DOCE Y DIECISIETE VS DIECISEIS

El 20 de noviembre recién pasado el pueblo argentino decidió ponerle fin a 12 años de gobiernos kirchneristas, compartidos entre un marido y su mujer. Doce años en los que la gran nación argentina padeció los horrores de la voluntariosa pareja, que al término de su mandato pretendía continuarlo, imponiendo una especie de títere. Con el propósito de retomarlo en el 2019. Cuando todo parecía favorecerle, ya que encuestas pagadas así lo decían, y la sugestión cundía en las mentes populares (lo dominan todo, no hay nada que temer), el pueblo argentino se parapetó, y dijo, basta ya. E´pa´fuera que van. Y así fue.

Ayer, 6 de diciembre, el pueblo venezolano decidió ponerle freno al gobierno de 17 años, compartido entre Hugo Chávez y Nicolás Maduro (el del pajarito), obteniendo una aplastante mayoría parlamentaria de diecisiete largos años, durante los cuales Chávez creara un gobierno socialista, autoritario, y cercano a convertirlo en una tiranía roja. Lo que su muerte evitó, afortunadamente. Su continuador, escogido como su principal discípulo, aunque carente de talento y carisma, trata de darle continuación sin todavía haber podido cumplir con el sueño de su mentor. Desgastado, y rechazado por la mayoría del pueblo venezolano, el sistema “invencible”, según la camorra chavista, sufrió su primera derrota, perdiendo en las urnas, su mayoría aplastante en el Congreso de la Nación. Esperando, que cuando lleguen las elecciones presidenciales, e´pa´fuera que irán.

El 15 de mayo del próximo año 2016, el pueblo dominicano decidirá si los que están, desde hace 16 años, han de continuar gobernando, con una aplastante mayoría en todos los estamentos del Estado, pero aplastados por una corrupción e impunidad inéditas en nuestra historia, o habrán de ser derrotados, de arriba abajo, por un pueblo que dice no aguantar más, y desea repetir lo de la Argentina y Venezuela.

Analizando lo ocurrido en dos de las más grandes naciones latinoamericanas, en las que todo indicaba una indiscutible continuidad, y en las que las frutas se habían madurado más de la cuenta, hasta alcanzar las metas de la pudrición, en uno de los más pequeños, su sufrido pueblo ha determinado, que, al igual que en los más grandes, e´p´fuera que van.

De tal manera, me permito, encarecida y respetuosamente, pedirle al pueblo dominicano, al que pertenezco desde hace ochenta años, que piensen dos veces lo que harán. Que es impensable, que un pueblo valiente, aunque aplatanado, se comporte de manera diferente a los otros dos. Que no se dejen engañar por las mismas promesas, y los subsidios, que el PLD viene ofreciendo desde que Bosch y Balaguer decidieron respaldarlos, sobre la base de las manos limpias. Oh Dios.

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