RECOMENDACIONES

Prosiguiendo con lo tratado en mi artículo anterior, y en tantos otros, a continuación plantearé algunas recomendaciones de lo que a mi entender se debería hacer cuando el gobierno esté dispuesto a emprenderlas, y proceda a dar inicio a una política patrimonial diferente a como se ha venido desarrollando desde hace tiempo. Y que ha sido una tendencia de todos los gobiernos desde el año 1978.

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Acto de apertura de la Oficina dePatrimonio Cultural. El Señor Angel Miolán, Director Gral. de Turismo, reunido con los Señores  Arq. Vinicio Báez Berg y George Turner, en representación del Presidente Balaguer y de la OEA, respectivamente, acompañando al Director de la OPC, Arq. Manuel E. Del Monte Urraca, y demás componentes del nuevo organismo (1967)

El tema Patrimonio Cultural, en su acepción monumental, arquitectónico,  histórico, o como lo quieran llamar, es algo de suma importancia para nuestro país, pero, lamentablemente, de escaso interés para el pueblo santodominguero. De hecho esta ha sido la razón por la cual las edificaciones coloniales hayan padecido toda clase de infortunio y, hasta desaparición, sin que la casi totalidad de los gobiernos haya prestado la debida atención.

Debo señalar, que el actual gobierno, presidido por el Lic. Danilo Medina, decidió contribuir con algo, permitiendo que se implementara un proyecto denominado Plan de Rehabilitación Integral de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, que después de llevar casi cuatro años en ejecución no se acaba de concluir, además de haber causado una irreversible desgracia (desplome del Hotel Francés).

Hotel Francés se desplomó

Mayo de 2015

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Agosto de 2016

Cabe decir, que la intención del gobierno no dejó de ser plausible, pero dañada por la politiquería.

Que el solo hecho de invertir la suma de 35 millones de dólares fue muy bien recibido. Lo que en cambio no sucedió lo mismo fue el que dicho proyecto fuera puesto bajo responsabilidad de organismos que nada tiene que ver con un asunto que no es de sus competencias. Como son el Ministerio de Turismo, el Ayuntamiento del Distrito Nacional, y la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE), que ha sido la que ha tenido a su cargo los trabajos.

A continuación una lista de titulares de periódicos que dan a conocer lo que la OISOE ha estado haciendo, sin que aparezca la agencia rectora oficial (DNPM).

Director OISOE asume dirección trabajos Zona Colonial

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OISOE revisa caso empañete se hizo en la Puerta del Conde

Reparacion del parque Independencia para el nacional 

OISOE reinicia trabajos de restauración de la Casa Museo de Juan Pablo Duarte

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Vista posterior del conjunto de tres casas que conforman la llamada Casa de Duarte. De izquierda a derecha, la casa en la que vivió el Padre de la Patria. Le sigue casa de un vivel, construida en el Siglo XX, en cuyo terrero se construyó una anexidad. Y, finalmente, casa colonial de dos niveles que ha sido, igualmente, alterada.

Director de OISOE asume personalmente rescate de varios monumentos

OISOE remodelará Iglesia Santa Bárbara

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Puntales colocados hace alrededor de 30 años en el lateral norte de la iglesia.

Francisco Javier García, Secretario de Turismo, explica sobre obras en Ciudad Colonial

OISOE construye edificio de parqueo en Ciudad Colonial

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A la izquierda edificaciones que fueran demolidas en 1975 para liberar las Monumentales Atarazanas Reales, y construir una playa de estacionamineto a nivel del terreno.

A la derecha, las escavaciones en el mismo lugar.

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Estructras metálicas levantadas sobre el nivel de terreno. Dejo a la consideración del lector la opinión de quienes se atrevan a decir lo que piensan.

En el año 1967 surgió un programa que se diferenció totalmente de lo que ocurría en el pasado. El gobierno nacional, respaldado por la Organización de los Estados Americanos (OEA), atendiendo inquietudes de algunos ciudadanos dominicanos, creó un programa y una agencia rectora, la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), que en lo adelante se ocuparía del tema en su totalidad. De igual manera, se promulgaron las leyes, y sus reglamentos, y los decretos, que complementarían, tal decisión.

Para dar inicio a tan importante misión tres arquitectos, un dibujante, una secretaria, una recepcionista y un mensajero, se instalaron, provisionalmente, en una de las habitaciones del Alcázar de Colón, mientras acondicionaba la edificación vecina, cuya entrada está en la calle Atarazana. Esos trabajos más el costo del equipo que se instaló fue donado por la OEA, al igual que el presupuesto de gastos y de personal por un año.

Conjuntamente con los trabajos de restauración de los daños que le causara la guerra civil del 65 al Alcázar, se empezaron los proyectos de restauración de la Capilla de la Soledad, que ocupaba la Academia Dominicana de la Historia, de la hilera de casas de la acera norte de la calle Atarazana frente a las oficina de la OPC, de la casa de Ponce de León en San Rafael de Yuma, y de la Fortaleza de San Felipe en Puerto Plata, además de la restauración de la Casa de Máximo Gómez, en Monte Cristi, donde se firmó el Manifiesto de la Independencia de Cuba, cuyos recurso fueron donados por la comunidad de cubanos residentes en nuestro país.

Y de esa forma, la novel institución, dotada de los mecanismos necesarios para trabajar, incluyendo un personal extra, que fue adquiriendo con el paso del tiempo, ya inaugurada la primera etapa del Sector de la Atarazana, y los proyectos que se pusieron en marcha sin pérdida de tiempo, no resultó como se esperaba.

Opositores a los que habíamos participado en la creación del programa, y ejecución l-a primera parte de las obras, incitaron al Presidente Balaguer a que efectuara cabios en el Programa, y en su Dirección, sin necesidad de modificar la legislación existente. Intromisiones de profesionales de la arquitectura, y uno que otro personaje perteneciente a la Iglesia, acompañados del desinterés de los sucesivos gobernantes, a partir de 1978, han sido los principales responsables de que la situación empezara a descomponerse, conduciendo el programa al deplorable estado de caos institucional en que se encuentra.

QUE HACER INSTITUCIONALMENTE

Para poder remediar esta crisis de múltiples aspectos, se hace imperativo darle un giro de 180 grados a la actual situación. Es decir, aplicarle una especie de borrón y cuenta nueva. Habría de revisarse la legislación existente. Para que este “sueño” llegue a ser posible, será imprescindible un gobernante dotado de la voluntad política, y la sensibilidad necesaria. Y que sea capaz de entender, que la inversión que se haga no deberá interpretarse como un gasto, sino, más bien, como una inversión capaz de ser recuperada mediante un turismo similar al que invade San Juan de Puerto, Cartagena de Indias, e invadirá en su momento La Habana, Cuba.

Para lograr lo antes expuesto será necesario implementar las recomendaciones siguientes. Ya anteriormente expuestas.

1.- Actualizar el entramado legal existente, y revisar la composición de la Estructura encargada de dirigir el programa.

2.- Devolver el control original, tal como aún lo dispone la ley, a la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), nombre que fuera modificado por el de Dirección Nacional de Patrimonio Monumental (DNPM), de manera que se disponga de una sola agencia responsable.

3.- Disponer la anulación de los demás organismos (comisiones, patronatos, Fondo, etc.), que fueron creados, con el propósito de que actuara paralelamente a la agencia oficial, y anular cualquier otro organismo.

4.- Disponer la vía por la que la DNPM habrá de recibir fondos para los trabajos.

PROCEDIMIENTO A SEGUIR EN LA CIUDAD COLONIAL DE SANTO DOMINGO

Desde su mismo inicio la OPC planteó la necesidad de que se creara un orden de prioridades para sacar del atraso y abandono en que se encontraba el centro histórico. Lo que no se pudo llevar a cabo por varias razones.

Dicho planteamiento consistía, y sigue consistiendo, en poner en primer lugar lo primero. Que es lo mismo que decir: Completar los trabajos que vienen ejecutando organismos ajenos al programa, corrigiendo y modificando lo que sea necesario.

Comenzar de inmediato la construcción de los estacionamientos que sean              necesarios. Previa selección de los lugares, por expertos.

Llevar a cabo un censo de los residentes (inquilinos) en la Ciudad Colonial, con el propósito de reubicarlos a viviendas dignas.

Se procedería a hacer otro censo a los residentes del sector que hemos elegido, tentativamente, en el que se ejecutará el proyecto, consistente en la construcción  de torres de apartamentos, en los que se reubicarían, tanto los residentes (inquilinos) del centro histórico, como los del sector en que se construyan las torres.

Con estas medidas se resolverían ambos problemas. Por un lado se desarrabalizaría el centro histórico, y por el otro se haría lo mismo con el sector donde se construyan las torres, convirtiéndolo en un área decente, justamente a la entrada desde el norte a la Ciudad Colonial.

Por otro lado, se entregarían las casas del centro histórico desalojadas a sus legítimos propietarios. Y se les daría un plazo para hacer lo que decida la autoridad competente. En caso de algún propietario no obtemperar con lo que se le señale, el gobierno declararía el inmueble de utilidad pública, compensaría justamente a los propietarios, y lo pondría en pública subasta.

Ambas decisiones deberían ser ejecutadas por una nueva entidad, que manejaría todos los aspectos envueltos, despolitizados, y con un carácter empresarial. Lo mismo se haría con la administración de los condominios, de forma tal que se mantengan igual que los privados.

De manera similar a la disposición anterior, se ordenaría la construcción de un parque de galpones industriales, que se le propondrían a las impresoras que abarrotan la Ciudad Colonial, al igual que otras empresas no afines a la misma. Adoptándose  similares condiciones que las descritas anteriormente.

Tan pronto como las circunstancias lo permitan, se comenzaría a rescatar del abandono en que se encuentra la mayoría de los templos coloniales, incluyendo la Iglesia Episcopal, cuya arquitectura es un ícono de la ciudad.

No puedo dejar de mencionar la barriada de Santa Bárbara, desde la calle General Cabral hasta la antiguamente llamada Avenida España, única olvidada, y totalmente abandonada, del centro histórico

Existen muchos otros problemas que afectan la Ciudad Colonial, que serán tratados en otra oportunidad.

 

 

 

 

 

 

TAN PERJUDICIALES COMO EL CAMUFLAJE

Dedico esta lucubración a todos aquellos que tienen interés en tema. Muy particularmente a los historiadores y arquitectos, propietarios y residentes de la Ciudad Colonial. Y, por supuesto, a las autoridades gubernamentales cuya misión está vinculada al mismo.

En anteriores entregas hube de tratar diversos temas relacionados con el patrimonio arquitectónico de nuestro país. Tales han sido, entre otros, los relacionados con la conservación y restauración, la institucionalidad, la proliferación de organismos para oficiales (comisiones y patronatos) y, últimamente, lo que he denominado camuflaje. Con estos y con los que continuaré publicando espero dejar esclarecidas las dificultades que han impedido que se desarrolle el programa creado el 15 de Junio de 1967.

No hay duda de que desde el Siglo XIX algunos gobiernos se han pronunciado en favor del patrimonio nacional. Es el caso de Buenaventura Báez que asume la primera medida de la historia republicana relacionada con la protección del patrimonio arquitectónico y monumental. Se trata del Decreto No. 1134 del 3 de febrero de 1870, que “declara monumentos nacionales, el Alcázar de Colón, la Columna Chata situada en la cuesta de San Diego, así como las ruinas de la casa contigua al Alcázar”

Dentro de las medidas legales asumidas a partir del Siglo XX, sobre la conservación del patrimonio monumental se destacan el “Decreto No.63, del 26 de noviembre de 1930, que declara monumentos nacionales el Baluarte del 27 de Febrero, la Santa Basílica Metropolitana, la Antigua Iglesia del Convento de los Padres Predicadores, la actual sacristía de la Iglesia San Lázaro, que es el antiguo Templo, la casa-fuerte del Almirante Diego Colón, la Puerta de San Diego, la Torre del Homenaje, la Iglesia San Nicolás, el Fuerte de San Jerónimo, el Fuerte de Haina, y todos los edificios o parte de edificios de igual índole que debieran ser conservados por su valor histórico y arqueológico.”

En fecha (Febrero de1932)  el gobierno dictó el Decreto No. 397 mediante el cual nombra los miembros de la Comisión Conservadora de Monumentos Nacionales. Lo mismo ocurre con el Decreto No. 417, de Mayo de ese mismo año.

Mediante Ley No.293 de febrero de 1932 fueron tomados en consideración:

“Art. 1- Los monumentos, obras de arte, y piezas de importancia histórica, artística,  o arqueológica, existentes dentro del territorio de la República, estarán bajo la protección oficial.”

“Art. 2- Se crea por esta Ley una Comisión de Conservación de Monumentos, obras y piezas de importancia histórica, artística o arqueológica.” Etc.

“Art. 3- Esta Comisión publicará una nómina de todos los edificios, obras y piezas   sobre cuya conservación debe ejercerse vigilancia oficial.” Etc.

“Art. 4- La Comisión tendrá facultad para tomar todas las disposiciones que convengan para la conservación de dichos…” Etc.

“Art. 5- Tampoco se podrá, sin autorización expresa de la Comisión, transportar ninguna obra o pieza que haya sido declarada de interés…..” Etc.

“Art. 6- La Comisión procurará que los edificios que han sufrido modificaciones indebidas sean restaurados en su primitiva forma….” Etc.

“Art. 7- Las decisiones de la Comisión son revocables, aún de oficio por el Poder Ejecutivo.”

De haberse cumplido este mandato, y de habérsele dado la importancia que merecía, muchas de las barbaridades cometidas no se hubieran cometido. Pero, lamentablemente, al igual que lo acontecido en nuestra época, el mismo gobierno violó sus propias disposiciones, permitiendo que se aplicaran  las bárbaras medidas de Peligro Público, y Lesivo al Ornato, que tantos daños causaron.

A continuación transcribo el Art. 29 de la Ley 48-48/1944 que trata el asunto:

 “Art. 29.- Para los fines de la presente Ley (48-48 de 1944) se considerará que constituye:

PELIGRO PUBLICO: Todo edificio, obra o construcción que represente una amenaza para la seguridad de sus moradores y vecinos, de los transeúntes, o cualesquiera otras personas que por este mismo requiera su destrucción total o parcial;

LECIBO AL ORNATO: Todo edificio, obra o construcción que menoscabe la belleza o el desarrollo urbanístico de una ciudad o población de un sector determinado de esta y que por esto mismo requiera su demolición parcial o modificación en su fachada o en su estructura.”

Los Decretos No.3511, de Mayo de 1946, y No.4260, de Marzo de 1947 fueron dictados con el propósito de modificar la Comisión Conservadora de Monumentos.

A partir de la vigencia de la Ley No. 1499 de fecha 16 de abril de 1947 el Congreso Nacional dispone, entre otros asuntos, que el Museo Nacional funcionará como una dependencia del Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas.

Continuando con la Comisión Conservadora de Monumentos Nacionales el Poder Ejecutivo designó, en el mes de Noviembre de 1947, otros miembros, y el día 26 de Octubre del año siguiente (1948) se incluyen varios funcionarios gubernamentales, al presidente del Consejo Administrativo del Distrito Nacional, y otros, miembros ex oficios.

Como hemos podido advertir las medidas de índole legal dictadas hasta 1948 se concretaron en enfocar la declaración de monumentos nacionales, la creación de una Comisión Conservadora de Monumentos, y el nombramiento de sus miembros.

En cuanto a intervenir alguno de los monumentos, o edificaciones particulares, el gobierno del Generalísimo Trujillo dio el primer paso al ordenar la restauración del Alcázar de Colón, y el templo que perteneció a la Compañía de Jesús (Siglo XVII) para convertirlo en el Panteón Nacional.

No obstante, jamás existió un programa específico, ni una agencia oficial que estuviera encargada de hacer lo  necesario para que se cumplieran las leyes, y velar por la conservación de ese patrimonio.

INICIO DE UNA NUEVA ERA

El día 15 de Junio de 1967, se dicta el Decreto No. 1396, que dispone el mantenimiento y administración del monumento nacional denominado Alcázar de Colón y sus instalaciones museográficas, y quedan bajo la responsabilidad  de la Dirección General de Turismo. Coincidiendo dicho mandato con la fecha del Decreto No 1397, mediante el cual fue creada la Oficina de Patrimonio Cultual (OPC). Dándose inicio a una nueva era.

Al llegar el año 1967 lo que se había hecho en nuestro país, no había contribuido en nada con la salvaguarda de nuestro patrimonio arquitectónico. Las escasas disposiciones legales que fueron promulgadas se habían convertido en simples enunciados, o letras muertas. Y la Comisión creada al efecto no logró hacer nada. Que podía haber hecho sin disponer de una infraestructura, técnicos especializados, ni recursos económicos con que poder actuar. Consistiendo sus únicas funciones en embellecer los entornos de los principales monumentos, correspondiéndole la misma al Consejo Administrativo del Distrito Nacional.

No puedo dejar de mencionar algunas de las obras que se ejecutaron antes de Junio de 1967. No obstante, debo calificar tales trabajos como simples intervenciones, que no se ajustaban a las normas internacionales de restauración. Son estas, entre otras, las ruinas de Engombe, la Capilla de la Tercera Orden del Convento dominico, la demolición del Fuere de San Jerónimo, la demolición parcial de la ruinas del Hospital de San Nicolás, para construir la Iglesia de la Altagracia, y la desaparición del antiguo Palacio del primero Ayuntamiento de América para sustituirlo por otro.

A continuación la relación de organismos oficiales que han sido creados a partir del 1967 para hacerse cargo  del patrimonio arquitectónico de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, después de derogar las disposiciones existentes.

Estos son, en orden cronológico los siguientes:

1. Oficina de Patrimonio Cultural, 15 de Junio de 1967

(Debió haberse mantenido, como un único organismo encargado. De hecho así lo dispone la Ley)

2. Comisión para la consolidación y ambientación de los monumentos históricos de la ciudad de Santo Domingo (Comisión de Monumentos) 1972.

(Aunque era necesaria la participación de un mayor número de personal calificado, la creación de esta Comisión fue el primer gran error cometido por el gobierno, al permitir la escisión del programa creado por Ley para encargarse del mismo)

3. Comisión de Rescate Arqueológico Subacuático (Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático) 1979.

(Debió haberse creado como una dependencia de la OPC)

4. Fondo para la Protección de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, 1991.

(Nunca el gobierno debió encargar a un grupo de personas constituidas en comisión, dependiente del Patronato de la Ciudad Colonial para recibir y administrar fondos públicos provenientes, en su mayoría, de rentas de propiedades administradas por la Dirección General de Bienes Nacionales. Que yo sepa, no se ha dado a conocer en que se han invertido los recursos.

5. Patronato de la Ciudad Colonial 1993

Este Patronato, que se constituyó en un ente independiente, totalmente desvinculado de la agencia rectora (OPC), estuvo presidido por el Cardenal López Rodríguez, e integrado por un grupo de historiadores y arquitectos afines.)

6. Ministerio de Cultura 2000

Uno de los errores que se cometieron en la creación de este Ministerio, anteriormente Secretaría de Estado, fue traspasar a este la Oficina de Patrimonio Cultural. Y sobre todo, a una Sub Secretaría (Vice Ministerio de Patrimonio Cultural). Originándose una dualidad de responsabilidades. En la que el Vice Ministerio tiene mayor jerarquía que el Director de la OPC.

Los conceptos a los que me he querido referir son solo un resumen de lo que ha estado ocurriendo en relación a la conservación de nuestra Ciudad Colonial. A estos organismos habría que sumarle el Ministerio de Turismo, el Ayuntamiento del Distrito Nacional, y la Oficina Supervisora de Obras del Estado (OISOE), que son las que han estado interviniendo por su cuenta en el centro histórico.

Es de las consideraciones antes expuestas donde reside el daño que le ha estado sucediendo a la Ciudad Colonial de Santo Domingo. De manera, que hasta que esta política no le cambien el rumbo, y la ajusten al entramado oficial del Estado,                     estoy seguro que todo seguirá igual, cuando no peor.

CAMUFLAJE

“Ocultación de una cosa dándole aspecto de otra”

La acepción extraída del diccionario le viene como anillo al dedo a lo que se ha estado haciendo en la Ciudad Colonial de Santo Domingo con sus edificaciones antiguas. Que no es otra cosa que recubrir los paramentos exteriores originales para darle otros aspectos, empleando morteros cuya composición fue cambiando con el paso del tiempo. Y, como si hubiera sido un virus, llegó a contagiar a casi todas, hasta el año 1967, cuando la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) comenzó a descubrir las que podía. Siendo unas de las primeras las casas que construyó Nicolás de Ovando a ambos lados de la calle Las Damas.

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Nótese como las cuatro casas que aparentaban ser totalmente independientes, eran una sola, dividida y camuflada. El palacio de Frey Nicolás de Ovando (1503).

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Las cuatro casas despojadas del camuflaje, y vueltas a unificar, tal como fuera originalmente.

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La foto de la iazquierda, correspondiente a los años anteriores a 1967, muestra el aspecto con que fue camuflada otra de las casas de Ovando ubicada en la acera de enfrente de la que fuera su residencia.

A la derecha la misma edificación restaurada. Increíble ¿ verdad ?  

Finalizando el siglo XIX y, posteriormente, iniciándose el XX, los residentes de Santo Domingo quisieron darle un aspecto de “gran ciudad”, modificando las fachadas, lo que se propagó como pólvora. De ahí, que las edificaciones antiguas, construidas de piedra de sillería, o de mampostería, ya no eran del agrado de los santodomingueños. Y empezaron a darle un falso “look”, con el que han llegado hasta nuestros días.

Para aplicar ese cambio de fachada lo que se hacía era modificar la que tenía originalmente, borrándole su pasado. Para ello se modificaban los vanos de puertas y ventas, se agregaban balcones volados, se eliminaban las cornisas, y se agregaban unos antepechos. Y para completar el disfraz se cambiaba el antiguo recubrimiento por otro, y encalaban, agregándole diversos colores a la cal viva.

Con lo que se consiguió cambiar la imagen de la ciudad. Actitud propia de la ignorancia, cuya población se mantuvo alejada de las corrientes arquitectónicas y urbanísticas de cada época, y que nunca quiso, ni entendió, lo que la historia le había dejado como su legado. De haber sucedido tal dislate en cualquier ciudad europea, por ejemplo, ¿qué hubiera sido de ellas, cuya imagen los visitantes extranjeros deseaban admirar, si todas sus edificaciones correspondían a la misma época.

Pasado un tiempo prudente, llegado el año 1967, y con este un nuevo programa, si lo que deseábamos era rescatar y poner en valor nuestro principal centro histórico, y con ello poder demostrar que disponemos de lo primero que se construyó en el Nuevo Mundo, lo más lógico era, y sigue siendo, eliminar ese camuflaje, y proceder a restaurar, no a pasarle una brocha, cual sepulcros blanqueados, como se ha seguido haciendo.

Pero, como lamentablemente los que hemos estado envueltos en el tema no nos hemos podido poner de acuerdo, algunos de mis “competidores” al igual que de propietarios no lo han querido implementar y, lejos de ello, han vuelto a camuflar lo que había sido descamuflado.

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Es así, como volvieron a empañetar las fachadas de la mal llamada CASA de La UNESCO, en la calle Luperón, la del Hotel Francés, hoy desaparecida, y otras. Poniendo a competir una ciudad del Siglo XVI con otras ciudades posteriores.

Y aún así, tenemos el caso de La Habana, cuyas edificaciones dieciochescas que cuentan con fachadas de piedra, han sido conservadas intactas.

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Algo similar, guardando las diferencias, es lo que se ha hecho en el Baluarte de San Genaro, o Puerta del Conde. En este caso, mucho más grave que en otros, dada su importancia como parte de la muralla protectora de la ciudad, y de ser el lugar donde nació la República Dominicana. Y haberse implementado después de haber pasado tantos años repitiendo la misma vaina.

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Recordando algunos trabajos del pasado, tenemos el caso de la Capilla del Rosario, de la iglesia del ex Convento Dominico, una de las más hermosas obras de arte aplicadas a la arquitectura con que cuenta el patrimonio monumental de los dominicanos. Durante uno de los tantos terremotos que han sacudido la isla Española, uno de estos afectó dicho templo, siendo necesario reconstruir, más que restaurar, algunas de sus partes, entre las que se encontraba el frontis de dicha capilla. Al terminar los trabajos, la decoración que la engalana fue recubierta con pintura de aceite, ocultando con ello la obra original de piedra.

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Fue de tal magnitud lo ocurrido en ese sentido, que algunos expertos internacionales llegaron a confundirse, creyendo que las tallas de la bóveda de la capilla, y otros elementos decorativos de piedra que se encuentran en dicha iglesia, eran yeserías.

En fin, lo que sucedió con la Puerta del Conde, y otras importantes edificaciones de nuestra Ciudad Colonial, no es nada diferente a lo que ha sucedido, y seguirá sucediendo, mientras no decidamos modificar nuestra actitud, y los políticos empiecen a respetar la institucionalidad y las leyes, por encima de todo.

CALLE EL CONDE, Una caminata dominical

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Foto sin fecha de la calle El Conde desde su intersección con la calle Palo Hincado. La existencia del nuevo Palacio Consistorial, construido de 1911-1913, que se observa al fondo de la misma, a la derecha, nos indica que esta debió haber sido tomada con posterioridad a esa fecha.

Nótese como se encontraban las calles, todavía conservando su aspecto colonial, aunque ya bastante republicanizadas. Con una prudente conservación hubiera sido posible que se mantuvieran, aún con cualquier intervención, como fue la ciudad de Santo Domingo. Algo similar a lo ocurrido en centros históricos similares al nuestro. No un arroz con mango como el que tenemos.    

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Una espléndida mañana de domingo se me ocurrió convertirme en turista, y cámara en manos me dirigí a la calle El Conde. Teniendo que estacionarme en uno de los escasos espacios que quedaron disponibles después de concluido el inefable “Programa de Fomento al Turismo”, responsable de los trabajos de ¨remozamiento¨ de las arterias principales de la Ciudad Colonial. Desde allí me fui caminando hasta el inicio de la que sigue siendo su principal arteria comercial, y turística. Muestrario, entre otras cosas, de lo que existía, y de lo poco que se llegó a hacer producto del escaso crecimiento económico, que diera paso al desarrollo urbano que, a cuenta gotas, se ha ido implementando en la ciudad capital de la República Dominicana.

Entre la calle Las Damas y la escalinata que conduce al legendario río Ozama, y su histórico puerto, donde se ha formado un bosquecillo urbano, bordeado por el extremo Sur del hoy Hodelpa Nicolás de Ovando, impecablemente encalado, y una dependencia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, cuya fachada colonial continua oculta bajo el camuflaje ¨neo plateresco¨, que le fuera aplicado durante la Era de Trujillo, del que no se ha podido liberar.

Caminando hacia el Oeste desde su intersección con la calle Las Damas, nos encontramos con dos representativas edificaciones del Siglo XVI. Del lado Norte, una de las casas de piedra que fuera propiedad de Nicolás de Ovando convertida en Embajada y Centro Cultural de Francia, que fue restaurada durante la década de los años setenta del pasado Siglo XX. Y del lado opuesto, otra edificación colonial de la misma época, ocupada por la Academia de Ciencias, que fuera objeto de una pésima intervención, dejándola en espera de que algún día alguien con experiencia y sentido común haga lo que corresponde.

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Foto antigua sin fecha de la intersección de las calles Las Damas y Conde, en  la que se aprecian las dos edificaciones a ambos lados de la calle El Conde y en la acera de enfrente. Y otra, de fecha reciente, que muestra lo mismo, como se encuentran ahora.

Continuando hacia el Oeste a ambos lados de la calle hay varias casas coloniales mal que bien intervenidas. La acera del lado norte termina con una especie de monumento al mal gusto, que no alcanza a ser tomado en consideración, por su pésima integración con el ambiente que lo rodea. Construido en un solar vacante, donde se encontraba una regia edificación colonial, que fuera donde se hospedó el Dr. Joaquín Balaguer, mientras estudiaba derecho, en la Universidad de Santo. Domingo.

El Parque Colón, antigua Plaza de Armas, ocupa del lado Sur la siguiente cuadra. En la de enfrente nos encontramos con un popurrí de edificaciones compuesto por obras poco atractivas, pertenecientes  a épocas recientes, que no ameritan la menor atención. Salvo una que fuera diseñada por dos de los más afamados arquitectos dominicanos, que a mi juicio merece la calificación de deplorable. Consistente en un pastiche de fachada neo colonial, nada parecida a las clásicas fachadas de la Ciudad Colonial.

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Al final de la manzana existe una edificación de estilo modernista, oba del arquitecto español Tomas Auñon, quien se radicó en Santo Domingo de 1940 a 1945, del pasado Siglo XX, aportando algunos ejemplares propios a los inicios de la ¨modernización¨ de la ciudad capital. Alberga un hotel, y un restaurante, popularmente conocido como El Palacio de la Esquizofrenia.

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Seguimos caminado hacia el Oeste, y cruzando la calle Arzobispo Meriño nos encontramos, del lado Sur, con lo que fuera el primer Palacio Consistorial del Nuevo Mundo, totalmente transformado. En dos palabras, lo que se podría clasificar como un pésimo ejemplo de lo que no se debe  hacer, y que los dominicanos no supimos entender con nuestro valioso legado monumental

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A continuación no hay nada que valga la pena mencionar. Y en el lado opuesto tampoco, a no ser una casa de tres pisos cuya fachada fue tratada con el estilo Art Decó.

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El Edificio Baquero, una de las pocas obras arquitectónicas de estilo Neoclásico, construida por catalanes durante la década de los años veinte del pasado Siglo XX, que después de haber sido una de las más importantes atracciones de la ciudad, es mantenida en pésimo estado, sin que nada ni nadie repare en lo que hay que hacer- A su lado nada que merezca la pena mencionar.

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Enfrente de la primera torre construida en el país, se encuentra una construcción moderna, levantada durante los años cincuenta del pasado Siglo XX, en sustitución de una interesante edificación del Siglo XVI, que no había razón para destruir. El afamado Club Unión ocupaba la antigua casona hasta que fuera desalojada, y destruida.

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El ambiente interior del Club Unión no tenía nada que envidiar a ningún otro de América Latina. ¿Qué fue lo que pasó, entonces, para destruir lo que nunca más fuera creado en la capital. Si había que construir un hotel en el centro histórico, hubiera sido mejor conservar la edificación colonial, con el uso que estuviera a tono con esta, y escoger otro lugar para edificar el hotel. Que los había de sobra a partir de la calle Duarte hacia el Oeste.

A su lado otra joya similar al Baquero, el Edificio Diez, que está sufriendo de la misma dolencia, demostrándose que el país no ha sabido nunca lo que tiene, ni lo que quiere. Y que a los sucesivos gobiernos, tanto nacionales como municipales, no les ha interesado hacer lo que corresponde para que edificios como estos sean rescatados y revalorizados. Pero, tampoco existe interés alguno de parte de la ciudadanía en sentido general, que ha demostrado un olímpico desprecio por su pasado histórico, alejándose de la ¨ZONA¨ como el Diablo de la Cruz.

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Para concluir con este breve recorrido  por la calle más emblemática de la capital, me despido al llegar a la intersección del Conde con Duarte. Cuatro esquinas en las que fueron sustituidas cuatro edificaciones pertenecientes al período colonial por cuatro ejemplares arquitectónicos de un “gusto cualquierizante”.

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Después de pensarlo más de dos veces, he considerado descontinuar el recorrido. Lo que resta carece de especial interés, a no ser el Edificio Copello, uno de los pocos ejemplares del modernismo, el edificio Cerame de 1924, uno sin nombre, al estilo Baquero y Diez, que comparte la acera con este y un espantoso edificio de estacionamiento, y el de Món Saviñon, una especie de Art Deco a la manera criolla.

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En las dos gráficas que muestro a continuación se pueden hacer las comparaciones de las que tanto se está hablando últimamente. Un pueblo tirado a las calles con casi un siglo de diferencia.

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La calle El Conde termina frente a la Puerta del Conde, monumento histórico que ha sido víctima del camuflage santodominguense  desde hace mucho tiempo. Y que ya iniciado el Siglo XXI fue objeto del último, desfigurándolo totalmente. Lográndose con este atrevimiento que una gran parte de las ciudadanía pensante protestara, de la misma manera que lo ha hecho con el intento de transformar las Ruinas del Monasterio de San Francisco, esta vez, afortunadamente abortado hasta el momento.