PALACIOS VS EMBAJADAS

La práctica de la diplomacia se remonta hasta la Grecia Clásica, siendo vínculo de primer orden entre las naciones, con fines de mantener buenas relaciones, aplicando la negociación, y la información necesarias, de sus respectivos productos, sean estos del orden material o cultural. Para mantener esas relaciones ha sido necesaria la implementación de misiones permanentes, para las que se necesita que un Estado (acreditante) envíe ante otro Estado (receptor) un Embajador. Para que esto se cumpla es necesario instalar una embajada, que dispondrá de oficinas, y residencia para el Embajador.

Para esta última cada nación prioriza su instalación, dependiendo de sus condiciones económicas, y de la importancia que le otorgue el gobierno de turno. Y para que esto se pueda cumplir, la misión deberá estar encabezada por una persona que reúna diversas condiciones.

Desde tiempos remotos, los gobiernos han instalado sus misiones diplomáticas en edificaciones importantes, para lo que se ha estilado construirlas, adquirirlas, o rentarlas.

Para citar un ejemplo, seleccionaré la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina que, por conocer bastante bien el aspecto al que me refiero, puede explicar mejor que muchas otras ciudades, lo que deseo expresar.

En ese sentido, la capital de un país joven, como la Argentina, logró, entre muchas otras cosas, que un selecto grupo de sus ciudadanos más pudientes dispusiera levantar edificaciones de primer orden, para lo cual encomendaba sus propósitos a reconocidos profesionales de la arquitectura. Arquitectos italianos, franceses, españoles, alemanes, belgas, y por supuesto argentinos, y de otras nacionalidades, fueron contratados para construir sus palacios, y palacetes, similares a los que se existían en Europa.

Al transcurrir los años, esas lujosas mansiones, erigidas en los sectores más privilegiados de Buenos Aires, pasaron a sus herederos, quienes las ocuparon por relativamente poco tiempo. Los estilos de vida, y sus costos de mantenimiento no le permitían a estas continuar disfrutando la misma calidad  de vida de sus predecesores.

Es así, como muchas de estas mansiones, algunas de la cuales llegaron a ser denominadas castillos, empezaron a darle paso a otro tipo de edificaciones. El mercantilismo y la especulación, responsables, entre otros factores, de la desaparición de una buena parte del Buenos Aires de la belle époque, de finales del siglo XIX, y principios del XX, abrieron el apetito de los propietarios, al igual que de los desarrolladores de viviendas múltiples, u oficinas de empresas importantes.

De las que pudieron salvarse de “lo que el viento se llevó”, y han perdurado hasta nuestros días, la mayoría han sido ocupadas, en régimen de propiedad o rentabilidad, por embajadas extranjeras. Lo que ha permitido que pudieran salvarse del “huracán”, y convertirse en parte de la riqueza histórico-arquitectónica de la ciudad porteña.

Entre los países que se han beneficiado de esta solución, se encuentran, entre otros, la Santa Sede, Francia, Italia, España, EEUU, Gran Bretaña, Australia, Corea del Sur, y Brasil. Se suma a este privilegiado número de países, todos ricos de por sí, la República de Haití, considerada la más pobre del hemisferio occidental, y una de las más pobres del mundo.

A continuación algunas de las Embajadas y los Palacios que ocupan

NUNCIATURA APOSTÓLICA

La actual sede de la Nunciatura Apostólica fue construida por el arquitecto francés Édouard Stanislas Louis Le Monnier entre 1907 y 1909, por encargo del señor Juan Fernández. La familia Fernández Anchorena apenas lo habitó pues vivía habitualmente en París. En 1922, Fernández la ofreció al Gobierno Nacional para ser residencia presidencial, por intermedio del embajador en París, Marcelo Torcuato de Alvear y su esposa, Regina Pacini. Finalmente fue adquirida a fines de los años 20 por Adelina Harilaos de Olmos, quien alojó en ella al cardenal Eugenio Pacelli, futuro papa Pío XII, cuando visitó el país en 1934 y luego fue donada al Vaticano.ImagenImagenImagen

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Su Eminencia el Cardenal Pacelli junto a autoridades civiles y eclesiásticas. En la foto el Presidente de la Nación, Gral. Agustín P. Justo y el Dr. Carlos Saavedra Lamas, en la Casa de la Sra. de Olmos

EMBAJADA DE FRANCIA

El Palacio Ortiz Basualdo es un exponente de la arquitectura Beaux Arts. Diseñado en 1912 por el arquitecto francés Paul Pater, para el matrimonio de Daniel Ortiz Basualdo y Mercedes Zapiola, frente a la Plaza Carlos Pellegrini. Es sede de la Embajada de Francia en Buenos Aires desde 1939.

En 1925, durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, cuando tanto el barrio como el país se hallaban en su apogeo, sirvió de residencia oficial al príncipe de Gales, quien supuestamente demostró su admiración por el refinado confort y la grandiosidad del edificio. Pero sería finalmente Francia quien tomaría posesión definitiva del palacio, al transformarlo en 1939 en sede de su embajada en Buenos Aires.

La notable y difundida influencia francesa en la arquitectura argentina tiene un excepcional ejemplo en el Palacio Ortiz Basualdo. Gran exponente de la arquitectura Beaux Arts, en diferente escala, esta obra es, como la Opera de París de Charles Garnier, una lección de inserción en el tejido urbano, y de correspondencia entre masas exteriores y espacios interiores, y una original recreación de elementos arquitectónicos de la tradición francesa.

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EMBAJADA DE ITALIA

Un aristocrático Palacio que tuvo como mentor a Federico de Alvear y que hoy es sede de la Embajada italiana.

Decidimos viajar en el tiempo y conocer por dentro una de las propiedades de Federico de Alvear y, su esposa, Felisa Ortiz Basualdo. Esta propiedad emplazada en la actual Avenida del Libertador tuvo como mentor mismísimo Federico de Alvear que, además de su afición por el turf (carrera de caballos), es un apasionado de la arquitectura, especialmente la francesa. Para comenzar bajamos por la doble escalera central del Hall de Recepción. Este Palacio Alvear fue construido entre 1910 y 1920 en estilo Academicista Francés, estilo típico de las familias aristocráticas de principios de siglo XIX. Y fue adquirido por Italia para ser sede de su embajada en 1924.

En lo que fue una noche a puro brindis, se distinguió al edificio de la Embajada de Italia como un nuevo ícono del Art Nouveau de Buenos Aires. Hubo un homenaje a importantes personalidades del ámbito cultural, diplomáticos, funcionarios y legisladores, entre otros, por el aporte a la difusión y preservación de este estilo arquitectónico que tuvo su esplendor a fines del siglo XIX y principios del siglo XX en la Ciudad.

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CONTINUARA…

 

 

 

 

 

         

         

 

         

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