OTRO DE LOS GRANDES MITOS ARGENTINOS

 

220px-Museo_del_Bicentenario_-__Retrato_de_Juan_Domingo_Perón_y_Eva_Duarte_,_Numa_Ayrinhac[1] (Medium)

En mi anterior comentario sobre los mitos expresé la importancia que estos juegan en personas destacadas cuando son desvelados. Aquella vez hube de referirme al dictador Juan Domingo Perón (1946-1955), ex presidente de la Argentina. Otro de los incuestionables mitos argentinos lo ha sido la que fuera su segunda esposa, y primera dama argentina, Eva Duarte de Perón. Entre las múltiples facetas que convirtieron a Perón en un mito, se encuentra el affaire que desempeñó junto a la alta jerarquía nazi, post derrocamiento de Adolfo Hitler y Tercer Reich, y su presencia en la Patagonia argentina. En cambio, a Evita la inmortalizó, más que nada, el angustioso proceso de su enfermedad, que culminó en su muerte.

Como no muy conocedor de esta trágica historia, para poder completar esta interesante dualidad de mitos, me he permitido extraer del Internet un descriptivo artículo sobre el tema del Dr. Armando Pérez de Nucci.*

“Cuando Eva Perón muere a los treinta y tres años de edad, el 26 de Julio de 1952, esta muerte habría de significar un giro importante en la historia política de nuestro país. El 26 de Julio, se conmemoran 62 años de su muerte, hecho que marcó a fuego la realidad de nuestro país y desencadenó un mito que persiste hasta nuestros días. Muere la persona y nace el mito y la devoción, que ha persistido hasta nuestros días, generando su figura adhesiones fervientes y odios irreconciliables, situación que ya se había generado en vida de esta figura nacional que no se puede dejar de reconocer como uno de los fenómenos más importantes de nuestra evolución política del siglo XX.

El velatorio se realizó en el Ministerio de Trabajo y Previsión y luego se trasladó al Congreso de la Nación, siendo llevado su cuerpo luego a un tratamiento de preservación que en su momento se consideró como un ejemplo de embalsamamiento, realizado por el Dr. Pedro Ara, especialista español que había sido contratado ya desde bastante tiempo atrás, cuando se tuvo conocimiento de la irreversibilidad de la enfermedad que aquejaba a Eva Perón.

En la historia argentina, ha habido un antes y un después de Eva Duarte de Perón. Su figura ha desatado las más calurosas adhesiones y los más fuertes rechazos, pero nadie puede negar que su accionar cambió los destinos de Argentina, pudiendo citar entre sus logros más importantes el voto femenino y la intensa acción social que caracterizó su accionar político. El tiempo no ha hecho sino engrandecer su figura, más allá de los intentos de otros de demonizarla y ver en su figura la representación del mal’

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Al morir, finalizaba la historia que había comenzado dos años antes, cuando se le diagnosticó un cáncer que se había iniciado en el útero para luego extenderse por todo el cuerpo. A su deceso, pesaba menos de 38 kilos. La hora de su muerte fue las 8.23, pero oficialmente se fijó la hora a las 20 y 25, pasando desde ese entonces a ser las 8:25 la “hora en que Eva Perón paso a la inmortalidad “para que quedara fijada en la memoria de todos. ¡Cosas curiosas de la política!

La mala noticia se ocultó desde que se tuvo la certeza de la gravedad del caso hasta donde se pudo, pero a mediados de 1951 el diagnóstico era irreversible. Su enfermedad coincidió con las elecciones nacionales de noviembre de 1951 y el ajuste económico que Perón propuso. (Algo que no se puede obviar es la coincidencia entre la fecha de muerte de Evita, y el desastre que significara para Perón el proyecto con los nazis, ambos en 1951).

Poco a poco, su salud empieza a experimentar quebrantos caracterizados por astenia, debilidad y anemia, cuya causa no se estableció inmediatamente, pero que con estudios concluyeron en un diagnóstico casi fatal para la época: cáncer de útero. Este diagnóstico, en principio, estuvo reservado a los más allegados a la pareja presidencial; oficialmente se habló de una apendicitis.

El Ministro de Educación, a la vez médico y cirujano de Evita, Oscar Ivanisevich, aconsejó una operación radical, la histerectomía o extirpación del útero, para tratar la afección, intervención a la que ella se negó enfáticamente. De más estaría decir que Eva Perón habría de participar del significado cuasi mágico que el útero tenía para su generación: idea de completitud, fecundidad y juventud eterna, criterio que en algunos estratos de nuestra sociedad persiste hasta nuestros días. Lo cierto es que, sin tratamiento quirúrgico, la enfermedad avanzó, sobre todo en uno de sus síntomas, las hemorragias, lo que ocasionó a la vez una anemia severa que el gobierno se vio obligado a reconocer hacia fines de Septiembre de 1951.

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Evita votando desde su lecho de enferma

En el mes de Noviembre fue necesaria su internación en el Policlínico Presidente Perón de la localidad de Avellaneda, cuya dirección ejercía una de las glorias más insignes de la cirugía argentina, el Dr. Ricardo Finochietto. Allí una Junta Médica que integró entre otros el prestigioso oncólogo y cirujano George Pack, traído especialmente desde los Estados Unidos a tal fin, confirmó el diagnóstico de cáncer e indicó tratamiento quimio y radioterápico , medidas meramente paliativas y retardadoras del fin que se aproximaba inexorablemente. Como nota interesante, consigno que a Eva Duarte no se le comunicó jamás que había sido asistida e incluso operada por el médico norteamericano, ni esto trascendió a la prensa, debido a los sentimientos  anti norteamericanos de la época.

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Hacia Marzo de 2014, una investigación demostró que en este estado terminal en el que se encontraba, se le practicó una lobotomía pre frontal con el objeto de disminuir o anular la percepción de los dolores intensos que la aquejaban, con resultado poco favorable, en la opinión del Dr. Nelson Castro, quien presento el informe sobre esta cuestión a través de la televisión de Argentina. Las últimas apariciones públicas serían  el 1º de mayo y el 4 de junio, fecha en la que acompañó a Perón en el acto de asunción a la presidencia.

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Proceso de Lobotomía

Su último discurso es el 1º de julio de 1952. Una rara coincidencia: ésta es la fecha de la muerte de Perón 22 años después. Mucho se dijo acerca de la posibilidad que su esposo la habría obligado a estar presente en ambas ocasiones, pero se supo posteriormente que había sido una voluntad expresa de Eva Perón el asistir a estos actos.
También sacó fuerzas de lo inimaginable para poder acompañar a Perón en su asunción del 4 de Junio de 1952, su última aparición pública, mostrándose  muy debilitada por la enfermedad.

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Evita habría de morir a las 20.25 horas del 26 de Julio de 1952. Las reacciones del pueblo oscilaron entre el desconsuelo general y la pena por su partida, hasta la de unos malsanos que llegaron a escribir en las paredes de un Buenos Aires dividido políticamente “viva el cáncer”, un símbolo del barbarismo del hombre que entra en proceso de bestialización, negando la condición de naturaleza humana.

Con Evita empieza a quedar claro que las categorías de izquierda y derecha pueden explicar algunos aspectos del proceso social, pero no toda la singularidad del mismo.

Sin duda que fue peronista y que en cierto punto fue una invención de Perón. Pero no es menos cierto que esa invención en algún momento -pienso en el acto del 22 de agosto- adquiere una tensión que se parece a la autonomía. Evita es peronista pero no es una peronista más. Puede que en términos racionales su ideología no haya sido diferente de la de las mujeres de la rama femenina, algo populista, desconfiada de todo lo que fueran construcciones intelectuales complejas, más intuitiva que racional, pero ella era algo más que todo eso.

Evita no es todo el peronismo, pero el peronismo no sería pensable sin su presencia, no sería imaginable hoy en el universo del mito, pero tampoco es posible imaginar históricamente al peronismo sin su presencia. Todo lo que se diga de ella para descalificarla pierde eficacia ante la consistencia irrefutable de los hechos. Prostituta, actriz de segunda, resentida social, demagoga, infame, corrupta, son adjetivaciones que no alcanzaron ni alcanzan a empañar su figura. Surgió y se desarrolló en el tiempo de los pobres que asomaban a la justicia social. Fueron éstos la fuerza y las razones de la vida de Evita, porque esas razones persisten, están presentes como leyenda, como mito, como experiencia, como razones del corazón -si se quiere-, porque en esas imágenes tumultuosas hay una verdad, una clave que explica, para bien o para mal, esa identidad nacional -no tengo otra palabra a mano más justa que ésta – que nunca terminaremos de descifrar.”

Por Armando Pérez de Nucci

Doctor en Filosofía y en Medicina. Miembro de la Academia Nacional de la Historia

 

Sabemos que han existido en el mundo parejas compuestas por hombres de grandes atributos como militares y estadistas, y mujeres no menos importantes. Marco Antonio y Cleopatra, Nerón y su madre Agripina, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, Napoleón y Josefina, entre otras, y han dejado mitos, desvelados, que han calado en la historia de la humanidad, con similar intensidad que el de Perón y Evita.

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