INICIO DE UN DERRUMBE INSTITUCIONAL

No habían transcurrido tres años de haberse instituido el programa, y creada la Oficina de Patrimonio Cultural (1967), y dos de haberse promulgado las Ley 492, cuando su propio gestor, el Dr. Joaquín Balaguer se vio compelido a complacer las exigencias de un viejo amigo, el Sr. Enrique Apolnar Henrríquez, quien según él valía un millón de votos. Con ello el Presidente violentó su propia obra, mediante la creación de la Comisión Temporal de Ornato Cívico (1970), la que, con fondos de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), emprendiera una labor, si se quiere, paralela a la OPC. Y para echarle agua al vino (tirar la piedra y esconder la mano) nombró al Director de la OPC miembro de dicha comisión.

Entre las atribuciones que se le permitieron realizar sobresalió la intervención de fachadas de edificaciones coloniales que se encontraban en pésimas condiciones. Algo similar a lo que se está haciendo en estos momentos. A lo que llamamos fachadismo.

Algunas de esas casas fueron seleccionadas de la calle Las Damas, principal arteria de la Ciudad de Ovando.

Con ese despropósito no se conformaron con maquillar o camuflar los frentes de las casas, sino que dispusieron demoler dos casas del Siglo XVI, que colindaban con el Panteón Nacional, antiguamente Iglesia de la Compañía de Jesús. El propósito fue hacer un espacio para crear un paso entre las calles Las Damas y la Isabel La Católica. Paso, bautizado Plaza María de Toledo, que nunca existió, ni debió haber existido, a costa de lo que a seguidas comentaré. Engendro al que me opuse radicalmente.

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pantennacionalalladodelaplazamaradetoledo

En el extremo opuesto a las casas de la calle La Damas, es decir hacia la calle Isabel La Católica, habían demolido hacía algún tiempo, una casona colonial, sin que se supieran los motivos.

Al emprender los trabajos de demolición de las dos casas apareció una arcada doble, que no se atrevieron eliminar. Y en cambio, decidieron restaurarla, colocándola en medio de un ojo de agua, cuya composición fue bautizada por el arquitecto restaurador venezolano Graciano Gasparini, “Monumento a la Irresponsabilidad”.

ARCADA

plaza maria de toledo

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