DIFERENCIAS CULTURALES ENTRE DOS MUNDOS

Me decía un amigo que ha estado leyendo mis artículos relacionados con el lejano Imperio Persa, que aunque le han impresionado, sobremanera, no entendía por qué me había alejado tanto. Y me preguntaba, qué me había hecho abandonar un tema que domino, que llegó a convertirse en mi gran pasión. Ha leído todas mis lucubraciones desde que las empecé a publicar en marzo de 2014, y notó que había elegido otros temas ajenos a los de patrimonio cultural de mi país, al igual que de otros, mayoritariamente del Continente Americano. ¿Qué sucedió, me preguntaba, que decidiste empezar a tratar el tema sobre Persia de manera tan detallada y acertada, sin haber estado nunca allí, y sin que tuvieras tanto conocimiento de su milenaria historia, y de su impresionante patrimonio arquitectónico y arqueológico?

Así mismo es, le contesté. Aunque algunos de estos se alejen de mi predilecto son, igualmente, de mi interés, al igual que de las personas con ciertos conocimientos que me siguen. Ello así, consciente de que trato sobre un lugar que se encuentra en la región oriental del planeta Tierra, de la que nos hemos  mantenido alejados, y atados a la que se nos inculcó desde siempre. Que no dice que Oriente es lo más importante o, por lo menos, lo más valioso de la antigua civilización, que tuvo su origen en Sumeria y Babilonia. Donde se desarrollo la arquitectura, que es lo que más me interesa, y provocado a incursionar en un tema tan importante, como ignorado en Occidente.

La arquitectura sumeria es aquella del pueblo sumerio que habitó en la Mesopotamia (actual Irak) desde mediados del sexto hasta los inicios del segundo milenio a. C. Entre sus logros arquitectónicos se encuentran la invención del planeamiento urbano, las casas con patio y las pirámides escalonada ( zigurat). La Arquitectura Caldeo-Babilonia, pertenece a una cultura antigua que se estableció en la Mesopotamia, entre los ríos Éufrates y Tigris. Por lo que Babilonia también era conocida como Caldea y estaba dividida  en Acadia, la parte alta y Sumeria, la parte baja. El significado de la palabra Babilonia es “La puerta de Dios”. Así mismo, lo que caracteriza las edificaciones de esta arquitectura según los vestigios encontrados en la actualidad por los arqueólogos. 

Esta arquitectura debe su nombre a la región de su origen, en la ciudad de Babilonia de la baja Mesopotamia. Caracterizada por los monumentos más antiguos. Encontrados en plataformas escalonadas que probablemente sirvieron de marco a las más antiguas pirámides egipcias.” 

Desde que me surgió la idea de dedicar una parte de mi tiempo al acervo arquitectónico que nos legaron  los conquistadores españoles, lo primero que se me ocurrió fue intentar hacer algo para preservarlo. De ahí me surgió la idea de crear un programa y una agencia rectora que se ocupara de ponerlo en valor. Lo que se convirtió en una realidad, en el mes de Junio del año 1967. Hace cinco décadas.

En esta reunión, encabezada por el Presidente Balaguer, y parte de su gabinete, se le dio curso a mi propuesta, que para que pudiera ser posible fue necesaria la asistencia de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo representante en el país y uno de sus asesores estuvieron, igualmente, presentes.

Más adelante, al tener la oportunidad de participar en congresos internacionales de carácter técnico, visitar varios países de nuestro continente, y conocer de primera mano las condiciones en que se encontraba su patrimonio arquitectónico, dediqué una parte de mi atención a lo que tuviera que ver con su rescate. De esa manera se originó mi dedicación al problema, con especial interés al de mi país.

En la foto nos encontramos los delegados de los países americanos, de España y Portugal, a la reunión en la que fueron dictadas LAS NORMAS DE QUITO (Dic.de 1967)  acompañados por el Presidente de Ecuador, Otto Arosemena Gómez, y del Director del Departamento de Asuntos Culturales de la OEA, Guillermo De Zéndegui.

Al año siguiente (1968), asistí a la conferencia interamericana sobre  “ARTE SABRADO COLONIAL”, celebrada en Bogotá, Colombia, por iniciativa de la OEA.

A estas dos reuniones le siguieron otras llevadas a cabo en El Cuzco, Perú, San Agustín, La Florida, Venecia, Italia, París, Francia, y otras.

Con los arquitectos José Manuel González Valcárcel, conservador de Toledo, quien vino a Santo Domingo en calidad de asesor, y Carlos Flores Marini, representante de México. Quien, dicho sea de paso, trabajó en una propuesta para reparar el Alcázar de Colón de los daños causados por la revolución de abril de1965, que fue desestimada por el gobierno dominicano. Y ejecutada en 1968 por la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC). 

Al pasar los años y llegar el momento de un retiro compulsivo, al que tuve que “engancharme” por razones de índole política, me propuse dedicar algún tiempo a estudiar lo ocurrido en otros confines del mundo, como fue el caso del Cercano y Mediano Oriente.

“Uno de los hábitos humanos más extraños, menos estudiados y más persistentes, es la división absoluta que se hace entre Oriente y Occidente. Esta geografía imaginaria, de origen casi enteramente occidental que divide al mundo en dos esferas desiguales y fundamentalmente opuestas, ha producido más mitos, mayor ignorancia, y más ambiciones que cualquier otra apreciación de diferencias.

La división Oriente/Occidente desde el punto de vista cartográfico en el planisferio impreso es, diríamos, “tolemaica”, la tierra plana; más que como la tierra  esférica, es difícil determinar dónde empieza oriente o dónde termina occidente. Para eso nos ayudaría el meridiano de Greenwich, pero está claro que el concepto es dinámico.

Asia para los europeos es oriente y para llegar hasta ahí hay que pasar por oriente cercano, oriente medio y por fin, lejano oriente, y Europa sigue siendo Occidente.” OCCIEDENTE/ORIENTE (¿ATRACCION RECIPROCA? Electra Peluffo.).

A este interés se sumó el que llegara al seno de mi familia un apuesto joven oriundo de Persia, quien contrajo matrimonio con mi hija Gricel. Occidentalizado desde pequeño, se ha mantenido apegado a sus raíces, conjuntamente con la norteamericana, donde reside como ciudadano con su familia, al igual que con una gran parte de la paterna. Y de ahí parte de mi interés en profundizar mis conocimientos de su patria chica y, por vías de consecuencia, de mi hija y mis nietos.

Como relatara en la primera de mis cinco lucubraciones en la que analicé la “Arquitectura de la Antigua Persia”, en mis conversaciones con el Dr. Mehran  Moarefi, mi yerno, sobre la importancia de ese imperio vs el griego, me surgió la idea de profundizar el asunto, en términos arquitectónicos, entre ambos imperios. Muy particularmente la persa, ya que sobre la griega, tanto yo como la mayoría de mis lectores estamos supuestos a conocer bastante.

Consciente de mis deficientes conocimientos de la cultura del Oriente y, muy particularmente, la del Imperio Persa, me dediqué a leer todo lo que he podido de su arquitectura, aprovechando las facilidades de INTERNET. Y poder compararla con la griega, la que se ha tratado desde que se empezó a esclarecer y escribir la historia de la civilización occidental.

Con esta brevísima aclaración, creo haber dado respuesta a la inquietud del amigo y, más aún, de los lectores, que al igual que él le han dado seguimiento a mis inquietantes lucubraciones. Con las que he querido fijar mi posición sobre la teoría de que la arquitectura de Occidente surgió en Grecia. Lo que ha ocasionado que la arquitectura de Europa, seguida por la de América, haya sido reflejo del modelo basado en los tres órdenes griegos. Lo que, a mi modesto entender, no ha sido otra que la creada siguiendo un solo diseño, el de los templos helenísticos. Tomando como modelo el más acabado de todos, el Partenón. Del que solo se tomó como modelo en todo el Imperio griego y, posteriormente, en el Imperio Romano, y en casi todo el hemisferio occidental.

Lo extraño ha sido que no se tuvieran en cuenta otros tipos de edificaciones como los palacios. Tan comunes en todos los imperios. De estos solo he podido encontrar el palacio minoico de Knosos, construido en Creta hacia 2000 a. C., y destruido por un terremoto en 1700 a. C., época muy anterior a la era de los templos helenísticos.

  

Concepción virtual del palacio de Knosos, y parte de las ruinas que se conservan en la isla de Creta.   

Ruinas de Persépolis, 512 a. C., construido unos1500 años después que el de Knosos, y tres concepciones virtual de lo que debió haber sido aquello.    

El Partenón 

 

Templo de Poseidón en Paestra              Templo Hefestu

  

Templo Dórico en Segesta.                  Templo de la Concordia.

Algunos de los templos construidos en diversas ciudades del Imperio Griego. 

Arriba Foro Romano.      Abajo el Panteón.

   

Biblioteca Nacional (España)            Museo Británico (Londres)

Congreso de Argentina

Congreso Norteamericano.

  

New York Exchange. N. Y.                     Iglesia de la Madeleins.

Una diversidad de edificaciones levantadas en Europa y América, siguiendo el modelo de los templos griegos presentados en orden de importancia, no de precedencia.   

Para despedir esta serie dedicada a la arquitectura del Imperio Persa, y a los Emperadores Cirio II el Grande y Darío I el Grande, he añadido un documental sobre Persépolis (512 a. C.), las obras más imponentes de aquella época, y jamás vueltas a construirse durante aquellos tiempos remotos. Lamentablemente  destruidas por Alejandro el Grande y el ejército macedonio.

https://www.youtube.com/watch?v=CQad331k1Hw

NOTA: Debido a mi limitado conocimiento del tema tratado, acepto opiniones y  correcciones.

 

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DE PERSIA, GRECIA, Y SUS PARTICULARIDADES

He aprovechado las investigaciones que he estado haciendo de la arquitectura del antiguo Imperio Persa con el propósito de hacer algunas reflexiones comparativas de la calidad artística de las figuras esculpidas por los persas en bajo relieve en sus principales monumentos, durante los siglos VI y V a. C., y las esculpidas por los griegos durante, aproximadamente, esas mismas fechas. Poner atención a las ilustraciones, y sus respectivas fechas.

Arriba, Relieve de Pasagarada (559 a. C.)     Abajo. Relieve de Persépolis (518 a. C.)

Las estructuras persas a las que me refiero son las de Pasagarda, y las de Persépolis. Dos de las obras más notables del Imperio Persa, en el Cercano Oriente, de aquellos tiempos. La primera en época de Ciro II el Grande (559 a. C.), y la segunda de Darío el Grande (518 a. C.) Unas cuatro décadas de diferencia.

Relieves del Partenón (447 a. C.) Notablemente superiores artísticamente a los anteriores.

Por otro lado los griegos edificaron su magna obra, el Partenón en Atenas, en torno al año 447 a. C., y el templo de Zeus en Cyrene 631 a. C., es decir unos 200 años antes. Y las ruinas del templo de Zeus ubicadas al noreste del antiguo bario griego en Atenas construido en torno al 500 a. C., es decir a unos 130 años después del de Zeus de Cyrene, y cincuenta del Partenón.

Templo de Zeus en Cirene.

 

Relieves de un sarcófago y un busto de Zeus encontrados en Cyrene (631 a. C.)

Como lo habrán podido advertir los bajo relieves persas son más antiguos que los griegos del Partenón. Lo que sin duda favoreció a los griegos gracias a los avances propios al paso del tiempo. Y que los de Persépolis (518 a. C.) son mejor acabados que los de otros persas, como los de Pasargada (559 a. C.), y los de la griega Selinunte, construida en Sicilia (650 a. C.), entre otros.

  

Relieves de Persépolis (518 a. C.)

 

 

Templo y relieves de metopas de Selinunte (650 a. C.)

 

Como no me había referido a Selinunte, antigua ciudad griega del sur de la isla de Sicilia, en la actual provincia de Trapani, en la costa sudoeste, según el historiador ateniense Tucídedes, Selinunte fundada bajo la dirección de Pamilo, por colonos de Mégara Hiblea en el siglo VII a. C., unos cien años después de la fundación de la ciudad madre. La fecha se sitúa hacia el 650 a. C, muy cercana a la de la persa Pasagarda. De ahí el parecido de los bajo relieves de ambas, no obstante corresponder a dos lugares de dos dinastías diferentes, y distantes una de otra.

El templo C, de estilo dórico, que fue construido por los griegos en el siglo VI a. C., en el centro del frontón aparecía representada la cabeza de Medusa. Se cree que el templo podría haber estado dedicado a Apolo. Parte de este templo fue reconstruido en 1926.

Con estas sencillas demostraciones he querido ratificar el criterio que he venido sustentando sobre los conceptos arquitectónicos que se han vertido desde que se empezaron a rastrear y calificar los estilos de las antiguas edificaciones construidas a partir de los inicios de la civilización, otorgando a las griegas las máximas puntuaciones, hasta el punto de haber sido seleccionadas como modelo a seguir para los diseños arquitectónicos que se han producido en occidente.

He querido insistir, sin la menor intensión de rebatir dichos conceptos, que han sido puestos en evidencia sin tomar en cuenta la arquitectura del Cercano Oriente, de la que se destacó la persa, con su monumental Persópolis a la cabeza. Es entendible, no obstante, el hecho de lo que quedara de la misma después de la brutal destrucción de que fuera objeto por parte de las huestes griegas comandadas por Alejando Magno, impidiera que se tomaran en consideración.

Y no se trata de un capricho de mi parte el haber tomado tal posición en algo tan trascendental para la historia del arte y de la arquitectura. Decisión que me he permitido tomar después de haber empezado a conocer más de lo que muy ligeramente sabía de esta. Muy particularmente, después de los grandes descubrimientos llevados a cabo por arqueólogos europeos durante el Siglo XIX, hasta mediados del XX. Trabajos que permitieron aflorar lo que se desconocía desde los lamentables acontecimientos el Siglo IV a. C., que ocasionaron el desconocimiento de tan valiosas creaciones.

A continuación me he permitido dar a conocer un trabajo publicado en  Internet, que por su fuerza expositiva merece ser conocida por quienes no están familiarizados con estos asuntos.

Batalla de Issos

Cuadro de Albrecht Altdorfer en el que se representa la batalla de Issos librada entre los macedonios, acaudillados por Alejandro Magno, y las huestes persas de Dario III, que pone en evidencia lo que eran aquellos enfrentamientos.

 “La destrucción de la ciudad persa de Persépolis  fue un hecho controvertido en la vida de Alejandro Magno. Considerando la calidad de ciudad abierta al ejército macedónico (que se aproximaba desde Susa), no existían motivos reales para un acto de barbarie que hasta el momento excedía el comportamiento de la fuerza expedicionaria helena. Los motivos y los personajes involucrados quedaron envueltos en una controversia que algunos cronistas narraron y otros intentaron deliberadamente ocultar

La destrucción de la capital ceremonial del imperio aqueménida privó a la humanidad de elementos importantísimos para reconstruir la antigua y gloriosa civilización persa. La pérdida en riqueza cultural nunca ha sido saldada.

Una vez efectuada la entrada de Alejando Magno en Susa, la capital política del Imperio aqueménida, la caída de la otra gran ciudad de Persia era cuestión de tiempo. Alejandro no continuaría persiguiendo a Darío III, adentrándose en la Persia profunda hasta asegurar su retaguardia y los flancos de su ejército a la vez que la estación climática le permitiera encontrar provisiones cerca de la ciudad de Ecbatana, la actual Hamadán. Incursionando en el territorio persa, el ejército de Alejandro ya no era un ejército liberador de pueblos oprimidos. Todo lo contrario, eran fuerzas que ocupaban un territorio totalmente hostil donde la resistencia era muy probable.

A mediados del mes de diciembre del año 331 a. C., Alejandro partió junto con su ejército de la ciudad de Susa y se dirigió a Persépolis. A la salida de Susa, el ejército heleno se encontró con pueblos nómadas que habitaban las zonas montañosas de Persia. Tras varias escaramuzas, Alejandro, junto con la ayuda de la reina-madre *Sisigambis, alcanzó un acuerdo con los habitantes, de tal forma que estos últimos permanecieran en sus tierras a cambio de provisiones.

A principios del mes de enero del año 330 a. C., la capital ritual del Imperio persa había caído en manos del ejército macedónico. Alejandro Magno hacia su entrada en la ciudad.

*Sisigambis (Sisygambis), madre de Darío III Codomano, fue parte de la familia real que Alejandro Magno capturó después de haber sido abandonados por su hijo el rey persa, quien escapó a toda prisa olvidando a su familia, entre cuyos miembros se pueden nombrar los siguientes: La familia de Darío delante de Alejandro Magno. En esta obra aparece Sisigambis y su hija Estateira. Pintura de Justus Sustermans conservada en la Biblioteca Museo Víctor Balaguer de Barcelona.

Sisigambis y Alejandro

Bondad y respeto son mostrados por parte de Alejandro al honrar el rango de la familia real persa ante su ejército, y al no causarle daño, como bien pudo haberlo hecho. Este gesto, inusual durante una guerra, le demuestra a la reina madre que él es un hombre de honor; así pues, cuando se le presenta la oportunidad de escapar del «cautiverio» de su joven anfitrión, ella rehúsa huir y permanece a su lado, teniendo audiencias con Alejandro gracias a un intérprete.

A la muerte de Alejandro en Babilonia, la reina se deja morir de inanición por haber fallecido su protector. 

Alejandro Magno en Persépolis

A principios del mes de enero de 330 a. C. Alejandro entró en Persépolis junto a su ejército de aproximadamente sesenta mil hombres nuevamente reunido al cruzar el último paso montañoso. El sátrapa persa a cargo de la ciudad salió a su encuentro con la intención de rendir la ciudad e implorar misericordia ante el nuevo gobernante heleno. El rey macedónico subió las vastas escaleras de las Puertas de Jerjes junto con sus hombres; la vista para los griegos debió ser asombrosa: una vasta pomposidad se extendía ante sus ojos, nunca visto en el mundo griego hasta ese entonces.

Acciones de Alejandro en Persépolis.

Alejandro Magno ordenó incendiar Persépolis, la capital de los persas. Una vez encontrado el tesoro real persa y puesto bajo tutela, Alejandro liberó a sus tropas para el saqueo de la ciudad, siendo completamente saqueada por las fuerzas griegas al igual que toda muestra de la civilización persa. Los hallazgos arqueológicos hoy día avalan el saqueo y expolio a que fue sometida la ciudad, donde se encontraron una gran cantidad de vajilla y enseres destruidos y esparcidos por doquier.

Incendio de Persépolis

El tesoro de Persépolis

Alejandro se encontró con una fortuna inconmensurable para la época, que algunos historiadores estiman en 120.000 talentos de oro sin acuñar.​ Considerando que era la capital ceremonial del reino aqueménida y por tal razón la receptoría de los tributos de los pueblos sometidos, tal tesoro seguramente era el de mayor tamaño de los encontrados hasta ese momento por los macedonios.

El tamaño del tesoro apoderado daba lugar a problemas logísticos. Se calcula que 10.000 animales de carga junto con 5.000 camellos fueron enviados de Susa hacia Persépolis con el objeto de trasladar el tesoro real encontrado. Esas cifras dan testimonio de la magnitud de la riqueza acumulada en la capital persa.

  

 Al frente de Persépolis, Alejandro Magno nombró como sátrapa a un noble persa. El tacto del macedonio se evidencia por la razón de que Persia nunca fue un territorio sometido dentro del Imperio aqueménida y como tal ni era gobernado por un extranjero ni estaba obligada a pagar tributos.

Por este motivo, Alejandro seguramente habría suavizado el dominio designando a un aristócrata persa, miembro de las Siete Familias, como su gobernador delegado; no obstante a su vez nombró a uno de sus hombres de confianza con un destacamento de aproximadamente tres mil macedonios como guarnición.

El mito de la venganza

El talento político de Alejandro se observa claramente en la creación de la alianza de pueblos griegos, quienes susceptibles al oro persa, continuamente guerreaban entre ellas con el consabido efecto de desgaste que provocaba en sus fuerzas.7

Durante años, cuando emergía una polis hegemónica los sátrapas persas dejaban de apoyar financieramente para buscar y comenzar a solventar un nuevo oponente griego. Así se sucedieron las hegemonías de Atenas, Esparta y Tebas. De tal forma que ninguna polis griega podía ser una amenaza para el Imperio persa.

La conformación de la alianza helena que llevó a cabo la invasión y derrota del Imperio persa se basó no solo en la fuerza sino también en la creación de mitos con la finalidad de amalgamar a los distintos pueblos griegos. La conformación de un entramado ideológico que actúe como unificador de las distintas poblaciones griegas (atenienses, tesalios, foceos, macedonios, etc.) tras la consecución de un objetivo común: la destrucción del Imperio persa.

El principal mito fue el carácter punitivo de la expedición griega; Se pretendía efectuar una venganza por la invasión y usurpación de las tierras y templos griegos. En especial el incendio y destrucción de Atenas acaecido durante las Guerras Médicas al mando de Mardonio bajo el reinado de Jerjes I.​

 La búsqueda de venganza actuó como un símbolo de unión entre las tropas áticas, tracias, focias y macedonicas que conformaban el ejército de Alejandro.

A la vista de una enorme estatua de Jerjes derribada en el suelo, sobrepasado por las hordas de griegos que estaba saqueando el palacio, él (Alejandro) se paró al lado de la misma y dirigiéndose a la estatua como si estuviera viva le gritó:

“¿Vamos a pasar a través tuyo y te dejamos tirado en el suelo por haber combatido contra los griegos? o ¿Te restauramos debido a tu naturaleza real?” . Alejandro permaneció un largo rato en silencio, aparentemente pensando la situación y finalmente dejó la estatua yaciendo en el piso.

Anécdota sin veracidad probada recogida por Robin L. Fox. obra cit. Cap. XVIII

A su vez, este mito fijaba nuevos potenciales conflictos, ya que cumplida la venganza, no existía motivo suficiente para continuar la campaña expedicionaria. Alejandro seguramente tendría ya en mente el potencial conflicto político en ciernes, una vez que abiertamente la expedición militar, en principio punitiva, se convirtiese en abiertamente conquistadora de Asia.​

Ni bien el ejército heleno pisó territorio persa, para muchos integrantes de la fuerza expedicionaria se dibujaba un escenario de desenlace de la aventura. Para muchos la conquista de la capital ceremonial del Imperio persa sería el fin del recorrido, sin importar que el fugitivo rey Darío III continuara con vida cerca de Hamadán y una batalla campal sea todavía factible.

Las expediciones que excavaron en el sitio de la actual Marv Dasht donde se ubicaba la original Persépolis encontraron diversos indicios de saqueos. En el medio de las ruinas se encontraron vajillas y vasos destruidos, desparramados por diversos lugares indicando una acción de destrucción violenta y rápida. Cabezas de esculturas fueron mutiladas y existe evidencias de vandalismo que no pueden ser causadas por el tiempo. Estatuas de mármol fueron desbancadas de sus pilares y arrastradas. Guardias y habitantes de la ciudad fueron muertos indiscriminadamente hasta que Alejandro mismo ordenó a sus tropas apaciguarse. Obviamente, el edificio del tesoro real persa no fue tocado por disturbio alguno. Todos estos hechos vandálicos fueron ejecutados en el momento de que las tropas helenas ocuparon la ciudad.

Meses después, en relación con el incendio, las excavaciones en el Salón de las Cien Columnas de Jerjes evidenció la magnitud de las llamas que devoraron el edificio. La cantidad de cenizas de madera acumuladas en el piso fue de casi un metro de altura desde el nivel del suelo. Un análisis científico posterior demostró que tales cenizas eran provenientes de madera de cedro, concordando con las descripciones antiguas de los tirantes de madera del techo del edificio. Por lo tanto, incendiadas las maderas que sostenían el techo, éste se desplomó desde una altura de casi veinte metros, dejando únicamente las columnas de piedra en pie, tal como se puede observar actualmente en los vestigios de Persépolis.

 Reconstrucción de la Apadana, uno de los edificios que comprendían el conjunto arquitectónico de Persépolis. Los macedonios a su llegada se encontraron con una ciudad imponente.

De Ptolomeo, hijo de Lagos

Según una versión el incendio fue producto de una venganza por los sacrilegios cometidos por Jerjes en Grecia durante las Guerras médicas.

Sus crónicas fueron redactadas al final de su vida, cuando las disputas de los **diádocos estaban en su apogeo; así sus relatos no contienen una objetividad planteada sino que en muchas partes realiza una toma de posición ante personajes o hechos acaecidos antes o después del incendio de Persépolis. Su valor radica en que es un testigo presencial del entorno íntimo de Alejandro. Según Ptolomeo, y por extensión al cuerpo de oficiales del rey macedonio, el incendio de la capital persa respondió a un acto previamente calculado y deliberadamente ejecutado.

**Se llama diádocos (del griego Antiguo διάδοχοι, ‘sucesores’, de διά diá, ‘por’ y δέχομαι dékhomai, ‘recibir’) a los antiguos generales de Alejandro Magno  y sus hijos (también llamados epígonos, ἐπίγονοι) que a su inesperada muerte en el 323 a. C. se repartieron su imperio, disputándose el poder y la hegemonía sobre sus colegas con diversos pactos y seis guerras, que duraron veinte años.

 

Cabeza de Demetrio Poliorcetes. Bronce. 300-280 a. C. Museo del Prado, Madrid. Se trata de uno los escasísimos bronces originales helenísticos que se conservan, fechada hacia 307 a.C.

Demetrio era hijo de Antígono Monftalmos, uno de los generales llamados diádocos  (Διάδοχοι), que a la muerte de Alejandro Magno se hizo con el mando de casi todo el imperio macedónico.

Alejandro prendió a fuego los palacios persas, aunque Parmenión le aconsejó salvarlos, porque no era un acto propio de él (Alejandro) destruir lo que era ahora de su propia posesión (por los palacios persas ocupados); los pueblos de Asia no se someterán por propia voluntad si él (Alejandro) se comporta de tal forma (incendiando), como si él (Alejandro) había decidido no convencer al Asia sino pasar a través del territorio como un merecido vencedor. Pero Alejandro le respondió (a Parmenión) que él deseaba tomar venganza de los persas por su invasión de Grecia, por arrasar Atenas y quemar sus templos

Memorias de Ptolomeo

Por lo tanto, según la versión de Ptolomeo, el incendio fue un acto de venganza contra los persas, descartando un acto emocional, de locura e irracionalidad.​

Meses después de los sucesos de Persépolis, el mismo Parmenión caería en desgracia, al igual que su hijo Filotas, en una conspiración que a la luz actual todavía tiene muchos interrogantes. Lo cierto es que su caída en desgracia implicó que los relatos “oficiales” lo involucraran constantemente en posiciones contrarias a las de Alejandro; tal que para resaltar la persona del rey macedonio, Parmenión siempre surgiría como el consejero que dictaminara en sentido contrario al del rey, quién siguiendo pura y únicamente su instinto, el triunfo era completamente suyo.

Por lo tanto, el relato de Ptolomeo contiene cierto sesgo que en la actualidad se considera desajustado y con falta de veracidad probada. Ptolomeo no menciona a ningún personaje secundario como partícipe del incidente de Persépolis.

De otros autores

Uno de los historiadores cuyas obras han llegado al día de hoy es Plutarco de Queronea, quien vivió en entre 46 y 122 d. C. Fue un filósofo griego viviendo bajo el Imperio romano, muchos siglos posteriores a la era de Alejandro. No obstante, muchos relatos que recoge en su obra Vida de Alejandro se basan en escritos anteriores de historiadores más contemporáneos al gran macedonio. Es especial de Clitarco de Alejandría, quien recogió numerosos testimonios de gentes provenientes del mismo ejército de Alejandro. Lamentablemente sus escritos se encuentran perdidos en la actualidad.

Así Plutarco da otra versión del incidente de Persépolis, versión que difiere de la sostenida por el cuerpo de oficiales del rey.

La noche en que ocurrió el incendio comenzó con un banquete donde Alejandro y sus Compañeros asistían junto con mujeres, músicos y donde el vino fluía libremente. En medio de las mujeres estaba una cortesana llamada Tais, oriunda de la ciudad de Atenas, quien seguía al ejército desde los inicios de su incursión en Asia Menor. En el medio del banquete la cortesana comenzó una arenga a favor de vengar el ultraje cometido por los persas en su invasión de Grecia durante las Guerras Médicas. Alentaba a prender fuego las pertenencias persas. Tais tomó la iniciativa de incendiar el Salón de Jerjes para vengar, en particular, el incendio de Atenas por parte de aquel rey persa.

Los concurrentes del banquete aplaudieron la iniciativa y Alejandro, de pie, tomó una antorcha y en procesión fue hasta el Salón de las Cien Columnas seguidas por la concurrencia; luego prendió a fuego el salón.​ Las llamas enseguida alcanzaron el techo de madera de cedro, haciendo incontrolable el incendio. A pesar de que la ciudad de Persépolis poseía un sistema de provisión y drenaje de agua, no era útil para poder controlar el incendio, provocando la perdición de la ciudad en breve tiempo. De ésta forma, Alejandro provocó más daño del que inicialmente pretendía hacer.

Según esta versión, el incendio se debe a un impulso emocional producto de una situación de embriaguez​ sumada a una pulsión de venganza por parte de una cortesana.

La razón de que en los escritos de Ptolomeo no exista mención alguna a la historia del banquete y de la cortesana Tais se debe exclusivamente a que en momentos de que el futuro faraón ptolemaico pusiera por escrito sus memorias, la cortesana ateniense era amante suya y seguramente más de un hijo proveyó Ptolomeo.

Evidentemente trató de que su amante no se mezclase con la memoria de un acto de barbarie como fue el incendio de Persépolis. De ahí su tergiversación​ como un acto premeditadamente planeado por Alejandro en venganza por las atrocidades persas en Grecia.​

Finalmente, pasada la embriaguez de la noche, Alejandro se arrepintió de lo sucedido; y todo indica que un acto de tal magnitud se contradice con los sucesos de su vida.​ Meses después, quedaría claramente en evidencia que Alejandro Magno no era un vengador de Jerjes, sino su heredero”.

Hasta aquí la reproducción del trabajo tomado de Internet. Las ilustraciones fueron puestas mí. En el entendido de que siempre he pensado que contribuyen, sobremanera,  a dar a entender mejor las consideraciones escritas.

ARQUITECTURA DE LA ANTIGUA PERSIA y (V)

SUSA

Con este modesto esfuerzo de reconstrucción histórica pongo punto final a cinco artículos que tratan sobre lo que se llegó a constituir el gran Imperio Persa. Desde sus inicios hasta la destrucción de Persépolis, una de las ciudades, conjuntamente con Susa, más extraordinarias concebidas y creadas por los hijos de lo que más adelante sería Irán.

“Adentrarse en la historia de las ciudades siempre es interesante, y es que parece increíble que a pesar del paso de los años, visitar esas regiones o simplemente observarlas por vídeos o fotografías es suficiente para sentir un retroceso en el tiempo. Un verdadero acercamiento al pasado que yace allí escondido; es probablemente esto lo que sucede con Susa, a quienes muchos consideran la primer ciudad del mundo.” (Ciudades Históricas-Diego Ricol)

“Susa (persa, شوش Shush; hebreo: שׁוּשָׁן Shushān; griego; Σοῦσα ; en siríaco, ܫܘܫ Shush; persa antiguo, Çūšā), fue una antigua ciudad de los imperios iraníes protoelamita, elamita, primer imperio persa, seleucida y parto, y una de las ciudades más importantes del Antiguo Oriente Próximo. Se encuentra situada en la parte inferior de los montes Zagros a unos 250 km al este del río Tigris, entre los ríos Karkheh y Dez, en el sudoeste del actual Irán. Hoy en día, de la antigua ciudad sólo queda un gran campo de ruinas. La moderna ciudad iraní de Shush se encuentra en el lugar de la antigua Susa.

El yacimiento fue examinado en 1836 por sir Henry Rawlinson y luego el arqueólogo William Loftus la redescubrió en el año 1850, identificando algunos de los restos que pertenecían a la Susa de los tiempos clásicos. Como La Acrópolis, la más antigua, allí se erigieron las principales construcciones elamitas, entre ellas el Zigurat de Inshushinak. La Ciudad Real, a unos 32 kilómetros hacia el sudeste. El primer asentamiento de Susa se conoce como período Susa I (h. 4200-3900 a. C.). Dos asentamientos que los arqueólogos han denominado Acropolis y Espadana, más tarde se fusionarían para formar Susa propiamente dicha. La Apadana fue encerrada en muros de tapial de seis metros de ancho (este lugar en particular se llama Apadana  porque también contiene una estructura aqueménida posterior de este tipo.

En 1885 y 1886 Marcel-Auguste Dieulafoy y Jane Dieulafoy  comenzaron las primeras excavaciones por parte de los franceses. Jacques de Morgan llevó excavaciones más amplias entre 1897 y 1911. Estos esfuerzos continuaron bajo Roland De Mecquenem hasta 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial. El trabajo francés en Susa se retomó después de la guerra, liderado por Roland De Mecquenem, y siguió hasta 1940, ya durante la Segunda Guerra Mundial. ​Los resultados arqueológicos del último período fueron escasamente publicados y hay intentos en desarrollarlos para remediar esta situación.

  

Primeras excavaciones arqueológicas, y figura de mujer encontrada.

La inscripción de Behistún (en persa: بیستون ) es una inscripción monumental en piedra de la época del imperio aqueménida (s. VI a.C.). Está inscrita sobre la pared de un acantilado en la provincia de Kermanshah, al oeste de Irán, a unos 100 metros de altura. Fue ordenada inscribir por Darío I de Persia en algún momento posterior a su acceso al trono del imperio persa en 522 a.C. y antes de su muerte en 486 a.C.

  Capitel 

En el suroeste de Irán, recortadas contra el horizonte de la calcinada llanura de Juzistán, en la ribera oriental del Río Kerja, se alzan las grandes ruinas de Susa. Son los restos de la que controlara las rutas que partían de la antigua Mesopotamia hacia el este, atravesando la cordillera de Zagros. Según la tradición persa fue la primera ciudad del mundo, fundada por el legendario Rey Hushang. Fue la capital del reino de los Elamitas. Increíble pasado y presente. En el 645 a.C. los asirios irrumpieron en Elam, guiados por el victorioso Asurbanipal quien destruyó la ciudad hasta los cimientos. Pero logró sobrevivir. En el 530 a.C. CiroII el Grande, que dominaba desde el Mar Egeo hasta el Río Oxus, la nombró capital del Imperio Persa, no sólo por su importante ubicación estratégica sino por las virtudes de las aguas de su río, célebres por su pureza. Cuando Alejandro Magno derrotó al rey persa Darío III, ocupó Susa, en la que encontró numerosas riquezas.

En la Apadana se erguía el Gran Palacio del Emperador Darío, mencionado hasta en La Biblia, en el Libro de Ester. Estaba decorado con mosaicos esmaltados de colores delicados, diseñados y montados por artesanos de Babilonia; entre las numerosas figuras que adornaban sus paredes figuran un par de genios alados o esfinges de setenta centímetros de alto que oficiaban de guardianes.

Después de enterarme de lo antes expuesto no puedo dejar de elogiar los esfuerzos de los arqueólogos alemanes y franceses en rescatar los tesoros sepultados en las ruinas de Susa y otros lugares. Lo que nos ha permitido confirmar lo que dijeron los antiguos seguidores de las civilizaciones de Oriente Próximo y otras aún más lejanas.

No lejos de Susa se levanta el Santuario cónico conocido como Tumba del Profeta Daniel en la orilla oriental del Rio Shaur, construido en el siglo XII, al igual que se le atribuyen poderes para prevenir la sequía. Luego de caer ante los mongoles en el siglo XIII la bella ciudad, encrucijada de caminos, ya no resurgió, quedó abandonada a la acción del viento y se convirtió en un montículo (o Tel) Más del Oriente Medio.

“Acerca de la muerte de Daniel no existen testimonios bíblicos, y las tradiciones posteriores no aclaran si regresó al territorio de Judea o permaneció en Mesopotamia, pero esto último parece lo más seguro. Dado que aún vivía durante el reinado de Ciro, en Babilionia a partir de 539 a. C., es posible que alcanzara una edad centenaria. Su muerte se sitúa, entonces, entre el tercer año del reinado del mencionado soberano persa, es decir entre 536 y 530 a. C., cuando muere Ciro (pues ya no se menciona su presencia en tiempos de Cambises). Es muy probable que tuviera lugar en Babilonia pero, dado que su tumba se veneraba en Susa algunos autores se inclinan por esta última ciudad. Susa‌, Irán. Según una antigua tradición local, compartida por judíos y musulmanes, el profeta fue enterrado en esa ciudad. Testimonios de escritores árabes, sirios y persas desde el siglo VII relatan la historia de ese sepulcro.” 

 

Tumba de Daniel

http://es.euronews.com/2016/10/24/la-tumba-del-profeta-san-daniel

Susa es una de las ciudades más antiguas del mundo. Las excavaciones han descubierto evidencias de una habitación que se remonta al 4200 a.C.

Recortadas contra el horizonte de la llanura calcinada de Juzistán, en el suroeste de Irán, se alzan las grandes ruinas de Susa. Aquí, bajo una serie de montículos, subyacen los restos de una gran ciudad que controló importantes itinerarios que partían de la antigua Mesopotamia hacia el este, atravesando la cordillera de Zagros.

El primer asentamiento de Susa se conoce como período Susa I (4200-3900 a. C.)

Según la tradición persa, Susa fue la primera ciudad del mundo, fundada por el legendario rey Hushang, quien descubrió el modo de hacer fuego con hierro y pedernal. Es indudable que debió ser una de las primeras: allí ya florecía la vida urbana al comienzo del cuarto milenio a.C., y sus artesanos fabricaban algunas de las piezas de cerámica más elegantes del mundo: vasos estilizados, en los que se reproducían para decorarlos aves y perros de caza.

Susa II e influencia de Uruk

Uruk (en sumerio Unug, en hebreo Erech, en griego Orchoē u Ōrýgeia y en árabe ʿIrāq) fue una antigua ciudad de Mesopotamia situada en la ribera oriental del río Éufrates, surcada por el antiguo canal Nil, en una región de pantanos a 225 km al SSE de Bagdad. La teoría de que el nombre moderno Irak deriva del nombre Uruk no está corroborada.

Susa entró en la esfera de influencia cultural durante el período de Uruk. Una imitación de todo el aparato estatal de Uruk, proto escritura, sellos cilíndricos con motivos sumerios, y arquitectura monumental, todo ello se puede encontrar en Susa. Según algunos estudiosos, puede que Susa fuera una colonia de Uruk.

Cerámica, Inanna,Diosa del amor y de Uruk. Y Copa de plata  encontradas en las excavaciones arqueológicas de Susa.

El período Protoelamita discurre entre alrededor del 3200 al 2700 a. C., cuando Susa, más tarde capital de los elamitas, empezó a recibir influencia de las culturas de la meseta iraní. En términos arqueológicos se corresponde con el período Banesh tardío. Esta civilización es reconocida como la más antigua de Irán, y fue ampliamente contemporánea con su vecina, la civilización sumeria, las más antigua del mundo, que comenzó alrededor de 5200 a. C.

Susa III (3100–2700 a. C.) es también conocida como período “protoelamita”.​ En esta época, predomina la cerámica del período Banesh. Es también aquí cuando aparecen por vez primera tablillas proto elamitas. Posteriormente, Susa se convirtió en el centro de la civilización de Elam. Fue la capital de una provincia acadia hasta alrededor del año 2100 a. C. cuando su gobernador, Kutik-Inshushinnak, se rebeló e hizo de ella un estado independiente y centro literario.

Transcurrieron más de dos milenios, y en 647 a. C. el Rey neo asirio Asurbanipal arrasó la ciudad durante una guerra en la que el pueblo de Susa participó con el otro lado. Una tablilla desenterrada en 1854 por Austen Henry Layard en Nínive revela a Asurbanipal como un vengador, buscando compensa las humillaciones que los elamitas habían infligido a los mesopotámicos a lo largo de los siglos, y expresó;

“Susa, las gran ciudad sagrada, morada de sus dioses, sede de sus misterios, yo la conquisté. Entré en sus palacios, abrí sus tesoros donde se amasaban la plata y el oro, los bienes y la riqueza… Yo destruí el zigurat de Susa. Aplasté los brillantes cuernos de cobre. Reduje a los templos de Elam a la nada; sus dioses y diosas, yo los lancé al viento. Las tumbas de sus reyes, antiguos y recientes, los devasté, las provincias de Elam, en sus tierras sembré sal”  

El dominio asirio sobre Susa empezó en el año 647 a. C. y duró hasta la captura meda de Susa en el 617 a. C.

Período aqueménida

Susa pasó por una gran transición política y etno cultural cuando pasó a formar parte del imperio aqueménida persa entre 540 y 539 a. C. cuando fue capturada por Ciro II el Grande durante su conquista de Elam (Susiana), de la que Susa era la capital.

Tal vez ya desde el reinado de Ciro II (c. 559-529 a. C.), Susa funcionó como una de las capitales del Imperio Persa. Pero, con toda seguridad, bajo el hijo de Ciro, Cambises II, Susa se convirtió en el centro político como una de las cuatro capitales del imperio persa aqueménida, al tiempo que reducía la importancia de *Pasagarda como la capital de Persia. Tras el breve gobierno de Cambises, Darío el Grande comenzó un gran programa constructivo en Susa y Persépolis. En esta época, describe su nueva capital en la inscripción DSf:

“Este palacio que construí en Susa, tiene decoración traída de lejos. Hacia abajo se excavó la tierra, hasta que alcancé el lecho de roca. Cuando se terminó la excavación, entonces se apisonaron los escombros, alrededor de 40 codos de hondo, otra parte 20 codos de profundo. Sobre esos escombros se construyó el palacio.”

*La residencia real de Ciro se situaba en Pasargada, cerca de Anshan. Pero es probable que ya se utilizase Susa, otro antiguo centro urbano de Elam, como capital alternativa.

Períodos macedonio, parto y sasánida

Susa fue conquistada por Alejandro Magno en el 331 a. C. y se hizo con el primer Imperio Persa. Entonces, Susa perdió gran parte de su importancia. Allí se celebraron las llamadas «bodas de Susa» que concertó Alejandro en 324 a. C. en Susa, entre los macedonios y los persas.

Los matrimonios de Barsine-Estatira y Alejandro Magno de Macedonia y su hermana, Dripetis con Hefestión en Susa en 324 a. C., como representa un grabado de finales del siglo XIX.

Período post islámico y degradación

Susa fue destruida al menos tres veces en su historia. La primera fue en el año 647 a. C., por Asurbanipal. La segunda tuvo lugar en el año 638, cuando los ejércitos musulmanes conquistaron por vez primera Persia. En 1218, la ciudad fue arrasada por los invasores mongoles. La ciudad quedó aún más degradada en el siglo XV cuando la mayoría de su población se trasladó a Dezful y queda como el pequeño asentamiento actual.

La brutal campaña de Ashurbanipal contra Susa en 647 a. C. esta documentada en este relieve, en el que se puede inferir las llamas del incendio detrás.

“Los «huesos pelados» de la antigua ciudad de Susa apenas permiten adivinar su esplendor y gloria pasados. Sin embargo, los arqueólogos han desentrañado la larga historia del lugar, enterrada bajo siglos de polvo: las idas y venidas de acadios, babilonios y griegos, los resurgimientos intermitentes de los elamitas y la dominación «mundial» de los reyes aqueménidas.”

 https://uhphistoria.files.wordpress.com/2011/02/liverani-mario-liverani-el-antiguo-oriente-historia-sociedad-y-economia.pdf

Como hemos podido advertir Susa fue algo extraordinario en todo el transcurso de la Civilización Medio Oriental. Y sin embargo, casi totalmente desconocida u olvidada por la mayoría de los occidentales. Pienso, que se podría enmendar esa situación que, gracias a los actuales adelantos técnicos, científicos y virtuales, de que se disponen, deberían ser aprovechados para que las futuras generaciones puedan estar mejor documentadas, tanto en historia de la región oriental como de la universal. Y de esa manera poder darse cuenta donde, verdaderamente, nació la civilización mundial.