CASOS INCREIBLES QUE SUCEDEN CASI A DIARIO

Como hemos visto la corrupción española no cesa de producir escándalos. Algunos de ellos, a nivel internacional. El caso Pujol ha venido a ensombrecer más el ya oscuro panorama de una nación que ha venido siendo vapuleada en todo sentido, desde hace algún tiempo. El que una figura de la envergadura de Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat Catalana, tuviera que aceptar unas imputaciones de corrupción tan serias y, verse, a su avanzada edad, despojado de los altos cargos que disfrutaba, y le favorecían, dice mucho de lo que se está viendo en España. Una España ensombrecida por una crisis pocas veces vista.

Pero el Caso Pujol no es el de mayor envergadura en la España post Franco. Ahí tenemos el Caso Nóos, o Urdangarín, en el que están envueltos la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín, su marido, que ha afectado la Casa Real española, el Caso Malaya, del que el Alcalde del Ayuntamiento de Marbella, Julián Muñoz, tuvo como objetivo agrupar un entramado de asociaciones que encubre numerosas actividades delictivas (cohecho, malversación de caudales públicos, prevaricación, tráfico de influencias, etc.), en el que se vio envuelta la famosa cupletista Isabel Pantoja, y dejemos de seguir enumerando. Que, afortunadamente, han sido manejados con bastante buen tino por las autoridades judiciales, aunque con finales dudosos. Dejando mal sabor al pueblo español, que desde hace algún tiempo se viene debatiendo entre “lo malo y lo más malo”.

Los que desde lejos hemos podido seguir la secuencia de los múltiples casos de corrupción, tanto administrativa como particular, hemos visto como los inculpados han sido condenados por la ciudadanía, aunque la justicia haya fallado a discreción. Al menos, ha recibido la satisfacción de ver condenados, popularmente, y no engañados, o manipulados, por una impunidad, como la que sí ha florecido en otras partes del mundo.

Tenemos el caso de nuestro país, República Dominicana, que hasta el momento actual no hemos visto acción alguna frente a los múltiples casos de corrupción señalados, por parte de la justicia. Gobiernos vienen y gobiernos pasan, y ninguno ha querido ponerle la tapa al pomo. Siendo lo peor, el hecho de que una mayoría ciudadana percibe un olor putrefacto, sin saber si es producido por estos casos, o por otras situaciones, tan endémicas en nuestro país como el paludismo, o el dengue.

Aquí hemos llegado a tal punto, que a veces nos preguntamos nosotros mismos, o lo indagamos entre nuestras relaciones, o lo escuchamos a ciertos (muy pocos) comunicadores sociales. Igualmente, consultamos nuestra conciencia, qué de cierto tienen las suposiciones que nos asaltan, casi diariamente. En parte, todo ello, debido a la impunidad prevaleciente, y al “je ne sais quoi”, que muestran los presuntos implicados. Con una desfachatez de tal grado, que nos produce soberbia, indignación, y todo lo que una persona cumplidora con sus compromisos sociales y gubernamentales, pueda sentir, sin que se le permita ver una luz al final del túnel.

una canción popular reza: “…nos estamos poniendo viejos…”. A lo que algunos de nosotros decimos, “viejo, pero no pendejo.” O, “engañar a otro”. Mientras las grandes mayorías, indiferentes como siempre, solo suelen exclamar: ¿“Y qué”?

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