OBRA DE NUESTRO PATRIMONIO DESAPARECIDA COMO POR ENCANTO

50 obras como esta, de diferentes rincones de la Ciudad Colonial, de las 60 que fueron colocadas, desaparecieron. 

Uno de los tantos encantos que se acumularon en la primera versión del Hostal Nicolás de Ovando, inaugurado en el año 1974, fue la obra de Plutarco Andújar, magistralmente descrita por la crítico de arte señora Marianne de Tolentino. Obra que fuera colocada en cada una de las 60 habitaciones del hostal cundo abrió sus puertas. Igualmente se colocó otra pintura de Andújar en el desayunador.

Los cuadros de las habitaciones eran de dimensiones modestas, como lo fueron los recursos disponibles para adquirirlos en aquel entonces. En cambio, el que se colocó en la cafetería, que representa un mercado criollo, es de dimensiones más respetables.

Esa “serie de escenarios de la ciudad “intramuros”, como la describiera Marianne, se mantuvo engalanando las habitaciones y el restaurante desayunador hasta sabrá Dios cuando, ya que al momento de recibir el hostal, en  el año 1996, de manos de la señora Verónica Sensión, quien fungía como administradora en aquellos momentos, los que se encontraron fueron diez de los que estaban en las sesenta habitaciones, Deseo significar que esta no ha sido la primera vez que me he referido al tema. Ya que como dominicano, y como responsable de que aquella obra continuara expuesta al público, que tanta lucha me diera obtenerla, no cejaré de repetir esta denuncia, que al parecer, no será resuelta jamás, al igual que como sucede en nuestro país con todo lo relacionado al robo del inventario público, durante el transcurso de la existencia de la República Dominicana.

Para concluir no puedo dejar de decir, que los diez cuadros que fueron rescatados por mí, en mi condición de Director de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), en la segunda ocasión que tuve la oportunidad de dirigirla, se encuentran en las dependencias de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, conjuntamente con otras obras. Oportunidad en la que fuera acompañado por el señor Santiago, Director de la Corporación de Hoteles del Estafo Dominicano (CORPHOTEL), de la que dependía el Hostal. Dejándolo todo en el mismo lugar cuando tuve que irme, desencantado de lo que se le presentaba a un hombre honrado y luchador, que no ha estado acostumbrado a bregar con acciones típicas de la política dominicana cuando se siente tratado como un comodín de los gobernantes de turno.

Finalmente, me animo a solicitarle a quien se encuentre en poder de una de esas obras substraídas al gobierno dominicano, que su deber es entregarla y, de serle posible, declarar la forma en que la adquirió.

Como estoy seguro que nada de eso sucederá, al menos habré de sentirme tranquilo por haber hecho lo que muy pocos funcionarios se han atrevido hacer.

 

 

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DESPUÉS DE LOS SUCESOS DE LOS AÑOS 1966 Y 1967

Ay, si las piedras hablaran, cuanta mediocridad quedaría mal parada.

Después de un puntual recorrido por los años 1966 y 1967, en el que narré algunos de los hechos más importantes de los que me vi envuelto, muy particularmente, los relacionados con el patrimonio histórico de mi país, que quienes lo recorrieron con migo debieron haberse persuadido de lo que he querido decir. A continuación comentaré algunas de las razones que me han llevado a decir algunas cosas, que solo yo, y muy pocas personas más, lo han entendido.

Es incomprensible y reprochable para algunos que un joven estudiante por razones políticas no pudiera graduarse de la carrera que estudiaba con el propósito de convertirse en un hombre de bien. Que tuviera que ausentarse de su país sin que lo hubiera planificado, y sin que la mayoría de sus conocidos se enteraran, y que tuvo la dicha de poder dar sus primeros pasos en su nuevo destino sin mayores inconvenientes. Y que regresara, siete años más tarde, estrenando la dirección de un organismo oficial que fuera propuesto por él, y dar sus primeros pasos exitosamente. Estremeciendo a un grupo de arquitectos, que también habían hecho esfuerzos por hacer lo mismo, sin haber podido lograrlo.

Era comprensible, pero no aceptable, para algunos de los que fracasaron en sus intentos manifestarse de alguna manara, como por ejemplo colocando un pasacalle con un lema similar al que colgaron al inicio del gobierno de Trujillo, en el que se leía “NO PUEDE SER”. Refiriéndose al presidente de la República que recién juramentado no lo querían dejar gobernar. Pero cuyo empeño no prosperó como esperaban sus adversarios.

Dicho esto, advierto que no trato de hacer comparaciones, ni con la posición, ni con el personaje que provocaba el citado pasacalle. Lo que se procuraba esta vez, en mi caso, era deshacer lo que se le había encomendado a un inexperto en las lides arquitectónicas e históricas de responsabilizarse en dirigir la nueva agencia gubernamental encargada de velar por el patrimonio cultural dominicano, hasta entonces convertido, institucional y efectivamente, en un verdadero desastre, ante los ojos de todos. Era necesario, según los proponentes, que se nombrara un reconocido arquitecto, que con sus supuestos atributos profesionales, encabezara un grupo de colegas que empezaba como él a venderse como la única solución posible, evitándose que se intentara colgar el mencionado pasacalle.

Fue de esa manera, entre otras, como los perínclitos profesionales de la arquitectura criolla, cuyos diplomas les permitirían ser los escogidos para conducir la barca con experiencia de excelentes barquilleros, se dieron a la tarea, desde el mismo inicio de la gestión del improvisado personaje de emprender una campaña desestabilizadora, hasta lograr sus frustrados objetivos.

Quienes tan pronto empezaron a ver los primeros resultados quedaron atónitos. Por un lado, la piedra comenzaba a aflorar, cual Alcázar de Colón, dejando atrás los recubrimientos de las paredes de la mayoría de las edificaciones, y mis adversarios, atónitos, empezaran con sus eternas diatribas, formulando una absurda similitud entre el Arq. Del Monte Urraca y el Siglo XVI. Para estos, la piedra se acostumbraba usar en esa centuria, y los tiempos transcurridos habían hecho cambiar aquellas costumbres medievales por la que se iniciara a partir de finales del Siglo XIX. Pero yo al enterarme del “mote” decía, tranquilamente, y así continuaré siendo mientras esté al frente de la institución rectora, posición que me había ganado a base de talento y timbales.

Antes y después de restaurada la casa No. 9 de la calle Atarazana. Primera de las que sirvieron de comprobaciones para confirmar quien tenía la razón.

Pero resulto, entre otras cosas, que quien había llegado desde el exterior con otro documento que no era el tan mentado título, aunque daba la sensación de ser una mansa paloma había aprendido en tierras extrañas a sacar sus garras como un señor gavilán, que con la ayuda del maestro de la política dominicana, quien si entendió en lo que se había metido, sugirió, y fue acepado así, que los principales integrantes de la componenda fueran designados miembros de la Comisión “Ejecutiva” de Patrimonio Cultural, creada con ese disparatado calificativo por los que se fajaron a redactar las leyes y reglamentos que regirían el programa creado el 15 de junio de 1967, entre los que me encontraba yo. Y quienes como perfectos ejemplares de dominicanismo puro aceptaron complacidos, aunque ignoraran, o no captaran a tiempo, lo que les venía. Viéndose obligados a bajar la guardia en sus pretensiones.

Pero, como los mañosos si no logran hacer lo que pretenden a la entrada lo tratan de hacer a la salida, en una de las primeras reuniones de la comisión el Director de la OPC, y presidente de la misma, presentó varios proyectos que habían sido elaborados por su equipo para una vez consensuados presentarlos a la consideración del Presidente, algo que dejó pasmados a los miembros en cuestión. Una vez puestos de acuerdo entre ellos mismos, sugirieron que les entregáramos los proyectos para estudiarlos con más detenimiento.

Pasados los días sostuve una nueva audiencia con el Dr. Balaguer, y de la manera acostumbrada, hube de tratarle lo que estaba ocurriendo en el seno de la comisión, y al notar su molestia con lo que le decía sobre los tres proyectos me ordenó que los recabara de inmediato, y se los llevara. Ahí mismo se presentó el primer artercado de la supuesta guerra fría.

Así fue como en los próximos días le llevé los tres proyectos al Presidente, siendo estos aprobados de inmediato. Consistieron los mismos en la primera etapa del Sector de la Atarazana (calle Presidente González), cuyo nombre le fue cambiado al inaugurar los trabajos por el de calle Atarazana; la Fortaleza de San Felipe en Puerto Plata; y la Casa de Ponce de León en San Rafael de Yuma, Higuey. Proyectos que complacieron al presidente, y abrieron las compuertas a otros que, por cierto, nunca más fueron presentados a la consideración de la comisión por disposición del mandatario, contradiciendo lo ordenado por el reglamento. Y a partir de entonces esta quedara sin efecto. Fue así, como sin proponérmelo, me convertí en ley, batuta y constitución. Disponiendo, únicamente, del competente personal que me venía acompañando desde los mismos inicios del programa.

Calle Atarazana, antes y después.

Fortaleza San Felipe de Puerto Plata

Casa de Ponde de León, en San Rafael de Yuma, Higuey

A los pocos meses de aquella experiencia nos enteramos que el Dr. Balaguer les había concedido una contrata a los arquitectos Eugenio Pérez Montas y Manuel Valverde Podestá consistente en la restauración de la antigua edificación originalmente conocida como Casas Reales. De lo que nos fue posible enterarnos  una vez iniciados los trabajos. En este país se acostumbra a decir cuando suceden cosas como esta:”Cosas veredes, Compay”, o Sancho.

Siempre hemos entendido que al presidente de la República le asiste el derecho de otorgar contratas de obras del Estado a quien le parezca. Que no tuvo nada de malo el que se otorgaran a estos arquitectos, no solo esta, sino otras más. Lo objetable consistió en no comunicárselo a la agencia rectora del programa, tanto por parte del gobierno, como de los beneficiados de las contratas.

Reglamento No. 4195 sobre la Oficina de Patrimonio Cultural.

JOAQUIN BALAGUER Presidente de la República Dominicana.

Artículo 4.- A fin de que las actividades de la Oficina de Patrimonio Cultural se desenvuelvan dentro de un riguroso marco de responsabilidad técnica y que los intereses históricos y arqueológicos de los bienes patrimoniales cuya adecuada restauración y uso se persigue estén perfectamente garantizados, la Oficina de Patrimonio Cultural contará con un Comité de Honor y una Comisión Ejecutiva, integrados de la forma siguiente:

Artículo 8.- Las obras que se realizaren en los edificios declarados Monumentos Nacionales estarán siempre bajo la vigilancia de la Oficina de Patrimonio Cultural. Si ésta creyere que no se ejecutan con arreglos a lo acordado se procederá a suspenderlas.

DADA en Santo Domingo de Guzmán, Distrito Nacional, Capital de la República Dominicana, a los veinte días del mes de septiembre de mil novecientos sesenta y nueve años 126º de la Independencia y 107º de la Restauración.

JOAQUIN BALAGUER

Casas Reales, antes y después

Compuesto por dos edificaciones diferentes este monumento había sido objeto de sustanciales transformaciones, que lo desfiguraron por completo del original. Durante su restauración salió a relucir lo que fue. Piedra de sillería y mampostería dividen la fachada. Lo que es fácil advertir. Conservándose la cornisa decimonónica, que desdice de su diseño original.   

Como ya a la altura en que iba el partido me había “dado cuenta” de las jugadas políticas del Doctor, lo que hice fue enviar una comunicación a los arquitectos en la que les señalaba que de acuerdo al Reglamento No. 4195 era obligatorio presentar los proyectos a la consideración de la OPC. Lo que, finalmente, tuvieron que hacer. Y ocasionar otro altercado.

En una próxima ocasión me llamó el Ing. Bienvenido Martínez Brea, director de la Oficina Supervisora de Obras del Estado, para decirme que al día siguiente el presidente giraría una visita a la OPC, y que tuviera a mano lo relacionado con el proyecto del Hostal. Y así mismo sucedió a la mañana siguiente. Siendo conducido el Dr. Balaguer y sus acompañantes a la Plaza España, y frente al Alcázar nos detuvimos a conversar. A continuación hice traer el “rendering”, perspectiva de lo que sería el Hostal Nicolás de Ovando.

Después del presidente contemplar la imagen, y de habérsele explicado su contenido me dijo que le parecía muy bien, y que podía empezar. A lo que yo le repliqué, que no podía hacerlo en esos precisos momentos, pues las casas de Ovando estaban siendo ocupadas como depósito por los arquitectos que estaban trabajando en las Casas Reales. A esta aclaración el presidente pregunto por el Arq. Pérez Montas, que había visto hacía un momento. A seguidas el arquitecto se puso frente al presidente, y este le ordenó desalojar las casas, que el Arq. Del Monte iba a empezar la obra. A seguidas el Dr. Balaguer y su comitiva abandonaron el lugar después de despedirse de los presentes.

Hostal Nicolás de Ovando, antes y después. El Presidente Joaquin Balaguer autorizaza la obra.

Otra de las ocurrencias del presidente Balaguer consistió en haberles otorgado otra contrata a los mencionados arquitectos. Esta vez se trató de una pequeña casa del Siglo XVI, ubicada en la calle Pellerano Alfau, al lado de lo que sería el Palacio Arzobispal, y que sería facilitada a la Iglesia Católica. Una mañana realizaba un recorrido con el Dr. Ricardo Alegría, director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y al pasar por la citada calle me topé con que en dicha casa se estaba haciendo algo. Al reconocer que yo no sabía nada manifesté una de mis sonadas protestas, a lo que el Dr. Alegría expresó su sorpresa, pues entendía que el director de la OPC estaba supuesto a saber de los proyectos que se realizaban en la Ciudad Colonial. A su inquietud le respondí que debía recordar que no estábamos en Puerto Rico, y a continuación nos dirigimos al periódico El Caribe al que hice una denuncia. Al día siguiente salió publicada en primera página con gran titular: “Denuncias restauraciones clandestinas…”.

Pasado el tiempo, una mañana recibí una llamada telefónica del Lic. Andrés Hermida, encargado del protocolo de Palacio en la que me dijo que el presidente me ordenaba organizar la inauguración de los trabajos de la casa en cuestión. A lo que yo le dije, que esa obra no había sido realizada por la OPC. Y a seguidas me contestó, que él solamente me transmitía la orden, que por lo demás no tenía más que hacer. Y así fue como me vi envuelto en el “rebulú”, y sin pensarlo dos veces tuve que pronunciar las palabras inaugurales de lo que ni siquiera conocía. ¿ Sancho, te das cuenta?

Casa calle Pellerano Alfau. Inauguración de las obras.

Hago un paréntesis para decir lo que acababa de suceder en esta y otras ocasiones concerniente a las decisiones tomadas por el Presidente Balaguer con respecto a las notables diferencias entre los arquitectos Del Monte Y Pérez Montas. Por un lado, el jefe de estado necesitaba dejar bien claro quién era que mandaba. Lo que es una determinación sumamente política. Que quería decirme a mí que él respaldaba mis actuaciones. Y no era por contradecir a uno de sus seguidores, que no era mi caso. De lo que se trataba, según mi propio criterio, era de lo complacido que se sentía con mis actuaciones, y de las obras que había hecho, como había sido la restauración de una hilera de casas de la calle Atarazana. Por lo que debía preservarme para continuar lo que él entendía estaba bien hecho y a él le convenía al igual que a su gobierno.

Por el otro lado, al presidente no le interesaba crearse inconvenientes con ningún individuo, que aunque pertenecieran a parcelas políticas diferentes a la suya, entendía que se trataba de profesionales valiosos que luchaban por sus propios intereses. Y que convenía más tenerlos como colaboradores que como enmigos. Y de esa manera era como Joaquín Balaguer se manejaba, y pudo alzarse con el santo y la limosna cada vez que tenía que lidiar en casos conflictivos. Puedo estar equivocado en mi concepción de esta faceta del “monstruo político”, pero ese es mi criterio. Y el de mi querido amigo Víctor Vargas, quien me recalcaba a cada momento la expresión: “Manuel, la política es así”, que él sabía no me agradaba.

Con estas anécdotas pongo punto final, momentáneamente, con estas, y otras dilucidaciones. No obstante me despido por el momento.

 

 

 

    

 

 

 

1967

Ya con mi mente puesta en el regreso a la patria, me volví a reunir con Ricardo Alegría en el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Fui con el propósito de saludarlo y tratarle sobe los planes que tenía en mí mente. Pero resultó que él tenía, también, algo que decirme y aguardaba el momento oportuno para hacerlo. Con el interés acostumbrado entre los buenos amigos, tan escasos hoy día, me comentó lo sucedido en una reunión que había sostenido con unos arquitectos dominicanos, que habían venido a verlo para consultarle sobre un proyecto que venían esbozando con el propósito de que llegara a implementarse.

El Arq. Eugenio Pérez Montas y sus colaboradores le habían solicitado al Dr. Alegría una cita para recabar su opinión sobre el proyecto en cuestión. Resultó, que desde hacía algún tiempo venían ideando como rescatar la Ciudad Colonial de Santo Domingo, que después de transcurrida la revuelta cívica de 1965 había caído en el peor estado de conservación de su precaria existencia. Y que mejor podían encontrar de ejemplo que el Viejo San Juan, centro histórico de la capital de Puerto Rico, cuya responsabilidad era de Ricardo Alegría.

Y esos planes fueron los que, precisamente, me expuso el amigo Alegría. Al darle las gracias le dije que ya yo estaba enterado de lo que planeaban. Que al igual que él yo no estaba de acuerdo en que un proyecto de tal envergadura fuera conducido con el patrocinio de una multinacional extranjera, en este caso la empresa gasolinera Esso Standard Oil, S. A. Ltd. Lo que según decían sus promotores sería una contribución del sector privado al rescate de la Ciudad Colonial.

Estas fotos corresponden al proyecto calle Atarazana patrocinado por la ESSO. Nótese en el dibujo de abajo como algunas casas, incluyendo la de piedra, considerada por el Padre Vicente Rubio la primera casa de piedra de Santo Domingo, conservan el balcón corrido de principios del Siglo XX, que no se correspondían con las edificaciones del Siglo XVI. Algo similar a las del Viejo San Juan de Puerto Rico, que en su gran mayoría son de los siglos XVIII y XIX. Igualmente, fíjenese en la casa No.13, al extremos izquierdo del dibujo, que es de una planata y aparece de dos.

Estas fotos, incluyendo la de cómo se encontraban las casas, corresponden al proyecto calle Atarazana realizado por la Oficina de Patrimonio Cultural (1968). 

En diciembre de 1966 fui de vacaciones con mi familia a Santo Domingo. Estando en casa de mis padres vino a visitarme un viejo amigo de mi familia que deseaba saludarme, y preguntarme sobre mi interés en nuestro patrimonio histórico. El Dr. Eudoro Sánchez y Sánchez se había enterado por unos amigos de lo que yo les había dicho en el transcurso de una visita que habían efectuado a San Juan. Al yo comentarle de lo que se trataba él me ofreció llevarme donde el Dr. Joaquín Balaguer, a la sazón con solo cuatro meses como Presidente de la República. Y así fue como el entonces Secretario Administrativo de la Presidencia contribuyó para que el sueño que llevaba acariciando por tanto tiempo se acercara a la realidad.

Llegado el momento del encuentro con el presidente, a quien el Dr. Sánchez y Sánchez había puesto al tanto de quién era yo, y que le iba a tratar, fui recibido, muy gentilmente. Después de exponerle mis ideas, que le parecieron magníficas, me pidió que le trajera una idea concreta de lo que se trataba. Al salir del despacho presidencial tuve la percepción de que había entrado en un camino sin retorno. Que mi sueño se convertiría en realidad, no obstante los pasos que estaban dando los arquitectos del proyecto Esso.

Lo solicitado por el presidente Balaguer no me fue  nada complicado. Resulta que yo había trabajado en un proyecto de restauración de una casa colonial del Viejo San Juan, y lo que hice fue preparar una presentación apropiada para cumplir con lo solicitado.

Mientras completaba la presentación, y esperaba el momento oportuno para realizar un nuevo viaje a Santo Domingo, sin que este entorpeciera mis compromisos en Toro y Ferrer, me puse a revisar todo lo que pude relacionado con nuestro patrimonio histórico. Al igual que adquirir las obras que se habían publicado sobre el tema, como era el caso de Los Monumentos Arquitectónicos de La Española de Erwin Walter Palm, que obtuve en el economato de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en fecha 28 de diciembre de1966, cuando estuve de vacaciones. Con la mente puesta en lo que estaba tratando continuaba escribiendo artículos para la prensa de mi país. Con anterioridad había publicado un extenso artículo que resultó ser de casi página completa en el periódico El Caribe, de fecha 8 de enero de 1966. Justo un año antes de lo que me encontraba haciendo. Y como dije antes, siempre estaba muy atento, desde que se sucedieron aquellas premoniciones en Brooklyn, New York.

Finalmente, llegó el día tan esperado. Entré, nuevamente al país el 9 de febrero de 1967, y salí el día 14. Uno de esos días que permanecí en Santo Domingo fue el que fui a ver al presidente Balaguer para entregarle el proyecto que me había solicitado en diciembre recién pasado.

A propósito de acontecimientos que se sucedieron antes de la mentada cita, se produjeron varios encuentros con un viejo amigo y compañero de estudios universitarios, Arq. Vinicio Báez Berg, quien a la sazón ocupaba la posición de Secretario de la Liga Municipal Dominicana, y Presidente de la Comisión de Acción Inmediata, organismo creado por el gobierno del Dr. Balaguer para encargarlo de mejorar las condiciones en que se encontraba la ciudad capital después de los sucesos de 1965. Actividades estas que lo mantenían vinculado con la Embajada de la OEA en el país. Que fueron determinantes para solucionar el tema en el que estaba por introducirme.

Fue para mí, y para la causa que traía pendiente con el fin de favorecer el patrimonio histórico del país, la participación del Arq. Báez Berg y de la misión de la OEA, en cuyo seno se encontraba un norteamericano, Sr. George Turner,              determinante. Tanto estos dos funcionarios como el Embajador del organismo regional en Santo Domingo, Sr. Orlando Cuervo, asumieron la causa con el mismo entusiasmo y responsabilidad.

Llegado el momento de la audiencia me presente al despacho del Dr. Balaguer con mi proyecto debajo del brazo. El encuentro no pudo ser más cordial, además de lamentable. El presidente quedó totalmente convencido, y lo vio con prometedores resultados. Pero, no todo fueron rosas, ya que la respuesta definitiva fue la de posponer lo propuesto hasta tanto el gobierno tuviera los recursos económicos, que en esos momentos no disponía.

A mi salida del despacho presidencial me estaban esperando Báez y Turner para enterarse de cómo me había ido. Al yo desembucharles la noticia estos me dijeron que a continuación iban a ver al presidente, y que le tratarían la solución que tenían guardada en las mangas. Y que sería la de que la OEA se comprometía a cubrir la totalidad de los gastos de instalación de la nueva oficina, incluyendo la restauración de la casa donde se instalaría, y su equipamiento. Y así fue como nació la OFICINA DE PATRIMONIO CULTURAL (OPC).

Al día siguiente antes de regresar a Puerto Rico, volví a reunirme con los amigos de la OEA, quienes me comentaron lo ocurrido el día anterior, y advertido que me fuera preparando para el regreso, el que se efectuó el 25 de junio de 1967, pasados varios días de haber recibido una comunicación de Palacio en la se me informaba que había sido designado en el cargo de director de la OPC, con efectividad a la toma de posición.

La asunción del cargo de una nueva agencia estatal requería una experiencia que yo no tenía, y de la que solo saldría airoso con la ayuda de Dios, y de los amigos que me respaldaron para que pudiera llegar a donde me había propuesto. Un respaldo como el que me dio el Presidente Balague y todos los funcionarios que dependían de él, fue verdaderamente imprescindible para mantenerme firme en una posición que no solo representaba un gran reto, sino que debería mantenerme en guardia frente a los adversarios que jamás se conformarían con perder lo que buscaban, y que en lo adelante harían lo imposible por verme fracasar.

Pero desde el principio, a todo lo que me enfrentaba le dedicaba el tiempo, y el modesto talento que Dios me había dotado, además de la seguridad que siempre he puesto en mis acciones, y en los timbales que me proporcionaron la fortaleza que necesitaría para enfrentar las diversas situaciones.

El año 1967 fue un año de prueba al que debí enfrentarme a una diversidad de asuntos a los que nunca antes me había enfrentado. Desde buscar los colaboradores que necesitaría, tanto en el área de la arquitectura, como de secretaría, y personal de apoyo. De la primera y más importante sabía que no encontraría a ninguno con experiencia en conservación de monumentos. En el país no existía nadie que pudiera hacer lo que hacía falta. Los que lo habían hecho, mejor hubiera sido que no lo hicieran.

Antes de que iniciáramos “a lo que vivimos” el gobierno organizó una reunión a la que asistió el Presidente Balaguer, los Secretario Administrativo de la Presidencia, y de Obras Públicas, acompañado este del Director de Edificaciones de OP, el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, el Secretario de la Liga Municipal Dominicana, el Secretario sin Cartera, encargado de la Dirección General de Turismo, el Embajador de la OEA, acompañado de dos técnicos de la misión, y el recién nombrado de la Oficina de Patrimonio Cultural. En la reunión se trataron todos los temas relacionados con la nueva agencia oficial, incluyendo las leyes y reglamentos imprescindibles, de manera que todas las actividades estuvieran regidas por normas y principios de índole nacional e internacional.

De izquierda a derecha (De espaladas) Ing. Milton Ginebra, Director de Edificaciones de OP, y Angel Miolán, Director General de Turismo; Ing. Michel Lulo Gite, Secretario de Obras Públicas; (Cubierto) Orlando Cuervo, Embajador de la OEA. (De pie alrededor del Presidente Balaguer) George Turner (OEA); Arq. Vinicio Báez Berg, Secreario de la Liga Municipal. Del lado derecho, de derecha a izquierda, Dr. Vctor Gómez Verges, Canciller de la República; Arq. Del Monte Urraca, y Dr. José Lacret (OEA)

Una experiencia que no puedo dejar de comentar fue lo sucedido una mañana. Encontrándome reunido con el Arq. Báez Berg, único funcionario del gobierno al que conocía, además del Dr. Eudoro Sánchez, precisamente para que me recomendara un par de arquitectos y un dibujante. Al tratarle lo requerido hizo una pausa y a seguidas me dijo.”Manuel ahí afuera se encuentran dos jóvenes arquitectos buscando empleo, uno de los cuales es hijo de una señora amiga de mi mamá”. Se trataba de Teódulo Blanchard Paulino y un amigo, Orlando Vázquez, que a seguidas hizo pasar. Después de comunicarles de lo que se trataba quedamos en que se presentaran a casa de mis padres, donde tenía instalada una especie de oficina provisional, en lo que se produjera la definitiva.

Al volverme a encontrar con los dos jóvenes arquitectos conversamos, ampliamente del tema, y les advertí, que la tarea a la que nos enfrentaríamos, consistiría en algo que ni yo mismo me consideraba tan seguro. Que lo que tendríamos que hacer lo iríamos solucionando sobre la marcha. Con la ayuda de algunos expertos extranjeros, como el que llegó a venir al término de la reunión de Quito, en diciembre de ese mismo año (1967), que consistió en el Arq. José Manuel González Valcárcel, experimentado restaurador, encargado de la ciudad de Toledo. Y quien vino varias veces al país a darle seguimiento a lo que estábamos haciendo los dominicanos.

En cuanto al aspecto económico y financiero del nuevo programa dispusimos de un contable, que se ocuparía de manejar la cuenta de los recursos que fueron aportados por la OEA, y manteniendo informadas la autoridades gubernamentales correspondientes. Con esos recursos se resolvieron entre otros, los trabajos de restauración de la casa que ocuparíamos, la adquisición de equipos y mobiliarios, los sueldos del personal por un año, y gastos correspondientes.

Entre los primeros proyectos a los que nos enfrentamos fue la restauración de los daños causados al Alcázar de Colón por la guerra del 65´. Para su ejecución los trabajos fueron contratados con la oficina del Arq. Edgardo (Gay) Vega. No obstante fueron ejecutados por canteros de los que trabajaron con el Arq. Javier Barroso en la restauración del Alcázar (1955), dirigidos por Juan Fidelio Guzmán Ramos, quien igualmente había sido capataz de los obras del Palacio Virreinal.

Reunión en el despacho del Sr. Ángel Miolán, Director General de Turismo, en el que fue subscrito el contrato del Alcázar entre el Arq. Edgardo Vega y el Arq. Manuel E. Del Monte Urraca, Director de la OPC. Se encontraban presentes, de izquierda a derecha, el Dr. José Lacret, Orlando Cuervo, Embajador de la OEA, George Turner (de pie). A la derecha (semi oculto) el Arq. Vinicio Báez Berg.

Además de esta obra fue restaurada la casa contigua al Alcázar (Casa de los Aybar), en la que se instalaron las dependencias de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), y el nuevo Museo Virreinal, y acondicionadas las fachadas que dan frente al monumento.

La mejora y organización de la plaza frente al Alcázar y el estacionamiento, al igual que de los jardines laterales fueron objeto, igualmente, de una tratamiento provisional, en lo que poníamos en marcha el proyecto integral del Complejo Museográfico del Alcázar, del que formó parte el Museo Virreinal, con piezas museográficas del Palacio, que entendíamos, y seguimos entendiendo, no deberían formar parte de su ajuar.

Composición de un conjunto de piezas procedentes del Alazar de Colón, que según entendidos en muesografía no encajaban en el Palacio. 

Con ese conjunto de obras, además de la organización y puesta en marcha de la OPC, y nuestra asistencia a la reunión de la OEA en la ciudad de Quito, Ecuador, a finales de diciembre, en la que se redactaron las Normas de Quito, y la donación por parte de la OEA de un automóvil, cerramos los seis meses de actividades, y nos preparamos para abrir el año siguiente de 1968.

De esa manera se iniciaron los trabajos, y así mismo concluyeron, hasta que la cizaña se metió por el medio.

En esta foto recuerdo, y puedo distinguir algunos de los asistentes a la reunión. En el centro, el Presidente del Ecuador, Otto Arosemena, y Guillermo De Zéndegui, Director Adjunto del Departamento de Asuntos Culturales  de la OEA, y organizadordel evento, José Manuel Castillo Negrete (México), y José María Vargas (Colombia). De pie Hernan Crespo, (Ecuador) Carlos Flores Marini (México), Graciano Gasparini (Venezuela), José Manuel González Valcárcel (España), Manuel E. Del Monte Urraca (Rep. Dom.), Christopher Tunnard (EEUU) y al final de la fila, Renato Soeiro (Brasil).

Pero no todo estuvo circunscrito a la Ciudad Colonial. Durante los seis meses de actividades que se desarrollaron en el año 1967, fueron organizadas sendas visitas a los sitios arqueológicos prehispánicos. Una de estas se llevó a cabo a la provincia Dajabón, a la que asistieron, entre otros, Don Ángel Miolán, Director de Turismo, y el Dr. José Lacret en representación de la OEA y señora, acompañados por el Director de la OPC y señora.

Aprovechando el viaje a la región fronteriza del norte, se efectuó una visita a la casa de Máximo Gómez en Montecristi, cuyo proyecto de restauración había sido iniciado, cuyo financiamiento fue aportado por la comunidad de cubanos residentes en nuestro país.

Para concluir con el año 1967, de tan vital importancia para el patrimonio cultural dominicano, la OPC se adhirió a las inquietudes de la Dirección de Trismo, el Secretariado Administrativo de la Presidencia, y del Banco Central de la República, presentando una ponencia.

Hasta aquí el recuento de lo ocurrido entre 1966 y 1967, relacionado con la creación y puesta en marcha de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), cuya continuación no me propongo desarrollar en estos momentos. No obstante haré algunos comentarios ad hoc.

 

 

1960 – 1967

Lo que van a leer a continuación no es un capítulo de una biografía, ni el ensayo para una novela historicista. No. Se trata de algo que tenía guardado en mi pecho, desde hace tiempo, con el propósito de expresar en pocas palabras quien me considero ser, y no lo que otros piensen. Al menos en un aspecto poco conocido de mí, que algunos, o muchos de mis conciudadanos, se han atrevido a juzgarme según sus propios criterios y experiencias. Conceptos que dependen de quien sea, y, o, por motivos de cual haya sido su relación con migo. Si familiar, social o profesional.

Veamos.     

Transcurrió el tiempo, vertiginosamente, a partir del 15 de octubre de 1960, día en el que me vi forzado a abandonar mi país con rumbo a New York. Debí hacerlo cuatro meses después de ser excarcelado del penal de La Victoria. Tema del que no me apetece volver a hablar más, después de esta lucubración, mientras vida tenga. Fue de esa manera como a partir de esa fecha me vi forzado a vivir  expulsado de mi patria por culpa de unos insignificantes chivatos, que organizados en el funesto Sistema de Información Nacional (SIN) se otorgaron las decisiones de manejar las relaciones del gobierno con la ciudadanía, en algunos casos sin que la más alta jerarquía gubernamental estuviera informada. Tiempo, que se tornaría indefinido, en el que se suscitaron tantas arbitrariedades, que hoy cincuenta y siete años después, disfrutando de buena salud, y una vida apacible y cargada de recuerdos me han entrado ganas de desentilichar algunos para complacer o poner a pensar a algunos.

No fue nada fácil para quienes me conocían admitir que por el simple hecho de decir “ese cargo se lo darán a quien diga Chapita”, cambiado por la fiscalía por el de haber estado escuchando Radio Rebelde de Cuba, fui encarcelado y excarcelado seis meses después. Sin que ni siquiera se tomara en consideración mi estrecha amistad con la hija del Dictador. Amistad que conservo todavía.

No llegaron a transcurrir cuatro meses para que me fuera concedido el permiso de salida del país. Gracias a un amigo que había estado preso junto con migo que fue quien llevó mi solicitud al Gobernador del Distrito junto a la de él. Con el permiso en mis manos me dirigí a la Dirección de Pasaporte, y de ahí al Consulado norteamericano. Ya, con toda mi documentación en mi poder me dirigí a la aerolínea Varig para adquirir el pasaje para viajar a New York. Y en términos de 24 horas me encontraba en el aeropuerto de Santo Domingo para tomar el vuelo.

A mí llegada a la ciudad de los rascacielos, a media noche del mismo día, fui recibido por Diamela Werzl Del Monte y Viola Selig Del Monte, dos primas hermanas que residían en Midtown Manhattan con quien nos dirigimos al edificio donde vivía mi tía Josefa Del Monte. Llegamos a nuestro destino, cargado de regalos y productos, que tiempo después no serían posible introducir a los EEUU.

Antes de subir al séptimo piso en el que vivían mis parientas abrieron la puerta de uno de los dos apartamentos de la planta baja, donde residía la familia Guerreo Castro, ansiosos por enterarse de las últimas noticias. Siendo tal la alegría y el entusiasmo del grupete reunido allí, que fue necesario llamar a la tía para que se integrara al encuentro, que duró hasta altas horas de la madrugada.

Consciente de que había llegado a una ciudad que soñaba conocer desde que tuve uso de razón me acosté sin haber visto más que por donde pasábamos, desde La Guardia, que era como se llamaba el aeropuerto de New York, hasta la calle 108 entre las avenidas Broadway y Amsterdam de Manhattan. Que no fue mucho, dada la oscuridad de la noche.

No pasaron más de tres días cuando mi prima Diamela me acompañó a sacar el carnet del Social Security, para lo que no hacía falta ser residente legal, y a seguidas fuimos hasta Brooklyn, donde según un anuncio de periódico se solicitaba un draftman (dibujante) en una compañía de arquitectos. Una vez llegamos a Borough Hall, frente al City Hall, donde se encontraba el edificio de Court Street 22, nos dispusimos a subir a la planta 22, que era donde se encontraban las oficinas de Beatty & Berlenbach Architects.

Acomodados en el despacho del Arq. George Eduard Beatty, FAIA, fui atendido por este. Terminada la entrevista, haciendo uso de mi precario inglés, fui aceptado, y contratado según los términos dispuestos para el caso. Me es imposible ocultar la emoción que sentí en lo más profundo de mi alma, al verme integrando a unas oficinas en las que la totalidad de sus componentes, si no me doblaban la edad, al menos me llevaban unos cuantos años, y que tan gentilmente me recibieron todos, desde la secretaria hasta el más joven de los arquitectos, que al ser descendiente de italianos pudimos entenderno mejor.

Al día siguiente, sentado frente a la mesa que me había sido asignada, junto al ventanal corrido que bordeaba tres de los lados del amplio salón, atraían mi atención los trabajos de restauración del City Hall, dependencia antigua de la  alcaldía del Condado de Brooklyn que se encontraba en deplorables condiciones. Y fue en esos precisos momentos en los que sentí el primer llamado que determinaría mi futuro como arquitecto restaurador de monumentos. Y desde cuando se fijó en mi turbada mente el deseo de rescatar el patrimonio histórico de mi país, entonces en precarias condiciones.

Fotografía de la Alcaldía de Brooklyn (1848) a cuyo lado derecho se encuentra el edificio en cuyo penthouse se encontraban las oficinas de Beatty & Berlenbach.

Otra de las experiencias que contribuyeron a forjar en mi espíritu la ambición de convertirme en conservador de monumentos con o sin título fue mi último trabajo para la empresa, en la que llevaba alrededor de cinco años, consistente en la responsabilidad que se puso sobre mis hombros de hacerme cargo, conjuntamente con otro compañero, de los trabajos de levantamiento de un antiguo hospital que había dirigido la Santa Madre Cabrini, y diseño del nuevo uso que sería un edificio de apartamentos en la modalidad de cooperativa, en boga en aquellos tiempos en el Estado de New York.

Mother Cabrini Memorial Hospital ubicado en Washington Hight, New York

Sin detenerme ni siquiera a pensarlo, me había envuelto en un proyecto de restauración y revalorización de una estructura histórica, que si bien no era tan antigua como las del Santo Domingo Colonial, reunía la condición de haber sido la sede del hospital que fundara y dirigiera la primera santa norteamericana.

Al ir pasando los días, las semanas, y los meses, me fui percatando de cuantos detalles me fueran necesarios para poder integrarme de cuerpo y alma, no solo a la empresa en la que estaba trabajando, sino a la gente de la ciudad y el país que me habían acogido, a quienes veía muy dispuestos a ofrecerme lo que fuera necesario para hacerme sentir parte de ellos. Lo que siempre he agradecido a Dios por permitirme obtener una formación que de no haber sido así, nunca hubiera llegado a ser lo que soy, ni realizado lo que he hecho. No obstante haber permanecido fiel a mis costumbres y enseñanzas impartidas por mis padres, y los hermanos del Colegio Dominicano de La Salle.

Junto a mis compañeros del Colegio de La Salle

No había transcurrido mucho tiempo de estar prestando servicios a la empresa cuando el Arq. Beatty, con quien trabajaba de cerca, me sugirió que debía terminar mis estudios de arquitectura en la Universidad de Columbia, para lo cual me ofreció su colaboración. A continuación le solicité al Arq. Teófilo Carbonell (Teofilito para mí), que fue uno de mis profesores en la Universidad de Santo Domingo, además de gran amigo de mi familia, mi record en la facultad de ingeniería, que era como se llamaba entonces.

Mientras esperaba el documento solicitado el Arq. Beatty le dirigió una comunicación al Decano de la facultad de Arquitectura de la Universidad newyorkina,  Kenneth A. Smith, que por su importancia incluyo aquí.

El próximo paso consistió en solicitar una beca al gobierno dominicano, presidido por Donald Reid Cabral, la que me fue concedida con los recursos necesarios para inscribirme en calidad de part time. Teniendo mi documentación en orden, le fue solicitada una cita al decano Smith, con quien tuve el encuentro solicitado.

Aceptada mi solicitud fui informado de los pasos a seguir, consistentes en tomar clases nocturnas, y los sábados. Pasos que pude cumplir estrictamente. Cumplidos varios semestres recibí la noticia de lo acontecido en abril de 1965, y poco después la cancelación de la beca. Lo que significó para mí, y mi padrino no muy buenas noticias, en cuanto a mi futuro en la empresa y mi estadía en New York.

Con esta situación quedaba imposibilitado mi deseo de terminar la carrera de arquitecto, no así mis posibilidades de ejercerla, y obtener el triunfo que el destino me tenía reservado. Si Le Corbusier, padre de la arquitectura moderna, le ocurrió algo parecido, por qué a mí, definitivamente sin el menor asomo de compararme con aquel genio, no podía pasarme algo inesperado.

Mientras trascurría el tiempo laborando en la misma empresa aprovechaba la hora del lunch, uno que otro día, para dar vueltas por Brooklyn Heights, barriada que During the 1800’s, New York and Brooklyn boomed and many of New York’s wealthiest investors settled in Brooklyn Heights.durante los 1800’s, Nueva York y Brooklyn prosperaron y muchos de los inversionistas más ricos de Nueva York se establecieron en ese lugar, vecino de donde me encontraba trabajando, que por haber sido la más antigua se había puesto de moda entre las personas que aspiraban a disfrutar de una de sus casas para restaurarlas y convertirlas en sus viviendas. Visitas que contribuyeron a continuar afianzando en mi espíritu el sueño que tenía de convertirme en restaurador de monumentos y sitios. Y lo que puse en práctica restaurando mi primera casa colonial. Que llegara a convertirse en la primera desde que se iniciara el proyecto de la Ciudad Colonial. Confirmando lo que se dice. “Practica lo que predicas”.

  

Promenade (Paseo costero) de Brooklyn Heigh, hermoso lugar junto al río Harlem

Mis asuntos profesionales y de trabajo se desarrollaban con normalidad. Por otro lado había contraído matrimonio y me había convertido en padre de una hermosa niña que llamamos Carolina María. No pasó mucho tiempo, y no obstante lo agradable que transcurría la vida para nosotros tres, aposentados en un simpático apartamento ubicado en Laurel Hill Terrace, calle ubicada en una simpática barriada del alto Manhattan que bordea el Harlem River Drive, y de nuestro vecindario, y vecinos, tomamos la decisión de acercarnos a la patria, a la que no procedía regresar, todavía, dadas las condiciones en que permanecía como consecuencia de la Revolución del 65´.

  

Urania y Manuel con su hija Carolina María de siete meses frente al edificio de apartamentos donde vivíamos, en Laurel Hill Terrace, especie de malecon que bordea el rio Harlem. Soportando el crudo invierno, principal motivo de nuestra ida de New York.

Así fue como el acercamiento al lar nativo, por un lado, y el alejamiento del que nos había proporcionado tanta satisfacción y alegría se produjo otro milagro. Viajar con lo que habíamos podido acumular, incluyendo nuestro carro, a San Juan de Puerto Rico. Pero como cada cosa tiene sus bemoles, y el principal de estos para nosotros era nuestro sostenimiento, fui primero a la Isla del Encanto a buscar trabajo. Uno que se pareciera al que tenía, y en el que me había ido tan bien.

La mañana siguiente a mi llegada a San Juan me dirigí a Santurce, donde se encontraban las oficinas de Toro Ferrer, Arquitectos, cuyas referencias eran excelentes. Habían sido los responsables de diseñar, entre otras obras, los hoteles Caribe Hilton, la Concha, y el Banco Popular. Una vez en compañía del Arq. Osvaldo Toro, una de las dos cabezas de la empresa, no tuve muchas cosas que decir. Fui contratado, e iniciaría mi compromiso tan pronto regresara a la Isla.

Casi tres años laborando para tan reconocida empresa fueron suficientes para volver a arreglar los bártulos de regreso a Santo Domingo. Pero, no puedo despedirme tan rápido de la que fuera uno de los exitosos eslabones de una cadena interminable, que todavía hoy (2017) no es capaz de cerrarse.

Durante el corto lapso de tres años mis modestos servicios a la empresa llegaron a ser suficientes para darme a querer por Osvaldo Toro, Miguel Ferrer, y todo el staff de la empresa. Siendo una de las muestras para ello el haberme dado la oportunidad de participar en el diseño del hotel Curazao Hilton, así como acompañar al Arq. Toro a Santo Domingo, con el fin de visitar el hotel Jaragua, que tiraba los últimos cartuchasos de su larga y exitosa existencia. El propósito de la visita era explorar las posibilidades de efectuar una remodelación para uno de sus principales clientes, la cadena hotelera Hilton. Lamentablemente, la decisión fue la de descartar la idea, y proponer la de levantar una nueva estructura dotada de lo más moderno de la hotelería.

Otro de los logros que obtuve durante mi permanencia en Puerto Rico fue mi contacto con el Viejo San Juan, que daba sus primeros pasos para su restauración integral, que estuvieron a cargo del Instituto de Cultura Puertorriqueña, con cuyo director Don Ricardo Alegría llegara a establecer una estrecha amistad. Y de cuyos contactos terminaron por inoculárseme el virus que me había contagiado durante mi permanencia en Brooklyn, New York.

Pero antes de partir de regreso a la patria, tuve la dicha de que Dio nos regalara un hijo varón, a quien le dimos mis dos nombres. Y a quien preparamos para viajar a Santo Domingo.

 

Continuará.

 

 

 

 

 

 

DE MI INTERÉS, ESPERANDO QUE TUYO, TAMBIEN

En esta oportunidad me voy a tomar un descanso. Y para sustituir mi lucubración semanal voy a dejarles algo muy interesante. Se trata del Padre de la Arquitectura Moderna, Charles Édouard Jenneret-Gris, más conocido como Le Corbusier. Y la única obra que diseñara, aunque no la construyera, en Sur América. Se trata de la  Casa Curuchet, erigida en la ciudad de La Plata, Argentina.

Aquí encontrarás tres links contentivos de la obra de Le Corbusier. Ábrelos y verás.

Si no eres arquitecto, o algo pardecido, no os preocupeis. Es como si no fueras artista y te enfrentas a un Miguel Angel. ¿Que tendrías que hacer? Pues extraer lo mejor de tu cerebro y ponerlo al servicio de la obra.

A partir de este sábado, día 5 de agosto de 2017, publicaré mis lucubraciones cada otra semana. De manera que, hasta el 19 de agosto, si Dios lo permite.

casacurutchet.net

edificio

casacurutchet.net

 

 

EL ART DÉCO Y EL RACIONALISMO EN BUENOS AIRES

No podría cerrar el capítulo dedicado a las arquitecturas, que desde la griega, pasando por la romana, y obviando las inmediatamente subsiguientes, desemboqué en el Modernismo con el Art Nouveau a la cabeza. Utilizando los servicios del Internet, y en algunos casos mi propio archivo, recorrí parte de Europa, Asia, y América, de las que seleccioné sus capitales. Concluyendo en el Caribe insular con Santo Domingo y La Habana.

Pero resulta que mis asiduos viajes a la Argentina sirvieron para que le dedicara especial atención a su capital, Buenos Aires. Como en aquel entonces, todavía conservaba las energías necesarias para recorrer sus interminables avenidas, sus barriadas, y sus plazas, sin que las dolamas se interpusieran para que lograra extasiarme con su contenido arquitectónico, me sirvió para que me familiarizara con el mismo, y determinara lo importante que fueron los estilos Art Nouveau, Art Déco, y Racionalismo, que se encuentran en casi toda la ciudad.

En uno de mis últimos viajes adquirí un libro titulado “BUENOS AIRES ART DÉCO Y RACIONALISMO”, publicado por la misma editora del que fuera dedicado al Art Nouveau, que mencionara en mi lucubración dedicada a ese estilo. Y cuya lectura de ambos contribuyera a que me empapara de lo que me estoy refiriendo.

Portada del libro mostrando el vestíbulo del cine teatro Ópera, en la Ave. Corrientes de Buenos Aires, (1936).

Tal y como he leído en cada uno de los trabajos que me han servido de comodín para poder expresar lo que he querido, sin que yo tuviera los conocimientos necesarios para hacerlo por mi cuenta, el movimiento Art Déco se expandió rápidamente por América como lo había hecho por Europa, Asia y África.

A continuación unos cuantos párrafos de un interesante trabajo que encontré en el Internet. Y cuyas explicaciones podrán servir para que el lector pueda familiarizarse más con el tema.

“En Bueno Aires el Art Déco, un estilo que marcó un antes y un después en diseño y ornamentación de su arquitectura, vino con los inmigrantes de las colectividades que arribaron a principios del siglo XX. Por otro lado, el clasicismo y el academicismo eran muy fuertes. Cuando en el ´20 se plantea la renovación de la ciudad, de la que Le Corbusier tratara, infructuosamente, de diseñar, se hallan los argumentos necesarios para desechar las formas anteriores y se adopta lo nuevo.

En el Palacio Errázuriz, actual Museo Nacional de Arte Decorativo, se da el primer hito del Art Déco porteño que es el Salón Sert en 1919. Hacia 1921, el trabajo está concluido y Buenos Aires ya mostraba un exponente del arte decorativo.

 

El arquitecto Alejandro Virasoro, que diseña y produce con su empresa  constructora desde petit hotels, edificios de renta, e institucionales, como el Banco Hogar Argentino, la Casa del Teatro, o la Fraternidad de los Ferroviarios, es el realizador de edificios significativos, de diseño cuidado y refinado, con una base de composición volumétrica académica pero incluyendo todos los motivos del lenguaje del Art Déco: recuadros, zigzags en molduras y perfiles, herrería con dibujos geométricos.

     

Como Virasoro, entre  los arquitectos y constructores de la ciudad y del interior se destaca la obra del Ing. Salamone, se utilizaron  las sobrias líneas del Déco y las yuxtapusieron a variables arquitectónicas ya consolidadas. Hasta las casas chorizo con  revoque símil piedra exhibieron paneles decorativos con flores fosilizadas, triángulos con arcos y otras formas geométricas. El Art Déco, se hizo  popular.

Arquitectos como Sánchez-Lagos-de la Torre utilizaban en sus edificios el gótico, el Tudor y el Art Déco. Pero en 1934: el edificio Kavanagh fue la obra cumbre, resumiendo  la fusión del academicismo, el Déco y el Racionalismo. En el Art Déco argentino, no hay ejemplos netos, siempre hubo alguna fusión.

En Buenos Aires  numerosos ejemplares eligieron el Art Decó como medio de propaganda masiva. Buena cantidad de teatros y cines  se construyeron según sus parámetros, el Teatro Opera fue el máximo exponente.

 

  

   Balvanera Teatro Empire

Tal como he leído en cada uno de los trabajos que me han servido de comodín para poder expresar lo que he querido, sin que yo pudiera hacerlo todo por mi cuenta, el movimiento Art Déco se expandió rápidamente por América como lo había hecho por Europa, Asia y África.

Buenos Aires produjo con el Art Déco obras como las de Sánchez-Lagos-de la Torre de la escuela norteamericana. Con influencia de la arquitectura egipcia está el edificio Shell.”

 

Edificio Shell Buenos Aires.        

Como no podía ser de otra manera, el Art Déco se cuela además en edificios comerciales e industriales. Desde los pequeños frentes de boutiques y sus vidrieras diurnas y nocturnas, pasando por los hoteles como el “deco gótico” o los garajes -establecimientos de hormigón para autos-, hasta los mercados que tienen su apoteosis en el del Abasto, en una inédita síntesis greco-gótica. Cuando se inauguró esta catedral abastecedora su apariencia era religiosa y su espacio interior, casi místico.

El Abasto. 

El Art Déco se eleva a la altura de una superproducción multiestelar en el cine-teatro Ópera, construido en apenas ocho meses e inaugurado en 1936. Obra cumbre del gran arquitecto de los cines, el belga Albert Bourdon, fue la gema de la red de salas de Clemente Lococo (empresario cinematográfico y teatral que nació en Catanzaro, Calabria, Italia en 1893 y falleció en 1980 en Buenos Aires, Argentina), un verdadero “palacio de ensueño” que emulaba en fachada, foyer, y sala, al Cine Rex de París.

La imagen de la fachada evoca un palacio henchido, coronado por una tiara y engalanado con frisos brillantes como alhajas, y por debajo una inquietante marquesina. Este reluciente hall -con revestimientos abstractos, construcciones lumínicas y escaleras sobreactuadas- busca prologar las ensoñaciones de la sala, que cuenta con laterales tratados como variados paisajes arquitectónicos de estilo kitsch y consistencia escenográfica. El cielorraso que simula una gran vía láctea funciona como incitación a evadirse evocando el firmamento de las estrellas del cine. Estupendo ejemplo de Art Déco tardío, el eje París-Nueva York-Hollywood es la fórmula de referencia. Su exterior y los espacios principales participan de un juego formal y cromático muy efectista, al modo de un afiche tridimensional.

Estos efectos se potencian por el contrapunto que ofrece la sobria imagen del desafiante Gran Rex, inaugurado al año siguiente (1937), que comparte con el Ópera el privilegio de ser las máximas reliquias arquitectónicas nacionales de la edad dorada del cine. (Últimos párrafos de Fabio Grementieri para La Nación)

 

De Buenos Aires y del Art Déco podría pasarme más del tiempo previsto. Se, que París, Chicago, Nueva York, y otras ciudades europeas, es posible que se le adelantaran, pero aún así, quien las conoce puede decir, que a Buenos Aires hay que sacarle su comida aparte. Para los que piensan que estoy exagerando, aquí presento más imágenes, en las que aparecen algunas edificaciones dentro de su propio entorno, y un link que le llamará, poderosamente, la atención.

Cementerio de La Recoleta

De haberse llevado a cabo este desarrollo Buenos Aires hubiera dejado de ser lo que es.

Cuando termine de ver el link, si le interesa convencerse más continúe viendo los videos que se encuentran cuando este concluye.

https://www.youtube.com/watch?v=-StwLDk0HMM

Racionalismo: la utopía del progreso

Pasada la euforia del Art Déco, un estilo nuevo llega a Buenos Aires para depurar los excesos del eclecticismo y proponer una nueva modernidad funcional y minimalista, pero también evocadora de las tradiciones de una autenticidad. Por la época de finales de la Primera Guerra Mundial Buenos Aires venía bailando un desaforado eclecticismo hecho de innumerables ritmos europeos que ya combinaba con otros americanos para lograr un “tango arquitectónico” propio, salpicado por cortes y quebradas Art Déco. Justo antes de terminar la fiesta radical de los años veinte se presenta al baile de disfraces arquitectónico porteño una obra que hace escándalo. Desnuda como Josephine Baker en el escenario del teatro Astral. La casa de Victoria Ocampo en Palermo Chico es la declaración de una nueva y auténtica modernidad que se llamará “Racionalismo”. Y a ese futuro templo del Grupo Sur lo bendice de cuerpo presente nada menos que Le Corbusier, a pesar de que fuera diseñado y construido por un gran sacrílego como el clasicista Alejandro Bustillo. (Fabio Grementieri)

“La historia del Tabarís se cuenta a partir del champagne, cierto toque bacán, mucho cajetilla viendo a las coristas de la época, sugestivas piernas con media de encaje, humos de cigarrillos en el ambiente, cortinas que disimuladamente se cierran y tango, mucho tango del mejor. Con Troilo. Con Pugliese. Con la Merello. Y Josephine Baker en el escenario. Y Orson Welles, el Mono Gatica, y el periodista Manucho Mujica Láinez, asomándose de un palco para ver a los mejores números que venían de París.”Josephine Baker en compañía del General Perón y otros caballeros.

La Casa Curutchet es una vivienda unifamiliar diseñada por el arquitecto suizo Le Corbusier y construida en la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, entre los años 1949 y 1953. Después de varios fracasos intentando construir una obra en América del Sur, Le Corbusier estableció una fuerte relación con los profesionales latinoamericanos y mantuvo correspondencia regular con el argentino Amancio Williams, a quién le encargó inicialmente la construcción de la casa Curutchet. En 2016, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sobre este proyecto dediqué una de mis lucubraciones en fecha 12 de junio de 2014.

La Casa Cruchet en Palermo.

  

Vivien Leight e Indira Gandi en compañía de Victoria Ocampo

https://manueldelmonte.wordpress.com/2014/06/12/le-corbusier/

La arquitectura racionalista se caracteriza por la desornamentación decorativa, la sinceridad de los materiales, y los volúmenes de geometría perfecta, cubos y prismas cuadrangulares. El racionalismo no pretende limitarse a construir edificios; es toda una nueva concepción de la ciudad como centro urbano, mercado y lugar de habitación. Sobre la primera hipótesis podemos decir que se cumple, ya que el arquitecto Alejandro Bustillo realizó la obra por un capricho de Victoria Ocampo y en contra de sus propias convicciones, es decir del estilo clasicista. El proyecto se efectuó con las características que Le Corbusier venía desarrollando hasta el momento, pero con un equilibrio entre tradición y modernidad”.

El edificio del A.C.A, ícono de la arquitectura racionalista enBuenos Aires

Aunque el plan perteneció al ingeniero Antonio Vilar, la obra fue realizada en conjunto con los arquitectos racionalistas del momento, y fue ejemplo de lo que se denominó en la época “nuevo monumentalismo”. La obra, ubicada en el barrio de La Recoleta, Buenos Aires, fue construida en 1942 como punto cumbre de un proyecto integral de la institución cuyas huellas aún perduran: el encuentro de nombres de fuste dentro de ese salón de la fama imaginario de arquitectos e ingenieros que embellecieron calles y avenidas porteñas.

Si eres arquitecto, o amante de la arquitectura moderna, o verdaderamente te interesa conocer más de los estilos Art Déco y Racionalista en Buenos Aires entra al link que aparece a continuación.

https://es.wikipedia.org/wiki/Categor%C3%ADa:Arquitectura_racionalista_en_Argentina

El Racionalismo también propone rascacielos de trabajo como el Comega y el Safico. Primeros en su tipo, son fruto de especiales condiciones de inversión, de aprovechamiento del terreno y de los códigos de edificación. Son también el resultado de la aplicación de moderna tecnología para uso flexible según las oscilaciones del inestable mercado de inicios de los años treinta.

 

 

 

 

 

EL ART DÉCO EN LAS ANTILLAS MAYORES (III)

Concluido un breve repaso internacional del Art Déco (1920-1939); hasta 1954 en algunos países, estilo que sobrepasó el de su antecesor Art Nouveau, producto de la paz renaciente, y el bienestar surgido de la post guerra del 14´, he querido dar una oportunidad a su establecimiento y desarrollo en las Antillas Mayores, de las que Cuba fue su máximo exponente en todo el área. Seguida algo lejano por la República Dominicana.

En esta oportunidad intentaré demostrar lo que he venido enunciando desde hace tiempo, consistente en la gran diferencia en muchos aspectos entre ambas naciones. Diferencias que se pueden advertir con facilidad en las edificaciones levantadas en sus respectivas capitales a partir de los inicios del Siglo XX. Y qué mejor que plasmando en imágenes algunos de los ejemplares que se edificaron a partir de entonces, acompañadas de breves comentarios de las mismas.

Como consecuencia de sus respectivas historias coloniales, al igual que de los inicios de sus períodos republicanos, así como de una Cuba de mayor tamaño y población, a la que llegara una impresionante inmigración europea, principalmente española, abundante en profesionales de la ingeniería y la arquitectura, dotados de los últimos adelantos en la materia, y que contribuyera a la formación de profesionales cubanos. Versus una nación que llevaba más de medio siglo dando tumbos de independencia, sumida en una constante descomposición social, política, y económica, y compuesta por las mismas personas que la habitaban, con el agravante de una constante invasión de sus vecinos del Oeste, considerados los más pobre y atrasados de América, y de una inmigración de ciudadanos (cocolos) procedentes de las Antillas Menores. Es ahí donde está contenida la mayor parte de la diferencia de una a la otra.

EL ART DÉCO EN SANT DOMINGO

Algo que siempre me ha llamado la atención de lo sucedido en mí país ha sido el hecho de que un grupo de dominicanos fuera a estudiar ingeniería y arquitectura, o a perfeccionarse, en universidades europeas, sin que los conocimientos adquiridos llegaran a plasmarse en las obras ejecutadas. Y sin que los recursos económicos y materiales empleados en estas fueran óbice para que se pudiera hacer algo mejor. Ya que en cada país los diseñadores y constructores de edificaciones han aprovechado los insumos con los que han contado para desarrollar verdaderas obras de arte.

Algunos de mis lectores dirán que yo estoy subestimando a los valores criollos, y a sus obras. A lo que yo les respondo diciendo, que cada cual tiene sus propios conceptos de la vida, y de los aconteceres de la misma. Y que esos son los míos. Aprovecharé algunas ilustraciones para señalar lo que he querido expresar.

Lo que pretendo puntualizar, con respecto al Art Déco, al igual que lo fuera con el Art Nouveau, es lo escaso y mediocre de la producción dominicana, exceptuando algunos ejemplares, frente a lo abundante y notable de la cubana. Más adelante encontrarán algunos ejemplos de ambos.

Deseo hacer constar, que la comparación que estoy haciendo no es con países más desarrollados que el nuestro, como podía ser el caso de Argentina o México, por ejemplo. Sino con uno de similares características, y cuya independencia se produjera más de cincuenta años después de la nuestra.

Uno de los arquitectos dominicanos que merece la pena recordar, y que no ha sido objeto analítico de su obra es Humberto Ruiz Castillo, quien nació en las Matas de Farfán, Municipio de la Provincia de San Juan de la Maguana, y estudió arquitectura en Bélgica. Y quien nos asombró con sus cátedras de geometría analítica en la Universidad. Su obra consistió, mayoritariamente, en la construcción de residencias particulares, y una que otra de índole civil y religiosa. Siendo la más conocida la Iglesia de San Juan Bosco en Santo Domingo, que tiende a ser una muestra de Art Déco muy simple, tanto exterior como interiormente. Otra obra en la que colaboró fue el Alma Mater de la Universidad de Santo Domingo, que llegara a ser conocida como la gallera.

  

En uno de estos apartamentos, desfigurados como casi todo lo antiguo en nuestro país, vivió su diseñador y constructor Ruiz Castillo con su familia. Al que yo acudía a visitar a su hijo, Félix Ruiz, mi vecino y compañero lasallista,

Otras obras de las que se conservan en Santo Domingo de la época en que se desarrolló un tardío Art Déco son:

  

El Edificio Saviñón (Octavio y Gloria Iglesias Molina), obra que puede ser catalogada como el mejor ejemplar del Art Déco dominicano. Seguida por la Casa Plavime (Leo Pou), ambas situadas en la calle El Conde de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, cuya fachada es digna de admiración, no así sus interiores.

Banco de Reservas de la República Dominicana, obra construida en 1955 por Alexander Aeron. Es un gran volumen coronado por una cornisa de estrías curvas de marcado sentido Art Déco. Una fachada simétrica enfatiza el centro con portal monumental. Los interiores son de excepcional calidad espacial y estilística Déco, y se encuentran aun intactos.

Además de estas edificaciones existen unas cuantas casas particulares, que no obstante su relativa importancia no he querido dejar de incluir. Así como otras ya desaparecidas.

 

 

No quiero terminar con el tema del Art Déco en Santo Domingo sin dejar bien claro que mi concepto, relativamente poco importante del mismo, estubo basado en las condiciones políticas, económicas y sociales por las que atravesaba nuestro país durante las primeras décadas del pasado Siglo XX. Y lo que he llegado a sostener, comparativamente, es posible que se deba a mis vivencias por varios países de Europa y América. No en libros ni revistas dedicadas al tema. Algunos de los correspondientes a este último período me han dejado pensativo y, despojándome del patrioterismo que nada tiene que ver con la realidad de lo ocurrido, me ha permitido comunicarlo, responsablemente, como lo que he estado expresando en mi Página Web, y en colaboraciones en distintos medios.

En el link que aparece a continuación se puede hacer un repaso de los períodos arquitectónicos que ha vivido la ciudad de Santo Domingo. La historia de cada uno de los ejemplares mostrados ha sido mencionada por diferentes arquitectos y periodistas. Yo, por mi parte no he pretendido entrar en esos detalles.

https://manueldelmonte.wordpress.com/2015/10/18/indicativo-de-la-riqueza-o-pobreza-de-un-pais-y-ii/

EL ART DÉCO EN LA HABANA

Libertada a principios del Siglo XX (20 de mayo de 1902), y dispuesta a hacer lo que fuera necesario para conquistar y desarrollar su propio destino, los cubanos emprendieron una ardua tarea, que los condujo a conquistar uno de los cimeros lugares de Latino América. La riqueza que habían empezado a fomentar los cubanos durante el período colonial, aumentada por una formidable inmigración, compuesta por españoles de una diversidad de clase, que salían de sus lugares de origen huyendo de las condiciones desfavorables de subsistencia, permitieron que en la capital cubana se dieran las condiciones necesarias para que los períodos arquitectónicos de la época tuvieran un esplendor inusitado.

En mi anterior lucubración sobre el Art Nouveau expresé, aproximadamente, lo que entiendo había sucedido en la ciudad de La Habana, que me hizo hacer una atrevida comparación con Buenos Aires, Argentina. Siempre guardando las diversas proporciones entre ambas. En esta oportunidad pienso explayarme, dentro de lo posible, de lo ocurrido con el Art Déco.

Para iniciar esta presentación voy a comentar algo sobre el edificio Bacardí, uno de los mejores exponentes arquitectónicos del Art Déco de La Habana. Que ha sido considerado como una obra maestra de dicho estilo.

El edificio Bacardí, es una construcción situada en la Avenida Bélgica No. 261 entre Empedrado y San Juan de Dios, en la zona antigua de la ciudad de La Habana. El edificio, primero en construirse estilo Art Déco, fue encargado a los arquitectos Rafael Fernández Ruenes, Esteban Rodríguez Castell y José Menéndez, por la compañía Bacardí, S. A. Esta joya del Art Déco se terminó de construir en el año 1930, y en su momento fue la edificación más alta de la ciudad.

La estructura del edificio es de hormigón armado. Sus fachadas estan forradas de granito natural, terracota y ladrillos prensados. Su estructura está conformada por el cuerpo central que se va escalonando en su ascensión hasta llegar a la torre con cubierta a cuatro aguas que lo identifica, donde se ubicó el murciélago en bronce, símbolo de la empresa, sustentado por un poliedro de vidrio con armadura de metal que se ilumina desde dentro. El vestíbulo de entrada se decoró con mármol color rojo vino, ejemplificando el color de las mieles roneras.

Después del triunfo de la Revolución Cubana y las leyes de nacionalización llevadas a cabo por el nuevo gobierno socialista, las compañías extranjeras radicadas en la isla abandonan el país. El edificio Bacardí continuó desempeñándose como edificio de oficinas. A finales de la década del ’90 fue restaurado por la Oficina del Historiador de La Habana. En la actualidad continúa siendo utilizado  para los mismos propósitos..

  

 

  

Situado en la Calle 13 No. 108 esquina a L, el Vedado, el edificio López Serrano fue el más alto de la capital cubana hasta la construcción del Focsa, en 1956. Se comenzó a levantar en 1929, proyectado por los arquitectos Ricardo Mira y Miguel Rosich, y se inauguró en 1932. Su construcción respondió al encargo del Dr. José A. López Serrano, hijo de José López Rodríguez, el famoso “Pote, el del puente de Miramar.

Este primer “rascacielos” cubano, de estilo Art Deco, y de marcada influencia norteamericana, tiene diez pisos generales y cuatro en la torre. Sus vestíbulos tienen bellos pisos de terrazo y los muros enchapados en mármoles rojos de Marruecos. El estilo se extiende a las jardineras, plafones, puertas de los apartamentos y en las de los elevadores, fabricadas por Otis en plata-níquel, según diseño solicitado por los proyectistas.

En la Quinta Avenida del recién inaugurado reparto Miramar (1919) fue construida en 1927, inmediatamente después de su aparición en París, una elegante residencia con fachada esquinera propiedad de Francisco Argüelles, conocida como la Casa de los Arguelles, diseñada por José Antonio Mendigutía, igualmente de clara influencia francesa, con interiores de estilo Art Déco.

  

Juan Pedro Baro comenzó a levantar una mansión en el 1919, al costado de unaestrecha calle de la Avenida Paseo y la Calle 17, en el barrio el Vedado, inspiradas, exteriormente, en el estilo del Renacimiento italiano, construcción que marcaba un punto de giro en la arquitectura cubana moderna, constituyéndose en un nuevo y duradero desafío para la aristocracia. No obstante los interiores fueron tratados siguiendo la corriente Art Déco del momento. Los célebres arquitectos de la época Evelio Govantes y Félix Cabarrocas proyectan la obra.

Según cuenta la historia, el hecho real es que en 1926 el palacete sería ocupado por Catalina Lasa, una bella mujer con una historia de amor breve y realmente impresionante. Un exquisito obsequio que incluso, hoy se conserva, le hizo Juan Pedro a Catalina: Sembró en los jardines de la casa una rosa única, nacida de un injerto hecho por floricultores habaneros del jardín El Fénix, y bautizada con el nombre de la enamorada.

Ella enfermó dos años después de instalarse en el palacete y murió en la capital francesa en brazos de su marido desesperado, el 3 de noviembre de 1930. Tenía cincuenta y cinco años.

Existieron muchas especulaciones sobre la causa de su fallecimiento: El certificado de su muerte, archivado en el cementerio de Colón, relata una intoxicación por ingesta de pescado. Otros hablan de un fallo del corazón; mientras hay quienes creen en la posibilidad de una neumonía o cáncer de pecho.

  

Casa de la Juventud.

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https://www.llamacuba.com/noticias/artes-decorativas.html

Cuando triunfa la Revolución en 1959, el bello lugar fue ocupado por la Casa de laAmistad Cubano- Soviética y posteriormente pasó a ser administrada por el Instituto Cubano de Amistad con los pueblos como la Casa de la Amistad.    

“El Arte Déco, es un auténtico capítulo de la Historia de la Arquitectura de Cuba. Y de esta forma ha sido plenamente reconocido en el Taller “Habana Deco”, (noviembre 15-18 de 2000), auspiciado por la Sociedad Art Déco de Nueva York, el Congreso Internacional de Sociedades Déco, y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

¿Cómo y cuándo llegaron a La Habana, aparentemente tan lejana y periférica de los centros que monopolizan el “poder del arte”, estas innovaciones? La República de Cuba, en plena etapa neocolonial, debido a sus limitaciones constitucionales y de todo tipo, impuestas por la histórica Enmienda Platt, estaba en búsqueda de una “nueva imagen”. Por un lado, como símbolo debía diferenciarse, claramente, del que imperaba, hasta el 1º de enero de 1899, en la capital de la colonia española de la Isla de Cuba.

Con ese espíritu y ambiciones desmesuradas la burguesía habanera más culta, importó el Art Déco a La Habana inmediatamente después de su aparición en París. Era el “último grito de la moda” en el campo de las bellas construcciones. Entre los primeros Juan Pedro Baro, dueño de uno de los centrales azucareros más rentables por su eficiencia productiva y por ser nieto del Conde de Santa Rita, – catalán famoso en la Historia de Cuba miembro de la aristocracia colonial del ochocientos –, insertó elementos de Arte Déco en los interiores de su nueva vivienda en la calle Paseo, en el Vedado, la cual está en perfecto estado de conservación. Esta se encuentra fechada exteriormente en 1926; fue encargada a los arquitectos cubanos Evelio Govantes y Felix Cabarrocas, y contaba con diseños del francés René Lalique, interpretados en materiales valiosos y refinados: pasamanos de la escalera, luminarias, y otros detalles ornamentales en las habitaciones de los dueños.

A continuación paso a mostrar algunos ejemplares del Art Déco habanero.

  

  

   

Hotel Raquel

 

https://www.youtube.com/watch?v=aEiQQnwy0X8

 

 

 

ART DÉCO (II)

En mi anterior lucubración me referí al influjo del Art Déco en casi todo el mundo, señalando su impronta en los que tuvo mayor importancia. Recayendo en Francia, Inglaterra y Estados Unidos de Norte América, la primacía y abundancia. En … Continue reading

EL ART DÉCO

El Art Déco (también art decó o incluso art deco) fue un movimiento de diseño que se hizo popular a partir de 1920 hasta los finales de los años treinta (cuya influencia se extiende hasta la década de los cincuenta en algunos países) que influyó las artes decorativas tales como arquitectura, diseño interior, y diseño gráfico e industrial, también las artes visuales como pintura, grabado, escultura, la moda, y la cinematografía. Aunque solo duró algo más de dos décadas, marcó un nuevo estilo de vida que se ha prolongado hasta nuestros días.

El Art Déco es un estilo que impregnó la forma de vivir del período de entre guerras. Frente a las formas complicadas y abigarradas del Art Nouveau aparece la línea sobria y elegante, pura y limpia del Art Déco. Su funcionalidad lo hace muy atractivo para la decoración de casas de su época con un toque retro y a la vez vanguardista.

Este movimiento es, en un sentido, una amalgama de diversos estilos de principios del siglo XX y, a diferencia del Art Nouveau, se inspira en las Primeras Vanguardias. Las influencias provienen del constructivismo, del cubismo, y del futurismo, del propio Art Nouveau, del que evoluciona, y también del  racionalismo arquitectónico que surge en Europa tras la I Guerra Mundial. El Art Nouveau, que rompió con la contradicción y señaló el primer paso hacia la plasticidad de las líneas constructivas, derivó en ornamentalismo vacuo, por lo que a principios del siglo XX se originó una corriente que rechazaba dicho ornamento, y aprovechaba los descubrimientos de la llamada Segunda Revolución Industrial, cuyo objetivo era encontrar un camino intermedio entre la renuncia a la imitación de lo antiguo y a un excesivo tecnicismo uniformador.

Conjugando todos los propósitos racionalistas y funcionalistas de la arquitectura de la Revolución industrial, que habían encontrado su campo de experimentación entre 1890 y 1914, se formulan en la primera posguerra distintas opciones arquitectónicas de objetivos y métodos cercanos, con un repertorio formal con constantes relaciones hasta condicionar casi un estilo internacional que presenta similitudes con las vanguardias pictóricas, especialmente con el cubismo.

Los progresivos descubrimientos arqueológicos en el legendario Egipto marcaron asimismo su impronta en ciertas líneas duras y la solidez de las formas del Art Déco. Ciertos patrones de ornamento se han visto en aplicaciones bien disímiles: desde el diseño de interiores para teatros hasta de rascacielos como el Edificio Chrysler.

  

El Art Déco fue un estilo opulento, y su exageración se atribuye a una reacción contra la austeridad forzada producto de la Primera Guerra Mundial. De manera simultánea a una creciente depresión económica y al fantasma del acercamiento de la Segunda Guerra Mundial, había un deseo intenso por el escapismo. La gente gozó de los placeres de la vida y del Art Déco durante la era del jazz.

El Art Déco invadió todo el mundo de aquel complicado principio del Siglo XX, que acababa de dominar el Art Nouveau, gestándose, por lo menos parcialmente, como una reacción. Analizar los países en que más se desarrolló sería para los propósitos de esta simple lucubración una tarea tan difícil como fueron las anteriores. De ahí que me permitiré mencionar algunos de los más importantes.

En Francia, el gran estilo parisino “Art Déco”, que dominó los Salones anuales de las Artes Decorativas desde el fin de la primera guerra mundial hasta pasada la Exposición Internacional de 1925, se aplicó muy poco a la construcción de edificios.

  

Gran Bretaña puede reclamar para sí la condición de pionera del Art Déco aplicado a la arquitectura, gracias al estilo tardío de Charles Rennie Mackintosh. Sus diseños de 1916 para Derngate, una firma de Northampton, son una sólida combinación de motivos típicos Art Déco: líneas en zigzag, flechas, cuadrados superpuestos y formas geométricas planas. Durante los años veinte, en Gran Bretaña como en otras partes, el nuevo estilo fue el preferido para los edificios que no tenían ninguna tradición: garajes, centrales eléctricas, aeropuertos, cines, clubes sociales y piscinas, entre otros.

  

El Art Déco madrileño presenta algunas peculiaridades. Es, para empezar, de materiales humildes: ladrillo y revoco, salvo excepciones (el antiguo Banco de Vizcaya en la calle Alcalá o el Edificio Carrión). Otro de los rasgos que lo distinguen es la supremacía del recubrimiento pintado con varios colores, tendencia que venía tanto del fauvismo como del neoplasticismo. La solución del empañetado venía a disimular la pobre fábrica de ladrillo pero a cambio nos dejó una ciudad de fachadas coloridas y luminosas.

  

  

Los que permanezcan en Barcelona durante las vacaciones no se aburrirán. Podemos visitar de nuevo el Barrio Gótico, repetir rutas del modernismo; pero también admirar sus edificios Art Nouveau. Barcelona es conocida por ser una de las capitales del Modernismo, y creo que este eclipsa otro estilo, que a mi entender es magnífico, y que está representado en todas las artes de la ciudad. Me refiero al Art Déco, un arte que fue la contraposición al primero y que en su manifiesto estaba la reivindicación de las líneas geométricas.

 

  

El Art Déco fue fuente de inspiración para muchos de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Nueva York. Los EEUU se convierten en la locomotora mundial de la economía y, con el tiempo, exportará su recién creado “American Way of Life” al mundo entero. Su ciudad más representativa, Nueva York, se transforma al ritmo trepidante del jazz, convirtiéndose en la ciudad símbolo de la modernidad. La construcción de edificios se dispara, ganando estos en altura: había nacido en Chicago un nuevo concepto urbano, el rascacielos. El estilo de estas nuevas construcciones, el Art Déco, llega a Nueva York vía París en la década de los años veinte, y casi de la noche a la mañana se convierte en el estilo de moda. En Nueva York el Rockefeller Center y el edificio de la Chrysler son apenas dos muestras.

  

 

  

Influencias del estilo Art Deco en el Diseño de Chicago en las décadas de 1920 al 1940  (Núñez, Silvia; Simbron, Tania)

Alrededor de las cuatro primeras décadas del Siglo XX, los Estados Unidos, recibieron un valiosísimo caudal migratorio de todo el territorio europeo.

Con la ola de inmigrantes, llegó también la diversidad cultural y artística más interesante de su historia. Obreros, artesanos, profesionales, entre los que se destacaron los ingenieros, científicos y arquitectos, se instalaron a lo largo del territorio norteamericano, poblando y transformando sus ciudades y pueblos.

El Art Déco irrumpió con su belleza, quebrando la mediocridad de las ciudades como Chicago, por ejemplo.

La ciudad de Chicago sufrió un incendio (1871) que la devastó. Como consecuencia de ello nació en las personas un espíritu fuerte que los impulsó a recrear una ciudad más dinámica y funcional. En la misma época comienza a desarrollarse un crecimiento demográfico significativo, consecuencia de las migraciones, lo que generó un aumento en los precios de los terrenos y una fuerte demanda de infraestructura.

Gracias al desarrollo industrial y tecnológico del momento, los arquitectos empiezan a utilizar materiales diferentes a los acostumbrados hasta ese entonces, permitiéndoles diseñar una nueva ciudad de rascacielos. Las formas de estos edificios fueron influenciadas por las tendencias europeas de esos años, siendo el Art Déco el estilo más aceptado y utilizado.

No obstante, Chicago desarrolla su propia visión del Art Déco conocido como el Stream Line. La elegancia y el glamour característico del Art Déco, instalado en el paisaje urbano de la ciudad es asimilado por la masa social y trasladado a su estilo de vida.

Los edificios y la arquitectura de Chicago han influido y reflejado la historia de la arquitectura  americana . El entorno construido de Chicago es un reflejo de la historia de la ciudad y el patrimonio multicultural, con edificios prominentes en una variedad de estilos por muchos arquitectos importantes. Debido a que la mayoría de las estructuras dentro del área del centro fueron destruidas por el Gran Incendio de Chicago en 1871 (la excepción más famosa es la Torre del Agua) Los edificios de Chicago se destacan por su originalidad en lugar de su antigüedad.

  

 

  

https://es.viator.com/es/7380/tours/Chicago/Chicago-Walking-Tour-Art-Deco-Architecture/d673-3173DECO?pref=02

Miami Beach (Estados Unidos) tiene una vasta colección de edificios Art Déco, con alrededor de una treintena de manzanas de hoteles y edificios residenciales de los años 20 a los 40. Que solo pudo lograrse gracias a un boom económico. En 1979, el distrito histórico Art Déco de Miami Beach fue incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos. Casi todos los edificios fueron restaurados y pintados nuevamente en sus tonos pastel, originales