Y CONTINÚA LA DESESPERANZA……..

Amigos, y no tan amigos me han venido repitiendo que mi posición frente a lo que se debe hacer para que nuestro patrimonio histórico pueda convertirse en una verdadera atracción es incorrecta, debido a que lo único que tenemos los dominicanos que pueda concitar cierto interés cultural en que visitantes de diferentes partes del mudo se avoquen a turistear en nuestro país, es la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Y que la misma no reviste la importancia que se le ha querido atribuir, dada su escasez de monumentos histórico-arquitectónicos de verdadera importancia, y bien conservados. Que los que hay no están en las condiciones necesarias para ser exhibidos. Ejemplo: El Alcázar de Colón y el Museo de las Casas Reales lucen internamente descuidados, carentes de guías profesionales, y falta de aire acondicionado, entre otros inconvenientes.

Todo ello viene a colación a raíz de la esperanza que concita la intervención que se viene llevando a cabo en el centro histórico santodominguense que, a decir verdad, todavía se  desconoce en detalle, por lo que no externaré opinión alguna, hasta tanto no culminen los trabajos que llevan más de cuatro años de iniciados.

A los que se expresan como dije al inicio, y a la infinidad de indiferentes, que representan la gran mayoría de los dominicanos, al igual que a los que les da igual una cosa u otra, yo me permito decirles lo siguiente: El turismo, como el que se ha estado explotando mundialmente, es una industria sumamente compleja. Es un negocio que cada país explota como puede lo que posee. El turismo cultural, por ejemplo, en nuestro caso llamado a complementar al turismo de sol y playa, y el de aventura, donde existe, no necesariamente cumple con un patrón específico.

Se encuentran los que explotan riquezas  extraordinarias, y abundantes, tanto en lo monumental, en lo histórico, como en lo artístico. Desde países y ciudades que cuentan con historias milenarias, relevantes, representadas en sus monumentos y sitios, o en sus ruinas, y museos, hasta los que disponen de recursos exclusivos como es el caso de República Dominicana, en cuyo territorio se desarrollaron las primacías europeas en el Nuevo Mundo. Tales como las primeras edificaciones, y las primeras explotaciones industriales, como los ingenios  azucareros que se levantaron en la Isla durante el transcurso de los primeros años de aquel extraordinario acontecimiento histórico. Todo consiste en saber explotar esa riqueza sin intentar modificarla, ni crear falsos espectáculos.

Desde la llegada de Cristóbal Colón al territorio bautizado por él como La Española, y tener que enfrentarse a civilizaciones totalmente diferentes a las conocidas hasta entonces, su afincamiento en la costa norte de la Isla, y fundación de La Isabela, dos años más tarde (1494), hasta la invasión del corsario inglés Francis Drake, a finales del siglo XVI, nuestro país dispone de innumerables recursos, únicos en América, para convertirse, sin grandes pretensiones, en un polo de atracción turística cultural de primerísima categoría.

De manera que contamos, no solo con lo que queda explotable en la Ciudad Primada, por supuesto, rescatado y puesto en valor como corresponde, para poder atraer un turismo de calidad, y en cantidad suficiente, que contribuya a complementar el de sol y playa existente, habría que explotar otros recursos  monumentales. Como es el extraordinario conjunto de los primeros ingenios azucareros en diferentes condiciones de conservación, esparcidos por la región suroeste del país,  instalados desde los primeros albores del proceso colonizador de La Española. Incluyendo el llamado ingenio de los Colón, que perteneció a Diego Colón*, ubicado en las cercanías de Santo Domingo. Eso sí, siempre y cuando sean sometidos a un serio proceso de consolidación, e investigaciones arqueológicas, y se organice la Ruta de los Ingenios, bien concebida, a la que se le instalen paradores y lugares de descanso.

 

Engombe

Palavé

Boca de Nigua

  

Diego Caballero

  

Cepi-Cepi                                                          Alomso Suazo

Por otro lado están los yacimientos arqueológicos de las otras ciudades erigidas durante los albores de la conquista, tales como Concepción de la Vega, y el primer Santiago de América. Ambas fundadas por el propio Descubridor, al igual que La Isabela, donde todo comenzó.

De igual manera disponemos de otros yacimientos, tan importantes como los otros. Tal es el caso del monasterio que se encuentra debajo de sus propios escombros, y destartaladas viviendas, en la ciudad de Puerto Plata, ubicado frente al cementerio de la ciudad, fundado por Fray Bartolomé de las Casas, y donde este se consagrara como el primer sacerdote católico ordenado en tierras americanas.

Compostela de Azua, ciudad sureña desde donde el adelantado y conquistador Diego Velázquez de Cuellar partiera hacia la conquista de la isla de Cuba, y donde fungiera como escribano el capitán extremeño Hernán Cortés, desde cuyas playas saliera la expedición conquistadora de México, y donde se conservan (?) las bases de la casa que edificó para su propia vivienda, constituye otro interesante lugar a ser rescatado, y puesto en valor, conjuntamente con las diversas ruinas de ingenios azucareros, cercanos, construidos y explotados por los principales personajes de la colonia de Santo Domingo.

Pueblo Viejo – Compostela de Azua

Y como si fuera poco, completar el proyecto del entorno donde se encuentra la restaurada casa fuerte de Juan Ponce de León, en San Rafael de Yuma, Higuey, y el embarcadero desde donde salieron sus dos expediciones conquistadoras de la isla de Puerto Rico y la península de La Florida. Consistente en rastrear y excavar el lugar donde se presume fuera fundada la primera villa de Salvaleón de Higuey, previa a su actual ubicación. Y cercana a la casa de piedra del Conquistador y la la bahía de Boca de Yuma. En cuya ermita se ha dicho fue expuesta por vez primera, para su veneración, la imagen de Nuestra Señora de Altagracia. Cuyo nombre fue tomado de Salvaleón, municipio español, perteneciente a la provincia de Badajoz (comunidad autónoma de Extremadura), cercana a otra provincia de la misma comunidad, de donde vinieron los Hermanos Trejo a La Española.

De esta bahía de Boca de Yuma partió Ponce de León y su la flota con rumbo a la isla de San Juan (Puerto Rico), y posteriormente a La Florida.

De igual manera, poner en valor los conjuntos victorianos de las ciudades de Santiago, La Vega, Puerto Plata, Montecristi, y San Pedro de Macorís es otro de los retos que tenemos por delante, si es que verdaderamente queremos posicionarnos como el principal polo turístico del Caribe insular. No como un conjunto de parques temáticos, sino de verdaderos recursos históricos de diversas categorías recatados y puestos en valor correctamente.

  

De Sanchez solo queda el recuerdo, las bases de su puerto, y la Iglesia

El Reloj de Montecristi

Casa de Máximo Gómes o del Manifiesto

Ruinas de la casa de Doña Emilia                

Hotel  Mercedes a principos del Siglo XX

  

Dos hermosos ejemplares de casas victorianas de Puerto Plata. La Novia del Atlántico.

Todo esto, antes de que continúen desapareciendo los cada vez más exiguos recursos arquitectónicos de estas ciudades. La última de las cuales llegó a convertirse, junto a Sánchez, en la panacea económica de la joven república, durante la llamada “Danza de los Millones”, calificativo que proviene de su rica industria azucarera, de finales del siglo XIX, y principios del XX, la primera, y por convertirse en el principal centro portuario y bancario de la República la segunda. Ya casi talmente despojada de su interesante riqueza victoriana, como de su puerto centenario, del que solo quedan algunos hierros.

  

Antigua Ferretería Mory, y lo que quedó de una de las obras del Arq. checo Antonín Nechodoma. Ambas en San Pedro de Macorís.

Casa en ruinas de las que quedan en San Pedro de Macorís, llamada la Sultana del Este

Ahora bien, esto no se logrará por arte de magia, ni por obra y gracia de los que aspiramos lo mejor para nuestros recursos monumentales. Ni esperando que vengan de fuera a sacarnos del hoyo unos cuantos extranjeros, como lo han venido haciendo los explotadores de nuestras minas, y otros tan “inteligentes”, como los constructores de mega proyectos, dirigidos por empresarios corruptos de la firma brasileña ODEBRETCH que vienen, conjuntamente con políticos dominicanos, a “sacrificarse” por nosotros.

Estoy seguro, como lo he estado desde hace tiempo, que los beneficios que aportan el sol y la playa continuarán inyectando suficientes recursos a la complicada situación política, económica, y social que vive nuestro país. Por supuesto, siempre que esa modalidad de turismo continúe tan pujante, conjuntamente con la cultural, siendo la principal proveedora de divisas, generación de empleo, y otros beneficios.

Así las cosas, continuaré esperando que las autoridades nacionales se acaben de ponelas pilas, ejerciendo su autoridad, para que las cosas se hagan como corresponde, tanto en lo concerniente a nuestra Ciudad Colonial, como al resto del patrimonio histórico del país, llamado a contribuir con el bienestar nacional.

Y que se reanude la institucionalidad pérdida, y el respeto a los organismos oficiales responsables, casi a punto de desaparecer. Además de escoger y reforzar tanto la parte administrativa como técnica, no política, con expertos en cada una de las áreas que componen el patrimonio cultural de la Nación. Muy particularmente, la correspondiente a sus monumentos, y conjuntos, sus ruinas, y todo lo que todavía se conserva de estos en el territorio nacional.

  *Como  casi nuca se menciona el ingenio de los Colón, he querido hacer la merecida mención. “Este estaba en el arroyo Yuca (Justicia 12), que es un afluente del rio Ozama, y corre paralelo al Isabela, pero más al norte. En la ribera sur de este arroyo están los pueblos de Villa Mella, San Felipe e Higuero.

  Otro ingenio en ese mismo arroyo era el de Diego Caballero, el Mozo. Según Oviedo, este ingenio se desmanteló muy temprano, pero pudiera ser que sus ruinas persistan en el lugar.
El que sí se menciona en el rio Isabela es el ingenio de Astorga, y no debe haber estado muy lejos del de los Colón, pues en un mismo documento se recomienda un solo cura para los dos ingenios.”

OBLIGADOS A CUMPLIR Y DEFENDER

Nuestro país, al igual que la mayoría de los países del Mundo dispone, y ordena, constitucionalmente, la necesidad de velar y proteger el patrimonio natural y cultural que posee. Por lo que estamos obligados a cumplir y defender la riqueza que nos dotó la naturaleza, entre los que se encuentran algunas especies únicas en el Mundo, al igual que el que hemos heredado de nuestros antepasados, muy particularmente del que componen las edificaciones que todavía se conservan,  levantadas por los conquistadores españoles, los sucesivos colonizadores y pobladores de La Española.

La Rosa de Bayahibe (Pereskia quisqueyana), Flor Nacional, se encuentra en la provincia de La Altagracia, al Este de nuestro país.

La Cotorra (Cotica) dominicana, o de La Española (Amazona ventralis), habita en los bosques maderables de la Isla, tanto húmedos como secos.

Ambos patrimonios los hemos considerado imprescindibles para nuestra identificación como país soberano, al igual que como nación compuesta por ciudadanos capaces de comprenderlo, protegerlo, y plasmarlo en sus documentos rectores, como son su constitución y sus leyes.

Para procurar que se cumplan estas obligaciones, y tratar de intervenir cuando sea necesario, se han creado sendas instituciones dotadas de sus respectivos reglamentos, y presupuestos, así como del personal requerido.

Para velar por el patrimonio natural, compuesto por sus diferentes variables; tierra, ríos y arroyos, lagos y lagunas, valles y montañas, plantas y animales, y todo lo demás que contribuya con el sostenimiento del clima, de las diversas especies, y de las condiciones medio ambientales, además de la producción de alimentos capaces de cumplir con el sostenimiento de su población, fue creado el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, que cuenta con el apoyo de las fuerzas del orden público de la Nación, y de instituciones sin fines de lucro.

Con anterioridad fue creada para velar por el patrimonio cultural, compuesto por el patrimonio arquitectónico y monumental, artístico, arqueológico, y  documental, fue creada la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), en el año 1967, posteriormente desmembrada, y modificado su nombre  por el de Dirección Nacional de Patrimonio Monumental (DNPM), que en sus inicios cumplió con la responsabilidad de velar por los sectores que lo componían. Permaneciendo dentro de la unidad rectora original solo el patrimonio arquitectónico y monumental, y creadas otras instituciones para velar por las demás derivaciones. Con lo que yo, personalmente, no estuve de acuerdo, habiendo existido la posibilidad de crear secciones dentro de una misma institución, aunque fuera necesario  modificar su estructura dentro del organigrama existente en la administración pública.

Más adelante, la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental pasó a depender del Ministerio de Cultura, teniendo como intermediario a un Vice ministerio, paso este que la convirtió en la entelequia que ha seguido siendo desde entonces. Evitándose con ello, que quien dirija la institución se vea compelido a obedecer lo que se le ocurra al Ministro de turno, desconocedor, la mayoría de las veces, de lo que corresponda hacerse. Además, tener que obedecer más a las decisiones politiqueras que a la sensata decisión que se debe tomar en cada caso.

Pasemos, ahora, a otros aspectos relacionados con el mismo tema.

Para que ambos patrimonios puedan ser favorecidos con los instrumentos legales que fueron dispuestos desde el mismo inicio de los dos programas, hacen falta dos cosas. Que los organismos creados para hacerlas cumplir funcionen, o los dejen funcionar, y que la población a la que pertenecen esté suficientemente concientizada para aceptarlos, y defenderlos, así como contribuir con ellos. Lo que solamente se consigue implantando una campaña concientizadora, bien concebida, y repetitiva.

Y esto es, a mi entender, lo que no ha estado ocurriendo en nuestro país. A una gran mayoría de la ciudadanía no le interesan estas “pendejadas”, y si le llegaran a interesar, los problemas a debatir no deberían afectar sus propios intereses. Consiguiéndose con ello los frecuentes enfrentamientos que se arman entre las autoridades y los afectados. O entre los “ocupantes” y los auténticos propietarios de una tierra, o de una edificación.

En términos de lo que sucede en el área del patrimonio natural, por ejemplo, tierras que han sido declaradas parque o reserva nacional, o de interés social, los que se han apoderado de estas se oponen, tajantemente, a ser desalojados, sin importarles que estos desalojos sean dispuestos por la justicia. Tenemos un ejemplo en los Haitises, donde en lo que el palo ha ido y vuelto se han destruido bosques, tan necesarios para la biodiversidad.

En cuanto al patrimonio cultural, en su versión arquitectónica o monumental ha sucedido, que los planes que se diseñaron, originalmente, para la Ciudad Colonial de Santo Domingo, por ejemplo, lo que se ha estado y se continúa haciendo al respecto, desde 1978, ha sido lo contario.

Empezando por el final de la larga batalla, cuando se debió haber trabajado, simultáneamente, para mejorar las condiciones de sus calles y del cableado del servicio eléctrico y telefónico, y al mismo tiempo ir rescatando, no maquillando lo más importante: el conjunto monumental con similar fisonomía externa al que existió. Que no pudo ser conservado por haberse iniciado un erróneo proceso de transformación, a partir de las primeras décadas del Siglo XX. Durante las cuales su componente más antiguo y valioso, histórica y arquitectónicamente, hubiera podido ser adecuadamente recatado y revalorizado, conjuntamente con lo que quedaba del componente habitacional. Sin ser destruido (Hospital de San Nicolás), modificado extremadamente (Palacio Consistorial), ni transformado en parque temático, en el que una gran parte de sus edificaciones particulares sean convertidas en “sepulcros  blanqueados”. Perdón, coloreados.

Sobre esto último, no puedo dejar de repetir, que el problema no está en las sábanas. Que el ambiente que se ha debido estar creando no sea contemplativo, falso. Sino de índole social (acogedor para residir o pasar parte del tiempo en él), cultural (enriquecedor y propicio para el desarrollo de las artes), y turístico (ofreciendo lo que busca una buena parte de los turistas). Por otro lado, a ninguna familia se le puede ocurrir radicarse en ambientes descompuestos, o a nadie se le ocurre llevar turistas a estos lugares, no importa que estén compartidos con joyas aisladas. Que lo que interesa es el conjunto de todos esos factores. Y eso solo se logra, como he dicho, repetidamente, saneando el lugar y su entorno inmediato, dotándolo de seguridad, sin necesidad de contaminarlo de guardias o policías y, en dos palabras, convirtiéndolo en algo similar a lo que otros centros históricos  han podido lograr, como es, por ejemplo, el Viejo San Juan de Puerto Rico.

Para dar una idea de lo que quiero decir, a continuación verán algunos ejemplos.

Las dos primeras casas son propiedad privada. El gobierno dominicano intervino en sus fachadas, cumpliendo con su política “fachadista”, y en las que sus propietarios no se deciden por hacer algo, interiormente. La tercera es propiedad del Gobierno, y está ocupada por una agrupación de índole patriótica, que al parecer carece de los recursos necesarios para darle un adecuado mantenimiento, al igual que a la exhibición de lo que les interesa dar a conocer.

Es notable el interés turístico, y político, al aparecer como responsable un ministerio ajeno al tema, en vez del institucionalmente responsable. En este caso la Dirección de Patrimonio Monumental. Su interior ha permanecido de forma similar al que lucía cuando estaba habitada. No interesa el tema socio ambiental. ¡Que gobiernazo este que tenemos¡

 

Esta casa, indiscutiblemente del Siglo XVI, permanecía así hasta que el gobierno, a través del Ministerio de Turismo decidió rescatar se fachada.

  

Interiores de la casa, actualmente. Un perfecto ejemplo de sepulcro banqueado. Tanto estructural como habitacionalmente.

Igualmente, casa del Siglo XVI, restaurada durante los diez años del Dr. Balaguer, en la que se conservó la fachada del Siglo XX. Y vuelta a pintoretear actualamente por los responsables del proceso de maquillaje a que ha sido sometida la Ciudad Colonial. 

Sus interiores, independientemente del proceso de deterioro visiblemente ostensible, acumula una serie de elementos propagandísticos, que desdice de su manifiesta intención política. 

En esta versión del patrimonio cultural hemos estado confrontando diversos problemas. A saber:

1.- Durante el transcurso del Siglo XX se fueron creando estilos de vida diferentes a los anteriores. Y con estos, se fueron modificando los tipos de viviendas originales, tanto interior como exteriormente.

2.- Al modificarse las viviendas fueron cambiando los estilos de vida de sus ocupantes. Y, consecuentemente, el cambio de estos. Lo que llegó al extremo de que estos últimos no han tenido los recursos necesarios para mantener las viviendas que ocupan de la misma manera que los anteriores. En la mayoría de los casos han llegado a compararse con edificaciones existentes en barrios marginales.

3.- Y ahí es donde está el grave problema. Consistente en un tortuoso y largo enfrentamiento entre propietarios y ocupantes. Lo que ha contribuido al deterioro ambiental, independientemente del que aportan las edificaciones,  impidiéndose que la Ciudad Colonial pueda volver a adquirir sus condiciones anteriores.

4.- Además de los estilos de vida a los que ha llegado a soportar nuestro  principal centro histórico, confrontamos la incapacidad de las autoridades legalmente constituidas, al igual que de la multiplicidad de organismos competidores, llegándose a extremos tales que nadie sabe qué hacer, ni donde ir para solucionar su problema, o el del entorno en que habita o trabaja.

De lo brevemente expuesto se puede colegir el por qué la Ciudad Colonial no ha podido llegar a ser lo que se ha pretendido, disponiendo de una riqueza monumental, aunque aislada, después de medio siglo de intentos fallidos. Y no obstante la inversión que se ha hecho, tanto por parte del sector público como, minoritariamente, del privado.

NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA

Desde pequeño tuve una inquietud, provocada por la devoción a Nuestra Señora de Altagracia, y por el cuadro que se venera en Higuey. Ya mayor de edad pude empezar a obtener algunas respuestas. En el año 2010 cumplí con un viejo anhelo de visitar algunos de los lugares ligados a dicha Virgen, y en compañía de Urania hicimos un recorrido de casi tres semanas por Extremadura, España. Ya era de mi conocimiento que esa era la región de la Península donde se veneraba, y existían capillas y ermitas en las que se veneraba a Alta Gracia, como es llamada allí.

Con el propósito de dejar un testimonio de dicho viaje, en el que igualmente me interesaba ponerme en contacto con mi personaje favorito, Frey Nicolás de Ovando, empecé, no hace mucho tiempo, a escribir un recuento, que  tenía el propósito de complacer mi doble inquietud.

Durante el recorrido por Extremadura visitamos Cáceres, Brozas, Alcántara, Garrovillas de Alconetar, perteneciente a la provincia de Cáceres, Badajoz, y Mérida. Lamentablemente, me faltó visitar Plasencia, ciudad de origen de los Hermanos Trejo, y Siruela, que pertenece a la provincia de Badajoz, donde pude enterarme, posteriormente, que se venera la Altagracia con similar devoción a la de Garrovillas.

Investigando todo lo que podía logré reunir una buena cantidad de datos que, según mi parecer, eran suficientes para completar la lucubración que me había dedicado a escribir. Hasta que me enteré de la existencia de un libro “La Historia de la Virgen de Altagracia”, publicada en el año 2013 por los señores Santiago Milano, Cándido Serradilla, y Dionisio Martín, que una amiga me ha prometido encontrar, y enviar desde Alcántara.

En momentos en que ya tengo escrito bastante del artículo, y enterado de la noticia de la existencia de dicho libro, me enteré de la existencia en Santo Domingo de un señor llamado John Fleury, que había estudiado todo lo relacionado a la devoción y al cuadro de Nuestra Señora de Altagracia. Sorprendido con la noticia, nueva para mí, pero de larga data en nuestro país, busqué comunicarme con él para poder enterarme, personalmente, de los estudios que había realizado.

Una vez logrado mi propósito, lo visité el domingo recién pasado, siendo recibido en la Casa de la Anunciación, en esta ciudad, y para mi sorpresa fui obsequiado con un ejemplar del libro de su autoría titulado “Historia de Nuestra Señora la Virgen de Altagracia”, publicado en el año 2006.

Gratamente sorprendido de que una persona de su categoría reside entre nosotros y, por supuesto, del contenido de su libro, decidí posponer mi artículo hasta recibir el libro de Extremadura, que me permitirá hacer la debida comparación entre los dos, y de esa manera quedar completamente edificado y convencido de la inquietud que empecé a tener desde niño.

Recomiendo a los amantes de la historia y, muy particularmente, de la eclesiástica dominicana y, por supuesto, de la correspondiente a la Madre Espiritual del pueblo dominicano, y a sus vínculos con la extremeña, a que traten de adquirirlo, y puedan enterarse de una inquietud que debería ser de todos los dominicanos.

A MODO COMPARATIVO

En mi anterior lucubración expuse varias fotografías de distintos ambientes del Viejo San Juan de Puerto Rico. Tenía cierto interés en que los que continúan leyéndome tuvieran una idea, si es que no la tenían, de las condiciones en que … Continue reading

COLOFÓN DE MI ARTÍCULO ANTERIOR

Enredado entre papeles y recortes de periódicos viejos me topé con uno, de fecha 15 de noviembre de 1971, que di a conocer en mi lucubración anterior. En este se expresan algunos comentarios que hiciera Ricardo Alegría, a propósito de una de sus visitas a nuestro país relacionadas con los trabajos de restauración de la Casa de Ponce de León en San Rafael de Yuma, Higuey, y de la que fungió como asesor histórico y arqueológico de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC ).

En dicho reportaje, Alegría comentaba, con la preocupación que ameritaba, y sigue ameritando, el caso de las condiciones en que permanecían, y continúen permaneciendo, la segunda y tercera fundaciones el Nuevo Mundo. Ambas, al igual que La Isabela, que fue la primera, responsabilidad del Descubridor, Cristóbal Colón a finales del Siglo XV.

Foto tomada por el investigador y arqueólogo dominicano Don Emile Boyrie de Moya en los años cuarenta del pasado Siglo XX de lo que se podía ver de la fortaleza.

Se refería el entonces Director del Instituto de Cultura Puertorriqueña a las desaparecidas ciudades de Concepción de la Vega (la Vega Vieja), y del primer Santiago de América, más conocido como Pueblo Viejo de Jacagua.

Recuerdo algunas de las palabras expresadas por el distinguido investigador puertorriqueño, que más o menos decía, que era una verdadera lástima que estos dos históricos sitios arqueológicos permanecieran en las condiciones deplorables en que se encontraban. Que estaba seguro de que si hubieran estado en Puerto Rico alguna labor de importancia se hubiera realizado. Y que si el gobierno dominicano recabara alguna asistencia del gobierno puertorriqueño, tanto técnica como económica, estaba seguro de que la respuesta hubiera sido positiva.

Cuando Ricardo Alegría se refirió a tan importante asunto ya nosotros habíamos empezado a librar las primeras batallas, visitando en varias ocasiones dichos lugares, acompañados de los miembros de las comisiones provinciales de Patrimonio que fueron creadas desde los mismos inicios del programa, y empezado a negociar con los propietarios de los terrenos. Que en el caso de Concepción de La Vega son varios. Sin que, se llegara a nada.

Cuando sucedió lo de la entrevista en cuestión nadie había puesto las manos en esos lugares, permaneciendo estos casi en estado virgen, cuando no convertidos en potreros, o un montón de casuchas. Lo que era el momento ideal para empezar a hacer lo que fuera necesario. Al referirse a ambos yacimientos históricos, destruidos por un terremoto, no por un volcán, Ricardo Alegría los denominó la Pompeya dominicana, mientras yo, privilegiando a Concepción de La Vega, la llamé la Pompeya de América.

En lo concerniente a Concepción de La Vega, ubicada en uno de los más hermosos parajes de la isla Española, a unos pocos quilómetros de la ciudad de La Vega, solo uno de los torreones de la fortaleza, y una gigantesca esquina de la que se ha supuesto ser la iglesia, daban la seguridad de lo que se pensaba. Sumados a estos vestigios se podía advertir la existencia de una serie de montículos esparcidos por el terreno comprendido alrededor de las dos estructuras visibles. Lo que suponían ser edificaciones cubiertas por el terreno y la maleza.

Parte de los cimientos aparecidos algún tiempo después, cuando la Dirección de Parques nacionales intervino de manera parcial, a partir del año 1977, y sin un programa serio a seguir.

Casi lo mismo ocurría en Jacagua, donde fue fundada el primer Santiago de América, en cuyos terrenos era posible ver varias estructuras, construidas de ladrillo. Las que por sus condiciones ruinosas no había sido posible atribuirles función alguna.

A muy poca distancia de la Ciudad de Santiago, y de fácil acceso, la puesta en valor de ambos yacimientos históricos pudieran haberse convertido en atracción turística de importancia.

Posteriormente sucedió lo mismo que ha sucedido en la Ciudad Colonial. En el año 1976 el Gobierno dominicano creó la “Comisión para la puesta en valor del Sitio Histórico de Concepción de La Vega”, coordinada por la recién creada Dirección de Parques Nacionales, se realizaron excavaciones en algunos sectores de los terrenos ocupados por la misma, al igual que en las ruinas del Monasterio de San Francisco. Y llegándose a descubrir arranques de muros de piedra de lo que fue la ciudad, al igual que tramos de calles empedradas, y el perímetro del Monasterio.

Igualmente se empezó a organizar una exhibición provisional de los objetos encontrados. Hasta aquí todo lo que puedo contar, ya que jamás se me ha ocurrido volver por ninguno de los dos lugares, que Alegría confirmara el nombre con el que yo la bauticé, y que le cabe como anillo al dedo: Pompeya de América.

No puedo dejar de señalar el interés que pusieron los miembros de la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural de Santiago, al igual que el Comité Gestor pro Reconstrucción de la Ruinas de Santiago. De cuya existencia no he vuelto a saber.

A propósito de esta historia, que me permito desempolvar, yo me pregunto: ¿Cómo van estas cosas, y las demás? Por lo que se percibe, tanto las investigaciones histórico-monumentales como las arqueológicas de todo el territorio nacional están paralizadas. Incluyendo las relacionadas con el área prehispánica. En fin, de lo único que uno se entera, en estos momentos, independientemente de Odebretch, la corrupción y la impunidad, es de OISOE, MITUR, y el BID, responsables de lo que se está haciendo en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Y a Dios, que reparta suerte.

ALGUNOS HECHOS HISTÓRICOS

CONCEPCIÓN DE LA VEGA

La ciudad de Concepción de La Vega se inició con la fundación de la fortaleza La Concepción (donde surge parte de su nombre) mandada a construir por el almirante Don Cristóbal Colón en 1494.

Bartolomé de Las Casas expresa que Colón, maravillado por la belleza del lugar le puso por nombre “La Vega Real”. Su desarrollo económico inicial se había de cimentar en la fundición de oro y en el cultivo y procesamiento de la caña de azúcar. Con el tiempo, los recursos auríferos de Concepción de la Vega se agotaron. El crecimiento económico de la ciudad en los tiempos del oro posibilito un nivel adquisitivo en sus habitantes, y esto hizo que se asimilara a una ciudad europea.

Escudo de Concepción de La Vega

En Concepción de la Vega se encuentran los restos arqueológicos de la Factoría Española del Oro, donde los trabajadores indios taínos lo traían el oro de los ríos para lavarlo mejor, fundirlo y convertirlo en lingotes que almacenaban en la fortaleza hasta que llegara el momento de embarcarlos hacia España.

Allí se acuñó la primera moneda y se establecieron los primeros comerciantes. En 1508 se le dio título de ciudad y en 1512 se erigió como sede del primer obispado establecido en el Nuevo Mundo, siendo su único titular Pedro Suarez de Deza, quien murió el 17 de marzo de 1523. Fue un prelado católico que sirvió como Obispo de Concepción de La Vega, uno de los tres primeros obispos de las Américas. Por ella transitaron Fray Bartolomé de Las Casas y Fray Pedro de Córdoba, defensores de los indígenas.

En Concepción de La Vega fue donde se produjo el primer reparto de indios, a cargo de *Rodrigo de Alburquerque, y donde se estableció el monasterio franciscano, y el convento de la Orden de las Mercedes, el cual se asoció legendariamente con la cruz plantada por Colón en el Santo Cerro, dando lugar al nacimiento del culto de dicha advocación mariana en nuestro país. Esta cruz llegaría a alcanzar una notable fama con el nombre de la Vera Cruz.

El 2 de diciembre de 1562 la ciudad fue destruida por un terremoto, siendo trasladada a la orilla meridional del río Camú. Para 1598 sólo existían en esta dieciséis casas de paja y no había plaza ni calles. En los tiempos de Antonio Osorio (1605) se registraron cuarenta vecinos, entre ellos un zapatero, un sastre y un tratante, y se contaron quince estancias de yuca y maíz.

*Antiguo escudero, hacendado y repartidor de indios de La Española en 1514.Nativo de Salamanca, fue el típico ejemplo de los españoles que pasaron a América en los primeros años de su descubrimiento y conquista. Se distinguió por su falta de escrúpulos para medrar. En La Española ocupó la alcaldía de Concepción de La Vega en tiempos del gobernador Nicolás de Ovando, así como el cargo de veedor de la fundición de La Vega.

SANTIAGO DE LOS CABALLEROS

En 1495, Cristóbal Colón funda, durante su segundo viaje, el fuerte de Santiago, en la ribera norte del río Yaque del Norte. En 1506, la villa que se forma alrededor de éste es trasladada a orillas del Río Jacagua.

El Rey Fernando el Católico otorga, en 1508, el Real Privilegio de Concesión de Armas a la villa de Santiago. La Real Cédula, firmada por el rey Fernando como administrador de los reinos de su hija Juana I de Castilla. El escudo colorado con cinco veneras blancas, con una orla blanca y en ella siete veneras coloradas. Las veneras estaban asociadas con las playas de Galicia donde se encontraba Santiago de Compostela, era pues el símbolo del peregrino que había visitado Tierras Santas. Para 1514, según datos del primer censo en Santiago había 60 personas y tenía iglesia, casa del cabildo, y hasta un total de 40 viviendas y edificios públicos.

Escudo de Santiago de los Caballeros

En 1562, Santiago es destruido por un terremoto. Los sobrevivientes se instalan en los terrenos colindantes con el río Yaque del Norte, ubicación actual de la ciudad. Su sede de Jacagua es repoblada por los Caballeros que aun quedaban de la agonizante Isabela (Ciudad Primada de América); la tradición asevera que, desde esa fecha comienza a llamarse Santiago de los Caballeros.

RICARDO ALEGRÍA

Ricardo E. Alegría (San Juan, 14 de abril de 1921- ibíd, 7 de julio de 2011) fue un prestigioso arqueólogo e historiador puertorriqueño, y el primero en ocupar la Dirección del Instituto de Cultura Puertorriqueña. También se desempeñó como Director del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Fue, además, antropólogo, promotor, educador y defensor de la cultura puertorriqueña.

Más que un historiador y un arqueólogo, Ricardo Alegría fue el principal  responsables del rescate y puesta en valor del patrimonio cultural que los puertorriqueños tanto atesoran. Muy particularmente del patrimonio construido que se conserva en el Viejo San Juan.

Cuando en 1955, durante el gobierno de Luis Muñoz Marín, se creó el Instituto de Cultura Puertorriqueña, tal acción fue muy criticada por algunos, que negaban la existencia de una cultura puertorriqueña. La junta de directores del recién creado instituto nombró a Ricardo Alegría como su director, quien mereció el más sólido respaldo de los intelectuales y amante de la historia de la Isla.

Con su actuación en favor del rescate del patrimonio construido del Viejo San Juan, y con la restauración de una casa colonial para convertirla en su residencia, Alegría dio muestras más que suficientes de su acendrado amor por la antigua villa española, y de poner en práctica lo que empezaba a predicar. Ganándose la admiración y el respeto del pueblo puertorriqueño. Y convirtiéndose en uno de los indiscutibles pioneros de tan excelsa labor.

Supe de Ricardo Alegría antes de que fuera a vivir a Puerto Rico. Me había enterado de sus vivencias en el Viejo San Juan, donde se había convertido en una leyenda muchos años antes de sobresalir como responsable del rescate del patrimonio cultural puertorriqueño. Y más que nada, de la puesta en valor de su amado Viejo San Juan.

Como todo protagonista de actividades como la que él llevó a cabo, adquirió una casa en pésimo estado y la restauró siguiendo las pautas que él había contribuido trazar. Respetando su arquitectura decimonona, y los detalles que la caracterizaban como tal. La ambientó a su gusto, impartiéndole un estilo ecléctico propio de su época. Y junto a doña Fela, su esposa, la disfrutaron hasta el último día de sus vidas.

Para mi Ricardo y su obra se convirtieron en un ejemplo a emular. Cuando estaba de visita en su casa me pasaban por la mente los sueños que un poco más tarde Dios me permitiera realizar. Tanto con la creación de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) como con la restauración de mi primera casa colonial, tuve la satisfacción de entrar por las puertas de la gloria, sin poder llegar a ella, como sí tuvo la suerte de lograr Alegría.

Don Ricardo, como le llamaba todo el mundo, participó como arqueólogo y asesor histórico en la restauración de la Casa de Juan Ponce de León en San Rafael de Yuma, Higuey, viniendo varias veces a visitar la obra, además de aportar sus conocimientos en arqueología dentro y fuera de la casa, donde aparecieron objetos que debieron pertenecer a la casa, y a la familia del conquistador, algunos de los cuales son mostrados en una sala de la casa.

 

Para dar a conocer los ambientes de su casa en el Viejo San Juan me he permitido mostrar algunas fotos.

  

Ricardo Alegría tuvo un pariente que le siguió sus pasos. Restauró otra casa en el centro histórico sanjuanero, que por sus dimensiones y su ubicación, frente a la Catedral y al Hotel Convento y su placita, sobrepasó la de su primo. José “Popi” Alegría tuvo la más importante galería de arte de Puerto Rico, que fue instalada en la planta baja de la casa.

  

No puedo terminar esta lucubración sin antes decir que de la misma manera que los dos Alegría se convirtieron en ejemplo a seguir de lo que entendían había que hacer para salvar el Viejo San Juan, infinidad de puertorriqueños y extranjeros de cierto nivel social o económico le siguieron sus pasos. Convirtiendo ese modesto centro histórico caribeño en uno de los más hermosos de América

Cuando se hable de los procesos de rescate de centros históricos del Nuevo Mundo, sin duda alguna el del Viejo San Juan de Puerto Rico habrá de ocupar un lugar preponderante, tanto por el éxito alcanzado, como por haber sido pionero. Igual condición habrá que concederle a Don Ricardo, quien dedicara los mejores años de su vida para que tan magna obra se pudiera haber hecho realidad. Igualmente, al pueblo puertorriqueño habrá que rendirle un homenaje, tanto por su entusiasta aceptación, y colaboración, como por el respeto que siempre demostró tenerle a quien hizo lo posible por que se lograra lo que en otros lugares no se ha podido.

A estas consideraciones no puedo dejar de agregar la forma institucional en que se mantuvo el programa, sin que a ningún gobernante se le ocurriera politizarlo, ni intentar salirse de los lineamientos creados originalmente. Ni, por supuesto, permitir que se crearan organismos paralelos, tan perjudiciales, como lo ocurrido en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Lo que ha permitido que el Viejo San Juan, sin la riqueza monumental de nuestra Ciudad Colonial, haya permanecido como está.

A continuación muestro algunas vistas de diferentes sectores del Viejo San Juan. La selección de estas me resultó sumamente difícil dada la belleza y el encanto de cuantas pude seleccionar. Noten el orden y limpieza de las calles, y la pulcritud de las fachadas de sus casas. Los colores, con algunos de los cuales no comparto, son parecidos a los que se usaban en los siglos XVIII y XIX, época a la que pertenece la mayoría de las edificaciones.

He querido traer estas vistas del Viejo San Juan para que se pueda comprobar lo que se dice de esta, y lo qué verdaderamente es. Una joya de organización, orden, pulcritud, y encanto.

 

Me he visto precisado a escribir esta semblanza sin haber vuelto a ver al personaje envuelto en ella, ni al lugar al que perteneciera, y en el que tuve la dicha de residir durante varios años, porque no hay nada que imposibilite a uno expresar sentimientos y recuerdos inolvidables.

De la misma manera nunca pude dejar de reprochar el tratamiento que le fuera dado a Don Ricardo por parte del círculo de “expertos” hispanoamericanos en restauración de monumentos y sitios, negándose a darle participación en los seminarios de carácter internacional, que frecuentemente convocaban con el patrocinio de la UNESCO y la OEA. Ello así, ya que no todos los asistentes a dichos cónclaves habían hecho realidad lo que predicaban en sus respectivos países.

Recuerdo que en una ocasión hube de referirme a su inasistencia. Que no entendía el por qué no era invitado. A lo que uno de los “expertos” me dijo, que lo que se estaba haciendo en el Viejo San Juan no se correspondía con lo que ellos entendían era un proceso serio de rescate de un centro histórico. Aclaración que dejé ahí mismo, para evitar problemas.

Lo narrado en el párrafo anterior me recuerda aquella comunicación que nuestros “expertos” le dirigieron al Presidente Balaguer insinuándole que yo no podía continuar dirigiendo la OPC, por el hecho de no tener el título de arquitecto que era necesario para hacer lo que hice. Y resulta, que ni Alegría, ni Eusebio Leal (Cuba), lo fueron. Y hay que ver lo que el puertorriqueño hizo, y el cubano continua haciendo.

REGRESO A SANTO DOMINGO

De no haber sucedido lo que lamentablemente sucedió, y de lo que no pienso volver a hablar mientras vida tenga, no nos hubiéramos ido de Miami. Con pena, dejando atrás gratísimos recuerdos y un grupo de amigos y compañeros de la Cámara de Comercio, a quienes no he vuelto a ver jamás. Ya de regreso a Santo Domingo, a finales del año 1986, volvimos a instalarnos en nuestro apartamento del condominio Anacaona I, de la Ave. Anacaona, que habíamos dejado rentado.

Transcurrido algún tiempo, y calmadas las angustias que me empujaron a tomar tal decisión fui a saludar, entre otros, a Rafael Bello Andino, de nuevo instalado en su anterior despacho como Secretario de Estado de la Presidencia. Durante nuestra entrevista pasamos revista al pasado, a los encontronazos que se sucedieron, y a mi deseo de saludar al presidente, a quien no había vuelto a ver desde aquellos memorables tiempos, en que le sirviera desde la dirección de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), durante su período completo (1966-1978). Bello Andino me prometió encargarse y avisarme. Pero nunca más supe de él.

Más adelante, unas amigas de Miami, que habían colaborado con mis inquietudes, vinieron a Santo Domingo y me pidieron que les hiciera diligencias para ir a saludar al presidente Balaguer. Me costó apelar a otros contactos para que me fuera posible complacerlas. Una mañana fuimos a Palacio, y cuál no sería mi sorpresa al escuchar al presidente preguntarme que como me iba en Miami, que si no pensaba regresar, sin que supiera que desde hacía un buen tiempo ya yo me encontraba en el país, y había realizado algunos intentos para ir a saludarlo.

Después de este fortuito encuentro, en el que se mostró complacido de verme,  jamás volví a verlo. Con razón o sin ella estoy seguro de me habrían indispuesto con él, mencionándole, entre otras canalladas, mis contactos con el PRD, y sabrá Dios cuantos chismes más. Mientras tanto, ya los de la pandilla, con sus trompos enrollados desde hacía tiempo, estaban dispuestos a cosechar lo que con tiempo más que suficiente habían comenzado a sembrar, y cansado de poner los trompos a rodar.

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Separado, definitivamente, del hombre a quien serví, y me trató de manera excelente, y alejado del quehacer gubernamental, desde mi modesto estudio leía las publicaciones que hacía el gobierno todos los meses sobre los gastos que incurría en las obras que ejecutaba su gobierno, en las que aparecían las que estaban a cargo de la todavía OPC y la Comisión de Monumentos. Al llegar al final de esta segunda Era, conocida como de la de los “diez años”, me permití hacer un sumatorio de lo que el gobierno había dispuesto para dichas obras, que no podía tener una idea precisa de si habían sido correctamente invertidos, ya que jamás se me ocurrió ir a ver lo que hacían para poder estar en condiciones de sopesarlas.

Consciente de que los montos invertidos lucían exagerados, se me ocurrió ir a ver al director de la revista RUMBO, de cuya entrevista salió a la luz una serie de reportajes, escritos por Fausto Rosario Adames, que explotaron como bombas. Sin que, como de costumbre, nada ocurriera.

Para que lo relatado expresara lo que en realidad había sucedido, y de lo que algunas de las obras aparecerían publicadas sus fotos, me dispuse acompañar al periodista adonde fuera necesario. ¿Y qué pasó después? Nada. Tal y como nos tienen acostumbrados los sucesivos gobiernos, desde siempre. Y algo similar a lo que está ocurriendo ahora con los diferentes casos de corrupción e impunidad que han salido a flotar en la fétida atmósfera de la República, y más allá.

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Para dar una idea de las denuncias de la revista RUMBO, a continuación aparece, escaneado, uno de los artículos tratado en una página de una de las tres revistas.

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De esa Era heredamos las obras de restauración de varias casas coloniales, cuál de ellas peor una de otras. Entre las que vale la pena destacar las del Hotel Francés, en las que fue necesario deshacer casi todo lo qué se había hecho. Incluyendo la fachada, la distribución interior, la climatización, y la impermeabilización. Imposible de ver hoy debido al desplome de hace casi dos años. En cuanto a la ampliación del Hostal Nicolás de Ovando, de la que no se llegara hacer casi nada, fui testigo, conjuntamente con el Arq. Luis Lajara Solá, encargado del proyecto final por cuanta de la empresa Accor, de lo que se había hecho hasta la llegada al gobierno, en 1996, del Dr. Leonel Fernández, y mi regreso a la OPC.

A quien le interese ver un ejemplo de aquel desastre los invito a visitar la casa No. 161-B de la calle Isabel La Católica, ocupada por Monumento a la Resistencia, que actualmente es comparable a la casa del Conde Drácula.

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ISABEL LA CATOLICA 161B (4) NO.2  ISABEL LA CATOLICA 161B (5) N0.3

Mientras unas cosas y otras se sucedían dediqué un buen tiempo a publicar una página semanal en uno de los principales diarios de la ciudad, en las que traté algunos temas relacionados con el patrimonio cultural de América, y por tratase de la cercanía del V Centenario del Descubrimiento, titulé “A PROPÓSITO DEL V CENTENARIO”, de las que llegaron a ser 136 páginas.

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Pero no todo fue escribir, y joder. De cuando en cuando daba mis vueltas por el Mundo, muy particularmente New York, donde teníamos entonces nuestra familia, y España. Uno de esos viajes lo dediqué, exclusivamente, a la región de Extremadura, la que según Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, fue “La tierra en la que nacían los Dioses”. Mi intención fue conocer lo más que pudiera la figura del Gobernador Frey Nicolás de Ovando. Para lo que fue necesario tomarme más dos semanas recorriendo los lugares que la historia del primer gobernador de Indias menciona como las más importantes.

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En compañía de la Directora del monumental Conventual de San Benito, en Alcántara, frente a la tumba de Nicolás de Ovando.

En el Conventual de San Benito, en Alcántara, donde descasan los restos mortales de Ovando, tuve la dicha de conocer algunos de sus más fervientes admiradores, de los que pude adquirir algunas de sus obras. Obras que reflejan las diferencias entre lo que se ha escrito, a partir de Charlevoix (Siglo XVII), y han repetido nuestros  historiadores, y aparecen en los textos escolares dominicanos, y lo investigado desapasionadamente, con criterios actualizados, por esos autores.

Otra visita memorable fue a Garrovillas de Alconétar, ubicada en medio de una dehesa extremeña, donde se practica el culto a la Virgen de  La Alta Gracia, patrona de esos lugares, y desde donde, supuestamente, fuera traído a nuestro país.

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Ermita de la Virgen de Alta Gracia en Garrovillas de Alconetar

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Retablo barroco en el que se encuentra la Virgen de Alta Gracia

Completado el periplo extremeño, y conocidos casi todos los lugares vinculados a Frey Nicolás de Ovando, nos despedimos, después de haber hecho sendas paradas en Mérida y Badajoz. En la primera fuimos gratamente impresionados con su riqueza romana, y en la segunda de la que heredaron de los moros, y se venera, igualmente, la Virgen de Altagaracia. Finalmente, de Badajoz nos dirigimos hacia Portugal. Pero ya esa continuación del viaje corresponde a otra cosa.

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Frente al teatro romano de la Augusta Mérida

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Estructura mozárabe actualizada con aplicaciones de cristales y elementos contemporáneos para uso moderno.