NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA

Desde pequeño tuve una inquietud, provocada por la devoción a Nuestra Señora de Altagracia, y por el cuadro que se venera en Higuey. Ya mayor de edad pude empezar a obtener algunas respuestas. En el año 2010 cumplí con un viejo anhelo de visitar algunos de los lugares ligados a dicha Virgen, y en compañía de Urania hicimos un recorrido de casi tres semanas por Extremadura, España. Ya era de mi conocimiento que esa era la región de la Península donde se veneraba, y existían capillas y ermitas en las que se veneraba a Alta Gracia, como es llamada allí.

Con el propósito de dejar un testimonio de dicho viaje, en el que igualmente me interesaba ponerme en contacto con mi personaje favorito, Frey Nicolás de Ovando, empecé, no hace mucho tiempo, a escribir un recuento, que  tenía el propósito de complacer mi doble inquietud.

Durante el recorrido por Extremadura visitamos Cáceres, Brozas, Alcántara, Garrovillas de Alconetar, perteneciente a la provincia de Cáceres, Badajoz, y Mérida. Lamentablemente, me faltó visitar Plasencia, ciudad de origen de los Hermanos Trejo, y Siruela, que pertenece a la provincia de Badajoz, donde pude enterarme, posteriormente, que se venera la Altagracia con similar devoción a la de Garrovillas.

Investigando todo lo que podía logré reunir una buena cantidad de datos que, según mi parecer, eran suficientes para completar la lucubración que me había dedicado a escribir. Hasta que me enteré de la existencia de un libro “La Historia de la Virgen de Altagracia”, publicada en el año 2013 por los señores Santiago Milano, Cándido Serradilla, y Dionisio Martín, que una amiga me ha prometido encontrar, y enviar desde Alcántara.

En momentos en que ya tengo escrito bastante del artículo, y enterado de la noticia de la existencia de dicho libro, me enteré de la existencia en Santo Domingo de un señor llamado John Fleury, que había estudiado todo lo relacionado a la devoción y al cuadro de Nuestra Señora de Altagracia. Sorprendido con la noticia, nueva para mí, pero de larga data en nuestro país, busqué comunicarme con él para poder enterarme, personalmente, de los estudios que había realizado.

Una vez logrado mi propósito, lo visité el domingo recién pasado, siendo recibido en la Casa de la Anunciación, en esta ciudad, y para mi sorpresa fui obsequiado con un ejemplar del libro de su autoría titulado “Historia de Nuestra Señora la Virgen de Altagracia”, publicado en el año 2006.

Gratamente sorprendido de que una persona de su categoría reside entre nosotros y, por supuesto, del contenido de su libro, decidí posponer mi artículo hasta recibir el libro de Extremadura, que me permitirá hacer la debida comparación entre los dos, y de esa manera quedar completamente edificado y convencido de la inquietud que empecé a tener desde niño.

Recomiendo a los amantes de la historia y, muy particularmente, de la eclesiástica dominicana y, por supuesto, de la correspondiente a la Madre Espiritual del pueblo dominicano, y a sus vínculos con la extremeña, a que traten de adquirirlo, y puedan enterarse de una inquietud que debería ser de todos los dominicanos.

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