LOLA MORA

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Debo admitir que mis viajes a Buenos Aires me han proporcionado interesantes momentos. Y, sobre todo, han contribuido a mi enriquecimiento cultural. Y no tan solo en términos arquitectónicos, como ya lo he manifestado en varios de mis anteriores artículos. Mis encuentros virtuales con argentinos que se destacaron a finales del siglo XIX, y principios del XX, algunos de la talla de Victoria Ocampo, personaje de leyenda, como dije en mi relato sobre esta excepcional dama, me dieron la oportunidad de conocer muchos talentos que desconocía. Por otra parte, mis andanzas por la porteña ciudad me permitieron ver muchas joyas de arte, entre las cuales se encuentra la Fuente de las Nereidas, erróneamente ubicada en la Costanera, paseo junto al Rio de la Plata, que hace las veces de nuestro Malecón. Y así, sucesivamente.

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Instalación original, y la actual de la Fuente de Las Nereidas

No puedo dejar de mencionar a mi compatriota Pedro Henríquez Ureña, quien se robó la ciudad de La Plata, en la misma época que lo hicieron otros grandes inmortales de la cultura, como Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges, quienes se escribían: “Personalmente le debo mucho a Victoria Ocampo, pero le debo mucho más como argentino”, y “Poseyó, en grado sumo, ‘la gracia que no quiso darme el cielo’, el don de la confidencia siempre íntima y nunca indiscreta, que es el atractivo esencial de sus Testimonios”, y ella contestaba diciéndole en esos mismos Testimonios: “A Borges le llevo una ventaja: lo conozco. La recíproca es improbable. Lo admiro. La recíproca es impensable.”

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Victoria Ocampo y José Luis Borges jóvenes

800px-Sur_equipment[1]     Ocampo y Borges junto a un grupo de intelectuales amigos
En esta oportunidad me referiré a otro personaje argentino que, al igual que la Victoria de Borges, alcanzó la fama con su talento, no obstante haber padecido su condición de mujer, en una época equivocada para ella. Se trata de Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández, o Dolores Mora Vega, más conocida como Lola Mora.
Nacida en El Tala, provincia de Salta, Argentina, el 17 de noviembre de 1866, fue la más importante escultora argentina de todos los tiempos, aunque relativamente poco reconocida en su propia patria.

Nereidas_Lola_Mora_en_pantalones[1]       Lola Mora en su taller de Roma

Ser mujer, a mediados del siglo XIX, y oriunda de una remota región del norte de la Argentina, no se ajustaban a las condiciones ideales para desarrollar ciertas actividades. Y el arte pictórico y escultórico pertenecía, precisamente, a esas actividades. Solo la personalidad, el talento, y la preparación de Lola Mora, combinados con su arrojo, y su destino, pudieron permitirle salir airosa, y pasar, aunque por debajo de la puerta, a la gloria.

Otro personaje, igualmente mujer, y de la misma época, logró triunfar dentro de esa misma carrera. Se trata de Camile Claudel, francesa, que además de escultora fue competidora y amante de Auguste Rodin.

Camille_Claudel_atelier[1]      Camile Claudel en su taller en París

Tratando de encontrar más referencias de Lola Mora, que me confirmaran su importancia como escultora, encontré una página de FORO X ERBAR.COM, en la que aparece entre las escultoras más famosas, acompañada de las francesas Camile Claudel y Louise Bourgeois, y la surafricana Jennifer Maestre.

Como podemos ver, no son muchas las féminas que se han destacado como escultoras excepcionales, a nivel mundial. Pero, la escultura no fue tan solo la única actividad creativa en que Lola Mora se destacó. Esta genial salteña se destacó como pionera de la Minería Nacional, Inventora, Investigadora y urbanista. Escritora y precursora de la cinematografía y la TV. Como artista fue laureada con tres premios mundiales en Francia, Australia y Rusia.

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Su obra cumbre fue la Fuente de las Nereidas. Se trata de una de las obras más relevantes de la escultora, quien la realizó por encargo del intendente de la ciudad de Buenos Aires, Adolfo J. Bullrich. Éste pasó por alto la aprobación del Concejo Deliberante, lo que en su momento fue motivo de críticas.
La fuente iba a ser emplazada en la Plaza de Mayo, donde actualmente se halla la Pirámide de Mayo, pero debido a que los desnudos de la obra ofendían a los miembros de la curia se sugirió el barrio de Mataderos (Buenos Aires), por ser muy despoblado, o el Parque de los Patricios. Finalmente privó el criterio de un grupo de prestigiosos ciudadanos, entre ellos Bartolomé Mitre, de instalarla en el Parque Colón. Allí se inauguró el 21 de mayo de 1903, en lo que era la intersección del Paseo de Julio, a poca distancia de la Casa Rosada. A la ceremonia no asistió ninguna mujer.
Las polémicas moralistas continuaron: la sociedad aún “victoriana” consideró “licenciosas” y “libidinosas” las esculturas que mostraban (y muestran) sin recatos los cuerpos desnudos emergiendo triunfalmente de las aguas.

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Todo esto causó que Lola Mora tuviera que expresarse de la siguiente manera:
“Cada uno ve en una obra de arte lo que de antemano está en su espíritu; el ángel o el demonio están siempre combatiendo en la mirada del hombre. Yo no he cruzado el océano con el objeto de ofender el pudor de mi pueblo (…). Lamento profundamente lo que está ocurriendo pero no advierto en estas expresiones de repudio -llamémosle de alguna manera- la voz pura y noble de este pueblo. Y esa es la que me interesaría oír; de él espero el postrer fallo.”
Cuando contaba con cuarenta años de edad contrajo matrimonio con un hombre veinte años menor que ella, Luis Hernández Otero, quien la abandonó cinco años más tarde. Tanto en el acta civil como en la religiosa, Lola Mora figura con una edad de treinta y dos años.
Un extendido rumor le atribuyó una relación amorosa con su amigo el expresidente Julio Argentino Roca. Otros rumores aseguraron que era bisexual y que se casó para restarle verosimilitud, lo que habría estado probado en cartas quemadas por su familia tras su muerte. Ambos rumores son negados taxativamente por sus familiares.
Tras tres largos días de inconsciencia, insensibilidad y dificultad en su respiración, murió en la Ciudad de Buenos Aires, el 7 de junio de 1936, rodeada de sus tres sobrinas que la asistieron durante la enfermedad.
Por esos días aparecieron extensas notas necrológicas en las principales publicaciones argentinas. Caras y Caretas, por ejemplo, comentaba:
“Siempre nos sorprende la tragedia del talento olvidado. Ahora más, al herir a una mujer, a la primera mujer argentina, cuya vocación supo afrontar las dificultades del mármol, los laboriosos primores del modelado de la arcilla.”

DESAGRAVIO A LOLA MORA, UN SIGLO DESPUÉS

Las estatuas que modeló para el Palacio del Congreso fueron calificadas luego de “mamarrachos” y retiradas. Una afrenta.
RECUPERACION DE LAS ESTATUAS

Ya en 1997, con la primera restauración general de fachadas, representantes del Gobierno de Buenos Aires impulsaron la recuperación de las estatuas diseñadas por Lola Mora para coronar la entrada al Congreso. Como la escultora las había donado personalmente al gobierno jujeño, lo único posible era fabricar calcos para colocarlos en Buenos Aires. Sin embargo, en ese momento la idea no prosperó.
Recién en 2012, con el nuevo Plan Rector, la iniciativa tomó fuerza nuevamente y comenzó a concretarse. El gobierno jujeño reafirmó su propiedad sobre las estatuas de Mora, de tal forma que el Congreso Nacional firmó un tratado para la restauración de los originales y la creación de dos copias de cada obra mediante un mapeo 3D, que comenzó en enero de 2013. Los originales habían sufrido el deterioro causado por cien años de exposición al aire libre, por lo cual deberán ser conservados en un espacio cerrado y adecuado, mientras uno de los grupos de calcos serán colocados en su reemplazo en la Casa de Gobierno jujeña, y el otro conjunto se colocará en los espacios originales del Palacio del Congreso Nacional.
El 1° de marzo del 2014 las réplicas de las estatuas fueron inauguradas por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante la apertura de sesiones ordinarias.

lola-mora-congreso-nacional-estilo-femenino-8[1] (Medium)       Las estatuas en su primer emplazamiento frente al

Palacio del Congreso

581224_201403012132090000001[1]        Las estatuas en su emplazamiento, el 10 de marzo de 2014
Un mes después, el 1º de abril de 2014 visité, nuevamente, Buenos Aires. Al pasar frente al Congreso vi, con extrañeza, que habían instalado las estatuas de Lola Mora. Siendo para mí una sorpresa no muy agradable. Las esculturas, hermosas como toda su obra, esculpidas en mármol de Carrara, blanco como siempre, desentonan, a mi juicio, con la totalidad del revestimiento de piedra del Palacio. Pero, por tratarse de tan merecido homenaje, respeto la disposición oficial, y la presencia de las obras en tan digno marco.

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PATRIMONIO Y NEGOCIO

Por GRACIELA DE KUNA* – ESPECIAL PARA ARQ –

Interesante artículo extraído del diario argentino CLARIN. Que por su importancia para los dominicanos decidí compartirlo en mi página web.

Donde el turista ve la belleza de un monumento, los especialistas deberíamos poder entrever una fuente de estudio, discusión y trabajo.

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PATRIMONIO Y NEGOCIO. El tesoro de una ciudad también puede ser una fuente de trabajo.
Paseando por algunas ciudades europeas, se puede observar el cuidado con que atienden a la conservación de su patrimonio. Escarbando un poco más allá de esa lustrosa superficie, fácilmente se entiende que los ingresos generados por el turismo que perciben estas naciones, en la mayoría de los casos, se deben al llamado turismo cultural urbano. Es decir, a la motivación que implica la visita a esos bienes.

De allí es que los administradores nacionales o urbanos comprenden la conveniencia de una fuerte política de rehabilitación de sus ciudades, que garantice la preservación y conservación de sus bienes. En Roma se emprendió la recuperación del casco histórico en ocasión de un evento excepcional: el Jubileo del año 2000. Ello implicó obras de rehabilitación y valorización del área arqueológica y de su patrimonio arquitectónico para que estuvieran en condiciones de ser visitados por los turistas para la fecha indicada.

Es entonces que siguiendo la ruta del dinero nos encontramos con un sustrato más firme donde asentar la importancia del patrimonio y la urgencia en su conservación y protección. Para ponerlo de manera más clara: donde el turista ve la belleza de tal o cual monumento, sería importante para nosotros los especialistas en arquitectura poder entrever al menos esta sustantiva parte del negocio. En ese sentido, si prestamos atención a la tensión/fricción producida por la necesaria y dinámica renovación urbana y el anclaje que ello solicita del tratamiento de sus bienes patrimoniales, podemos tomar como ejemplo, además de Roma, las posiciones encontradas, adoptadas en Londres y París. Enfrentadas a la misma situación de renovación urbana, estas ciudades la resolvieron de manera absolutamente opuesta. El resultado visible de esas decisiones se nos muestra de manera acabada.

Es así que podemos ver que mientras en la primera la renovación se da en continuidad con la vida urbana y pujante. Observamos como el Gherkin (de sir Norman Foster) convive con la estructura del siglo XIX del barrio bancario de Londres. Ambos conforman una extraña armonía contrastada, que ayuda a dimensionar el movimiento continuo de una sociedad que estimula a sus profesionales de la arquitectura, dinámicamente, más allá de sus límites.

París, después del fallido experimento de la Torre Montparnasse (1969/72 con 59 pisos) que quedó mal dibujada en un entorno paradigmático de edificios de seis pisos haussianos, se acercó al abismo. Encontraron el límite a la renovación con el presidente François Mitterrand y sus llamados “Grandes proyectos” y programaron la ampliación de la ciudad en vistas al fin de siglo en el nuevo barrio La Defense.

Allí se planea la relocalización del Ministerio de Defensa y se gesta una nueva zona urbana de oficinas y edificios comerciales, donde en la actualidad se encuentran las sedes de las mayores empresas internacionales. Sobre una gran platea, con el mencionado ministerio desarrollado en un edificio que es el Grand Arc y que incluye magistrales obras escultóricas de Alexander Calder y Niki De Saint Phalle, se remata la extensión de su más famosa avenida y eje urbano principal: Louvre-Plaza de la Concordia-Campos Elíseos-Arco de Triunfo.

¿Cómo se atiende entre nosotros a esa problemática: la ciudad al enfrentarse a la preservación, conservación y/o desarrollo de sus bienes patrimoniales y su necesaria renovación? ¿Qué rol se le asigna al patrimonio en los encuentros y discusiones frente a ese hecho? ¿Las nuevas formas inclusivas de tratamiento de la renovación de las ciudades encuentran al patrimonio entre sus temas?

Más aún, desde esa perspectiva del ingreso por turismo, Buenos Aires está considerado el destino más importante de Sudamérica. Ello se debe sin duda a su patrimonio, y entre ellos, a su patrimonio edificado. Entonces, cuando la conservación del patrimonio, como hemos visto, constituye una tendencia en alza, ¿cómo se atiende a esa cuestión a nivel general? ¿Por qué sería interesante para un arquitecto ocuparse de esas obras del pasado y no procurar hacer obra nueva? Entre otros motivos, porque de esta forma estaremos concientes de la necesidad de la conservación de los bienes para que puedan ser utilizados socialmente con el fin de construir ciudadanía, fortalecer el orgullo de la pertenencia y beneficiar a nuestras sociedades incrementando y mejorando su acervo y aquello que mostramos al turista.

Cada obra a preservar necesita de un tratamiento particular; internarse en la historia de su propósito original, de proyecto y construcción, de la idea y de su materialidad, de dónde fueron traídos sus materiales constructivos. Con ese legajo particularmente trabajado es que podremos considerar su reconstrucción o su mantenimiento, según el objetivo del trabajo encomendado. En razón de la seriedad con que el profesional a cargo lo encare, este proceso le demandará un tiempo de estudio, pero también el conocimiento tanto de los viejos como de los nuevos materiales propuestos por el mercado, que está permanentemente atento a estos menesteres. La oferta de novedad no siempre es la correcta, es entonces donde debe primar la experiencia del profesional a cargo, un especialista por lo menos. Cuando refiero lo de especialista lo hago en función de las numerosas ofertas de carreras de posgrado que iluminan un camino serio y creativo para los profesionales que asumen su “no saber” en esta especie, y se toman el tiempo necesario para formarse y posteriormente actuar.

La preservación del patrimonio es un nicho no muy transitado y ofrece enormes posibilidades de actuación. Poco promocionado y generador de grandes ingresos, el restauro es una promesa de negocio virtuoso para los arquitectos.

* Arquitecta y Doctora en Artes

“NICOLÁS DE OVANDO, PRIMER GOBERNADOR DE INDIAS”

CONFERENCIA DICTADA POR EL ARQ. MANUEL E. DEL MONTE URRACA
EL 6 DE MAYO DE 2011, EN EL CENTRO ASTURIANO DE SANTO DOMINGO
“NICOLÁS DE OVANDO, PRIMER GOBERNADOR DE INDIAS”

Como dominicano apegado a la verdad histórica con la que entiendo se han debido narrar los acontecimientos desarrollados en el territorio que lleva el nombre de La Española, descubierto por el Gran Almirante, Don Cristóbal Colón y, más aún, en mi condición de arquitecto restaurador, que ha dedicado la mayor parte de su vida al rescate, conservación, y puesta en valor del patrimonio histórico-arquitectónico que, tan precariamente, se conserva en nuestro país, mayoritariamente, en la Ciudad Colonial de su histórica capital, la Primada Santo Domingo, me es muy grato dirigirme a esta ilustre concurrencia para referirme a uno de los hijos más ilustres y notables de Extremadura, el Comendador Mayor de la gloriosa Orden Militar de Alcántara, Frey Nicolás de Ovando, y a esa región occidental de España, que guarda tantos vínculos con la primera colonia establecida en el Nuevo Mundo.
Desde hace algún tiempo he venido meditando sobre lo ocurrido en el territorio antillano, a raíz de su descubrimiento, el 5 de diciembre de 1492. De igual manera he estado cavilando sobre los personajes que tuvieron una mayor incidencia en el proceso descubridor, conquistador y colonizador de América, con posterioridad a la gesta iniciada por Colón y sus acompañantes, en aquella memorable hazaña de finales del Siglo XV. De la procedencia de estos valientes aventureros, de sus respectivos lugares de origen, de sus correspondientes habilidades, de sus entrenamientos, ocupaciones, y cuantos atributos y defectos pudieron haber tenido, con anterioridad a sus enrolamientos en las diversas expediciones que zarparon de España hacia Las Indias. Específicamente a La Española. Me quiero referir, al hecho, de que si bien es cierto que se ha derramado mucha tinta en dar a conocer lo ocurrido de uno a otro lado del Atlántico, en mencionar los nombres de los principales responsables de la mayoría de los acontecimientos que se sucedieron a partir de octubre de 1492, y de los resultados obtenidos por ellos, no es menos cierto que las grandes mayorías, de todas partes y todos los tiempos, desconocen, con mayor o menor precisión, la vida, penas y milagros, de esos personajes, que dejando atrás sus ancestrales lugares de origen, sus costumbres, familias, y su bienes, cuando los tenían, se aventuraron a exponer sus vidas, enfrentándose a algo que no tenía precedente en la historia de la humanidad, en procura de darle un vuelco total al rumbo de sus existencias.
Es cierto, que la mayor parte de lo ocurrido es de conocimiento general, y ha sido objeto de estudios más o menos enjundiosos. Que se han escrito biografías de casi la totalidad de los que se distinguieron conquistando y poblando cada uno de los territorios descubiertos en el inmenso Continente. De ahí que no es difícil encontrar a uno que otro ciudadano de cualquier punto de la Tierra saber quien fue, por ejemplo, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, Alonso de Ojeda, o Juan Ponce De León, y muchos otros más de aquellos valientes expedicionarios.
Pero, no obstante ello, lo cierto es que han habido algunos casos que, por razones incomprendidas, han provocado que se haya desarrollado en mí cierta inquietud, y me haya propuesto indagar lo ocurrido en el territorio insular, hoy ocupado por la República Dominicana y Haití, y la relación existente entre este y la región desde donde vino la mayoría de dichos personajes. Y, muy particularmente, las incidencias en las que estos se vieron envueltos, dejando huellas imborrables en esta tierra de primacías.
En el caso que nos ocupa, he estado tratando de profundizar en la correlación histórica existente entre esa región de la península ibérica, conocida como Extremadura, y el territorio insular, ubicado en el corazón de la región del Caribe, bautizado, por el Descubridor, con el nombre de La Española.
Pues bien, Extremadura es la región ubicada en el extremo occidental de España, limitada al oeste por Portugal, al sur por Andalucía, al norte por Castilla León, y al este por Castilla la Mancha. Región rica en ganadería, especialmente porcina, y en agricultura. Cuenta con 41,848 kilómetros cuadrados, es decir, unos seis mil k2 más reducido que el ocupado por la República Dominicana. Por las razones que sean, fue siempre una de las regiones más deprimidas económicamente de España, razón por la cual debió haberse convertido en la “tierra en la que nacían los dioses”, según consideraciones del eminente historiador extremeño, Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, descendiente de uno de los hermanos de Nicolás de Ovando, autor de la obra EXTREMADURA, (Madrid, 1961).
En los PRELIMINARES de su magistral obra, el Conde de Canilleros dice textualmente: “Extremadura, con sus terrenos primitivos, que le dan ancestral prestigio geológico y telúrico; con sus contrastes geográficos, con su tradición agrícola y ganadera, con sus remotas civilizaciones, con su historia gloriosa, y sus tesoros de arte, tuvo su momento crucial y decisivo, su apoteosis universal, en la conquista de América. Aquí nacieron los dioses, todos los grandes dioses conquistadores del inmenso continente, desde Vasco Núñez de Balboa a Pedro de Valdivia, desde Hernán Cortés a Francisco Pizarro, desde Sebastián de Belalcázar a Pedro de Alvarado, desde Francisco de Orellana, el titán del Amazonas, a Hernando de Soto, el soñador del Misisipí…Del norte mejicano hasta la Patagonia, los pasos de los dioses extremeños, vibrando a lo largo de la gigantesca columna vertebral de los Andes, incorporaron a Cristo y a España la inmensidad del Nuevo Mundo”. Con todo respeto, yo me permito añadir, entre otros; al también extremeño Hernando Gordón, primer humanista filántropo del Nuevo Mundo, fundador del primer colegio de índole privado creado en estas tierras recién descubiertas, y que luego se transformó en la Universidad de Santiago de La Paz, instalada donde funciona, desde hace algunos años, el exitoso Centro Cultural de España; y al conquistador de Chile, igualmente extremeño, Pedro de Valdivia.
En su INTRODUCCION, el autor nos dice: “Estos eran ya los momentos cruciales, cuando los dioses nacían en Extremadura. No quedaba otra cosa sino ir a la conquista de Granada y esperar a que Colón volviera del Descubrimiento. Luego, en 1502, marcharía a Las Indias como gobernador el extremeño Frey Nicolás de Ovando, con lo cual quedaba abierto a sus paisanos el camino de las remotas latitudes. La historia de Extremadura fue historia universal y sin parangón, escrita por Balboa en el Pacífico, por Cortés en Méjico, por Alvarado en Guatemala, por Pizarro en el Perú, por Orellana en el Amazonas, por Valdivia en Chile, por de Soto en Florida, por Belalcácer en Quito… Junto a los grandes caudillos, millares de extremeños, de más o menos fama, forjaron el imperio español, unos como conquistadores y otros como misioneros, que también fue importante la aportación de religiosos.”
En este párrafo el Conde de Canilleros coloca en su justo lugar al Comendador Mayor, de la Orden Militar de Alcántara, advierte que fue el cacereño Nicolás de Ovando el que le abrió las puertas a sus paisanos para que lograran hacer lo que hicieron. Que de otro modo, muy diferente, hubiera sido narrada la historia. Pero aún así, ¿cual es la razón por la que ni el autor que comentamos, ni ninguna otra autoridad en historiografía, ha situado al primer gobernador de Las Indias (léase La Española o Santo Domingo), en el lugar principalísimo que le corresponde? De ahí que, sin ser yo el llamado a efectuar las rectificaciones correspondientes, he querido envolverme en el tema, con fines de contribuir a su dilucidación, a propósito del V Centenario de su muerte, que tendrá efecto el próximo día 29 del corriente mes de mayo.
En honor a esa verdad he llegado a pensar, que si lo ocurrido en la isla caribeña, ocupada, en tiempos del descubrimiento, por tribus pertenecientes a diversas culturas y civilizaciones, luego por España, posteriormente, aunque brevemente, por las tropas del corsario inglés, Francis Drake, por Francia y Haití, y finalmente, por los Estados Unidos de Norteamérica, en dos ocasiones, caprichosamente explotada por todos ellos y por sus propios pobladores, desatendida, y tantas otras adversidades, hubiera sido objeto de mejor suerte, de un mejor desempeño en su conducción y desarrollo, otra cosa hubiera sido de nosotros, y de otra manera nos estuvieran tratando, internacionalmente.
Al inicio de esta lectura dije que había estado meditando sobre muchas de las cosas relacionadas con nuestro pasado y, por supuesto, con nuestro futuro. El trabajo al que he estado dedicado por cerca de cincuenta años me ha conducido a tener que ocuparme de algo que preocupa muy poco a la mayoría de mis conciudadanos, como es su patrimonio cultural, más específicamente, el correspondiente al histórico-arquitectónico, que nos legaron los que han ocupado nuestro territorio, a partir de su conquista y colonización, hasta nuestros días. Y ello me ha obligado a rebuscar en las páginas de la historia los acontecimientos y los personajes que han participado en ella, de una u otra forma. Sin ello no es posible hacer lo que estamos obligados hacer. Igualmente, y dentro de lo posible, me he permitido viajar a lugares desde donde vinieron algunos de los personajes, que fundaron ciudades, construyeron monumentales estructuras, y trasplantaron sus hábitos y costumbres a donde llegaron. De todo esto me surgió la iniciativa de trasladarme a Extremadura. No en busca de los “dioses” del Conde de Canilleros, sino de todo lo relacionado con ellos. Del por que de los estilos arquitectónicos que encontramos en nuestro patrimonio, muy particularmente en el de la Ciudad Primada. Pero tan bien en otras estructuras y conjuntos monumentales, como los ingenios azucareros, esparcidos por casi toda la región sur del país, en lo que queda de los yacimientos arqueológicos de las primeras fundaciones del Nuevo Mundo, como La Isabela, Concepción de La Vega, el primer Santiago de América, Compostela de Azua, etc. etc., todas sumidas en un total abandono.
Al planificar mi viaje estudié la región a la que me dirigiría, las ciudades, villas y poblados a las que dedicaría mayor atención. Y, por supuesto, a un personaje terrenal, de fundamental importancia para la historia de América, y para nuestro patrimonio cultural, al igual que a una criatura celestial, como es la madre espiritual del pueblo dominicano. En ambos casos, estrechamente vinculados con nuestro pasado, nuestras costumbres, tradiciones y creencias. Se trata, por supuesto, por un lado, de Frey Nicolás de Ovando, fundador y primer gobernador la ciudad de Santo Domingo, al igual que de otras quince villas y ciudades, entre las que sobresalió su gloriosa capital, de la que fue artífice de su trazado, y de una gran parte de sus edificaciones y, por otro lado, de Nuestra Señora de La Altagracia, cuya imagen original supuestamente vino de Extremadura, y veneramos en la Basílica de Higuey.
Inicié mi periplo, en compañía de Urania, mi esposa, en Madrid, desde donde nos dirigimos en tren a la ciudad de Cáceres, histórica capital de la provincia del mismo nombre, y cede de uno de los centros históricos más hermosos, y mejor conservados de España y de Europa. La que el Conde de Canilleros califica como “el triunfo de la eternidad”. Allí estuvimos varios días, conociendo a fondo lo que ya habíamos conocido, algo superficialmente, en un par de ocasiones anteriores. Repleto de palacios señoriales, en su mayoría pertenecientes a los siglos XV y XVI, entre los cuales se destaca el que perteneció a los Ovando, dotado de sus respectivos escudos nobiliarios y de su torre almenada, a la que denominan de las Cigueñas.
Continuando con nuestra excursión por Extremadura visitamos la villa de Alcántara, situada a unos 65 kilómetros al noroeste de Cáceres, cuyo nombre lo lleva en honor de uno de los principales símbolos de Extremadura, el puente sobre el Tajo, monumental estructura erigida por los romanos en el Siglo II de nuestra Era. Tanto por lo que pudo haber sido aquella villa, en tiempos de Trajano, como en los correspondientes al Siglo XVI, cuando fueron construidas sus principales iglesias, conventos y palacios. Pero la obra arquitectónica perteneciente al siglo del Descubrimiento (XVI), y que se complementa con la imponente estructura romana, es el Conventual de San Benito, un impresionante monumento religioso en cuya iglesia se encuentra el sepulcro del Comendador Mayor, Frey Nicolás de Ovando, y que fuera el motivo principal que nos indujo a llegar a tan lejanas tierras. La capilla, de estilo plateresco, fue costeada con recursos provenientes de la venta de sus edificaciones en la calle de Las Damas, en Santo Domingo. Sobre el lugar donde reposan los restos mortales del Comendador se encuentra su escudo nobiliario, el mismo que yo tuviera la dicha de descubrir, cuando visité por primera vez Extremadura, en época en que me encontraba enfrascado en la restauración de su palacio en Santo Domingo, y su adaptación para lo que se conoce como Hostal Nicolás de Ovando.

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CONVENTUAL DE SAN BENITO Y EL SEPULCRO DE NICOLÁS DE OVANDO

En Alcántara tuve el privilegio de conocer a su Ex Alcalde, D. Luís Mario Muñoz, a la encargada de la Fundación del Conventual de San Benito, Da. Concha Harinero, y a la directora del Archivo de la Villa, Da. Juana Santano Díaz, con quienes compartimos impresiones, e iniciamos una oportuna conexión cibernética. No habiendo pasado varios días del maravilloso viaje a la tierra de los “dioses” recibí varios documentos, recién descubiertos, relacionados con Ovando, que contribuirán a completar mis conocimientos del personaje olvidado, mal comprendido, y peor juzgado, a quien me había permitido conocer mejor, gracias a la magistral biografía que escribió la profesora universitaria norteamericana Ursula Lamb, única existente, hasta entonces, dedicada al histórico personaje, tan ligado a Extremadura, como a La Española.
Estando en Alcántara, alojado en la Hospedería Conventual de Alcántara, regio establecimiento hotelero instalado en el antiguo convento de San Bartolomé, en las inmediaciones de la villa, nos dirigimos a Garrovillas de Alconétar, situada a unos treinta kilómetros de Alcántara, que cuenta con una de las plazas más hermosas de España, porticada, y flanqueada de casas, en su mayoría de dos plantas, con columnas de granito de sección ochavada, muy raras de encontrar en la arquitectura de cualquier lugar, y similares a la que apareció en la casa No.263 de la calle Arzobispo Meriño, de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, que tuve la satisfacción de restaurar. Puedo asegurarles, que el viaje a Garrovillas de Alconétar, nada fácil ni económico de llevar a cabo, fue el resultado de mis conocimientos de la existencia de este tipo de elemento arquitectónico, y de la convicción que he sostenido siempre de que la arquitectura de la mayoría de las edificaciones santodominguenses del Siglo XVI, es de origen extremeño.
Cumplido este sueño decidimos continuar viaje, esta vez, a un lugar apartado de la villa, situada en la dehesa de Villoluengo, a treinta kilómetros de distancia de Garrovillas, donde se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Alta-Gracia, patrona de toda esa región extremeña, de la que me había enterado por mis navegadas en la red, por mis modestos conocimientos de su existencia y, por supuesto, por la obra del Conde de Canilleros.
Recordando la historia que estudiamos en la primaria, y las explicaciones que nos impartían los profesores del Colegio Dominicano de La Salle, en las que se mencionaba a los hermanos Alonso y Antonio Trejo, procedentes de Plasencia, situada en las cercanías de Garrovillas de Alconétar, y quienes fundaron un trapiche de azúcar en la villa de Higuey, del que se mantienen en estado de abandono sus centenarias ruinas, y a quienes se les atribuye haber traído el lienzo que representa la imagen de la Virgen de Nuestra Señora de La Altagracia, que se conserva en la Basílica del mismo nombre, me dediqué a profundizar más en el tema, al igual que en la implicación de los mencionados hermanos en la existencia de la imagen que veneramos los dominicanos.
Llegamos a la comarca donde se encuentra la ermita profundamente emocionados. Habíamos arribado a un lugar, al que se me informó que muy pocos de mis compatriotas han llegado. Desde cierta distancia se alcanza a ver una estructura enjalbegada (encalada), de relativamente poca altura, algo similar a la del antiguo santuario de Higuey. Solo otra edificación: una casa construida de piedra de dos plantas, con elementos decorativos y escudo de estilo plateresco, donde vive el ermitaño, comparte aquel alto sano, rodeado de un valle impresionante. Al llegar al lugar, nos encontramos con un templo muy sencillo, construido de cantería, de estilo románico tardío, del siglo XIV, muy bien conservado, aunque algo alterado. Llamamos a la puerta de la vivienda del ermitaño, quien nos atendió, junto a su esposa. Nos abrió las puertas del santuario, encendió las luces, y nos invitó a pasar. Ya, frente al retablo, donde se encuentra la imagen de la Virgen, pude comprobar que era la misma que había visto a través del Internet, consistente en una imagen de bulto, llevando un atuendo blanco, coronada, y portadora de una aureola de plata bordeada de estrellas. No lleva nada en los brazos, ya que, según el ermitaño, esta había perdido el niño que una vez llevó cargado, y se había quedado así desde entonces. Fuimos enterados de que esta imagen, relativamente moderna, había reemplazado la antigua original, y de la que no se tenía ningún recuerdo gráfico. ¿Sería esta una pintura similar a la nuestra? El tema es apasionante, pues se trata de algo que guarda íntima relación con la imagen que nosotros los dominicanos hemos estado venerando durante cinco siglos, y la que debe estar vinculada a la anterior extremeña.
Algo que me impresionó, igualmente, fue el encontrarme con una litografía de la imagen de la Virgen de La Altagracia nuestra, acompañada de un documento suscrito por Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, quien fungía entonces como Obispo de Higuey, y quien se distinguió siempre por su afición a la historia y a la investigación.
Nos despedimos de Nuestra Señora de Alta-Gracia, del ermitaño y su esposa y, por supuesto, de aquel lugar evocador y encantador, y nos dirigimos a nuestro hotel, adonde llegamos al caer la tarde. Al día siguiente, dijimos hasta luego a la villa de Alcántara, a su impresionante puente romano, que los musulmanes llamaran Al-Qantarat, “El Puente”, a su conventual de San Benito y, por supuesto, al Comendador Mayor.
A la mañana siguiente tomamos el autobús con rumbo a la provincia de Badajoz, iniciando la visita por Mérida, la romana y augusta ciudad del teatro, el coliseo, el arco de Trajano, y tantos otros remanentes de su glorioso pasado romano, donde seguimos aprendiendo que los pueblos deben nutrirse y aprovecharse de su pasado, el que todos los españoles adoran y protegen, sin importarles quienes ni de donde provinieron los que edificaron esas maravillas, (iberos, celtas, fenicios, griegos, romanos, musulmanes), que conservan con celo y amor infinitos, y les producen admiración y riquezas inconmensurables, para proyectar el futuro.
De Mérida, donde nos hospedamos en otro de los maravillosos paradores españoles, partimos con rumbo a la ciudad de Badajoz, capital de la provincia del mismo nombre, que junto a la provincia de Cáceres, constituyen la división política extremeña.
Al día siguiente nos dirigimos al Arzobispado de Mérida-Badajoz, y una vez allí fuimos recibidos por el señor D. Julián Peña Hipado, Ecónomo General del Arzobispado, con quien sostuvimos amena conversación, y quien nos puso en contacto con Don Francisco Tejada Vizuete, Secretario Diocesano de Patrimonio Histórico-Artístico de dicho Arzobispado, con quien conversamos sobre varios temas, y quien nos obsequió un hermoso libro que lleva por título: “EUCARISTICA 2000, hoc facit in meam commemorationem”, un catálogo de objetos sacros pertenecientes al museo de la Catedral de Badajoz. De allí salimos gratamente impresionados.
Yo, que, por supuesto, no me considero experto en imaginería religiosa, ni nada que se parezca, sólo me he sentido atraído por la curiosidad del acontecimiento histórico que envuelve la correlación existente entre el lienzo que muestra una imagen pictórica, que representa a Nuestra Señora de La Altagracia, venerada en la República Dominicana, y la imagen de bulto que representa a Nuestra Señora de Alta-Gracia, venerada en Extremadura, España. El vínculo ancestral, aunque casi desconocido, entre ambas imágenes, su conexión entre Plasencia, o Garrovillas de Alconétar e Higuey, los hermanos Trejo, y algunos elementos de la representación de ambas imágenes, tales como la corona, el halo bordeado de estrellas, el manto, aunque de colores diferentes, y otros, me ha motivado a prestar mi colaboración en tan apasionante tema. No obstante, su estudio habrá de ser, para quienes lo continúen, si así lo deciden, algo que contribuirá a estrechar los lazos entre la región de Extremadura, España y Santo Domingo, República Dominicana, cuya historia y tradiciones, aunque están íntimamente relacionadas, se han mantenido distantes, durante los cinco siglos que han transcurrido de haberse iniciado. Esto, en cuanto al tema religioso. En lo atinente al tema que abarca la presencia de la totalidad de los conquistadores españoles, procedentes de Extremadura, que se establecieron en La Española, desarrollaron distintas actividades allí, y organizaron sus respectivas excursiones a los demás territorios de la América Total, antes de partir hacia estos, y donde escribieron algunos de los capítulos más impresionantes de la historia, habré de referirme en otra oportunidad.
De esta última parada en tierras extremeñas, nos despedimos con destino a Lisboa y Oporto, Portugal, desde donde cruzamos nuevamente la frontera luso-hispana, esta vez a tierras gallegas, deteniéndonos por unos días en Santiago de Compostela, la ciudad del Apóstol Santiago, y poseedora de otro de los extraordinarios centros históricos de la Península, donde se encuentra el magnífico Hostal de los Reyes Católicos, buque insignia de la hospedería española, que había visitado en los años setenta, del siglo recién pasado, cuando restauraba el palacio del Comendador en Santo Domingo, y otras casas más, para convertirlas en el Hostal Nicolás de Ovando.
Allí nos encontramos con el museo de la Fundación Eugenio Granel, en honor del destacado artista gallego, que se exiló en Santo Domingo en los años cuarenta, del siglo XX, y cuya hija Natalia, conocimos, y nos colmó de atenciones.

FREY NICOLAS DE OVANDO

Conservo vivo en mi memoria el pasaje del capítulo de nuestra historia en el que nuestros historiadores repiten, sistemáticamente, después que lo iniciara, en 1730, el jesuita, de origen francés, Pierre-Francois Xavier de Charlevoix, los acontecimientos que tuvieron efecto en La Española, durante el período de gobierno del extremeño Frey Nicolás de Ovando. Capítulo en el que se ha destacado, sistemáticamente, la postura que su gobierno adoptó, después de celebrado el juicio correspondiente, de ordenar el ahorcamiento de la princesa Anacaona, viuda de cacique Bohechío, y hermana del aguerrido Caonabo. Fue de esa manera, como los que se ocuparon de narrar unos acontecimientos ocurridos hacía varios siglos, nos dejaron una impronta negativa del personaje que, si bien es cierto, cometió parte de lo que se le acusa, no es menos cierto que lo ocurrido entonces se llevó a cabo en circunstancias en que, por un lado, los nativos defendían su derecho a permanecer dueños y señores de la tierra en que vivían, de la misma manera en que lo hacían, constantemente, frente a otras tribus circunvecinas y, por otro lado, los conquistadores españoles trataban de imponer un derecho, que entendían habían adquirido con arrojo y en circunstancias especiales, similares a como lo hicieron, y lo siguen haciendo, los que, por las razones que sean, se han disputado territorios en todo el mundo, desde los inicios de la humanidad hasta nuestros días.
No pretendo simplificar los hechos, ni mucho menos justificar lo sucedido en determinados momentos, y en determinadas circunstancias, ni mucho menos. De hacerlo tendría que justificar lo ocurrido en México, Perú, Chile, y todos los demás territorios que fueron conquistados, al igual, y quizás peor, que como lo hiciera el Comendador Mayor, permitiendo que se escribieran página horrendas, sin que hayan sido sentenciados como lo ha sido Nicolás de Ovando. Y, por el contrario, han recibido innumerables homenajes, incluyendo impresionantes monumentos, erigidos tanto en sus respectivas patrias chicas (Extremadura), como en el resto de España, al igual que en los territorios que conquistaron y colonizaron a sangre y fuego, en su misma época.
Contrario a lo relatado por historiadores de la talla de Antonio Del Monte y Tejada, José Gabriel García, y otros, con posterioridad a Charlevoix, el madrileño Gonzalo Fernández de Oviedo, quien empezó a escribir su “Historia General y Natural de Las Indias” en Santo Domingo, donde fungió como Alcaide de su Fortaleza, al referirse a Nicolás de Ovando expresa, entre otras consideraciones las siguientes:
“Volvamos al comendador mayor, que por bueno e reto que fue, no le faltaron trabajos; pues que estando en pacífica paz e común concordia de todos los cristianos e pobladores destas partes, halló e tuvo tantos murmuradores como el primero Almirante.”
En sus famosas ELEGIAS DE VARONES ILUSTRES DE INDIAS, CANTO PRIMERO, Juan de Castellanos, el Beneficiado de Tunja, al referirse a Santo Domingo expresa:

Destos regalos pues están gozando
Los desta isla ya bien proveida,
Con el justo gobierno del Ovando,
Medido por justísima medida;
Y la ciudad entonces era cuando
Se vido mucho mas engrandecida;
Está su población tan compasada,
Que ninguna sé yo mejor trazada.

En otra de sus interminables endecasílabas, compuestas en octavas reales, Castellanos continúa:

El cual rigiendo varias condiciones
Por vías justas, sanas y discretas,
Anacaona llena de pasiones
Usaba todavía de sus tretas,
Intentando mover rebeliones,
Las cuales no pudieron ser secretas:
Destos primeros fueron los higueyes
Con quien usó de rigurosas leyes.

Pienso, que lo que se ha debido hacer, con posterioridad a la celebración del juicio de residencia, del que salió absuelto, es no dejarse arrastrar por la pasión provocada por los hechos consumados, a consecuencia de una contienda que se originó a raíz de haberse llevado a cabo uno de los acontecimientos más extraordinarios que registra la historia de la humanidad, como fue el Descubrimiento, Conquista y Colonización de América. De los cuales Nicolás de Ovando no fue más que uno de los actores que entró en escena en el segundo acto. Y, todavía más, cumpliendo con el papel para el que fuera escogido, después de haber llevado a cabo en su tierra una misión ejemplar, pertenecer a una destacada familia, así como a una orden militar: la de Alcántara, en la que llegó a ocupar la posición cimera.
Lo que persigo con este modesto aporte no es más que un intento por promover el interés por todo lo que representa nuestro glorioso pasado, el respeto y admiración por sus principales gestores y, por supuesto, por los valores arquitectónicos que hablan por sí solos, además de la reafirmación de nuestras esencias, muchas veces puestas en duda, perjudicando con ello nuestra identidad, tan vital en estos tiempos de globalidad.
Para concluir me permitiré leer una selección del texto publicado con motivo de un homenaje que se le rindiera en Cáceres a Frey Nicolás de Ovando, Comendador de la Orden de Alcántara y Gobernador de Las Indias, escrito por Don José Miguel de Mayoralgo y Lodo, Conde de los Acevedos, de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, en Alcántara, en el mes de mayo de 1991, con motivo del retorno de sus restos al Conventual de San Benito, procedentes de la Iglesia Parroquial de Santa María de Almodóvar, donde se guardaron durante un tiempo, debido a la crisis que padeció el Conventual, como consecuencia de la desafortunada Desamortización de Mendizábal, desarrollada en España, a mediados del siglo XIX. Documento que me fuera obsequiado por la Directora de la Fundación del Conventual de San Benito, Da. Concha Harineros, en visita que giráramos al lugar referido antes.
A continuación un extracto del texto en cuestión:
El retorno de los restos de Frey Nicolás de Ovando al enterramiento que él mandó construir en el Sacro Convento de San Benito de Alcántara constituye una ocasión propicia para recordar la figura de este insigne cacereño, poco conocida en general, pero que reviste extraordinaria importancia para la historia de nuestra tierra.
Podemos decir sin la menor exageración que la historia de la conquista, poblamiento y pacificación de las Indias constituye un capítulo más, sin duda el más glorioso, de la propia historia de Extremadura.
Y ese capítulo puede escribirse gracias a un extremeño universal, como fue Frey Nicolás de Ovando, pues gracias a su nombramiento como Gobernador de las Indias, efectuada por los Reyes Católicos, pasaron al Nuevo Mundo varios de los conquistadores extremeños de primera fila, cuyos hechos gloriosos en aquellas tierras han supuesto para nuestra región una nueva seña de identidad.
En estas páginas se pretenden trazar unas notas biográfica sobre Frey Nicolás de Ovando y sobre algunos de los aspectos más relevantes de su obra de gobierno en la Isla Española, obra de gran trascendencia, porque durante su mandato se fijaron algunas instituciones, como las encomiendas (tomadas de su Orden de Alcántara), que iban a adquirir tanta importancia en las estructuras político-sociales de la conquista del Continente Americano.
Nacimiento y filiación.
Frey Nicolás de Ovando fue hijo del Capitán Diego de Cáceres Ovando y de Isabel Flores.
Si tenemos en cuenta que Nicolás es el segundo de los varones, su nacimiento podríamos fecharlo hacia 1460 o 1461.
Otro punto controvertido es el del lugar de nacimiento de Frey Nicolás. Los autores antes mencionados lo fijaron en Brozas, debido a que esa era la naturaleza de su madre.
No conocemos ningún documento que acredite la naturaleza brocense del Gobernador de las Indias, pero existen testimonios de su origen cacereño. Fernando González de Oviedo dice que Frey Nicolás fue natural de la ciudad de Cáceres en Extremadura e de allí era solariego caballero hijodalgo. Esto nos permite considerar, con mayor fundamento, que Frey Nicolás nació en Cáceres.
Físicamente, nuestro biografiado era de mediana estatura, rubio tirando a pelirrojo. Las Casas lo define: Varón prudentísimo y digno de gobernar mucha gente, aunque no indios. Y Herrera dice que le tenía en opinión de hombre prudente. Era mediano de cuerpo, la barba bermeja, mostraba grande autoridad. Era amigo de Justicia, honesto en su persona, en obras y palabras, no codicioso y humilde, pues que cuando le llevaron la encomienda mayor de Alcántara nunca consideró que le llamaran Señoría. Hernando Colón en su Historia lo considera hombre de buen juicio y prudencia.
En la Orden de Alcántara.
En 1478 Nicolás de Ovando entra en posición de la Encomienda de Lares.
Pedro de Mexia de Ovando, en su Ovandina, menciona a Frey Nicolás entre los duelos famosos en la Guerra de Granada, frente a un moro de la familia Abencerraje.
Pasa aquellos años junto al Príncipe Don Juan en la corte, que los Reyes, sus padres, habían creado para él.
Su nombre figura entre los diez designados para acompañar al Príncipe Don Juan.
En 1494 Nicolás de Ovando queda al frente de la Orden de Alcántara, bajo directa dependencia de los Reyes Católicos.
Con la muerte temprana de Don Juan, acaecida en Salamanca el 4 de octubre de 1497, Ovando dio por terminada la etapa cortesana de su vida.
Poco tiempo después es designado, por la capacidad y aptitud que tenía, en el cargo de Visitador de la Orden de Alcántara.
Estas disposiciones descubrieron el firme carácter, y la idoneidad de Nicolás de Ovando para la administración de asuntos difíciles y espinosos; los que los Reyes Católicos tuvieron en cuenta a la hora de nombrarlo Gobernador de Las Indias.
Nombramientos y preparativos.
El Descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492 había hecho variar el curso de la historia, aunque en aquellos primeros momentos no se había calibrado todavía la impronta del suceso. No es de este lugar hablar de la actuación del Descubridor ni tampoco de la desacertada gestión de su sucesor el Comendador de Calatrava, Francisco de Bobadilla, lo que motivó la necesidad de nombrar a una persona con las dotes necesarias para resolver los difíciles problemas planteados en la Isla Española.
Por real provisión dada en Granada el 3 de septiembre de 1501, Frey Nicolás de Ovando fue nombrado Gobernador de las Islas y Tierra Firme de las Indias del Mar Océano, con plenos poderes, siendo allí su autoridad suprema, limitada solo por la Corona; la duración de su mandato era indefinida por todo el tiempo que nuestra merced e voluntad fuere.
Escogió Frey Nicolás como secretario suyo a Francisco de Lizaur, natural de Brozas. Asimismo, entre las dos mil quinientas personas que componían la expedición figuraban numerosos extremeños, entre ellos Balboa, Pizarro y otros futuros famosos conquistadores de las Indias. Esta fue una de las causas de que correspondiera a los extremeños su amplio protagonismo en la Conquista del Nuevo Mundo.
La Isla Española, meta de Frey Nicolás, llevaba ya varios años de colonización castellana, en franca oposición con los nativos. Su clima era muy agradable y todo allí resultaba abundante: la vegetación, el agua, los minerales… A la llegada de Ovando vivían en la Isla trescientos españoles, distribuidos entre Santo Domingo (que era la capital), Bonao, Concepción de La Vega y Santiago de los Caballeros.
El Comendador de Lares se despidió de los Reyes en Granada, en octubre de 1501, llevando las instrucciones para el gobierno de la Isla. De la ciudad de la Alambra partió el Nuevo Gobernador con su acompañamiento para Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, donde se estaba aprestando la flota. Los preparativos duraron desde septiembre de 1501 hasta febrero de 1502, en cuyo transcurso fueron acudiendo los hombres que habían de integrar la expedición.
Por fin, el 13 de febrero de 1502 se hizo a la mar la magnífica flota con rumbo a las Indias.
Ovando, con los barcos más rápidos, llegó a Santo Domingo el 15 de abril, mientras Antonio de Torres, con el resto de la flota, ancló, en la ría del Ozama, dos semanas después.
El gobierno de las Indias
Tras presentar sus credenciales, Frey Nicolás asumió el gobierno de la Isla y se dispuso a instruir el juicio de residencia al Comendador Francisco de Bobadilla y a sus funcionarios, conforme a las órdenes que llevaba. En esos treinta días, según cuenta Las Casas, las gentes competían entre sí para acusar a Bobadilla, el cual había recibido la orden de regresar inmediatamente a Castillas con la flota que había llevado al nuevo Gobernador.
A punto de iniciar el retorno, recibió Ovando una carta de Cristóbal Colón por la que le solicitaba permiso para reparar un barco que se le había averiado, al tiempo que le aconsejaba que demorase la partida de la armada a causa de un fuerte temporal que se avecinaba. Frey Nicolás no permitió la entrada del Descubridor en Santo Domingo, por estarle prohibida; y habiendo consultado con los pilotos, estos desestimaron la advertencia de Colón, por lo que Ovando ordenó la salida de la flota.
Esta, compuesta por treinta y un barcos, se hizo a la mar, y apenas veinticuatro horas después de zarpar de Santo Domingo, descargó el huracán, que hundió la mayor parte de las naves, y causó la muerte al Capitán Antonio de Torres y al Comendador Francisco de Bobadilla.
Esta tempestad, que también afectó a la propia Santo Domingo, movió al Gobernador a trasladar el emplazamiento de la ciudad a un paraje más resguardado e higiénico, al otro lado del río Ozama. Para la nueva urbe, Ovando escogió el lugar de la fortaleza, hizo el trazado de las calle principales, señaló los solares y, en fin, distribuyó y proyectó la capital de la isla.
Ese mismo año de 1502, y por real provisión firmada en Zaragoza el 20 de agosto, por el Rey Don Fernando, y en Toledo, el 24 siguiente, por la Reina Doña Isabel, Frey Nicolás de Ovando, Comendador de Lares, fue nombrado Comendador Mayor de la Orden de Alcántara. Esta dignidad se había convertido en la más importante de la Orden desde que el maestrazgo fue asumido por la Corona.
En el otoño de 1502, un incidente provocado involuntariamente por los españoles motivó que los nativos dieran muerte a unos enviados de Ovando, por los que éste ordenó a Juan de Esquivel que reclutara unos cuatrocientos hombres y tratara de resolver la cuestión por medios pacíficos. Pero Cotubanamá, cacique de Higuey, no quiso oír ofertas de paz e hizo frente a los españoles, desarrollándose una batalla en la cual, así como en escaramuzas posteriores, los indios, armados solo de arcos y flechas, llevaron la peor parte. Esto indujo a los nativos a pedir la paz, que los castellanos aceptaron con ventajosas condiciones.
Todos estos incidentes provocaron el vacío por parte de los indígenas, que se aislaron de los blancos. Frey Nicolás se preguntó de qué servía su presencia allí si no podía abastecer de alimentos a sus gobernados ni propagar la fe de Cristo entre los indios.
En ese mismo año el Comendador Mayor emprendió otra expedición, esta vez al cacicazgo de Jaragua, donde se vio envuelto en nueva guerra provocada por los hombres de Bartolomé Colón, de Roldán y de Ojeda, quienes habían cometido abusos sobre la población autóctona.
Anacaona, viuda del cacique Bohechio, y hermana del célebre Canoabo, trataba de mantener la paz a toda costa, aunque fue incapaz de contener a los suyos frente a los desmanes de los invasores. Por ello, Ovando en persona acudió al frente de una tropa para pacificar la región, teniendo como fin el castigo de los españoles rebeldes y no el de los indios. Así, el propio Roldán, causante de todos los males, fue arrestado con algunos de sus seguidores, gesto que fue agradecido por los indios, pues Anacaona reunió a los principales jefes y obsequió a Frey Nicolás y a los suyos con diversiones, y entretenimientos.
Pero estos festejos terminaron trágicamente, pues habiendo tenido noticias previas el Gobernador de que los indígenas preparaban una conspiración para acabar con todos los españoles, determinó anticiparse a sus proyectos, ordenando a sus soldados disparar a una señal convenida sobre los principales caciques en un juego de guerra que se estaba desarrollando. Tras la muerte de sus jefes, los indios de las montañas se sublevaron inmediatamente, lo que hace pensar a Ursula Lamb que tenía fundamento el rumor de la conspiración nativa. Después de varias acciones militares, los indígenas fueron derrotados, mientras Anacaona, hecha prisionera, fue condenada a morir ahorcada en Santo Domingo por conspiradora, tras el correspondiente juicio.
La llama de la insurrección se había propagado rápidamente a la región de Higuey, cuyos naturales asaltaron un fortín, dando muerte a todos sus defensores, menos a uno. Con esa noticia, Ovando proclamó la guerra, nombrando como Generales a Juan de Esquivel, al futuro descubridor Ponce de León y a Diego Escobar. Los obstáculos fueron enormes por la resistencia de los indios y las dificultades del terreno. La guerra terminó con la captura y ejecución de Cotubanamá.
Pacificada la Isla después de estos sucesos, el Comendador Mayor se dedicó de lleno a su organización, siendo uno de sus principales objetivos el establecimiento de una red de municipios con estructura propia y con una serie de requisitos para su emplazamiento, construcción y organización. Dice Ursula Lamb que el Gobernador Ovando fue el primero de los grandes fundadores de poblaciones en la América hispana.
Pese a lo provechoso de la gestión de Ovando en la Española, que en el verano de 1509 se había convertido en un verdadero emporio, sus enemigos trabajaban para lograr su destitución.
Por ello, el 3 de mayo de 1509, Don Fernando escribió a Frey Nicolás comunicándole que aceptaba las peticiones que había hecho de regresar a España y que le habían sido denegadas en 1504, 1505 y 1507. Aunque al hijo del Capitán Diego de Cáceres Ovando no le agradó mucho el nombramiento de Don Diego Colón como sucesor suyo, redactó, no obstante, las instrucciones acerca del funcionamiento de la Isla, que le había ordenado el Rey.
Ovando, tan pronto como llegó a Santo Domingo desde el interior, donde se encontraba, acogió cordialmente al recién llegado Don Diego Colón, y a su mujer Doña María de Toledo, la primera gran dama que llegara al Nuevo Mundo.
El juicio de residencia de Frey Nicolás y de sus funcionarios fue intrascendente, pues no se presentó ningún cargo contra ellos, ya que Ovando, lejos de haberse enriquecido, tuvo que pedir dinero prestado para el viaje de regreso.
Toda la población salió a las calles a despedir al primer Gobernador de Las Indias, pues tenido y amado, y reverenciado dellos en gran manera en estos días.
Los últimos años.
Partió, pues, Frey Nicolás de Santo Domingo el 17 de septiembre de 1509, en la flota mandada por Hernando Colón, hermano de Don Diego, y desembarcó en Lisboa el 5 de noviembre.
En Sevilla fue recibido con frialdad por la corte, debido a lo hostilidad del Obispo Fonseca y del Secretario Conchillos, quienes se dedicaron a recoger acusaciones de poca monta contra Ovando, reunidas fuera del plazo del juicio de residencia, las cuales fueron juzgadas por el Rey, indignado, como tardías y poco importantes. Frey Nicolás, decepcionado, marchó a Brozas, lugar que constituía la Encomienda Mayor de Alcántara, donde reanudó su trabajo en la Orden.
El 26 de febrero de 1511 el Rey lo llamó para que lo acompañara en la expedición que se proyectaba al norte de Africa.
Sin embargo, la expedición no llegó a celebrase y el Rey aprovechó la presencia en Sevilla de la mayor parte de los comendadores y freiles de la Orden de Alcántara para celebrar allí el capítulo general, que se inició el 8 de mayo de 1511. El primer día asistió Don Fernando y nombró presidente a Frey Nicolás de Ovando, como Comendador Mayor.
No obstante, fue breve esta presidencia, porque Frey Nicolás falleció en Sevilla el siguiente día, 29 de mayo de 1511, (harán 500 años el próximo 29 de mayo). Sus restos fueron trasladados a la capilla que había mandado construir en la iglesia del convento de San Benito de Alcántara.
Ya durante su gobierno en La Española, se había preocupado de comprar una capilla para el descanso de sus restos, como consta en una carta dirigida a su hermano Diego, fechada en la fortaleza de Concepción de La Vega, de la Isla Española, el 20 de mayo de 1505.
En dicha capilla consta una inscripción que reza: Esta capilla mando hacer para su enterramiento el muy Ilustre Señor don Nicolás de Ovando, Comendador Mayor de esta insigne Orden y Caballería de Alcántara, Capitán General de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Falleció a Veinte y nueve de mayo de 1511 años.
Frey Nicolás, como Comendador de la Orden de Alcántara que fue, no casó, ni existe constancia alguna de que hubiera dejado descendencia.
Esta fue, a grandes rasgos, la vida y la obra del más ilustre miembro de la familia Ovando, el de más universal renombre dentro y fuera de los ámbitos regionales, y el que dejó a sus sucesores las reglas primordiales para proceder a la colonización de los territorios del Nuevo Mundo. Hasta aquí el documento extremeño redactado en Mayo de 1991.

Permítaseme concluir, expresándole mis más sinceras gracias a la dirección del Centro Asturiano, en las personas de su Presidenta de Honor, Doña Águeda González del Coto, Don Rafael Rodríguez García y Don Ildefonso Álvarez Moreno, Presidente y Secretario del Centro Asturiano de Santo Domingo, respectivamente, por darme la oportunidad de usar estos simpáticos espacios, que por lo que veo se convertirán en lugar de acopio de las raíces hispánicas, sin importar la región de la Madre Patria de donde provengan, para dar a conocer algo tan fundamental para los nexos dominico-españoles.

Muchas gracias.

ESTE TEXTO FUE REVISADO Y CORREGIDO EL 26 DE JUNIO DE 2014.

JUAN BOSCH

El 2 de enero de 1962, uno de esos días crudos de los inviernos newyorkinos, el Profesor Juan Bosch, recién electo presidente de la República Dominicana, visitó el Manhattan Center de la ciudad de New York, antes de partir hacia Washington D.C., donde sostendría un encuentro con el presidente Kennedy.
Allí lo estábamos esperando, cámara en mano, mi esposa Urania y un grupo de amigos, al igual que una cantidad de ciudadanos dominicanos y de otras partes, para saludar al primer presidente democráticamente electo de nuestro país, en medio siglo.
Las vistas, inéditas, propias del rodaje de un novato en el arte de la filmación, forman parte de mi álbum de películas, que guardo como un tesoro.
Producto de la delicadeza que me caracteriza, y en no inmiscuirme donde no me llamen, lamentablemente, ni yo ni mi esposa aparecemos en el film. ¡Qué error¡
Pasaron los años, y quien diría que poco antes de que el Profesor empezar a padecer el quebranto que lo aquejaría, tendría yo el privilegio de ser tratado como un gran amigo, al igual que de su esposa Doña Carmen, sin necesidad de tener que pertenecer a ninguno de los dos partidos fundados por él, ni sembrar (trepar) para luego cosechar.
Así, y no trepando, como cualquier hijo de vecinos, es como se escribe la historia. Historia, que tendrá algún día que narrar el caso de cómo el maestro de la cuentística, y la política dominicana, habría de ser traicionado, no por Judas Iscariote, sino por sus más fervientes seguidores.

No existe en esta vida nada mejor que actuar según lo que te dicte tu consciencia. Y ese ha sido mi guia toda mi vida.
En términos políticos, llegué a simpatizar con Juan Bosch, luego con Juaquín Balaguer, con Antonio Guzman, Salvador Jorge Blanco, Jacobo Magluta, y Leonel Fernández. Cada uno en su momento. Ni antes ni después. Saquen ustedes sus propias conclusiones, y ya.
No he sido “ista”, ni seguidor incondicional, ni trepador de nada, ni de nadie. Y ya pueden verme. Tranquilo en mi hogar, con mi consciencia limpia, y observando, eso sí, lo que está pasando. Que entiendo, no es nada bueno.
Le he dado a mi patria todo lo que he podido. Mucho o poco. Eso no me importa. Sin esperar nada a cambio. Solo el respeto y la consideración de todos. Los que me quieren y los que me odien.

Si le interesa ver el video, trate en el link de más abajo

ARQUITECTURA RACIONALISTA EN SANTO DOMINGO

 

De regreso del “fin de mundo” al trópico de cáncer, más precisamente a la región del Caribe, dejamos atrás personajes famosos, su accionar, y su obra en la capital del Plata, para hacer un breve repaso de lo ocurrido en Santo Domingo, durante la época en que se desarrolló el movimiento arquitectónico racionalista, después de haber pasado los impresionantes Art Nuveau, y Art Déco, todos ellos pertenecientes al modernismo. Y de tan escasa participación en nuestro país.

A Buenos Aires, capital de la República Argentina, le correspondió capitanear esa nueva corriente arquitectónica, que se inicia en los albores del siglo XX. Así, los que han podido leer mis anteriores mensajes, se habrán podido percatar de cómo pudo la riqueza fomentada por el “melting pot” (crisol de razas) de aquella nación, convertirse en la vanguardia en Suramérica de un movimiento arquitectónico tan interesante.
Solo la política, actividad que ha contribuido a conducir esa nación por senderos del más alto progreso, al del más bajo estancamiento, fue capaz de interponerse para que al más genial de los arquitectos de la pasada centuria, se le hiciera imposible intervenir en su cosmopolita capital. De ahí, que el “Plan Buenos Aires”, concebido por Le Corbusier, sinónimo de la “Renovación Haussmann” de París, se quedara engavetado, además de poco conocido.

A Santo Domingo de principios, y mediados del siglo XX, sumida en la misma pobreza en que ha permanecido durante casi toda su existencia, llegó el movimiento racionalista pasadas las primeras décadas, en las mismas condiciones en que se desarrollaba su economía. La que de manera similar a la argentina, dependió, y sigue dependiendo, de los avatares en que las han sumido sus políticos. Y ni hablar del Ars Nuveau, y el Art Decó, que pasaron de largo por nuestro territorio.
Ejemplos muy caricaturescos del Art Decó, erigidos en Santo Domingo, no se pueden catalogar. Con raras excepciones, tenemos el caso de la que se llamó Casa Plavime, ubicada en la calle El Conde, entre las calles Arzobispo Meriño y Hostos.

 

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Los principales responsables de crear algo nuevo, para salir del pasado colonial, e ingresar al presente republicano, lo que lograron hacer, después de la construcción de los edificios Baquero y Diez, ambos reminiscencias del Neoclasicismo español, se pueden contar con los dedos de las manos. Conocida es lo exigua de la población capitaleña, y lo escaso de los recursos económicos de que se disponía, para que los pocos arquitectos existentes pudieran desarrollar proyectos similares a los que se erigían en países dotados de riqueza, y una mayor, y más culta, población.

 

EDIFICIO BAQUERO (Large) 

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Consciente de que la historia de lo ocurrido en nuestro país, en términos arquitectónicos y urbanísticos, ha sido ampliamente tratada, tanto por nacionales como extranjeros, no he creído necesario agregar nada, que no sean algunas disquisiciones, como las que me he propuesto desarrollar, en aras de aportar algo compresible por una mayoría de nuestra población.

Mientras a Buenos Aires llegaron cantidad de profesionales de la ingeniería y la arquitectura procedentes de casi toda Europa, que hicieron posible la transformación de la capital de la Argentina, hasta convertirla en la envidia de casi todo el mundo, a la Primada de América solo llegaron dos o tres españoles y, que yo sepa, uno procedente de Checoslovaquia, como fuera el caso de Antonín Nechodoma (1877-1928), quien llegó primero a Chicago, en 1900, y ayudó a construir algunas estructuras como contratista. Siendo un gran admirador de Frank Lloyd Wright y de su estilo Pradera decía que fue un estudiante de Wright, pero que en realidad nunca se reunieron. Comenzó su práctica en Puerto Rico y República Dominicana en 1907, dejando un importante legado en la primera. Como es la Casa Roig en Humacao. En Santo Domingo dejó la casa de Salvador Sturla, lamentablemente desaparecida.

CASA ROIG

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La mayoría de sus obras en Puerto Rico se asemejan a las de Frank Lloyd Wright, de quien decían que lo plagiaba. De hecho, Nechodoma no llegó a estudiar arquitectura. Fue un constructor talentoso, como muchos de los grandes arquitectos en todos los tiempos.

Entre los arquitectos dominicanos que se destacaron en el racionalismo arquitectónico, introducido en Europa a comienzos del siglo XX, y que mantuvo un fuerte compromiso con las conquistas de la estética del cubismo, y la experiencia de la Bauhaus (1919), se encuentran algunos de los que estudiaron en Europa.

Si hacemos un recuento de las obras que se construyeron entre los años correspondientes a las décadas de los treinta y cuarenta del siglo XX, se puede decir que no fueron tantas, y de tan alta calidad. Santo Domingo, ciudad que ha atravesado durante su historia cinco veces centenaria, toda clase de vicisitudes, traspasó los primeros tiempos del siglo pasado sin que nada importante se hiciera, en términos arquitectónicos. Y fue, precisamente, con el surgir del racionalismo cuando se empiezan a ver algunos ejemplares notables.

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Como no pretendo escribir un capítulo de la historia de la arquitectura, ni nada que se parezca, concluyo diciendo que da lástima, que con tan poca cosa se haya destruido tanto; cuando no abandonado. Son ejemplo de estos, la imperdonable desaparición de la glorieta de Nechodoma del parque Independencia, y algunas de sus estructuras residenciales, como la de Salvador Sturla, modesta, pero representativa del Art Decó, y las racionalistas Hotel Jaragua, al igual que el “Jaraguita”, de Guillermo Gonzales, manteniéndose en estado de abandonados el Edificio Copelo, y otros.

PAPA

Apreciable Manuel Emilio Del Monte Urraca,

El Papa Francisco agradece vivamente la manifestación de afecto y cercanía que recibió con tu saludo. Imparte su bendición. Anexamos la carta que confirma está hermosa noticia.

ALEJANDRO BUSTILLO, PRIMER ARQUITECTO RACIONALISTA DE LA ARGENTINA

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Finalizada la Primera Guerra Mundial, irrumpe en la arquitectura de Europa el “Movimiento Moderno”, que pretende ser una revolución internacional, una utopía como la socialista.
Para esa época, Buenos Aires venía bailando un desaforado eclecticismo hecho de innumerables ritmos europeos, que ya combinaba con otros americanos para lograr un “tango arquitectónico” propio, salpicado por cortes y quebradas Art Déco. Justo antes de terminar la fiesta radical de los años veinte se presenta al baile de disfraces arquitectónico porteño una obra que hace escándalo. Desnuda como Josephine Baker en el escenario del teatro Astral, la casa de Victoria Ocampo en Palermo Chico es la declaración de una nueva y auténtica modernidad que se llamará “Racionalismo”. Y a ese futuro templo del Grupo Sur lo bendice de cuerpo presente nada menos que Le Corbusier, a pesar de que fuera diseñado y construido por un gran sacrílego como el clasicista Alejandro Bustillo.
Para quienes no están familiarizados con el arquitecto Bustillo, considerado entre los más famosos de la Argentina del pasado siglo XX, su obra, enchapada al pasado arquitectónico de la urbe rioplatense, tuvo el valor de colocarse en lo más vanguardista de su tiempo.

VIDEO http://www.youtube.com/watch?v=Ku-3lsEat4k

Catedral de San Carlos de Bariloche
Río Negro

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La Catedral de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, es el principal templo católico de la ciudad de San Carlos de Bariloche, Argentina.
Para la construcción de la Catedral, el arquitecto Alejandro Bustillo ofreció su proyecto gratuitamente. Su sentimiento se orientó en un estilo neogótico con reminiscencias francesas. Un proyecto que incluía, buscado o no, algo de las herméticas ciencias medievales.
El material usado para su edificación fue la “piedra blanca”. Es curioso notar, expresado por algunos feligreses, como el efecto que genera este mineral, puede transportarnos a un mundo interior de sensible austeridad.

La Rosario – Rosario
Santa Fe

LA ROSARIO Casa natal del Che Guevara

Entre las más de 200 obras realizadas por Bustillo, se destaca una muy especial: La Rosario. Este edificio fue proyectado en 1926 y terminado al año siguiente, como edifico de rentas del Consorcio La Rosario, y como sede de la compañía de seguros del mismo nombre. La obra fue ejecutada por los hermanos Guido y Enrique Ferrarese, inmigrantes italianos con vastos conocimientos en construcción. En lo alto de la entrada del edificio, figura esculpido el nombre “Alejandro Bustillo – Arquitecto” a la derecha, y a la izquierda, “Ferrarese Hnos. y Cía. Constructores”. Recientemente, el edificio ha sido declarado Patrimonio Histórico de la Ciudad de Rosario. Pero La Rosario no sólo es notorio por pertenecer a las grandes realizaciones arquitectónicas de Bustillo sino también porque allí nació Ernesto “Che” Guevara el 14 de junio de 1928.

Banco de la Nación Argentina – Buenos Aires
Buenos Aires

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Esta es una de las obras de arquitectura más imponentes y pretenciosas de la Argentina, tanto por su volumen edilicio como por diversos elementos de su diseño entre los cuales se destaca su gigantesca cúpula de 50 metros de diámetro, juzgada por Bustillo como la más grande de Sudamérica.
Construido en dos etapas 1940-1944 (1° etapa) 1950-1955 (2° etapa), la obra fue de una escala inédita para la ciudad, tratándose solo de la primera etapa de la obra, que englobaba el 60% del edificio.

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HOTEL LLAO LLAO, SAN CARLOS DE BARILOCHE
Esta construcción fue diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo y amueblada por él mismo, junto con el diseñador francés Jean-Michel Frank gracias a la Casa Comte. Este equipo también diseñó y amuebló el Hotel Provincial y el Casino Central, ambos de la ciudad de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Su proyecto fue seleccionado en un concurso público. El estilo era, según el jurado seleccionador, el que más concordaba con las características de la región. Se comenzó su construcción en 1936, para lo cual debieron derribarse más de cinco mil árboles en el lugar de emplazamiento. Fue construido enteramente en madera y piedra, y su techo cubierto de tejuelas de madera de alerce. Para que los pasajeros pudieran apreciar el entorno, fueron construidos balcones, terrazas y grandes ventanas.
Su nombre se debe a un hongo muy común en la región, el Llao Llao, que crece adherido a algunos árboles muy comunes en la zona. El nombre llao llao significa, además, en lengua originaria: Riquísimo.
Alejandro Bustillo y la casa racionalista de Palermo

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La casa de Victoria Ocampo en la calle Rufino de Elizalde, en Palermo, es la primera casa racionalista de Buenos Aires y uno de los ejemplos más representativos del modernismo en la Argentina. Construida por Alejandro Bustillo en 1929, la casa se basó en un proyecto que Victoria le pidió a Le Corbusier, y en el diseño de varias casas europeas construidas por el arquitecto suizo. De líneas depuradas, paredes blancas, mobiliario moderno y muy poca decoración, Victoria tuvo que soportar la oposición del vecindario que la acusó de afear el barrio.
Como hemos podido ver, la genialidad de un artista le permite moverse de un lado a otro sin perder su estilo original. Y ese es el caso del Arq. Bustillo, quien traspasó la barrera del clasicismo para demostrar su capacidad de incursionar en otro estilo, tan diferente. En este caso, el modernismo, como es la casa racionalista de Victoria Ocampo.

LE CORBUSIER

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Cuando visité por primera vez la ciudad de Buenos Aires, y empecé a recorrer sus calles, quedé tan impactado, que pensé, esta es la ciudad más completa y hermosa que he visto. Y no son pocas. A medida que volvía, una y otra vez, fui confirmando mi admiración, y deseos de volver, esta vez a quedarme.
Lo más lejos que tenía, entre muchas otras cosas, era, que el Padre de la Arquitectura Moderna, Charles Édouard Jenneret-Gris, más conocido como Le Corbusier, diría lo mismo. Y en su condición de uno de los más famosos arquitectos del siglo XX, aunque no llegara a graduarse como tal, dedicaría unos años a proponer el Plan Director de la Ciudad de Buenos Aires.

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Los artículos que he venido, y continuaré publicando, no son producto del capricho, ni de la casualidad. Por el contrario, son hijos de una pasión por la historia, no importando de donde provenga. El caso de Victoria Ocampo tiene varias vertientes. Lo de provenir de un apellido que ata las Repúblicas Argentina y Dominicana. Y el hecho de que nuestro Pedro Henríquez Ureña colaborara en la Revista SUR, que fundara y dirigiera Ocampo, con quien tuvo cercanas relaciones.

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Algunos escritores argentinos con Pedro Henríquez Ureña (sentado en el extremo izquierda), cuando colaboraba en la revista Sur, de Victoria Ocampo

El hecho de que el padre de la Arquitectura moderna haya jugado un rol de importancia para la historia de la arquitectura porteña, dejando una muestra de su obra en la ciudad de La Plata, en la época en que Henríquez Ureña trabajaba en esta, es otro de los motivos que me han animado a extraer estos recuerdos.

APUNTES SOBRE BUENOS AIRES

Le Corbusier en Buenos Aires
En octubre de 1929 Le Corbusier dicta en Buenos Aires un ciclo de diez conferencias, invitado por la Asociación Amigos del Arte. Aquí se reproducen algunos fragmentos de las mismas donde reflexiona, entre otras cosas, sobre la situación actual de la ciudad, las consecuencias de la expansión industrial, la relación de la técnica con la arquitectura y el urbanismo. El presente texto fue publicado en “Le Corbusier en Buenos Aires 1929” (S.C.A. Separata del N°107, 1979)
Primera Conferencia dictada el 3 de octubre de 1929, en la sede Amigos del Arte (Florida 659)
Liberarse de todo espíritu académico
He recorrido a pie numerosas calles de Buenos Aires y eso representa un kilometraje imponente, ¿no es así? He mirado, visto y comprendido…
Debo hablarles de l’ esprit nouveau, a ustedes, que están en el Nuevo Mundo. Y bien, me pregunto si tendría fundamento hacerlo.
Pues Buenos Aires es un fenómeno completo. Una unidad formidable existe aquí: un block único, homogéneo, compacto. Ninguna grieta. Sí: el interior de la casa de la señora Ocampo.
Cómo entonces, osar decirles que Buenos Aires, capital sud del nuevo mundo, aglomeración gigantesca de energía insaciable, es una ciudad que está en el error, en la paradoja, una ciudad que no tienen espíritu nuevo, ni espíritu antiguo, pero simple y únicamente, una ciudad de 1870 a 1929, donde la forma actual será pasajera, donde la estructura es indefendible, excusable pero insostenible, insostenible como todos esos inmensos barrios de ciudades nacidos en Europa bajo el signo de una súbita expansión industrial de fin de siglo XIX, en la más lamentable confusión de fines y de medios. Historia de esas activas ciudades surgidas entre martillo y yunque: Berlín, Chemnitz, Praga, Viena, Budapest, etc., o que sufren el empuje gigantesco del maquinismo: Paris.
Por lo tanto aquí, en el fondo del Estuario del Río de la Plata, existen los elementos fundamentales. Ellos son tres bases eminentes del urbanismo y de la arquitectura:
El mar y el inmenso puerto.
La vegetación magnífica del parque de Palermo.
El cielo argentino…

INTRODUCCION AL PLAN DIRECTOR PARA BUENOS AIRES
Le Corbusier

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Esta proposición de un Plan Director para la Ciudad de Buenos Aires fue hecha en plena guerra europea, en ese mismo momento en que la sociedad moderna no parece querer sino destruirse, matar sus hombres y aniquilar todo lo que se ha fabricado y construido.
Lo que nos hace estimar el momento como oportuno para proponer en alguna parte (en la Argentina, se nos ocurre), medios de reconstrucción, no es el ver estos primeros escombros ni el presentir los que surgirán aún, no. Los escombros de las ciudades destrozadas por bombas y obuses no son más escombros que las ciudades que siguen en pie hasta hoy, estas ciudades tumbas en que los hombres se han dejado encerrar. Los escombros son, lo que son el mundo entero, las ciudades de nuestra época. Esas ciudades no son ciudades, ya no son ciudades, no son construcciones; son residuos: los residuos de una inmensa labor, la labor de la primera era de la civilización maquinista. Estas ciudades que calificamos de escombros no son el producto de un pensamiento, ni el fruto abortado de una temeraria tentativa; no han sido pensadas, no han sido “planeadas”.
En 1929 dejé Buenos Aires con la certeza de que todo podría ser emprendido en pro de la salud de la ciudad; estaban reunidas en ellas las condiciones necesarias: primero la fuerza, luego la geografía, después la topografía y después la palanca irresistible de las posibles valorizaciones.
En 1937-38, dos arquitectos argentinos, J. Ferrari Hardoy y Juan Kurchan vinieron a París a pasar doce meses en nuestro taller. Y durante doce meses establecimos meticulosamente el Plan Director de la Ciudad de Buenos Aires, sobre la base de una rigurosa documentación…Se llama “Plan de Buenos Aires, 1940″.
En 1929, el barco en el que viajaba Le Corbusier, el gran teórico de la Arquitectura Moderna, atracó en la Dársena Norte. Su llegada a la que él llamó la Capital Sur del Nuevo Mundo no fue, sin embargo, como esperaba. En su búsqueda por una arquitectura acorde a los nuevos tiempos echó de menos una imagen y dibujó para ella su postal: cinco grandes torres ubicadas en la Dársena Norte, elevándose orgullosas sobre la ciudad tradicional.
En la línea argumental de los autores, Le Corbusier entiende a la Argentina como el lugar ideal para la realización de su ideología urbanística. “Nunca antes Le Corbusiser había formulado una propuesta concreta para la totalidad de una ciudad concreta”, en la que se articulaban astutamente los postulados jerárquicos de la Ville Contemporaine para definir la centralidad metropolitana y la “cirugía” parcial del Plan Voisin para resolver los problemas del Sur

Croquis de Le Corbusier, 1929. Proyecto para Buenos Aires.

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En 1929, Le Corbusier realizó un viaje por las capitales de América latina del cual extrajo varias observaciones. En base a estas impresiones fue que elaboró un plan para la urbanización de la ciudad de Buenos Aires.
Bajo las teorías imperantes del racionalismo funcionalista, el plan retoma conceptos modernistas de apropiarse de las fuerzas naturales (y desordenadas) del progreso, para encauzarlas bajo una planificación organizadora.
El plan fue elaborado mientras se desarrollaba la 2da Guerra Mundial y esa afectación por la destrucción de las ciudades europeas se reflejaría en el afán por una revisión urbanística mas armónica con la vida, que Le Corbusier postularía para Buenos Aires. Este plan quedó prácticamente ignorado hasta abril de 1947, cuando la revista “La Arquitectura de Hoy” decidió publicarlo.

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Este artículo fue editado en julio de 2017 para agregarle esta foto.

La Casa Curutchet es una vivienda unifamiliar diseñada por el famoso arquitecto suizo Le Corbusier construida en la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina entre los años 1949 y 1953
Después de varios fracasos intentando construir una obra en América del Sur, Le Corbusier mantuvo una fuerte relación sentimental con los profesionales latinoamericanos, y mantuvo una correspondencia regular con el argentino Amancio Williams (quién le encargó inicialmente la construcción de la casa Curutchet).
En el año 1948, el cirujano e inventor de instrumental quirúrgico Pedro Domingo Curutchet, decidió volver a afincarse en La Plata, y le encargó los planos de una casa a Le Corbusier, quien buscaba concretar el plan urbano que había diseñado para Buenos Aires.1 Declarada de interés provincial, turístico y Monumento Histórico Nacional en 1987, la casa es actualmente sede del Colegio de Arquitectos de la Plata, que la alquila a los herederos de Curutchet. El 17 de diciembre de 2010, Senado bonaerense sancionó una ley que declara al inmueble “de utilidad pública y sujeto a expropiación”, para “preservar, enriquecer y difundir el patrimonio cultural, histórico, arquitectónico y urbanístico”.
El arquitecto proyectó la vivienda en un terreno de solo 180 m², entre medianeras, sin dejar de tener en cuenta el entorno de la ciudad y la cercanía de su bosque.

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UN PERSONAJE DE FÁBULA

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En esta oportunidad trataré un tema que no acostumbro. Se trata de literatura, y de una intelectual muy poco conocida en mi país, pero conocidísima donde nació y vivió la mayor parte de su vida: la Argentina. País, al que por una de esas veleidades del destino, le he dedicado bastante tiempo, durante los últimos años, visitando su fascinante capital, admirando su arquitectura, y familiarizándome con algunos de sus personajes sobresalientes en el área cultural y social.
Encantado con el personaje de quien transfiero estos comentarios, extraídos de las páginas del diario Clarín, y del Internet, consideré prudente hacerlos llegar a quienes han optado por perder unos minutos de su tiempo, leyendo MIS PROPUESTAS.
Un dato que encontré en la biografía de Victoria Ocampo refiere que, “la familia Ocampo desciende de un paje de Isabel La Católica, nacido en Galicia, que fuera uno de los primeros habitantes de la isla de Santo Domingo.

Sebastián de Ocampo (El Primer Ocampo de América, sin duda alguna)

Fue un navegante y explorador español. Parece ser que nació en La Coruña. Según Bartolomé de las Casas, era un gallego del rango de hidalgo, que acompañó a Cristóbal Colon en su segundo viaje a las Indias en
1493, quedándose en la isla de La Española. Fue allí donde hizo amistad con Vasco Núñez de Balboa.
Fue el primer navegante en circunnavegar la isla de Cuba; en 1508 (dos años después de la muerte de Colón).
También es acreditado como el primer descubridor europeo del Golfo de México.
Bajo la autoridad de Nicolás de Ovando; Gobernador de La Española; Ocampo navegó con dos barcos a lo largo de la costa del norte de la isla, por los canales de las islas Bahamas, dejando constancia de la existencia de los principales hitos geográficos de la costa (península de hicacos, puertos naturales de Matanzas y La Habana). Regresando por la costa del sur de Cuba tras girar alrededor del punto más occidental de la isla, Cabo San Antonio. El viaje duró ocho meses, ya que se realizó en contra de la corriente del Golfo.-
Los europeos ya habían frecuentado la isla de Cuba en el tiempo en que Ocampo emprendió su viaje, pero su circunnavegación confirmó que el territorio estaba de verdad rodeado por mar, y no era una península como se había especulado.
Ocampo volvió a La Española con la certeza de que Cuba era una isla. Las noticias de la existencia de oro, la riqueza de la tierra y la bondad de sus habitantes, así como de la existencia de un gran volumen de agua a poniente. Los españoles no intentarían asentarse en Cuba hasta tres años después en 1511.
Sebastián de Ocampo murió anciano, en fecha desconocida. Tal vez, 1547.-

VILLA DE NOVELA EN MAR DEL PLATA

La escritora Victoria Ocampo, nació en Buenos Aires un 7 de abril de 1890. Siendo una niña, con sus padres Ramona Aguirre y Manuel Ocampo, se mudaron a Francia, donde se educó en La Sorbona.
A su regreso a la Argentina su actividad cultural le ganó un lugar preponderante en las letras de su país.
A través de innumerables viajes, frecuentó a figuras de la cultura europea y americana; y en 1931, fundó la revista SUR, la que dirigió durante cuarenta años.
Su primer libro fue De Francesca a Beatrice, un estudio sobre la Divina Comedia, de Dante Alighieri. A lo largo de su vida escribió numerosos libros, entre ellos podemos citar: Testimonios, una obra de diez volúmenes que recoge sus reflexiones sobre la realidad política, social y cultural de su Argentina, y diversos estudios sobre personalidades importantes de aquel momento, entre los que destacan las británicas Emily Brontë, autora de Cumbres Borrascosas, y Virginia Woolf, autora de Who´s Afraid of Viginia Woolf?
Trabajó en la traducción de obras del novelista francés, nacido en Argelia, Albert Camus, William Faulkner, poeta, Premio Nobel norteamericano, y Sidonie-Gabrielle Colette, autora de Gigi, entre otros.
Su figura ganó un lugar en la historia de la cultura argentina del siglo XX, por su labor en pro de la difusión de las ideas y el arte. Su obra literaria y personal, la editorial, y la revista SUR, le valieron el Premio de Honor d la SADE de 1950, y otros tantos premios entre los que se destacan la Medalla de Oro de la Academia Francesa, el Doctorado en Literatura, que en 1969 le otorga la Universidad de Virsrsbharati (India) –máxima distinción honoraria que otorga esa casa de altos estudios–, el premio Alberti-Sarmiento, otorgado por el diario La Prensa, el María Moors, otorgado por la Universidad de Columbia, el Honoris Causa de la Universidad de Harvard y la Commander of the Order of British Empire, que acuerda la Reina Isabel de Inglaterra.
En 1976 fue designada miembro de la Academia Argentina de Letras, siendo la primera mujer en ocupar esa posición. Le correspondió el sillón de Juan Bautista Alberdi, (abogado, jurista, economista, político, estadista, diplomático, escritor y músico argentino, autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853) El acto de asunción se realizó el 23 de junio de 1977. Muere el 27 de enero de 1979 en su ciudad natal.

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Su casa es como las típicas casas de madera que aparecen en las películas estadounidenses, aunque el origen de su diseño es británico. Pintoresca, construida totalmente en madera y hierro y rodeada de un jardín verde en el que proliferan diversas especies de árboles y plantas. Su casa de veraneo (calle Matheu 1851) es hoy un centro cultural conocido como Villa Victoria ubicado en el barrio de curioso nombre, Divino Rostro, es la más elegante de Mar del Plata.

La vivienda de esta aristocrática familia, importada de Inglaterra y construida en 1912, fue una de las primeras en tener ascensor, aunque solo tiene dos pisos. El elevador, que aún hoy funciona, consiste en un pequeño palco de madera con un sistema de tracción mecánica. Tiene once habitaciones, varias salas de estar, comedores y vestíbulo.
Al cruzar la puerta de la residencia se entra en los albores del siglo XX, cuando la fundadora de Sur, mítica revista literaria argentina, publicaba a escritores como José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges, Ramón Gómez de la Serna, Oliverio Girondo, Adolfo Bioy Casares, Gabriel García Márquez o Pablo Neruda. Además, le correspondió ser la primera mujer en integrar la Academia Argentina de Letras.

Con esta villa, la escritora, educada en La Sorbona, imitó a los adinerados de la época, e intentó replicar el Viejo Mundo en la costa argentina para veranear a la europea. Ocampo, probablemente más trascendente como mecenas que como escritora, donó a la Unesco su propiedad en 1973 para que se dedicase a la experimentación e investigación de actividades culturales. Tres años después, al fallecer la escritora, el organismo la sacó a subasta. El propietario actual, el municipio de General Pueyrredón, al que pertenece la ciudad de Mar del Plata, sí se ocupa de cumplir aquel deseo de Ocampo.
La villa está abierta todo el año, expone obras de diversas disciplinas artísticas –pintura, fotografía, escultura–, ofrece talleres de muy variada temática –desde tai chi chuan hasta literatura, horticultura, o uno denominado Vínculos sin conflictos–, organiza torneos de bridge y conciertos con té. En verano, los visitantes pueden llevar sus mantas y disfrutar de música en vivo recostados en el verde. Pero sin duda, lo más interesante es la figura de Victoria Ocampo; recorrer la casa y contemplarla tal cual era, con el mobiliario original en perfectas condiciones, y remontarse al floreciente ambiente cultural que, aún hoy, emana en este lugar.

El ARQUITECTO EN SU LABERINTO

Desde una primera visita en 1929, el gran arquitecto moderno Le Corbusier pensó en convertir a Buenos Aires en la ciudad del siglo XX. Se pasó dos décadas intentando un plan, años de idas, vueltas, intrigas, contactos, discípulos, traidores. Fue una frustración para él no poder realizarlo: hoy, ninguna obra de la ciudad lleva su firma. Todo ese proceso lo recoge La red austral. Obras y proyectos de Le Corbusier y sus discípulos en la Argentina (1929-1964), libro publicado por la Universidad Nacional de Quilmes: la historia de un plan –de una ciudad– que no fue. Y, de paso, una desmitificación y una reivindicación del gran maestro.
Cuando Le Corbusier llegó a la Argentina a bordo del “Massilia”, en la noche del sábado 28 de octubre de 1929, sus planes para construir algo aquí sintieron el impulso del destello visionario. “El mar unido, chato, sin límites a derecha e izquierda, arriba vuestro cielo argentino tan lleno de estrellas, y Buenos Aires, esa fenomenal línea de luz comenzando a la derecha en el infinito y esfumándose a la izquierda en el infinito, a ras del a gua”, anotó en Précisions, el libro que escribiría dos meses después mientras viajaba de regreso a Europa, en donde recoge impresiones de su estadía y replantea sus ideas arquitectónicas y urbanísticas. Acá, en el puerto, lo esperaba Victoria Ocampo, a quien le había proyectado una casa que nunca se construiría.

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La casa de Victoria Ocampo en la calle Rufino de Elizalde, en Palermo, es la primera casa racionalista de Buenos Aires y uno de los ejemplos más representativos del modernismo en nuestro país. Construida por Alejandro Bustillo en 1929, la casa se basó en un proyecto que Victoria le pidió a Le Corbusier, y en el diseño de varias casas europeas construidas por el arquitecto suizo. Se, por demás, que a algunos de los que le presten atención a este relato, les encantará leer más de este personaje de fábula.

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Aquí les d ejo el link para hacerlo.
http://es.wikipedia.org/wiki/Victoria_Ocampo

 

REFLEXIONANDO

Ninguno de los últimos gobiernos que hemos tenido han dado connotación alguna en interesarse por el patrimonio histórico y monumental de la Nación que dirigen. De hecho, no sorprende a nadie, que los Ministros de Cultura que han designado estos gobiernos fueran personas a las que no les había pasado por sus mentes, que dentro de la cartera, o mochila, que han manejado, y todavía manejan, una de sus principales responsabilidades consiste en preservar el legado patrimonial heredado de 500 años de historia.

En esas condiciones han transcurrido unos diez años, sin que se le pusiera la mano a ningún bien cultural de los que la historia legó a nuestro país. Así las cosas, de repente repican las campanas, anunciando el inicio del cambio de cara a que será sometida la Ciudad Colonial. Cambio que abarcara la remodelación de algunas de sus calles, la eliminación del tendido eléctrico y telefónico de una parte del recinto histórico, y la pintura de fachas de las edificaciones, antiguas y modernas.

Todavía resuena en los oídos capitaleños el tañer de las campanas, de hace ya unos seis meses, y seguimos esperando lo que sin duda habrá de ser un “palo”. Y nada menos que para el Ministerio de Turismo, responsable del manejo de los fondos. Y de los trabajos.

Estamos seguros, que los cambios que se están produciendo serán muy positivos para la imagen del descuidado centro histórico más antiguo del Nuevo Mundo. Y que su nueva cara pedirá a gritos que intervengan sus organismos.  Esos organismos  compuestos, no por vísceras, sino por lo que las máscaras ocultarán en la mayoría de las casas particulares, templos religiosos, y museos, entre otros, que piden a gritos sus transformaciones. Tanto de sus antiguas estructuras  como del enredado ente social.

Tenemos el caso, por ejemplo, de monumentos de primer orden, que fueran restaurados hace más de cuarenta años, y permanecen desolados y vacíos, o sirviendo de almacén, como es el caso de las Atarazanas Reales. O templos católicos, que llevan esperando añales para que los pongan en valor, de la misma manera que se ha hecho con la Catedral Primada y su entorno.

Un turista nacional o extranjero, que visite la Catedral y la Iglesia de Las Mercedes, por ejemplo, si es mínimamente acucioso notará la gran diferencia entre ambas. No obstante la calidad arquitectónica y artística de ambas. Mientras en la primera, todo está resplandeciente y climatizado, en la segunda, las condiciones dan lástima, no obstante haberse creado una institución privada, con fines de colaborar con el organismo oficial, para elevar de categoría uno de los más hermosos y bien dotados de cuantos monumentos eclesiásticos se conservan en nuestra Ciudad Colonial.

Ese mismo visitante, al recorrerla, y pasar frente a muchas de sus casas particulares, advertirá, aún con sus ojos en malas condiciones, la penosa situación en que se encuentran, y la pobreza en que vive la mayoría de sus ocupantes, los cuales  permanecen en calidad de invasores, desde hace no menos de cincuenta años, o en régimen de inquilinato, de muy baja renta.

Si al leer estas líneas alguien se pregunta qué es lo que está pasando, qué es lo que hay que hacer, y cuantas inquietudes le vengan a su mente, que le permita hacer comparación con otros centros históricos del área circunvecina, lo único que puedo decir, contestando esas y otras interrogantes, solo se me ocurre decir que es debido a la indiferencia gubernamental, y ciudadana. A la que hay que añadir, la irresponsabilidad de organismos internacionales, que como la UNESCO, lo único que ha hecho es designar la Ciudad Colonial Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sin darle seguimiento alguno a los requerimientos de sus normativas. Explayándose en La Habana, Cuba, como si este fuera el único centro histórico de América, con condiciones para ello.

En cuanto a esto último, ni la donación, por parte del gobierno dominicano, de la exquisita, y bien dotada Casa de la UNESCO, provocó que sus autoridades se ocuparan de hacer lo que han hecho en otros lugares de mucho menos importancia histórica que el nuestro.

No puedo dejar de decir, ante tan responsables acusaciones, que espero un cambio de actitud de quienes nos gobiernen, y que cuanto he dicho corresponda al pasado. Que Dios permita, que finalmente podamos mantener la ilusión que nos ha permitido seguir diciendo cosas como estas.