MACHACANDO SOBRE LO MISMO

En varias ocasiones me he referido a algo que no se debe hacer en términos de conservación y restauración de monumentos. Y una de esas afirmaciones tiene que ver con detalles decorativos que solían agregársele a las fachadas de monumentales estructuras.

Monumentales, en nuestro caso, por tratarse de las principales edificaciones que fueron erigidas en la Ciudad Primada, y en el Nuevo Mundo, que llegaron hasta nuestros días carentes de esos detalles. No por causas provocadas por la naturaleza, ni fortuitamente. En el caso que nos ocupa, se debieron a hechos vandálicos producidos por los invasores haitianos, cuando ocuparon nuestro país de 1822 a 1844.

La principal de las edificaciones cuyas fachadas sufrieron mutilaciones parciales, fue precisamente la de la Catedral Primada. Caso este al que me he referido en otras ocasiones. Otros de los monumentos a los que se les borraron detalles escultóricos son la Puerta de San Diego, y las Casas Reales.

CATEDRAL DE S.D. (11)

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CATEDRAL DE S. D. (3)

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En esta oportunidad me referiré a la fachada de una casa particular. La que perteneció al Regidor Francisco Dávila, ubicada en la calle Las Damas que, conjuntamente con la casa de Ovando y otras, conforman el Hostal Nicolás de Ovando. Para que lo que deseo exponer en esta ocasión sea narrado por otra persona, transcribiré algunos párrafos de un artículo publicado en el periódico El Caribe, en fecha 7 de agosto de 1971, por la periodista María Ugarte.

“Escudo de los Dávila”

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fachada de hostal

HOSTAL NICOLAS DE OVANDO (2)

 “La decoración nobiliaria que apareció sobre las dovelas del arco plano de una de las puertas mostraba vestigios de dos figuras quiméricas en posición rampante, con cuerpo y cola de león y alas y cabeza de águila. Sostenían el escudo de la familia, cuyos detalles habían desaparecido totalmente. Aunque el espacio donde se había tallado se hacía evidente sobre la dovela clave, como puede observarse en las fotografías.

En la nota 40 de la indicada obra de Alemar (Santo Domingo, Ciudad Trujillo) se describe el escudo de la familia en la siguiente forma…( continúa describiendo el escudo). Alemar acredita el dato al historiador Fray Cipriano de Utrera y agrega en la misma nota que una disposición del Presidente Boyer ordenó a los jefes militares de la parte española del Este hacer desaparecer de todos los edificios públicos y privados las armas de España y los escudos de familias nobles, para ser sustituidos por los de Haití, en 1830. (NE Lo que nunca llegó a suceder).”

Ahípodemos ver, la desgracia que para los dominicanos, y el mundo civilizado han causado los haitianos. L que quiere decir, que han sido ellos los racistas y discriminadres de la cultura, la religión, las costumbres, y todo los que pueda separar dos pueblos, aunque compartan una misma isla.

La periodista Ugarte continuó escribiendo:”En relación con este trabajo, el director de la Oficina de Patrimonio Cultural, arquitecto Manuel E. Del Monte, advirtió que el departamento a su cargo no fue consultado y calificó de improcedente la re-creación del escudo por estimar que se había ocultado en forma irreversible los restos originales.”

Como hemos visto, los restos de los elementos escultóricos que algún día adornaron las edificaciones coloniales deben ser objeto de un absoluto respeto. Son obras de arte, que cuando faltan no deben ser maquilladas ni reemplazadas. Y mucho menos si se trata de elementos cuya desaparición guarda íntima relación con hechos históricos. Como es el caso. Es, guardando las abismales diferencias, como si a alguien se le ocurriera reponerle los brazos a la Venus de Milo, o sus partes íntimas a la infinidad de estatuas griegas o remanas, que las perdieron con el paso del tiempo.

Por fortuna a ninguno de nuestros expertos en restauración se le ocurrió hacer lo mismo en el frontón de entrada a la edificación que albergara al Colegio de Gorjón, posteriormente, Universidad de Santiago de la Paz, hoy sede del Centro Cultural de España, que se encuentra en la calle Arzobispo Meriño a esquina Arzobispo Portes. Y el que visto a contra luz es posible admirar lo que quedara de los escudos que lo adornaron, hasta que llegaron los haitianos.

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Y a propósito de estos vestigios coloniales, solo respetaron el escudo que todavía adorna la entrada de la llamada Casa del Tapao, ubicada en la calle 19 de Marzo a esquina Padre Billini. Cuenta la leyenda, que a este no se atrevieron tocarlo, por el hecho de estar representado por una cruz. La que los haitianos respetan por formar parte de la religión vudú, que profesa la gran mayoría de estos.

CASA DEL TAPAO (Medium)

A propósito de lo que he descrito, presento una imagen de un escudo nobiliario que aparece en la portada del Monasterio de San Zoilo, en Carrión de los Condes, Palencia, España. Que por su parecido, aunque lejano, he querido poner de comparación con el que se encuentra en la que fuera la casa de Dávila, hoy parte del Hostal Nicolás de Ovando.16501724713_8f6035e904_k[1]

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