A PROPÓSITO DEL FACHADISMO

A mediados del 1970, apenas pocos años después de haber sido creada la Oficina de Patrimonio Cultural (OPC), el presidente Balaguer se sintió presionado por un grupo de arquitectos, y un señor que le merecía gran respeto, y sin pensarlo dos veces decidió violentar la legislación que él mismo había promulgado, y cuyo reglamento había sido redactado con sumo cuidado, con el propósito de evitar situaciones como la que referiré a continuación.

A principios de ese mismo año, el gobierno creó una comisión, integrada mayoritariamente por arquitectos, y que presidió ese señor, con el propósito de ejecutar algunas acciones tendentes a mejorar la imagen que presentaba la ciudad capital, que había quedado muy deteriorada con posterioridad a la Revolución de Abril de 1965.

Aunque la misión de la Comisión Temporal de Ornato Cívico, como fue llamada, no contemplaba inmiscuirse en el sector que había sido declarado Ciudad Colonial, cuya responsabilidad recaía en la OPC, el mismo grupo de arquitectos logró convencer al presidente de la Comisión para que se incluyeran algunos proyectos del centro histórico santodominguense. En vista de ello, por insinuación del presidente Balaguer tuve que ser incluido yo, como Director de la OPC, conjuntamente con dos de los arquitectos que laboraban en la misma, para participar en el proyecto en calidad de contratistas. Lo que es decir, funcionarios gubernamentales fungiendo, a su vez, como contratistas.

Entre las obras a realizar en la Ciudad Colonial se incluyeron la remodelación de sus plazas principales, el tramo de la calle Arz. Nouel comprendido entre las calles Arz. Meriño e Isabel La Católica, que fuera llamada Plazoleta de los Curas, la demolición del anexo de principios del siglo XX al ábside de la Catedral Primada, y la intervención en varias fachadas de casas coloniales, que se encontraban en pésimas condiciones.

Como director de la agencia rectora, no estuve de acuerdo con la idea de intervenir las fachadas, ya que las mismas forman parte de un todo, y tratar de devolverles su fisonomía original no era posible, sin que el total del inmueble fuera, igualmente, intervenido. Se podía caer en improvisaciones fraudulentas, diferentes a como lucían originalmente.

La determinación de que se llevaran a cabo fue aprobada por la mayoría, lo que hizo posible que la misma fuera incluida en los presupuestos que le fueran sometidos a la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), financiadora del proyecto. Para dar un ejemplo de lo que estoy tratando de explicar, presentaré un caso, que por la importancia que revestía, y la posibilidad de que dicha edificación fuera incluida en un proyecto que teníamos en estudio para ser presentado a la consideración del Presidente Balaguer, nos opusimos tajantemente. Lo que fue para mí y mis compañeros de la OPC otra derrota.

Se trataba de la casa No. 15 de la calle Las Damas, que perteneció a Francisco Dávila, y la que conjuntamente con la Capilla de los Remedios, situada a su lado, y el Fuerte Invencible, ubicado detrás, constituyó el Mayorazgo de Dávila*. Y, por supuesto, una de las edificaciones más importantes de la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

El asunto fue, que se iniciaron los trabajos, desprendiéndole toda la careta con que había sido camuflada la fachada de la edificación, cuando fuera brutalmente intervenida durante la década de los años veinte del siglo XX. Como los vanos que fueron abiertos en aquella época no coincidían con los originales, los interventores decidieron mantener algunos abiertos, y cerrar otros. Lo que provocó que los mismos no fueran vueltos a ser como debieron haber sido, sino como mejor les pereció a los responsables de los trabajos. De ahí que algunos de los vanos de la planta alta fueron mantenidos como ventanas, mientras otros fueron convertidos en puertas, a las que se les añadieron barandas, tipo balcón, jamás empleados en la época en que fue construida. Lo que debieron saber los responsables de la intervención.

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Calle La Damas, después del Siclón de San Zenón. A la izquierda,

en primer plano, la Casa de Dávila, ya camuflada.

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De izquierda a derecha la casa de Dávila como se encontraba. Le sigue la que muestra su estado durante la investigación de la fachada. Luego aparece la fachada restaurada por los responsables del trabajo de entonces. Y finalmente, abajo,  tal como quedo después de una correcta intervención.
Nótese la diferencia entre las dos últimas, debido a una intervención con fines fachadística la primera, y a la que se logró finalmente cuando fue restaurada para la instalación del Hostal Nicolás de Ovando.
¿Se dan cuenta de lo que sucede cuando las cosas no se hacen como se debe?

En la planta baja fue encontrado, bastante desfigurado, un escudo nobiliario esculpido en piedra, que se supuso fuera de los Dávila. Para completar una de las primeras muestras de “fachadismo” dominicano, al escudo le fueron completados con perrilla algunos de los componentes que habían sido desfigurados por los haitianos.

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Del escudo de Dávila solo se encontró una silueta, de la que se distinguían algunos de sus elementos, que permitieron a los encargados de la restauración de la fachada completarlos, haciendo que se viera como debió haber sido, originalmente. Tanto en la fotografía como en la realidad pueden comprobarse, sin dificultad, tales agregados.

Años después de pasada esta etapa improvisadora, sucedió lo que esperábamos. El proyecto de hostal sometido a la consideración del Presidente fue aprobado, e iniciada las obras del conjunto de edificaciones compuesto por esta, la vecina del lado norte, y las casas de Nicolás de Ovando, del lado sur. Teniendo que volver a ser restaurada la fachada de la casa de Dávila según lo permitieron los elementos encontrados en una investigación más profunda.

La experiencia vivida ha permitido que tengamos que oponernos al fachadismo que se ha vuelto a implementar. Pero, como en nuestro país ha de imponerse la voluntad del que ostenta el poder, aunque quien lo ostente no tenga la menor idea de lo que se trate, pero convencido por lo que planificaron los ejecutantes, en este caso con la autorización del Ministerio de Turismo, es ya un hecho cumplido.
*Francisco Dávila nació en Santo Domingo de Silos (Burgos), en el año 1488. Casó con Beatriz del Arroyo. Fueron sus hijos: Pedro, Aldonza, y Francisca Dávila. Arribó en la isla de Santo Domingo en el año 1509. Contaba con unos 22 años de edad. El 20 de octubre de 1520 fundó Hato Mayor del Rey, como una porción de tierra que se dedicaba a la ganadería y la agricultura. Los primeros pobladores de Hato Mayor fueron negros esclavos traídos del continente africano por Dávila.
Llegó a tener los cargos de Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo en 1538, Tesorero Real en 1547 por varios años, y por ende el poseedor de una de las tres llaves necesarias para abrir la Caja Real; las dos restantes estaban en manos del Gobernador y del Factor de la Isla. Fue además Regidor Perpetuo y Capitán de la muy noble y leal ciudad de Santo Domingo, de la isla Española, de las Indias del Mar Océano. Dávila construyó su residencia en la calle Las Damas, frente al Convento de los Jesuitas, lo que hoy en día es el Panteón Nacional, la que correspondió a una de las mejores edificaciones de la época y a la que hizo edificar contiguo a ella a fines del siglo XVI su capilla particular, conocida como de los Dávila o de los Remedios. Por el Norte de las tierras de Hato Mayor del Rey, en los terrenos de El Valle de Hicagua, en Sabana de la Mar, Francisco proyectaba instalar un ingenio de azúcar, pero esto no se llevó a concretar.
Instituyó el Mayorazgo de Dávila el 14 de diciembre del año 1541, fundando el Mayorazgo de Dávila en la ciudad de Santo Domingo el día 23 de agosto del año 1554, con la facultad real en derecho necesaria, a favor de su sobrino Gaspar Dávila, ya que este por no haber contraído matrimonio, decidió testar el Mayorazgo a favor de Gaspar Dávila, desheredando así a sus hijos naturales, ante el escribano de su majestad Diego de Herrera.
Manda que el diez por ciento del oro de Cotuí sea para su iglesia de la infancia dedicada al culto de Nuestra Señora de las Viñas, cerca de la villa de Aranda de Duero, España. Exige que su cuerpo descanse en la Capilla de los Remedios o Dávila, definiendo los ceremoniales, los componentes y los invitados a su funeral. Destina contribuciones a iglesias y a conventos de la ciudad colonial; entre otros tantos deseos. El 6 de octubre de 1554 fue modificado el Testamento que don Francisco efectuara, lo que a decir de algunos parientes sucedió en estado de locura. Murió en la ciudad de Santo Domingo el 22 de diciembre de 1554, siendo sepultado en Capilla de los Remedios.

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