. Del Monte Urraca pronuncia unas palabras para dejar inaugurado el proyecto. El acto, fue precidido por el Presidente Balaguer. Aoarecen, además, el Vicepresidente, Goico Morales, el Dr. Victor Gómen Verges, Monseñor Polanco Brito. Aliro Paulino, y el Arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Octavio Antonio Beras, quien impartió la bendición.

 

 

 

ARTICULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC EN FECHAS 1967-1978

18.-  PUERTA DE LA ATARAZANA

 

Casi finalizando los trabajos de restauración de las Atarazanas Reales, ubicadas en el sector que lleva el mismo nombre, nos dispusimos a emprender una obra que, por el trabajo que conllevó hacerse, debe calificarse como reconstrucción. La puerta, una de las primeras en ser erigidas en la ciudad de Santo Domingo, sirvió de acceso a las mercaderías que llegaban de la Península para ser almacenadas en las Atarazanas Reales, o las que salían de las mismas para ser enviadas a Sevilla, o a  otros nuevos puertos del Nuevo Mundo. Por lo que esta debió haber sido una de las más transitadas en aquellos primeros tiempos de la Ciudad Primada.

Durante la intervención norteamericana de 1916 a 1922 la puerta fue demolida, al igual que todo el tramo de muralla que corría desde esta hasta el Fuerte del Ángulo, en el extremo norte de la ciudad en aquel entonces. Quedando, solo, los arranques de las mismas totalmente cubiertos. En el año 1955 el restaurador del Alcázar de Colón reconstruyó una pequeña porción de la muralla desde el palacio virreinal hasta una falsa puerta, igualmente construida en esos momentos, que fue demolida durante nuestra intervención de todo el sector.

Al tomar la decisión de reconstruir la puerta, al igual que el tramo de muralla que llegaba hasta el Fuerte del Angulo, y de ahí hasta el Fuerte de Santa Bárbara, se procedió a excavar todo ese tramo, de la que hubo que sacar centenares de camiones de relleno. Quedando al descubierto el arranque de las jambas de la puerta, parte del piso, y lo que quedó de la muralla.

Todo el trabajo de cantería fue posible gracias a los canteros que pudimos rescatar de los que quedaban procedentes de los tiempos de restauración del Alcázar. Quienes por falta de trabajo, después de 1978, tuvieron que dedicarse a otros oficios, o irse a vivir a otro país. Para que quedara, permanentemente, presente que la puerta no era la original, dejamos colocada una tarja de bronce, como se suele hacer cuando no se quiere engañar a nadie, como las figuras labradas en piedra española, colocadas en la fachada de la Catedral, en la Puerta de San Diego, y otros lugares.

Pero, resultó inutil, ya que la tarja que dejamos fue despegada años después por los irresponsables de dirigir el programa, y colocaron otra. Cometiendo dos herrores y atrevimientos a la vez. Violar la desición de quien fue el responsable de reconstruirla, y dejar aclarado el hecho; y de modicar la fecha de su construcción, que fue en el Siglo XVI, y no en el XVII, como dice la falsa tarja. Así jamás podremos entendernos. Ni los que estamos envueltos en esta vaina, ni en ninguna otra. Ya, anteriormente, habían hecho lo mismo con la tarja de la Casa de Ponce de León, en Higuey, y con el disparate que llamaran la Casa de la Unesco.

Lamentablemente, no guardamos ninguna imagen de la tarja que pusimos nostoros. 

En su reconstrucción tuvimos el cuidado de limpiar bien lo que quedaba, y comenzar a levantar ambas jambas siguiendo los vestigios de lo que quedó. Parte del suelo que fue encontrado estaba casi intacto, lo que nos permitió completarlo. En cuanto a la altura tomamos como referencia una fotografía bastante clara, siendo la misma muy similar a la Puerta de la Misericordia. Con centímetros más o menos quedó concluido el trabajo.

Del lado norte de la puerta apareció la base de una especie de aspillera, similar a la que encontramos junto a la de San Diego, que fue reconstruida. Y donde empezaba la escalera se encontraron los primeros escalones de ladrillo, lo que nos permitieron reconstruirla.

La Puerta de La Atarazana vista desde el exterior del recinto amurallado.

En esta gráfica se pueden observar la puerta y la aspillera, ambas reconstruidas, no restauradas, por la OPC, sobre cimientos origiales

En la descripción correspondiente a las Atarazana Reales, publicada el 25 de octubre de 2017, quedé corto al mostrar una sola fotografía de la construcción de la bóveda. Para dicha publicación no me fue posible encontrar las fotos que tenía guardadas. En momentos en que me estoy refiriendo a la Puerta de la Atarazana las encontré. Por su interés en conocer ese importante trabajo me he permitido agregarlo en este momento.

No puedo dejar de decir, que tanto el investigador alemán, Erwin Walter Palm como el arquitecto español, José Manuel González Valcárcel dieron su visto bueno a que se reconstruyera la bóveda. Era preferible que la tercera nave estuviera techada como fue el propósito original, y no cubierta con un techo romano, que desmeritaba y deslucía tan importante monumento, tanto exterior como interiormente.

 

 

 

 

 

 

ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC EN FECHAS 1967-1978

  1. HOSTAL NICOLÁS DE OVANDO

 

Cuando me preguntan cuál ha sido mi obra de restauración favorita, entre todas las que se realizaron durante mi conducción de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), en el transcurso del 1966 al 1978, y dos años más 1996 al 1998, además de una ñapa de algunos meses en el 2005, sin tener que pensarlo dos veces, mi respuesta siempre ha sido la de las casas de Nicolás de Ovando, y Francisco Dávila, y su adaptación para el Hostal Nicolás de Ovando.

Para estar convencido de esta aseveración he tenido en cuenta tratarse de la que fuera la residencia del primer gobernador de Indias, fundador de la ciudad de Santo Domingo (1502), propulsor de su trazado, y su residencia ejemplar por excelencia de las edificaciones de piedra con influencia extremeña, con detalles gótico isabelino, como el del portal de entrada y, finalmente, lo que logré componer para ser utilizado como un establecimiento hotelero, sin menoscabo de su condición de monumento histórico y arquitectónico.

60 pinturas como esta adornaban las habitaciones del Hostal, 50 de ellas desaparecidas durante la administración de la señora Verónica Sención, sin que hasta la fecha hayan aparecido. Aunque sabemos donde se encuentran algunas, que fueron adquiridas a quienes se las robaron. 

Durante me estadía de tres años en San Juan de Puerto Rico, donde residí de 1965 a 1967, solía visitar el Viejo San Juan, y dar vueltas por el Hotel El Convento, establecido en lo que fuera un convento de monjas, considerado un proyecto ejemplar de conservación, restauración, y adaptación, que me provocó hacer algo similar en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Teniendo la suerte de poder cumplir con ese sueño, y llevarlo a cabo tal cual lo tenía pensado. Después de haber estado en el Hostal de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela, y el de San Marcos en León.

Para que este sueño pudiera hacerse realidad tuve la satisfacción de llegar a fundar la que originalmente fue llamada Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y disponer del respaldo del presidente Balaguer, quien tuvo que ingeniarse un encuentro con migo para darme el visto bueno, y autorizarme su ejecución.

Como habrán de suponerse quienes me conocen bien, debo confesarles, que mi idea fue objeto de oposición de diversas índoles. Siendo una de las más importantes la proveniente de un señor al que el Dr. Balaguer guardaba cierto respeto, y quien le dirigió un telegrama al Presidente en el que le decía, entre otros argumentos, que “la conversión de las casas de la corte de María de Toledo para dedicarlas a un lugar de turistas trashumantes, desdecía de su historial de hispanista…”. Para resolver el dilema el Presidente le propuso al Ing. Bievenido  Martínez Brea (Bebecito), a la sazón director de la Oficina Supervisora de Obras del Estado, y uno de sus principales colaboradores, que organizara otra visita a Patrimonio, y le pidiera a su director que se preparara para ver qué se podía hacer con un asunto tan preocupante.

Así fue como una mañana llegaron el Presidente y el Ing. Martínez Brea a las puertas de la OPC, y después de saludar al personal, que los esperaba, subimos a la Plaza España y, justo delante del Alcázar de Colón nos dispusimos a dar las explicaciones correspondientes, y mostrarle un rendering a colores de los que sería el hostal. Convencido en apoyar mi propuesta me dijo, escuetamente, empiece. A lo que después de agradecerle su confianza le dije que no podía empezar por el hecho de que las casas que habrían de ser intervenidas para el hostal estaban ocupadas como depósito por los arquitectos que trabajaban en las Casas Reales. Y a seguidas el Dr. Balaguer expresó en forma de pregunta, que había visto al arquitecto Pérez Montas, que si todavía se encontraba por ahí. De inmediato el arquitecto se presentó frente al Presidente, poniéndose a sus órdenes. A lo que este le ordenó que desalojara las casas para que la OPC pudiera empezar los trabajos.

Y para salir del asunto con don Quiquí Henríquez me pidió que lo invitara a pasar por el lugar, y tratar de convencerlo. Y así fue como organicé un encuentro al que también invité al Embajador de España y Señora, al Arq. José Antonio Caro, y otras personas, obteniendo la aceptación del opositor y todos los demás.

Despejado el camino de problemas políticos y personales, iniciamos los trabajos en 1974, los que en un año estuvieron terminados. Convirtiéndose el Hostal Nicolás de Ovando en una atracción de primer orden para nacionales y extranjeros, y en un proyecto más de los que el Presidente Joaquín Balaguer dejó inaugurados, sintiéndose orgulloso de haberlos ordenado. Y motivos de su respaldo hacia mí persona, teniendo que salirle al frente a los argumentos de los que se me oponían.

Para tener una idea de lo que representó este reto, a demás de mostrar algunas fotos incluiré al final tres links conteniendo las explicaciones, que fueran publicadas en esta misma vía en el mes de junio del año 2016.

No obstante, me es imposible culminar esta lucubración sin dejar bien claro que el hostal que nosotros dejamos inaugurado en 1995 solo llegaba al extremo sur de la Casa de Nicolás de Ovando. Y fue, solamente, de 60 habitaciones. Con la esperanza de continuar según los planes, y los planos que  fueron concebidos en la OPC. Pero, por intransigencias del propietario del periódico El Caribe no fue posible, negándose, rotundamente, a tener que trasladar su empresa a otro lugar, por lo que hubo que esperar hasta que más adelante el señor Ornes se pusiera de acuerdo con el Presidente Balaguer para  poder continuar. Dándole seguimiento al proyecto original que se encontraba archivado en la OPC. Lo que sucedió tiempo después de haberme alejado de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y del programa, en sentido general.

 

En estas dos fotos se puede apreciar el final del hostal. En la primera, donde termina la casa pequeña de dos pisos, pintada de verde oscuro, y en la otra, donde termina la casa de Ovando, que es de piedra.

Lamentablemente la situación y los acontecimientos fueron muy diferentes a las anteriores. Durante la dirección del arquitecto Esteban Prieto, se emprendieron las obras, a cargo de su cuñado, el Ing. Ruedán, como si ni les interesara. Ejecutando detalles como los que muestro en las fotos siguientes.

  

En esta galería, que forma parte de la agregada segunda planta de la casa No. 11, que era de una sola planta, los “restauradores” construyeron dos columnas y dos pilastras en concreto de sección cuadrada.Tal “adefesio” debería ser modificado, aunque fuera labrándolas. 

Fachada de la casa No.11 a la que pertenece el “adefesio”, de la galería, antes de que levantaran una segunda planta, y empañetaran la fachada, que la habían dejado como fue originalmente, de piedra.

 

 

Finalmente, a mí regreso en 1996 a la institución que fundé veinte años antes me correspondió hacer que las cosas se hicieran como debían hacerse, y una mañana recibí una llamada del Secretario de Turismo en la que me comunicaba que la empresa francesa Accor manifestaba su intensión de hacerse cargo de los tres hoteles propiedad del Gobierno que se encuentran en la Ciudad Colonial.

HALELUYA, pensé yo al darle el visto bueno a la propuesta. Que resultó un acierto, tanto para las obras del conjunto monumental como para las del Hotel Francés, y el Comercial. Después de un período funesto, durante el cual el Hostal llegó a convertirse en un hotel de mala muerte, primero bajo la administración de CORPHOTELES, y más delante de la empresa DIMARGO, durante la cual se desapareció la casi totalidad de las obras de arte que se exhibían, al igual que un repostero con las armas de Santo Domingo.

Los trabajos que dirigió el Arq. Luis Lajara Solá fueron consensuados, en todos sus aspectos, con nosotros, hasta tal extremo que se puede decir que el Hostal Nicolás de Ovando es, con pequeñas excepciones, el producto de un sueño, que librando batallas, triunfalmente, a las que estamos acostumbrados, podemos decir que contamos con un conjunto monumental de primer orden, y un establecimiento hotelero exquisito instalado, precisamente, en uno de nuestros principales monumentos arquitectónicos e históricos, que nos hacen sentir orgulloso del deber cumplido. Actualmente se encuentra regenteado por la empresa HODELPA Hoteles, después de haberlo hecho la empresa francesa ACCOR.

A continuación los tres artículos publicados en el año 2016.

https://manueldelmonte.wordpress.com/2016/06/11/%E2%80%A2proceso-derestauracion-detalle-i/

https://manueldelmonte.wordpress.com/2016/06/18/proceso-de-restauracion-ii/

https://manueldelmonte.wordpress.com/2016/06/30/proceso-de-restauracion-iii/

Además de los dos regios actos de inauguración del hostal, un acontecimiento sin igual fue el almuerzo que el Presidente Balaguer ofreció a los Reyes de España, cuyo gran salón debería ser dedicado a los monarcas.

A sugerencia nuestra, el retrato de Frey Nicolás de Ovando, que fuera traído de España conjuntamente con otras obras de arte, de utilería y adornos, además de tres reposteros con las armas de Santo Domingo (perdido), de Carlos V, y de Nicolás de Ovando (ambos en posesión de la OPC), fue colocado en el vestíbulo del Hostal, con la presencia de los Embajadores de España y Francia. Además del gerente del Hstal, y del Arq. Del Monte Urraca.

Salón en el segundo piso de la casa, que hace las veces de corredor desde el cual se accede a muchas de las habitaciones.

Patio de la casa de los Dávila, que fuera objeto de una restauración casi imposible de acometer. Solo desiciones como estas son las que hacen al hombre crecer.

Reconocí desde el principio, que una piscina en el patio de la casa del Comendador Ovando era cometer un sacrilegio. Pero, después de haberla visto en extraordinarios palacios y castillos españoles engalanados con una, y lo necesario que era para poder atraer turistas al trópico caribeño, decidí cometerlo.

Vista desde el aire del conjunto monumental por la parte tracera. En primer plano el Fuerte Invencible y parte de la muralla. Seguido de la piscina, y de la Casa de Dávila con su torreón recostruido sobre bases, y otros elementos originales, fotografias antiguas, que hablan pr sí solas.

Vistas de la rivera occidental del rio Ozama en las que se puede observar el torreón sobre el extremo suroriental de la casa de Dávila, tal como fue interpretado al restaurarlo.