FALSO DE TODA FALSEDAD

A Desiree Domínguez Fiallo

Es una lástima, que tan interesante esfuerzo por esclarecer algo que, por lo absurdo, no se merece la atención que se le ha dado, incluya en él informaciones cargadas de falsedades, y que las mismas sean dichas por personas mayorcitas de edad, y de experiencia, y que de manera tan olímpica se atrevan a contribuir con una historia que habrá de ser narrada como si fuera una recopilación de cuentos de hadas, o de brujas.

Me refiero a las declaraciones que le hicieran los señores arquitectos Doy Gautier, y Eugenio Pérez Montas, al Sr. Clodomiro Moquete, y que usted ha compartido a través de este interesante medio social.

Todo lo que refieren estos señores en la entrevista, de principio a fin, no es más que un compendio de conclusiones, que no se corresponden con la verdad. Y que han repetido tantas veces, que podrían entrar en aquella fábula del Ministro de Propaganda  Nazi.

Falso, lo del proyecto Esso Standard Oil, que no fue más que un huevo que no empolló, lo de la OEA, cuyos representantes en Santo Domingo, no fueron otros, que los padrinos del proyecto Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) y su promotor, falso lo del proyecto Calle Atarazana, que de haber sido realizado como lo proyectaron ellos hubiera sido una imitación de una calle del Viejo San Juan, o lo de la Comisión de don Quiquí, las del Cardenal, y tantas otras falacias, que incluyen todo un tinglado de incompetentes, carentes de talento, trepadores, que se han mantenido a flote, a fuerza de “aquello”. Y mucho más.

Señorita Domínguez Fiallo, permítame felicitarla, muy encarecidamente, por su aporte a la causa “Ruinas de San Francisco”, y perdonarla por haber sido usted tomada, al igual que el entrevistador, de voceros de lo que nunca fue.

Estoy a su disposición para mostrarle como se desarrollaron los acontecimientos a partir de 1967, cuando el presidente Balaguer, y quien subscribe, no la Esso Standard Oil, dejaron iniciado el programa, que pasados unos doce años tan exitosos, ni la intervención de unos cuantos turpenes frustrados, han podido llegar a desvirtuar.

CREACION DE LA OPC

En la fotografía, tomada en junio de 1967 en el Palacio Nacional, aparecen, además del Presidente Balaguer, los más altos funcionarios del gobierno, relacionados con lo que se iba a tratar, y representantes de la OEA de aquel entonces, entre los cuales se encontraban el Dr. José Lacret, quien se convirtió en asistente del Dr. Guillermo De Zéndegui, Director Adjunto del Departamento de Asuntos Culturales del organismo regional, y el Dr. Orlando Cuervo, Embajador.

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FREY NICOLÁS DE OVANDO

Esta reseña, extraída de una publicación española, y pegada por mí en Facebook un día como hoy, de hace un año, nos muestra un Nicolás de Ovando completamente diferente al que los historiadores dominicanos, siguiendo las pautas del cronista frances P. Pierre Francois Xavier de Charlevoix, en su obra HISTOIRE DE L’ ISLE ESPAGNOLE OU DE S. DOMINGUE, París (1730), escrita particularmente sobre las memorias manuscritas del Padre Jean Bautista Le Pers, jesuita, misionero en Santo Domingo y sobre los documentos originales que se conservan en el Depósito de la Marina, nos han dicho. Creándose un sentimiento de rechazo, y condena, hacia la figura del Comendador, que no guardan relación con el comportamiento que mantuvo durante toda su vida.
Ha sido así, como una figura de primerísimo órden de nuestra historia, similar a la de tantos otros fundadores de ciudades en el Nuevo Mundo, quienes no se pueden comparar con Ovando, sigue siendo despreciado por la mayoría de los hijos de esta tierra, cuya existencia tiene mucho que ver con la obra de Nicolás de Ovando.
Es lo mismo que decir, que después de Cristóbal Colón, descubridor y conquistador de La Española, cuya gloria no la han podido manchar, al primer gobernador de Indias, fundador y constructor de la ciudad de Santo Domingo (1502), y fundador de una docena de villas en la Isla que gobernara durante siete años, y de otros atributos que han sido legados a los dominicanos, hay que condenarlo al ostracismo por supuestos hechos criminales, narrados con toda la mala leche, por quienes lo iniciaron, y continuaron narrándolo como un hecho cumplido.

Historia colonial española en las Indias: Frey Nicolás de Ovando

Historia de la conquista de América. Siglos XV y XVI. Gobernador. Reyes Católicos. La Española

FREY NICOLÁS DE OVANDO

(CÁCERES, 1460- SEVILLA,1511)

Nicolás de Ovando es uno de los personajes más relevantes de la historia colonial española en las Indias. Hombre de gran clarividencia que desarrolló su vida entre el servicio a la Orden de Alcántara y a la Corona. A lo largo de su vida desempeñó diversos cargos administrativos tanto al servicio de la Corona como de la Orden de Alcántara. Ocupó los puestos sucesivamente de Comendador de Lares y Comendador Mayor de la Orden de Alcántara, fue preceptor del príncipe don Juan hasta el fallecimiento de este último, y, finalmente, le cupo el honor de ser el primer gobernador de las Indias designado por los Reyes Católicos.

En relación al lugar y fecha de nacimiento debemos advertir que, tras la publicación hace pocos años de un estudio sobre la Casa de Ovando, se han aportado pruebas bastante fundadas sobre sus orígenes que refutan, o al menos cuestionan, la hipótesis tradicional. Así, pese a que Eugenio Escobar afirmó a principios de siglo, de acuerdo con el discurso pronunciado en 1892 por Cándido Ruiz Martínez, que constaba su cuna brocense lo cierto es que jamás han existido tales pruebas fehacientes. En cambio, todos los indicios apuntan a su nacimiento en la capital cacereña. Por ejemplo el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que no olvidemos que conoció personalmente al Comendador Mayor, afirmó que “fue natural de la ciudad (sic) de Cáceres en Extremadura y de allí era solariego caballero hijosdalgo”. Por tanto, podemos decir que Frey Nicolás de Ovando debió nacer en Cáceres en torno a 1460, siendo el segundo de los cinco hijos del capitán Diego de Cáceres.

El primer cargo relevante que desempeñó fue el de preceptor del príncipe don Juan, ocupación que le sirvió para ganarse la confianza de la Reina Isabel de Castilla. En 1487, año en que falleció su padre, poseía ya un considerable reconocimiento en Extremadura como gestor eficaz de la Orden de Alcántara. Por ese motivo los Reyes se fijaron en él para que, junto a otros nueve “gentiles hombres, experimentados y virtuosos y de buena sangre”, ejerciesen de educadores del Príncipe don Juan. Entre los elegidos figuraban personas de gran talla intelectual en la época como don Sancho de Castilla, don Pedro Núñez de Guzmán, Juan de Calatayud o Juan Velázquez de Cuéllar, señor de Villaraquerín y Contador Mayor de Castilla. A este cometido se dedicó de cuerpo y alma hasta poco antes de la desdichada muerte del Príncipe ocurrida, como es de sobra conocido, en Salamanca, el cuatro de octubre de 1497.

En los años sucesivos residió en su encomienda de Lares, sin embargo, la Reina nunca olvidó los servicios prestados. Precisamente, fue bajo los auspicios de Isabel la Católica, que desde 1494 controlaba la Orden de Alcántara, cuando fue ascendido a Comendador Mayor de la Orden.

Pero, sin duda, el momento más importante de su vida se produjo en 1501 con su nombramiento como gobernador de las Indias, a donde fue enviado por los Reyes Católicos para restablecer el orden y la autoridad real, tras el fracaso de la llamada “factoría colombina”. La Reina Católica necesitaba una persona de su total confianza a quien otorgar estos excepcionales poderes en una coyuntura política realmente difícil. Nadie mejor que un vástago del Capitán Diego de Cáceres que tan fielmente le había servido en los momentos más difíciles de su reinado.

En la situación de excepción que atravesaban las Indias en esos momentos los poderes dados a Ovando fueron igualmente excepcionales. Según Fernández de Oviedo estos amplios poderes se le otorgaron por dos causas: primero, por el desconocimiento que la Corona tenía de las Indias y que le impedía tomar decisiones desde Castilla. Y segundo, por la agitada situación política que se vivía en la colonia en los meses previos a su llegada. Por todo ello no nos extraña que el siempre agudo cronista Girolamo Benzoní afirmase que Ovando fue a las Indias “con la autoridad de virrey”, es decir, con el cargo de gobernador pero con un poder similar al que unas décadas después tendrán en las Indias los propios virreyes.

A nivel global el gobierno indiano de frey Nicolás de Ovando no pudo ser más satisfactorio pues supo consolidar un modelo de organización, centralizado en la isla Española, que sirvió de referente para toda la colonización española de Ultramar. No en vano fue durante su administración cuando se fundaron los primeros hospitales, se diseñó el primer urbanismo y se asentaron los fundamentos de un nuevo orden económico y social que, con muy pocas variantes, pasó luego a todo el continente americano. Además, como escribió Úrsula Lamb, a su llegada a la Española “la aventura colonial era un fracaso” y cuando retornó en 1509 “la empresa era un completo éxito”. En los ocho años que estuvo al frente de la gobernación de las Indias no sólo pacificó y colonizó la Española sino que expandió las exploraciones a otras islas del entorno.

Por tanto, el logro del Comendador Mayor fue doble: primero, porque despejó todas las dudas sobre la rentabilidad de los nuevos territorios incorporados a la Corona de Castilla. Y segundo, porque creó un sistema colonial en la Española que “mutatis mutandis” tuvo una vigencia de más de tres siglos en la América Colonial.

En 1509, llegó a la Española el segundo Almirante, Diego Colón, para sustituirlo al frente de la administración de la Española. En general la despedida fue lamentada por una mayoría de españoles. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo citaba el hecho con las siguientes palabras: “Se dijo muy público que le había pesado al Rey por le haber removido del cargo, porque acá le echaron luego (de) menos y le lloraban muchos. Y si no se muriera desde a poco tiempo después que de acá fue, se creía que el Rey le tornara a enviar a esta tierra…”.

El Comendador Mayor partió de Santo Domingo el 17 de septiembre de 1509 en una flota que iba a las órdenes de Hernando Colón. Casi dos meses después, y concretamente en noviembre de ese mismo año, arribó al puerto de Lisboa. Desde la capital lusa escribió al Rey a la par que emprendía el viaje hacia la Corte. Atrás dejaba una colonización próspera y una isla Española en pleno apogeo minero y, a decir de Chez Checo, “centro de la civilización europea en América”.

Una vez acabada su reunión en la Corte se dirigió a la sede de la encomienda Mayor de su Orden. No obstante, sus relaciones con el Rey no finalizaron aquí entre otras cosas porque la máxima dirección de la Orden la ostentaba la Corona.

Un tiempo después, concretamente el 26 de febrero de 1511, fue llamado por Fernando el Católico para que le acompañase en una expedición contra los bereberes del norte de África. La intención última era que la Orden Militar fundase un convento de la Orden en Bujía. La expedición no se llegó a realizar y el Rey aprovechó la estancia en Sevilla de varios miembros de la cúpula rectora de la Orden para celebrar Capítulo General. Éste se inició el 8 de mayo de 1511, y el día 29 del mismo mes y año moría durante tales actos el Comendador Mayor. Su cuerpo fue trasladó al Monasterio de San Benito de Alcántara donde inicialmente fue inhumado en una modesta sepultura. Unas décadas después se labraría en alabastro, por el escultor Pedro de Ibarra, el sepulcro en el que actualmente reposan sus restos.

BIBLIOGRAFÍA

ESCOBAR PRIETO, Eugenio: Hijos ilustres de la villa de Brozas. Cáceres, 1961. LAMB, úrsula: frey Nicolás de Ovando, gobernador de las Indias (1501-1509). Madrid, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1956, (reed. Santo Domingo, 1977). MAYORALGO Y LODO, José Miguel: La Casa de Ovando (Estudio Histórico-Genealógico). Cáceres, Real Academia de la Historia de Extremadura, 1991.MIRA CABALLOS, Esteban: Nicolás de Ovando y los orígenes del sistema colonial español. Santo Domingo, Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, 2000. RAMOS, Demetrio: “El gobierno del Comendador Ovando: el nuevo orden”, en Historia General de España y América, T. VII. Madrid, Editorial Rialp, 1982.

MACHACANDO SOBRE LO MISMO

En varias ocasiones me he referido a algo que no se debe hacer en términos de conservación y restauración de monumentos. Y una de esas afirmaciones tiene que ver con detalles decorativos que solían agregársele a las fachadas de monumentales estructuras.

Monumentales, en nuestro caso, por tratarse de las principales edificaciones que fueron erigidas en la Ciudad Primada, y en el Nuevo Mundo, que llegaron hasta nuestros días carentes de esos detalles. No por causas provocadas por la naturaleza, ni fortuitamente. En el caso que nos ocupa, se debieron a hechos vandálicos producidos por los invasores haitianos, cuando ocuparon nuestro país de 1822 a 1844.

La principal de las edificaciones cuyas fachadas sufrieron mutilaciones parciales, fue precisamente la de la Catedral Primada. Caso este al que me he referido en otras ocasiones. Otros de los monumentos a los que se les borraron detalles escultóricos son la Puerta de San Diego, y las Casas Reales.

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En esta oportunidad me referiré a la fachada de una casa particular. La que perteneció al Regidor Francisco Dávila, ubicada en la calle Las Damas que, conjuntamente con la casa de Ovando y otras, conforman el Hostal Nicolás de Ovando. Para que lo que deseo exponer en esta ocasión sea narrado por otra persona, transcribiré algunos párrafos de un artículo publicado en el periódico El Caribe, en fecha 7 de agosto de 1971, por la periodista María Ugarte.

“Escudo de los Dávila”

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 “La decoración nobiliaria que apareció sobre las dovelas del arco plano de una de las puertas mostraba vestigios de dos figuras quiméricas en posición rampante, con cuerpo y cola de león y alas y cabeza de águila. Sostenían el escudo de la familia, cuyos detalles habían desaparecido totalmente. Aunque el espacio donde se había tallado se hacía evidente sobre la dovela clave, como puede observarse en las fotografías.

En la nota 40 de la indicada obra de Alemar (Santo Domingo, Ciudad Trujillo) se describe el escudo de la familia en la siguiente forma…( continúa describiendo el escudo). Alemar acredita el dato al historiador Fray Cipriano de Utrera y agrega en la misma nota que una disposición del Presidente Boyer ordenó a los jefes militares de la parte española del Este hacer desaparecer de todos los edificios públicos y privados las armas de España y los escudos de familias nobles, para ser sustituidos por los de Haití, en 1830. (NE Lo que nunca llegó a suceder).”

Ahípodemos ver, la desgracia que para los dominicanos, y el mundo civilizado han causado los haitianos. L que quiere decir, que han sido ellos los racistas y discriminadres de la cultura, la religión, las costumbres, y todo los que pueda separar dos pueblos, aunque compartan una misma isla.

La periodista Ugarte continuó escribiendo:”En relación con este trabajo, el director de la Oficina de Patrimonio Cultural, arquitecto Manuel E. Del Monte, advirtió que el departamento a su cargo no fue consultado y calificó de improcedente la re-creación del escudo por estimar que se había ocultado en forma irreversible los restos originales.”

Como hemos visto, los restos de los elementos escultóricos que algún día adornaron las edificaciones coloniales deben ser objeto de un absoluto respeto. Son obras de arte, que cuando faltan no deben ser maquilladas ni reemplazadas. Y mucho menos si se trata de elementos cuya desaparición guarda íntima relación con hechos históricos. Como es el caso. Es, guardando las abismales diferencias, como si a alguien se le ocurriera reponerle los brazos a la Venus de Milo, o sus partes íntimas a la infinidad de estatuas griegas o remanas, que las perdieron con el paso del tiempo.

Por fortuna a ninguno de nuestros expertos en restauración se le ocurrió hacer lo mismo en el frontón de entrada a la edificación que albergara al Colegio de Gorjón, posteriormente, Universidad de Santiago de la Paz, hoy sede del Centro Cultural de España, que se encuentra en la calle Arzobispo Meriño a esquina Arzobispo Portes. Y el que visto a contra luz es posible admirar lo que quedara de los escudos que lo adornaron, hasta que llegaron los haitianos.

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Y a propósito de estos vestigios coloniales, solo respetaron el escudo que todavía adorna la entrada de la llamada Casa del Tapao, ubicada en la calle 19 de Marzo a esquina Padre Billini. Cuenta la leyenda, que a este no se atrevieron tocarlo, por el hecho de estar representado por una cruz. La que los haitianos respetan por formar parte de la religión vudú, que profesa la gran mayoría de estos.

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A propósito de lo que he descrito, presento una imagen de un escudo nobiliario que aparece en la portada del Monasterio de San Zoilo, en Carrión de los Condes, Palencia, España. Que por su parecido, aunque lejano, he querido poner de comparación con el que se encuentra en la que fuera la casa de Dávila, hoy parte del Hostal Nicolás de Ovando.16501724713_8f6035e904_k[1]

FOTOS QUE HABLAN POR SÍ SOLAS

Fíjense en el lado izquierdo de las fotos en blanco y negro, que corresponde al lado oeste del crucero de la nave del templo franciscano, y nótense lo que todavía quedaba de la bóveda que lo cubría.

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Ahora, fíjense en la foto a colores, y noten que ya no existe lo que quedaba de la bóveda.

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Lo faltante desapareció a consecuencia del terremoto de mediados del año 1971. Que no solo impactó esa parte de las ruinas.

Quien se dé una vuelta por las ruinas, y recorra el interior de la nave del templo, podrá ver, dentro de los escombros, organizadamente colocadas, algunas piedras labradas, que componían parte de la nervadura de la bóveda en cuestión, donde han permanecido por casi medio siglo, sin que se hiciera nada con ellas. Ni con la totalidad de las ruinas. Dando oportunidad a que extraños, tanto nacionales como extranjeros, se atrevan a meter las narices.

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Esta pérdida, al igual que tantas otras, fue consecuencia de la indiferencia que hemos hablado tanto, de las autoridades, y del pueblo dominicano, que habiendo tenido oportunidades de hacer algo, prefirieron darle las espaldas, y ocuparse de otras tareas mucho menos trascendentes. De lo que solo se percibe un “¿Y qué?”

Sé que esto no tiene que ver con el affaire suscitado por el proyecto del Arq. Moneo y compartes, pero lo he traído a colación, a propósito. Para que los que nunca se han dignado darse una vuelta por allí, que son la mayoría de nuestros compatriotas, se puedan ir dando una idea de lo que envuelve el trágico asunto. Independientemente de lo que finalmente suceda.

ALGUNAS DE CAL, Y LA MAYORÍA DE ARENA

A propósito de la gravísima situación por la que los dominicanos estamos atravesando en relación con los que comparten nuestra isla, que a juzgar por los últimos acontecimientos nadie sabe adonde irá a parar, me he permitido mostrar lo que las “paupérrimas” autoridades haitianas han estado haciendo con sus reliquias históricas. Muy diferente al estado caótico y arrabalesco en que mantienen su país. ¿En que quedamos?

El Parque Nacional Histórico situado en Milot, en el norte de Haití, comprende las ruinas del Palacio de Sans Souci, la Fortaleza Laferrière, y los edificios de Ramiers. Fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1982 con la denominación de Parque Nacional Histórico: Ciudadela, Sans Souci, Ramiers.

El Palacio de Sans Souci, construido entre 1803 y 1807 para rivalizar con Versalles, es obra de Henri Christophe, héroe de la guerra de independencia.

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El expresidente Clinton visitando el palacio de Sans Soucí

La Ciudadela Laferrière, situada a 900 m de altitud, fue construida por Christophe tras la independencia (1804) para defender la parte norte de la isla ante un posible regreso de los franceses. 20.000 personas participaron, durante 14 años, en su construcción. La ciudadela fue parcialmente destruida por el terremoto de 1842.

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Los Edificios de Ramiers situados en Milot, en el norte de Haití, fueron construidos por Henri Christophe, autoproclamado rey Enrique I de Haití. Dichos edificios representan uno de los símbolos nacionales de la libertad, siendo los primeros construidos por los esclavos negros que habían reconquistado su libertad.

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A PROPÓSITO DE LOS DESPROPÓSITOS DE UNESCO

Excúlpenme, por un momento, al tratar un tema con tintes políticos, aunque no deja de ser, igualmente, cultural. Se trata de un affaire en el que está envuelta la UNESCO (sigla en inglés de United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization “Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura”). Y como la misma se ha referido a una isla del Caribe, que según su Secretario general, “Cuando hay una isla no deberían haber dos países”, decidí sacar del saco de los desechos el tema, que a quien le interese podrá enterarse de otro de los entuertos en que se mete este organismo multinacional. Desde intervenir naciones de las que forma parte, hasta querer decidir el destino de una de ellas, metió la otra pata, asumiendo la co responsabilidad de un disparate surgido de la prolífera mente del Dr. Leonel Fernández Reina.

Como podrán enterarse, si es que no lo han hecho, del affaire en cuestión, la mesiánica idea de cederle a la UNESCO una edificación colonial para instalar en ella las oficinas de una representación oficial del organismo en República Dominicana, hecho que no está contemplado en sus principios organizativos, que no sea la Comisión Nacional de la UBESCO, que ha existido siempre, para lo cual fue seleccionada una casa colonial que se encontraba en proceso de rescate, por cuenta del gobierno dominicano.

El gobierno del presidente Fernández, ordenada la continuación de los trabajos, iniciados en el gobierno anterior, y no bien reiniciados (septiembre de 1996), concibió la idea, de que la misma fuera aprovechada para iniciar su campaña internacional, nada menos que utilizando la UNESCO. Contando con su representante ante el organismo, en París, Francia, diseñaron el paquete, para el cual la señora Laura Faxas asumió el mando del proyecto, comunicándose con migo, entonces director de la OPC, y presentándome al que fuera designado flamante “Embajador”, el etíope Solomón Hailu, quien estaba casado con dominicana, y estaba a la espera de su jubilación.

¿Van entendiendo?

Pues bien, fue así, como “la estrategia publicitaria del equipo de Leonel Fernández” (copio de Andrés L. Mateo), logró obtener otro de sus acostumbrados propósitos, de “hacer creer”, y crear los postulados para meterse en un puño a toda la comunidad nacional, y hasta la internacional.

A la historia narrada en el enlace anexo, le falta uno que otro capítulo, como los que me permitiré narrar, a propósito de los despropósitos de UNESCO, y su participación en el otros affaires. El de las Ruinas de San Francisco.

Si el internacionalmente afamado organismo, fue capaz de dejarse meter gato por liebre, apoyando un fallido sueño de gloria, asistiendo, en dos ocasiones, a bendecir y confirmarlo, nada menos que en las personas de dos de sus directores generales, y callar cuanto ha debido saber, después de concluido el affaire, y no ha dicho esta boca es mía, para denunciar los atropellos a que ha sido sometida una de sus “favoritas”, pienso que no habrá de hacer nada, a propósito del desplome del Hotel Francés, y de los caprichos de Moneo y el Ministro aquel.

https://buenalectura.wordpress.com/2015/01/23/unesco-ayer-y-hoy/

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

Hasta que se produjo el desplome de la mitad de la edificación ocupada por el exquisito Hotel Francés, y el affaire suscitado a raíz del desvelamiento del proyecto de embalsamamiento de las Ruinas del Monasterio de San Francisco, los dominicanos de todos los niveles no se habían manifestado tan efusivamente, como lo han estado, finalmente, haciendo.

Gracias a estas dos desgracias se ha cumplido mi vaticinio de que solo por la expresa voluntad del hasta ahora indiferente pueblo dominicano, se podría lograr, lo que está a punto de lograrse. Respeto y amor verdaderos por nuestro legado histórico. Que es y será lo único que pueda salvarlo de su destrucción, y camuflaje. Causado por los políticos de turno, y los geniales arquitectos dominicanos.

Hemos notado, que no hay día en que ambos temas, mayoritariamente el segundo, no ocupen las páginas de los periódicos, o las redes del Internet, tratando, desconsoladamente, lo que ha venido sucediendo en nuestra Ciudad Colonial. Lo que, final y afortunadamente, parece haber prendido en la consciencia nacional, hasta el extremo de que el gobierno llegara a endeudarse, en divisas extranjeras, para dedicar dichos fondos a proyectos relacionados con nuestro patrimonio cultural. ¡Albricias¡

Lástima, que esta preocupación no haya sido correctamente canalizada. Las dos desgracias producidas, o a punto de producirse una de ellas, no son otra cosa que la errónea disposición del actual gobierno, no solo por encomendar lo había decidido hacer a agencias oficiales ajenas al quehacer del tema, sino por haber suplantado la que fuera creada por disposiciones legales, con fines específicos, hace casi cincuenta años, por otras decididamente incompetentes para ello.

Es de esperar, que nuevos gobernantes así lo entiendan, y valiéndose de una voluntad política que se ha extinguido, se le ponga orden al desorden, y se escoja, aunque sea necesario utilizar la lámpara de Diógenes, a los responsables de conducir la agencia existente, que todos saben a la que me refiero. Y que se les devuelva la autoridad que tuvo en un tiempo, cuando se hizo lo que se podía. Y, por demás, bien hecho.

Pa´lante pueblo dominicano. Pa´tras, ni pa´ coger impulso. Ta´ bueno ya.

UN COSTE TODAVÍA DESCONOCIDO

En los últimos días he estado leyendo en casi todos los medios a mi alcance, como un proyecto de intervención en las Ruinas del Monasterio de San Francisco, ganador de un concurso “público”, ha sido rebatido casi totalmente, llegando a compararlo con otros más o menos de índoles similares, productos, igualmente, de la imaginación del arquitecto español Rafael Moneo.

De un tema que ha llegado a sobrepasar los límites de la atención nacional, relacionado con el patrimonio cultural, nadie, que yo sepa, se ha referido a algo tan importante como es el coste del proyecto. Desde las barriadas más intrascendentes hasta las más encopetadas, tanto del mundillo económico y social de las mismas, como de instituciones oficiales y particulares, algunas de las cuales jamás se han preocupado por el mismo, y faltando solo las de las más altas jerarquías, tales como las de índole gubernamental y eclesial, los dólares que habrían de ser invertidos han dejado de ser parte de la torta.

Como consecuencia de la simpática ocurrencia proveniente del Ministerio de Turismo dominicano, y sus capaces asesores, nos hemos enterado de la crítica desfavorable que han suscitado algunos proyectos del mismo arquitecto. Teles como el construido en la Plaza de Santa Teresa, en la ciudad de Ávila, o el de la Embajada de España en Washington, D. C. O no tan desfavorable, como las del Museo de Arte Romano de Mérida, o el Cubo de Moneo, del Museo del Prado, en Madrid.

De la misma manera, los que hemos estado dándole seguimiento a la simpática ocurrencia ministerial, nos hemos enterado, de que al afamado arquitecto lo han comparado con una vaca sagrada. Y como tal, nos preguntamos, a cuanto es que haciende el valor de sus deposiciones. Muy particularmente de la que está por evacuar en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Aunque el costo de la misma no sea nada del otro mundo, no estaría demás saberlo. De igual manera sería necesario se rindiera un informe del balance de los US$35 millones obtenidos del préstamo del BID. De este existir, solicitamos muy encarecidamente nos hagan saber lo que hacer para obtenerlo. Basta ya de manipulaciones.

ADENDUM A MI ARTICULO ANTERIOR

Causado por un lamentable extravío, se quedó colgada en mi lista de fotografías escogidas para el artículo DESPLOME DE UNA EXTRUCTURA DEL SIGLO XVI, que cuelgo ahora en mi pagína web.

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Equipo como este fue el que pasó rozando la esquina del Hotel Francés.