LA ISLA ARTIFICIAL, UN SUEÑO INTRASCENDENTE

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2005, año en el que un sueño quisieron convertirlo en realidad, quedó en los anales de las fabulaciones politiqueras como una de las tantas pesadillas que se han producido durante los 500 años de historia de una isla de verdad, donde todavía no se comprenden los efectivos planes llevados a cabo por Nicolás de Ovando (1502-1509). Solo diez años han transcurrido desde aquella frustrada intentona, y ya los dominicanos apenas si la recuerdan. ¿Pero, como vamos a recordarla?, si el sueño se esfumó, súbitamente, de los planes de su promotor, entretenido con otro de sus sueños: el Metro de Santo Domingo. Este, a pesar de todo, sí convertido en realidad.

El llamativo proyecto fue propuesto por el presidente brasileño Ignacio Lula da Silva al entonces presidente dominicano Hipólito Mejía Domínguez (2000-2004), aunque no fue sino hasta el año 2005, segunda de las gestines de Leonel Fernández Reyna, cuando se empezó a darle mente, hablando de una inversión de más de 700 millones de dólares.

Yo, en cambio, si lo recuerdo, como también recuerdo la conferencia que dictara el arquitecto catalán Ricardo Bofill, en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE). Así como retengo en mi memoria la noche de la conferencia, no solo por el fantasmagórico contenido de su disertación, al igual que de la pinta de estilo flamenca del disertador catalán, sino también por haber tenido, desde hacía tiempo, amplios conocimientos de uno de los arquitectos contemporáneos que llegara a concitar mi admiración. Y a quien dediqué dos artículos publicados en la Revista Isabela, en el año 1991, en el Listín Diario, el 1 y el 3 de marzo de 1996, y en MI PROPUESTA, editada en el mes de junio de 1998.

A Ricardo Bofill, oriundo de la Ciudad Condal, hubo de sucederle algo similar a lo que me sucedió a mí, en fechas, y por motivos similares. Estudiante de término de arquitectura, tuvo problemas con la dictadura del Generalísimo Franco, por lo que tuvo que salir de su patria para exiliarse en París, Francia, donde empezó a ejercer la profesión no concluida, y convertirse en uno de los más afamados arquitectos de Francia de su época. País, que le concediera su reconocimiento académico (exequátur), aún sin haberse graduado, a raíz de haber obtenido un premio de arquitectura en la Universidad de Hamburgo, Alemania, según anunciara el Taller de Arquitectura. Hecho que provocó que las autoridades españolas se vieran en la necesidad de convalidárselo.

La periodista Elvira Lora escribió una crónica el 16 de marzo de 2005, en el diario El Caribe, en la que expresa: “Hace siete días que el presidente Leonel Fernández anunció en Madrid que el Secretario de Estado Eduardo Selman quedaba designado coordinador de los trabajos de ejecución de la isla artificial. Ayer el arquitecto reveló que esa función la ejerce desde el pasado 26 de enero. Selman dijo a El Caribe que en su condición de ministro y asistente personal del mandatario quedó como coordinador entre los inversionistas desde el mismo día en que presentaron el anteproyecto frente al Malecón, refiriéndose al pasado 26 de enero cuando el arquitecto Ricardo Bofill visitó el Palacio Nacional. Durante 49 días, Selman ha cumplido con la solicitud de dar curso al proyecto para que comience antes de fin de año y se concrete lo antes posible, es decir, tres años. Para Selman la añadidura de cuatro kilómetros cuadrados más al Distrito Nacional es una forma de concretizar el pensamiento político de Fernández: modernidad, innovación y progreso. Bofill es el abanderado de los inversionistas españoles que insertarán hormigón armado desde el Fuerte San Gil hasta la avenida Abraham Lincoln, pero además los grupos españoles Entrecanales y Necso apoyan la isla. La inversión sería de U$400 millones a U$450, precisó Selman. No obstante, el arquitecto, el presidente y las secretarías de Medio Ambiente y Obras Públicas solo conocen los datos preliminares de Novo Mundo XXI. Necesitamos un proyecto bastante terminado en el que aparezcan los arquitectos que participarán, el contrato con los constructores y la fuente de financiamiento, dijo ayer el secretario de Obras Públicas, Freddy Pérez. Entre este mes y abril la contraparte local acordó llevarle los planos. Selman y Pérez coinciden en que la isla artificial será un salto turístico e inmobiliario para Santo Domingo. Para acceder a la isla habrá tres puentes, en la Gómez, por el obelisco macho y la Lincoln, dijo. Las ganancias que tendrá el Estado, será el espacio entre la isla y el Malecón con agua cristalina, añadió.”

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Por su parte, el Director de Clave Digital, Fausto Rosario Adames, escribió, el 31 de enero de 2005, lo siguiente:
“A LO QUE VINO RICARDO BOFILL
Construirán una isla artificial de un millón de metros cuadrados frente al Malecón.
El Estado no cargará con ningún costo monetario.
SANTO DOMINGO, DN. El primer “mega proyecto” le llegó al gobierno del presidente Leonel Fernández de la mano del prestigioso arquitecto español Ricardo Bofill, quien vino al país la pasada semana para presentar al mandatario la propuesta, que es sostenida también por los arquitectos dominicanos Pedro José Borrell y Gustavo Luis Moré.
Se trata de “Ciudamar, la isla del nuevo mundo”, que consiste en construir, en las cercanías del Malecón, una isla sobre el mar Caribe, que se extendería desde la avenida Abraham Lincoln hasta la calle Cambronal, de la Ciudad Colonial.
Ese proyecto, que abarca una extensión de un millón de metros cuadrados, no tendría ningún costo monetario para el Estado, y sería desarrollado enteramente por inversionistas privados. El Estado Dominicano cedería a la empresa la porción de mar sobre la que se levantaría la isla artificial.
Cuando el jueves pasado Ricardo Bofill ofreció sus declaraciones sobre el caos y el desorden en la ciudad de Santo Domingo, al parecer estaba pensando en su proyecto como una forma de extender la territorialidad de la República Dominicana, sacando el mejor provecho en un ámbito donde sí pueden imponerse la organización, el orden y la limpieza.
Entre los urbanistas y arquitectos, que despertaron del letargo con las declaraciones de Bofill, la gran comidilla en este momento es que el prestigioso arquitecto vino al país a presentar su proyecto, invitado por la Fundación Global, Democracia y Desarrollo, que fundó y preside el doctor Leonel Fernández, presidente de la República.
La revista “Archivos de Arquitectura Antillana”, que dirige Gustavo Luis Moré, en su número 18, publicó una reseña del proyecto “Ciudamar, la isla del nuevo mundo”.”

Unas cuantas semanas antes de su artículo en El Caribe, Elvira Lora había entrevistado a Ricardo Bofill en la habitación que ocupaba en el Hotel El Embajador, en el que expresó:
“Santo Domingo quedó ayer al desnudo ante el más cosmopolita de los arquitectos contemporáneos, el barcelonés Ricardo Bofill. Ni las ostentosas torres ni las avenidas rápidas ni el proyecto del Metro lograron vestir el caos frente a los ojos del genio. Bofill se impregnó de la cuarta esencia del Distrito Nacional: “La ciudad histórica (Zona Colonial), el centro (polígono central), el Malecón y la ribera del Ozama”, con la guía de sus homólogos dominicanos Gustavo Luis Moré, Pedro José Borrell y Danilo Arzeno.
La “lectura arquitectónica” fue puntual: “La ciudad histórica no luce limpia, el centro tiene edificios destartalados; el Malecón abandonado y el río Ozama es una amalgama de problemas ecológicos.”
“Esta ciudad carece de un ordenamiento lógico”, replicó, luego de andar por las calles tanto como ciudadano de a pie como pasajero, añorando encontrar “más paseos y más árboles”.
Grandes proyectos. Bofill conoce sobre los cambios urbanos pronosticados para la capital, en especial el Metro Santo Domingo.
“El Metro… Espero que lo podáis hacer, aunque en esta ciudad serían solo un par de líneas. Por la capa freática es más recomendable el tranvía o el monorriel”, fue la primera respuesta que dio a El Caribe.
Luego, el genio que se ha embarcado en mil y una travesías diría: “Costará una fortuna, ya sé que es un sueño de la clase política, pero es un sueño caro. Creo que no se puede gastar todo el dinero que se tiene o no se tiene y empeñar a un país, porque al final es un sistema deficitario. Hay que pensarlo bien”.
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“Un Bofill aquí, es un reto”
“Si ahora estoy en China es porque me lo propuse hace dos años… No caben dudas que erigir un proyecto aquí, en Santo Domingo, sería un reto agradable. Pueden dar por un hecho que será un proyecto grande y en colaboración con arquitectos locales”. Bofill tiene su mirada en el Malecón y se habla de algo fenomenal, una ciudad flotante.
“Santo Domingo tiene perfil de suburbio”
¿Cuál es el antídoto de Bofill para Santo Domingo?
Es evidente que en Santo Domingo falta en gran parte organización y gestión, ambas cosas hay que ponerlas en marcha. También hay que hacerle frente a cada barrio, es decir, arreglar barrio por barrio, por ejemplo colocar luz a sus calles, sanearlos, limpiarlos. El siguiente gran proyecto sería que la ciudad mire hacia el mar. Aquí se vive de espaldas al mar. También al río… ¿En su recorrido de esta mañana (ayer) pudo apreciar la ribera del Ozama?
Claro, lo aprecié. Es esta una ciudad de gran valor, tiene un río y un mar hacia donde mirar; lujo que no tienen ciudades emblemáticas. Tanto el río como el mar deben ser recuperados. Es lamentable lo que sucede en el río (Ozama), su rescate y recuperación es importantísimo.
¿Qué pasaría entonces con el centro si se aboca al rescate de la ribera y de la costa?
No se trata de descuidarlas, el rescate debe ser íntegro. Lo cierto es que la ciudad adquiere más potencial si se recupera el Malecón, esa es una zona emblemática y tiene su razón: Las ciudades se hicieron de espaldas al mar en el siglo XVIII, porque se le temía. Ahora no. El Malecón es el principal potencial para el Santo Domingo turístico.
¿Cuál es el perfil que ostenta en la actualidad esta urbe?
No respeta altura, las calles no guardan parámetros…(explica, mientras observa el corazón del polígono central por la ventana desde el octavo piso del Hotel El Embajador)… es un suburbio americano al lado de la playa. Si te fijas, nada tiene que ver con nada, podríamos estar en un suburbio de Ohio (por ejemplo). Es una ciudad sin orden lógico, una ciudad donde la gente no está mezclada (la clase media debe estar mezclada a la rica).
Pero, ¿piensa usted realizar un proyecto en la ciudad?
Sí… pero todavía no hay nada concreto y prefiero no tratarlo hasta que todo sea concreto.
¿Cuáles son las garantías que deben existir para erigir proyectos en una ciudad?
Las obras públicas o privadas de reestructuración significativas de una ciudad solo se pueden hacer cuando hay estabilidad política y económica, así como seguridad jurídica. Estos proyectos no se hacen a medias, debe existir la garantía de dinero y apoyo.”
“La ciudad histórica no luce limpia, el centro tiene edificios destartalados, el Malecón abandonado y el río Ozama es una amalgama de problemas ecológicos.” Dijo el afamado arquitecto en la entrevista. A lo que yo añadiría: Tanto el Centro, como el Malecón, y el río Ozama, son vivos ejemplos de lo inexistente en ciudad alguna que se respete, y más, si se pretende convertir la ciudad capital en una atracción turística.”

De Cajuil.com extraje el comentario siguiente:
“El proyecto, que tiene ya oficinas instaladas, está a cargo de la empresa Global Group Dominicana. Su desarrollo está siendo promovido por la empresa Santo Domingo Redevelopment, Corp., en proceso de formación, y que preside el ingeniero Eulogio Santaella, ex director del Consejo Estatal del Azúcar, y ex funcionario del desaparecido Banco del Comercio Dominicano. Santaella es también el vocero del proyecto.
Las empresas involucradas son Taller de Aquitectura, con Ricardo Bofill, Gustavo Luis Moré y Pedro Borrell, como sus planificadores; la firma inglesa Royal Haskoning, a cargo de la ingeniería; Global Group Dominicana, como la gerencia del proyecto, y la firma de abogados Russin, Vecchi & Heredia Bonetti, responsable del asesoramiento legal.
Aparte de Eulogio Santaella y Luis Heredia Bonetti, tienen funciones administrativas en el proyecto los señores Augusto Menéndez, como vicepresidente ejecutivo; Adrian T. Gilbert, como Primer vicepresidente, y José Danilo Arzeno, como vicepresidente y director técnico.
El proyecto tiene su página de Internet (http://www.globalgrp.com/ciudamar/home.html), y se desconoce la respuesta ofrecida por el presidente Leonel Fernández al prestigioso arquitecto Ricardo Bofill.”

A todos aquellos a quienes les interese profundizar en el tema, les recomiendo leer lo que contiene el link a continuación.

http://marcosbarinas.blogspot.com/2008/05/del-coln-de-catao-la-isla-artificial.html

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CASA DE MÁXIMO GÓMEZ Pila Bautismal de la Independencia de Cuba

Título que usara para mi artículo, publicado el 25 de junio de 1989, en el LISTÍN DIARIO, Pag.12, correspondiente a una serie que denominara: “A propósito del V CENTENARIO”.

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La Casa de Máximo Gómez, o del Manifiesto, llegó hasta nosotros convertida en un deprimente depósito de cebollas, cuya estructura dejaba mucho que desear, hasta el punto de peligrar su existencia, y su histórica presencia entre dominicanos, cubanos, y ciudadanos del Mundo.

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Prueba del empeño de la Oficina de Patrimonio Cultural por preservarla de una inminente desaparición fue, entre otras, las acciones que pusimos en marcha desde el mismo inicio del programa, (1967), así como poner en valor, la Casa de Montecristi, donde viviera uno de los más grandes hombres que han nacido en América, y se llevara a cabo, el 25 de marzo de 1895, la firma del manifiesto, entre los próceres José Martí y Máximo Gómez, que impulsara la Independencia de la hermana República de Cuba.

Transcurrían los primeros meses del año 1968, cuando un selecto grupo de ciudadanos cubanos radicados en nuestro país, le dirigieran una comunicación al Presidente Joaquín Balaguer, solicitándole su colaboración para que se pudieran llevar a cabo los trabajos de restauración y puesta en valor de la histórica Casa de Máximo Gómez.

Coincidencialmente, la OPC había elaborado, en diciembre del año anterior, el ansiado proyecto, que incluiría el embellecimiento de su entorno, y la colocación de sendos bustos, de José Martí y Máximo Gómez en los jardines de la histórica vivienda. Las gestiones llevadas a cabo entre los funcionarios de la OPC y el grupo de ciudadanos cubanos, entre los cuales se encontraba el señor Marcos del Rosario, descendiente del prócer dominicano del mismo nombre, que se distinguiera al lado del Generalísimo en la gesta libertadora cubana, concluyeron con el acuerdo subscrito entre ambas partes, y la entrega a la OPC de un cheque por valor de RD$15, 826.38, como aporte de la agrupación.

De la misma forma se emprendió una recolección de libros, principalmente de temas relacionados con el hecho histórico, al cual está vinculada la humilde casita de madera, como aportación al fondo bibliográfico de la biblioteca que se instalaría, conjuntamente con el museo.

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Uno de los detalles que más se destacó durante el transcurso de los trabajos fue una estrella de madera, que estaba colocada en el cielo raso de uno de los ambientes de la casa, desde donde pendía una lámpara de gas. El detalle fue considerado importante, por el hecho de que la estrella solitaria pasó a formar parte de la bandera cubana.

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Los trabajos de restauración y entrega de las llaves correspondientes, fueron inaugurados una mañana del 1 de junio de 1969, acto al que asistió, además del Excelentísimo Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, la Gobernadora provincial, miembros del gabinete gubernamental, un miembro de la Iglesia Católica, y una nutrida representación de ciudadanos cubanos.

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En mi condición de Director de la entonces Oficina de Patrimonio Cultural, me sigo sintiendo sumamente complacido de haber podido participar en una obra de tanta envergadura para la historia, y el mantenimiento de los vínculos de solidaridad, que siempre han existido entre los ciudadanos dominicanos y cubanos.

Con motivo de su visita a nuestro país el Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de La habana, y responsable del rescate y puesta en valor del patrimonio histórico cubano, girará una visita a la ciudad de Montecristi, el próximo miércoles día 25 de marzo, donde rendirá honores al monumento histórico, en el que se firmara, hace 120 años, el Manifiesto de la Independencia de Cuba.

PALACETES ECLÉCTICOS EN LAS AMÉRICAS

En mi artículo anterior (12/3/2015) me referí a Dumbarton Oaks, palacete de estilo federal construido a principios del siglo XIX en una finca ubicada en Georgetown, Washington, D.C. Como casi todas las edificaciones importantes edificadas en los EEUU, durante el siglo XIX, no dejan de estar inspiradas en algunos de los estilos arquitectónicos procedentes de Europa. Cuando no, combinaciones de estos (Eclécticos). En Dumbarton Oaks se encuentra, igualmente, una muestra de arquitectura contemporánea del afamado arquitecto Philip Johnson. Así fue como se unieron dos estilos y dos épocas.

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En otra nación de la América Total, diametralmente opuesta a la del norte, se encuentra otra, igualmente aventajada, en cuya capital fueron levantadas edificaciones eclécticas, esta vez de estilos afrancesados, o parisinos, y contemporáneas. Se trata, por supuesto, de Buenos Aires, capital de la República Argentina. A la que llaman París de América.

Esas edificaciones que se pueden admirar en barriadas que tuvieron sus despuntes en el siglo XIX, y alcanzaron su cúspide en el XX, me asombraron durante mi primera visita a la ciudad del Papa Francisco. Aún con la aberrante destrucción de buena parte de estas, lo que queda todavía, es tanto, y tan formidable, que combinado con lo construido posteriormente, hace de esta una de las más hermosas y atractivas ciudades al sur del Rio Bravo. Afortunadamente, los porteños se dieron cuenta, aunque algo tardíamente, del tesoro que acumulaban, y desde hace unos cuantos años decidieron modificar su negligente actitud, protegiendo ese valioso legado, y procediendo a rescatarlo y ponerlo en valor.

En uno de mis recorridos por las calles de Barrio Norte, zona de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que abarca parte de los barrios Retiro y Recoleta, contando con una clase media-alta y alta, que fuera homenajeado por el letrista de tangos uruguayo Horacio Ferrer, quien cita sus calles en algunas de sus composiciones, especialmente en su tango “Balada Para Un Loco”, con música de Astor Piazzolla, me llamó la atención un edificio de ocho plantas, ubicado en la intersección de las calles Juncal y Esmeralda en el “codo aristocrático” de la Calle Arroyo, como lo llamó el escritor Eduardo Mallea.

Se trata del Palacio Estrugamou, (1924), un hito de la arquitectura señorial porteña del primer cuarto del siglo XX en el barrio de Retiro. Fue encargado por Alejandro Estrugamou, hijo de vascos-franceses, y terrateniente en Venado Tuerto, como un edificio de renta (como se llamaba en esos tiempos a los edificios residenciales de alquiler) de estilo francés.
Diseñado por los arquitectos franceses Eduardo Sauze y August Huguier, en estilo ecléctico, influenciado por el barroco francés y la arquitectura del Segundo Imperio, consta de cuatro edificios alrededor de un patio donde se encuentra una copia en bronce de la Victoria de Samotracia. Los materiales de construcción fueron importados de Francia y los pisos de roble de Eslavonia.

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El edificio de ocho plantas con mansarda de pizarra negra en estilo academicista francés se inauguró en 1929. El tratamiento formal fue pensado por los arquitectos dando al edificio el aspecto de una gran residencia privada unitaria, visto desde la calle, con sus chimeneas, mansarda, basamento de piedra, grandes molduras y pilastras de capitel clásico de tres pisos de altura. Los espacios compartidos, que ponían en evidencia la realidad del edificio como casa de departamentos, fueron tratados con cuidado, para salvaguardar la distinguida posición social de los habitantes. El patio de acceso es más comparable visualmente a un patio palaciego que a la entrada de un edificio de apartamentos.

El Edificio Estrugamou contaba con cuatro departamentos equivalentes en cada una de sus plantas, compuestos de: sala, comedor, living room, cinco dormitorios para la familia y tres para el servicio doméstico. Cada grupo de departamentos tenía su vestíbulo privado, su araña francesa colgando en la caja de escaleras, su ascensor principal y otro para el servicio. El jardín del frente fue donado a la Ciudad por el señor Estrugamou para permitir el ensanche de la calle Juncal poco antes de su fallecimiento, acaecido en 1937.

Aunque alejada del Palacio Estrugamou, no puedo dejar de traer a colación la combinación de dos épocas como nos mustran Stungamou y la Casa BA que, aunque alejada del Palacio, nos permite recordar la combinación de dos épocas como sucede con Dumbarton Oaks.

A cargo de María Victoria Besonias, Guillermo de Almeida y Luciano Kruk, con la colaboración de Nuria Jover y Enzo Vitali, se encuentra la Casa BA, situada en Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires. Abarca 418.53 m2 y presenta una atractiva forma geométrica en la cual la iluminación jugó un papel importante, algo que podemos apreciar en las imágenes, principalmente nocturnas de la galería.
El concepto arquitectónico que recuerda la Casa BA, aunque con menos cristales, a la Casa de Cristal, de Philip Johnson, no tiene nada que ver con el museo que construyera el arquitecto Johnson en Dumbarton Oaks, pero nos retrotrae al hecho, de que en un país y en el otro sucedieran cosas similares.

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COLOFÓN

Siempre he oído decir que las comparaciones son odiosas, no obstante, en este caso no trato de hacer ninguna. Solo quiero enfatizar que el Palacio Estrugamou fue levantado durante la misma década en que también lo fueran los Edificios Baquero y Diez, de la calle el Conde en Santo Domingo. Consciente de la gran diferencia, en todos los órdenes, entre la ciudad de Buenos Aires y Santo Domingo, no puedo dejar de enfatizar, que mientras la primera continuó creciendo en tamaño y calidad arquitectónica y urbanística, la segunda se congeló, evitando que siguiera sucediendo algo proporcionalmente similar. A esta situación, caprichosamente comparativa, cualquiera se preguntaría, ¿Qué fue lo que le pasó a Santo Domingo, además de las diferencias en todo sentido entre una ciudad y la otra? Pero, que no sucediera algo similar en ciudades de la misma zona geográfica en que se encuentra la Ciudad Primada, como es el caso de La Habana, por solo citar un ejemplo.

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Con respecto a esto, unos dicen, que el estancamiento se debió al derrumbe financiero de 1929, que afectó la economía mundial. Algunos alegan que a la llegada del General Rafael L. Trujillo al poder en la República Dominicana, y otros al Ciclón San Zenón (1930). Cualquiera que fuera el motivo, lo cierto es que la ciudad capital dominicana no volvió a despertar del largo letargo en que calló durante aquella época del siglo XX, hasta avanzada la dictadura trujillista, durante la que se erigieron algunas obras de cierta importancia, aunque jamás comparadas con las de la capital argentina.

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Santo Domingo antes y después del paso de San Zenón

Y no ha sido sino hasta las últimas décadas del siglo XX, y principios del XXI, cuando Santo Domingo ha despuntado, siempre guardando las proporcionalidades, entre esta y Buenos Aires. Esto así, solo en términos urbanísticos y arquitectónicos. Ya que en términos social, educativo, y cultural, las diferencias son todavía más abismales. No tanto así en cuanto a política se refiere, a la que los dos países se han ido asemejando cada vez más.

Con todo y el cariño y respeto que me merece la ciudad en que nací, fui criado, y resido, no puedo ocultar, que las obras realizadas en Santo Domingo a partir del año 2000 carecen, con limitados ejemplos, de valor arquitectónico que me permita acreditarlas como me hubiera gustado. Las realizadas por los gobiernos, tanto urbanística, como arquitectónicamente, dejan mucho que desear. No obstante haberse invertido (gastado) en las mismas cuantiosas fortunas.

Las construidas por el sector privado, no dejan de seguir la misma surte. Todo un montón de las llamadas torres (modestos edificios de apartamentos y oficinas), repiten una suerte de modelo: Paredes de concreto con huecos de puertas y ventanas por todas partes, algunos balcones en los que apenas caben unas sillas donde sentarse, y chimeneas (tubos metálicos) para dar salida a los gases de los generadores eléctricos particulares, entre los detalle más llamativos. A los que han sido agregados, últimamente, paneles de cristal libre de molduras.

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“El amor que uno siente se demuestra sólo con hechos (“obras son amores”), y no con palabras (“buenas razones”).”

En días pasados escribí sobre un tema diplomático en el que me referí a la asistencia de una delegación dominicana a la Conferencia de San Francisco (1945), en la que quedó constituida la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Con anterioridad a este histórico encuentro mundial fueron celebradas en 1944 importantes reuniones diplomáticas, tendentes a resolver el tan ansiado proyecto, que tuvieron lugar en una finca histórica de Georgetown en Washington, D.C llamada Dumbarton Oaks.

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Posteriormente hube de enterarme que en este lugar no solo fueron celebradas reuniones con fines de crear un instrumento que propiciara la paz mundial, sino que, anteriormente, fue parte de la concesión Dumbarton que la reina Anna de Inglaterra hizo en 1702 al coronel Ninian Beall. Cerca de 1801, William Hammond Dorsey construyó la primera casa en la propiedad y un invernadero, y en la mitad del siglo XIX, Edward Magruder Linthicum amplió enormemente la residencia a la que llamó Oaks. Oaks también fue la residencia de Washington en los EE.UU. del senador y vicepresidente John C. Calhoun entre 1822 y 1829.

Entre otras acciones, fue erigida un importante exponente de la arquitectura contemporánea, diseñado por uno de los grandes arquitectos del siglo XX, el norteamericano Philip Johnson. El mismo creador de la Casa de Cristal, en New Cannan, Connecticut, y el Museo de Arte Moderno en New York, entre otros.

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La Casa de Cristal

A continuación algunas referencias relacionadas con Dumbarton Oaks, y Philip Johnson.
Dumbarton Oaks es una mansión del siglo XIX, de estilo federal. Actualmente alberga la Colección y Biblioteca de Investigación Dumbarton Oaks, un centro para el estudio del imperio bizantino, del precolombino y la historia del paisajismo. El centro publica la revista académica Dumbarton Oaks Papers, además de otros libros en sus tres principales áreas de estudio. La mansión se construyó en 1800. En 1920 la compraron Robert Woods Bliss y su mujer Mildred Barnes Bliss. El señor Bliss fue durante mucho tiempo miembro del cuerpo diplomático de los Estados Unidos. Por su parte, su mujer fue una gran coleccionista de arte. A la mansión se le han añadido partes de varios arquitectos, entre ellos de Philip Johnson.

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A finales del verano y principios del otoño de 1944, en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, una serie de importantes reuniones diplomáticas tuvo lugar en Dumbarton Oaks, oficialmente conocidas como las Conversaciones de Washington sobre la Paz Internacional y la Organización de Seguridad. Delegaciones de China, la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos deliberaron sobre propuestas para la creación de una organización para mantener la paz y la seguridad en el mundo. Sus reuniones dieron lugar a la Carta de las Naciones Unidas, adoptada en San Francisco en 1945.

De acuerdo con lo propuesto en Dumbarton Oaks, cuatro organismos deberían integrar la organización, que se denominaría Naciones Unidas: Se crearía una Asamblea General compuesta por todos los miembros. Luego seguiría un Consejo de Seguridad, de once miembros. De éstos, cinco serían permanentes y la Asamblea General elegiría a los seis restantes por períodos de dos años. También se establecería un Consejo Económico y Social que funcionara bajo la autoridad de la Asamblea General. El tercer organismo sería una Corte Internacional de justicia y el cuarto, una Secretaría.

En 1959, el arquitecto Philip Johnson fue comisionado para diseñar un pabellón para una Colección de Arte Precolombino. Este edificio de ocho galerías circulares abovedadas formando un cuadrado perfecto recuerda ideas arquitectónicas islámicas. Más tarde Johnson atribuyó el diseño a su interés por el arquitecto otomano Mimar Sinan (1490-1588).

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Pabellón para una colección de Arte Precolombino. Por Philip Johnson

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El pabellón fue construido en el Soto, uno de los paisajes concebidos en Dumbarton Oaks. Johnson empleó paredes curvas de vidrio para mezclar el paisaje con la construcción. Más tarde recordó que su idea era colocar un pequeño pabellón en un Treescape existente, para que el edificio formara parte del Soto. Johnson afirmó que quería que el jardín “llegara hasta las exposiciones del museo y se convirtiera en parte de él.” Para promover esta idea, incorporó cuatro jardineras interiores acristaladas situadas entre las galerías y la fuente.
Fue así como los propósitos norteamericanos de fundir la política, las relaciones humanas y el arte, se conjugaran maravillosamente. Legando un conjunto de instituciones complementarias, dentro del marco boscoso de una antigua finca urbana.

LA PIEDRA Y EL DESORDEN INSTITUCIONAL

Si, entiendo que me he pasado de los límites prudenciales, tratando el tema de la piedra en la Ciudad Colonial. A quien no le interese, que lo borre. Y si lo puede hacer, que lo haga llegar a otras personas que sí sienten por estas cosas, que aunque no entiendan, íntegramente, el significado de lo que quiero transmitir, al menos traten de compartirlo, bajo el entendido de que no estoy refiriéndome a nada ajeno a nuestra condición de dominicanos apegados a nuestra historia, a nuestras tradiciones, y a los incomprendidos sentimientos de protección del patrimonio cultural de la humanidad.

En esta oportunidad me referiré a una casa particular, ubicada en la calle 19 de Marzo, entre las calles Salomé Ureña y Luperón. Consistente en una sencilla edificación de dos niveles, y dos crujías paralelas, más un tercer cuerpo en el que se encuentra su escalera original, además de un pequeño patio.

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¿En qué consiste, entonces, la importancia de la sencilla casa, ubicada en lo que fueran las afueras de la Ciudad de Ovando? Para contestar la pregunta diré, primero, que tal como lo he manifestado infinidad de veces, la ciudad original trazada por Nicolás de Ovando en el año 1502, llegó desde la calle Las Damas hasta la calle Hostos. Extendiéndose hasta la calle Sánchez a partir del siglo XVIII en adelante.

Como la calle 19 de Marzo, que es donde se encuentra nuestro objetivo, está ubicada en el área comprendida entre las calles Hostos y Sánchez, parecería muy poco probable que una edificación construida con la calidad de materiales con que lo fue, se encontrara en dicho sector. Teniendo en cuenta, que una construcción levantada, totalmente, de piedra de sillería, exclusivamente reservada para las edificadas de la época de Ovando, y algo más, posteriormente, tuvo que haber pertenecido a un personaje importante, para poder lograrlo. Algo similar, aunque de menores proporciones, a la conocida Casa del Tapao, que se encuentra en la misma calle, dos cuadras más al Sur. Ello así, hasta que llegue el momento de descubrir más fachadas en ese mismo sector, que habrían sido camufladas en épocas recientes, como sucediera con la que estamos refiriéndonos.

De todo lo expresado cabe decir, que la importancia de nuestra edificación, no solamente obedece a la calidad de su construcción, sino a la posibilidad de la importancia de quien la hiciera construir.

A sabiendas de las barbaridades cometidas en el transcurso del siglo recién pasado, cuando fueron destruidas, cuando no desfiguradas una buena cantidad de las edificaciones procedentes de los primeros años de la conquista y colonización del Nuevo Mundo. Barbaridades, igualmente cometidas en épocas posteriores, y actualmente continuada, aunque de forma y propósitos diferentes.

Apelo a la insensibilidad de quienes participan, actualmente, en los trabajos que se vienen llevando a cabo en propiedades particulares, tratando de recubrir los horrores fachadísticos, o epidérmicos, de antiguas estructuras de la Primada, de la misma forma con que se han tratado algunos sepulcros, durante el transcurso de la historia, para que no intenten hacer lo mismo en la fachada de esta.

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Aparentemente, alguien ha estado tratando de hace r algo, lo que deducimos por la franja que aparece a la izquierda de la fachada, a solo unos cuantos centímetros de altura de la acera. Franja que no existía hace algún tiempo, como los que había en diferentes partes de la misma.

¿Recuperar o clonar?
Superado el debate sobre la necesidad de reintegrar los cascos antiguos, la discusión se centra ahora en cómo afrontarla.

• ”¿Son los planes de protección de los cascos históricos demasiado conservadores? Las sensibilidades arquitectónicas van por barrios, desde quienes defienden el rigor reconstructivo, hasta los que claman por una mayor creatividad, siempre que se aplique una armonía entre lo nuevo y lo antiguo. La mayoría se oponen a la querencia administrativa que algunos llaman fachadismo, es decir la clonación de la fachada y un cierto desentendimiento del interior. Si solo conservamos la fachada, nos quedaremos solo con un escenario histórico. Y eso no gusta en los entendidos. «El que quiera parques temáticos, que se vaya a Orlando», sentencia el decano del Colegio de Arquitectos de Galicia, quien aboga por un poco más de manga ancha a la hora de interpretar el concepto rehabilitar.”

LAS PIEDRAS ILUSTRES CONTINUAN CAYENDO

RUINAS (17)

En interés de continuar exponiendo lo que desde hace más de cincuenta años me propuse, y logré poner en práctica, extraigo de la profundidad de mi archivo este artículo, que escribiera el 15 de enero de 2005, y que dados los diez años transcurridos me permití editarlo.

He estado ocupando una buena parte de mis ratos de ocio leyendo, cuando no volviendo a leer, las letras que nos han legado nuestros grandes pensadores y escritores de todos los tiempos. Lo que no había hecho dadas mis responsabilidades familiares, y la intensa dedicación al tema que entienden quienes me conocen. Un trabajo del eminente intelectual y hombre público dominicano, Don Manuel Arturo Peña Batlle, que publicara en el año 1925 con el título “Por las Piedras Ilustres”, dice, entre otras cosas lo siguiente: “Ayer cayeron al golpe formidable de la piqueta inconsciente e ignara, las piedras legendarias y simbólicas (del hospital) de San Nicolás: una mano infame, un cerebro microscópico, rubricaron la caída injustificada de aquellas columnas y frisos insustituibles… el sacrilegio se consumó y la afrenta, una vez más, empañó el brillo de nuestro pasado esplendoroso. Hoy, las piedras que escucharon la prédica evangélica del Apóstol, las piedras que se conservaron en sus entrañas el estremecimiento con que nuevos hombres, dominicanos aún en medio de la abyección de entonces, pusieron su firma al pie de un juramento formidable, han caído también al golpe canibalesco de necesidades sin fe en la virtualidad de las piedras ilustres, y sin respeto a la memoria de momentos y de hombres ilustres”.

Se refería Peña Batlle con estos lamentos a la destrucción de que fuera objeto una buena parte de la monumental edificación erigida a principios del siglo XVI, por disposición del Gobernador Nicolás de Ovando, para ser convertido en el primer hospital que surgiera en el Nuevo Mundo. Cayeron al golpe canibalesco, conjuntamente con la modesta casita en la que fuera fundada la Sociedad Secreta “La Trinitaria”, es decir, la cuna de nuestra independencia.

ruinas-del-antiguo-monasterio-de-san-francisco-before-earthquake-in-1946-1930s RUINAS (2)

Ruinas de San Francisco                                Ruinas de San Nicolás

RUINAS (34)PUEBLO VIAJO AZUA

Pueblo Viejo, Compostela de Azua

RUINAS (6) RUINAS (33)

Concepción de La Vega

LA TRINITARIA

Casa en la que se fundó La Trinitaria. (Oleo sobre cartón de Da. Margarita Billini de Fiallo)

.Hechos tan lamentables como éstos no han sido los únicos que se han cometido, y se vienen cometiendo, todavía, en nuestro país en desmedro del legado histórico-arquitectónico heredado por los dominicanos de actuaciones inmortales de todos los tiempos. A estos le siguieron otros monumentos, igualmente, imperdonables.

Recientemente nos enteramos de una noticia, igualmente lamentable, a la que describe magistralmente Manuel Arturo Peña Batlle. La diferencia consiste en que en esta ocasión las piedras ilustres no cayeron a golpe de piqueta, ni por obra de la naturaleza. Siguen en pie aún, pero a punto de caer derribadas por la inconsciencia e indiferencia por las que han caído tantas otras importantes obras de nuestro pasado glorioso, que convirtió a Santo Domingo, no solamente en la primera capital del Nuevo Mundo, sino en la sede donde se tejieron y se decidieron los demás acontecimientos históricos que se derivaron de aquel histórico encuentro entre dos mundos.

Lo más lamentable del caso no es solamente el hecho de que sigamos resistiendo pasivamente la desaparición de este gran legado, con la pena de que con este desaparece parte de la grandeza con que cuenta nuestro pueblo, y que como nos dice Peña Batlle, estamos supuestos a “amar, respetar, considerar las cosas del pasado, las cosas grandes que nos han precedido, y que se han constituido en bien de nosotros y para bien de quienes nos sigan en el curso de las generaciones humanas, es propio de grandes pueblos; hacer, amar, y hacer respetar, y considerar las cosas del pasado, promover su conservación, asegurar la no profanación de esas cosas; hacer de ellas permanentes lecciones de civismo, todo eso es propio de grandes gobiernos”.

Tres cuartos de siglo después de esta lapidaria sentencia, las cosas no han cambiado. Los fundamentos, que son los mismos, más otros, tan importantes como aquellos, adquieren en estos momentos otras connotaciones que van acorde con los tiempos presentes. Me refiero a su importancia para nuestro desarrollo, sin el cual habremos de quedarnos, formando parte de la cola del mundo. Igualmente, a su importancia para consolidar un crecimiento sustentable del principal renglón de nuestra economía: el turismo, en su vertiente cultural, complemento del que hemos estado explotando exitosamente.

Que lo ocurrido con las ruinas de San Nicolás, o con la humilde casita donde se constituyó La Trinitaria, con el Fuerte de San Gerónimo, y tantas otras reliquias históricas, no se vuelva a repetir. Y que tales acciones, compartidas con trabajos de restauración inconsistentes, nos sirva de ejemplo, para que no tengamos que continuar lamentándonos, como lo hemos venido haciendo desde hace tiempo.

NO TAN SOLO LAS PIEDRAS CONTINUAN CALLENDO

En el transcurso de los últimos años, se han estado derribado, cuando no incendiando, un sin número de casas de madera, correspondientes al período Victoriano, en la ciudad de Santiago, que vienen mermando el conjunto de las que todavía quedan en pie, integrando el centro histórico de la Ciudad Corazón. Lo mismo ha estado sucediendo en Puerto Plata, Montecristi, Sánchez, Azua, y otras ciudades de la República Dominicana, que cuentan con edificaciones antiguas, y que por ser de madera deberían estar protegidas por las autoridades gubernamentales, con el mismo empeño que las coloniales existentes, mayoritariamente, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Sánchez+y+su+importante+ferrocarril+les+invitan+a+”Un+Encuentro+con+lo+Nuestro”[1] Sanchez3[1]

Sanchez, Samaná

SANCHEZ

Casa de Da. Trina de Moya, Sanchez Samaná (Demolida hace poco tiempo)

MONTECRISTI (Medium) -victoriana-ubicada-en-la-calle-Sánchez-esquina-Restauración-es-otra-víctima-de-la-destrucción-de-las-reliquias-culturales.-Foto-Bartolo-GARCIA[1] (Medium)

Montecristi

SANTIAGO SANTIAGO 3 (2)

Santiago de los Caballeros

SANTIAGO 3 (1)

Santiago de los Caballeros

PTO. PLATA MACORIS

Puerto Plata                                                 San Pedro de Macoris

SAN PEDRO DE MACORIS

San Pedro de Macoris

POTOSÍ, BOLIVIA

POTOSI, BOLIVIA
Como han podido ver, esta ciudad fundada a mediados del siglo XVI, sobre una gigantesca mina de plata, debió haber lucido totalmente blanca, como las demás de su época. En el siglo XVII, con una población de 160,000 habitantes, habría ido cambiando de fisonomía, como sucedió con el resto de los centros históricos de la América hispana. Hoy, la Potosí que vemos en el PPS es completamente diferente a la del XVII, y mucho más a la como debió haber lucido en el siglo XVI.
Para mi es lamentable la desfiguración, en términos de su colorido, a la que la han llevado, con la excepción de sus templos, y palacetes, que todavía conservan sus fachadas de piedra, o el encalado original.

Entiendo, que se ha ido creando un patrón, que incluye ciudades históricas del área del Caribe, a las que quieren sumar la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

¿Será posible que la modernidad, el tan esperado siglo de las lucez y la razón, y los afanes de UNESCO por preservar el partrimonio de la humanidad, permitan que el caos, la falta de talento, capacidad creativa, buen gusto, y tantos otros atributos, se adueñen de nuestra riqueza histórica y cultural. Todo a cambio de unos afanes turísticos  y lucrataivos para unos cuantos?