PARA QUIENES SE INTERESAN POR ESTAS COSAS

En varias ocasiones me he referido a la imperdonable demolición de que fuera objeto, en 1911,  la mayor parte de las monumentales ruinas del Hospital de San Nicolás de Bari (1503). Aunque hay otras versiones, que tratan de ocultar la verdad, la más aceptable consiste en el propósito de construir, en lugar de la porción demolida, la Iglesia de Nuestra Señora de La Altagracia. Entre las partes que se demolieron fueron, más de la mitad del cuerpo principal, y su prolongación hacia el norte, cuyos cimientos pueden verse, todavía, las que se encontraban en pie, y de muy aceptable reconstrucción. Además, una pequeña porción, contigua a la parte que no se tocara, y fuera adherida a la nueva estructura del templo, en la que se construyó un edificio de apartamentos de propiedad privada, en su extremo nordeste, cuyos frentes dan hacia la calle Las Mercedes.

La parte que no fue tocada, de aquel desastre de lesa historia, y en la que existe una capilla, se conserva estructuralmente casi intacta, es, precisamente, en cuyo exterior se han iniciado unos trabajos.

IGLESIA DE ALTAGRACIA

Con muy poco esfuerzo, este pequeño cuerpo de la estructura original del antiguo hospital, único en conservarse casi intacto, y que llegara hasta nosotros exteriormente camuflado, tendría que ser rescatado, interior y exteriormente, sin que esto represente problema alguno en la función que le presta al templo como capilla. Y cuya idea hubimos de exponérsela a varios de los curas párrocos que han pasado por allí, sin que se nos contestara absolutamente nada.

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Cuando se lleven a cabo las obras iniciadas, que es de esperar se hagan como hemos propuesto, cualquier persona estará en condiciones de identificarla como parte del monumento al que perteneció. Y consecuentemente, conocer parte de la historia de uno de nuestros íconos monumentales más valiosos, cuya porción ha permanecido exteriormente camuflada. Al mismo tiempo que darse cuenta de la penosa historia de una de las riquezas monumentales más valiosas de América.

En días pasados, caminando por la zona (término que no me agrada), me sorprendió ver iniciado el desprendimiento del camuflaje que le fuera aplicado por los demoledores de ruinas, y constructores del templo, hace algo más de cien años. Igualmente, alcancé a ver un panfleto advirtiendo que los trabajos están siendo ejecutados por los mismos que se han dedicado a blanquear, o colorear sepulcros.

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Como es posible advertir, lo que se ha estado descubriendo es muy diferente de un lado al otro del portal de entrada a la capilla original del hospital, actualmente de la Iglesia. A mi juicio, lo que apareció a la iazquierda es, conjuntamente con el portal, parte de la obra original del hospital. Que debe ser tratado con sumo cuidado. Lo de la derecha es parte de lo que se construyó en 1911. Que deberá ser recubierto.

Es de esperarse, que no suceda algo similar a lo que ocurrió a unos cien metros de distancia, en el Hotel Francés. Cuyo desplone fue causado, sin duda alguna, por los trabajos que se estan llevando a cabo. Y tengamos que conformarnos con repetir, que las cosas del patrimonio cultural de una nación no son cualquier cosa, como otras de las que se apoderan los políticos de turno.

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Aunque no es de fácil lectura, en la copia siguiente del plano antiguo, está marcada  la parte a la que me refiero con una indicación que dice “A restaurar”. Donde dice “Iglesia”, es la parte que fue demolida en 1911. Y donde dice “Edificio Apts.”, la que fuera demolida en 1911 y, en su lugar, construyeran un edificio de apartamentos, de propiedad privada. Finalmente, lo marcado con el término “Ruinas”, es lo que, afortunadamente, se ha conservado como tal. Con el término Cementerio es donde se encuentra el parqueo que da servicio a los lugareños de esa zona.

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En mi artículo anterior expuse lo que está ocurriendo en una casa del Siglo XVI, ubicada en la calle 19 de Marzo de la Ciudad Colonial. Para mi sorpresa, pude ver que están “restaurando” la fachada, conservando la piedra vista, tal como lo he venido predicando desde hace tiempo. Es de esperarse, que se aplique la misma técnica que se ha aplicado en otros monumentos, y que se han constituido en íconos de la Ciudad Colonial.

Lamentablemente, con estos trabajos se continúa con el fachadismo, tan repudiado en todas partes del mundo civilizado. Como hemos dicho, no es un pecado darle una mano de pintura a las fachadas existentes. Lo que sí es grave es desprenderle sus pañetes, sustituyéndolos por otros, esta vez cargados de cemento. Sin que se tome en consideración los vestigios históricos que se cubren. Además de lo que dificultará los trabajos que se realicen algún día.

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RECORDAR ES VIVIR PARA PODER CORREGIR

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La casa como lucía desde hacía tiempo.

Hoy, hacen cuatro meses publiqué el artículo que encontraran en el link más abajo. En el que no hice más que lanzar una voz de alerta sobre lo que le podría pasar a este ejemplar de la arquitectura del Siglo XVI en la Ciudad de Piedra, Y evitar lo sucedido en una casa de la calle Arz. Meriño, conocida como Casa Weber, a la que le volvieron a recubrir la piedra.  CALLE ARZ. MERIÑO (14)  CALLE ARZ. MERIÑO (23)

Cuál no sería mi sorpresa al ver que cuatro meses después de aquel llamado de atención se reiniciaron los trabajos de ¿restauración?, o ¿lavado de cara? Y si esta vez se respetarían las normas internacionales de conservación vigentes, en cuanto a la fachada se refiere. Ya que hasta el momento, todo ha seguido igual, interiormente.

CASA 19 DE MARZO (6) CASA 19 DE MARZO (7)CASA 19 DE MARZO  (5)

El sábado recién pasado tuve la oportunidad de conversar con Modesto López, alias Barahona, único de los obreros capaces de intervenir, con bastante acierto, la piedra. De las preguntas que le hice no faltaron las correspondientes al proceso que se seguiría. Y otras más. ¿Se respetarían los procedimientos llevados a cabo en intervenciones anteriores? ¿Darían la cara los responsables de los trabajos?, ¿y los propietarios?

Con el ingeniero encargado tuve esta mañana un lamentable encuentro. Que poco faltó para que me agrediera. Siendo este la primera vez en mi vida que me sucediera algo similar. Y de los propietarios no se ha sabido absolutamente nada.

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Como mi preocupación no está relacionada con nada que no sea pensando en nuestro país, en su histórico legado, el que deberemos pasar a nuestros descendientes en mejores condiciones, me he visto precisado a estar haciendo lo que yo mismo me había propuesto dejar de lado, y someterme, más o menos, a los principios que son propios de mi personalidad. Pero, lo que ha estado ocurriendo no me permite hacerme el desentendido. Por lo que, de cuando en vez, tendré que continuar dando las acostumbradas vueltas por el sector. Hasta que Dios quiera.

Algo que no dejó de sorprenderme el sábado fue el hecho de no ver ningún letrero colocado en el andamiaje, que dijera quien se responsabilizaba por los trabajos. Lo que sí recuerdo haberlo visto (ver foto).

Algunos vecinos me dijeron, que habían quitado el que tenía, que presentaba un dibujo con lo que se haría. Y, que de hecho, sería volver a empañetar toda la fachada, y pintarla de uno de los colores que están acostumbrados a usar, según el “Proyecto de Restauración de Fachadas Históricas en la Ciudad Colonial”, que se lleva a cabo mediante el “Fomento al Turismo Ciudad Colonial, del Ministerio de Turismo”. En la foto siguiente (si se amplía) se puede advertir la existencia del letrero.

CASA CON LETRERO

https://manueldelmonte.wordpress.com/2015/04/24/una-edificaion-que-merece-ser-respetada/

“Santo Domingo.- La segunda etapa del proyecto de restauración de fachadas históricas y el plan Ayúdame a pintar tu casa en la Ciudad Colonial de Santo Domingo ya está en marcha. Incluido dentro del Programa de Fomento al Turismo de la Ciudad Colonial del Ministerio de Turismo -según su coordinadora, Maribel Villalona– se rehabilitarán 120 fachadas históricas y serán pintadas otras 200, sumándose a las 150 que fueron pintadas en la primera fase del proyecto que culminó en abril. Con una inversión inicial de US$30 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y US$1.2 millones del Estado dominicano, el programa contempla 41 proyectos- de los cuales se están ejecutando 24 de manera simultánea- que se ejecutarán en un plazo de cinco años. La funcionaria enfatizó que las viviendas a restaurar son las que están fechadas entre los siglos XV y XIX.”

LEONEL FERNÁNDEZ, ANTES Y DESPUÉS y (IV)

Pasaron siete meses del nuevo ascenso al poder del Dr. Leonel Fernández Reyna (16/8/2004), y una mañana del 1 de marzo de 2005,  recibí una llamada del Vicepresidente Rafael Alburquerque, para decirme que tenía un decreto en su poder, y quería entregármelo personalmente. A mi inquietante pregunta de lo que contenía el decreto, me respondió, que fuera a buscarlo, y después hablaríamos.

Esa misma mañana me dirigí al despacho vicepresidencial, y cuál no sería mi sorpresa al ver, que había vuelto a ser designado en la ya no Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), dependencia de la Presidencia de la República, y agencia rectora del programa de rescate del patrimonio cultural dominicano, sino de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental (DNPM), ahora convertida en otra mojiganga más de la novel Secretaría de Estado de Cultura.

Convencido de que no era prudente mantener mi anterior posición negativa, que nada positivo podría traerme, continuamos desmenuzando el tema, hasta que  llegara a prometerme que esta vez las cosas no serían igual, etc. A seguidas llamó al Secretario de Cultura para decirle que dentro de un momento yo iría pasaría a verlo, para que me pusiera en posesión del cargo.

Salí del despacho vicepresidencial tan preocupado como hacía ocho años. Esta vez resuelto a darle el frente a lo que podría pasar. Una vez en la Secretaría de Cultura, instalada en la antigua sede del Partido Dominicano, una asistente del Secretario  me encaminó hasta una saleta, más parecida a una celda carcelaria que al vestíbulo de la cultura, para que aguardara hasta que fuera recibido. Lo que se tornó en una larga espera.

Una vez frente al Secretario, nos saludamos y empezamos a tratar de resolver lo que me había traído. A lo que este me propuso posponerlo para el día siguiente, ya que era muy tarde (12:30, más o menos, de la mañana), y de esa manera podíamos organizarlo mejor. Dicho y hecho me despedí, hasta el día siguiente.

A este señor lo había conocido hacía algún tiempo, cuando se desempeñaba como empleado de la Fundación Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), fundada y presidida por el Dr. Fernández Reyna, y de quien no había recibido muy buena impresión. Se había convertido, de la noche a la mañana, en uno de los nuevos hombres del Presidente.

Al día siguiente me dirigí a la nueva sede de la nueva DNPM, y esperé en la planta baja de la casona colonial donde se encuentra todavía, hasta que llegara el Secretario. Una vez allí el ambiente en que nos encontrábamos se fue colmando de público, entre el que se encontraban varios Embajadores amigos, y algunas personas que no había visto hacía tiempo. Al transcurrir una media hora, el Secretario, asombrado con lo que estaba viendo, me propuso que iniciáramos el acto ahí mismo donde nos encontrábamos, ya que en el despacho del Director no cabría la “claque” que yo había traído. Y así fue como se inició el último calvario. Calvario que tenía previsto sucedería.

Inició el acto el Nuncio Apostólico de Su Santidad, Monseñor Thimoty Broglio, pronunciando unas hermosas palabras, y bendiciéndolo. A seguidas el Secretario dijo una sarta de contrasentidos, a los que yo riposté dando las gracias a los señores de la “claque”, y pidiéndoles que dijeran quien los había invitado a participar de un sencillo y rutinario acto gubernamental.

Como comprenderán, aquello de la “claque” no me sorprendió. Resumía la clase de persona que era. ¿Desconocía el Presidente, que mi designación en una dependencia de Cultura, bajo la dirección de este señor, no sería de mi agrado? Y si no lo sabía debió haberlo consultado con el Vice, conociéndome a mí y, por supuesto, a su nuevo “compañero”, el flamante Secretario de Estado.

Aquí me permito hacer un paréntesis, para auscultar un poco a Leonel Fernández Reyna, quien desde su humilde procedencia, no le había sido posible conectarse con las complicadas situaciones que se les presentan a quienes llegan, de súbito, hasta donde él llegó. Que no era lo mismo manejarse en un partido en el que su mayoría estaba compuesta por personas más o menos desconocidas, e inexpertas en las lides sociales, y de gobierno, que sostener relaciones con las más altas figuras de la Nación. Que una cosa era con guitarra, y otra con violín. Y ahí es, a mi humilde entender, donde entre otras cosas, se encuentran los entresijos del Dr. Fernández Reyna.

“A veces (insistió la voz de mi interior) pretendes levar las cosas por donde a ti te parece que es mejor, pero tienes que dejar libertad para que elija el protagonista del momento.

Ya entiendo (me contesté a mi mismo) ya entiendo que no debo forzar las soluciones. Tomo nota que no tengo que empujar, sin que mi responsabilidad quede en buen sitio si solamente acompaño y aconsejo, sin forzar.” Carlos Casado Cuervo, MIEL DE ENTRESIJOS (2012).

Es de imaginarse la cantidad de otras situaciones similares o parecidas a las que se habría tenido que enfrentar el líder del PLD, no de la Nación. Entre otras cosas, teniendo que nombrar individuos de diversos calibres sociales, económicaos y culturales, no solo para mandar, ordenar, y coordinar gente, sino para evitar que se sucedan acciones como algunas de las que he narrado. Que no son solo producto de susceptibilidades, ni temperamentales, o de “jodones”, como se ha comentado por ahí, sino de tener la noción de entenderlas para poder desarrollar una aceptable obra de gobierno.

Algunos dirán, que Leonel Fernández es todo un dechado de sencillez y humildad, capaz de poder encausarse  por linderos similares a los de otros gobernantes. A lo que yo respondo diciendo, que es verdad, pero que no todo lo que como se ha dicho, no todo lo que  brilla es oro, cuya “mina” no fue más que para él, y algunos de sus más allegados servidores. Tener muchas dificultades o enredos no es fácil de entender o desatar, por más inteligente que se sea.

Y con esa premisa inicié un nuevo capítulo de mi vida, dirigiendo una institución a la que le habían cambiado su nombre, y su localización, dependiente de una nueva Secretaría, y de un nuevo personaje incumbente que, dicho sea de paso, no tenía idea de lo que, en este caso, iba a tener bajo su responsabilidad. En fin, me habían hecho aceptar dirigir un arroz con mango. Y si no, compárenlo con lo que ha estado sucediendo.

Después de haberme tenido que enfrentar varias veces con el Secretario, como con la Subsecretaria Puig de González, quienes me adversaban, decididamente, pasaron unos cuantos meses sin que hubiera podido hacer nada productivo, llegó el momento menos esperado.

Cumpliendo con los reglamentos oficiales solicité un permiso por razones de salud, y me dirigí a la ciudad de New York para someterme a unos  exámenes médicos, que había estado posponiendo, lamentablemente.

No hice más que llegar a casa de una de mis hijas, cuando recibí una llamada de mi asistente, la señora Luicelle Evertsz de Imbert, quien en un tono angustioso me dijo lo que estaba sucediendo en la oficina. Sucedía, que el nuevo Subsecretario de Cultura se encontraba en mi despacho solicitando le entregaran las llaves del mismo, del automóvil que disponía, y del escritorio que usaba. Como no me interesa alargar más este engorroso affaire, confesaré que el subsecretario que estamos hablando, José Enrique Delmonte, es hijo de un primo hermano mío. Aunque el apellido de ellos no lo escriban como yo escribo el mío.

De esa manera, quedé sustituido del cargo, sin que se haya presentado argumento alguno para justificarlo. Y, para confirmar la manera de actuar del Dr. Fernández Reyna, fui nombrado Asesor del Poder Ejecutivo, con asiento en mi casa. Lo que confirmó aquello que tanto hemos oído, de la “Gatica de María Ramos”, al igual, que del extraño affaire entre dos individuos que nunca llegaron a entenderse. Lo que no se circunscribió con migo solo.

Así llegamos al final del segundo período de gobierno del Dr. Leonel Fernández Reyna, y  de la posibilidad de un tercero.

Si alguien quiere saber qué pasó con la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, durante los subsiguientes períodos de gobierno del PLD, que solo se le ha permitido existir de nombre, y en el presupuesto oficial, me atrevería a decir, que allí ha hecho falta carácter, responsabilidad, y otros atributos.

TOUR A LA HABANA, VARADERO, Y JARDINES DEL REY

Hace 25 años, Urania y yo organizamos un tour de 21 días a la Argentina, Chile y Uruguay. Incluyéndonos a nosotros dos, fuimos 21 persona.

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En esta oportunidad, estamos organizando otro. Esta vez, a Cuba.

Los lugares seleccionados son La Habana, Varadero, y Jardines del Rey, conocidos como los Cayos cubanos, La fecha seleccionada ha sido, del 1 al 11 de enero de 2016. Y el programa consiste:

1 de enero, salida de Santo Domingo y estadía esa noche en La Habana

2 de enero, salida de La Habana, y viajar rumbo a los Cayos cubanos

Del 2 al 5, estadía en un hotel 5 estrellas en los Cayos (a seleccionar)

Del 5 al 7, estadía en un hotel 5 estrellas en Varadero (a seleccionar)

Del 7 al 11 de enero, estadía en un hotel 5 estrellas en La Habana (a seleccionar)

11 de enero, salida de La Habana y regreso a Santo Domingo.

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Los detalles del viaje, tales como hospedajes, transportes terrestres, y precios, etc., los tendremos disponibles más adelante.

En vista de que la fecha del viaje cae en temporada alta, y dadas las favorables condiciones que se están presentando para Cuba, será necesario confirmar nuestra reservación, a más tardar a finales de octubre de 2015.

Para que tengan una idea de lo que vamos a visitar, y hospedarnos en los Cayos, les ofrecemos algunas posibilidades.  J

JARDINES DEL REY

Conocidos como “loscayos cubanos”, las pequeñas islas de Jardines del Rey, enclavadas en la costa Atlántica de Cuba, fueron inmortalizadas en la novela de Ernest Hemingway, Islas en el Golfo (Islands in the Stream). Los manglares y esteros, flamencos y espátulas rosadas, arenas blanqueadas al sol y aguas turquesas, hacen de este paraje un refugio perfecto.

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Conectado a tierra firme por un paso elevado, es el destino de playa más popular de Cuba después de Varadero. Aquí puede ir de pesca a los mismos lugares donde Hemingway solía hacerlo y ver el bote de este célebre escritor atracado en la playa que lleva su nombre, Pilar.

Llegando a los cayos nos topamos con unas aguas color turquesa impresionantes, acompañadas de interminables extensiones de arena blanca.

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Para tener una idea del tipo de alojamiento que reservaremos, les muestro dos.

MELIÁ JARDINES DEL REY  

Ubicado en el archipiélago de Jardines del Rey, en el polo turístico de Cayo Coco, este resort de playa, categoría Cinco Estrellas, recrea en su diseño una plantación de caña combinada con el edificio principal de estilo contemporáneo y un boulevard que se extiende desde el Lobby hasta la playa, y en el que se encuentran las principales atracciones.

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LAS DUNAS HOTEL MELIÁ

El Hotel Meliá Las Dunas dispone de dos áreas principales: una para adultos o parejas, y otra para familias, donde se realizan las actividades de recreación del hotel. Según el interés de entretenimiento de los clientes, puede solicitarse la ubicación en una u otra área, según disponibilidad a la llegada al hotel.

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MELIA LAS DUNAS

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LEONEL FERNÁNEZ, ANTES Y DESPUÉS (III)

Mi permanencia en Bogotá, Colombia, como Embajador, fue algo que me tenía reservado el destino. Encontrarme dependiendo de situaciones adversas en mi país, la misión fue para mí como salir de un infierno. La amabilidad con que fui recibido por las autoridades colombianas, encabezadas por el Presidente Andrés Pastrana, por mis colegas embajadores, y la cantidad de nuevos amigos, tanto colombianos como de otras partes del mundo, produjeron en mí un significativo cambio de actitud frente a la vida.

CREDENCIALES PTE. PASTRANA 001

Debo agregar, lo positivo de los resultados que iba teniendo mi gestión, llevada a cabo en tan pocos meses. La invitación oficial que le hiciera el Presidente Pastrana al Presidente Fernández, y la visita de Fernández a Cartagena de Indias, para participar, por vez primera, en una  reunión del Grupo de Río, daban la impresión de que las cosas empezaban a marchar  bien.LEONEL EN BOGOTA 001

La instalación de un busto de nuestro libertador, Juan Pablo Duarte, en el campus de la Academia Militar de Cadetes, General José María Córdova, que era el único de los libertadores de América que faltaba; la celebración de un homenaje al Profesor Juan Bosch, organizado por la Fundación Santillana para Iberoamérica, y el Instituto Caro y Cuervo, la conferencia que dicté en la Universidad de Las Andes, y las diferentes reuniones que sostenía con funcionarios gubernamentales, y otras instituciones no menos importantes, constituyeron algunas de las más sobresalientes actividades que hube de coordinar durante el transcurso de los casi dos años que le sirviera a mi gobierno en tierras extranjeras.

DUARTE EN LA cademia militar 001 DUARTE EN ACADEMIA MILITAR 001

BOSCH HOMENAJE EN BOGOTA 002

Pero, no todo fue color de rosa. Detalles, si se quiere, nimios, comparados con los demás, pero significativos para mí, se sucedieron, inesperadamente. Ocurrió, que durante la estadía del Presidente Fernández en Bogotá no le dispensó a su Embajador manifestación alguna de calor humano, no obstante haber sido quien facilitó las gestiones para que se concretizara su visita, y se desarrollara exitosamente.

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Durante el transcurso de los días en que permaneció en la capital colombiana, no se produjo encuentro personal alguno entre ambos. Habiendo sido la visita a una librería, la única vez que pudo acompañarlo, conjuntamente con otros miembros de la delegación.

Otro detalle similar sucedió en Cartagena de Indias. Como consecuencia de las reservas hoteleras hechas directamente por el gobierno dominicano, en las que no tuvieron en cuenta a su Embajador, tuve que hacerlo yo mismo, y tener que hospedarme algo distante de la delegación. Y aunque participaba en las reuniones, no recuerdo haber sostenido conversación particular alguna con el Presidente, quien debió haber sopesado que tenía un representante en el país que visitaba, y quien, además, había asumido todas las responsabilidades para que tanto su visita a Cartagena como a Bogotá se desarrollaran exitosamente.

Para cerrar este rosario de dobleces, al que hube de enfrentarme, tan importante para lo que me interesa hacer saber, no puedo dejar de narrar lo acontecido el día que salíamos de Cartagena. Sucedió, que yo había venido por mi cuenta desde Bogotá, en un vuelo reservado para regresar ese día. En ese sentido, me acerqué hasta donde se encontraba desayunando la delegación, con el fin de comunicarle al Canciller que se me había presentado una situación enojosa. Que si no regresaba en el vuelo que tenía reservado para esa mañana, tendría que permanecer en la encantadora Cartagena algunos días para regresar.

Informado el Canciller de lo que pasaba, me sugirió que se lo comunicara al Presidente, ya que por él no había ningún problema. Al no ver al Presidente le pregunté qué me recomendaba hacer. A lo que este me dijo, que el Presidente se encontraba inmediatamente detrás de la división que separaba una sala de la otra. Al llegar a la mesa donde se encontraba el Presidente, solo, sin que se produjera ninguna otra expresión por parte de este, que no fuera saludarme, le comenté, siempre de pie, la situación que me impedía esperar hasta que el vuelo privado del mandatario saliera para yo salir. Una vez escuchada mi explicación, el Presidente, sin inmutarse, me dijo que no me preocupara. Y, sin más, nos despedimos

Al poco tiempo recibí una delegación de Senadores dominicanos, encabezada por el Dr. Ramón Alburquerque, invitados por el Senado colombiano. Al día siguiente de la llegada fuimos al Palacio de San Carlos, donde el Presidente Pastrana los recibiría. Pero, resultó ser que al Presidente colombiano se le había presentado un imprevisto, y no podía cumplir con lo acordado. Personalmente me comuniqué con el Canciller, a quien le referí lo que en mi opinión podría traer el cambio inesperado del programa, logrando que se produjera el encuentro. Que no consistía en nada más que en un saludo de cortesía.

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Mi estadía siguió desarrollándose con normalidad, hasta que un buen día recibí una llamada de Ministro de Relaciones Exteriores, Lic. Guillermo Fernández de Soto, para invitarme a pasar por la  Cancillería para ser condecorado. Honor que me fue otorgado sin haber cumplido los dos años en el cargo, y que consistió en la Orden Nacional al Mérito, en el grado Gran Cruz. Acto en el que fui acompañado por algunos colegas Embajadores, y amigos.003

Más adelante, fui despedido por el Cuerpo Diplomático, durante una recepción en la Nunciatura Apostólica, y por el Grupo América Latina y el Caribe (GRULAC), en el Club de Abogados de Bogotá, en los qué se me otorgaron sendas bandejas de plata, conteniendo las firmas de los Embajadores colegas.

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Ya preparándome para partir de Colombia, recibí otra llamada. Esta vez del señor Jorge, quien había sido nombrado Embajador en sustitución mía. Y quien después de identificarse me preguntó que cuando yo tenía planeado abandonar la misión. Imagínense ustedes lo que yo le contesté.

Mi regreso de Colombia fue el domingo día 3 de diciembre del año 2000. Y mi inserción en la vida dominicana la asumí con la intención de no inmiscuirme en nada que tuviera que ver con política, ni con la Ciudad Colonial. Los primeros meses del año 2001 los dediqué a organizarme, y organizar la casona colonial que había restaurado, que ocupamos a finales de ese mismo año.

El cuatrienio  transcurrido desde mi regreso de Colombia hasta las elecciones generales de 2004 transcurrió en calma para mí, aunque expectante. Disfrutando mi hermosa casona colonial, en compañía de Urania, y los dos hijos que todavía quedaban viviendo con nosotros, y asistiendo a lugares ajenos a las actividades políticas, no obstante las invitaciones que recibía.

Durante ese lapso volví a comunicarme con el ex presidente Fernández. Dos de las cuales para felicitarlo por su boda, y por la llegada de su nueva hija. De ninguna de estas misivas, acompañadas de flores, como correspondía, recibí acuse de recibo por ninguna de las vías existentes para ello. Mayo del 2004 fue otro de los grandes días para el Dr. Fernández Reyna. Su nuevo triunfo en las elecciones del día 16 fue motivo para una nueva felicitación de mi parte.

En el próximo relato narraré mis últimas vicisitudes ocurridas a propósito de mi extraña relación con el Dr. Leonel Fernández Reyna. Narraciones que me he permitido hacer, con el propósito de responder algunos cuestionamientos de mi posición frente al Presidente Fernádez.               

LEONEL FERNÁNDEZ ANTES Y DESPUÉS (II)

Recién pasadas las elecciones presidenciales de 1996, cuyos resultados fueron favorables al PLD, y al Dr. Leonel Fernández Reyna, como su candidato, me llegó la noticia de que había sido nombrado Director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC). No puedo negar que para mí fue una sorpresa inesperada. En plena campaña electoral le había dicho al entonces candidato, que de él considerarme para colaborar con un posible gobierno suyo, estaría muy dispuesto hacerlo, y que de él sopesarlo, estaría muy conforme con un cargo en el servicio exterior. De ser posible, particularmente en España, donde, además de cumplir con las exigencias del cargo, podría aportar algo que estuviera relacionado con la historia, el patrimonio cultural, y otros temas similares, para los que la Madre Patria es el lugar ideal donde escarbar. Pero, lo cierto es, que no me había pasado por la mente la cantidad de posibles candidatos, pertenecientes a la pléyade de intelectualoides, súbditos del Profesor, y su señora esposa y, por qué no, de él mismo. Como de hecho sucedió.

Sin perder de vista lo que podría pasar, me dirigí al Palacio Nacional, y conduje mis pasos hacia el despacho del Secretario Administrativo de la Presidencia, el Ing. Diandino Peña, no Luis Manuel Bonetti, como dije por error en mi artículo anterior. Una vez allí, después de saludarlo y, por cierto, conocerlo personalmente, le pedí que le comunicara al Presidente, que de serle dable derogara el Decreto mediante el cual se había dignado designarme en la OPC, y que no se preocupara por nada relacionado con migo. Que de todas formas los dos quedábamos bien, y continuaríamos siendo amigos.

La respuesta del Secretario Administrativo fue tan simple, como contundente. Me señaló la puerta por la que debería pasar, y decírselo personalmente al Presidente. Cosa que no hice, y lamenté profundamente. Di las gracias al Ing. Peña, y me despedí, como llegué. Con un nombramiento, que sabía no iba a producir ningún resultado positivo.

Antes de finalizar el 1996, fui invitado, junto con mi esposa e hija a participar de la celebración del cumpleaños de una sobrina del recién instalado Presidente, que fuera celebrado en la sala de fiestas de la Secretaría de las Fuerzas Armadas, al que asistieron algunos de sus amigos, además de familiares y amigos de su hermana.

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Posteriormente, y ya instalado en mi nueva aventura, fui nombrado para formar parte de la comisión que se encargaría de preparar el proyecto de remodelación del Palacio Nacional, hasta que el Arq. Cristian Martínez cambió las cariátides originales del salón que lleva ese nombre, por otras de mármol de carrara, quke le quedaron al lugar como a un Cristo dos pistolas.

El lector se preguntará que me pasaba, por que despreciaba ocupar la misma posición que me había llenado de satisfacción, y de la que me sentía tan orgulloso. La respuesta es, y seguirá siendo, que yo sabía, perfectamente, que no lo iba a pasar nada bien. Que las condiciones existentes no eran las mismas que en el pasado. Que el Dr. Balaguer, quien me había dado todo su apoyo, durante aquel gobierno de los 12 años, se había comportado indiferente con migo, y había otorgado todos los poderes relacionados con la Ciudad Colonial, a su lazarillo, Rafael Bello Andino, y creado toda una serie de comisiones, presididas por el Cardenal López Rodríguez quien, como referí en mi anterior artículo, contaba con la colaboración de mis enemigos ancestrales, y que, en vez de poder darle continuación a mi labor, suspendida abruptamente a finales de 1978, lo que conseguiría sería daños personales, de indescriptibles proporciones. Como de hecho sucedió algo más tarde.

Como todavía entonces la sede del organismo supuestamente rector del programa creado en 1967, para dirigir los trabajos de rescate y puesta en valor del patrimonio arquitectónico y artístico de nuestro país, se encontraba donde mismo lo dejé en el 1978, después de doce años de ardua labor, y diez y ocho de haber sido destituido, le rogué al Señor que me volviera a iluminar, y me condujera con pasos cautelosos, pero firmes, hacia donde Él había decidido llevarme.

Con el propósito de no hacerle daño a un gobierno que iniciaba su mandato, cargado de expectativas en todos los órdenes, acepté resignado la posición, y me dirigí a la sede de la OPC acompañado del Subsecretario Administrativo de la Presidencia, Lic. Juan Martínez, a tomar posición del cargo, que hube de asumir sin ser juramentado. Lo que resultó ser la primera muestra del desencanto, que habría de continuar acumulando, durante el tiempo que ocupé la posición.

De inmediato me puse en movimiento, y en término de unas cuantas semanas había puesto la OPC en las condiciones necesarias para poder desarrollar una labor similar a la anterior. Con el propósito de allanarme el camino de dificultades, restauré la Comisión Asesora, erróneamente llamada Ejecutiva, a la que reuní en varias ocasiones, después de celebrar un almuerzo en el simpático patio de la oficina, al que asistieron todos sus miembros, incluido el Cardenal López Rodríguez. Quien algún tiempo después ofició una misa, a propósito de la derogación del Decreto que creara la Comisión de Monumentos, hacía más de veinte años, y el traspaso de sus responsabilidades a la OPC.

DECRETO COMISION DE MONUMENTOS 001

De no haber sido por el proyecto de restauración de la casa No 115 de la calle Luperón, caprichosamente designada Casa de la UNESCO, y de no haber actuado con la prudencia con que actué, mi paso por la OPC hubiera trascurrido sin pena ni gloria. Y sin haber podido intercambiar comentario alguno con el Presidente, a no ser por el breve encuentro ocurrido durante la inauguración del fallido proyecto, al que asistiera el Secretario General del organismo internacional.

Pasados dos años en la OPC como su director, y después de dirigirle varias comunicaciones solicitando audiencia al Presidente, y que uno de sus “poderosos” asistentes personales, de nombre Juan Delancer, de quien jamás he vuelto a saber, me dirigiera una comunicación, en la que me decía, que el Dr. Fernández Reyna las había recibido pero, no obstante, no estaría disponible para recibirme, por el momento, además de no recibir respuesta alguna a las que le dirigía, en algunas de las cuales le sometía sugerencias y proyectos, hube de tomar la determinación de abandonar el cargo, antes de que la frustración y el desengaño hicieran estragos en mí.

Sopesada la decisión que había tomado, y después de consultarla con mi esposa, y algunas de las personas en quienes siempre he confiado, me dirigí a la residencia del Señor Antonio Fernández Collado, con quien había llegado a sostener lazos de amistad, con el propósito de solicitarle su favor haciéndole llegar mi carta de renuncia al Presidente. Siendo su respuesta negativa, por el hecho de que, según él, tal decisión no nos haría bien a ninguno de los dos.

Acto seguido, me preguntó, después de asentir con la situación por la que yo atravesaba, sabiendo lo que ocurría, que cual posición yo estaba dispuesto a aceptar. Siendo mi respuesta, la misma que él y el presidente sabían. Un cargo en el servicio exterior.

A los pocos días de aquella visita recibí una llamada del Subsecretario de Relaciones Exteriores, el señor Guido D´Alesandro, quien en esos momentos estaba encargado de la Cancillería, para informarme que el Presidente le había ordenado comunicarse con migo, para preguntarme si estaba dispuesto a aceptar la designación de Embajador en Colombia. Siendo mi respuesta afirmativa. Era lo mejor que me podía suceder, dada la situación imperante en el centro histórico, y en el ambiente integrado por los “expertos” que velaban por él.

Preparado para viajar a Bogotá, después de haber asistido a un cursillo rutinario, y ser aprobada mi designación por el Senado de la República, fui convocado por la Dirección de Protocolo del Palacio Nacional para ser juramentado por el Presidente. Juramentación que, para mi sorpresa, fue compartida con alrededor de una docena de funcionarios de diversas categorías, pertenecientes a diversas entidades gubernamentales.

JURAMENTACION 001

A los pocos días de juramentado me dirigí a Bogotá, acompañado de Urania, mi esposa, mi hijo Manuel Emilio, y un cocinero, a quien habíamos tratado desde hacía mucho tiempo.

Y de esa manera concluyó la segunda etapa de las relaciones entre un presidente y un ciudadano, que lo único que ha hecho ha sido servirle a su país donde ha podido, sin ataduras de ninguna especie con partido político alguno.

CÁMARA DOMINICO-AMERICANA DE COMERCIO, INC.

CAMARA DE COMERCIO 001

Una de las actividades realizadas por mí, que más satisfacción y orgullo me ha proporcionado fue la creación e implementación de la Cámara Dominico-Americana de Comercio, Inc., que tuve el honor de fundar y conducir, conjuntamente con un grupo de amigos dominicanos, norteamericanos, y cubanos, en la ciudad de Miami, Florida, EEUU.

Sin tener la menor idea de lo que iba a emprender, pero estando acompañado de otras personas que sí lo entendían, me lancé al ruedo, como es mi costumbre, y con la ayuda de Dios, y de mis compañeros, en un lapso de tres años convertimos la asociación en un monstruo, capaz de hacer lo que había que hacer, e hicimos.

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Para que el esfuerzo que desplegaríamos no quedara en el olvido, así como poder informar a los interesados, decidimos crear un boletín, que contendría las noticias, comentarios, y fotografías, relacionadas con nuestras actividades, y del cual me he permitido dar a conocer algunas de sus páginas. Así es como he extraído del boletín Vol. 1 – No.1, correspondiente a Mayo-Junio de 1983 algunos de sus comentarios.

camara 001

Algo más de treinta años después recordamos el acto de inauguración, llevado a cabo en el Restaurante Versalles de la Calle 8, de la Pequeña Habana, en Miami, durante el cual se presentaron los consagrados artistas dominicanos, Vicente Grisolía y Jacinto Gimbernard. Una nutrida asistencia, tanto de dominicanos  que viajaron al efecto, como de residentes en los Estados Unidos, entre los cuales se encontraban nuestro Embajador en Washington, Carlos Despradel, y el Secretario de la Presidencia de nuestro país, Hatuey Decamps, contribuyó al éxito del evento.

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Lamentablemente, el período de vida del singular esfuerzo fue muy corto. Mi inesperado regreso a Santo Domingo, a la vez que la no aceptación por parte de ninguno de los compañeros para continuar dirigiéndola, fueron los motivos por los cuales la exitosa asociación dejara de continuar su interesante labor.

LEONEL FERNÁNDEZ, ANTES Y DESPUÉS

leonelfernandezenolla[1] (Medium)  STO12. SANTO DOMINGO (REPÚBLICA DOMINICANA), 13/11/12 .- El expresidente dominicano Leonel Fernández, durante la grabación de su discurso que se emitirá esta noche en un canal privado de la televisión local, hoy, martes 13 de noviembre de 2012, en Santo Domingo (República Dominicana). Fernández, denunciado penalmente por su presunta responsabilidad en el déficit fiscal de unos 3.800 millones de dólares que tiene su país, explicará hoy a sus compatriotas por televisión el manejo que dio a la economía durante su tercer mandato (2008-2012). EFE/Orlando Barría

Supe de Leonel Fernández Reyna por conducto del Profesor Juan Bosch, de quien una tarde del año 1994 recibí una llamada telefónica. Al contestarle, me saludó muy afectuosamente, y a seguidas me dijo que deseaba verme, pues tenía algo importante que decirme.

JUAN BOSCH

Mi relación con Don Juan, como me acostumbré llamarlo, se había producido desde hacía algún tiempo, debido a las veces que nos encontrábamos en casa de Natacha Sánchez, donde todas las semanas acudíamos para participar en su tertulia, a la que sin falta asistía el Profesor. Allí lo pude conocer algo más formalmente, de la misma manera que él me conoció a mí.

Esa misma tarde acudí a la casa de Natacha, siendo recibido por Don Juan en el mismo lugar en que se celebraban las tertulias. Después de saludarlo, e intercambiar algunos temas culturales, que eran los que acostumbrábamos tratar, Don Juan me comentó sobre un movimiento que el PLD estaba organizando con el propósito de respaldar su candidatura a la presidencia de la República del año noventa y cuatro, que se llamaría CAMBIO 94.

Entre las cosas que me confió, como introducción a lo que me solicitaría, me sorprendió al mencionar la apoliticidad de Don Nandito, mi padre, quien nunca se inscribió en partido político alguno, incluyendo el Partido Dominicano, de triste recordación. Y que a su entender, yo tampoco era un entusiasta de la política partidista, por lo que entendía mi ausencia de organización alguna de ese tipo. Incluyendo el Partido Reformista, con cuyo presidente había mantenido un interesante acercamiento, debido a mis servicios profesionales al frente del programa de Patrimonio Cultural, que hube de fundar, y dirigir, durante los casi doce años de su gobierno (1966-1978).

Prosiguió diciéndome que él sabía de mí por la obra que yo había emprendido como Director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y propietario de las cabañas Palmas del Mar, en la playa de Juan Dolio, donde él había estado, y recibido mis atenciones.

Al entrar de lleno en lo que quería explicarme, y por el cual me había solicitado ir a verlo, me confió, que aunque el movimiento a crear era con fines políticos, la totalidad de sus miembros sería igual que yo, apartidista, y poco dado a participar en política. Mencionó algunos de los que ya habían dado su asentimiento, y que en los próximos días se celebraría el primer encuentro.

Sin pensarlo dos veces, le dije que contara conmigo, ya que estaba convencido de que se imponía un cambio, que los dos períodos y medio consecutivos de gobiernos del Doctor Joaquín Balaguer (1986-1996), me habían decepcionado. Que no obstante haber recibido de él su apoyo incondicional, y su consideración, por la obra que había realizado al frente de la OPC, habiéndome mantenido alejado de las actividades políticas que, como todos sabemos, fue su principal preocupación. De manera extraña me había mantenido alejado de él, y de su gobierno, durante estos diez años, según se rumoreaba por imposición de Rafael Bello Andino, uno de sus más fieles colaboradores, al igual que de mis eternos enemigos, quienes se debían al Cardenal López Rodríguez, que presidía el Inútil Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo (1993), al igual que el Fondo para la Protección de la Ciudad Colonial (1991).

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Su eminencia reverendísima, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, en su calidad de Presidente del Patronato de la Ciudad Colonial y del Fondo para la Protección de la Ciudad Colonial, convocó una reunión con  los representantes de las diversas organizaciones e instituciones que interactúan en la Ciudad Colonial para discutir sobre la preocupación existente del sector turístico, de que esta zona no está preparada para recibir la gran cantidad de turistas que arribarán al centro histórico una vez esté terminada la Autovía del Coral, la cual conectará la zona turística de Bávaro –Punta Cana con la ciudad de Santo Domingo.     

Además de estar persuadido de que el panorama que se veía venir sobre la Nación no era nada alagueño, sin que una figura como la de Juan Bosch se hiciera cargo de conducir la nave del Estado. No obstante sus desmejoradas condiciones personales. Que no dejaron de ser, igualmente, preocupantes.

Ya preparándome para despedirme Don Juan me pidió que volviera a sentarme, ya que tenía otro asunto que tratarme. Para mi sorpresa empecé a oír lo que menos esperaba, después de lo tratado anteriormente. Me pidió, que lo ayudara dar a conocer la “mina de oro”. La que yo no estaba muy claro de lo que se trataba. Aunque algo se había filtrado del mismo. A seguidas me dijo, notando mi extrañeza, que no me hiciera el pendejo,  que él había llamado así a Leonel Fernández, quien sería su compañero de boleta en las próximas elecciones (1994), y que entendía que yo debía saberlo.

Yo, que apenas había oído hablar del Dr. Fernández Reyna, le pregunté, que podía yo hacer para complacer tan complicada petición. A lo que me contestó, diciéndome que yo tenía muy buenas relaciones en el ámbito no partidista de nuestro país, y que mi contribución, entre esa masa de indiferentes, sería muy importante para lograr el triunfo esperado. Nuevamente, mi respuesta no se hizo esperar, no obstante mi poco conocimiento de los entresijos de la política vernácula. Y de su diferencia de la que había, más o menos, conocido, durante mi permanencia en los Estados Unidos.

Dicho y hecho, mi primer encuentro de tipo político tuvo efecto en los salones de Fiesta de Lux, en el que conocí, personalmente, al Dr. Fernández Reyna, y a una buena parte de los componentes del movimiento, así como a quien fungiría como enlace con el partido, el Lic. Félix Jiménez (Felucho), y su asistente, el Ing. Frank Rodríguez.

Pasaron los días y las semanas y yo, al igual que los miembros de la junta directiva de Cambio 94, a la que me hicieron pertenecer, en calidad de encargado de prensa, propaganda, y cultura, nos reuníamos semanalmente, primero en casa de uno de sus miembros, y posteriormente, en un local cedido por otro miembro, situado en la Ave. Rómulo Betancourt. Además, cada martes sosteníamos un encuentro  en el Hotel Napolitano, en el que se ofrecía una disertación de uno de los que componíamos el movimiento, en el que se trataban diferentes temas. Tocándome a mí un turno, en el cual me referí al tema que dominaba, y sigo tratando de dominar, aunque desde mi cómodo retiro, y que no es otro que el referente al patrimonio histórico de nuestro país.

Al terminar mi exposición, fui felicitado por todos los presentes, entre los que se encontraba, por primera, y única vez, el Dr. Leonel Fernández. Quien, además de felicitarme, me dijo, que después de haberme escuchado fue cuando verdaderamente se había dado cuenta de mi  preocupación e interés por el tema.

Posteriormente, organice un encuentro cultural, que tuvo efecto en el Hotel V Centenario, al que asistió la plana mayor del PLD, encabezada por su presidente. En el que se leyó el borrador del programa cultural que desarrollaría el gobierno. Del que nunca más se oyó mencionar, una vez alcanzado el poder.

Pasados unos cuantos días tuve la oportunidad de encontrarme con el doctor Fernández, a quien le manifesté lo que había empezado a hacer en relación a lo que me había solicitado el Profesor Bosch. Y a quien le comuniqué que había conversado  con un joven abogado, ahora juez de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), llamado Francisco Ortega, quien había empezado a conducir el programa “La Esquina Joven de HOY”, del periódico HOY, en el que entrevistaba diversas personalidades del mundo político y empresarial.

A los pocos días recibí una llamada del Dr. Ortega, para confirmarme la invitación al Dr. Fernández Reyna.

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Como han podido ver, al encuentro con el candidato vicepresidencial asistieron muy pocas personas, a quienes yo no conocía. Pero, lo más importante para mí fue notar la ausencia de sus “compañeros” de partido, quienes pasados los años no se despegaban del mismo, haciendo toda clase de malabares para poder estar presentes. Y, de serle posible, en primera fila.

Pasaron los días, y solo veía al entonces candidato a la vicepresidencia muy de vez en cuando. Jamás para tratarle algo personal. Lo que dio por resultado que nos fuéramos alejando, y solo verlo en encuentros de los que celebraba el partido. Y de lejos.

Volvió a pasar el tiempo, hasta que un día me correspondió estar presente en aquel acto en el que Juan Bosch y Joaquín Balaguer levantaron los brazos del que sería nominado a la presidencia de la República, por los dos líderes antagónicos.

Penoso acto en el que pusieron a Balaguer y Bosch de mojiganga, a compartir una misma causa. Iniciándose así una nueva era. Y que era. En la que el PLD iniciaba haciendo lo que tuviera que hacer para dejar instalado en el país un partido único.

frente patriotico (Medium)

Durante el largo período transcurrido entre aquel histórico día y el 16 de mayo de 1996, pude percatarme, de que entre el ya candidato presidencial y yo no había nada en común. Lo que no dejó de sorprenderme. No obstante, continué asistiendo a los mítines y actos del partido, en uno de los cuales, fui cartereado.

Algo que sí no dejó de llamarme la atención fue ver a ciertos individuos que, de repente, de no haberse tratado nunca antes, no se despegaban del candidato. Convirtiéndose en sus más cercanos “colaboradores”, y ocupando, rutinariamente, la mesa principal de los actos en que participaba Fernádez. Entre estos, recuerdo al señor Luis Manuel Bonetti, quien resultó ser nombrado Secretario Administrativo de la Presidencia, durante el período 1996-2000.LOS BONETTI (Medium)

En una próxima oportunidad trataré de continuar narrando algunas de las incidencias en las que me vi envuelto, tanto durante aquel período, como en los siguientes.