INTERESANTE CAPÍTULO EXTRAIDO DE UN INFORME

A veces uno no alcanza a entender algunas de las cosas que le suceden durante su paso por esta vida. Por ejemplo, acabado de recibir un correo en el que aparece el texto completo de una interesante obra, escrita por David Dixon Porter, titulada “Diario de una misión secreta a Santo Domingo (1846)”, reeditado por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Inc., y la que había leído hace algún tiempo, se me ocurrió extraer algunos párrafos del mismo, que dada su actualidad, y su importancia en los presentes momentos, decidí darlos a conocer a quienes no los han leído, y refrescárselos a quienes sí.

Al releer el interesante capitulo que trata sobre las relaciones dominico-haitianas, me parecía estar leyendo un reportaje de la situación que padecemos los dominicanos, escrito actualmente. Con la diferencia de que la situación es considerablemente diferente. En todo sentido, totalmente a favor nuestro. Pero, quien nos hubiera dicho, que no obstante ello nos mantenemos en vilo, por culpa de nuestro comportamiento, y falta de lo que se necesita para ponerle la “tapa al pomo”.

Al referirse a los acontecimientos ocurridos a raíz de la Independencia de nuestro país, el autor expresa en su interesantísimo informe lo siguiente:

“Mucho tiempo antes de que la revolución estallara, los sacerdotes estaban trabajando, con gran secreto y asiduidad, por infundir entusiasmo en la clase más baja del pueblo e inducirlos a echar fuera un despotismo que estaba en definitiva contribuyendo a aniquilar su religión y por lo tanto a subvertir todo el buen orden de la sociedad.

No hay duda de que la inteligencia superior del pueblo que compone la parte española hubiera llegado finalmente al mismo resultado; pues aún admitiendo que poseía las capacidades más modestas, no podía haber existido (con su aumento de población) por ningún espacio más de tiempo bajo el dominio de una raza bárbara e indómita de negros, cuyo deseo parecía consistir en borrar todo vestigio de la población blanca y luego desordenarse en el abuso de su misma fanática ignorancia.

Los decretos vengativos, dados por los haitianos contra una nación oprimida de blancos, respiran un aliento de barbarie no de acuerdo con el estado civilizado de la época en que vivimos; y mis observaciones me convencen de que trataban de destruir toda traza de virtud conservada por los dominicanos, quienes entre escenas de horrible revolución, de crimen, de rapiña y asesinato, han conservado muchos de los elementos de un gran pueblo y han contraído pocos —si es que algunos— de los hábitos y costumbres de los haitianos, bajo cuyo dominio no hubiera parecido extraño que hubieran perdido su pureza de carácter, al hacerse familiares a escenas de naturaleza desmoralizadora.

Es un hecho bien establecido que “la nación libre de Haití, en la guerra o en la revolución, vista en la mejor de su luz, no es sino una horda de salvajes sin misericordia”, cubiertos con el crimen y glotones en su libertinaje; y aunque pueda parecer a un observador superficial que hay poca diferencia entre ellos y el pueblo de la parte oriental, no debe olvidarse que todos los elementos del desorden están solamente dormidos dentro de ellos, listos para brotar a la primera provocación y desde la época de su primera revolución hasta la presente, han sido un azote para los habitantes de esta bellísima isla y han caído sobre ella como una perfecta plaga, una maldición para sí mismos y sus compañeros superiores, destruyendo todo lo que era hermoso en el arte o la naturaleza y levantando en el lugar de los altares de Dios los de la infidelidad. ¿Cómo podían los españoles menos de arrojar un yugo que cada día era más amargo y que probablemente los reduciría todavía más bajo en la escala de la creación, que el pueblo medio bruto que se llamaba a sí mismo amo? Se llegó a la revolución por un estallido universal de sentimientos de indignación y los opresores fueron obligados a huir ante una muchedumbre mal armada, que merece la simpatía de todo el mundo aunque fuera solamente por la moderación que ejercieron para con sus enemigos.

No atendidos ni ayudados cuando levantaron sus voces a pedir el reconocimiento de su independencia por las naciones más destacadas, se han mantenido a sí mismos hasta el tiempo actual, con fuerzas opuestas a ellos diez veces superiores en número y con un patriotismo nunca superado por ningún otro país.

Nunca han recibido una palabra de simpatía de alguna de esas naciones que han derrochado sus mejores sentimientos para con una nación de negros que todavía nunca han dado pruebas de capacidad para gobernarse a sí mismos, mucho menos a los otros y solamente se irán hundiendo más abajo, de día en día, en la escala de las naciones; porque es bien sabido que la erección de un gobierno negro en esta isla fue la señal de la destrucción de la paz y felicidad de toda la población. Si esos filántropos que levantaron un aplauso cuando la diosa negra de la Libertad fue puesta en el sello de la misma, teñido en rojo con la sangre de blancos industriosos, pudieran ver el efecto de su injusto éxito en sacudir la autoridad de los legítimos dueños del suelo, hubieran derramado lágrimas de tristeza sobre su misma obra; y con sus mismas manos hubieran destruido el sangriento templo que en su salvaje fanatismo hacen lugar de sacrificio para todos los mejores sentimientos de la religión.

Puede parecer extraño que un pueblo tanto mejor dotado de entendimiento (que los haitianos) para administrar los asuntos de un país como éste, se hubiera sometido por tan largo tiempo a su vara de hierro. Pero las atrocidades cometidas por sus opresores los aterrorizaron a someterse y al presenciar las crueldades practicadas contra los franceses, sobre quienes los negros fueron victoriosos, temieron ponerse en contacto con pasiones teñidas de sanguinario éxito. Apartaron la tormenta con una sumisión a todos los caprichos de sus amos, una sumisión que los salvó de la exterminación; y únicamente se rebelaron cuando la paciencia ya no era una virtud y hallaron preferible morir luchando que permanecer tranquilos e inmóviles al ver todos los derechos humanos sacrificados a las licenciosas pasiones de los negros.

Los sacerdotes, que se veían amenazados con la abolición de su religión, la destrucción de sus iglesias y la confiscación de todas las propiedades eclesiásticas, se aprovecharon de la creciente insatisfacción, pusieron la cruz en la bandera de la libertad y predicaron la resistencia desde el púlpito.

Llegado el momento, toda la comunidad corrió a las armas en defensa de los altares de sus padres y echó fuera a los implacables salvajes que querían aniquilar a quienes poseían, con mucho, la parte mayor de la isla y por su origen europeo eran más aptos para gobernarla.

Un tema serio de consideración es la pregunta de si las naciones ilustradas de la tierra (que han visto lo mal que funciona el experimento de negros gobernándose a sí mismos en lo que es una más que dudosa libertad) aguardarán todavía más y verán a una de las más hermosas porciones de la creación convertida en un desierto, y a una raza de gente que tienen en realidad el derecho, la voluntad y la capacidad de gobernarse a sí mismos, borrada de la lista de las naciones por una raza sedienta de sangre, que obtiene su objetivo vadeando a través de mares de sangre.

Creo que el experimento ha sido suficientemente probado y está fuera de toda duda, que los haitianos son incapaces de gobierno propio o de gobernar a otros, porque las leyes que han hecho son tan injuriosas para la prosperidad, para la moral y tan destructoras de la vida; que la isla sobre la que tuvieron jurisdicción ha estado yendo hacia atrás en los últimos veinticuatro años. Uno de los más civilizados e inteligentes ciudadanos haitianos admite que quienes fueron llamados a administrar los asuntos del gobierno no sabían gobernar (y debemos suponer que los más inteligentes fueron elegidos para el oficio); que la educación moral y política era pisoteada en el polvo como madera inútil y que la riqueza de la isla había sido sacrificada simplemente para dar una importancia ficticia a cada hombre, recortando grandes posesiones y dividiéndolas luego a propietarios a expensas de la justicia; que siempre hicieron y siempre harán una incansable oposición al establecimiento entre ellos de extranjeros, que hubieran adelantado los recursos de la isla, aumentando la población y civilizando la comunidad; que eran un tizón de fuego que barría a todos los que se encontraban ante ellos; y exigirá toda la ingenuidad del hombre y la fuerza de las naciones el calmar la tormenta que algunos de ellos han ayudado a nutrir. Su enemistad a los Estados Unidos y a algunas de nuestras instituciones es bien conocida, aunque por interés comercial conservan relaciones amistosas.”

DIARIO DE UNA MISIÓN SECRETA A SANTO DOMINGO

Autor: David Dixon Porter (Norteamericano)

1846

ANÉCDOTAS DE UNA VIDA PRODUCTIVA (25

Sin pertenecer al Partido de la Liberación Dominicana, ni conocer al Dr. Leonel Fernández Reina, sostuve una afectiva relación de amistad con su líder, y su señora esposa doña Carmen. Desde antes de las elecciones presidenciales de 1990, acostumbraba intercambiar visitas con Don Juan y doña Carmen, y nos reuníamos en la residencia de la señora Natacha Sánchez, en la que se celebraba, semanalmente, una tertulia de índole cultural. De Igual manera, algo similar sucedió con los señores Antonio Fernández Collado, y su esposa doña Bienvenida.

A don Antonio y doña Bienvenida los conocí por intermedio de un vecino nuestro en el Condominio Anacaona I, quien era muy amigo de ellos. Lo que hizo posible que me acercara por su residencia de la calle Frank Félix Miranda, y me sumara a la campaña electoral de 1996, en la que Leonel Fernández era candidato a la presidencia de la República. A partir de entonces, compartimos diversos momentos. En una ocasión participamos en un pasadía en una finquita de la madre del amigo de los Fernández, a la que asistieron estos, don Juan y doña Carmen.

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He traído estas vivencias a colación, a propósito de mi interés en aclarar algunos malentendidos, que han originando comentarios totalmente ajenos a la verdad.

Mi colaboración con los gobiernos del Dr. Leonel Fernández Reina, como Director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), en dos ocasiones, y Embajador en Colombia, en nada tuvieron que ver con designaciones complacientes. En cambio, fueron consecuencia de trabajos realizados por mí en favor del candidato, en parte como producto de aquella conversación que sostuviera con el Profesor Bosch en casa de Natacha Sánchez y, posteriormente, de mi propio convencimiento del valer de la “mina de oro”, que erróneamente surgiera de la fértil imaginación de don Juan, que posteriormente se derritió, no como el precioso metal, sino como algo más deleznable.

En varias de mis anécdotas he tratado de dejar bien clara la odisea en que se convirtió la furtiva relación entre el Dr. Fernández y yo. Su forma de actuar y proceder frente a una persona, que no conocía muy bien, lo que hizo fue producto de un mandato de su conciencia. Nos empezamos a conocer después de suscitarse algunos contactos de índole no político, y de su convencimiento de que yo no me acomodaría al ambiente y al comportamiento que se generaría entre sus verdaderos amigos, y compañeros de partido, con quienes se manejó durante sus doce años de gobierno.

En mi caso, siempre pensé que alguna atención me dispensaría, dados los contactos que sostuvimos, siempre en mi condición de una persona independiente de las composiciones políticas que se llevaban a cabo. Atención que no se compadeció con la actitud que asumiera, y la manera en que fui tratado, tanto como Director de la Oficina de Patrimonio Cultural, como Embajador. Tales fueron las circunstancias acontecidas, que después de esperar dos años al frente de la OPC, decidí llevar a cabo la gestión a la que me referí en una de mis ANÉCDOTAS, de fecha 10 de octubre de 2014, que culminara con mi designación como Embajador en Colombia.

Hoy, años después de ocurrido lo que ha venido ocurriendo, aunque algunos no lo quieran admitir, vientos tormentosos aparentan soplar a favor del Dr. Fernández para que vuelva a ocupar la jefatura del Estado en las próximas elecciones generales. Vientos que se vislumbran haber cambiado de rumbo, evitando que lo ocurrido durante doce años, continúe.

A continuación algunas fotografías en las que se pueden apreciar contactos amistosos entre Urania y yo, y los esposos Bosch y Fernández Collado. En la última, el recién electo Presidente de la República (1996) compartiendo con nosotros y una de nuestras hijas, durante la celebración de un cumpleaños familiar, que se llevó a cabo en el Club de Oficiales de las Fuerzas Armadas. En cuya celebración no recuerdo haber visto a ninguno de los que luego se convirtieron en sus más aventajados alumnos, llegando, incluso, uno de ellos, a ser considerado por Fernández como un hijo.

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OTRO DE LOS GRANDES MITOS ARGENTINOS

 

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En mi anterior comentario sobre los mitos expresé la importancia que estos juegan en personas destacadas cuando son desvelados. Aquella vez hube de referirme al dictador Juan Domingo Perón (1946-1955), ex presidente de la Argentina. Otro de los incuestionables mitos argentinos lo ha sido la que fuera su segunda esposa, y primera dama argentina, Eva Duarte de Perón. Entre las múltiples facetas que convirtieron a Perón en un mito, se encuentra el affaire que desempeñó junto a la alta jerarquía nazi, post derrocamiento de Adolfo Hitler y Tercer Reich, y su presencia en la Patagonia argentina. En cambio, a Evita la inmortalizó, más que nada, el angustioso proceso de su enfermedad, que culminó en su muerte.

Como no muy conocedor de esta trágica historia, para poder completar esta interesante dualidad de mitos, me he permitido extraer del Internet un descriptivo artículo sobre el tema del Dr. Armando Pérez de Nucci.*

“Cuando Eva Perón muere a los treinta y tres años de edad, el 26 de Julio de 1952, esta muerte habría de significar un giro importante en la historia política de nuestro país. El 26 de Julio, se conmemoran 62 años de su muerte, hecho que marcó a fuego la realidad de nuestro país y desencadenó un mito que persiste hasta nuestros días. Muere la persona y nace el mito y la devoción, que ha persistido hasta nuestros días, generando su figura adhesiones fervientes y odios irreconciliables, situación que ya se había generado en vida de esta figura nacional que no se puede dejar de reconocer como uno de los fenómenos más importantes de nuestra evolución política del siglo XX.

El velatorio se realizó en el Ministerio de Trabajo y Previsión y luego se trasladó al Congreso de la Nación, siendo llevado su cuerpo luego a un tratamiento de preservación que en su momento se consideró como un ejemplo de embalsamamiento, realizado por el Dr. Pedro Ara, especialista español que había sido contratado ya desde bastante tiempo atrás, cuando se tuvo conocimiento de la irreversibilidad de la enfermedad que aquejaba a Eva Perón.

En la historia argentina, ha habido un antes y un después de Eva Duarte de Perón. Su figura ha desatado las más calurosas adhesiones y los más fuertes rechazos, pero nadie puede negar que su accionar cambió los destinos de Argentina, pudiendo citar entre sus logros más importantes el voto femenino y la intensa acción social que caracterizó su accionar político. El tiempo no ha hecho sino engrandecer su figura, más allá de los intentos de otros de demonizarla y ver en su figura la representación del mal’

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Al morir, finalizaba la historia que había comenzado dos años antes, cuando se le diagnosticó un cáncer que se había iniciado en el útero para luego extenderse por todo el cuerpo. A su deceso, pesaba menos de 38 kilos. La hora de su muerte fue las 8.23, pero oficialmente se fijó la hora a las 20 y 25, pasando desde ese entonces a ser las 8:25 la “hora en que Eva Perón paso a la inmortalidad “para que quedara fijada en la memoria de todos. ¡Cosas curiosas de la política!

La mala noticia se ocultó desde que se tuvo la certeza de la gravedad del caso hasta donde se pudo, pero a mediados de 1951 el diagnóstico era irreversible. Su enfermedad coincidió con las elecciones nacionales de noviembre de 1951 y el ajuste económico que Perón propuso. (Algo que no se puede obviar es la coincidencia entre la fecha de muerte de Evita, y el desastre que significara para Perón el proyecto con los nazis, ambos en 1951).

Poco a poco, su salud empieza a experimentar quebrantos caracterizados por astenia, debilidad y anemia, cuya causa no se estableció inmediatamente, pero que con estudios concluyeron en un diagnóstico casi fatal para la época: cáncer de útero. Este diagnóstico, en principio, estuvo reservado a los más allegados a la pareja presidencial; oficialmente se habló de una apendicitis.

El Ministro de Educación, a la vez médico y cirujano de Evita, Oscar Ivanisevich, aconsejó una operación radical, la histerectomía o extirpación del útero, para tratar la afección, intervención a la que ella se negó enfáticamente. De más estaría decir que Eva Perón habría de participar del significado cuasi mágico que el útero tenía para su generación: idea de completitud, fecundidad y juventud eterna, criterio que en algunos estratos de nuestra sociedad persiste hasta nuestros días. Lo cierto es que, sin tratamiento quirúrgico, la enfermedad avanzó, sobre todo en uno de sus síntomas, las hemorragias, lo que ocasionó a la vez una anemia severa que el gobierno se vio obligado a reconocer hacia fines de Septiembre de 1951.

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Evita votando desde su lecho de enferma

En el mes de Noviembre fue necesaria su internación en el Policlínico Presidente Perón de la localidad de Avellaneda, cuya dirección ejercía una de las glorias más insignes de la cirugía argentina, el Dr. Ricardo Finochietto. Allí una Junta Médica que integró entre otros el prestigioso oncólogo y cirujano George Pack, traído especialmente desde los Estados Unidos a tal fin, confirmó el diagnóstico de cáncer e indicó tratamiento quimio y radioterápico , medidas meramente paliativas y retardadoras del fin que se aproximaba inexorablemente. Como nota interesante, consigno que a Eva Duarte no se le comunicó jamás que había sido asistida e incluso operada por el médico norteamericano, ni esto trascendió a la prensa, debido a los sentimientos  anti norteamericanos de la época.

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Hacia Marzo de 2014, una investigación demostró que en este estado terminal en el que se encontraba, se le practicó una lobotomía pre frontal con el objeto de disminuir o anular la percepción de los dolores intensos que la aquejaban, con resultado poco favorable, en la opinión del Dr. Nelson Castro, quien presento el informe sobre esta cuestión a través de la televisión de Argentina. Las últimas apariciones públicas serían  el 1º de mayo y el 4 de junio, fecha en la que acompañó a Perón en el acto de asunción a la presidencia.

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Proceso de Lobotomía

Su último discurso es el 1º de julio de 1952. Una rara coincidencia: ésta es la fecha de la muerte de Perón 22 años después. Mucho se dijo acerca de la posibilidad que su esposo la habría obligado a estar presente en ambas ocasiones, pero se supo posteriormente que había sido una voluntad expresa de Eva Perón el asistir a estos actos.
También sacó fuerzas de lo inimaginable para poder acompañar a Perón en su asunción del 4 de Junio de 1952, su última aparición pública, mostrándose  muy debilitada por la enfermedad.

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Evita habría de morir a las 20.25 horas del 26 de Julio de 1952. Las reacciones del pueblo oscilaron entre el desconsuelo general y la pena por su partida, hasta la de unos malsanos que llegaron a escribir en las paredes de un Buenos Aires dividido políticamente “viva el cáncer”, un símbolo del barbarismo del hombre que entra en proceso de bestialización, negando la condición de naturaleza humana.

Con Evita empieza a quedar claro que las categorías de izquierda y derecha pueden explicar algunos aspectos del proceso social, pero no toda la singularidad del mismo.

Sin duda que fue peronista y que en cierto punto fue una invención de Perón. Pero no es menos cierto que esa invención en algún momento -pienso en el acto del 22 de agosto- adquiere una tensión que se parece a la autonomía. Evita es peronista pero no es una peronista más. Puede que en términos racionales su ideología no haya sido diferente de la de las mujeres de la rama femenina, algo populista, desconfiada de todo lo que fueran construcciones intelectuales complejas, más intuitiva que racional, pero ella era algo más que todo eso.

Evita no es todo el peronismo, pero el peronismo no sería pensable sin su presencia, no sería imaginable hoy en el universo del mito, pero tampoco es posible imaginar históricamente al peronismo sin su presencia. Todo lo que se diga de ella para descalificarla pierde eficacia ante la consistencia irrefutable de los hechos. Prostituta, actriz de segunda, resentida social, demagoga, infame, corrupta, son adjetivaciones que no alcanzaron ni alcanzan a empañar su figura. Surgió y se desarrolló en el tiempo de los pobres que asomaban a la justicia social. Fueron éstos la fuerza y las razones de la vida de Evita, porque esas razones persisten, están presentes como leyenda, como mito, como experiencia, como razones del corazón -si se quiere-, porque en esas imágenes tumultuosas hay una verdad, una clave que explica, para bien o para mal, esa identidad nacional -no tengo otra palabra a mano más justa que ésta – que nunca terminaremos de descifrar.”

Por Armando Pérez de Nucci

Doctor en Filosofía y en Medicina. Miembro de la Academia Nacional de la Historia

 

Sabemos que han existido en el mundo parejas compuestas por hombres de grandes atributos como militares y estadistas, y mujeres no menos importantes. Marco Antonio y Cleopatra, Nerón y su madre Agripina, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, Napoleón y Josefina, entre otras, y han dejado mitos, desvelados, que han calado en la historia de la humanidad, con similar intensidad que el de Perón y Evita.

MITOS DESVELADOS

Desde hace aproximadamente un cuarto de siglo llegué por primera vez a la ciudad de Buenos Aires. Algo tardío, si se tiene en cuenta la historia de mis relaciones con un matrimonio argentino, donde me refugiaba los fines de semana, a propósito de mis visitas a Ansonia, Connecticut, para encontrarme con mi novia Urania, quien residía allí desde octubre de 1960. Fue así, como en el año 1989 se efectuó tan esperada visita a la Argentina.

Desde aquel entonces me fui enterando de algunas de las noticias relacionadas con dos personajes que habían hecho historia en el país más austral del continente americano. Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón se habían inmortalizado. Uno por su autocrática gestión de gobierno, y la otra por haber pasado de ser una actriz pueblerina secundaria a la primera dama de la entonces nación más poderosa de América Latina, y una de las más cultas y ricas del mundo.

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De Perón me referiré, exclusivamente, a lo que tanto había oído y leído, el affaire suscitado a mediados de la década de las cuarenta en relación a su contacto con la Alemania nazi, y su líder Adolfo Hitler.

“¿Pudo Argentina ser el Cuarto Reich? Tras 10 años de investigación, esa certeza sale a la luz en el formato de un documental impactante: se trata de “Projekt Huemul” (se estrenó por History Channel, con la voz de José Sacristán). Un film que intentará develar ese affaire, escandaloso, entre Perón y el nazismo.

Que los científicos nazis penetraron las fronteras argentinas y fueron amparados por Perón, es algo más que sabido. Igual, que estas tierras cobijaron a cerebros alemanes, llamados a realizar sueños en el terreno de la aeronáutica, la biotecnología y, entre otras áreas, la fusión nuclear.

¿De dónde viene esa relación entre Perón y el nazismo?”. Algo consciente de la historia política argentina, recordamos la época del presidente Julio Roca, y a la formación filogermánica de su ejército desde las primeras décadas del siglo XX.

El presidente Juan Domingo Perón frecuentaba a muchos de ellos, entre los cuales se encontraban Adolfo Eichmann*, Joseph Menguele**, y Klauss Altmann, entre otros. Algunos eran empleados en ministerios, organismos oficiales, fuerzas armadas, y policías regionales. Meticulosamente, el gobierno rechazaba los pedidos de extradición que iban entrando.

El PROYECTO HUEMUL

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En la Isla Huemul, ubicada en el Lago Nahuel Huapi, provincia de Río Negro, se desarrolló un proyecto científico secreto a cargo del austríaco Ronald Richter desde 1948 hasta 1952, financiado por el gobierno argentino, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, que intentaba generar una forma de energía a través de la fusión controlada de energía nuclear.

El HUEMUL (Hippocamelus bisulcus): es un ciervo que habita exclusivamente en los bosques de la cordillera patagónica andina de Argentina y Chile. Actualmente se encuentra en peligro de extinción ya que quedan aproximadamente unos cuantos cientos ejemplares.

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Entre los militares y simpatizantes del partido azul que lograron escapar y refugiarse en la Argentina, se encontraba el ingeniero Kurt Tank (piloto de prueba que había desarrollado aviones para la Alemania nazi). Tank se radicó en Córdoba para desarrollar, a pedido de Perón, el prototipo aéreo “Pulqui II”, junto a otros doscientos ingenieros alemanes. Este ingeniero fue quien le sugirió a Perón que se convocara a Richter.

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Ronald Richter llegó a Buenos Aires en agosto de 1948 y fue recibido por Perón. Para lograr su hazaña científica se montó en la provincia de Córdoba un laboratorio, pero debido al estado paranoico de Richter, que creía que lo espiaban y lo perseguían, el laboratorio secreto se mudó a la isla llamada Huemul, en el lago Nahuel Huapí.

Los montos de los gastos que demandaba el proyecto eran tan elevados que ya no se los podía disimular más, por eso, el presidente Perón tuvo que firmar un decreto que creaba la Comisión Nacional de Energía Atómica, cuyo presidente era el mismo Perón, y secretario general el coronel Enrique González, muy allegado a este. 
 

Durante todo el año 1950 Richter mandó construir un reactor de 12 metros de alto por 12 de ancho, de hormigón, que luego hizo demoler por tener una grieta. A continuación mandó a reconstruirlo a 20 metros de profundidad.
La primera falla de comunicación ocurrió cuando, en febrero de 1951, el nuevo jefe de la guardia militar de Bariloche, coronel Fox, decidió inspeccionar la isla. Debido al aspecto paranoico de Richter, el científico austríaco echó a Fox a punta de pistola, generando un momento de tensión.

Perón ya estaba preocupado porque había apostado todo a este proyecto, y de repente llegó la mejor noticia: en marzo de 1951 Richter le comunicó a Perón que había tenido el primer éxito. Se habían llevado a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica. En palabras del propio Perón a la prensa: “Es un nuevo sistema que trata como dice Richter de encender soles artificiales en la tierra”. La comunidad científica mundial miraba con mucha cautela y descreimiento estos adelantos.

Ese mismo mes, marzo de 1951, Perón y su mujer, Eva, le entregaron a Richter el Doctorado Honoris Causa.

Luego de este anuncio, pasaron meses sin que se supiera algo del proyecto. Viendo su credibilidad amenazada, Perón creó una comisión para que investigara y auditara a Richter. Uno de los integrantes de esta comisión fue el doctor José Balseiro. La comisión, luego de presenciar aproximadamente doce experimentos, dio resultados negativos. El informe explicó que se observaban radiaciones pero no de origen nuclear, sino producidas por campos eléctricos. Balseiro y el Ingeniero Bancoira, otro de los integrantes de la Comisión, calificaron los experimentos de Richter como farsa.

Richter no aceptó esta sentencia y pidió otra comisión conformada por científicos que trabajaban en el exterior. Estos científicos opinaron lo mismo que los anteriores: farsa.
Así, en noviembre de 1952, Perón le quitó apoyo a Richter y el proyecto se canceló. Ronald Richter se mudó a Monte Grande, en la provincia de Buenos Aires, donde vivió hasta su muerte, en 1991.
Lo positivo de esta gran farsa fue que en 1955 se creó el Instituto Balseiro, reducto académico que nuclea a los mejores científicos del país.

Farsas similares a esta se han sucedido otras veces en una nación que ha producido personajes tan disímiles como los Perón, y la pareja que la ha gobernado durante los últimos doce años, dejando como memoria el mito de haber creado uno de los períodos más convulsos de su historia. Mito, que a diferencia del forjado por la pareja Perón-Duarte, habrá de ser condenado por la gran mayoría del pueblo argentino, al igual que del resto del mundo.

*19/03/1906 Solingen Alemania. Fue el responsable de la organización y logística de las deportaciones de Judíos de todos los países ocupados por los Nazis. Esto se realizó en el marco de la “solución final” puesta en práctica luego de la conferencia de Wansee en 1942. Permaneció fugitivo en Europa hasta el año 1950, cuando ingresa a la Argentina a bordo del vapor Giovanna C, siguiendo la “ruta de las ratas” bajo el nombre falso de Ricardo Klement. Trabajó para la empresa alemana Mercedes Benz, (Tucumán), y en 1960 fue raptado y llevado a Israel por el Mossad. Fue juzgado en Jerusalén y condenado a muerte en 1962 por ser considerado uno de los máximos responsable del Holocausto. Ingresó a la Argentina con documentación falsa de la Cruz Roja.


**16/03/1911 Gunsburg Alemania – Doctor en Filosofía y Medicina fue conocido como “angel de la muerte” por los experimentos llevados adelante con seres humanos en el campo de exterminio de Auschwitz. Fue capturado y liberado por los aliados en 1945. Ingresó a la Argentina en el vapor North King con el nombre falso de Helmuth Gregor. Vivió en Buenos Aires con su nombre verdadero desde 1949 hasta que advertido por otros Nazis de que el Mossad estaba tras sus pasos comenzó a ocultarse en zonas menos pobladas. Vivió en Paraguay y murió en 1979 en Brasil. Nunca fue capturado para ser juzgado por sus crímenes de los cuales aún quedan cientos de testigos y víctimas. Ingresó a la Argentina con documentación de la Cruz Roja

MÁS ANÉCDOTAS DE UNA VIDA PRODUCTIVA

La República Dominicana, nuestro país, ha tenido que soportar toda clase de desventuras, desde que se independizó de España, y se liberó de Haití, hasta el día de hoy. A partir de su desocupación por parte de los invasores haitianos (1822-1844), quienes al independizarse de Francia quedaron en muchas mejores condiciones que nosotros los dominicanos, gracias a la impresionante riqueza heredada del dominio napoleónico francés, la insipiente República Dominicana ha sobrevivido a un sin número de calamidades.

Desde invasiones extranjeras, hasta las más poderosas dictaduras, pasando por feroces huracanes y terremotos, al igual que por todo tipo de necesidades, durante las cuales sus pobladores han tenido que soportar miserias y toda clase de desventuras. Pero, que gracias a Dios, y a su indomable firmeza, ha podido salir airosa, para verse compelida a caer de nuevo.

Despejado el panorama de los gobiernos de concho primo, de la intervención norteamericana (1916-1922), de la dictadura de Trujillo (1930-1961), y de la revolución de 1965, los dominicanos emprendieron una nueva vida, esperanzados en que sería cada vez más fortalecida y duradera, y que poco a poco lograrían un desarrollo integral, en el que cada ciudadano fuera dueño de su propio destino, respaldado por gobiernos correctos, cada vez más impregnados de corrientes civilizadas, como las que se pasean por el mundo.

Es así como una mayoría del pueblo dominicano ha venido luchando denodadamente por sus reivindicaciones sociales, políticas y económicas, que a diferencia de otros países del continente, no ha podido lograr, a pesar de un supuesto crecimiento económico proclamado por sus autoridades. Crecimiento que no ha pasado por las puertas de las grandes mayorías.

Como es posible que a 53 años de liberados de su última tiranía, las condiciones de vida de esa mayoría estén peores? Y por el contrario, haya surgido una pléyade de nuevos ricos, sin que hubieran heredado ni un solo centavo, ni creado nuevas industrias, ni nada que les permitiera llegar a convertirse en poseedores de grandes fortunas. Todas ellas creadas mediante incursiones en la política y, a través de esta, alcanzar posiciones en el tren gubernamental, mediante las cuales han podido hacer lo que nunca se había visto.

Si la mayoría de los dominicanos se mantuvieran atentos a lo que ha estado sucediendo en Europa, por ejemplo, donde están entrando a las cárceles, o pagando sus culpas de diversas maneras, los ladrones de la política y del empresariado, que al igual que en nuestro país, pasaron de insignificantes hijos de vecinos a ocupar las más altas esferas de una sociedad descompuesta, hasta llegarse a creer dueños del país.

En España, por ejemplo, en la que sus ciudadanos se liberaron de la tiranía del Caudillo, unos cuantos años después que los dominicanos, las condiciones de vida de la mayoría de los españoles han alcanzado niveles jamás vistos. Y donde figuras de la más alta jerarquía política y social, han pasado las de Caín, tratando de evitar el carcelazo que tarde o temprano les espera. Como ha sido el caso de una de las hijas de Juan Carlos I, y de su esposo, del Presidente Ad Vitan del gobierno de Cataluña y sus hijos, o de una de las más afamadas cupletistas, al igual que directores de bancos, alcaldes municipales, y que se yo cuantos personajes más. En Italia, a uno de sus hombres más poderosos, conocido como Il Cavalieri, lo han puesto a limpiar las calles de Roma, como castigo a los desmanes causados, entre los cuales se destaca la corrupción en diversas formas.

En República Dominicana, en cambio, recién durante los últimos días es cuando algunas voces se han dejado escuchar, aunque tímidamente, describiendo los horrores cometidos por los miembros del partido gobernante que, desengañando una población confiada, más de la cuenta, han conducido la nación por verdaderos despeñaderos. Todo ello logrado, no como discípulos de un político sin manchas, sino como verdaderos gavilleros de saco y corbata.

Conciudadanos de todo el país, no puedo terminar esta consideración sin pedirle que despierten antes de que sea tarde.