LA GLORIETA DEL PARQUE INDEPENDENCIA

Arquitecto Antonin Nechodoma

Aprovechando mi actual condición anímica para sopesar las cosas que me han rodeado desde pequeño. Como son por ejemplo los cambios, necesarios o caprichosos, que se han producido en el centro histórico más antiguo de América (1502), pero que cuenta con muy pocas presencia modernista, algunos de los cuales no pueden dejar de considerarse imperdonables, en esta ocasión me referiré a los ejecutados en el Parque Independencia. Área recreativa creada a principios del Siglo XX, después de demolida una porción de la muralla que rodeaba la antigua ciudad de Santo Domingo, consistente en una manzana tomada de la entonces llamada  Sabana del Estado, comprendida entre la calles Arzobispo Nouel, Palo Hincado, Mercedes, posteriormente, Avenida Bolívar, y Mariano Cestero, que fuera diseñada, conjuntamente con la glorieta elevada en su centro por el arquitecto checo Antonin Nechodoma, iniciada en 1903, e inaugurada el 9 de Diciembre de 1911.

Esta vez me conformaré con mostrar algunas fotografías extraídas de diferentes fuentes, a las que he añadido unos comentarios.

  

Fotografías sin fecha en la que vemos la construcción de la glorieta y al Arquitecto Nechodoma recorriendo su obra. 

Esta fotografía, las más antigua que he podido encontrar, muestra la glorieta terminada, y unos cuantos arbolitos recién plantados, dos de los cuales aparecen en primer plano presidiendo el sendero de entrada al parque desde la que fuera la calle Pina, que serán señalados más adelante. Al fondo vemos una edificación desconocida por mí, a cuyo lado fue construido el Teatro Independencia. Siguiendo esa misma dirección vemos unas edificaciones de madera techadas a dos aguas con planchas metálicas. Y detrás se observa el área boscosa que daría paso a las primeras extensiones hacia occidente de la ciudad capital.

Hay que imaginarse lo que representó esta obra para los dominicanos, acostumbrados a lo mismo, o a las modificaciones de fachadas de las edificaciones coloniales. Sin que fuera conocida la nueva arquitectura, ya en boga en casi todo el Mundo, incluyendo ciudades como La Habana, que habían empezado a despuntar entre sus similares caribeñas.

Esta postal a colores posterior a la fotografía anterior, muestra la glorieta rodeada de una jardinería algo fomentada en la que se encuentran los dos arbolitos algo crecidos junto a uno de los accesos al parque desde el lindero oriental (calle Pina), que mencionara en la foto anterior. El césped muy bien cuidado, y la presencia del agua en el estanque que bordeaba la glorieta. Al fondo el Teatro Independencia, el Cetro Libanes-Sirio-Palestino, y la casa que pertenece a la familia del señor José Luis Corripio, ubicados en la calle Mariano Cesteros. Esta última, única de las tres que se conservan, aunque vacías.

Del otro lado del teatro un espacio desocupado que más adelante sería la intersección de la calle Mariano Cesteros con la Enrique Henríquez, y uno de los ranchos a su lado. Detrás el área boscosa ocupada por fincas particulares. A mano derecha de la foto unas edificaciones modestas, ubicadas en la prolongación de la calle Mercedes, más adelante Ave. Bolívar, algunas de las cuales permanecieron hasta no hace mucho tiempo. 

En esta vista tomada algún tiempo después de la anterior desde el sureste se puede apreciar la profusión de árboles de diferentes especies aparentemente plantados sin orden alguno, y los dos arbolitos creciditos ubicados en una de las entradas al parque desde la calle Pina. Aunque algo borroso se puede apreciar el estanque de agua cruzado por dos de los seis puentes curvos de acceso a la glorieta, y al fondo una edificación moderna que perteneciera a la empresa gasolinera Esso Standard Oil.

Devastación es la palabra con la que he podido describir esta fotografía. La glorieta, primera estructura construida de hormigón armado en la ciudad capital, erguida como un centinela, contemplando la destrucción de que fuera objeto su entorno, y la ciudad de Santo Domingo en general, por el paso del ciclón San Zenón (Sep./1930).

Fotografía tomada desde el lindero norte del parque con la calle Mercedes, en el que se pueden apreciar varias edificaciones a ambos lados de la calle Estrelleta. A la derecha se encontraba (no sé si existe todavía), colindando con el cementerio de la Ave. Independencia, una edificación construida por los norteamericanos (1916-1922) para servir de escuela primaria de niños de ambos sexos. Hoy cubierto lo que existe con una pared tan alta que nada se alcanza a ver detrás. Y más a la izquierda en la esquina occidental de la calle Pina una edificación de dos pisos, construida a principios del Siglo XX, digna de conservarse.

Esta es otra de las escuelas constridas por los norteamericanos, en la hoy calle 30 de marzo, que está cubierta por una señora verja.Esta imaen es de las dos escuelas construidas por los norteamericanos en la ciudad de  Santo Domingo, durante su intervención (1916-1922) en nuesto pais.

En esta edificación de principios del Siglo XX, ubicada en la calle Pina a esquina Arz. Nouel, funcionaron las oficinas de los norteamericanos cuando invadieron nuestro país en el año 1916. 

 

Al lado del parque la todavía continuación de la calle Pina, borrada del mapa algún tiempo después (1944) para anexársela al parque. Y los dos árboles que he referido antes, que soportaron los embates del meteoro. No así de las ganas de los “entendidos” por modificarlo todo.

La esquina noreste del parque comprendida por las calles Mercedes y Pina antes de su desaparición, que expresa su modesta configuración para permanecer junto a la gente que transitaba por aquellos lugares tan tradicionales. Aunque para esos tiempos no era más que un párvulo escolar que recorría aquellos ambientes en busca de solaz distracción, sin darme cuenta de muchas de las decisiones tomadas por el gobierno, no me opuse a la extensión del parque, teniendo que sacrificar un tramo de calle Pina. Como lo debí hacer cuando lo encerraron. Entendiendo que en 1976 me encontraba en mis mejores tiempos de poder plasmar mi obra, respaldado por el mismo gobernante que autorizó todo aquel desmadre. Al fondo de la gráfica yergue cual mudo testigo el entonces flamante Hotel Presidente, hoy disminuido. 

Lo que más llama la atención no es el cambio producido por el tramo de la calle Pina sino, más bien, por el orden y la impecable limpieza del lugar. Al igual que la Puerta del Conde, convertida en Panteón Nacional, forrada de una hiedra que lo hacía parecer un bombón de chocolate, en este caso de menta. Ni que decir del entorno, bordeado de sencillas edificaciones impecablemente conservadas.

Fotografía sin fecha en la que aparece el Parque Independencia tal cual fue en su época gloriosa. A unos cuantos pasos del camino por donde vienen las dos mujeres caminando es donde se encontraban los dos árboles para mí tan significativos, por el hecho de haber sido de ilán ilán, plata original del sudeste de Asia, que produce  una flor que emana una fragancia tan exquisita, que a nuestro Oscar de la Renta le llamaba la atención, y que supuestamente utilizó para crear su perfume “Pour Lui”. Hoy, todo cambiado medalaganariamente, ni ese recuerdo a los dominicanos que disfrutamos otra época, y que en el caso del perfume debería hacernos sentir orgullosos de poder decirle a los turistas: “De ahí surgió el Pour Lui”.    

 

Con estos comentarios no trato de denostar el trabajo de nadie, ni imponer mi criterio. Que puede o no ser válido. Lo que trato es de poner al tanto a los que tienen algún interés en lo que se ha hecho o deshecho en nuestra ciudad. En este caso sobre algo importante para la historia de la arquitectura y el urbanismo de la Santo Domingo y de nuestro país.

Lo que sí no puedo ocultar es mi criterio  sobre el enverjado, que por supuesto entiendo que le ha quitado al parque, entre otros atributos, el romanticismo y el respeto.

Para que lo sepan quienes nunca lo supieron, les diré que durante los momentos en que se iniciaban los trabajos de demolición de la glorieta tuve que ausentarme de la oficina por unos días. Los periodistas me asediaban en procura de obtener la opinión del Director de la OPC, lo que para mí no era posible, dadas mis excelentes relaciones con el Presidente Balaguer, su respaldo al proyecto, y mi rechazo al mismo. Además de su autor ser hijo del Director de la Oficina Supervisora de Obras del Estado, de la que dependían los trabajos que dirigíamos. Además de ser una persona con quien sosteníamos mutuos afectos personales, y conceptos profesionales.

 

   

 

 

 

 

 

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