MIGUEL DÍAZ DE AUX ARMENDARIS

Después de haberme pasado un buen tiempo conociendo más a fondo los pormenores del descubrimiento, conquista, y colonización del Nuevo Mundo, tema al que mis ocupaciones no me habían dado el tiempo ni la atención para completar, como debí haberlo hecho, me topé, navegando en el Internet, con un personaje vinculado a ese trascendental acontecimiento histórico, que según mi apreciación no ha ocupado el lugar que le corresponde, entre los dominicanos. Se trata del conquistador Miguel Díaz de Aux y Armendáriz, Aragonés, criado del adelantado Bartolomé Colón, que fue alcaide la Fortaleza de Concepción de La Vega, participó en la fundación de Santo Domingo, vivió en la primera casa de piedra de la Ciudad Primada, casó con una cacica, y creó la más rica ganadería de aquella época, entre otras cosas.

Se ignora la fecha exacta de su nacimiento, al igual que del lugar donde se encuentran sus restos. Lo que sí es una verdad de a puño es que su protagonismo en los hechos ocurridos tras la rebelión del alcalde mayor de La Isabela, Francisco Roldán, empezó a darle cierta notoriedad.

Enterada la corona de la rebelión de Roldán, decidió sustituir a Colón, nombrando en su lugar a Francisco de Bobadilla. En una cédula dirigida al Almirante y sus hermanos se les ordenaba que entregasen a Bobadilla las fortalezas y demás propiedades pertenecientes a los reyes. Una de esas fortalezas era la de la Concepción de La Vega, fundada por el propio Descubridor, a cuyo mando estaba Miguel Díaz de Aux y Armendáriz. Este, en un principio, se negó a entregarla, pero Bobadilla y su tropa entraron por la fuerza sin que se opusiera resistencia.

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Una leyenda sostiene que en la fundación de la ciudad de Santo Domingo tuvo, en cierto modo, a Miguel Díaz de Aux como uno de sus principales participantes. Cuenta que, tras matar a un español en una pelea, huyó hacia el sur hasta que llegó a la desembocadura del río Ozama. Allí conocería a una cacica con la que tuvo dos hijos. La cacica le habría informado de la cercanía de unas minas de oro, y Díaz de Aux se lo habría comunicado a Bartolomé Colón, con el deseo de que le perdonase su crimen. Fray Bartolomé de las Casas acepta la posibilidad de la huida, pero niega que la cacica lo invitara a vivir en su tierra, y critica a Fernández de Oviedo por admitir como cierta la fábula. El dominico asegura que Colón, antes de regresar por segunda vez a España, dejó dicho a su hermano que enviase a Francisco de Garay y Miguel Díaz de Aux a poblar Santo Domingo, por haber minas de oro en esa parte de la isla, como en efecto ambos hicieron.

Después de la muerte del aguerrido cacique Cayacoa, su esposa la cacica bautizada como Doña Inés (en otro lugar dice que fue bautizada con el nombre de Catalina) y se casó mediante rito católico con el español Miguel Díaz de Aux. Tuvieron dos hijos: Miguelico y una hija cuyo nombre no consta. Miguelico nació en La Española.

Miguel Díaz de Aux murió en 1515 y dejó un testamento protocolizado en Sevilla en 1504. Mediante este instrumento legó 200,000 maravedís a su hijo Miguelico, doblando dicha cantidad si éste optaba por seguir un oficio sacerdotal. Dicen que Miguelico escogió seguir en los pasos de su padre, participando con Hernán Cortés en la conquista de la Nueva España. Ver artículo de Esteban Miracaballos “En Torno a los Primeros Mestizos.”

La necesidad de alimentos en la colonia obligó a que se empezara la cría de animales de corral. De ahí que se dio inicio a la fomentación de ganado ovino, cuya carne fue siempre tan apreciada por los españoles. Los precursores de la crianza de cabras y ovejas fueron dos hombres muy cercanos al rey Fernando. Francisco de Garay y Miguel Díaz de Aux, socios, se convirtieron en los más importantes ganaderos de La Española a principios del siglo XVI, y los mayores productores del Nuevo Mundo.

De Miguel Díaz de Aux no volvemos a tener noticias hasta la segunda década del siglo XVI, cuando fue nombrado por Diego Colón alguacil mayor de San Juan, Puerto Rico, cargo en el que duró algo más de un año, hasta que Ponce de León se hizo con el poder y lo envió prisionero a España. Si Díaz de Aux guardó prisión en España y cuánto tiempo estuvo en ella, no lo sabemos. Lo cierto es que volvió a América, y lo volvemos a encontrar como parte de la expedición de Francisco de Garay a las costas del golfo de México, la cual estaba encabezada por Diego de Camargo. Los nativos los acogieron en un principio con agrado, pero la paz no duró mucho, y los atacaron. Sin noticias de Camargo, Garay mandó a Díaz de Aux con 50 soldados para rescatarlo, pero no pudo encontrarlo, y como los indios se mostraban hostiles se refugió bajo la bandera de Hernán Cortés.

Una crónica colombiana, refiriéndose a Pedro de Ursúa dice, que impulsado por los relatos desaforados de su tío Miguel Díez de Aux Armendáris, a sus genes de guerrero vasco y a una “inextinguible sed de riqueza” que hierve en su sangre, este abandona a los diecisiete años Arizcun, su aldea, y cruza el charco. Tras un paso sombrío por el Perú, recala en Cartagena de Indias llamado por su tío Miguel Díaz de Aux Armendáriz, hermano de su madre y juez encargado de realizar juicios de residencia en el Nuevo Reino de Granada, entonces una maraña de gobernaciones más que un reino. Díaz de Aux y Armendáriz lo nombra gobernador de Santa Fe, y con ello desata la ira de encomenderos y cazadores de fortunas.

Por su importancia para nosotros los dominicanos, y el resto del mundo, a continuación incluyo un trabajo de M.ª Montserrat León Guerrero del Instituto Interuniversitario de Estudios de Iberoamérica y Portugal (UVa) que contiene la totalidad de los pasajeros del segundo viaje de Cristóbal Colón.

Esta segunda expedición compuesta por 17 naves partió del puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. En esta ocasión acompañaron al genovés unos 1,500 pasajeros, entre los que se encontraba Miguel Días de Aux Armendaris. Al mencionar a este personaje tan desconocido por los dominicanos, la autora refiere lo siguiente:
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“Durante la ausencia de Colón, ocupado en su viaje a Cuba, el aragonés Miguel Díaz hirió a otro español por un enfrentamiento personal.
Temeroso de las consecuencias, pues el herido era criado de don Bartolomé, huyó de la Isabela, acompañado de cinco o seis hombres. Errando por la isla llegaron a un lugar de la costa Sur, cerca de la desembocadura del río Ozama, donde hoy está la ciudad de Santo Domingo.
Los indios los recibieron dándoles cobijo durante un tiempo. La ciudad estaba mandada por una mujer, una cacica a la que se conocería como Catalina, que no tardó en tomarle afecto al aragonés.
Temerosa de que la abandonaran se esforzó en buscar medios para atraer a los españoles a aquella parte de la isla, informando a Díaz de minas ricas en oro en la vecindad. Este hizo averiguaciones de la riqueza de las minas, observó la belleza del país, la excelencia del río Ozama y la seguridad del puerto donde desembocaba. El aragonés se hizo con guías entre los naturales y se dirigió a La Isabela, que distaba unas 50 leguas hacia el Norte.
Al llegar supo que el hombre al que había herido había curado bien la herida, presentándose ante don Bartolomé seguro de conseguir el perdón al dar a conocer noticias tan alentadoras, y así fue. El Almirante tenía intención de cambiar la localización del asiento por otro más sano y favorable, viendo en las minas del Hayna la oportunidad de llevar a España que aseguraba Miguel Díaz era cierto, dejando encargado a su hermano Bartolomé que se encargara de ver si era posible el asentamiento en la zona indicada por Miguel Díaz de Aux pruebas de la riqueza de la isla Española por lo que decidió averiguar si lo que aseguraba Díaz era cierto, dejando encargado a su hermano Bartolomé que se encargara de ver si era posible el asentamiento en la zona indicada por Miguel Díaz.”

Como se puede advertir, este personaje, aparentemente de segunda o tercera categoría, está íntimamente relacionado con dos de los acontecimientos más relevantes de los inicios de la conquista de América. La fundación de la ciudad de Santo Domingo, y la famosa pepita de oro, tan mencionada por los historiadores, y los “cuentistas” que han derramado tanta tinta desde aquella época hasta nuestros días.

Y así, más o menos, era como se sucedían los acontecimientos en aquellos tiempos sombríos de la Edad Media. Hoy, lamentablemente, interpretados de muchas maneras. Todas ellas, según el color del cristal aquel.

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