LEONEL FERNÁNDEZ, ANTES Y DESPUÉS y (IV)

Pasaron siete meses del nuevo ascenso al poder del Dr. Leonel Fernández Reyna (16/8/2004), y una mañana del 1 de marzo de 2005,  recibí una llamada del Vicepresidente Rafael Alburquerque, para decirme que tenía un decreto en su poder, y quería entregármelo personalmente. A mi inquietante pregunta de lo que contenía el decreto, me respondió, que fuera a buscarlo, y después hablaríamos.

Esa misma mañana me dirigí al despacho vicepresidencial, y cuál no sería mi sorpresa al ver, que había vuelto a ser designado en la ya no Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), dependencia de la Presidencia de la República, y agencia rectora del programa de rescate del patrimonio cultural dominicano, sino de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental (DNPM), ahora convertida en otra mojiganga más de la novel Secretaría de Estado de Cultura.

Convencido de que no era prudente mantener mi anterior posición negativa, que nada positivo podría traerme, continuamos desmenuzando el tema, hasta que  llegara a prometerme que esta vez las cosas no serían igual, etc. A seguidas llamó al Secretario de Cultura para decirle que dentro de un momento yo iría pasaría a verlo, para que me pusiera en posesión del cargo.

Salí del despacho vicepresidencial tan preocupado como hacía ocho años. Esta vez resuelto a darle el frente a lo que podría pasar. Una vez en la Secretaría de Cultura, instalada en la antigua sede del Partido Dominicano, una asistente del Secretario  me encaminó hasta una saleta, más parecida a una celda carcelaria que al vestíbulo de la cultura, para que aguardara hasta que fuera recibido. Lo que se tornó en una larga espera.

Una vez frente al Secretario, nos saludamos y empezamos a tratar de resolver lo que me había traído. A lo que este me propuso posponerlo para el día siguiente, ya que era muy tarde (12:30, más o menos, de la mañana), y de esa manera podíamos organizarlo mejor. Dicho y hecho me despedí, hasta el día siguiente.

A este señor lo había conocido hacía algún tiempo, cuando se desempeñaba como empleado de la Fundación Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), fundada y presidida por el Dr. Fernández Reyna, y de quien no había recibido muy buena impresión. Se había convertido, de la noche a la mañana, en uno de los nuevos hombres del Presidente.

Al día siguiente me dirigí a la nueva sede de la nueva DNPM, y esperé en la planta baja de la casona colonial donde se encuentra todavía, hasta que llegara el Secretario. Una vez allí el ambiente en que nos encontrábamos se fue colmando de público, entre el que se encontraban varios Embajadores amigos, y algunas personas que no había visto hacía tiempo. Al transcurrir una media hora, el Secretario, asombrado con lo que estaba viendo, me propuso que iniciáramos el acto ahí mismo donde nos encontrábamos, ya que en el despacho del Director no cabría la “claque” que yo había traído. Y así fue como se inició el último calvario. Calvario que tenía previsto sucedería.

Inició el acto el Nuncio Apostólico de Su Santidad, Monseñor Thimoty Broglio, pronunciando unas hermosas palabras, y bendiciéndolo. A seguidas el Secretario dijo una sarta de contrasentidos, a los que yo riposté dando las gracias a los señores de la “claque”, y pidiéndoles que dijeran quien los había invitado a participar de un sencillo y rutinario acto gubernamental.

Como comprenderán, aquello de la “claque” no me sorprendió. Resumía la clase de persona que era. ¿Desconocía el Presidente, que mi designación en una dependencia de Cultura, bajo la dirección de este señor, no sería de mi agrado? Y si no lo sabía debió haberlo consultado con el Vice, conociéndome a mí y, por supuesto, a su nuevo “compañero”, el flamante Secretario de Estado.

Aquí me permito hacer un paréntesis, para auscultar un poco a Leonel Fernández Reyna, quien desde su humilde procedencia, no le había sido posible conectarse con las complicadas situaciones que se les presentan a quienes llegan, de súbito, hasta donde él llegó. Que no era lo mismo manejarse en un partido en el que su mayoría estaba compuesta por personas más o menos desconocidas, e inexpertas en las lides sociales, y de gobierno, que sostener relaciones con las más altas figuras de la Nación. Que una cosa era con guitarra, y otra con violín. Y ahí es, a mi humilde entender, donde entre otras cosas, se encuentran los entresijos del Dr. Fernández Reyna.

“A veces (insistió la voz de mi interior) pretendes levar las cosas por donde a ti te parece que es mejor, pero tienes que dejar libertad para que elija el protagonista del momento.

Ya entiendo (me contesté a mi mismo) ya entiendo que no debo forzar las soluciones. Tomo nota que no tengo que empujar, sin que mi responsabilidad quede en buen sitio si solamente acompaño y aconsejo, sin forzar.” Carlos Casado Cuervo, MIEL DE ENTRESIJOS (2012).

Es de imaginarse la cantidad de otras situaciones similares o parecidas a las que se habría tenido que enfrentar el líder del PLD, no de la Nación. Entre otras cosas, teniendo que nombrar individuos de diversos calibres sociales, económicaos y culturales, no solo para mandar, ordenar, y coordinar gente, sino para evitar que se sucedan acciones como algunas de las que he narrado. Que no son solo producto de susceptibilidades, ni temperamentales, o de “jodones”, como se ha comentado por ahí, sino de tener la noción de entenderlas para poder desarrollar una aceptable obra de gobierno.

Algunos dirán, que Leonel Fernández es todo un dechado de sencillez y humildad, capaz de poder encausarse  por linderos similares a los de otros gobernantes. A lo que yo respondo diciendo, que es verdad, pero que no todo lo que como se ha dicho, no todo lo que  brilla es oro, cuya “mina” no fue más que para él, y algunos de sus más allegados servidores. Tener muchas dificultades o enredos no es fácil de entender o desatar, por más inteligente que se sea.

Y con esa premisa inicié un nuevo capítulo de mi vida, dirigiendo una institución a la que le habían cambiado su nombre, y su localización, dependiente de una nueva Secretaría, y de un nuevo personaje incumbente que, dicho sea de paso, no tenía idea de lo que, en este caso, iba a tener bajo su responsabilidad. En fin, me habían hecho aceptar dirigir un arroz con mango. Y si no, compárenlo con lo que ha estado sucediendo.

Después de haberme tenido que enfrentar varias veces con el Secretario, como con la Subsecretaria Puig de González, quienes me adversaban, decididamente, pasaron unos cuantos meses sin que hubiera podido hacer nada productivo, llegó el momento menos esperado.

Cumpliendo con los reglamentos oficiales solicité un permiso por razones de salud, y me dirigí a la ciudad de New York para someterme a unos  exámenes médicos, que había estado posponiendo, lamentablemente.

No hice más que llegar a casa de una de mis hijas, cuando recibí una llamada de mi asistente, la señora Luicelle Evertsz de Imbert, quien en un tono angustioso me dijo lo que estaba sucediendo en la oficina. Sucedía, que el nuevo Subsecretario de Cultura se encontraba en mi despacho solicitando le entregaran las llaves del mismo, del automóvil que disponía, y del escritorio que usaba. Como no me interesa alargar más este engorroso affaire, confesaré que el subsecretario que estamos hablando, José Enrique Delmonte, es hijo de un primo hermano mío. Aunque el apellido de ellos no lo escriban como yo escribo el mío.

De esa manera, quedé sustituido del cargo, sin que se haya presentado argumento alguno para justificarlo. Y, para confirmar la manera de actuar del Dr. Fernández Reyna, fui nombrado Asesor del Poder Ejecutivo, con asiento en mi casa. Lo que confirmó aquello que tanto hemos oído, de la “Gatica de María Ramos”, al igual, que del extraño affaire entre dos individuos que nunca llegaron a entenderse. Lo que no se circunscribió con migo solo.

Así llegamos al final del segundo período de gobierno del Dr. Leonel Fernández Reyna, y  de la posibilidad de un tercero.

Si alguien quiere saber qué pasó con la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, durante los subsiguientes períodos de gobierno del PLD, que solo se le ha permitido existir de nombre, y en el presupuesto oficial, me atrevería a decir, que allí ha hecho falta carácter, responsabilidad, y otros atributos.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s