DE LO QUE NADIE SE HA ENTERADO

Pasaron los años, pero no así el entusiasmo y los bríos necesarios para continuar insistiendo en lo mismo. En lo que desde 1967 se convirtió en nuestra pesadilla. Sueños cargados de ilusiones, y de realizaciones positivas, que nos habrán de enorgullecer mientras vida tengamos. Pero, a la larga, cargados de una pesadumbre, que ha transformado esos sueños en frustraciones.

En mi anterior elucubración me referí a los cambios que se han venido produciendo en el seno de la sociedad dominicana. Y, por supuesto, en las instituciones que rigen las áreas de nuestras ocupaciones. Cambios que nos han conducido sin darnos cuenta a una vulgar cualquierización, que de un avanzado grado de civismo y adopción de las normas de existencia civilizada, á descendido a niveles insospechados.

Esta vez he querido referirme al comportamiento que asumimos desde que empezamos a darle frente al problema relacionado con nuestro patrimonio cultural, del que no solo hubimos de ocuparnos de su rescate y puesta en valor, proponiendo ideas y proyectos, muchos de ellos exitosos, sino, igualmente, a tratar de infundir esos sentimientos en la consciencia de los que nos han rodeado. Y, por qué no, de la legión de los indiferentes.

De esos valores, imperceptibles pero reales, es a los que me he querido referir al recordar actividades como las dos antes comentadas. Desde una simple comunicación particular, que encerraba mucho más de lo notorio a simple vista, hasta una atención especial, a quien había manifestado  su apoyo a nuesta causa, pasando por diversos tipos de actividad comunicacional, que nos permitieran a mí, y a la misión que llevé a cuestas, situarla en un lugar de primacía, similar a cualquier otra que conlleve al desarrollo de nuestro vapuleado país.

Mantenido “afueriado” de la actividad a la que me enganche hace más de cincuenta años, en el transcurso de la década de las últimas décadas del siglo pasado, volvimos a la carga con dos iniciativas nuevas. Una conocida como Comité Gestor Pro Turismo Cultural y de Ocio, y otra, más técnica, Asociación para el Desarrollo de la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Ambas compuestas por personas calificadas e identificadas con el tema, a las que cedierom, generosamente parte de su tiempo.

Toda una diversidad de actividades fueron desarrolladas en termino de unos cuantos años, que a la postre no sirvieron para nada. No así el resultado de infinidad de encuentros positivos, entre las cuales se suscitaran algunos de índole social, como el que tuvo efecto en mi residencia de la Ciudad Colonial, con el propósito de presentar dos proyectos a la consideración del Vicepresidente de la República Dr. Rafael Alburquerque, y al Ministro de Hacienda, Vicente Bengoa, entre otros funcionarios, que fuera ambientado como un ágape en  el que se degustó una suculenta paella.

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En el fondo de la foto, se observa la pantalla cerrada en la que se presentaron los proyectos.

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De aquellos momentos han quedado suficientes recuerdos que, años después, he querido ir develando, por aquello de que lo que no se menea se empelota.

 

 

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