RICARDO ALEGRÍA

Ricardo E. Alegría (San Juan, 14 de abril de 1921- ibíd, 7 de julio de 2011) fue un prestigioso arqueólogo e historiador puertorriqueño, y el primero en ocupar la Dirección del Instituto de Cultura Puertorriqueña. También se desempeñó como Director del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Fue, además, antropólogo, promotor, educador y defensor de la cultura puertorriqueña.

Más que un historiador y un arqueólogo, Ricardo Alegría fue el principal  responsables del rescate y puesta en valor del patrimonio cultural que los puertorriqueños tanto atesoran. Muy particularmente del patrimonio construido que se conserva en el Viejo San Juan.

Cuando en 1955, durante el gobierno de Luis Muñoz Marín, se creó el Instituto de Cultura Puertorriqueña, tal acción fue muy criticada por algunos, que negaban la existencia de una cultura puertorriqueña. La junta de directores del recién creado instituto nombró a Ricardo Alegría como su director, quien mereció el más sólido respaldo de los intelectuales y amante de la historia de la Isla.

Con su actuación en favor del rescate del patrimonio construido del Viejo San Juan, y con la restauración de una casa colonial para convertirla en su residencia, Alegría dio muestras más que suficientes de su acendrado amor por la antigua villa española, y de poner en práctica lo que empezaba a predicar. Ganándose la admiración y el respeto del pueblo puertorriqueño. Y convirtiéndose en uno de los indiscutibles pioneros de tan excelsa labor.

Supe de Ricardo Alegría antes de que fuera a vivir a Puerto Rico. Me había enterado de sus vivencias en el Viejo San Juan, donde se había convertido en una leyenda muchos años antes de sobresalir como responsable del rescate del patrimonio cultural puertorriqueño. Y más que nada, de la puesta en valor de su amado Viejo San Juan.

Como todo protagonista de actividades como la que él llevó a cabo, adquirió una casa en pésimo estado y la restauró siguiendo las pautas que él había contribuido trazar. Respetando su arquitectura decimonona, y los detalles que la caracterizaban como tal. La ambientó a su gusto, impartiéndole un estilo ecléctico propio de su época. Y junto a doña Fela, su esposa, la disfrutaron hasta el último día de sus vidas.

Para mi Ricardo y su obra se convirtieron en un ejemplo a emular. Cuando estaba de visita en su casa me pasaban por la mente los sueños que un poco más tarde Dios me permitiera realizar. Tanto con la creación de la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC) como con la restauración de mi primera casa colonial, tuve la satisfacción de entrar por las puertas de la gloria, sin poder llegar a ella, como sí tuvo la suerte de lograr Alegría.

Don Ricardo, como le llamaba todo el mundo, participó como arqueólogo y asesor histórico en la restauración de la Casa de Juan Ponce de León en San Rafael de Yuma, Higuey, viniendo varias veces a visitar la obra, además de aportar sus conocimientos en arqueología dentro y fuera de la casa, donde aparecieron objetos que debieron pertenecer a la casa, y a la familia del conquistador, algunos de los cuales son mostrados en una sala de la casa.

 

Para dar a conocer los ambientes de su casa en el Viejo San Juan me he permitido mostrar algunas fotos.

  

Ricardo Alegría tuvo un pariente que le siguió sus pasos. Restauró otra casa en el centro histórico sanjuanero, que por sus dimensiones y su ubicación, frente a la Catedral y al Hotel Convento y su placita, sobrepasó la de su primo. José “Popi” Alegría tuvo la más importante galería de arte de Puerto Rico, que fue instalada en la planta baja de la casa.

  

No puedo terminar esta lucubración sin antes decir que de la misma manera que los dos Alegría se convirtieron en ejemplo a seguir de lo que entendían había que hacer para salvar el Viejo San Juan, infinidad de puertorriqueños y extranjeros de cierto nivel social o económico le siguieron sus pasos. Convirtiendo ese modesto centro histórico caribeño en uno de los más hermosos de América

Cuando se hable de los procesos de rescate de centros históricos del Nuevo Mundo, sin duda alguna el del Viejo San Juan de Puerto Rico habrá de ocupar un lugar preponderante, tanto por el éxito alcanzado, como por haber sido pionero. Igual condición habrá que concederle a Don Ricardo, quien dedicara los mejores años de su vida para que tan magna obra se pudiera haber hecho realidad. Igualmente, al pueblo puertorriqueño habrá que rendirle un homenaje, tanto por su entusiasta aceptación, y colaboración, como por el respeto que siempre demostró tenerle a quien hizo lo posible por que se lograra lo que en otros lugares no se ha podido.

A estas consideraciones no puedo dejar de agregar la forma institucional en que se mantuvo el programa, sin que a ningún gobernante se le ocurriera politizarlo, ni intentar salirse de los lineamientos creados originalmente. Ni, por supuesto, permitir que se crearan organismos paralelos, tan perjudiciales, como lo ocurrido en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Lo que ha permitido que el Viejo San Juan, sin la riqueza monumental de nuestra Ciudad Colonial, haya permanecido como está.

A continuación muestro algunas vistas de diferentes sectores del Viejo San Juan. La selección de estas me resultó sumamente difícil dada la belleza y el encanto de cuantas pude seleccionar. Noten el orden y limpieza de las calles, y la pulcritud de las fachadas de sus casas. Los colores, con algunos de los cuales no comparto, son parecidos a los que se usaban en los siglos XVIII y XIX, época a la que pertenece la mayoría de las edificaciones.

He querido traer estas vistas del Viejo San Juan para que se pueda comprobar lo que se dice de esta, y lo qué verdaderamente es. Una joya de organización, orden, pulcritud, y encanto.

 

Me he visto precisado a escribir esta semblanza sin haber vuelto a ver al personaje envuelto en ella, ni al lugar al que perteneciera, y en el que tuve la dicha de residir durante varios años, porque no hay nada que imposibilite a uno expresar sentimientos y recuerdos inolvidables.

De la misma manera nunca pude dejar de reprochar el tratamiento que le fuera dado a Don Ricardo por parte del círculo de “expertos” hispanoamericanos en restauración de monumentos y sitios, negándose a darle participación en los seminarios de carácter internacional, que frecuentemente convocaban con el patrocinio de la UNESCO y la OEA. Ello así, ya que no todos los asistentes a dichos cónclaves habían hecho realidad lo que predicaban en sus respectivos países.

Recuerdo que en una ocasión hube de referirme a su inasistencia. Que no entendía el por qué no era invitado. A lo que uno de los “expertos” me dijo, que lo que se estaba haciendo en el Viejo San Juan no se correspondía con lo que ellos entendían era un proceso serio de rescate de un centro histórico. Aclaración que dejé ahí mismo, para evitar problemas.

Lo narrado en el párrafo anterior me recuerda aquella comunicación que nuestros “expertos” le dirigieron al Presidente Balaguer insinuándole que yo no podía continuar dirigiendo la OPC, por el hecho de no tener el título de arquitecto que era necesario para hacer lo que hice. Y resulta, que ni Alegría, ni Eusebio Leal (Cuba), lo fueron. Y hay que ver lo que el puertorriqueño hizo, y el cubano continua haciendo.

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One thought on “RICARDO ALEGRÍA

  1. Gracias Manuel por tus palabras…en el 1941 naci en la calle d la Mercedes,frente a la Iglesia y desde ese tiempo hasta hoy he sido como tu un preocupado por la ciudad colonial,siempre esperando ver la ciudad restaurada completamente…..pero ademas d la politica hay que estar sentimentalmente y emocionalmente ligado a la ciudad.abrazos!

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