TRABAJOS DE RESTAURACIÓN

ImagenImagenImagenLeyendo el diario CLARIN esta mañana me topé con el interesante artículo que adjunto.
Aunque las técnicas usadas en Buenos Aires son diferentes a las de Santo Domingo, siempre es bueno hacer comparaciones. Especialmente si se trata de intervenciones en fachadas. ¿Me explico?
Existe ua confusión entre las facultades de Derecho e Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que no entiendo como no ha sido resuelta. Se puede ver en una de las ilustraciones anexas, donde dice Facultad de Derecho, cuando no lo es.
 
 
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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (y III)

El palacio Bosé Armstrong, obra de los arquitetos Dunant y Paquin, para Carlos José Armstrong, fue la primera casona de estas características de las tantas que se construyeron en Buenos Aires, y calló en la piqueta demoledora en 1938.
 
El señor Armstrong provenía de una familia protestante de Irlanda. Participaba en negocios como saladero, y fue uno de los fundadores de la bolsa de comercio, además de primer director de la compañía de seguros La Estrella. Casó en 1827 con Justa Pastora Villanueva, una criolla, y falleció en 1875.
 
A propósito de estas disquisiciones palaciegas, que tanto me han llamado la atención, se ha comentado, que Buenos Aires podría dejar de ser “la París del sur” en poco tiempo si la voracidad inmobiliaria continúa con el sistemático abandono y derrumbe de edificios antiguos, a pesar de la movilización de los porteños por conservar su rico patrimonio arquitectónico.
Para el escritor Jorge Luis Borges, su ciudad era “tan eterna como el agua y como el aire”, pero Buenos Aires en los últimos años está cambiando de los edificios de estilo francés, neogótico, y art-noveau del siglo XIX por los grandes rascacielos y bloques de viviendas modernos y lucrativos. “Se está perdiendo nuestra identidad, nuestra idiosincrasia, lo que nos hace ser porteños, y nos dirigimos hacia una ciudad plagada de edificios altos como los que podemos encontrar en New York, o en cualquier gran ciudad del mundo, sin identidad ninguna”, lamenta en una entrevista Gustavo Desplats, coordinador del movimiento anti-demoliciones.
Pero los porteños no se han cruzado de brazos mientras sus barrios pierden personalidad, y desde hace algunos años se han agrupado para luchar contra la impunidad inmobiliaria.
Uno de los mas activos es el colectivo “Basta de demoler”. En otras ocasiones, por el contrario, vecinos y asociaciones no han conseguido parar las máquinas y han asistido impotentes a la embestida de las grúas contra las paredes que alzaron sus antepasados con la vista puesta en el otro lado del Atlántico.
Producida la crisis sanitaria por la fiebre amarilla en 1871, las familias acaudaladas de la zona sur se trasladaron a Recoleta, donde reemplazaron las antiguas quintas de estilo barroco español por residencias en altura de estilo académico francés, popularmente llamados palacios, por su amplitud, como por sus finos detalles arquitectónicos externos e internos.

Con estos comentarios concluyo con un tema apacionante, que al igual que el que he venido manoseando, durante tanto tiempo, aunque no tan rimbombante como Buenos Aires, merece una atención similar, por su antiguedad, y principalía como Ciudad Primada que es.ImagenImagenImagenImagenImagenImagen

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (II)

Continuando con la serie de palacios decimonónicos porteños, en esta oportunidad me referiré a uno de los principales, arquitectónica y políticamente hablando. Y como hube de referirme en el anterior, es de lamentar lo sucedido a tanta riqueza histórica y arquitectónica.

La historia del Palacio Unzué está documentada a partir de fines del gobierno de Juan Manuel de Rosas (1835-1852), cuando tres ingleses habrían comprado los terrenos para construir allí una casa de veraneo. En 1855, el predio pasó a manos de Mariano Saavedra (hijo de Cornelio Saavedra, Presidente de la Primera Junta en 1810) quien construyó su propia residencia allí.

Entre 1883 y 1887 (según diversas fuentes), la quinta fue adquirida por Mariano Unzué junto a su esposa Mercedes Baudrix, y en tiempos de gran crecimiento de Buenos Aires y grandes ganancias para los productores agropecuarios de familias tradicionales como los Unzué. Don Mariano pudo construir allí su gran residencia, en la cual su familia vivió durante las siguientes décadas.

El edificio no fue utilizado por los presidentes hasta el gobierno dictatorial de Edelmiro Farrell (1944-1946), quien usó esporádicamente el Palacio Unzué como residencia, en épocas en que el domicilio presidencial estaba en la calle Suipacha 1034. Fue Juan Domingo Perón, electo en 1946, quien se instaló definitivamente en el Palacio Unzué.

Eva Perón trabajó en la Residencia Presidencial una vez que el cáncer que la afectaba le impidió trasladarse a sus oficinas en el Palacio de la Legislatura, donde funcionaba la Fundación con su nombre. Finalmente, agotados todos los recursos posibles para curarla, Evita falleció en el Palacio Unzué el 26 de julio de 1952.

En 1956, el poder quedó en manos del General Pedro Aramburu, un acérrimo enemigo del presidente depuesto, quien en 1958 definió que el Palacio Unzué debería ser demolido completamente por su valor simbólico para los seguidores de un régimen que acababa de ser decretado prohibido por ley en la sociedad argentina. Aramburu fue el primer gobernante argentino que utilizó la Quinta de Olivos

Ya recuperada la democracia, el Presidente Arturo Frondizi (1958-1962) impulsó en 1960 la construcción en el predio de la nueva Biblioteca Nacional, una decisión también simbólica al instalar un edificio destinado a la cultura en donde había vivido un presidente asociado con la tristemente célebre frase “Alpargatas sí, libros no”. En el mismo predio de la Bibliotena se encuntra una estatua de Eva Perón, como recuerdo a su memoria.

El Palacio Unzué era una característica residencia de familia aristocrática porteña de fines del siglo XIX. Construida en la década de 1880, ostentaba el estilo academicista francés, que era favorito de esa clase social por aquellos años.
 
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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Repasando historias y leyendas antiguas de algunas ciudades de América, no puedo dejar de mencionar una de las más importantes. Buenos Aires, capital de la República Argentina no fue de las principales, en términos del proceso conquistador del Nuevo Mundo. Urbanística y arquitectónicamente hablando no cuanta con casi nada de importancia correspondiente a su fundación en 1536, y crecimiento, durante los siglos XVI, XVII, y XVIII. Fue durante el siglo XIX cuando, por razones ampliamente conocidas, se convirtió en la ciudad más próspera y hermosa de todas las del Nuevo Continente.

Como si hubiera sido por arte de magia, de repente se empezaron a construir imponentes edificaciones detodo tipo y uso, entre las que se destacaron las residencias de los nuevos magnates. Ciudadanos provenientes de casi toda Europa, entre los que se encontraban humildes inmigrantes, la mayoría de los cuales estaban dotadosde alguna experiencia en el oficio de la construcción, al igual que profesionales, y empresarios, que dadas las condiciones en que se encontraban sus respectivos países de origen, partían en busca de oportunidades al otro lado del mar océano.

De ese impresionante “melting pot” empezaron a surgir, como por arte de magia, impresionantes residencia, verdaderos palacios similares a los que dejaban atrás en el Viejo Mundo.

Entretenido con el tema, del que desconocía la historia de su impresionante desarrollo, y ayudado por amigos argentinos, y el Internet, seleccioné unos cuantos de esos palacios, que lamentablemente fueron desapareciendo con el mismo impulso que como empezaron.

Lo que el viento se llevó, en este caso nada tiene que ver con la formidable novela de Margaret Michell, o la película de la Metro Goldwyn Mayer. De lo que se trata es de la forma vertiginosa como fue creciendo la capital argentina y, sin darse cuenta, fueron cayendo, uno tras otro, la mayoría de esos palacios, no por la fuerza de viento alguno, sino por la especulación, y el afán de “progreso” de sus ciudadanos.

En esta primera parte, mostraré algunas de estas extraordinarias edificaciones, que en cualquier otra parte del mundo se hubieran perpetuado, aunque tuvieran que haber sido restauradas, y acondicionadas a otros usos. Como arquitecto, y restaurador de monumentos, he lamentado que sucediera esta desgracia para la historia de la arquitectura y el urbanismo de nuestro continente. Así como por la grandiosidad de la eterna Buenos Aires

Y, ni que decir de la calidad arquitectónica de muchas de las edificaciones que las sustituyeron. La mayoría de las cuales han sido dedicadas a una diversidad de usos.

Una de las principales mansiones, conocida como Palacio Ortiz Basualdo Anchorena,ocupaba media manzana. Fue proyectada por el arquitecto belga Jules Dormal, por encargo de la Sra. Magdalena Dorrego de Ortiz Basualdo (1826-1905) para su hija mayor, Inés Ortiz Basualdo (1853-1922), miembros de familias aristocráticas importantes de la República Argentina de fines del siglo XIX. Fue demolido en la década de los años setenta, y sustituido por el edificio de la empresa American Express. Este Palacio Ortiz Basualdo Anchorena (a diferencia del Palacio Ortiz Basualdo, hoy Embajada de Francia) formaba parte de un conjunto homogéneo de mansiones afrancesadas, que integraban los aún existentes palacios Paz yAnchorena

Otro de esos enormes palacios, esta vez de principios del siglo XX, fue la conocida Quinta La Lucila Anchorena.

Durante la primera invasión inglesa, para proteger la costa se emplazó una batería militar en la Punta de los Olivos, en las actuales tierras de La Lucila. En 1807

Santiago de Liniers dejó el batallón en manos del capitán Juan Azopardo, y en 1822 el ayudante mayor Ramón Magallanes habría dejado la carrera militar para convertirse en chacarero. Sus tierras ocuparon parte de Vicente López y de La Lucila.

Posteriormente, se iniciaron grandes lotificaciones de tierras, y entre la Avenida Libertador y las vías del Ferrocarril Mitre se construyeron las primeras residencias de familias de la aristocracia porteña, que eligieron a La Lucila como lugar de descanso en las afueras de Buenos Aires.

Una de las primeras residencias fue la lujosa mansión llamada «La Lucila», propiedad del teniente coronel Alfredo F. de Urquiza. Comenzó a construirse en 1912, y fue inaugurada en 1915, con la denominación La Lucila en honor a su esposa Lucila Marcelina Anchorena de Urquiza, quien murió dos años más tarde. La residencia fue tan famosa, que pronto los vecinos comenzaron a llamar a la zona La Lucila.ImagenImagenImagenImagenImagen

PRESIDENTE, POR FAVOR, “CORRIJA LO QUE ESTA MAL”

Hasta el año 1967 el patrimonio cultural dominicano, particularmente, el que está representado por nuestra riqueza histórica y monumental, se encontraba desprotegido. En la década de los años cuarenta del pasado siglo XX, se implementó una desafortunada disposición, mediante la cual se declaraba PELIGO PÚBLICO o LESIVO AL ORNATO, todas aquellas edificaciones particulares, que no se encontraban, según sus mandantes, en condiciones de permanecer. Lo que resultó devastador para innumerables inmuebles que contribuían a complementar el conjunto urbano más antiguo de América. Permitiendo que se destruyeran valiosos ejemplares de los siglos pretéritos y, a su vez, se construyeran un montón de adefesios, que hoy resultan más lesivos que lo que sustituyeron.

 Solo, la pulcritud en que se mantenía la ciudad, y el cuidado que se impartía a los monumentos dedicados a personajes notables de nuestra historia, y los lugares en los que se encontraban, compensaban lo que a simple vista daba pena y vergüenza.

 Por otro lado, limitadísimas acciones se habían desarrollado a favor de los principales monumentos arquitectónicos del centro histórico de Santo Domingo. Solo finalizando el gobierno de Trujillo se hizo lo que nunca se había hecho. Se restauraron el Alcázar de Diego Colón, y la antigua Compañía de Jesús, y se convirtió en Panteón Nacional.

 Pero debemos decir, que esa dolencia no ocurría solo de nuestro país. Casi la totalidad del mundo de entonces desconocía la verdadera importancia de esa riqueza, sin darse cuenta de que llegaría el momento en que los gobiernos y pueblos del mundo se avocarían a implementar programas específicos, que siguiendo normativas creadas para tales fines.

 No es, sino hasta la tercera década del siglo pasado, cuando los gobiernos de Europa se dispusieron a crear un programa, cuyas conclusiones fueran respetadas, e implementadas en todo el mundo civilizado. Al documento creado en aquel entonces, conocido como la CARTA DE ATENAS (1932), le siguieron otros. En términos de nuestra América, fueron creadas “Las Normas de Quito”.

 Casi al mismo tiempo de nacer este nuevo documento (diciembre de 1967), es decir, seis meses antes (junio de 1967), había sido creado el programa dominicano, y puesta en marcha la agencia rectora, la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC)

 De allá acá han transcurrido más de cuarenta años, y es lamentable tener que aceptar, que todo aquel esfuerzo, respaldado con obras, y que están ahí, ha sido enviado a una gaveta de algún departamento oficial, por no decir, a un nicho de un cementerio.

 Al llegar a donde hemos llegado, y después de haber soportado gobiernos indiferentes, se hace necesario, que “se corrija lo que está mal”. Y, por supuesto, que se pare lo que se está haciendo, antes de que sea tarde.   

LEY NO.675

SOBRE URBANIZACIÓN, ORNATO PÚBLICO Y CONSTRUCCIONES.

Art. 298.-

Para los fines de la presente Ley se considerará que constituye:

PELIGRO PÚBLICO: Todo edificio, obra o construcción que presente una amenaza para la seguridad de sus moradores y vecinos, de los transeúntes o cualesquiera otras personas y que por esto mismo requiera su destrucción total o parcial;

ESTORBO PUBLICO: Todo edificio, obra o construcción que obstaculice el desarrollo urbanístico o construcción de una ciudad o población de un sector determinado de ésta y que por esto mismo requiera su destrucción total;

LESIVO AL ORNATO: Todo edificio, obra o construcción que menoscabe la belleza o el desarrollo urbanístico de una ciudad o población de un sector determinado de ésta y que por eso mismo requiera su demolición parcial o modificación en su fachada o en su estructura.

PROMULGO la presente Ley, y mando que publicada en la Gaceta Oficial para su conocimiento y cumplimiento.

DADA en Ciudad Trujillo, Distrito de Santo Domingo, Capital de la República Dominicana, a los catorce días del mes de agosto del año mil novecientos cuarenta y cuatro; años 101° de la Independencia, 810 de la Restauración y 15° de la Era de Trujillo.

RAFAEL L. TRUJILLO MOLINA

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CASOS Y COSAS QUE ENGAÑAN A CUALQUIERA

De igual manera que el camuflaje se impuso en nuestra Ciudad Colonial durante los siglos XVIII y X IX, algo que ya he tratado anteriormente, en la Primada de América se produjeron muchos otros casos, consistentes, uno de estos, en subdividir las edificaciones antiguas. Si alguno se preguntara por que se hicieron estas divisiones, les diría, que por razones económicas. Todo el que conoce la historia de nuestra colonia, y posterior república, debe saber que con excepción de sus primeros cincuenta años de vida, cuando floreció un esplendor inusitado, el resto del tiempo comprendido entre algo avanzado el siglo XX, y 1550, aproximadamente, la pobreza, rayando en pobreza extrema, se impuso en la porción oriental de La Española.

Y desde los inicios del siglo XVII, habiendo quedado la ciudad de Santo Domingo casi totalmente destruida por las huestes inglesas capitaneadas por Francis Drake, la destrucción de la mayoría de las edificaciones civiles quedaron en pésimas condiciones de habitabilidad.

Cuando ya entrado el siglo XVIII es traída una nueva población de campesinos de las Canarias, y se inicia cierta mejoría, los propietarios de las casas particulares se dispusieron, no solo a repararlas como pudieron, sino a segregarlas en tantas viviendas como le permitía su extensión frente a la calle.

De ahí es que se puede advertir como una misma fachada comprende más de una vivienda o comercio. O al contrario.

Es así, como a la llegada a Santo Domingo, en la década de los años cincuenta, del historiador e investigador Erwin Walter Palm, empieza un arduo trabajo mediante el cual se estudia la arquitectura colonial, en casi todos sus detalles, que culminan con la edición de la famosa obra “Los Monumentos Arquitectónicos de la Española”, mayormente concentrada en su histórica capital. En uno de sus interesantes capítulos, Palm le dedica unas cuantas páginas a analizar los tipos de viviendas de la ciudad.

Tomando como ejemplo algunas casas de la hoy calle Las Damas, las divide en dos tipos de vivienda del siglo XVI. Sorprendido con lo que vio, selecciona dos. A las entonces números 13, y 15 las cataloga tipo B, que limita a pocos ejemplares. Agregando, que a este grupo pertenece la entonces número 11, que estaba fuertemente transformada. Y la de enfrente, entonces número 44. Todas ellas formarían parte de la “renglera” de casas de Ovando. “Mientras las fachadas de los números 11, 15, y 44 han sufrido toda clase de desfiguraciones, la número 13 fecha la casa claramente en los primeros años del siglo XVI…”

Transcurridos unos veinte años, el destino nos favoreció con la importante encomienda oficial de rescatar y poner en valor todas esas casas. Y cuan no sería nuestra sorpresa al encontrar, después de una minuciosa investigación arqueológica y arquitectónica, que las números 11, y 13, además de la 9, y una porción, que había sido demolida, durante los años cuarenta, formaban parte de una misma casa. La casa del Comendador Frey Nicolás de Ovando. Lo primero en declararse fue la fachada, y a seguidas fueron siendo aclarados sus interiores.

Como la explicación es algo complicada para el público común y corriente, podrán entenderlo mejor observando las ilustraciones que acompañan la descripción que hiciéramos en nuestra obra: “MEMORIAS DE LA CIUDAD DE SANTO DOMINGO, Origen, Decadencia y Rescate de su Patrimonio Cultural”.

Todo esto lo hemos querido traer a colación, con el propósito de que se den cuenta de lo complicado que ha sido tratar de rescatar el patrimonio arquitectónico de la Ciudad Colonial dominicana. Que no solo se circunscribe a la aplicación de pañete en las fachadas, desfigurándolas totalmente, sino que también la problemática consiste, además, en poder restaurar, definiendo la calidad arquitectónica de la mayoría de las casas, que han sido desfiguradas, tanto exterior como interiormente.

Y lo que yo he pretendido hacer no ha sido, únicamente, convertirlas en sepulcros blanqueados, sino en toda una serie de verdaderos exponentes arquitectónicos del siglo XVI. Posiblemente únicos en el Nuevo Mundo.ImagenImagen

CAMUFLAJE

ImagenAcción de ocultar una cosa dándole el aspecto de otra.

La acepción descrita más arriba, le viene como anillo al dedo a lo que se ha estado haciendo en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Que no es otra cosa que empañetar lo existente para darle otro aspecto. Y como si hubiera sido un virus, contagió a casi todos los propietarios de edificaciones coloniales. Finalizando el siglo XIX y, más todavía, iniciándose el XX, los residentes de la entonces villa colonial quisieron darle un aspecto de ciudad, maquillando las fachadas de sus casas, lo que se propagó como pólvora. De ahí, que las edificaciones antiguas, construidas de piedra, mampostería o tapia, ya no eran del agrado de los santominguenses. “Look” con el que llegaron hasta nuestros tiempos.

Si lo que deseábamos los dominicanos era rescatar y poner en valor nuestro principal centro histórico, y con ello poder demostrar que contamos con lo primero que se hizo en el Nuevo Mundo, lo más lógico era, y sigue siendo, eliminar el camuflaje, y restaurar, no reconstruir, ni inventar, como fue originalmente.

Pero, como lamentablemente no nos hemos podido poner de acuerdo, algunos de los “restauradores” no lo han querido implementar, y lejos de ello, han vuelto a empañetar lo que han descamuflado, sin importarles el valor de lo que ocultan.

Es así, como volvieron a empañetar la fachada de la mal llamada CASA de La UNESCO, en la calle Luperón, la ex Casa Weber, en la calle Arzobispo Meriño, y otras. Poniéndonos a competir, de esa manera, con ciudades del siglo XVIII, siendo la nuestra de principios del XVI. Lo que no es lo mismo, ni es igual.

De no ser así, el Grupo Vicini no le hubiera dado el nombre de CASAS DEL XVI al proyecto que ejecutan actualmente, en casas de siglos posteriores.

Algo similar, guardando las diferencias, es lo que se ha hecho en el Baluarte de San Genaro, o Puerta del Conde. En este caso, mucho más grave que en otros, dada su importancia como parte de la muralla protectora de la ciudad, y a ser el lugar donde nació la República Dominicana.

Recordando temas del pasado, tenemos el caso de la Capilla del Rosario, de la iglesia del ex convento Dominico, una de las más hermosas obras de arte con que contamos los dominicanos. Durante uno de los tantos terremotos que han sacudido la isla Española, uno de estos afectó, grandemente, dicho templo católico, siendo necesario reconstruir, más que restaurar, algunas de sus partes, entre las que se encontraba dicha capilla. Al terminar los trabajos, la decoración que la engalanaba fue recubierta de pintura, ocultando con ello la obra original de piedra.

Fue de tal importancia lo ocurrido en el siglo XVIII, que algunos expertos llegaron a confundir algunas de las tallas de la bóveda de la capilla, y otros elementos decorativos de piedra que se encuentran en dicha iglesia con yeserías.

En fin, lo que está sucediendo con la Puerta del Conde, y otras importantes edificaciones de nuestra Ciudad Colonial, no es nada diferente a lo que nos ha sucedido, y seguirá sucediéndonos, mientras no decidamos modificar nuestra actitud.

 

 

PALACIO SANS SOUCI

Harán, exactamente, cinco años (abril de 2009), que el amigo Oscar Suescun nos invitó a un concierto-recepción en el Palacio Sans Souci. Además de pasar una velada extraodinaria, conocimos a su propietaria, la arquitecta restauradora María Josefina Durini, con quien compartimos experiencias en restauración.
Les paso el trabajo que, sobre el palacio, recibiera de otro amigo porteño. Espero les guste.

Manuel

http://www.arcondebuenosaires.com.ar/palacio_sans_souci.htmImagen

HA LLEGADO LA HORA DE RECTIFICAR

 

Desde hacen varios días se ha estado llevando a cabo una discusión en torno a unos trabajos realizados en la Puerta del Conde. Diferentes opinantes han dicho lo que les parece, sin tener, la mayoría de estos, conocimiento alguno de lo que se ha estado haciendo. Se han dejado llevar por sentimientos patrioteros, más que por los que verdaderamente le conciernen al tema. Pero, gracias a esto, ha salido a la palestra pública como desde hace tiempo no sucedía. Lo que es bueno.

En sí, que de lo que se trata es del cuidado con que se debe actuar para intervenir un monumento histórico, cualquiera que sea. En este caso, el Baluarte de San Genaro no estaba necesitando intervención alguna. Y mucho menos de la envergadura y atrevimiento con que se ha hecho. Con solo haber procedido a una ligera limpieza (interior y exterior) bastaba. Si no se tenían los conocimientos para profundizar dicha limpieza, utilizando productos especializados, y ni sé cuantas cosas más, y no se estaba en disposición de importar un experto “de verdad”, lo mejor era no haber hecho nada. Después de todo el monumento se conservaba bastante bien. Y no es cierto, que tenía oquedades y parásitos que afectaban su estabilidad, ni su existencia.

En cuanto a lo que se debe hacer en este caso, ya cometido el crimen de lesa historia, es de esperarse, que no se siga metiendo la pata. El pañete con que fueron revestidos los muros no se tiene una idea en qué consiste, ni que grosor tiene. A no ser los interventores.

En cuanto a lo que a mí respecta, no tengo la menor intención de inmiscuirme más allá de lo que me he permitido. Guardo profundos y dolorosos recuerdos de mi paso por el programa, que tuve el honor de crear, conjuntamente con el Presidente Joaquín Balaguer, y miembros del Departamento de Asuntos Culturales de la Organización de los Estados Americanos (OEA), hace alrededor de cincuenta años.

A partir del presente desastre, es de esperarse, que el Gobierno dominicano, y nadie más, decida lo que hay que hacer, de ahora en adelante, con la riqueza monumental e histórica de la Nación, antes de que sigamos cometiendo barbaridades como la de la gloriosa Puerta del Conde. A este, y a nadie más, le serán exigidas las esplicaciones correspondientes.

Es increíble, que al organismo rector, en este caso, la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, se le hayan quitado las atribuciones que tuvo, que todavía le corresponden, que le otorgan las leyes y reglamentos. Y lo peor es, que se lo mantenga como si efectivamente existiera, y que los responsables de dirigirla actúen como si nada estuviera pasando. ¡Que barbar@s¡

Que la mayoría de los proyectos sean desarrollados en función de turismo, como ha sido la intensión desde el mismo inicio del programa, no hay nada que alegar. Pero, que al Ministerio de Turismo se le otorgue la responsabilidad de dirigirlos, se convierte en uno de los errores más sensibles que gobierno alguno se haya permitido en este campo.

Cuando los disparates que se cometan, de ahora en adelante, se constituyan en algo similar a lo ocurrido en la Puerta del Conde, ¿a quienes habrá de llamársele la atención? ¿A la Oficina Supervisora de Obras del Estado? ¿A la que tampoco le compete inmiscuirse en algo que no le corresponde, ni someramente?

Si los gobiernos de turno deciden mantener esta Oficina, que de Supervisora no tiene más que pertenecer al Estado, y derrochar papeletas, allá los presidentes de turno. La historia se encargará y hablará cuando se escriba. Lástima, que será muy tarde.

PATRIMONIO Y TURISMO BINOMIO DE DESARROLLO (II)

Por considerar encomiable lo que ha estado aconteciendo en nuestro entorno caribeño, con respecto a los planes que se han venido desarrollando en lo que se ha denominado turismo cultural, entre los que se destacan los programas de rescate y puesta en valor de sus respectivas riquezas patrimoniales, hemos creído oportuno, traer, nuevamente, a la consideración de la opinión pública nacional, algunos párrafos del capítulo “Los Monumentos en Función de Turismo”, correspondiente a las Normas de Quito (1967).

1. “Los valores propiamente culturales no se desnaturalizan ni comprometen al vincularse con los intereses turísticos y, lejos de ello, la mayor atracción que conquistan los monumentos y la afluencia creciente de admiradores foráneos contribuyen a afirmar la conciencia de su importancia y significación nacionales….Europa debe al turismo, directa o indirectamente, la salvaguarda de una gran parte de su patrimonio cultural, condenado a su completa e irremediable destrucción”….
2. “Si los bienes del patrimonio cultural juegan tan importante papel en la promoción del turismo, es lógico que las inversiones que se requieren para su debida restauración y habilitación dentro de su marco técnico especializado, deben hacerse simultáneamente a las que reclama el equipamiento turístico y, más propiamente, integrar ambas a un solo plan económico de desarrollo regional”.

3. “La Conferencia de Viajes y Turismo Internacional (Roma,1963), no solamente recomendó que se diera una alta prioridad a las inversiones en turismo dentro de los planes nacionales, sino que hizo resaltar que desde el punto de vista turístico, el patrimonio cultural, histórico y natural de las naciones, constituyen un valor sustancialmente importante….A la vez, la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (1964), recomendó a las agencias y organizaciones de financiamiento, tanto gubernamentales como privadas, ofrecer asistencia, en la forma más apropiada, para obras de conservación, restauración y utilización, ventajosa de sitios arqueológicos, históricos y de belleza natural (Resolución Anexo A, IV.24)”…..
4. “…La afluencia turística que determina la apropiada revalorización de un monumento, o conjunto de estos, asegura la rápida recuperación del capital invertido a esos fines. La actividad turística que se origina como consecuencia de su adecuada presentación, y que de abandonarse determinaría su extinción, conllevaría una profunda transformación económica de la región en la que se hayan enclavados”……………

Y así continúa el capítulo Los Monumentos en Función de Turismo de las NORMAS DE QUITO, el que fuera redactado meses después de la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno, en Punta del Este, y de la creación de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) en nuestro país (1967). De casi nada le han servido estas disposiciones a los dominicanos, que divididos, como siempre, han preferido no ponerlas en práctica, y dejar casi abandonado su patrimonio, entre el que se destaca la Ciudad Colonial, en vez de ponerse de acuerdo y entrarle a dos manos, como lo han hecho los puertorriqueños, colombianos, cubanos y otros, de la histórica región a la que pertenecemos.

Como se verá, las fechas de todos estos tratados, convenios o reuniones internacionales, corresponden a épocas que datan de los años sesenta. Pero no por ello están obsoletas, ni pasadas de moda. Lo que verdaderamente preocupa es que haya transcurrido tanto tiempo, y muchos de los valores que atesoramos hayan desaparecido, o estén en franco proceso de desaparición. Del mismo modo que nos hemos concentrado en desarrollar el turismo de sol y playa, hasta el punto de no querer entender que existen otras complementaciones, con otros valores, del mismo modo que lo han sabido hacer los de nuestra competencia, o complementariedad, como solía decir Don Angel Miolán.

Para nuestra sorpresa hemos visto sugir un cierto interés de parte del actual gobierno. Hasta el punto de ver concretarse un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para ser invertido en proyectos específicos en nuestra Ciudad Colonial. Del mismo modo salió la noticia de otro aporte, esta vez proveniente del Gobierno Nacional, que está siendo invertido en la reparación del Parque Independencia, del Mausoleo a los Padres de la Patria, y de la Puerta del Conde.
Los 35 millones de dólares han sido puestos a la disposición del Ministerio de Turidmo. Sí, de ese mismo ministerio, y los 30 millones de pesos dominicanos, de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado. Sí, de la misma que lo ha heho todo, durante los cuatro (4) gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Y yo me pregunto: ¿Y la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, dependencia del Ministerio de Cultura, para que está? ¿Para allantar?
Presidente Medina, asi no. Usted podría pasar a la historia por haber entendido que Patrimonio y Turismo es un Binomio de Desarrollo, y hacer lo que proceda por aplicar las normas que tienden a fortalecer ambos componentes (Patrimonio y Turismo). Entonces, ¿por que no se han hecho las cosas como deben ser? Es como decía un cómico viejo: “Meter la pata, y sacarla a tiempo, se queda bien”. Todavía tiene tiempo de sobra para hacerlo, Señor Presidente.
QUE LÁSTIMA.