ALELUYA…

El 13 de julio del año 2001 el desaparecido periódico El Siglo publicó este artículo mío que lleva por título LA CIUDAD DE PIEDRA.

Ha sido mi interés volver a publicarlo, con una ligera edición, por el hecho de sentirme algo satisfecho con lo sucedido desde la publicación del mismo hasta estos momentos, como ha sido, entre otros casos, la intervención en la fachada de la casa de la calle 19 de Marzo, de nuestra Ciudad Colonial, de la que hube de intervenir en varias ocaciones, tratando de evitar que fuera víctima de la barbarie que se ha venido cometiendo en otras edificaciones de la misma época.CASA 19 DE MARZO (3)

Sucedió, que durante una de mis visitas habituales al centro histórico noté que a la edificación en cuestión le habían colocado una valla cubierta con una malla, en la que pendía un letrero describiendo lo que se iba a hacer. Que no era otra cosa que dejar la fachada como estaba, vuelta a empañetar y pintada, similar a lo que se ha venido haciendo, a propósito de una importante inversión de Banco Interamericano de Desarrollo (BID), bajo la responsabilidad del Ministero de Turismo.

CASA 19 de marzo

Hoy, 6 de noviembre, volví a pasar por el frente de la casa, y cuan no sería mi sorpresa al ver terminado lo que habían hecho. Gracias a la existencia de Modesto López alias Barahona, único postulante a cantero con que cuenta nuestro país, capaz de enfrentarse a un monumento de piedra.

CASA 19 DE MARZO (1)

A todo esto, la casa no ha sido intervenida interiormente. Permaneciendo en pésimo estado de conservación. Y permitiéndose que continúen viviendo las mismas personas que han estado allí desde hace mucho tiempo.

CASA 19 DE MARZO (7) CASA 19 DE MARZO (8)

LA CIUDAD DE PIEDRA

Cronistas, historiadores, visitantes extranjeros, y enviados oficiales de gobiernos amigos, expresaron, en diferentes épocas y modalidades, durante los cinco siglos de existencia de la segunda y definitiva fundación de Santo Domingo, que la Ciudad Primada había sido construida, mayoritariamente, de piedra. Lo que llegó a que fuera llamada la Ciudad de Piedra.

Hemos de convenir, que cuando los que se han referido a la piedra han señalado que la ciudad refundada por Frey Nicolás de Ovando, en 1502, era de piedra, debería de tratarse, por supuesto, a las edificaciones que surgieron durante las primeras décadas del Siglo XVI. Que es el período glorioso, en términos históricos y monumentales, y el único, estilísticamente hablando, que sobresale del resto de las ciudades fundadas en aquellos tiempos primigenios, tanto en la isla Española como en el continente descubierto a finales del Siglo XV. Fue una época durante la cual vinieron procedentes de la metrópolis cuadrillas de obreros de la construcción, entre los cuales se encontraban los canteros. En honor a la verdad, llegaron a Santo Domingo hasta algunos destacados arquitectos y maestros constructores españoles de entonces.

Pasados estos primeros años (se habla de aproximadamente medio siglo), la construcción de Santo Domingo y las demás ciudades de la Isla decayó, considerablemente. A esta decadencia hay que sumarle las destrucciones debido a diversas causas, y al abandono, casi total, de que fuera objeto la primogénita de España, a partir de la invasión de Francis Drake, y su secuela de destrucción y pillaje.

Después vinieron otras épocas, pasaron los años, y la actividad constructora prosiguió, aunque jamás semejante a la pasada. Hubo momentos en que prácticamente lo que predominó fue la reconstrucción de las primeras edificaciones que quedaban, y las que los nuevos pobladores encontraron en franco proceso de destrucción.

Lamentablemente para Santo Domingo, estos nuevos habitantes no respetaron la originalidad de los valores arquitectónicos que hallaron, aunque bastante deteriorados, sino que se dieron a la fácil tarea de adaptar las estructuras que encontraron a los estilos imperantes, como fueran los del período (no del estilo) republicano.

De ahí, que al procederse ahora a intervenir las edificaciones antiguas del centro histórico, no queda otro camino que el de dejar las cosas como las encontraron, limitándose a reparar los daños, modificar las distribuciones interiores, adaptándolas a los nuevos usos y costumbres o, por el contrario, procediendo a efectuar auténticas restauraciones, que es lo mismo que decir, devolviéndole a las mismas sus aspecto original, aunque respetando las intervenciones de otras épocas, que por su valor histórico o arquitectónicos merezcan conservarse y, por supuesto, procediéndose a efectuar las modificaciones de carácter utilitario a que serán sometidas.

Nosotros, que favorecemos la última opción, hemos repetido hasta el cansancio, que dentro de lo permisible se impone devolverle a nuestra Ciudad Colonial, muy particularmente al correspondiente a la llamada Ciudad de Ovando, su aspecto primigenio. En el que predominan, como hemos podido comprobar después de las restauraciones que se han llevado a cabo hasta la fecha, que las fachadas exteriores, al igual que algunas interiores, son en su mayoría de piedra.

Son estos conjuntos de casas, a los que sumándole otros construidos de materiales menos nobles, y aún con el aporte de épocas muy posteriores, que debemos, igualmente, respetar, lo que constituye un centro histórico verdaderamente importante, y lo que justifica que se haya merecido el calificativo de Patrimonio Cultural de la Humanidad, y lo convierte, además, en una significativa atracción turística.

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