CALLE EL CONDE, UN KILÓMETRO DE HISTORIA

Una espléndida mañana de domingo  se me ocurrió convertirme en turista, y cámara en manos me dirigí a la calle El Conde. Tuve que estacionar en uno de los escasos espacios que quedaron disponibles después de los trabajos de “remozamiento” de las arterias principales de la Ciudad Colonial. Que se debieron haber hecho después de construir los estacionamientos necesarios. Por lo que tuve que recorrer varias cuadras hasta llegar a donde iba, Conde entre la calle Las Damas y la escalinata que conduce al legendario río Ozama, espacio en el que “ha crecido” un bosquecito entre el extremo sur del Hostal Nicolás de Ovando, impecablemente  encalado, y una dependencia de la UASD, cuya edificación colonial conserva, todavía, el camuflaje “neo plateresco”, que le fuera añadido durante la Era de Trujillo, que se ha librado de una oportuna restauración, como una liebre de su cazador.

La edificación a la que hago referencia es la que aparece pintada color marrón, portando un balcón volado techado. Típica de la ciudad en las décadas correspondientes a los principios del Siglo XX. Posiblemente, menos atractivo que lo que se hizo, pero que pudo haberse conservado como las del resto de la calle Las Damas, en su condición de primera arteria construida en el Nuevo Mundo.  

Siempre he pensado que las modificaciones a que fueron sometidas las edificaciones de la Ciudad Colonial, con posterioridad al Ciclón San Zenón y, por supuesto, a la Era de Trujillo, fueron motivadas, por un lado al catastrófico estado en que quedaron después del meteoro, y a las intenciones del Dictador de transformar la apariencia de la ciudad, no obstante ser estos cambios algo que todavía nos recuerda el Plateresco español.   

Continuando mi recorrido hacia el oeste, nos encontramos con dos importantes edificaciones del Siglo XVI. Del lado norte, una de las casas de Nicolás de Ovando que ocupa el Centro Cultural y Embajada de Francia, que fuera restaurada durante la década de los años setenta del pasado Siglo XX, y del lado opuesto, otra edificación colonial de la misma época intervenida medalaganariamente, ocupada por la Academia de Ciencias de República Dominicana. Que puede verse en la foto a colores tal como era, antes de las transformaciones a que fuera sometida por el Sr. Francisco Martínez Alba (don Paquito), cuñado de Trujillo.

Continuando hacia el Oeste en ambas cuadras se encuentran varias casas aceptablemente intervenidas, que terminan del lado sur con otra edificación colonial restaurada en 1978, conocida como la Casa del Abogado, y del lado opuesto un adefesio, que no alcanza a ser tomado en cuanta, por su pésimo diseño y poca integración al ambiente que lo rodea. Ni hablar de su interior concebido desastrosamente en todo sentido, que sirve de escuela de  bellas artes.

A seguidas, a la izquierda, el Parque Colón, antigua plaza de Armas, y en la acera de enfrente una serie de edificaciones, compuesta por obras poco atractivas, pertenecientes  a diferentes épocas del pasado Siglo XX, que no ameritan comentario alguno. Salvo una que fuera diseñada por los destacados arquitectos Guillermo González Sánchez y José Manuel (Nani) Reyes para alojar al Bank of América, a la que le fuera impuesta una fachada neo colonial.

Al final de la cuadra se encuentra un ejemplar modernista, obra del arquitecto español Tomás  Auñon, que se radicó en Santo Domingo en el año1940, contribuyendo con los inicios de la modesta modernización a que era sometida la ciudad capital.

Continúo caminado y me encuentro del lado sur de la siguiente manzana con el que fuera primer Palacio Consistorial del Nuevo Mundo, totalmente transformado a principios del Siglo XX, lo que no me merece comentario alguno. En dos palabras, un pésimo ejemplo de lo que nunca debió haberse permitido. Lo que no sucediera en una mayoría de las capitales americanas, en las que se han conservado sus originales.

Una de las reformas anteriores a la que cambió totalmente la primera Alcaldía del Nuevo Mundo.

La sede de la Alcaldía de San Juan, Puerto Rico, fue construida en etapas desde 1604 hasta 1789. Fue restaurada en 1840. Y ha permanecido igual hasta hoy.

El 3 de marzo de 1608, el alcalde Manuel de Frías propuso la necesidad de construir un cabildo. Ese 30 de junio, Hernandarias comunicó que los trabajos ya habían comenzado. El lote para el nuevo edificio ya había sido asignado por Garay en 1580. Después de algunos cambios, ha permanecido como la vemos hoy, siendo aprovechada como museo municipal.

Continuando con nuestro recorrido notamos que en la acera opuesta no hay nada que merezca atención, a no ser una casa de tres pisos con una fachada estilo Art Decó, conocida como Casa Plavime.

El Edificio Baquero, una de las pocas joyas arquitectónicas de estilo Neoclásico, es mantenida como un receptáculo de todo lo imaginable, sin que nada ni nadie repare en ello, y decida cuál habrá de ser su destino. A su lado derecho no hay nada que mencionar. Y en la esquina opuesta, una edificación moderna ocupada por un hotel, levantada a mediados del pasado Siglo XX, sustituyendo una joya del Siglo XVI, que albergó el Club Unión, el más exclusivo del país.

A su lado otra muestra similar al Baquero, conocida como Edificio Diez, que está sufriendo las mismas dolencias, demostrando, una vez más, que los dominicanos no sabemos lo que queremos, ni con lo que contamos. Y que a los sucesivos gobiernos, con una sola excepción, no les ha interesado hacer lo que corresponde para que sean rescatados y revalorizados como Dios manda. Pero, que tampoco existe interés alguno de parte del sector privado, que ha demostrado un olímpico desprecio por  el pasado, manteniéndose  alejado de la ¨Zona¨ como el Diablo a la Cruz.

Al llegar a la intersección del Conde con Duarte nos encontramos con cuatro esquinas en las que nunca hubo edificación alguna que mereciera ser recordada, que hicieran desaparecer para construir cuatro barbaridades, en una de las cuales fue construido uno de tres pisos con reminiscencias racionalistas, que en cierta medida cumplió su cometido modernizante de aquel entonces.

El edificio al que me refiero es el que está pasando la bocacalle.

A partir de esta esquina, con excepción del Cerame, el Saviñón, y el Copello, no veo nada más que me merezca continuar el recorrido por El Conde, sector de la misma que lo que existió hasta la llegada del ciclón San Zenón, en el año 1930, estuvo poblado de casas de muy poca importancia, algunas de madera, en su mayoría barridas por el meteoro.

Para cerrar el quilométrico recorrido se encuentra el Baluarte de San Genaro, o Puerta del Conde, y lo que quedara del Parque Independencia, caprichosamente transformado en un área enverjado, y un mausoleo en el que se conservan los restos mortales de los Padres de la Patria.

FELIZ Y PRÓSPERO 2018 SON MIS DESEOS PARA EL NUEVO AÑO.

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TRES EDIFICIOS AL INICIO DEL SIGLO XX

Inicio el 2018 con un tema que tenía guardado desde hace algún tiempo, y decidiera sacarlo a la luz con el propósito de no dejar pasar mucho tiempo alejado de algo que me ha llevado a comunicarle a quienes tienen algún interés por visitar mi página web. (manueldelmonte.wordpress.com). Para poder publicarlo tuve que acudir a mi archivo, cuyo texto y fotografías mantenía reservados, y editarlo con fines de actualizarlo.

Actualmente estoy vacacionando durante los días finales del 2017, e iniciales del 2018, en Calabasas, una encantadora ciudad ubicada en el condado de Los Ángeles en el estado de California, donde viven mi hija Gricel con su esposo, Mehran, y sus dos hijos, Keanu y Leila.

En esta oportunidad voy a referirme, muy sucintamente, a lo ocurrido en términos arquitectónicos a principios del Siglo XX en la ciudad de Santo Domingo, la más antigua (1502) de las fundadas por los conquistadores españoles en el Nuevo Mundo, y poseedora de un envidiable legado arquitectónico que había permanecido casi intacto hasta los inicios de dicha centuria.

Razones de índole social, política, económica y cultural, ocurridas al través de su convulsionada historia de abandonos, destrucciones y cesiones. De invasiones, confrontaciones intestinas, incapacidad gubernamental, desinterés ciudadana, y cuantos motivos más pueda imaginarse el lector, la mantuvieron atrasada hasta la llegada de un fallido intento por sacudirse, a partir de la segunda década del mencionado siglo.

Para darse una idea de lo que estoy tratando de darme a entender solo tenemos que mirar hacia la vecina isla de Cuba, la que no obstante sus inevitables contratiempos, comunes en todos los territorios conquistados por España, se mantuvo como su colonia exclusiva hasta lograr su independencia a principios del Siglo XX. Cuya relativa estabilidad le permitiera alcanzar un incomparable desarrollo regional.

Siempre he oído decir que las casas cubanas fueron más amplias que las de sus contemporáneas en Santo Domingo y Cartagena de Indias. Por otro lado los códigos barrocos se conjugan con los de otros estilos y surge lo que se ha dado en llamar el barroco cubano. El Neoclásico en La Habana del Siglo XIX es testigo de un notable crecimiento y transformación. Se produce una alta concentración de edificaciones y se intensifica el proceso de otras nuevas. Por otro lado el Art Nouveau y el Art Decó, y más adelante el Modernismo y el Racionalismo, le conceden a la pujante ciudad  un estilo más europeo, que es frenado a partir del estallido de la Revolución Castrista, todavía imperante.BARROCO CUBANO

Capitolio Nacional, Centro Gallego, Parque Central

En términos de las continuas situaciones deplorables que ocurrían en nuestro país, en gran medida  debido a la situación política y a la constante indiferencia ciudadana que no tuvieron la entereza de hacer lo que procedía continúa la destrucción a que estaba siendo sometido el valioso patrimonio arquitectónico de su antigua capital, del que aún personalidades dotadas de cierta cultura, y hasta algunos ciudadanos titulados de ingenieros y arquitectos, contribuyeron a su desaparición. Legando a las futuras generaciones una pobreza arquitectónica digna de que se haga algo con ella.

Mientras se destruía una gran parte de las ruinas del Hospital de San Nicolás de Bari para edificar un templo católico en su lugar, se desfiguraba el que llegara a ser primer palacio consistorial del Nuevo Mundo, y se demolían infinidad de casas particulares, se procedía a edificar cantidad de mediocres edificaciones, ignorándose o desestimándose el valor de lo que desaparecía, la ciudadanía no se hacía sentir para tratar de frenarlo.

Continuando tan deplorables acciones hasta finales de la década de los años setenta del pasado Siglo XX, cuando fue desmantelada una hermosa glorieta, construida a principios de dicha centuria, para levantar algo poco agraciado al que se le ha otorgado la designación de Altar de la Patria.

GLORIETA

MAUSOLEO

Para las fechas a las que voy a referirme a continuación, todo parecía que empezaban a soplar aires nuevos traídos de otros lugares del Mundo, que comienzan con la llegada de unos planos desde los Estados Unidos, encargados por la firma Cerame & Company de Puerto Rico. Convirtiéndose en uno de los  primeros hitos arquitectónicos de la calle El Conde, que tratan de cambiar su perfil urbanístico integrado por modestas edificaciones de carater civil no tan antiguas.

EL CONDE PRINCIPIOS DELSIGLO XX

Calle El Conde, 1910

Aparentemente de tres niveles ocultando, parcialmente, un cuarto detrás de una gran cornisa, surgió el Edificio Cerame, construido en al año 1923 por el ingeniero español, Benigno Trueba Soares. Actualmente sumido en un total abandono, como casi todo lo que existe de algún valor en la antigua arteria. Es de esperarse el surgimiento de una nueva clase empresarial, que aunque no le atraigan las inversiones en bienes raíces, al menos sirva para contribuir con el mejoramiento de la imagen de la importante arteria del centro histórico, que hasta estos momentos a ningún gobierno o sector privado le ha interesado enfrascarse.

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Edificio Cerame

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CARAME

Cinco años más tarde, en 1928, otra firma extranjera, esta vez española, levanta el más alto e imponente edificio existente hasta mucho tiempo después en la Ciudad Primada. Se trata del Edificio Baquero, propiedad de la familia del mismo nombre, que fuera comisionado al ingeniero Trueba Soares, el mismo del Cerame. Al igual que el Edificio Diez, propiedad de la familia Diez, construido un año después. Es decir en 1929.

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Edificio Baquero

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Edificio Diez

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Tanto el Baquero como el Diez, lo mejor que tenemos en términos del Neoclasicismo español, permanecen abandonados  desde hace años, mostrando un penoso deterioro en sus hermosas fachadas, únicas en su estilo existentes en Santo Domingo, al igual que de sus deprimentes interiores.

Suerte corrida, igualmente, por otras dos edificaciones, pertenecientes a años posteriores. Tales como la Casa Plavime, diseño Art Decó de los arquitectos Leo Pou Ricart y José A. Caro Álvarez, construido en el año 1936, y seguido tres años después por el Edificio Copello, diseñado por el arquitecto Guillermo González Sánchez, e inaugurado el 16 de agosto de 1939, que incluye en su historial el haber sido el primer edificio con características racionalistas, además de objeto de la leyenda de las botijuelas, para mí una ficción.

Al igual que los tres edificios antes mencionados, y la mayoría de los existentes en la importante arteria, no hay rezón para que el Casa Plavime y el Edificio Copello, permanezcan en las condiciones en que se encuentran desde hace tiempo.

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Casa Plavime

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Edificio Copello

RACIONALISMO EN BS. AS.

Ejemplar del Racionaliso en Buenos Aires, Argentina.

Últimamente he estado leyendo, no sin el descreimiento con el que nos han acostumbrado los últimos gobiernos, informaciones relativas a un nuevo proyecto tendente a rescatar la histórica vía, esperando que no vuelvan a sorprendernos con el “paño con pasta” aplicado a una cantidad de edificaciones coloniales, que he comparado con “sepulcros blanqueados”, en cuyos trabajos se han invertido importantes sumas de dinero prestado.

Con todo el respeto que me merece el recuerdo de lo ocurrido en el 1965, al igual que la ocupación del Copello por las fuerzas nacionalistas, que con tanto ardor es clamado por una mayoría del pueblo dominicano, no obstante disiento de la idea de que este sea aprovechado para instalar un museo de aquella gesta. El presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, garantizó ayer que ese organismo aprobará en los próximos días un proyecto de ley que busca convertir el edificio Copello en la sede del Museo de la Gesta Patria de Abril. Listín Diario, 19 de marzo de 2010.”  

La que fuera durante mucho tiempo el centro comercial, en el que se encontraban las principales tiendas y otras dependencias de Santo Domingo, actualmente, convertido en lo que nunca debió haber sucedido, debería dársele una nueva oportunidad de volver a ser, si no lo que fue, en algo especial donde residentes y turistas puedan ir a pasear, y obtener mercancías especiales, de la misma manera que lo pueden hacer los ciudadanos que disponen de centros históricos de categoría similar al nuestro.

 

 

 

 

UNA NOCHE BUENA DIFERENTE

Este fin de año, al igual que muchos otros, lo pasamos en un lugar diferente al acostumbrado. Esta vez se nos ocurrió pasarlo en Calabasas, un pueblo de Los Ángeles, California, donde vive nuestra hija Gricel con su familia desde hace poco menos de un año. El encuentro familiar resultó ideal, ya que nuestra otra hija, Carolina, su esposo y sus dos hijas, también vinieron desde New York a celebrar la Navidad junto con nosotros.

La celebración de la Noche Buena resultó ser en el transcurso de una tarde fabulosa, pues en esta época del año la temperatura suele descender bastante, impidiendo que se puedan utilizar los exteriores, que en esta región son encantadores. Pero esta vez la naturaleza fue sumamente complaciente, logrando que la misma se mantuviera a niveles aceptables. Fue así como los anfitriones y el medio centenar de invitados logramos disfrutar del patio, junto a la piscina y a la profusa vegetación compuesta, entre otros, de árboles de olivo, higos y granada.

La cena estuvo compuesta de platos iraníes y dominicanos, como correspondía a la familia de nuesto yerno, Mehran, y a la nuestra. No faltando, en este caso, el clásico moro de guandules, además de los pasteles en hoja, y los pastelitos y empanadas, traídos desde Santo Domingo, conjuntamente con el ron.

A la mañana siguiente, día de Navidad, la celebración empezó desde temprano, junto al acostumbrado árbol, rodeado de regalos procedentes de todos los familiares.

La fotografía de ese momento fue tomada, automáticamente, desde un celular, estando algunos de nosotros, todavía, en ropa de dormir.

Esperamos que la víspera del 2019 estemos vivos, y podamos celebrarla en similares condiciones de salud y alegría, y preparados para darle frente al mismo con similar entusiasmo.

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De izquierda a derecha, Gricel, Carolina, Jeffrey Bersch, Resa Moarefi, y Mónica de Moarefi.

 

Gricel junto a su hija Leila, y sus sobrinas Alyssa y Amanda Berusch Del Monte

 

Manuel y Urania ready to go.

 

Manuel y Urania en compañía de una hermana de Mehran, y de su hermano mayor y su esposa.

Las fanilias Del Monte Alvarez, Moarefi Del Monte, y Berusch Del Monte, posan temparano la mañana de Navidad listos para repartir los regalos. La foto fue tomada por un celular preparado automaticamente. Lo que se nota la falta de un ojo humano detrás.

PALMAS DEL MAR CABAÑAS CLUB

Así fue como llamamos al complejo de cabañas originales, consistente en 13 unidades de dos y tres dormitorios. Ampliado con 30 villas de dos pisos, y tres dormitorios. Las 13 cabañas eran propiedad nuestra, y las 30 villas de igual número de personas. De las cuales se alquilaban las que quisieran sus propietarios.

Transcurría el año 1969, cuando de repente nuestro único hijo varón, Manuel Emilio Jr. enfermó de gravedad. Después de haber sido tratado por su pediatra, en el Centro Médico UCE, y haber sido dado de alta en deplorables condiciones, decidimos llevarlo a Puerto Rico, donde había nacido. Afortunadamente, allí le salvaron la vida, aunque quedando con algunas deficiencias. Antes de ser dado de alta del Hospital Auxilio Mutuo, ubicado en Hato Rey, San Juan, P.R., el Dr. Mirabal, quien puso todo su empeño, nos recomendó que hiciéramos lo posible por llevarlo a la playa, para que con el ejercicio de natación, el salitre del mar, y el sol, le ayudaran a devolverle sus movimientos de los músculos de su pierna y brazo derechos, causado por una hemiplejia.

Con fines de cumplir aquella recomendación me fui a la playa de Juan Dolio, una de las más cercanas de la capital. Al llegar allí me dirigí a unos terrenos ubicados al lado de una quinta abandonada que pertenecía al gobierno, en la que un hijo de Lope Balaguer se la pasaba tirando tiros al aire. Como fuimos por la carretera que comunica la capital con San Pedro de Macorís, bordeada de ambos lados por una especie de monte virgen, al llegar al lugar tuvimos que desbrozar una trocha para acceder al viejo camino que servía de comunicación entre los terrenos, y las pocas casas existentes. Incluyendo la gubernamental.

Los terrenos pertenecían a la familia Soñé, uno de la cual, Eduardo, había sido compañero mío de colegio. Tan pronto fue posible nos pusimos de acuerdo, y formalizamos el contrato de compra venta de un solar de unos tres mil metros cuadrados, con frente a la playa.

Imposibilitado de adquirir el terreno, y construir una cabaña por mi cuenta decidí planificar un conjunto de estas, que se alquilarían, contribuyendo así a poder cumplir nuestro objetivo. Sin pérdida de tiempo desarrollamos un proyecto en el que ubicamos seis cabañas, otra estructura para instalar algunos servicios y la servidumbre, así como un estacionamiento. A todo esto tuvimos que agregarle un poso y una cisterna, al igual que un generador eléctrico, y un servicio de telefonía. Completado el proyecto lo pusimos en manos del Ing. Hugo Bueno Pascal para que realizara un estudio de factibilidad, necesario para solicitar un préstamo bancario.

Como había sido creado un programa de financiamiento a cargo de INFRATUR, agencia que fuera creada a tales efectos por el Banco Central de la República  Dominicana, allí acudí. Siendo mi sorpresa el que los financiamientos de este programa solo estaban destinados para proyectos en la costa norte. Es decir en Puerto Plata. Pero, como quien me atendió fue el Gobernador, Lic. Diógenes Fernández, que me conocía desde pequeño, y sabía lo que yo estaba haciendo en la Ciudad Colonial, llamó al Ing. Samuel Conde, Presidente del Bando Hipotecario, a quien le solicitó que me recibiera, y tratara de complacerme.

Y así fue como mi proyecto fue aceptado, convirtiéndose en el segundo en ser financiado por el Banco Hipotecario, al que posteriormente le agregaron el término Dominicano. Resuelto el problema del financiamiento me dirigí a los demás organismos del Estado en procura de los permisos correspondientes. Y de ahí a la construcción de las seis cabañas de dos y tres dormitorios, cada una con sala comedor, cocina, baño, amplia terraza cubierta, y cuarto de servicio. Además de una ducha ubicada antes de acceder a la terraza, y un amplio BBQ. Fueron equipadas con aire acondicionado y abanicos de techo, calentador de agua, nevera, estufa, extractor eléctrico, y cacharros de cocina, vajilla, cubertería, y cristalería. Para encargarlo de la ejecución de las obras escogí a un amigo italiano, Mario Pérsico, a quien había conocido por ser el esposo de una hermana de uno de mis mejores amigos, Eugenio Cabreja, quien se portó a la altura de sus genes.

El estacionamiento recién terminado el proyecto de las 13 cabañas.

El estacionamiento actualmente. Ya un Juan Dolio en franca vía de desarrollo.

El éxito obtenido con el alquiler fue tan positivo que al poco tiempo adquirí otro solar de las mismas dimensiones, del lado occidental del primero, en el que construí siete cabañas similares a las primeras, que sumaron un total de trece. Baya número, que tan buena suerte nos trajo.

La playa frente a los terrenos fue limpiada, mejorada sus condiciones de seguridad, y tratada con esmero. Se construyeron unos seis o siete quioscos techados de cana, y se replantaron varias palmas de coco.

Debajo de uno de los quioscos originales que se llevó a su paso el huracán George, se encuentran mi mamá, mi esposa Urania, mi tía Josefa, y mis hijos, Carolina, Manuel Emilio y Gricel.

Aunque los quioscos no estaban muy cerca del agua, y estaban bien sembrados, la furia de George los arrancó de cuajo, y el agua llegó hasta unos cuantos metros de distancia de las cabañas delanteras.

Dos de los viejos quioscos recostruidos. La grama esplendorosamente crecida, y los caminos todavía presentes, despues de más de cincuenta años. La verja que separa el área de las cabañas de la playa fue necesario instalarla como protección de ladrones y desaprensibos, que no aparecían en su época primigenia.

Fueron tan positivos los resultados obtenidos con esta segunda etapa, que un buen día un gran amigo puertorriqueño me sugirió que nos asociáramos, y compráramos treinta mil metros cuadrados frente al proyecto existente, separados por el antiguo camino real, en el que construimos treinta villas de dos pisos, acompañadas de piscina, quiosco de dos niveles techado de cana, servicios sanitarios, y de conserjería, y un área que serviría para instalar una cocina. Para la distribución de las mismas fueron ubicadas sin que se perjudicara ninguna, e intercomunicadas mediante caminos bordeados de jardinería, y un estacionamiento, similar al de las trece cabañas.

Volviendo atrás, debo decir que la inauguración de las seis primeras cabañas, tuvo efecto una preciosa tarde con la asistencia del Director General de Turismo, el de INFRATUR, y otras personalidades, familiares y amigos. La bendición fue impartida por Monseñor Octavio Antonio Beras, Arzobispo de Santo Domingo. Para reservas fue instalada una oficina en el edificio conocido como Conde 15, frente al Parque Colón, de la que fuera encargada la Srta. Emma Peña.

No podría dejar de decir, o más bien recordar a los olvidadizos, que al proyecto Palmas de Mar le corresponde el privilegio de haber sido el primero de esta naturaleza que se concibió en el país para servirle al pueblo dominicano, así como al turismo internacional. Que cuando empezó a operar no existían en el país alojamientos playeros para turistas nacionales o extranjeros, a no ser el Hotel Villas del Mar, al final de la playa de Juan Dolio. Y aunque no me quita el sueño, no puedo dejar de decir que jamás Palmas del Mar ha sido mencionado en los records nacionales de lo ocurrido en el país en torno al desarrollo turístico nacional. Puntualizando que en un acuerdo con el Hotel Villas del Mar, se alojaron los primeros turistas canadienses, llegados en grupo, iniciando de esa manera una la historia del turismo en nuestro país.

No obstante ello, y otros detalles que no merece la pena recordar, puedo decir con orgullo, que después de casi 45 años de existencia Palmas del Mar se conserva, con una que otra excepción, en magníficas condiciones. Las fotos que anexo a este recuento, tomadas por mí el pasado sábado 2 de diciembre hablan por sí solas. Manteniendo, permanentemente, en mi interior, la satisfacción de haberle dado este modesto aporte al desarrollo turístico de mi país, algo similar al que hice como Fundador y Director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), de 1967 a 1978.

Dos muestras de como han sobrevivido las primeras trece cabañas, su entorno, y el sendero que va desde el estacionamiento hata la playa en medio de las dos hileras. 

El estacionamiento de las 30 villas, igualmente bien conservado.

Transparente como el primer día, el agua de la piscina es un ejemplo de lo que ha sido el complejo de las 30 villas. Cuyos propietarios, con una sola excepción, las han mantenido de acuerdo a sus preferencias, pero simpre conservando el concepto original del proyecto. Y mejorado su entorno. Después de muchos años sin visitar la que fuera mi obra no colonial predilecta, mi única queja ha sido la profusión de la jardinería al rededor de las villas, que en algunos casos las han cubierto, totalmente.

 

 

CASA PADRE BILLINI 15

No podía terminar con mis lucubraciones sobre el proceso de desarrollo de las obras en las que intervine como fundador y director de la Oficina de Patrimonio Cultural, OPC (1967-1978), sin incluir la que resultó ser la que con más profundo interés personal realicé. Con la que tuve el coraje de enfrascarme recién llegado a mi país para ocupar dicha dirección, después de siete años ausente, en momentos en que se habían desarrollado lamentables acontecimientos en 1965. Tiempo suficiente para que casi, casi llegara a olvidar la intrínseca manera de ser, de pensar, y de actuar, de la mayoría de  mis conciudadanos. Me había alejado mu joven, en una época en que las relaciones interpersonales eran tratadas de manera muy diferente. Y el “yo no me doy cuenta” no se había empezado a instaurar en nuestro léxico como sucediera después de pasados esos años.

http://www.cachicha.com/2013/08/si-usted-supiera-que-yo-no-me-doy-cuenta-video/

De repente me reencontré con un país bastante diferente al que había dejado en el año 1960, no obstante haber venido algunas veces durante aquel exilio forzoso, que luego se convirtió en voluntario. Para mi suerte me encontré con amigos y conocidos extranjeros que me tendieron sus manos. Y a un estadista gobernando la nación a quien no le fue nada difícil entender lo que traía con migo. Dos proyectos que contribuirían a darle curso al rumbo que me guiaría a partir de aquel entonces: La Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y la casa de la calle Padre Billini.

Acostumbrado a practicar lo que predico tuve la percepción de haber dado los pasos que di cumpliendo con el dictado de mi consciencia. Siendo el seguno tratar de emula a Ricardo Alegría, responsable de dirigir el programa de rescate y puesta en valor del Viejo San Juan de Puerto Rico, donde pasé los últimos tres años en compañía de mi familia. Adquiriendo y restaurando, para convertirla en nuestra residencia, una casa tan antigua como me fuera posible encontrar, ubicada en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. En aquel entonces casi convertido en un penoso arrabal.

Al poco tiempo de estar residiendo en mi país, en la ciudad donde vine al mundo hacía treinta años, cargado de energías, y presto a llevarme por delante lo que se atravesara en mi camino, sin que tuviera que hacerle daño a nadie, ni meterme por el medio para serrucharle el palo a alguien, empecé a gestionar la búsqueda de la casa que soñaba cuyo precio, y costo de inversión en su rescate, se ajustaran a mis posibilidades económicas.

No pasó mucho tiempo sin qué finalmente encontrara la casa, que fue de dos pisos, situada en la calle Padre Billini, entre las calles Arz. Meriño e Isabel La Católica, que tenía un aspecto tenebroso, tanto exterior como interiormente. Que aunque a simple vista carecía de lo que buscaba para que me llamara la atención, mi visión de rayos X me convenció para que la adquiriera. Sucediendo algo similar a lo que me pasó cuando adquirí la casa de la Arzobispo Meriño, casi treinta años después.

Doña Urania en compañía de sus tres hijos en la puerta de la “Casa de la Argolla”, y en una de las salas de la casa.

La casa colindante con otra que se encuentra frente a la Plaza Padre Billini; patio con patio con la renglera de casas cuyo frente daba a la continuación de la calle Arzobispo Nouel, que fue convertida en la Plazoleta de los Curas, del lado sur de la Catedral; a una casa de por medio del Callejón de los Curas; y frente a una licorería justo al lado de la Casa de España. En fin, una casa y un sector de lo mejor que podía encontrar en aquel entonces. Solo que en su conjunto irradiaba un aspecto deprimente, al que contribuía la actividad de la licorería.

 

 

  

Pero como la Ciudad Colonial tenía un parecido, en términos generales, a como se encontraba el Viejo San Juan antes de su rescate y transformación, asumí el riesgo y tomé la decisión de echar pa´lante, y emprender el camino que me había propuesto. No tardé en contactar los propietarios, que resultaron ser personas conocidas, con quienes pude llevar a cabo la negociación sin la menor dificultad. Que sí comencé a tener desde el primer momento en que empecé a gestionar el préstamo que necesitaba.

Para la obtención del financiamiento me dirigí al Instituto de Auxilios y Viviendas, con la seguridad de que como funcionario del gobierno tendría éxito. Pero las cosas no salieron así. Al director no le parecía prudente que el préstamo fuera dedicado a adquirir una especie de ruina. Según su apreciación debía ser para adquirir una nueva casa, como las que se construían en la urbanización Los Prados. De allí me dirigí a Palacio con la intención de ver al Presidente Balaguer. Una vez frente al mandatario le transmití lo que me había sucedido. Y al término de mi exposición llamó a uno de sus asistentes para que lo comunicaran con el director del INAVI, a quien le autorizó aprobar mi solicitud.

De esa manera pude adquirir el inmueble a principios de 1970, por el valor de RD$15,000.00. Habiendo sido el financiamiento de RD$12,000.00, completé el total con unos ahorros que traje de Puerto Rico. De inmediato procedí a efectuar una limpieza, seguida del levantamiento correspondiente. Concluida la liberación del recubrimiento de todas sus paredes, y el bote de escombros, procedí a dar los primeros pasos, una vez obtenido los planos.

Habiendo sido lo primero en los trabajos de restauración de la casa despejar un estrecho vano en el que se encontraba el portal de entrada, que había sido modificado, totalmente. Consistente en un hermoso portal construido de sillares, casi intacto, al que solo tuve que agregar la cornisa, que la habían hecho desaparecer cuando le encaquetaron en cima el espantoso balcón corrido de concreto.

Otro detalle interesante de aquella ruinosa edificación consistió la doble arcada, construida de ladrillo en época posterior a la de la construcción de la casa, para comunicar el cuerpo original, procedente de las primeras décadas del Siglo XVI, con el construido posteriormente. Un pozo artesiano y un aljibe dotado de una rara estructura, que recibía el agua de los techos mediante una tubería de barro, que fue conservada y recubierta después de tomarle las fotos que se necesitarían para cuando se escribiera el historial de la casa.

No he querido ampliar lo concerniente al proceso de restauración por lo extenso que resultaría, además de que el propósito de esta lucubración no es más que hacer los señalamientos necesarios que sirvan, una vez más, como comprobación de quien fue que se atrevió a realizar una hazaña de tal naturaleza, cuando a nadie, absolutamente, a ningún dominicano, se le hubiera ocurrido complicarse su vida en algo que solo un soñador se atrevió.

El resultado fue impresionante. La estructura antigua de la casa continuó siendo la misma, incluyendo las vigas de caoba del entrepiso y techo, pero con el agravante de servir para acomodar una familia del Siglo XX. Dotada de los servicios imprescindibles, y el confort necesario. Al igual que de una alberca en el traspatio, la que fue dotada de equipos de filtrado y cloración, que permitiera ser usada para darse un chapuzón, pero que fuera considerablemente reducida por los compradores, y propietarios actuales.

Una cocina de tamaño respetable alicatada con cerámica importada de Talavera de la Reina, y dotada del equipo necesario, fue una de las atracciones. Se convirtió en un espacio que además de servir para los propósitos culinarios, hizo las veces, conjuntamente con los demás ambientes, y los dos patios, para entretener a nuestros invitados.

A propósito de los dos patios, el del medio resultaba atractivo por la existencia de la doble arcada de ladrillo, la estructura del aljibe, la puerta de estilo mudéjar de acceso a la cocina, al igual que las plantas que fueron sembradas. El tras patio, dotado de alberca o piscina, con una boca de león esculpida en piedra colocada en la pared detrás de la misma, de donde salía un chorro de agua; el árbol de higueros, obsequiado por la Gobernadora de La Vega, procedente de la desaparecida Concepción de La Vega; y las matas de guineo manzano en la otra esquina, hacían las delicias de aquellos ambientes debajo del cielo, convertido en remanso de paz.

En la gráfica de arriba, actualmente, se puede ver la alberca reducida, considerablemente. En la de abajo, la misma alberca, haciendo las veces de piscina, como fue originalmente construida.

Lamentablemente no me ha sido posible mostrar fotografías de las que fueron tomadas, antes, durante, y después de ejecutados los trabajos. Ya que las mismas, consistentes en diapositivas, las perdí en New York, adonde me fui a dictar una conferencia en el Hunter College. Increíble, perder algo de lo más preciado.

Por ser algo tan importante para mí y mi familia, vi con desagrado que la revista HOLA Dominicana, publicara un amplio reportaje con unos comentarios de la casa en los que se omitía mi nombre, como si fuera algo ordenado por un “ser”, que solo ha asistido a farsantes. En otras palabras habiendo sido Manuel E. Del Monte Urraca quien adquirió, restauró, residió por diez años, y vendió en 1980 a sus actuales residentes, una casa que solo él fue capaz de hacer lo que se hizo, y en la época en que lo hizo.

Antes de terminar quiero enfatizar la ocurrencia de momentos inolvidables vividos en la Padre Billini 15. Reuniones familiares, sociales de diversas índoles. Cenas entre amigos, despedida de Embajadores amigos, cumpleaños, y todo lo que el lector pueda imaginarse se sucedieron durante los diez años que la ocupamos, cuyos recuerdos permanecerán siempre entre nosotros.

Cena de despedida al Embajador norteamericano Francis E. Melloy, Jr., con la asistencia del Vicepresidente Goico Morales y Sra., La Embajadora de Países Bajos y esposo, y el Ministro Consejero de la Embajada de los EEUU y Sra.

Despedida del Embajador de España, a la que asistieron varios amigos y relacionados. Nótense la alberca, y la vegetación tropical alrededor del tas patio.

 

El Embajador de España, Aurelio Vals y su esposa, Carmen Vals, bailando con los señores Del Monte, en una de las tantas noches agradables celebradas en la casa.

 

 

 

21. CASA DEL ABOGADO

A medio terminar el proyecto de la calle Vicente Celestino Duarte, mejor conocido como SEGUNDA ETAPA DEL SECTOR DE LA ATARAZANA, iniciamos el de la calle El Conde a esquina Isabel La Católica. Una casona colonial de dos plantas justo al lado del Palacio de Borgella, y frente al Parque Colón, que había atravesado por los mismos avatares que todas las demás edificaciones antiguas de la Ciudad Colonial. La idea original había sido continuar con el plan de los hostales, para lo que el gobierno había manifestado su apoyo, y disposición de expropiar las edificaciones envueltas, para lo que fue dictado un decreto. Para completar este proyecto era imprescindible anexarle las casas colindantes hasta llegar a la calle Las Damas, inclusive. Cuadra que daba grima verla como estaba, al igual que la de enfrente.

Creo llegado el momento para explicar el por qué de los hostales, precisamente cuando se comenzaba el programa de Patrimonio Cultural. Que se buscaba con ellos, y cuales fueron las edificaciones escogidas. Al comenzar dicho programa estaba todo por hacer, la Ciudad Colonial estaba convertida en un arrabal. Poca gente la visitaba, a no ser por tener que ir a uno de los bancos, o a una de las pocas tiendas que quedaban en condiciones, o solo por ver aquel desastre, que pocos dominicanos exigieron a los gobiernos post trujillistas frenar la destrucción, o hacer algo para rescatarla.

En tales condiciones no era mucho lo que se podía hacer. A nadie le apetecía volver a vivir en el centro histórico, y mucho menos si tenía que ponerse a rescatar una casa colonial, o un edificio de apartamentos medio abandonados. Ni ninguna empresa a instalarse, teniendo que correr el albur de todo lo inimaginable. Empezando con los servicios públicos, y el temor de una ciudadanía cansada de tener que vigilar por su cuenta su patrimonio, por menor que fuera.

Los hostales eran una de las pocas soluciones para empezar a hacer algo, sin necesidad de arriesgar demasiado. Particularmente, siendo el Estado el que daba los primeros pasos, invirtiendo, no gastando, en algo tan necesario como lo que se proponía al crear un programa, y una agencia rectora, que se dedicaría a salvar lo que permanecía abandonado. Se le devolvería al centro parte de su vida perdida, y se creaban puestos de trabajo en un área como el turismo, que empezaba a verse como un aporte al desarrollo, como una industria sin chimeneas, como fue bautizada. De ahí, que al Presidente Balaguer no le fue difícil comprenderlo.

Pero, el nuevo proyecto para un segundo hostal, al igual que los que le seguirían, se quedó en las intensiones, así como en los planos que se habían comenzado a elaborar. Conociendo al Dr. Balaguer como llegué a conocerlo, no me sorprendió su cambio de actitud. Las finanzas del gobierno no estaban en condiciones para invertir en proyectos que podían esperan. Era comprensible que para desarrollarlos había que expropiar las edificaciones, desalojarlas, y disponerse a hacer algo similar al Nicolás de Ovando. Aunque no tan ostentoso. Y al gobernante lo asediaban desde todo el país, requiriéndole obras apremiantes.

Conversando en una ocasión con el presidente, quedé complacido con sus explicaciones y, particularmente, con su idea de que la casa que habíamos empezado a intervenir le fuera entregada al Colegio de Abogados de la República Dominicana, con lo que a partir de entonces sería llamada la Casa del Abogado. En aquellos momentos presidida por el  Doctor Antinoe Fiallo.

La edificación en cuestión, que no daba la impresión de ser arquitectónicamente valiosa, no obstante su ubicación, resultó ser un valioso inmueble del Siglo XVI, lo que justificaba su restauración, dentro de los planes existentes de conservar el patrimonio histórico de la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Iniciados los trabajos salieron a relucir, después de ser despojada del camuflaje del Siglo XX, varios detalles interesantes propios de su época. Tales como el portal principal, confeccionado con sillares labrados, y una arcada doble en el interior, igualmente de columnas de piedra, y arcos de ladrillos, que da hacia el patio. Y que en nuestra última visita nos chocó las condiciones en que la mantienen.

Portal principal de la casa de piedra, y dos secundarios en ladrillo.

La arcada en planta baja en momentos en que comenzábamos los trabajos.

La arcada en primer piso tapiada y recubierta de madera. “Excelente”. Aunque arriba la han mantenido abiertas, el “simpático” bosque de bambú a penas las dejan ver. Es como si estos detalles los tuviéramos por montón, y uno más que otro se camuflara como en este caso.

Vista de la arcada desde dentro. Como se puede ver fue clausurada y mantenidas a la vista las columnas y los arcos. Lo que es lo mismo que se hizo en épocas oscuras de nuestro pasado, y devueltas a ejercer sus funciones cuando la restauramos. 

Algún tiempo después la situación económica del gobierno daba signos de mejoría, y aunque quedó sepultada la idea de los hostales, se decidió transformar el ambiente de esa cuadra completa de la calle El Conde, rescatándose, mal que bien, los dos lados de la misma. Del lado de la Casa del Abogado fueron intervenidas varias pequeñas edificaciones, además de la Casa de las Academias, y del otro lado, por igual. Siendo la participación del gobierno esta última, y la construcción de un adefesio de dos pisos, con reminiscencias exteriores de casas coloniales, en la esquina del Conde con Isabel La Católica, que fue designada a la Escuela Nacional de Bellas Artes.

En esta vista, tomada de este a oeste, se pueden notar los árboles de Gri-Gri recién plantados.

En cambio, en esta, tomada harán cuatro años, de oeste a este, ya los árboles han crecido. No quiero pensar como sera el bosquecillo cuando sean adultos.

Lamentablemente, el transcurrir de los años no ha sido positivo para la Casa del Abogado. Al parecer los miembros del colegio no se entendían, y su situación económica se fue deteriorando, hasta el punto de verse compelidos a dedicar una gran parte de la misma para instalar un restaurante. Perdiéndose de esta manera las condiciones que se esperan edificación de su categoría. No obstante, hace varios años los colegiados decidieron dar un paso adelante, y trasladaron su sede a nuevas instalaciones. Quedando una parte de la que fuera su privilegiada sede utilizada por la Fiscalía y Tribunal Disciplinario.

Con este proyecto, cuyo orden cronológico del proceso de desarrollo de las obras llevadas a cabo por la OPC, no le corresponde, doy por concluido este capítulo de difusión, esperando me hayan entendido y, más aún, leído con la agudeza necesaria casos como los que me vi envuelto durante casi doce años, tratando de servirle a mi patria de la mejor manera posible.

Finalmente, presento una imagen de la calle El Conde a esquina Las Damas, opuesta esta a la que ocupa la casa a la que me he referido, cuyo ambiente disiente del que pienso deberíamos tratar de conservar. La arboleda nunca existió, y aunque le da cierto encanto, entiendo que lo que nos hemos propuesto fomentar no es, precisamente, ese tipo, sino una vuelta al glorioso pasado en el que la Ciudad Primada llegó a convertirse en una continuación de las ciudades españolas de aquellos tiempos, específicamente, las extremeñas y andaluzas, sin intentar de crear un parque temático, ni nada por el estilo.

El tramo de la calle El Conde comprendido entre Las Damas e Isabel La Católica ha sido convertido en una especie de Gazcue. De continuar así tanto las monumentales, como las sencillas edificaciones de la Ciudad Colonial no se podrán apreciar como estas o demandan. Estoy seguro que muchos no estarán de acuerdo con migo. A lo que ya estoy cansado de decir, como se acostumbra en nuestro país, a mí que me importa. En primer plano a la derecha parte de las casas de Nicolás de Ovando, ocupadas por la Embajada de Francia y la Casa de Francia. 

 

 

 

 

20.- OTRAS DE LAS CASAS DE OVANDO

Aunque lo que comentaré a continuación debió haber sido publicado conjuntamente con el del Hostal Nicolás de Ovando (No.17), las tantas cosas en las que me he visto envuelto desde que inicié esta serie me han turbado, impidiéndome hacerlo entonces. No obstante, como “nunca es tarde…”, aquí va.

Se trata de dos casas ubicadas en la acera occidental de la calle Las Damas, opuesta a la del Hostal Nicolás de Ovando. Lo primero es que ambas casas fueron expropiadas por el gobierno y entregadas a la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) para ser restauradas, y anexarlas al hostal. Ambas se encontraban desocupadas, y en pésimo estado de conservación. Habían sido transformadas tanto interior como exteriormente. A la de un solo piso, le habían camuflado la fachada al estilo Art Nouveau, que al desprendérsele provocó que mis opositores dijeran que habíamos hecho desaparecer un magnífico ejemplar de ese estilo. A la otra la habían recubierto con pañete, colgado un balcón corrido de concreto y transformada, totalmente, al igual que a la mayoría de las casas antiguas de la Ciudad Colonial.

Lamento no haber encontrado una imagen más nítida, pero al menos da una idea de cómo estaban.

Al despojar ambas fachadas del camuflaje que las hacía parecer del Siglo XX, salió a la luz lo que verdaderamente eran. Dos ejemplares del Siglo XVI, de la misma época que todas las de esa primera arteria de la Ciudad Primada, desde la calle Padre Billini hacia el norte. La de dos pisos arrojó una fachada de piedra, en bastante buenas condiciones, similar a las vecinas de su lado izquierdo, y la otra de mampostería, similar a las dos que le quedaban del lado derecho, que fueron demolidas, irresponsablemente, por disposición de una comisión temporal. Las dos casas a las que me estoy refiriendo fueron restauradas y convertidas en anexidades del hostal. Siendo la primera aprovechada para vivienda de su Director (Administrador), en la segunda planta, y en un local comercial, en la primera. La otra fue igualmente restaurada y preparada para actividades diversas del establecimiento hotelero. El área que abarca ambos patios fue unificada y convertida en estacionamiento.

De derecha a izquierda, la casa que los perínclitos arquitectos opositores habían catalogado como de estilo Art Nouveau, haciendo galas de su portal compuesto por sillares. El amplio portón que le sigue corresponde al sacrificio que hubo que someter la misma casa para colocar la entrada del estacionamiento, que se construyó en lo que eran los dos patios de ambas casas. Le sigue la que sí nos dio una agradable sorpresa, completamente similar a las casas de la acera de enfrente, y a las vecinas del lado sur, que fueron restauradas por contratistas particulares, y facilitadas al gobierno de Francia. Todas ellas construidas de mampostería, con todas las jambas y dinteles de puertas y ventanas de sillares labrados.

En la acera de enfrente una prción de tres de las casas que ocupaba El Caribe, que originalmente eran de un solo piso, y totalmente de piedra. Hasta que se le agregaran un segundo piso, y empañetadas en su totalidad.

A la casa a la quenos estamos refiriendo, en primer plano, le siguen las dos que ocupan la Embajada de Francia, a las que sus restauradores decidieron mantenerle la porción superior (empañetada), que fuera agregada durante las graves modificaciones de que fueron objeto la casi totalidad de las edificaciones antiguas, con el propósito de darles más altura, e importantizarlas. Algo similar a lo ocurrido en las Casas Reales. Que en este caso se encuentra, aproximadamente, donde comienza la cornisa de ladrillo. Que es, precisamente, donde debió haber descansado la de piedra.

 

Fotografía antigua en la que se ven, a mano izquierda, pasando la esquina (Hoy calle El Conde) las dos casas que fueron unificadas, ocupadas por la Casa de Francia, en la que se puede apreciar la altura de la cornisa original, muy diferente a como llegó hasta nosotros, ocasionado por una modificación estructural en épocas pasadas. Para acometer esa barbaridad fueron eliminados los techos romanos, y vueltas a techar de concreto armado, después de haberle subido la altura.

He querido enfatizar este importante detalle para hacerle ver a los expertos en arquitectura española del período colonial, lo ocurrido en nuestra Ciudad Colonial, única de las ciudades del Nuevo Mundo que ofrece las mismas características arquitectónicas que las de la Península. Y que por razones especialísimas solo se dieron en la única ciudad original de los primeros cincuenta años del Siglo XVI en todo el continente Americano. Y que no se continuó debido a los cambios de estilo arquitectónico que se produjo en ciudades como La Habana considerada barroca. Y muy particularmente, por el hecho de no haberse producido los cambios sociales y económicos que tanto perjudicaron a la Primada. 

Continuando con la foto antigua, aprovecho la oportunidad para señalar las casas de la acera de enfrente (Hostal Nicolás de Ovando), en su condición original, de un solo piso, y de piedra.

La otra foto muestra una vista similar a la anterior, la que permite al observador entendido comprender lo que he estado diciendo desde hace tiempo, sin que me haya enterado de algún comentario.

 

Acera occidental de Las Damas en la que vemos, en primer plano, detrás del muro de piedra, perteneciente al Panteón Nacional, una triple arcada de proporciones gigantescas creada por los de la comisión de ornato cívico, después de demoler dos casas del Siglo XVI, para inventarse una plaza, que no es más que un paso, llamado María de Toledo. En la que los arquitectos se vieron forzados a conservar una doble arcada perteneciente a una de las dos casas, y ponerlas en medio de una alberca (depósito artificial de agua), algo que el arquitecto venezolano, Graciano Gasparini bautizara como “Monumento a la Irresponsabilidad”.

Aquí está la muestra.

A propósito de estas disquisiciones se me ocurre consultarle a quien conoció nuestra ciudad en los años previos a los cambios a que fue sometida. En la fotografía antigua que encontré mientas escribía esta, aparece lo que yo deduzco corresponde a la esquina de las calles Las Damas y Conde, muy posiblemente en la que ocupa actualmente la Casa de Francia, una estructura de altura considerable, que sobresale del perfil general, excluyendo, por supuesto, la Torre del Homenaje, la cúpula de la Compañía de Jesús, actualmente Panteón Nacional, y el mirador de la casa de Bastidas. 

¿Podría alguien saber, y explicar en qué consistía esa estructura? Y, en que lugar se encontraba.

 

ARTÍCULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OFICINA DE PATRIMONIO CULTURAL (OPC) 1967-1978

  1. SECTOR DE LA ATARAZANA – SEGUNDA ETAPA

 Esta maqueta, que abarca los sectores de la Atarazana, la Negreta, y Santa Bárbara, fue presentada en una de las cesiones de la Comisión de Desarrollo en el Palacio Nacional antes de comenzar el proyecto. Nunca supe que hicieron con ella los que me sucedieron al frente de la OP.C. En el extremo derecho se alcanza a ver la Iglesia de Santa Bárbara. 

Este área corresponde a la intersección de las calles Atarazana, Colón, y Vicente C. Duarte, en momentos en que trabajábamos en la restauración de las monumentales Atarazanas Reales, y la reconstrucción de la Puerta de la Atarazana.

Terminábamos los trabajos mencionados más arriba, cuando dimos inicio a otro proyecto similar al de la calle Atarazana, esta vez de las calles Vicente Celestino Duarte, desde la Isabel La Católica a la Colón, y parte de la Colón.

Constituyó este nuevo, y penúltimo proyecto del sector (El último no se llegó a comenzar por el cambio de gobierno), en la restauración de 12 casas del Siglo XVII y XVIII, y una del XX, demolición de cinco edificaciones modernas, sin ningún valor, adaptación del Solar de la Piedra para un estacionamiento, entrada a uno nuevo, entre las casas Nos. 9 y 11, que quedó en los planos, y terminación de la reconstrucción del tramo de muralla hasta llegar al Fuerte del Ángulo.

 

 

Foto extraida de la obra Los Monumentos Arquitectónicos de la Españaola.

Fototomada antes de iniciar los trabajos.

Estas tres edificaciones, la última de las cales estaba pegada de las Atarazanas fueron demolidas, y en su lugar, además del solar de Santa Ana, ocupado por un barrio, fue construido un estacionamiento.

Estacionamiento en construcción a cargo de la OISOE, en lugar del existente, adosado a las Atarazanas. “Chúpense ese cajuil”

A mano izquierda la última csas restaurada, corresponde a la calle Colón. A partir de ahí el lúgrube panorama tal cual lo dejamos en el 1978.

El propósito que nos animó a rescatar este conjunto de casas, totalmente diferentes una de otras, fue transformarlo en un centro comercial de tiendas de zona franca. Para ello se unieron por dentro y por los patios todas las casas, que quedaron interconectadas.

Mientras trabajábamos en la restauración de las casas, se demolían las otras edificaciones, que estaban en la acera sur, y se iniciaba la construcción del estacionamiento. Íbamos haciendo diligencias con la Asociación correspondiente, y seleccionado las tiendas que ocuparían el sector, algunas de las cuales se encontraban en la llamada Feria de La Paz, que aceptaron gustosas la idea de estar en la Ciudad Colonial, que soñábamos con convertirlo en el principal centro turístico del país, conjuntamente con los resorts playeros.

Como un detalle interesante estoy insertando fascimil de una carta que recibiera de la empresa Euro American Enterprises Corporation, a nombre del prestigioso modisto Pierre Cardin, a propósito del proyecto de Zona Franca del Sector de La Atarazana.

Finalizando los trabajos, y cerrando los acuerdos con los propietarios de las tiendas, se celebraron las elecciones generales, de las que resultó victorioso el Partido Revolucionario Dominicano. Ya casi terminado el proyecto, y estando las

Empresas seleccionadas en proceso de instalación de sus tiendas, me enteré por la prensa de mi destitución. Lo que, por supuesto, se interpuso para que permaneciera al frente de mis obligaciones, impidiéndome, incluso, participar en la inauguración. Que por cierto me agarró fuera del país.

Acabando de leer la noticia en el periódico dominical decidí suspender el viaje que tenía programado a Lima Perú, donde fui invitado a asistir a un seminario organizado por la OEA. De inmediato llamé al Dr. José Lacret a Miami, quien ocupaba la posición de director del departamento encargado del Patrimonio Cultural de la organización, cargo que se le había concedido por recomendación nuestra, para comentarle lo ocurrido. A lo que mi querido amigo Lacret me dijo, que yo no podía dejar de asistir como habíamos quedado. Que yo había sido invitado en mi condición de experto, y no de director de ninguna institución que dependía de las veleidades de los gobiernos latinoamericanos. Con esa apreciación de parte del responsable de organizar el encuentro me dispuse a pasar por la oficina que ocupaba desde hacías doce años con el propósito de recoger mis pertenencias, y despedirme del local, ya que como domingo que era no había nadie. Al salir, en compañía de mi hermana Teresa, quien había decidido ir con migo en sustitución de Urania, mi esposa, fueron tantas las cosas que me pasaron por la mente, que la única que recuerdo es lo dije a mis adentros: “esto se jodió”. Y así, lamentablemente, pienso que ha sido.

Poco tiempo duraron abiertas las tiendas después de inauguradas. Los robos diarios, la preocupación que embargaba a los propietarios, y el temor de los empleados en permanecer en un lugar en esas condiciones se produjo el cierre de los negocios, quedando el hermoso lugar totalmente abandonado.

A quien se le ocurra decir, que lo sucedido debió haber sido tomado en consideración antes de enfrascarnos en el proyecto, le diré, con la responsabilidad que me caracteriza, que lo que ocurrió fue debido a la irreponsabilidad del nuevo gobierno, al desentenderse, no solo de la continuación del proyecto que había sido aprobado, sino del programa de patrimonio cultural en sentido general. Lamentando que de su continuación dependía la construcción de otro estacionamiento en el Solar de la Piedra, que queda detrás de las tiendas, arrabal de peores condiciones que el desalojado del Solar de Santa Ana, en el que se construyó el estacionamiento, actualmente siendo modificado por otra de las monstruosidades a que nos tiene acostumbrado el presente gobierno, que lleva varios años en ejecución.

Y ahí tenemos el sector en sentido general. Fue como si aquel “esto se jodió” hubiera sido cumplido. Y no es para menos.

Cuando narré los trabajos del Sector de la Atarazana, primera etapa, No. 12 de esta serie, correspondiente a la calle Atarazana, no me fue posible incluir alguna fotografía de la inauguración. Al concluir con la segunda etapa pensé que sería conveniente incluir una ahora.

El Arq. Del Monte Urraca pronuncia unas palabras para dejar inaugurado el proyecto. El acto, fue precidido por el Presidente Balaguer. Aoarecen, además, el Vicepresidente, Goico Morales, el Dr. Victor Gómen Verges, Monseñor Polanco Brito. Aliro Paulino, y el Arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Octavio Antonio Beras, quien impartió la bendición.

 

 

 

ARTICULOS SOBRE LAS OBRAS DE LA OPC EN FECHAS 1967-1978

18.-  PUERTA DE LA ATARAZANA

 

Casi finalizando los trabajos de restauración de las Atarazanas Reales, ubicadas en el sector que lleva el mismo nombre, nos dispusimos a emprender una obra que, por el trabajo que conllevó hacerse, debe calificarse como reconstrucción. La puerta, una de las primeras en ser erigidas en la ciudad de Santo Domingo, sirvió de acceso a las mercaderías que llegaban de la Península para ser almacenadas en las Atarazanas Reales, o las que salían de las mismas para ser enviadas a Sevilla, o a  otros nuevos puertos del Nuevo Mundo. Por lo que esta debió haber sido una de las más transitadas en aquellos primeros tiempos de la Ciudad Primada.

Durante la intervención norteamericana de 1916 a 1922 la puerta fue demolida, al igual que todo el tramo de muralla que corría desde esta hasta el Fuerte del Ángulo, en el extremo norte de la ciudad en aquel entonces. Quedando, solo, los arranques de las mismas totalmente cubiertos. En el año 1955 el restaurador del Alcázar de Colón reconstruyó una pequeña porción de la muralla desde el palacio virreinal hasta una falsa puerta, igualmente construida en esos momentos, que fue demolida durante nuestra intervención de todo el sector.

Al tomar la decisión de reconstruir la puerta, al igual que el tramo de muralla que llegaba hasta el Fuerte del Angulo, y de ahí hasta el Fuerte de Santa Bárbara, se procedió a excavar todo ese tramo, de la que hubo que sacar centenares de camiones de relleno. Quedando al descubierto el arranque de las jambas de la puerta, parte del piso, y lo que quedó de la muralla.

Todo el trabajo de cantería fue posible gracias a los canteros que pudimos rescatar de los que quedaban procedentes de los tiempos de restauración del Alcázar. Quienes por falta de trabajo, después de 1978, tuvieron que dedicarse a otros oficios, o irse a vivir a otro país. Para que quedara, permanentemente, presente que la puerta no era la original, dejamos colocada una tarja de bronce, como se suele hacer cuando no se quiere engañar a nadie, como las figuras labradas en piedra española, colocadas en la fachada de la Catedral, en la Puerta de San Diego, y otros lugares.

Pero, resultó inutil, ya que la tarja que dejamos fue despegada años después por los irresponsables de dirigir el programa, y colocaron otra. Cometiendo dos herrores y atrevimientos a la vez. Violar la desición de quien fue el responsable de reconstruirla, y dejar aclarado el hecho; y de modicar la fecha de su construcción, que fue en el Siglo XVI, y no en el XVII, como dice la falsa tarja. Así jamás podremos entendernos. Ni los que estamos envueltos en esta vaina, ni en ninguna otra. Ya, anteriormente, habían hecho lo mismo con la tarja de la Casa de Ponce de León, en Higuey, y con el disparate que llamaran la Casa de la Unesco.

Lamentablemente, no guardamos ninguna imagen de la tarja que pusimos nostoros. 

En su reconstrucción tuvimos el cuidado de limpiar bien lo que quedaba, y comenzar a levantar ambas jambas siguiendo los vestigios de lo que quedó. Parte del suelo que fue encontrado estaba casi intacto, lo que nos permitió completarlo. En cuanto a la altura tomamos como referencia una fotografía bastante clara, siendo la misma muy similar a la Puerta de la Misericordia. Con centímetros más o menos quedó concluido el trabajo.

Del lado norte de la puerta apareció la base de una especie de aspillera, similar a la que encontramos junto a la de San Diego, que fue reconstruida. Y donde empezaba la escalera se encontraron los primeros escalones de ladrillo, lo que nos permitieron reconstruirla.

La Puerta de La Atarazana vista desde el exterior del recinto amurallado.

En esta gráfica se pueden observar la puerta y la aspillera, ambas reconstruidas, no restauradas, por la OPC, sobre cimientos origiales

En la descripción correspondiente a las Atarazana Reales, publicada el 25 de octubre de 2017, quedé corto al mostrar una sola fotografía de la construcción de la bóveda. Para dicha publicación no me fue posible encontrar las fotos que tenía guardadas. En momentos en que me estoy refiriendo a la Puerta de la Atarazana las encontré. Por su interés en conocer ese importante trabajo me he permitido agregarlo en este momento.

No puedo dejar de decir, que tanto el investigador alemán, Erwin Walter Palm como el arquitecto español, José Manuel González Valcárcel dieron su visto bueno a que se reconstruyera la bóveda. Era preferible que la tercera nave estuviera techada como fue el propósito original, y no cubierta con un techo romano, que desmeritaba y deslucía tan importante monumento, tanto exterior como interiormente.